CAPÍTULO 10 ESTADO DE SITIO
No me jodas.
¿Algo más que me pueda pasar? Llevo más de una semana con la puta gripe, un virus letal y terrorífico asola la ciudad, recorro medio jodido hospital mientras me persiguen algo así como unos muertos vivientes, huyo de una maldita comisaria como alma que lleva el diablo en un coche con medio culo asomando por la ventanilla….y ahora resulta que me hiere una de esas cosas hediondas de ahí fuera.
En serio, Señor….¿me puedes decir qué he hecho para caerte tan rematadamente mal? Lo sé, lo sé….quizás fui un cabroncete en mis años de adolescente y ahora precisamente no soy un santo. Ya. También debería fumar menos y dejar de decir palabras malsonantes a cada puto rato…Todo eso lo sé, pero dame un respiro, por favor.
Lo peor de todo esto era que todos, absolutamente todos, me miraban como un jodido bicho raro del que debían mantenerse lo más lejos posible. Oh, y si nos separaba una verja metálica o algo por el estilo mejor que mejor. Vi como todos se apartaban al mismo tiempo creando un círculo invisible a mi alrededor, como si una fuerza intangible los hubiera golpeado separándolos de mi. ¿En serio me habían atacado esas cosas de ahí fuera? No podía asegurarlo con rotundidad porque estaba aturdido por los acontecimientos, pero juraría que no sentí dolor cuando esa cosa me agarró la camiseta, joder. No, no, no….fue antes.
—No ha sido una cosa de esas —murmuré mientras intentaba ponerme en pie con nulo resultado.
—¡Ni se te ocurra moverte, Edward! —gritó Rosalie —Si lo haces me veré obligada a decirle a Bella que saque la pistola y te apunte con ella. Tú y yo sabemos que es realmente buena con un arma en las manos —rodé los ojos cuando vi a mi morena particular con la mano en el gatillo.
—Por el amor de Dios —dije manteniéndome en mi lugar sin mover ni un solo músculo. Aunque el roce de mi espalda desnuda y herida contra el suelo escocía no hice el más mínimo movimiento; No quería desatar la ira de esas dos mujeres/fieras por nada en el mundo —¡No ha sido un infectado! Joder…¿de verdad crees que os mentiría en una cosa así? Mierda —me quejé. Algo parecía pinchar en mi espalda, eran como pequeños y numerosos alfileres contra mi piel —Oh, joder….Yo mismo me…me habría pegado una patada en el culo. Saldría de aquí por mi propio pie para manteneros a salvo…Esto me lo he hecho cuando me he metido en el coche….
—¡Hey, chicos! Mirad la ventana —gritó Félix —Se ha cortado con los cristales rotos de la ventanilla —aunque me estaba retorciendo en mi propia mierda aún tuve fuerzas para mirar hacia el coche aunque no me dio tiempo a ver nada —Oh, vamos….voy a ayudarlo —mi amigo se acercó a mi y me ayudó a incorporarme del suelo —Es un corte, sólo es un jodido corte —dijo al resto del grupo examinando mi espalda. Todos suspiraron un poco más tranquilos al comprobar el tipo de herida que tenía. Al menos esos cabrones sabían lo que me pasaba en la espalda, yo lo único notaba era un escozor de cojones —Tío, hay sangre tuya en los cristales…Mira que viajar con el culo fuera —intentó bromear Félix.
—No quedaban billetes en primera —dije irónicamente —Era esto o que me mordieran el culo….y prefiero esto, ¿sabes? —avanzamos hacia el interior donde podíamos ver con claridad. Al menos los generadores estaban haciendo bien su trabajo manteniendo la estación iluminada aunque parcialmente.
—¿Cómo estáis? —gritó Mike al resto —¿Estáis bien?
Todos murmuraron unos cuantos síes un poco desganados y no era para menos. Nuestras huida de esa comisaría había sido al más puro estilo de una película de Bruce Willis. O de Stallone en sus mejores momentos. Dejamos atrás el semi maltrecho Volvo de Bella en el garaje con los demás camiones y fuimos hacia la parte donde mis compañeros y yo hacíamos vida normal durante nuestras horas de trabajo. Necesitaba preguntarlos, calmar las dudas que tenía; quería que me dijeran como estaba la situación en el resto de la ciudad, que me dijeran cuantos quedábamos, quería saber si todos estaban bien…pero ahora lo único que quería era que me curaran la puta espalda y tomarme algo para el dolor de cabeza. Bueno, quería tomarme algo para el dolor en general porque realmente no sabía qué parte de mi cuerpo dolía más.
