Pequeña nota aclaratoria para quien no se haya dado por enterado: Este fic es yaoi (relaciones homosexuales). ¿Pareja? KadajxCluod.
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"La Vida luego de una Vida"
Por Galdor Ciryatan
Capítulo 11.- Desplazado
Cloud se fue a acostar. No a dormir, sólo a acostar. El cansancio no le ayudó a conciliar el sueño por un buen rato y, además, algo faltaba en su cama: Algo de cabello lacio que al rozar alguno de sus hombros le daba escalofríos, algo de mirada verde y gatuna, con piel suave y gestos tiernos.
Qué fácil era acostumbrarse a la buena vida.
Echaba de menos a su Hermano Menor y era (en parte) porque sabía que esa noche no estaría con él. Su cama no lo recibiría, porque él ni siquiera le pediría entrada. Es decir, Kadaj no iba a volver porque Ícaro había regresado, el joven no tenía la necesidad de colarse bajo las mantas de una cama ajena en busca de calor porque su bermejo alto se hallaba en casa. Además, dudaba que Ícaro le permitiera algo así; era muy protector con él.
Ahora Cloud sabía cómo se sintió Kadaj la primera noche que intentó afrontar solo y que terminó por no soportar e ir en busca de su compañía; no obstante, él, Cloud, no podía ir a la habitación de la Marioneta así nada más. Kadaj ya tenía a Ícaro de nuevo.
oOo
Le quitó la ropa mojada con una falta muy notoria de tacto, lo hizo rápido y sin dulzura, dejándolo desnudo en un parpadeo aunque sin rastro alguno de arrebato o prisa. Al terminar, no se detuvo a observarlo con detenimiento, no escrutó su joven cuerpo ni las líneas sutilmente marcadas de su cintura, su cadera y sus músculos o el agradable color de su piel; le revolvió con tranquilidad el cabello húmedo y, justo entones, Kadaj estornudó.
— Salud— le dijo Ícaro con su mano todavía acariciándole el pelo.
La Marioneta de Jenova agradeció como mero trámite del "achú/salud/gracias" y se metió en la tina de baño notando de inmediato la diferencia de temperatura entre el agua y su cuerpo, sobre todo sus manos. Al tiempo que adoptaba una posición relajada en la tina y sumergía todo su cuerpo hasta el labio inferior, Ícaro extendía su ropa para que se secara; le importaban más las botas —no tenía otro calzado— y revisó qué tan mojadas se hallaban. Su conclusión: Bastante.
— ¿Cuánto tiempo estuviste allá afuera caminando en la lluvia?
— Unas dos horas, creo— respondió Kadaj elevando la barbilla para alejar su boca del nivel del agua; luego la volvió a bajar.
— Santo cielo… Kadaj, quiero entender, Tifa no me explicó muy bien.
— ¿Qué quieres entender?
Ícaro dejó su ropa por la paz y lo miró: — ¿Cómo estuvo eso de que besaste a Cloud?
Kadaj podría decirle sin trabas lo del primero beso (el que consideró "inocente"), mas lo que acababa de hacer con su rubio hermano hacía poco…se salía de los parámetros de "Cosas para contar a Ícaro sin pensárselo demasiado". Tenía que digerirlo antes.
— Haces muchas preguntas — evadió Kadaj y se sumergió de lleno en el agua conteniendo la respiración.
El bermejo entornó los ojos como signo de desconfianza sin quitar la mirada del menor, luego, se acercó a la bañera y se sentó en el piso recargándose en ella.
— Esperaré. Se te acabará el aire algún día— predijo—. Y entonces tendrás que contestar a mis muchas preguntas.
No obstante, Kadaj parecía querer quedarse bajo el agua siempre…o al menos mientras aprendía a controlar el sonrojo que parecía inexorable cada que pensaba en la lengua de Cloud. Su cabello se mecía levemente en el agua, como algas plateadas, y tenía los párpados cerrados.
Ícaro miró por sobre el hombro, hacia el interior de la tina.
"Pero qué pulmones" pensó.
Kadaj apretó los ojos cuando comenzó a sentir que le faltaba oxígeno, ése era su objetivo: Creyó que al verse inundado de la sensación de ahogo se olvidaría completamente de Cloud, saldría a respirar e Ícaro quizás cambiaría de opinión sobre qué preguntar… Se equivocó. El ahogo le recordó al mismo que había compartido con su hermano, la misma falta de aire por la que había gemido y dejado los labios entreabiertos a merced de una lengua húmeda. De todas formas, sacó la cabeza del agua antes de que demasiadas de sus inocentes neuronas murieran por sus intentos de olvidar ese beso extraño. El cabello se le pegó por completo al cráneo y se adhirió a algunas partes de su rostro. Cuando abrió los ojos, Ícaro preguntó de nuevo por lo mismo.
El bermejo alto extendió sus largas piernas sobre los azulejos blancos del piso del baño esperando la respuesta. No miraba a Kadaj, le daba la espalda y así el joven pudo disimular una mentira.
— Me has dicho que está bien besar a alguien de la familia, y como Cloud es mi hermano… Yo…sólo quería demostrarle que lo quiero. — Hasta ahí, la verdad estaba en regla.
— Entonces, ¿el beso que le diste fue…?— interrumpió la frase inseguro de cómo expresar que el beso había sido menos carnal y más familiar.
— Ajá— asintió el joven aún sin que el bermejo terminara su pregunta—. Y fue cuando nos enfadamos.
— ¿Y te fuiste de la casa?— preguntó con tono de reproche.
— No, eso fue luego…hasta que Cloud me encontró y me pidió disculpas.
Ahí la mentira, porque el rubio nunca dijo una sola palabra para pedir perdón. En cambio, lo había besado con deseo. Técnicamente, eso podía considerarse una disculpa sin palabras, así que se trataba de una mentira a medias. Aún así, Kadaj prefirió cambiar de tema luego del comentario de Ícaro…
— Correcto, menos mal que las cosas se arreglaron y ya estás en casa— dijo y dio un suspiro de alivio.
— Y tú…¿qué haces aquí?
— ¿Pues qué crees? Cuando hablé contigo te salía tristeza por los poros, ¿cómo no iba a regresar, lindo?
— No volverás a irte, ¿verdad? Porque cuando no estabas me sentí…tan solo.
— Y dormiste con Cloud— completó Ícaro con un deje de resentimiento triste.
— Oh…¿Cómo sabes eso? — Kadaj agachó la mirada algo apenado.
