Hola!

Aquí estoy una vez más con un nuvo capítulo. No me voy a liar mucho porque estoy realmente cansada, demasiados deberes en pocos días, ¿creeís que es normal que te manden un trabajo para entregarlo al día siguiente? Argh! Pero olvidemos eso :)

Espero que os guste, hay una descripción sobre los típicos calcetines que se ponen sobre la chimenea en las pelis estadounidenses, en realidad, no sé si eso también se hace en Inglaterra o en algún otro país a parte de Estados Unidos, no estoy muy puesta en tradiciones navideñas fuera de España y aquí eso de los calcetines no se lleva así que si en Inglaterra tampoco, pues lo siento!

En fin, ya os dejo leer! Enjoy!


Aunque se había dormido hacía apenas tres horas, Albus no conseguía volver a dormirse. Se había despertado hacía media hora por los rayos de sol que entraban a raudales por la ventana. Se sentó en la cama algo desconcertado, con los ojos legañosos y el pelo revuelto, se estiró cuál gato y pudo escuchar el chasquido de las vértebras al colocarse en su lugar. Estaba molido pero no podía volver a conciliar el sueño.

-Buenos días-susurró Harry.

-Buenos días.

Albus bostezó y pudo ver un amago de sonrisa en los labios de Harry pero que no llegó a formarse. Miró atentamente a su padre, tenía grandes ojeras moradas como si se hubiese roto la nariz hacía poco, tenía los ojos rojos y el pelo demasiado ordenado para alguien como él, sobre todo si se suponía que había estado durmiendo, aunque algunos mechones negros apuntaban en distintas direcciones. Estaba sentado en la cama con la espalda apoyada contra el cabecero, Albus se dio cuenta de que trataba de parecer tranquilo pero había un aura tensa a su alrededor.

-No has dormido, ¿verdad?

-No-fue su escueta respuesta.

-¿Hay alguna razón concreta?-inquirió.

-No-repitió pero había vacilado durante un segundo así que Albus sabía que estaba mintiendo.

-¿Seguro?-insistió.

Hubo un silencio sólo interrumpido por los sonoros ronquidos de Ron, la conversación se estaba llevando a cabo susurrando lo más bajo que podían. Albus estaba en la cama más cercana a la puerta y Harry en la más alejada, quedando Ron en medio de ellos dos. La noche anterior, no había prestado demasiada atención a lo que había a su alrededor, iba demasiado distraído con sus luchas internas sobre Sirius pero en la claridad de la mañana, podía ver que no se había perdido gran cosa. La habitación era fría y húmeda, de techos altos y lo único que decoraba las paredes desconchadas era un lienzo en blanco que del que se oía una respiración lenta y pausada, a pesar de la luz que entraba por la ventana, el lugar estaba inusitadamente sombrío pero no sabía si era cierto o simplemente que la casa le transmitía esa sensación.

-Tenía miedo-dijo Harry de pronto.

-¿Miedo?

¿Harry Potter teniendo miedo?¿El mismo Harry Potter que se había enfrentado a Voldemort en tantas ocasiones?¿El mismo Harry Potter que había hecho frente a dragones y esfinges? ¿El mismo Harry Potter que había matado a un basilisco con doce años?¿El mismo Harry Potter que sabía hacer un patronus corpóreo con trece años?¿El mismo Harry Potter que vencería a Voldemort en poco más de dos años?¿Ese Harry Potter?

-Sí, tenía miedo de...de convertirme en una serpiente y atacar a alguien-confesó.

Albus se dio cuenta de que Harry agarraba tan fuerte las sábanas que los nudillos se le habían puesto blancos, tenía los labios apretados en una línea como si así evitase confesar sus temores más de lo que había hecho. Albus rió.

-¿Te parece divertido?-replicó Harry, en un susurro fiero.

-En realidad, sí-contestó llanamente Albus conteniendo una risita-Dices que tenías miedo en convertirte en serpiente, ¿no? Y atacarnos-Harry asintió-. Pues me parece una estupidez.

-¡Que te parece...!

-Shh-chistó Albus.

Se quedaron en silencio, vigilando a Ron. El pelirrojo gruñó algo, aún dormido, se dio la vuelta y comenzó a roncar nuevamente.

-¿Cómo que te parece una estupidez?-demandó Harry, hablando nuevamente en un susurro.