Félix me ayudó a subir hasta el piso de arriba, donde estaban los chicos. En realidad los pocos que quedaban. No pude distinguir muchas caras, pero sí las suficientes para saber que ahí no estaban todos los que tenían que estar. Jasper y yo viajamos directamente hacia el cuartito que hacía las veces de enfermería. Al parecer la doctora Hale tendría que hacer horas extra con mi compañero y conmigo. Gracias a los cielos aquí teníamos material suficiente y necesario para curar nuestros males. O al menos parte de ellos.
En cuanto entramos a la salita varios cuerpos enormes taponaron la entrada. Los chicos querían ver qué nos había pasado, querían verlo con sus propios ojos. En ese pequeño lapso de tiempo perdí la noción con el resto del mundo perdiéndome con los murmullos y el ruido que hacían mis compañeros.
—¡Os voy a pedir silencio, por favor! —gritó Rosalie —Comprendo que queráis esaber cómo están vuestros amigos…Sí, están heridos, no es grave….pero necesito que os calméis. Soy la doctora Rosalie Hale, procedente del Centro de control y prevención de enfermedades infecciosas. Sé lo que hago. Y también sé que no queréis llamar la atención de esas cosas de ahí fuera. No nos conviene, ¿entendido? Así que os agradecería que salierais de aquí en silencio. En cuanto acabe con estos dos muchachotes saldrán para que podáis comprobar que están de una pieza. O casi —murmuró eso último. Dicho eso cerró la puerta.
—A esto le llamo yo una mujer con carácter —murmuró Felix mientras me ayudaba a sentarme en una silla plegable de la enfermería. Mike puso a Jasper sobre la camilla.
—Y…y eso que aún no conoces a….Bella —balbuceó Jasper —Es…es una puta bomba….
Me preocupaba el aspecto de mi amigo; apenas habían pasado unas cuantas horas desde que se había herido, pero no mejoraba. Al contrario. Al menos ahora teníamos en nuestro poder medicinas y potingues varios para poder curarlo.
—¿Qué demonios ha pasado, Edward? —murmuró Mike mientras Rosalie comprobaba el estado de la herida de Jasper.
—Ha…ha pasado de todo —mis dos compañeros parecían estar en un jodido partido de tenis; paseaban la vista de la doctora a mi —Dad gracias a que abandonasteis ese hospital a tiempo….fue horrible….
—Lo vimos por la tele. Los antidisturbios acordonaron el perímetro. Intentamos llamaros, pero no funcionaba ningún aparato —dijo Mike. Alcé una ceja mientras intentaba no quejarme por el dolor.
—Se convirtió en una tumba. Todo aquel que entraba lo hacía para no salir. Perdimos a Bob y al compañero de Bella —Félix chascó la lengua —Decidimos huir de allí como fuera, fue entonces cuando nos encontramos con la doctora —la señalé con la barbilla —Fue horrible, aún no puedo creerme que pudiéramos salir de allí —suspiré —Después nos encerramos en la comisaría de la plaza Ericcson durante un interminable número de horas. En resumen, tenemos una doctora, una poli, un tipo de Wall Street…oh, y a un detenido —Félix silbó.
—Un grupo variopinto, ¿uh?
—Edward, necesito que me digas dónde está ese maravilloso botiquín del que me hablaste —dijo Rosalie mientras seguía mirando a Jasper con ojo clínico.
—Está aquí, señorita —dijo Mike con cara de cordero a medio morir señalando el armario blanco que teníamos en esa habitación. Rosalie alzó una ceja y me miró con los ojos bien abiertos.
—Se gasta buenos modales el chiquitín, ¿no? —sonreí a pesar del dolor de cuerpo que tenía.
—Doctora, estoy bien —murmuró Jasper —Deja que me tumbe en una cama. Necesito dormir, tengo un sueño de la hostia. Cura a Edward…el…parece que está jodido. Yo solo quiero descansar, una siesta y me levantaré como nuevo —la doctora pareció pensárselo.