— Cloud se lo contó a Tifa y, no le digas a Cloud, peeero…ella me lo contó a mí. De todas formas no importa. — El bermejo suspiró—. No pasa nada; hey, es tu hermano, ¿cierto?
Se giró hacia la Marioneta con una sonrisa más animada, sincera, y él trató de responder al gesto.
oOo Mientras tanto oOo
Acababa de comprobarlo sin temor a errar: Echaba de menos a su hermano pequeño, y mucho; una vez que le había permitido entrar en su espacio y ganarse algo de cariño bien merecido, no podía dar marcha atrás. Ése era el problema que Cloud planteaba con las relaciones, por eso prefería un poco de frialdad y enajenación en su vida; a veces, eso lo protegía formidablemente, pero cuando se descuidaba y empezaba a querer a alguien nuevo y a ser querido…pasaban cosas como la que le abordaba.
El rubio se dio vuelta sobre la cama y de nuevo sintió esa falta de algo: La ausencia de su lapa.
oOo
Kadaj estornudó de nuevo, dos veces, de hecho, y luego se metió bajo las cobijas (al lado de Ícaro); con él no era tan empalagoso, no necesitaba abrazarlo o tocarlo sino simplemente saber que estaba ahí para dormir tranquilo.
— Buenas noches— le deseó Ícaro y apagó la luz de la lámpara que se hallaba sobre el buró de su lado.
— Igual— respondió el joven.
— Hey… Mañana será un día mejor, duerme bien.
Ambos iban a dormir tranquilos, sin nada que les quitara el sueño.
oOo Al día siguiente oOo
Cloud no despertó temprano… Más acertadamente: Nadie que viviera bajo el techo de la casa que compartían Tifa Lockhart y Cloud Strife se levantó temprano. En especial Kadaj e Ícaro, quienes había tenido un día horrible antes de poder disfrutar de una cama tibia. Uno había viajado todo el día (pobre chocobo, dicho sea de paso) y el otro estaba a punto de resfriarse. De ambos, el primero en despertar fue Kadaj: Le dolía la cabeza, tenía ojeras y sentía el cuerpo apaleado. Llamó a su bermejo zarandeándolo levemente.
— Ícaro… Ícaro, despiértate.
Lo sacudía y lo llamaba con la misma languidez de alguien enfermo y, ¿cómo no? Se sentía enfermo y aunque quería dormir más el dolor de cabeza y el cansancio no se lo permitían.
— ¿Qué?— habló haciendo un gesto y luego desperezándose—. Me despertaste.
— Ésa era la idea—murmuró—… No me siento bien. Me duele.
— ¿Qué es lo que te duele?
— Todo.
— Ésa es una palabra muy amplia. ¿Alguna especificación que puedas darme? Piénsalo y me lo dices cuando despierte— y con descaro se cubrió con la manta hasta la cabeza.
— ¡Ícaro!— chilló reclamando seriedad.
— Vale, está bien…
El bermejo se dignó a mirarlo (luego de bostezar), le apartó el cabello que le caía frente al rostro y apreció las notorias ojeras que tenía. Suspiró.
— Cielos— dijo Azor—, tienes un aspecto horrible— dramatizó con un tono exagerado y parsimonioso al tiempo—. Ayer estuviste mojándote en la lluvia; seguro es gripe o resfriado.
— ¿Y crees que no lo sé? Lo que quiero es que hagas algo al respecto— demandó.
Ícaro sonrió ampliamente y aprisionó la mejilla derecha del otro entre su índice y su pulgar.
— ¡Aaaaiiii!— chilló Kadaj cuando el bermejo le jaló el cachete; el mayor todavía le sonreía.
— Los enfermos mandones son nefastos— le dijo el hombre más alto sosteniendo su sonrisa y cambiando sus demás gestos hacia el reproche: Lo había en el brillo de sus ojos, en la posición de sus cejas, en la presión sobre la mejilla cautiva…
A veces lo regañaba así: con una sonrisa, era una especie de seguro contra el enojo de Kadaj. Sin embargo, aunque le daba su regaño de forma clara, terminaba consintiéndolo.
— Iré a ver qué puede darte Tifa para resfriado— le dijo y lo soltó. No obstante, Kadaj se la pensaría un poco antes de volver a intentar las veces de enfermo demandante.
oOo
Ya que era domingo, Cloud no trabajaba en el Servicio de Mensajería. Se levantó a una hora aceptable (no madrugó pero no se quedó en cama agusanándose bajo las mantas). Un par de veces subió a la segunda planta y encontró la puerta de la habitación de Kadaj e Ícaro cerrada; a la tercera vez, el bermejo salía de ahí en pijama. Se cruzaron por el pasillo y le preguntó por Tifa después de saludarlo; Cloud respondió y el otro se marchó.
Strife permaneció de pie en el pasillo largo rato. Dudaba de si ir a ver a Kadaj o no. ¿Y si todavía estaba dormido? ¿Y qué podría decirle? Pero más importante: ¿Por qué sentía ganas de verlo luego de no haber pasado la noche juntos?
Como fuere, se animó a asomar la cabeza por el umbral de la puerta del cuarto de Kadaj. No tenía pensado qué decirle, nada más quería verlo y quitarse la espina. Cuando miró dentro de la habitación, se encontró con los ojos de su hermano, los cuales lo observaban con curiosidad.
— ¿Pasa algo?— preguntó Kadaj al notar que de su Gran Hermano no manaba tema de conversación alguno. Cloud negó con la cabeza y luego siguió con su silencio natural—. ¿Irás a trabajar hoy?
— Es domingo— fue lo único que contestó el rubio y se apoyó contra el marco de la puerta.
Kadaj se hallaba sentado al borde de la cama, traía el camisón azul de franela que algún día perteneciera a Ícaro y acababa de ponerse unos pantalones negros justo antes de la llegada de Cloud.
— Oh, cierto, no recordaba qué día era— convino y se puso de pie. Estaba descalzo y entonces estornudó arqueándose ligeramente hacia adelante, le dio una punzada en la sien y el cabello cayó sobre su frente. Mientras recobraba una postura erguida, con la mano izquierda se frotó la nariz y con la derecha echó su cabello hacia atrás.
— Salud— le dijo Cloud con indiferencia.
El menor lo miró con una sonrisa tierna y el rubio alcanzó a distinguir las ojeras que tenía.
— Creo que enfermaré— predijo sosteniendo la sonrisa y esperando que su hermano la correspondiera, pero no lo hizo, se dedicó a mirarlo y a preguntarse qué diablos tenía de especial. Y es que al tenerlo frente a él la ansiedad se esfumaba y se sentía tranquilo.