-A ver, si hubieses sido tú, el que atacó al ab...al señor Weasley-Harry arqueó las cejas y Albus sólo le pidió a Merlín que no se hubiese dado cuenta de su pequeño desliz-convertido en serpiente, ¿cómo explicas que te hubieses aparecido en el Ministerio cuando no sabes aparecerte? Eso, sin contar que no se puede aparecer o desaparecer en Hogwarts. Además, estabas en tu cama cuando la visión comenzó, yo lo vi.

-Pero...

-Pero nada-cortó-. Yo no podía dormir por...por lo de la niña-Harry le miró comprensivamente un segundo antes de volver a su expresión atormentada-. Tú estabas durmiendo tranquilamente y después empezaste a...a contorsionarte de forma extraña, te despertaste durante un segundo y luego tuviste otra visión, supongo que la de la serpiente. No sé cómo pudiste ver el ataque y mucho menos entiendo por qué lo viste como si tú fueses la serpiente pero te puedo asegurar que no te moviste de tu cama y tengo a Ron de testigo.

Tras su resumen, se volvieron a quedar en silencio. Harry parecía estar dando vueltas a sus palabras, quizá intentando encontrar algo con lo que rebatirle y Albus no pudo evitar pensar lo mucho que le gustaba atormentarse a sí mismo. A pesar de todo lo que le había dicho, Harry seguía decidido a encontrar algo que lo convirtiese en culpable. Finalmente, Harry le dedicó una sonrisa y Albus suspiró.

-Gracias

-Fue un placer-contestó sarcásticamente.

Harry rió y Albus se unió a sus risas tapándose la boca con la mano para ahogar el sonido. El momento no había sido especialmente gracioso y seguramente había sido producido por el alivio de Harry.

-Por cierto, ¿cuál fue tu primera visión?-preguntó Albus-. Recuerdo que dijiste algo de Voldemort torturando mortífagos pero no diste muchos detalles.

-Ah, eso-dijo-. Voldemort estaba furioso, el ataque a Hogsmade no fue algo planeado por él, supongo que quiere mantener un bajo perfil y los ataques de mortífagos a pueblerinos no ayuda.

-Supongo que no, pero no creo que deba preocuparse.

-¿Y eso?-preguntó Harry, interesado.

-Seguramente el Ministerio haya cubierto todo el ataque, te apuesto a que ni siquiera es primera plana en El Profeta.

-No hago apuestas estando seguro de que voy a perder-contestó.

-Eso no es divertido.

-Es lo que hay.

Los demás se quedaron durmiendo casi toda la mañana, Albus se volvió a meter en la cama después de saludar a Ron, Harry fingió haber disfrutado de una noche de sueño reparador y Albus observó que parecía más animado después de la conversación que habían tenido. Escuchó algo de ajetreo en la planta baja, los gritos de una mujer desconocida pero que no decía nada bonito, una parte de su cerebro se preguntaba quién podría ser pero decidió dejar el misterio para más tarde, hasta que finalmente toda la casa volvió a quedarse en silencio.

Albus había conseguido volver a dormir y debía llevar muchas horas haciéndolo pues ya estaba anocheciendo. Se levantó para aliviar su vejiga que amenazaba con reventar en cualquier momento pero en sus prisas por llegar al baño, no vio el baúl que estaba a los pies de su cama y que debía haber aparecido en algún momento mientras él estaba dormido. Su dedo gordo chocó contra la esquina del baúl produciéndole un dolor demasiado grande para un golpe tan pequeño. Estaba saltando a la pata coja en mitad de la habitación maldiciendo a Merlín, a Circe y a todas las personas famosas que conocía cuando una voz interrumpió su estúpida lucha contra el dolor.

-Se te ha olvidado maldecir a la madre que les...

-¡Sirius!-gritó.

-¿Qué?-preguntó con una sonrisa burlona-. Por lo que he escuchado tienes todo un repertorio de maldiciones, incluso diría que algunas proceden del vocabulario más selecto de Harry.

-¿Qué quieres, Sirius?-cuestionó con un suspiro.

-¿Yo? Nada-respondió con sencillez-. Sólo venía a ver si te habías levantado.

-Bueno, pues ya ves que sí-contestó Albus, malhumorado.