—Está bien. El apósito está limpio…y se nota que estás cansado —sacó una pastilla de un bote y se la tendió —Ve a descansar, pero tómate esta pastilla. Si no mejoras tendré que verte ese culo para pincharte un antibiótico más potente, ¿de acuerdo?
—Vamos, tío…—Félix y Mike cogieron entre los dos al jefe —Te llevaremos a la habitación y después comprobaremos como está el resto de recién llegados. Ahora nos vemos, chicos —la doctora y yo asentimos.
—Túmbate en esa camilla, Edward —me ordenó la doctora en cuanto la puerta se cerró de nuevo. Sin rechistar hice lo que me mandó —Oh, vaya….tienes un buen raspón en la espalda, tío…los cristales te han jodido pero bien —fue hasta el armario y cogió varios potingues que no llegué a reconocer —Lo siento, Edward….te juro que pensé que te habían atacado los infectados —dijo mientras me limpiaba las heridas con algo realmente frío. De reojo vi cómo arrojaba a la papelera gasas manchadas de sangre.
—Nah…tranquila…Es la segunda vez en unas cuantas horas que me confunden con uno de ellos —apreté con fuerza los labios cuando presionó un poco más en uno de los cortes —Creo que soy el único gilipollas que se le ocurre coger la gripe en pleno agosto.
—Me parece increíble —dijo la rubia mientras sacaba más gasas limpias.
—¿El qué? ¿Lo de la gripe? Bah, soy el tipo al que le pasan cosas raras y….
—No, eso no…idiota. Me parece increíble cómo te tomas las situaciones difíciles. Edward, creo que eres consciente de que estamos en un momento crítico. Tú lo has sufrido en tus carnes y en primera persona —me aplicó algo más en las heridas haciéndome sisear por el dolor —Ahora te hablo como profesional —dijo seria —No tenemos ni puta idea de nada, no sabemos a lo que nos estamos enfrentando. Es algo aterrador, ¿sabes? —suspiró —No te conozco realmente, pero pareces un buen tío. Un poco histérico en algunas ocasiones, pero valiente cuando es necesario. Después de todo por lo que hemos pasado en tan pocas horas aún tienes ganas para bromear. No lo entiendo.
—¿Y qué quieres que haga? ¿Llorar para que el mito del bombero histérico se haga realidad? —negué levantando la cabeza de la camilla —Mira, alguien de ahí arriba me ha salvado en culo al menos tres veces en apenas dos días. Ese número ascendería a un centenar si nos ponemos a contar las veces que he estado en verdadero peligro a lo largo de mi vida. ¿Aún así quieres que me queje? Tengo suerte porque sigo vivo. Mucha gente ahora mismo está en peores condiciones….o directamente no está. Yo en cambio estoy aquí con un jodido raspón en la espalda que pica como su puta madre y hablando con una doctora con tanta mala hostia que entre siete —esta se rio —No estoy tan mal.
—Muy bien, muy bien….—se quitó los guantes y me dio una pastilla. Cuando me incorporé no sin esfuerzo comprobé que era el mismo antibiótico genérico que estaba tomando para la gripe. Se apoyó con la cadera en la camilla y me miró —Una pregunta….¿y si ese alguien de ahí arriba, quien quiera que sea, decide tomarse unas vacaciones y olvidarse de ti y de tu culo por un ratito….qué vas a hacer entonces?
—Si mi suerte se acaba y dejan de cuidar de mi me jodo y me aguanto, Rosalie —dije completamente serio —¿Sabes quién me espera en casa? Nadie. No tengo ni una puta maceta a la que regar por las mañanas...a veces no soy capaz de cuidarme a mi mismo...Si me pasara algo los llantos por mi recuerdo no durarían mucho...
—No digas eso. No estás solo —me contradijo la doctora —Parece que Jasper es un buen amigo tuyo. Creo que todos tus compañeros lo son. ¿Lamentaste la pérdida de tu compañero? ¿Ese que yo atendí cuando llegasteis a urgencias? —fruncí el ceño.
—Pues claro que lo sentí, tía —esta rodó los ojos.