Antes de que pudiera descubrirlo, la voz de Ícaro, proveniente del primer piso, llamó a Kadaj. El joven adaptó un gesto atento y respondió con un "¡Voy!" o similar. Acto seguido, salió de la habitación pasando junto a su hermano sin siquiera despedirse de él.
Cloud hubiera esperado una sonrisa al menos de parte de su empalagosa lapa, hasta hubiera recibido contento un beso en la mejilla…mas no hubo nada de eso porque Ícaro volvió a llamarle y Kadaj se apresuró a recorrer el pasillo y bajar las escaleras.
El rubio repartidor se sintió echo a un lado y se preguntó dónde habría quedado el supuesto cariño que Kadaj pidió permiso para exteriorizar justo la noche anterior… No estaba, o siquiera no era para él, sino para Ícaro.
oOo En la planta baja oOo
— No andes descalzo— le dijo el bermejo a Kadaj cuando éste llegó.
— ¿Qué quieres que haga? Mis botas están mojadas aún — se defendió.
— Cierto… Entonces no andes— habló el mayor en tono que parecía de broma—. Te tomas esto…— y le tendió un vaso con agua y una pastilla.
Kadaj no opuso resistencia a la orden y obedeció en el acto.
—…y te quedas en cama— completó el bermejo.
— ¿Qué?— espetó el más joven haciendo a un lado el vaso bruscamente y casi atragantándose con la pastilla —. ¡No!
No quería pasarse todo el día en cama, ¡se moriría de aburrimiento! De por sí era domingo y los domingos son días aburridos por naturaleza. Además, a Kadaj no le gustaba estar todo el día sin hacer nada, inmóvil, ocioso, sintiendo su cabello crecer… Cielos, era más activo que eso. Tenía que salir a caminar, fastidiar tiernamente a alguna víctima desprevenida, tocar la guitarra u otras cosas. Incluso, por eso deseaba tener un arma: Para matar el tiempo practicando con ella. (Claro, Ícaro no le daría una ni por equivocación).
— Acuéstate, Kadaj, no discutiremos sobre esto— le ordenó el bermejo con su voz profunda e inflexible. El más pequeño hizo un gesto (prácticamente un puchero) y dejó el vaso para retirarse a su cuarto, derrotado.
— Te llevaré el desayuno— le consoló Ícaro. No podía simplemente no mimarlo.
Así pues, la Marioneta de Jenova subió a la segunda planta, entró a su habitación y medio-arregló su cama para volver a acostarse sobre las mantas. Ya no tenía sueño pero seguía doliéndole la cabeza.
Como no había televisión en su cuarto, se limitó a mirar el techo en espera de que Ícaro le llevara el desayuno. No pagaría el precio de exhibir su enfermo estado en la sala solamente por ver un poco de TV. Prefería esperar en la intimidad de su habitación. Además, tenía la esperanza de que Ícaro le hiciera compañía en el día.
oOo
— ¿Te ayudo en algo?— se ofreció él.
Tifa negó con una dulce y brillante sonrisa. No le molestaba prepararles el desayuno (aunque por la hora ya era almuerzo) a él y a Kadaj. La chica abrió el refrigerador y se inclinó para tomar un par de cosas de la parte de abajo. En su calidad de despreocupación para con el universo, Ícaro la miró absorto por unos instantes. Era linda, Dios lo sabía, y desperdiciar la vista hubiese sido (para el bermejo) casi como una blasfemia.
A decir verdad, ése era el tipo de conducta que venía evitando desde que estaba con Kadaj. No quería que el joven aprendiera sus malas costumbres…pero Kadaj no estaba ahí, y cuando Tifa sacó la cabeza del refrigerador, Ícaro desvió la mirada. Ninguna persona salió herida.
"Es muy linda" pensó.
Luego de un rato, sus miradas se cruzaron en un punto entre lo causal y lo amigable e Ícaro le sonrió de forma boba pero tierna; era un gesto en parte ido y que a uno le hacía preguntarse "¿Qué pasa por su cabeza?" o en su defecto "¿Algo pasa por su cabeza?". Allende, no llevaba sus inseparables gafas y los ojos le brillaban semi-ocultos tras los mechones quebrados de cabello rubio y rojizo.
Tifa trató de no hacer demasiado caso a la tonta sonrisa pero ésta inexorablemente se le contagió; las expresiones de Ícaro eran ligeras y frescas —por eso simpatizaba tan bien con cualquiera en general y su vida social no se veía truncada por sus constantes viajes—… Cierto, cierto, también estaba algo despeinado y en pijama y eso contribuía en buena medida a que Tifa no sólo sonriera con él, sino de él.
oOo
Quizás no era muy buena idea acercarse a Kadaj, al menos por un tiempo; sentía que a lo mejor tenía que pensar bien las cosas, sobre todo luego de que el de cabello plateado no lo había empalagado como era debido. No se trataba exactamente de que Cloud necesitara tener miel resbalando por todo el cuerpo, pero la falta del interés usual que había mostrado su hermano pequeño por él… Bueno, le confundía. De hecho, todo lo que hacía Kadaj últimamente lo confundía: Comenzando por el día en el que se reencontraron y el más pequeño no dio un solo puñetazo, pasando por los abrazos, las sonrisas azucaradas, algún beso y unas lágrimas, hasta llegar a eso del "Te quiero pero te ignoro"; y es que su lapa ya se había tomado un tiempo record en no ir a buscarlo y adherírsele.
Lo jalaba y lo empujaba, lo animaba a quererlo y lo desairaba. Diablos, estaba tan confundido. Ahora que lo quería con él… Puff, no estaba ahí.
Claro, Cloud no sabía bien a bien el estado de Kadaj.
oOo
Sí, le dolía la cabeza, y bastante, el dolor había aumentado considerablemente desde que se levantara hasta que Ícaro le llevó el desayuno. Cuando el bermejo vestido de pijama entró al cuarto trayendo consigo un vaso de jugo y waffles y cerró la puerta tras de sí empujándola con la cadera, Kadaj había saltado de simplemente mirar el techo para matar el tiempo a masajearse las sienes para tratar de mitigar la jaqueca. Además, las ojeras no contribuían a mejorar su aspecto.
Por otra parte y contrastando, Ícaro sonreía y se le notaba muy alegre. El más pequeño lo miró y al instante logró distinguir el tipo de sonrisa que ostentaba.
— Tienes ese gesto— declaró la Marioneta con indiferencia—. ¿Por qué?
Ícaro sabía bien a qué se refería.
— No es linda… Es preciosa— contestó poniendo el vaso de jugo en el buró del lado de Kadaj y a continuación apartó la lámpara de noche haciendo espacio para el plato de waffles.