Sirius rió y Albus no pudo evitar la sensación de que se estaba burlando de él, seguramente porque era así. Salió al frío pasillo con Sirius a sus espaldas, y se lamentó profundamente por no haberse puesto las zapatillas ni la bata pues estaba tiritando. Además, no tenía ni idea de dónde quedaba el baño y se negaba a preguntarle a Sirius quien seguía riéndose de él. Avanzó por el oscuro pasillo, completamente alerta, había algo en el ambiente que le ponía los pelos de punta como si algo fuese a atacarle en cualquier momento.

-Me voy a apiadar de ti-dijo Sirius detrás de él-, pero sólo porque no quiero que ensucies la casa más de lo que está.

Albus le miró de forma interrogante hasta que recordó sus ganas de ir al baño que habían quedado en un segundo plano ante la tensión del momento.

-Hay una puerta en vuestra habitación que da a un baño-informó.

-¿¡Y por qué no me lo has dicho!?-replicó Albus mientras corría hacia la habitación con las risas de Sirius a sus espaldas.

-¡Eso no habría sido divertido!-fue lo último que escuchó antes de cerrar la puerta que había señalado Sirius.

El baño era tan oscuro como el resto de la casa, no había una sola ventana que lo iluminase, había una bañera grande hecha de mármol, sujetada por patas que eran cabezas de serpientes. El lavamanos también era de mármol, un los grifos tenían serpientes esculpidas con gran detalle, tanto que parecían de verdad y sobre él, había un espejo sucio y algo ajado.

Cuando salió del baño, Sirius le estaba esperando sentado en la cama de Ron. Albus le echó una mirada que hubiese asustado a cualquiera pero Sirius, siempre despreocupado, no le hizo ningún caso. Se levantó y le pasó un brazo por los hombros, atrayéndole hacia él.

-Son casi las cinco, debes de estar hambriento-dijo.

Albus asintió a la vez que se escuchaba un rugido proveniente de su estómago. Sirius rió nuevamente y Albus comenzó a sospechar, el hombre estaba demasiado entusiasmado para su gusto. Bajaron las escaleras y, antes de llegar al último rellano, Sirius le indicó mediante gestos que no hiciera ruido. Albus asintió aunque no entendía muy bien la razón de tanto sigilo. Pasaron frente a una cortina que debía estar tapando una puerta o algo así y caminaron en silencio hasta que llegaron a la cocina del sótano. Sirius le sirvió un plato de comida que se notaba a la legua que era obra de su abuela. Comió como si no hubiese mañana, muy al estilo Weasley pero se obligó a bajar el ritmo cuando notó la mirada suspicaz de Sirius. Si era verdad lo que le habían contado, Sirius no era nada tonto y Albus iba a tener que controlarse lo máximo posible.

-¿Tú madre es pelirroja?

Albus tosió ruidosamente, medio ahogándose con las salchichas. Aspiró bruscamente cuando sus vías respiratorias quedaron libres, tenía los ojos llorosos y el maldito de Sirius se reía de él, tal y como llevaba haciendo toda la mañana.

-¿Qué te ha hecho pensar eso?-preguntó, con urgencia.

-No, nada-dijo, con una sonrisa misteriosa.

Albus le miró largamente. Sirius no era estúpido, se estaba dando cuenta de demasiadas cosas ¿o lo había dicho sólo por decir? Era exasperante y le preocupaba muchísimo. Si Sirius se enteraba, no iba a dejarle en paz en lo que quedaba de vacaciones y, si hacía gala de sus manías merodeadoras, iba a ser el blanco de numerosas burlas e indirectas, no creía que sus nervios lo soportasen.

-Oye, ¿quién era la que gritaba esta mañana?-preguntó, tanto para saciar su curiosidad como para desviar la conversación hacia temas más inofensivos.

-Ah, ya veo que has tenido el placer de escuchar la dulce voz de mi querida madre-su tono amargo no pasó por alto para Albus pero había otro detalle que le había llamado más la atención.

-Tu...¿madre?

-Bienvenido a la Noble y Ancestral Casa de los Black-respondió, con fingida solemnidad.

-Ya sabía que era tu casa-aclaró Albus-, pero no sabía que tu madre estuviese viva. ¿Está aquí?

Sirius rió con ganas y Albus se sintió inexplicablemente estúpido. ¿Había dicho algo gracioso?

-Oh, no-dijo Sirius, aún entre risas-. ¡Y demos gracias! Hay un retrato de mi madre colgado en el vestíbulo. Si haces mucho ruido al pasar por delante se despierta y comienza a soltar improperios pero entre nosotros-dijo con una sonrisa cómplice-, tú tienes una capacidad y una imaginación para maldecir que sobrepasa con creces a mi adorada madre-y volvió a reír.