—Pues estoy segura de que ellos sentirían lo mismo por ti. De hecho, ahora mismo deben de estar muy preocupados por tu estado….—me dio un ligero golpe en el hombro desnudo —Sé que soy pesada al repetir que no sé cuánto tiempo vamos a tener que estar encerrados aquí….aunque a veces te chillemos y nos quejemos porque eres un pesado de cojones aquí te necesitamos. Al menos eso creo yo...Se nota que eres un tipo a prueba de bombas —sonreí de lado.
—Al fin me dicen algo bonito —bromeé —Tengo férreas detractoras —Rosalie asintió.
—Oh, sí….la poli. Esa chica tiene cien mil veces peor mala hostia que yo. Además de una pistola….—negó con la cabeza con una sonrisa en los labios —Tómate esa pastilla, ¿de acuerdo? Las heridas son grandes, pero no son graves. Te van a escocer un par de días, eso sí. Te las he dejado al descubierto, pero tendremos que curarlas mañana de nuevo. Voy a ver a mi otro paciente a ver cómo va. Te aconsejo que comas algo, ese antibiótico es fuerte —Rosalie puso la mano en el pomo de la puerta preparada para irse.
—Doctora —la mujer se giró —Gracias. Por curarme…y por darme ánimos.
Sonrió de lado y se marchó sin decir nada más. Pues así a lo tonto la doctora me había aplicado un subidón de moral, a parte de una dosis efectiva de medicación. Me alegraba saber que podía proyectar tan buenas vibraciones en la gente….
—Buena filosofía de vida —murmuró Bella. Alcé la cabeza saliendo de mis pensamientos y la miré sorprendido mientras entraba a la enfermería.
—¿Estabas escuchando? ¿Cuánto tiempo llevas ahí fuera?
Bella suspiró mientras se ponía en medio de la sala. Ella y yo solos por primera vez desde que nos habíamos conocido. Oh, mala combinación. Venía con una botella de agua en las manos y con la camisa de su uniforme de policía abierta. Tragué en seco cuando vi cómo se terminaba de quitar la prenda, parecía que lo estaba haciendo lentamente, deslizando la tela por su piel. Mierda. Finalmente se la quitó y la dejó caer en la camilla, justo a mi lado. Se quedó simplemente con una camiseta de tirantes del mismo color…Señor, Señor…debajo llevaba un sujetador negro. De nuevo mala combinación. Nefasta, sería más adecuado. Ya estaba jodido, si lo que quería era acabar conmigo no tendría que hacer mucho esfuerzo. Me miró fijamente a los ojos. En ese puto momento me sentí como el niño malo y travieso que estaba enamorado de su profesora estricta, algo completamente imposible. Se pasó la mano por el cuello levemente perlado por el sudor. Eso es, nena….sigue así y tendremos que hacer uso del RCP…
—Hace un calor de mil demonios —murmuró para ella —Llevo el tiempo suficiente como para reafirmar que mi mala hostia se proyecta de puta madre —rodé los ojos.
—No es que se proyecte…es que es tangible, nena…créetelo —ahí estaba de nuevo, su ceja derecha rozando el techo. Podía jurar con la mano en el lado izquierdo de mi pecho que no lo hacía adrede…"nena" me salía solo con verla, no lo podía evitar.
—Tu y yo tenemos un serio problema —se relamió los labios. Sí...sigue provocándome….—No me gusta que me llamen nena, ni morena, ni nada que se le parezca, ¿entendido? Bella, sólo Bella —asentí rápidamente —¿Cómo estás? —ahora me tocó a mi subir las cejas.
—¿En serio? ¿Vienes a preguntarme como estoy? —dije sorprendido —Vaya…estoy mejor. Menos acojonado que hace unos minutos —y de nuevo, inevitablemente, la mirada se me fue hacia cierta parte de su anatomía que ahora quedaba más al descubierto. Me di cuenta de que entre sus….oh, entre sus tetas colgaba una cadena...Miré embobado el movimiento de ese trozo de plata y….
—Estoy aquí —espetó —Como veinte centímetros más arriba —dijo irónicamente. Sentí que mi cara se coloreaba, por el amor de todo lo sagrado….