Kadaj no objetó nada más. No le interesaba si tal o cual chica era bonita o era una diosa, no estaba siquiera acostumbrado a ver a Ícaro con alguna mujer.
El bermejo le dedicaba casi todo su tiempo (fuera del trabajo) y se había alejado de las chicas por él. No quería criar a un mujeriego, quería darle un buen ejemplo a pesar de que sabía que no era el arquetipo de moralidad perfecto. Hacía un esfuerzo por Kadaj, uno enorme en comparación con el que su propio padre (el de Ícaro) no había siquiera intentado por él… Pero esos eran tópicos que no le gustaba recordar. Le bastaba el saber que quería a la Marioneta de Jenova y que hacía lo mejor por su bienestar, punto. Lo que estaba atrás en el pasado (en el de ambos), no importaba.
Ícaro volvió a la puerta para poner el seguro y así cambiarse en santa intimidad… Bueno, es que con Kadaj no tenía pudor. Lo había visto desnudo (y viceversa) sin sobresaltos ni sonrojos. Se quitó el pantalón y rebuscó en el cajón por uno 'menos de dormir'. Ciertamente no estaba acostumbrado a tener su ropa metida en un ropero, en un closet… Siempre en una maleta. No es que hubiera vivido todo el tiempo marchando de aquí para allá —en un tiempo tuvo una familia y un perrito llamado Danny, cabe mencionar— pero le parecía sumamente extraño ver sus camisetas colgadas en el armario y tener la convicción de que muchas de ellas se quedarían ahí un buen tiempo. Lo peor de todo era la cama: Dormiría en ella y con las mismas sábanas por un periodo que para él sería un record.
Qué extraño se sentía.
Kadaj era diferente, se adaptaba a la constancia porque no sabía a ciencia cierta cómo era su vida antes, así que lo nuevo trataba de asimilarlo como "normal". Para muestra basta un botón: La primera noche que tuvo que pasar sin Ícaro, se sintió solo y buscó compañía; si durmió con Cloud era porque lo veía como perfectamente normal, nada insano ni extraño. Igual el beso que le dio a su hermano: Era normal. Y hablando de él…
— ¿Dónde está Cloud?
Ícaro se encogió de hombros con algo de desinterés y Kadaj suspiró. El joven de cabello plata no había ido a empalagar a su hermano como Dios mandaba porque le dolía la cabeza e Ícaro le dijo que se quedara en cama. Hubiera podido discutirle hasta el cansancio eso…de no ser porque las circunstancias no le eran tan favorables, con la jaqueca no tenía ganas de reñir ni con las plumas de su almohada. Allende, Cloud no iba a sentirse mal…¿verdad?
— Cómete ya los waffles, ¿quieres? Si se te enfrían, yo me los como— advirtió el bermejo alto al ver que Kadaj no había tocado su desayuno-almuerzo.
Con algo de desgano, la Marioneta se puso de costado casi en el borde de la cama, se apoyó en un codo y alargó un brazo hacia sus sagrados alimentos. Estaba rico, sí, mas no lo devoró con ansia y creyó que el dolor de cabeza estaba detrás de todo eso. Finalmente, se dio vuelta y permaneció tendido en la cama, ávido de que Ícaro ideara algo que le ayudara a matar el tiempo. El bermejo ya se había cambiado y se sentó en la cama; le acarició el cabello con naturalidad y en silencio, cariñosa y casualmente, y Kadaj no dijo ni pio. Se trataba de otra de esas cuestiones normales entre ambos.
— ¿Sigue doliéndote la cabeza?— preguntó el mayor. Como respuesta recibió un asentimiento; se inclinó a besarle la sien—. ¿Necesitas algo? ¿Otra pastilla?...¿Volverte a dormir?
Kadaj se giró entonces y lo miró con los ojos entornados.
— ¿Qué no has visto la hora? Ya es mediodía. ¿Cómo podría volver a dormir?
— Eh… Pinchándote el dedo con una aguja, he he.
La Marioneta levantó una ceja.
— ¿Que nunca te leyeron "La bella durmiente"— preguntó Ícaro.
— Oh, claro, seguro mi madre me lo leyó cuando era pequeño pero ya no me acuerdo— le respondió con sarcasmo y se volvió a acomodar en la cama.
El bermejo le sonrió. Le gustaba mil veces más que Kadaj tomara con algo de humor (aunque fuera sarcástico) su pasado en vez de recordarlo tristemente. Le volvió a besar ruidosamente la sien y sus cabellos rubio-rojizos y quebrados le hicieron coquillas en el oído.
— Un día de estos te contaré la historia de "La bella durmiente"… Claro, si es que la recuerdo bien y si en realidad fue ella quien ese pinchó con una aguja.
— ¿Y quién te la contó a ti? — preguntó el menor luego de un rato de silencio.
Antes de contestar, Ícaro apoyó su mentón en el hombro de Kadaj y adoptó una posición más cómoda (sentado en el lado de la cama aún) para abrazarlo con su brazo derecho.
— Mamá— contestó sonriendo ampliamente—. Me leía mucho; más o menos desde que Danny murió. Me acuerdo de "Tengo un monstruo en el bolsillo"… A partir de allí empecé a ver qué tanta pelusa podía juntar en los bolsillos de mi pantalón y del sweater. Por supuesto, yo no conocía a mi abuela…
Kadaj no entendía de qué rayos le hablaba Ícaro, pero ya que lo hacía con una sonrisa y un tono solemne, no había por qué interrumpirlo. Además, su voz tan cercana le reconfortaba.
—…y aunque lo hubiéramos hecho no creo que hubiéramos tuviéramos oportunidad de congeniar; ella y mamá no se llevaban. Y yo habría estado del lado de mamá— expresó de forma más solemne aún—. Era una gran mujer, ¿sabes? Me habría gustado mucho que la conocieras.
— Lo sé. Me lo has dicho antes… Como unas diez veces— puntualizó la Marioneta sin afán de agredir.
— Pero es que de verdad era maravillosa. Cocinaba rico, era inteligente, siempre tenía tiempo, no me regañaba y era bonita… Lástima que ya no esté. Le habrías encantado.
— ¿Encantado?— repitió Kadaj fingiendo indignación—. ¿Pues qué soy? ¿Un perrito?
Ícaro le sonrió de forma melosa, lo abrazó más fuerte y le besó de nuevo sin ápice alguno de cansancio con respecto a ese acto.