-Sirius, no es que no me sienta honrado de ser tu bufón personal y alegrarte el día pero, por favor, ¿podrías dejar de reírte de mí?

-Nadie se ríe de ti-aseguró él con total descaro.

Albus bufó y, con toda la dignidad que pudo reunir, se levantó de la silla y llevó el plato hasta el fregadero. Le estaba lanzando su mirada más fría a Sirius cuando ambos escucharon la puerta de la calle. En ese momento se dio cuenta de que había olvidado completamente el viaje al hospital, subió las escaleras hasta el vestíbulo dónde sólo estaba los Weasley.

-¿Y Harry?-preguntó.

-No se encontraba bien-contestó la abuela-. Ha subido a su habitación en cuanto hemos llegado.

-Ah.

La abuela bajó a la cocina del sótano y Albus la siguió, precediendo a los Weasley. Se sentaron al rededor de la mesa de madrea desgastada. La abuela se puso a hacer la cena en cuanto puso un pie en el lugar y en ese momento se encontraba muy ajetreada, utilizando su varita sobre numerosas sartenes, platos, comida y otras muchas cosas. Albus miró al rededor, fijándose en el aspecto algo asustado de los que estaban a su alrededor.

-¿El señor Weasley está bien?-preguntó, inseguro pues no sabía cuál era la razón de tanto miedo y angustia.

-Sí, querido-respondió la abuela-. Parece que todo va perfectamente, pronto saldrá del hospital, quizá para el final de las vacaciones. Es una pena que tenga que pasar las Navidades ingresado pero lo importante es que está vivo y va a recuperarse-la bruja había dejado de mover la varita y su voz había ido bajando hasta ser un murmullo, parecía estar tranquilizándose a sí misma en vez de a Albus. Finalmente, la mujer volvió a ponerse en movimiento y miró al chico del que parecía haberse olvidado-. Gracias por preocuparte.

Albus dio un cabeceo de conformidad, pero interiormente, bullía preso de un sentimiento de curiosidad insatisfecha. Si la vida del abuelo no corría peligro, incluso parecía que pronto iba a recuperarse, ¿por qué esas caras largas? Albus se dio cuenta de que en realidad sólo los más jóvenes estaba preocupados, la abuela parecía estar bien, no reluciente pero desde luego no tan preocupada como la noche anterior y Sirius estaba radiante, incluso tarareaba una melodía desconocida parecía contento y seguramente lo estaba. No era difícil imaginar por qué, debía ser deprimente pensar que ibas a pasar la Navidad sólo y que de repente apareciese toda una familia para hacerle compañía, además de su propio ahijado, debía de alegrarle enormemente. Albus cruzó una mirada con Ron, tratando de mantener una conversación silenciosa pero el pelirrojo evitó su mirada deliberadamente. Albus empezó a pensar a toda máquina, ¿qué podría haber pasado para que todos estuviesen así?¿que podría ser lo suficientemente malo como para opacar la felicidad de ver a un padre vivo y bien? Su cerero se dio cuenta entonces de un detalle, ¿y Harry?¿qué había provocado su malestar?¿había sido la noche en vela o había pasado algo más? Todos los chicos se mantenían en silencio mientras Sirius y la señora Weasley hablaban, harto de darle vueltas a la misma cosa, Albus dejó que su mente volase sin dirección.

La noche era fría, nevaba sobre los campos de hierba. Una familia se apareció conjuntamente a las afueras de una antigua y torcida casa, adornada con miles de luces de colores que se mantenían flotando en el aire e iluminaban el terreno frente a ellos, un gnomo salió de la madriguera que le protegía del viento helado, curioseando. La familia atravesó el descuidado jardín, el hombre tropezó con una de tantas botas amontonadas cerca de la puerta de la casa, haciendo reír a los niños que le acompañaban y que una sonrisa se instalase en la cara de la mujer que estaba a su lado. Él gruñó pero su sonrisa estropeó el ceño que trataba de hacer, y los niños rieron más. De pronto, la puerta de la casa se abrió, sorprendiendo a la familia. Una mujer anciana, algo rechoncha, de pelo canoso e innumerables arrugas estaba parada en la entrada, observándoles con una sonrisa tan cálida que podría derretir la nieve a su alrededor.