—Oh….joder, perdona. Es que….es inevitable, ¿vale? Yo….lo siento —dije jugueteando nerviosamente con la pastilla que aún no me había tomado. Bella me miró las manos y me lanzó la botella de agua con fuerza. Directa a matar….Gracias a que mi idiotizamiento aún no había mermado mis reflejos no se me incrustó ese trozo de plástico en el estómago.
—¡Ouch! —me quejé.
—Tómate ya la pastilla, ¿quieres? No me gustaría oírte llorar por el dolor.
—¿Perdona? —abrí la botella y me tragué la jodida pastilla —Esto escuece como la madre que lo parió —dije dándome la vuelta.
—¡Oh, joder! —la miré hacia atrás por encima del hombro —Tienes la espalda realmente mal —dijo con el cabreo aparentemente disuelto. Se acercó a mi y me miró la espalda de cerca —Dios…vale, vale…si lloras por esto prometo no reírme de ti. Santo cielo, la próxima vez que viajemos en coche asegúrate de tener todo el jodido cuerpo dentro —me gire para mirarla a la cara. Sus enormes ojos marrones miraron los míos…y dio un paso hacia atrás separándose de mi cuerpo —Eres un descerebrado —murmuró.
—¿Descerebrado? ¿Yo? Pffff, me lo dice la que se cree Fitipaldi el volante —repliqué por el simple gusto de discutir con ella —Tú si que conduces como una descerebrada. Casi me salgo del coche en un par de curvas…dos calles más de trayecto y ahora mismo estaría empotrado en alguna puta farola sirviendo de aperitivo para esas cosas. Tendrías que multarte a ti misma, nena…digo, Bella —estrechó los ojos.
—Yo conduzco de puta madre. Me gustaría ver cómo conduces tú con todas esas cosas a tu alrededor —sonreí como un idiota al ver la expresión de su cara, pero sólo sirvió para cabrearla aún más —¿Y ahora por qué demonios sonríes?
—Porque estás muy guapa cuando te enfadas —vale, quizás si lo hubiera pensado dos veces no lo habría dicho. Bella abrió los ojos como platos. Apretó los labios con fuerza, sabía que estaba buscando una frase ingeniosa y malsonante de las suyas…pero al parecer no la encontraba. Me miró de arriba abajo…y luego me miró con la furia pintada en su rostro —¡Vístete de una jodida vez! Ya te han curado, ¿no? ¿Acaso es que no tienes más camisetas? ¡Joder! —espetó pasándose de nuevo la mano por el cuello —Estás jodidamente loco, ¿sabes? —dijo sin mirarme —Me voy….aquí hace un calor horrible…—se acercó a la puerta, pero antes de salir se dio la vuelta —¡Y tapate, coño!
Cerró la puerta de golpe dejándome de nuevo solo. ¿Y de verdad no me entendía la doctora Hale? Dentro de lo malo me había tocado vivir esta jodida y macabra experiencia al lado de esta preciosidad de mujer…aunque a veces me odiara sin sentido. Gracias a los cielos las mujeres con carácter eran lo mío…
Salí de esa pequeña enfermería y caminé hasta la sala de estar que era de donde procedía todo el jaleo de voces. No me molesté en buscar algo de ropa; si podía provocar ese punto impulsivo de Bella de esta manera lo haría. Cuando llegué a la sala de estar me encontré con unos cuantos hombres hablando a la vez, era prácticamente imposible descifrar algo. Si mis cuentas no me fallaban había un total de once o doce personas en la sala…y apenas eran cinco bomberos los que quedaban en la estación…Fui a meterme en el centro del mogollón para preguntar a alguno de los chicos, pero la doctora se me adelantó silbando como un camionero reventándonos los tímpanos en el proceso. Todos se callaron, evidentemente…
—Vale…¡Calmémonos un poquito! —espetó mientras todos hacían un círculo a su alrededor —Ahora estamos casi todos, el único que falta es vuestro amigo Jasper…ahora mismo está durmiendo como un bebé —suspiró —Edward, ¿estás en condiciones? —asentí —Bien…ya os hemos contado lo que hemos visto y vivido...¿tenéis algún tipo de información extra? Quiero decir…¿las autoridades os han avisado de algo? —Félix se autoproclamó portavoz del grupo, se levantó y se puso al lado de la doctora.