— Algo así— le respondió finalmente. Su aliento cálido le acarició el cuello y un escalofrió lo recorrió al instante. El más alto lo notó y dejó escapar una risa burlona —. Le habrías encantado a mamá.
oOo
Tenía la 'vaga' impresión de que el regreso de Kadaj estaba afectando varios aspectos de su vida y muy rápido, más de lo que hubiera deseado; pero además de eso, su pequeña lapa venía con un regalo extra: Ícaro.
Por pura casualidad, Cloud había visto al bermejo sonreírle a Tifa de esa manera boba e ida hacía cosa de una hora. No era precisamente que le hubieran dado celos, pero Tifa era su amiga, Ícaro era prácticamente un desconocido que ya vivía bajo su techo y el ligero detalle de que él (Cloud) no hubiese sido notado por ellos al pasar frente a la cocina porque la morena y el bermejo estaban muy ocupados sonriéndose, era algo… Bueno, era algo que lo hacía sentir desubicado.
Luego había decidido salir de la casa un rato, dar un paseo en su motocicleta le despejaría la mente, o siquiera eso creía. Se sentía extraño aún en su propia casa; la presencia de Kadaj lo mareaba y era embriagadoramente dulce. No lo soportaba. E Ícaro no ayudaba en lo más mínimo; era desinhibido y alegre y no le costaba un gran esfuerzo atraer la atención de Tifa y de la Marioneta.
En parte, tenía razón.
oOo
Ícaro tocó a la puerta aunque ésta se hallaba abierta. Desde el interior, sentada en un banco pequeño de madera y haciendo un dibujo, Marlene volteó y le dijo que podía pasar.
— Hey, preciosa, ¿qué estás haciendo? — le saludó el hombre alto con una sonrisa inofensiva y un tono amigable lleno de confianza
Acto seguido, la pequeña le mostró su dibujo y el bermejo fingió examinarlo con ojo crítico; lo tomó entre el pulgar y el índice de cada mano, mantuvo esa expresión seria y se puso de cuclillas frente a la niña.
— Te está quedando pre-cio-so— le dijo finalmente apartando el dibujo de su vista y se lo regresó.
Marlene sonrió agradecida mirándolo. Prácticamente quedaban a la misma altura; él era muy alto pero estaba en cuclillas y ella se hallaba sentada.
— Oye, Marlene, ¿puedo pedirte un favor?— le preguntó—. ¿Tendrás por causalidad un par de hojas de papel, linda?
— Claro… ¿Para qué las quieres?
— Le enseñaré a Kadaj a hacer figuritas de papel. Digamos que, si estás enfermo, doblar papel puede ser un buen entretenimiento.
— ¿Está Kadaj enfermo?
— Sólo un poquito. Pero mejor no te le acerques, se te contagiaría.
— Oh…
Marlene se quedó algo pensativa. Recordaba muy bien el año pasado cuando Denzel había estado enfermo, y aunque lo que Kadaj tuviera no pasara de un ligero resfriado, la palabra no terminaba de gustarle… "Enfermedad".
Ojala la gente no enfermara nunca, ni del cuerpo, ni de la mente ni del corazón, porque a veces esas cosas (como acababa de decir Ícaro) se contagiaban. La locura y el odio de Sephiroth, por ejemplo, habían alcanzado el año pasado a Cloud e incluso a Kadaj, quien seguía siendo portador de ese resistente virus que gustaba de manifestarse en sueño.
También, si la gente no se enfermara del corazón no desarrollarían muros para protegerse ante el riesgo de contagiarse de nuevo, no se enajenarían tanto y estarían más abiertos.
Por supuesto, si la gente no enfermara jamás…el gato de Alicia ya no sonreiría y los murciélagos podrían piar por las mañanas posados en el coral.
Marlene le entregó las hojas a Ícaro.
oOo
Ícaro no se molestó en tocar antes de entrar a su habitación. Llevaba las hojas de papel que Marlene le había regalado y Kadaj lo miró entre curioso y casual.
— ¿Para qué es eso?— le preguntó el joven postrado en la cama.
— ¿Sabes de origami?— habló sentándose en la cama. Kadaj negó—. Qué mal, porque yo tampoco. Lo único que me sale bien son colibríes y focas, pero de todas formas te enseñaré eso.
— ¿Quieres que haga focas de papel?— trató de interpretar el de cabello lacio con algo de desinterés—. Me duele la cabeza.
Ícaro notó al instante ese deje de "Me decepcionas. Esperaba que idearas algo mejor para entretenerme" que manaba de su voz. Entornó los ojos y fue insistente:
— Será divertido, vamos… Sé que no te gusta quedarte en cama y no tienes muchas opciones a escoger para pasar el rato, pero, prometo que más tarde haremos otra cosa, algo más divertido.
Kadaj fingió desinterés y se giró sobre el colchón para dar la espalda al otro.
— Rentaré películas, ¿te parece? Y las veremos juntos. Haremos palomitas, ¿sí?
— Humm…
— Oh, vamos. Es eso o ir al hospital para te inyecten algo contra el refriado.
— No, gracias, prefiero el jugo de naranja y el reposo— replicó el joven con el mismo desgano.
— Ok, pero primero haremos esa foca, ¿vale? Y ¿recuerdas a esa linda chica que conocí el mes pasado? Me enseñó a hacer corazones de papel.
Kadaj asintió con apatía porque Ícaro conocía docenas de "chicas lindas" al mes y, principalmente, porque ¿a quién diantres le interesaba un corazón de origami?
oOo
Un colibrí, dos focas y un corazón después, Kadaj estornudó pero sin sentir esa punzada aunada al dolor de cabeza. De hecho, ya casi no había jaqueca… Claro, se sentía más cansado, con sueño, le dolía la garganta y tenía que sonarse la nariz cada 10 minutos. Lo normal. Ícaro le había llevado pañuelos desechables y más hojas de papel. La verdad, la Marioneta de Jenova empezaba a tomarle el gusto a eso de hacer figuritas de papel; le relajaba en cierta medida, podía hacerlo recostado en la cama y tenía la compañía de Ícaro. Le hubiese gustado también que Cloud se hallara ahí; compañía es compañía al fin y al cabo, hable o sonría mucho o no. Porque a final de cuentas lo que deseaba Kadaj era ser apreciado.
oOo Más tarde oOo
Marlene se asomó discretamente por la puerta de la habitación de Kadaj. Le provocaban curiosidad dos cosas: La primera, saber qué había sido de las hojas de papel que le regaló al bermejo alto; y la segunda, qué pasaba con el enfermo de la casa. No sabía bien a bien qué tenía Kadaj y no lo había visto en todo el día, no obstante, había oído sus estornudos. No le gustaba que la gente a su alrededor enfermara, esas cosas se respiran y se contagian, los ánimos decaen y el ruido se apaga. A veces, cuando Denzel enfermaba, los sonidos de la casa amainaban, faltaban las risas, los murmullos, los ruidos de pasos y la voz del niño. Entonces, a Marlene la casa se le antojaba demasiado vacía y callada. También a Tifa, quien echaba de menos un poco de alboroto y barullo.
