En esos días agradecía, por sobre todo, el silencio; por eso habría preferido la soledad de los pasillos en los subterráneos, en vez de la algarabía propia de las oficinas principales. Sin embargo, el Lord se había negado en rotundo a cambiarla de puesto y, disgustado con ella, la había conminado a reunir el coraje necesario para volver a ser ella misma; no obstante, había comprendido que, tras lo vivido durante los últimos meses, necesitaba con desesperación la tranquilidad que sólo podía proporcionar el aislamiento; así que había contratado a los chicos como auxiliares para el departamento de Hinomiya. Él había dicho que ese sector requería personal de confianza; sin embargo, él había sabido que, más que Hinomiya asistentes, ella necesitaría a sus amigos cerca. Se preguntó, como tantas otras veces, si algún día volvería todo a ser como antes, si alguna vez podría mirar al mundo con la inocencia propia de quienes creen en él, si el dolor de los demás dejaría de ser el reflejo de su alma, y, por sobre todo, si él la perdonaría y estaría a su lado... como antes.
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─¡Maldita sea! ─el grito provino de la parte superior de una pila de enormes cajas de madera, todas con la leyenda 'fragil' inscrita en color rojo, nadie se encontraba a la vista.
─¡Cálmate Tsubasa! No vas a conseguir nada enfadándote ─la que habló, al tiempo que se aproximaba desde el fondo del enorme almacén, era una mujer bastante atractiva: vestía un fino traje sastre, y su negrísima y larga cabellera se prolongaba hasta su cintura; aún así, cierto aire a falsedad era por demás evidente en su persona
─¡Cállate! ¡No me interrumpas! ─rugió una voz masculina que se opacó pronto; aunque aún podían escucharse varios murmullos en el aire─. A ver ¿Cómo era? ¿Era para acá? ¿O era así? No, creo que era como lo hice al principio...
─Y eso que llevas más de un año colocando esos chismes... ─fue el inmediato comentario, no excento de burla, de la mujer.
─¡Cierra el pico! ─fue la inmediata protesta, acompañada de un rollo de hilo, otro de hule espuma y más restos de material para embalaje que cayeron sobre la agresora. Una caja se precipitó desde lo alto de la pila y, al llegar al suelo, se desensambló, revelando a un individuo bastante peculiar: no podía dudarse que era hombre, por la firmeza de sus rasgos y el tono de su voz; pero estaba primorosamente maquillado y vestía un traje deportivo de esos que ordinariamente lucían las supermodelos que aparecían en las portadas de las revistas y su figura era lo suficientemente escultural para provocar envidia incluso a una modelo; sin embargo, pese a la belleza del cuadro, sus ojos echaban chispas y el rictus de furia endurecía sus rasgos revelando su identidad masculina.
─¡Es la verdad! ─replicó su compañera sin inmutarse, regalándole un filosófico encogimiento de hombros.
─¡Mira Konatsu...! ─amenazó el hombre, visiblemente molesto; no obstante, lo que iba a decir quedó interrumpido por la llegada de Akari Unryuu.
─Lamento molestarlos, muchachos ─la voz de la asistente personal de Lord Saffron se escuchó en dirección de la amplia puerta corrediza de cristal justo donde iniciaba el pasillo que separaba las bodegas auxiliares de uno de los laboratorios informáticos más famosos de Tokyo.
─¡Fiuuu! ─el silbido de Tsubasa no se hizo esperar─. ¡Esto sí que es un milagro!
─¡Milagro tus narices! ─fue la inmediata réplica de Konatsu─. Verla por aquí es una bendición de Kamisama, señorita Unryuu.
─Gracias, también yo me alegro mucho de verlos de nuevo ─indicó la recién llegada con una sonrisa, e inmediatamente explicó─: Vine porque es necesario requisitar los inventarios antes de las cuatro de la tarde. Lord Saffron necesita estos registros debidamente procesados para mañana a primera hora; por lo que, si no los han llevado a autorizar con su gerente, deberán hacerlo de inmediato.
─Descuide, señorita Unryuu, ya terminamos; sólo faltaba la lista que acaba de concluir ese zopenco ─dijo la mujer, señalando con el dedo índice hacia su compañero, mientras se masajeaba las sienes con la otra mano.
─¿A quién le dices zopenco? ─preguntó el tipo que lucía el sensual traje deportivo.
─A ti, por supuesto ─replicó la mujer del traje sastre, sin sombra de duda y luego prosiguió, dirigiéndose a Akari─: imagínese, señorita Unryuu que se dejó las listas Kami sabrá dónde y no las encontró hasta ayer por la tarde ¡Estamos aquí desde entonces!