-Ya todos están aquí-informó-. Vamos, pasad, que hace mucho frío para estar fuera.

En cuanto estuvieron a resguardo de la nieve y el frío, la mujer abrazó a cada uno de ellos, rodeándoles con los brazos apretadamente, tan fuerte que les costaba respirar. Rápidamente, la pequeña cocina comenzó a llenarse de gente, los abrazos, los besos, las risas y las conversaciones se extendieron por el numeroso grupo. Los adultos se sentaron en sillas, alrededor de la mesa, poniéndose al día mientras los más pequeños se sentaban en el suelo cerca de la chimenea o corrían de un lado para otro, persiguiéndose por razones que sólo ellos entendían. Una pequeña niña pelirroja miraba maravillada a su alrededor, pero lo que más le llamó la atención fue el enorme abeto que había en una esquina del salón. Era casi tan alto como el techo, de un verde intenso y estaba decorado con todo tipo de cosas, bolas brillantes, cintas que envolvían el árbol, tarjetas navideñas...los colores dorados, plateados, rojos, verdes, azules...se fundían creando una explosión de alegría y vivacidad pero lo más extraordinario de aquél árbol de Navidad era que en vez de la típica estrella en la punta del abeto, había un gnomo de lo más feo, muy peludo, alguien lo había vestido con un traje de ángel y lo había pintado completamente de plata, el gnomo lo observaba todo con cara aburrida.

-Lils-llamó un niño de pelo negro como la noche, con unos grandes ojos verdes que parecía algo más mayor que la niña-. Lils, dice la abuela que la cena está lista.

-Ahora voy, Al-dijo la niña.

-¡Vamos! No quiero que la abuela nos eche la bronca-urgió Al, tirando del brazo de su hermana.

-Vale, vale-cedió la niña, siguiendo a Al hacia la cocina dirigiendo una última mirada al árbol.

La cena estuvo colmada de risas, conversaciones y exclamaciones admiradas ante los manjares que la abuela Weasley había cocinado. Antes de que hubiesen terminado el segundo plato, fuegos artificiales en miniatura estallaron en la cocina e iluminaron todo con colores increíblemente brillantes y vivos.

-¡George!-gritó la abuela-. ¿Qué te dije sobre fuegos artificiales durante la cena? ¿¡Es qué nunca cambiarás!?

-Vamos, mamá-rezongó George-. No seas así, sabes que te encanta -una mano impactó contra la nunca del hombre, haciendo que soltara un "auch"

-Deja de molestar a tu madre.

La mujer que había hablado estaba sentada al lado de George, y en ese momento le miraba con una sonrisa divertida. Su cabello chocolate estaba recogido en un moño, que dejaba algunos mechones sueltos que enmarcaban su hermoso rostro. George le lanzó una mirada ceñuda a lo que ella contestó con un ligero beso cerca de la comisura de los labios del hombre. Los más pequeños sonaron sonidos de asco mientras que los mayores sonrieron divertidos por el intercambio. El resto de la cena transcurrió con normalidad, o con la normalidad propia de la familia Weasley.

Aunque la felicidad tenía un borde de tristeza y añoranza por todos aquellos a los que habían perdido, la alegría era palpable. Hubo un momento, en el que todos los adultos se quedaron mirando a los niños que jugaban y a los chicos más mayores estaban sentados en el suelo, hablando y riendo. La razón de tanto sacrificio estaba frente a ellos y, viendo a sus hijos libres de toda preocupación o tristeza, se dieron cuenta de que la muerte de tantas personas no había sido en vano.

-¡Alex!

El grito, sacó a Albus de los recuerdos la Navidad de dos años atrás, las cosas eran muy diferentes en ese momento. Más complicadas. Suspiró, deseando volver a ser un niño, cuando todas sus preocupaciones eran tener cuidado de que James no le engañase con alguna broma o planear cuál sería la siguiente.

-¡Alex!¿Quieres escucharme?-Ron era el que le gritaba.

-Perdona-dijo-. Es que estoy algo distraído, ¿qué querías?

-Te decía que como tú no vas a cenar, podrías subir para decirle a Harry que la cena ya está lista.

-Podrías hacerlo tú-repuso Albus, sin ninguna gana de moverse del sitio.

-Ya pero es que...-el rugido de su estómago interrumpió la frase y Ron se sonrojó ligeramente.