Con Kadaj no pasaba exactamente igual porque la niña no estaba acostumbrada del todo a su presencia, pero, como quiera que fuese, el enfermo en cuestión era fuente de ruidos ambientales potencial.
— No veo el barquito en esto— se quejó la Marioneta de Jenova. Estaba recostado boca arriba en la cama y sostenía ante su cara una hoja de papel con varios dobleces, le daba vueltas y la examinaba con atención. En similar posición estaba Ícaro, sólo que él luchaba con su propia hoja de papel.
— Te digo que no me acuerdo bien cómo hacerlo— le respondió el bermejo el tiempo que hacía otro doblez en la hoja dando como resultado una figura que en definitiva no era un barco—. Bah… Mejor voy a rentar películas para pasar la tarde, ¿te parece?
— ¿Te das por vencido?— cuestionó el menor.
— Yo no soy el que carga la obstinación por los dos, ¿recuerdas?
Ícaro arrojó su fallido barco de papel sobre el buró y se levantó de la cama. Kadaj permaneció ahí aunque sin insistir en lo del barco; él era terco, claro, pero podía canalizar ese 'defecto' hacia cosas más productivas que la papiroflexia.
En ese momento, Marlene se alejó de la puerta de la habitación. Ya había comprobado cómo estaba el enfermo y qué había sido de sus hojas. Perfecto, todo en regla…hasta que el bermejo la alcanzó en el pasillo y le acarició el cabello para luego detenerse en seco.
— Oye, Marlene— le dijo como su acabara de tener un insight—, ¿por casualidad tienes tiempo para hacerme un favor?...
La pequeña asintió con la cabeza e Ícaro le volvió a acariciar el cabello. Él levantó una ceja y se vislumbró una sonrisa simple en sus labios.
— … ¿Sabes hacer barcos de papel?
oOo
Básicamente, no era tan rara la situación. Es decir, sólo le estaban ayudando a aprender algo, ¿no? Y no era tan patético o irónico que fuera de parte de una niña; de hecho, le agradaba su compañía (y la compañía humana cálida en general). Marlene le parecía simpática y además inteligente y a Kadaj no le importaba que ella fuera más diestra en el origami, siempre y cuando no tuviera que estar solo y consiguiera afecto.
Ícaro lo había dejado con ella para que pasaran el rato y la pequeña no se opuso, le gustaba poder ver felices a las personas y más aún si las susodichas estaban en contacto frecuente con ella.
Cuando terminaron de realizar la complicadísima acción de hacer un barco de papel, Tifa se pasó por la habitación y encontró muy grato lo que vio ahí: Kadaj se sonreía con Marlene de forma amistosa, parecían estar congeniando y eso era maravilloso para la adaptación del joven a su nuevo hogar, estaba formando lazos y, por otra parte, la niña parecía ya no tenerle ni un ápice de temor.
Tifa tocó a la puerta y entró en la habitación: tenía una sonrisa suave, casi natural, en los labios y sus ojos llenos de vida brillaban como de costumbre. Miró lo que había sobre uno de los burós del lado de la cama y su sonrisa se ensanchó inexorablemente.
— ¿Ustedes hicieron esto?— preguntó la chica tomando un colibrí del buró.
Marlene negó con la cabeza y señaló a la Marioneta de cabello plata.
— Está muy lindo, Kadaj— y se sentó a su lado en la cama.
El joven se limitó a responderle con una sonrisa ligera pero sincera y se escondió el barco de papel cerca del costado; no le hubiera agradado mucho que la dueña del bar se enterara de que la pequeña Marlene le estaba dando lecciones de "Cómo hacer un barco de papel usted mismo"; sí era algo penoso, a decir verdad, aunque quisiera negarlo. No obstante, él también podía enseñarle algo, ¿o no? Podía devolverle el favor y quedar a mano, por expresarlo de alguna forma, porque se suponía que las personas buenas procuraban regresar los favores y ser justas con los demás, o si quiera eso era lo que había enseñado Ícaro.
De cualquier manera, le ofreció a Marlene enseñarle a hacer una foca y ella no se negó. Tifa se quedó con ellos, curiosa por verlos congeniando tan bien y, en una ocasión, sin pensarlo demasiado, le acarició el cabello de Kadaj descuidadamente. El joven no se inmutó ya que estaba habituado a los abrazos, besos o caricias de Ícaro y, por tanto, el gesto de Tifa no movió el suelo bajo sus pies. Al contrario, le ayudó a anidar sensaciones familiares con las presencias de Marlene y Tifa.
Cuando el bermejo alto regresó —películas en mano y una buena dotación de hojas de colores bajo el brazo—, le guiñó el ojo a Tifa, la cual seguía sentada al lado de Kadaj y respondió con una sonrisa para luego devolver la mirada a dos de los más jóvenes de la casa, quienes entretenidamente y sobre la cama continuaban con lo que estaban haciendo.
Justo entonces, Kadaj se detuvo en seco, hizo un gesto cerrando los ojos y después estornudó. Luego continuó enseñándole a Marlene como si nada. Al bermejo de lentes oscuros eso le arrancó una sonrisa; miraba a Kadaj y se sentía feliz porque creía que estaba haciendo bien su trabajo de ayudarle a reponer la infancia que no tuvo. El propio Ícaro había disfrutado de una niñez plena hacía muchas primaveras y estaba seguro de que todas las personas se merecían algo así. Quizás Kadaj ya no tenía ni consideraba a nadie su madre, igualmente no contaba con un padre (aunque el bermejo no estaba muy lejos de eso) y había perdido a sus dos hermanos favoritos, los únicos, pero tenía todo el derecho a una familia. Cloud era lo más cercano a eso en términos técnicos, aunque no se comportaba como tal; y Tifa y Marlene (que ningún lazo de parentesco tenían con la Marioneta), comenzaban a quererlo. Kadaj tal vez nunca iba a tener una familia normal, pero el intento podía hacerse.
oOo Rato después oOo
Al volver Cloud a casa creyó que el ambiente estaría más tranquilo, que el suelo no se sacudiría inquieto y que ciertas presencias no le marearían… Cierto, cierto: "Se equivocó". La risa de Marlene, proveniente del segundo piso, no le alarmó en lo más mínimo; era una cuestión en regla. De igual forma, la risa de la morena de cabello largo uniéndose a la de la pequeña Marlene no le provocó sobresalto…pero la de Kadaj y la de Ícaro, sí. No era esas cuestiones precisamente "mal", pero regalaban tickets para que el estómago del rubio subiera a la montaña rusa.