─Ya que insistes en culparme por eso, también podrías decirle a la señorita Unryuu que olvidaste calendarizar las entregas de la corporación Saotome y debido a eso nos vimos forzados a venir hasta acá a toda prisa hace varias noches ─gruñó la dama agitando el puño en el aire amenazadoramente, y luego se volvió apenada a mirar a la mujer─ ¡Medianoche, señorita Akari! ¡Medianoche y únicamente nosotros aquí, supervisando el acceso de miles de piezas de ensamblaje, tan sólo acompañados de la jefa Hinomiya ¿Puede creerlo?
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─¿Me-medianoche? ─tartamudeó Akari. Incapaz de creer lo que escuchaba, consiguió evitar que su sorpresa fuera evidente. Para su fortuna, los dos asistentes se encontraban enfrascados en un duelo de miradas, lo que le dió tiempo para recuperarse. Sabía de sobra que lo mejor para todos era comportarse con normalidad, en tanto descubría el misterio respecto al cargamento.
─¡Cuernos Konatsu! ¡Te han dicho que mantengas la boca cerrada! ¿Porqué rayos tienes que molestar a la gerente con detalles domésticos? Estoy seguro que la señorita Unryuu tiene mejores cosas qué hacer que escuchar relatos sobre nuestra incompetencia. Ya es bastante malo que ella se haya enterado de nuestros líos como para que ahora el Lord...
─No se preocupen, que el Lord no se molestará porque no le diré una sola palabra ─prometió a toda prisa Akari, identificando la preocupación de la pareja─. Pueden confiar en mí.
─Gracias, señorita Unryuu ─declaró Tsubasa con formalidad.
─No sabe cuánto le agradecemos ¡De verdad! Señorita Unryuu ─confirmó el tipo del traje deportivo─. El olvido pudo costarnos el puesto, usted bien sabe que el Lord es tremendamente severo si de trabajo se trata. Por fortuna, la gerente se encontraba todavía en la oficina cuando el cargamento llegó, y ella nos llamó. Estaba bastante molesta; pero aún así consintió en obviar el reporte correspondiente en atención a nuestro excelente desempeño desde que iniciamos en el departamento.
─Pues dirás lo que quieras, pero yo creo que le gusto... ─declaró la mujer, mirándose ansiosamente en un espejo de mano que extrajo de alguno de los bolsillos interiores del traje.
─Sí, claro ─fue la irónica respuesta de Tsubasa, enfatizando su opinión al indicarle a Akari, con el ademán característico de rotar su dedo índice junto a su oreja, que su compañera estaba demente.
─¡Qué muñeca! ─exclamó la mujer del traje sastre, en una voz demasiado profunda para considerarse femenina. El timbre sensual era lo bastante atractivo para pertenecer a cualquier protagonista masculino de películas o series románticas.
─¡Cuernos Konatsu! Si la gerente te escucha decirle así...
─Le aplastará la nariz con el portafolios más duro que se encuentre ─replicó Akari con plena seguridad, sonriendo divertida al imaginar la escena que, de ocurrir, no conseguiría desanimar a Konatsu, quien vivía permanentemente en campaña de conquista amorosa con quien se le ocurriera al despertar de cada día.
─¡No es cierto! ─exclamó Konatsu con reticencia─. ¡Pero si ella es tan dulce!
─¿Bromeas? Tu jefa es tan dulce como un limón ─aseveró Akari─. Y no es de las que aceptan los cumplidos de buen grado.
La pareja de excéntricos rió de buena gana ante el comentario de Akari, y ésta se preguntó de qué manera podría averiguar respecto al misterioso cargamento sin poner en riesgo la seguridad de los chicos.
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─¿Qué paso? ¿Hablaste con Unryuu? ─preguntó Ranma con ansiedad; sin molestarse en disimular su prisa por conocer toda la información posible.
─No pude localizarlo; el maldito desapareció otra vez ─dijo Mu Tsu mientras tomaba el carril para entrar a la autopista─. De cualquier forma, lo importante es que pude rastrear el destino del cargamento ─eso hizo que lo mirara con sorpresa; pese a su confianza en que lo haría, no contaba con que sería tan rápido.
─Dime que no hiciste lo que estoy pensando ─gruñó. Empezaba a dolerle la cabeza.
─No ─dijo Mu Tsu emitiendo una risa ronca, evidentemente divertido por su reacción─. Sólo tuve que jugar damas chinas un par de horas ─explicó con intención, haciéndole comprender lo que en realidad había sucedido.
─¿Y qué tal fue?
─Usted sabe, señor Saotome, que tengo talento ─dijo con tono arrogante, aunque él sabía que era por completo falso─. Pedí las fichas, gané todas las partidas y descubrí algo sorprendente.