Albus rodó los ojos, entendiendo cuáles eran exactamente las prioridades de Ronald pero se levantó, aunque a regañadientes, y salió de la cocina rumbo al cuarto que compartía con Harry y Ron. No le gustaba tener que andar solo por esa maldita casa pero tampoco quería quedar como un miedica, así que enfiló hacia las escaleras. Nuevamente, una sensación de claustrofobia se hizo presa de él, sólo aguantó el paso lento cuando cruzó el vestíbulo, lo suficiente para no despertar a la madre de Sirius, después subió las escaleras de tres en tres todo lo rápido que pudo hasta llegar a la habitación. Tomó aire en grandes bocanadas, intentando normalizar su respiración antes de entrar, una vez conseguido, giró el pomo. Lo primero que vio al entrar fue a Harry, tirado en la cama. Parecía muy tranquilo pero su cara tenía una expresión extraña, difícilmente definible. Sentía mucho tener que despertarle pero debía comer algo, así que caminó hacia él pero antes de llegar tropezó con algo tirado en el suelo, tras eso reparó en el baúl de Harry que estaba abierto a los pies de su cama, la ropa, los pergaminos, los libros...todo estaba metido sin orden ni concierto, como si hubiese comenzado a preparar el baúl muy deprisa. Huyendo. ¿Qué había pasado en San Mungo para que Harry tuviese la necesidad de huir? Porque estaba claro que lo que sea que le hubiese trastornado, había ocurrido en su viaje al hospital. Y si era así, ¿qué le había hecho cambiar de opinión? Más determinado a despertarle, Albus se acercó al cuerpo durmiente de su padre y le sacudió el hombro. Harry despertó rápidamente pero contrariamente a lo que solía sucederle esta vez no lo miró todo desconcertado sino que dirigió a Albus una mirada claramente molesta mientras se sentaba derecho en la cama.

-¿Qué ha pasado en el hospital?-preguntó a bocajarro.

Esta vez, Harry si le miró con confusión pero sólo fue un segundo antes de caer completamente en su pregunta. El chico bajó la cabeza, repentinamente fascinado por los bordados de hilo plateado de las sábanas.

-¿A qué te refieres?

Si creía que haciéndose el loco iba a conseguir algo, la llevaba clara. Albus no era un Slytherin por nada, aunque la mayoría de las veces no lo pareciera. Si se proponía algo, haría cualquier cosa que necesitase para conseguirlo.

-¿Qué ha pasado en el hospital?-repitió, manteniendo su voz al mínimo.

-No sé a qué te refieres-contestó Harry, mirándolo con bravuconería.

-Yo creo que sabes perfectamente a qué me refiero-dijo-. El problema, es que yo no sé a qué me estoy refiriendo, así que espero que tú me cuentes lo que ha pasado en San Mungo o tendré que enterarme de boca de alguno de los Weasley que te acompañó.

Se retaron con la mirada, midiéndose. Albus no apartó sus ojos, ni siquiera parpadeó. Si había que ponerse serios para que Harry comenzase a hablar, pues lo haría. Harry también mantuvo su mirada pero a los pocos segundo su resolución comenzó a flaquear. Con un suspiro derrotado, comenzó a hablar:

-Moody y Tonks estaban en la habitación del señor Weasley, a nosotros no dejaron fuera después de haberlo visto. Tenían cosas que hablar sobre la Orden, Fred y George nos repartieron unas orejas extensibles, son unas orejas con un cordón que termina en una especie de audífono que te pones en la tuya, la oreja amplía los sonidos y nos permitió escuchar la conversación-explicó, aunque Albus conocía perfectamente la función de las orejas-. Bueno, la cosa es que Ojoloco dijo...dijo que mi mente estaba siendo poseída por Voldemort.

-¿Por eso trataste de huir?-interrogó, manteniendo la calma.

-¿No estás asustado?-preguntó Harry a su vez.

-No-respondió llanamente-. Ahora, contéstame a la pregunta.

-Yo...sí.

-Eres idiota-Harry parecía ultrajado, abrió la boca para contestarle pero Albus no le dio tiempo para replicar-. Y un cobarde. ¿A caso no eres un Gryffindor? ¿Dónde quedó toda esa valentía de la que os estáis continuamente pavoneando?

-Nosotros no pavoneamos-¿¡en serio eso era todo lo que tenía que decir!?