Conforme ascendía por las escaleras, los sonidos se hacían más nítidos y, aunque las risas se apagaron, las sustituyeron palabras y frases que flotaron deformadas por el pasillo. Se distinguía la mayoría de Ícaro y Tifa.
Pese a su poco parecido con el felino doméstico por excelencia, Cloud pasó de largo por la puerta de su habitación y siguió andando por el pasillo rumbo a las voces. Estaba seguro de haber identificado la de Marlene, Tifa, Ícaro y Kadaj. Únicamente faltaba la de Denzel, lo que significaría una bofetada al rostro del ex-Mercenario; sin embargo, tal vez el niño no estuviera allí y hubiera salido a jugar. De todas formas el mundo del rubio no tardó en tambalearse.
Aún antes de llegar a la puerta de la habitación de su hermano, sintió que tenía que dar media vuelta e irse antes de que presenciara un cuadro demasiado feliz como para contagiársele y que, por el contrario, lo haría sentirse más desplazado. Y es que no se creyó capaz de poder unirse a la pintoresca y alegre escena que seguro se manifestaba a uno pasos de distancia. Era preferible marcharse ahora a asomar la cabeza y entonces sí irse y quedar como el antipático y arrogante falto de carácter para hacer amistades que siempre había sido.
Dio media vuelta.
Se retiró a su habitación algo dolido por verse hecho a un lado. Si bien la popularidad no figuraba en su lista de prioridades, al menos el reconocimiento de su familia le era importante. Pero seguro ni siquiera habían notado su llegada; Marlene no había ido a recibirlo y no lo haría por un buen rato mientras estuviera con Kadaj y compañía.
Cloud llegó a su habitación y se dejó caer sobre la cama. ¡Ya no tenía ni la atención de su hermano pequeño! Lo estaban trasladando a segundos términos a pasos agigantados (o al menos así lo sentía él). Y no le gustaba.
La noche caería en poco tiempo y la oscuridad estaría allí para recordarle que estaba solo y que Kadaj se hallaría en otra cama, prestándole atención a otra persona y quizás sin acordarse de que tenía un hermano.
Probablemente, si el rubio revisaba bien, encontraría algún cabello lacio y plateado perdido en la almohada de su cama, lo que en definitiva no le ayudaría. Tener a la Marioneta de Jenova encima suyo, empalagando, era cansado, al igual que gratificante porque podía ver esa sonrisa limpia y tan diferente a la de antes, la cual le regalaba sin medirse. Lástima, hoy no la había visto y lo resentía debido a que era una mezcla casi perfecta entre el Kadaj niño que no tuvo juegos de infancia y el Kadaj joven y nuevo que apenas empezaba su vida; tenía esos tintes de inocencia y de entusiasmo pegados con miel y empapados en unas ganas tremendas de ser querido. Para mala fortuna de Strife, esa hambre de afecto parecía estar siendo saciada con Ícaro, Marlene y Tifa.
oOo
¡Pero por supuesto que lo quería, y mucho! Era su Gran Hermano y ya había comprobado que podía admirarlo… Sólo que si Ícaro decía "Quédate en cama" y "No andes descalzo", no podía simplemente desobedecer e ir a buscar al rubio mercenario que le gustaba empalagar. Además, estaba enfermo y no muy presentable que digamos; su cabello y sus ojeras daban crédito de ello. Mejor no exhibir su estragado retrato por la casa.
Aunque, a decir verdad, para la noche ya se sentía mejor; el resfriado parecía haberse arrepentido y no había vuelto a dolerle la cabeza. De hecho, intentó convencer a Ícaro de que ya estaba bien, todo en pos de salir de la cama un rato.
— Me siento mejor y si no me muevo de aquí voy a echar raíces.
— Oh, vamos. Con exageraciones a otro. Y de todas formas no tienes tan buen aspecto. Mírate las ojeras.
— Es porque he estado todo el día aplastado en la cama. Ya me cansé de no hacer nada. Siendo cómo me crece el cabello— le dijo fastidiado. Había llegado el límite de la resistencia vegetativa y necesitaba algo de actividad física.
— Veamos las películas, ¿te parece? ¿O necesitas algo más emocionante para quitarse el aburrimiento?
El más joven lo sopesó descuidadamente. La caminata del cuarto a la sala no sonaba muy exhaustiva, pero era algo y de todas formas no faltaba mucho para que anocheciera.
— Ya qué.
— Adoro tu entusiasmo, lindo.
Aprovechando la soledad de ambos, Ícaro lo abrazó con fuerza y lo besó en los labios de forma seca… Aunque, ciertamente, no le hubiera generado mucho conflicto la presencia de público. No le importaba el "Qué dirán" porque a fin de cuentas lo único que estaba haciendo era demostrar afecto.
Ícaro bajó a la primera planta con la intención de llevar las películas a la sala e ir a buscar a Tifa para que los acompañara a verlas. Kadaj se quedó atrás —iba a quitarse el camisón azul que había portado todo el largo día— y cuando por fin salió de la habitación, llevaba una playera negra, un sweater de igual color y una expresión más fresca. No se molestó en ponerse ni siquiera calcetines para no pisar el suelo helado y tampoco reparó en su cabello que de por sí era lacio e inexorablemente le caía sobre la frente. Llevaba algo oculto en un bolsillo del sweater y antes de llegar hasta las escaleras se detuvo delante de una puerta y la abrió sin vacilar. Entró decidido pero en silencio.
oOo
Cloud se sentó al borde de la cama y se inclinó para desatarse los cordones de los zapatos. Tenía todas las intenciones de desvestirse, ponerse una pijama e irse a dormir aunque fuera temprano, con tal de acabar el día ya. El foco del techo y el de la lámpara de noche estaban apagados y la luz que entraba por la venta era crepuscular y tenue. La habitación estaba tan sobria como siempre y el único sonido era el de la respiración del rubio.
La puerta se abrió y aún así Cloud no levantó la mirada. No le concedió mucha relevancia a la presencia humana invadiendo su espacio porque, honestamente, no tenía ganas de concedérsela. Mas cuando los pies desnudos de Kadaj entraron a su campo de visión y su voz aniñada le llegó de cerca estrellando el silencio contra una frase corta, se obligó a mirar arriba encontrando al más joven, quien le tendía algo para que lo tomara.