─Ya lo creo ─presentía que el informe le provocaría otro disgusto, así que no forzó la cuestión. Mu Tsu gustaba del suspenso. Maldito fuera.
─La mercancía fue sustraída por alguien que tenía libre acceso al área uno y almacenada furtivamente en una de las bodegas auxiliares de E & E ─anunció con naturalidad y mientras lo hacía cambió al carril de rebase. Ranma también sabía que era un conductor psicópata cuando la ocasión lo requería. El dolor en su cabeza aumentó un grado más.
─¡Maldita sea! ─exclamó Ranma, comenzando a imaginar lo que seguía; sin embargo, las siguientes palabras de Mu Tsu no confirmaron la dirección de sus pensamientos, sino que lo confundieron.
─Lo único extraño es que todo indica que el cargamento que salió desde los hangares de Corporación Saotome no es el mismo que arribó a E & E ─informó Mu Tsu, echándole un vistazo por el rabillo del ojo, claramente consciente de que la velocidad a la que conducía lo ponía nervioso, y seguro por completo de que la revelación lo había sorprendido. Ranma sospechaba de los accionistas mayoritarios de la empresa contratante; y no contaba con que el asunto en su totalidad diera un inesperado giro que lo convertía en algo mucho más complicado─. Todo apunta a que Hinomiya y uno de los nuestros estaban directamente relacionados con Kumon.
─¿Y qué hay de Saffron y Daimonji? ─preguntó Ranma, mientras trataba de controlar la rabia al escuchar el nombre de una antigua informante. Había dejado de luchar con su dolorida cabeza y lo que ahora quería, de inmediato, era rebanar por lo menos un pescuezo. Un fino y femenino pescuezo que ostentaba un cargo ejecutivo de altos vuelos en E & E. Del segundo cómplice, el de casa, se encargaría después; cuando todo estuviera resuelto a su satisfacción.
─La colaboración de esos dos no es probable. Bien sabes que, aunque no simpatizan contigo desde el incidente en Jusenkyo y la fallida Operación Rainbow, te respetan lo suficiente para no comprometer al consorcio Saotome en algo así ─declaró el chino con seguridad absoluta, y en el insufrible e irrespetuoso tono de superioridad que a Ranma le resultaba difícil tolerar, puesto que le recordaba de manera efectiva la verdadera identidad de Mu Tsu.
─Sí, claro ─observó Ranma con ironía─. Me respetan, pero me odian y apuesto a que nada les dará más gusto que enterarse del lío en el que estoy.
─Para serte franco, podría apostar que ellos ni siquiera sospechan lo que está sucediendo. Saffron ha pasado el último fin de semana de cacería y Daimonji continúa en ese basurero, a la espera del lanzamiento de "Dommy" ─informó Mu Tsu, refiriéndose a los dos socios mayoritarios del consorcio E & E y al producto de vanguardia que estaba por ser comercializado. El término "cacería" hizo sonreír a Ranma, muy a su pesar, porque sabía que significaba una nueva conquista femenina en la ya impresionante lista de Lord Saffron.
─Aún así, ambos sabemos que nada escapa a la lupa del Lord ¿Cómo demonios alguien pudo filtrar ante sus ojos no ya el cargamento, sino los protocolos de acceso? ─protestó Ranma, sabiendo que Mu Tsu no conseguiría replicar a eso. La seguridad en el corporativo E&E era legendaria, y cualquier transporte debía acreditar por lo menos tres revisiones para ser admitido al interior.
─Eso es lo que todavía no consigo resolver ─dijo Mu Tsu─. Sin embargo, tienes que admitir que, quien lo hizo, se las ingenió para burlar por lo menos tres códigos de alta seguridad.
─¡Exacto! Y puedo asegurarte que Hinomiya no es notable en ese campo.
─La única persona dentro de E & E que posee la capacidad para modificar a su antojo un protocolo de seguridad nivel 3, aparte del mismo Saffron, es Daimonji ─declaró Mu Tsu, y su tono evidenciaba su resistencia a considerar al mencionado como responsable.
─Con lo cual regresamos al principio ─dijo Ranma con frialdad─. Comandante, tienes que admitir que... ¡Maldita sea! ─interrumpió Ranma con una sentida maldición, al ser lanzado hacia el costado derecho del automóvil debido al cambio de carril─. ¡Por los mil demonios Li Huang! ¿Porqué rayos no aprendes a conducir?
─Yo sé conducir; pero tú deberías aprender a colocarte el cinturón ─fue la respuesta del chino, dicha con voz tranquila y sin evidencia de alteración alguna.
Sin embargo, para Ranma, el ver los automóviles quedarse atrás a una velocidad inaudita, era más que suficiente para enloquecer su autocontrol.
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