-Desde luego que lo hacéis pero eso no es lo que estamos discutiendo ahora-Albus no estaba dispuesto a que Harry lo distrajera-. Estabas huyendo y punto-sentenció.

-¡Yo no huía!¡Trataba de manteneros a salvo!-se defendió.

-Claro que sí. Y reuniste toda tu nobleza y valentía Gryffindor para hacerlo, ¿verdad?

-¿Te parece poco noble que tuviese la intención de irme con el fin de protegeros?

-Si hubiese razones reales para hacerlo, me parecería de lo más noble-afirmó-, el problema es que lo que tú hacías era huir.

-¡VOLDEMORT ESTÁ EN MÍ CABEZA!-dijo a voz en grito-. ¡Y QUIZÁ HAYA VISTO CADA COSA QUE HA PASADO A TRAVÉS DE MÍ!

-¡No seas tan malditamente estúpido!-le gritó Albus, de vuelta-. Si Dumbledore creyese que eres una amenaza no te hubiese mandado aquí, ¿no crees?

Harry no le siguió gritando, en realidad no le dijo nada más. Albus sabía que no le había convencido pero, al menos, aún estaba allí aunque fuese por una razón desconocida. No creía que Harry fuese un peligro para alguien excepto para sí mismo. Entonces, lo que había pasado en el despacho del director, ese segundo antes de que el traslador se los llevara, volvió a su mente con fuerza. Recordaba perfectamente la expresión fiera de Harry y el brillo rojo de sus ojos. Sacudió la cabeza, intentando dejar a un lado esos pensamientos. Harry no era malo, su padre no era peligroso de ninguna forma.

-Vine a decirte que la cena está lista-le informó, con un suspiro bajo.

-No tengo hambre, gracias-contestó él, fríamente.

Harry se metió bajo las mantas una vez más y se tumbó de costado, dándole la espalda. Albus se encogió de hombros ante el enfado de su padre bajó a la cocina para informar de que Harry no iría a cenar y volvió a subir a la habitación. Cogió un libro de los tantos que tenía en su baúl, la mitad de Hermione, y se puso a leer. Tiempo después, se arropó completamente para dormir pensando que quizá, no debería haber sido tan brusco con su padre.

oOo

Cuando Albus se despertó, todos estaban ya levantados y se dedicaban a adornar la casa con muchos y coloridos adornos de Navidad, la casa tenía un aire más alegre pero la oscuridad aún estaba presente. Sirius iba de un lado para otro, cantando villancicos con una sonrisa perenne en su rostro. El resto no estaba tan alegre pero sí que se les veía contentos, hablaban y reían muy relajados mientras colgaban bolas plateadas y doradas en el árbol, o envolvían el pasamanos de las escaleras con cintas de un brillante azul. Sobre la chimenea de la cocina del sótano, había calcetines rojos colocados en fila con los nombres de cada uno bordados en verde. El fuego parecía arder más alegre y cálido con esos adornos.

Tras desayunar, Albus subió las escaleras de la cocina hacia su habitación pero nada más pisar el suelo del vestíbulo, se vio rodeado de una melena castaña, muy tupida. Hermione le apretó en un fuerte abrazo. Estaba tan sorprendido de verla que tardó unos segundos en devolverle el abrazo. Cuando se separaron, Hemione le miró con una sonrisa enorme y radiante.

-¡Estás aquí!-exclamó Albus estúpidamente-. Espera, estás aquí, ¿no deberías estar con tus padres esquiando en la nieve?

-Siendo sinceros-explicó con una sonrisa divertida-, mi coordinación no da para mantenerme en pie sobre unos esquís. Además, tenía que hablar contigo.

-¿Conmigo?

-Sí-contestó sencillamente-, pero será mejor que vayamos a un sitio más privado.

Albus la miró confuso pero Hermione no esperó a que el chico se repusiera, le agarró del brazo y comenzó a arrastrarlo escaleras arriba. Se detuvo frente a una puerta que estaba justo al lado de la habitación que Harry, Ron y él compartían. La bruja abrió la puerta y le empujó a través de ella, mientras le miraba ansiosamente. Una vez dentro, Hermione cerró y le miró directamente a los ojos pero no dijo nada, parecía insegura por dónde empezar, lo que fuera que tuviese que contarle. Mientras Hermione se decidía, Albus miró a su alrededor. Esa era la habitación que había estado ocupando Ginny y seguramente ahora también Hermione. No era muy distinta a la suya excepto porque esta no tenía nada decorando las paredes y tampoco tenía un baño. Sólo había dos camas altas con dosel, muy juntas, ocupando el lado oeste de la habitación con los baúles de las chicas a los pies de sus respectivas camas, un armario estaba en contra posición a las camas con las puertas abiertas, completamente vacío, como en la habitación de los chicos, una gran ventana dejaba pasar la luz del exterior, enmarcada por unas pesadas cortinas rojas.