— Es para ti.
— ¿Para mí?— pronunció Strife como autómata sin poder descifrar todavía la naturaleza del objeto que Kadaj le estaba regalando.
— Ajá— asintió el joven al tiempo que estiraba más el brazo, incitando al otro a tomar su obsequio, hecho de papel color granate. Dicho color dio un indicio de la desconocida naturaleza antes mencionada, y que Cloud no se sintió capaz de creer o de merecer… Oh, pero no estaba en lo correcto. Debía saber qué era y sentirse merecedor de ese regalo tan singular porque Kadaj estaba justo ahí, entregándoselo especialmente a él sin dudarlo y (al menos de forma aparente) sin temor al rechazo.
El rubio barman irguió la espalda y tomó el presente de su Hermano Menor con un deje atónito e incrédulo en su mirada. Sostuvo con su mano derecha la pequeña pieza de origami realizada por Kadaj durante la tarde. No se necesitaba ser muy imaginativo para encontrar la figura oculta entre los dobleces: Era un corazón. Si uno quería ser cursi y meloso podía pensar que Kadaj le estaba regalando su corazón, el cual no era el caso de Cloud Strife; él nada más empezó a sentirse un poco tonto por haber pensado durante el día que su pequeño hermano ya no lo quería, sino que se había olvidado de él por poner atención a Ícaro y a otras personas. Qué decir. Se quedó sin palabras.
La paciencia de la Marioneta a la expectativa de que su hermano dijera algo o siquiera agradeciera, comenzó a tambalearse. El silencio del rubio no le decía mucho, o más bien, no le decía cosas claras. Quizás no le había gustado el regalo o no le encontraba la gracia a doblar papel, tal vez no le encontraba figura o le había gustado o sorprendido mucho como para hacer un comentario coherente. De todas formas Kadaj no se sintió apesadumbrado por el silencio del mayor sino que se sentó a su lado luego de darle el tiempo necesario para que hiciera ese comentario que nunca llegó; le apartó el cabello rubio de la sien y lo besó sin previo aviso. Lo hizo suave y breve, como una costumbre bien establecida, y la reacción típica en las mejillas de Cloud no se hizo esperar. Éste agachó la cabeza, nervioso, tratando de ocultar su rostro enrojecido, y al mismo tiempo jugueteó con el corazón entre sus manos. El día que se acostumbrara a los besos fugaces de su hermano, dejaría de ser diestro con la espada y el cabello se le aplacaría.
El joven de cabello plata observó atento las reacciones de su Gran Hermano, propiciando su nerviosismo, y esperó paciente por un frase más consistente y atinada que el "Yo… Yo" proferido por el rubio. Pero jamás llegó. Cloud no salía del cohibido tartamudeo ocasional.
"Sólo tienes que decir 'gracias'…por el beso o por el corazón, no importa" pensó la Marioneta de Jenova sin rendirse en su espera. Le tocó el hombro con el propio inclinando el cuerpo hacia un lado y empezó a empalagar sutilmente. Acercó el cuerpo al de su hermano poco a poco. Si el "Gracias" ni ninguna otra cosa salía de los labios de Cloud, él podía propiciarlo, ¿por qué no? Acercó el rostro al del otro y frotó su mejilla contra el rosado y cálido pómulo que tenía a su alcance.
— Kadaj… No…— trató de pedir el mayor sin oírse convincente.
— Estamos solos— justificó el de cabello lacio porque, básicamente, su hermano había dicho "En público no". Y no había nadie ahí.
Kadaj habló con un tono natural y limpio que no permitió malinterpretaciones a la frase, aunque se acercó más a Cloud buscando un beso; no iba a robárselo ni a darle otro, quería dar pie a que Cloud por sí solo tomara la decisión de regalarle un simple beso.
Strife sintió los labios suaves y delgados del menos rondar los suyos y se sintió inexorablemente atraído a probarlos. Se dio la oportunidad de besarlo de nuevo y se atrevió a quererlo explícitamente. Estaba seguro de que eso no contribuía a una sana relación de hermanos, pero al menos era una relación y creía poder disfrutarla. Se olvidó del sonrojo y de juguetear inquieto con el corazón para centrarse en probar la boca de su hermano. Primerio le dio un beso simplón justo en los labios —que era lo que Kadaj buscaba— y luego se hizo a la idea de profundizar el acto para buscar más sensaciones.
No obstante, el menor no se sentía con ánimos de ir mas allá y no le apetecían esos besos confusos en los que, usualmente, la saliva no se quedaba en la boca de donde era originaria. Sonrió y después soltó una carcajada separándose del barman como medio para evitar que éste intentara 'algo' (porque ya podía ver a leguas sus turbias intenciones).
Cloud se preguntó quién diablos podía reírse en medio de un beso con tanta despreocupación y autenticidad (porque había sido una risa verdadera): Seguro alguien risueño, que no le importara, conociera o apreciara la húmeda sensación de una lengua cálida acariciando la propia o, simplemente, Kadaj.
Strife se desilusionó un poco por la reacción de su hermano, es que no encontraba motivo claro para su risa, y al mismo tiempo llegó a agradecerla. Es decir, había estado a punto de besarlo, de besarlo de verdad, y de no ser por esa risa fresca e inoportuna…lo habría hecho. Cielos, ¿en qué pensaba? ¿Es que estaba mal de la cabeza? Debía entenderlo, al menos por su propio bien: no había por qué presionarse, por más curiosidad que sintiera por el acto de besarlo y a pesar del hecho de no desear a ninguna mujer en particular en ese momento de su vida. Sí, se sentía alentado a besarlo, mas reconsideró que no era el momento oportuno.
Por otra parte, el hermano menor no quería ni planeaba involucrarse en relación alguna que no fuera de hermandad o amistad. Ni siquiera le pasaba por la cabeza que Cloud lo mirara más como otro individuo en lugar de como su hermano. Así pues, se marchó sin darle importancia al frustrado deseo del rubio que su lengua coqueteara con sus labios; le dijo que iría a ver películas con Ícaro y añadió un afable "Hasta mañana" con una mirada llena de esperanza porque tenía fe en que al día siguiente no estaría atado a la cama y podría pasar tiempo con su único hermano rubio.
Lo dejó sólo en su habitación, pero al mismo tiempo lo dejó en su lugar con los pies bien plantados sobre el área roja donde Kadaj acomodaba a la gente que quería y, en este caso, admiraba.
oOo Continuará oOo
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Galdor