-Sé lo de Ginny-soltó Hermione de repente.

Albus abrió mucho la boca, la abría y la cerraba pero no conseguía decir palabra. ¿Cómo se había enterado?¿Había sido muy obvio con Ginny?¿Pero qué había hecho que Hermione se diera cuenta de que Ginny era su madre justo en ese momento? Él creía haber conseguido controlarse, ya no estaba tan nervioso a su alrededor y ella no había visto su verdadero aspecto como Ron así que no podía haber visto nada en sus rasgos que le relacionase con ella.

-Me parece muy bien lo que hiciste-siguió ella-. Es admirable que no hayas dicho nada ni hayas actuado diferente a su alrededor, teniendo en cuenta las circunstancias.

Albus estaba un poco perdido, Hermione no parecía sorprendida o enfadada porque se lo hubiese ocultado, en realidad, ¿ella le estaba elogiando?

-Quiero decir-Hermione continuaba con su monólogo, sin necesitar que él añadiese nada a la conversación-, que a pesar de tus sentimientos por ella no has intentado nada, supongo que eres consciente de que te irás. No sabemos cuándo pero lo harás pero...

-Espera, espera, espera-interrumpió Albus-. ¿Mis sentimientos?

-Vamos, Albus-sonrió-. No tienes que fingir conmigo, ya lo he deducido yo sola. Tendrías que verte cuando estás con ella. Te pones muy nervioso y apuesto a que te empiezan a sudar las manos y te trabas al hablar. Eres igual que tu padre.

Albus soltó una carcajada. Y luego otra y otra más. Se rió durante un minuto entero. ¡Hermione lo había liado todo! Limpiándose las lágrimas que luchaban por caer, miró a la bruja que le lanzaba una mirada airada y muy, muy enfadada. Nada cabreaba más a Hermione Granger que se rían de ella.

-¡Vamos, Hermion!-rezongó-. ¿Cómo pudiste pensar que yo estaría interesado de esa manera en mi mad...?

Hermione no había pasado por alto su desliz aún cuando no había terminado de pronunciar la palabra.

-¿¡Qué tu madre es Ginny!?-chilló.

Mierda, mierda, mierda.


Espero que lo hayais disfrutado :) Menudo bocazas es este Albus jaja

Muchas gracias por vuestro reviews, favs y alertas. Me ayudan mucho y me dan ánimos para soportar a mis profesores y su maldita frase de: estáis en cuarto y el graduado no se da gratis, tenéis que trabajar duro. Los mataba XD

Contesto reviews (si falta el de alguien, lo siento pero es que fanfiction anda como loco con los reviews de aquellos que no tienen cuenta, aparecen y desaparecen a su antojo):

Lilius's fan: Me alegro de que te gustase y, ya ves que Hermione se ha enterado de que Ginny es la madre de Albus, todo por su bocaza jajaja. Espero que te haya gustado :)

CHI: Gracias por tu review, aún me sorprendo cuando elogian de esa forma mi forma de escribir o el fic, ahora mismo estoy sonriendo como una idiota frente la pantalla del ordenador. Espero que te haya gustado este capítulo. Los capítulos suelen ser así, no tengo mucho tiempo últimamente y prefiero hacerlos más cortos que teneros esperando durante mucho tiempo.

JazminBlack: ¡Qué bien que te gustó! Sí que hacía mucho tiempo que no tenía un review tuyo pero bueno, tampoco es obligatorio XD Me alegro de que cada vez te guste más, eso es que estoy haciendo bien mi trabajo (¿trabajo?) Espero que este cap. también te haya gustado.

ScorpioNoJenny: Hola! Aquí tienes el siguiente capítulo! jajaja Muchas gracias por el review, me dan la vida XD ¿Cómo crees que reaccionará Hermione? Por ahora sólo está sorprendida...jajaja Un saludo!

Un beso enorme a todos/as! Hasta la próxima!