—No nos han dicho nada de manera oficial. De hecho, todo lo que sabemos es por las noticias de la radio, pero desde hace horas sólo emiten música sin parar. La televisión ha dejado de emitir incluso la programación repetida que estaban dando, ahora sólo sale la carta de ajuste con un mensaje tan simple como este —cogió el mando del televisor y lo encendió. La pantalla se cubrió con los colores de la carta de ajuste con un breve mensaje en letras negras. "Mensaje presidencial en breves minutos" —Lleva un buen rato así…No sabemos nada, supimos que venían los militares a evacuar a la gente por el mismo medio del resto de la población…De todos modos nosotros no podemos movernos de aquí.
—¿Y los demás chicos? —pregunté haciendo suspirar a Félix.
—Salieron dos camiones hace unas cuantas horas. No sé si lo sabéis, pero se declararon varios incendios por diferentes partes de la ciudad —me miró completamente serio —Aún no han regresado y no conseguimos dar con ellos por radio. Vosotros fuisteis los últimos con quien conectamos.
—Estamos jodidos —acotó Mike.
—¿Entonces qué se supone que tenemos que hacer? ¿Sentarnos y esperar a que la televisión quiera resucitar su imagen para ver al presidente de los Estados Unidos dando un discurso? —murmuró Bella haciendo que todos la miraran.
—No nos queda otra cosa que hacer —murmuró uno de los chicos —Es peligroso salir ahí fuera. Esas personas infectadas están como….rabiosas.
—Que me lo digan a mi —murmuré frunciendo el ceño por el escozor de los cortes.
—Vale, ese chico de ahí tiene razón —dijo Rosalie alzando la voz de nuevo —Es peligroso salir, por experiencia propia sé que el virus es jodidamente violento…así que lo más sensato es esperar aquí nuevas noticias. ¿Es completamente segura la estación? —Félix asintió.
—Completamente.
—Eso mismo creí yo de la comisaria y tuvimos que salir corriendo de allí para que no nos mordieran los infectados—dijo Bella.
—Los chicos y yo hemos revisado todos los rincones del parque, no hay ni un solo filtro que no hayamos resuelto —Bella asintió —Tenemos comida, tenemos generadores y tenemos refugio —se encogió de hombros —De momento todo lo que necesitamos.
—Pues yo tengo que salir —espetó Emmet —Debo...debo ir a mi casa. Lo sabes —dijo mirándome —Tengo que ir a por mi hermano cuanto antes. No sé nada de él desde ayer...—asentí.
—Lo sé, lo sé…—suspiré sin saber qué decir a este hombre —Mira, ahora mismo es de noche, no vamos a salir de aquí, ¿entendido? Ahora vamos a descansar y en cuanto amanezca discutiremos el tema.
—No puedes impedirme que salga de aquí —murmuró.
—Te aseguro que no lo haré…pero tienes que comprender que el simple hecho de abrir una puta puerta supone un peligro de la hostia. Además, es técnicamente imposible que vayas solo. No durarías ni diez minutos ahí fuera —apretó los labios y asintió ligeramente —Vamos a descansar, lo necesitamos.
Del dicho al hecho hay un trecho…eso era lo que se decía y lo que pasó en esa sala durante el resto de la noche. A pesar de tener camas y almohadas nadie nos movimos a la habitación donde dormíamos cuando hacíamos guardia salvo la doctora para ver de vez en cuando la evolución de Jasper. La docena de personas que formábamos el grupo nos dispersamos por la sala de estar en los sillones mientras mirábamos una jodida pantalla de televisión con una inquietante imagen fija sin poder pegar ojo. Al parecer, el presidente se había olvidado de sus obligaciones. Eso o también las estaba pasando putas huyendo de los infectados. Para todos, el nuevo amanecer parecía estar realmente lejos…Cada uno parecía estar inmerso en sus cosas y en sus pensamientos. Miré con detenimiento a Bella; se había colocado en uno de los sillones cercanos a la ventana. No apartaba la vista del paisaje desolador que se vislumbraba a nuestros pies...sabía que estaba observando el comportamiento de esas figuras inertes y furtivas. Era inquietante. Estábamos en penumbra, apenas iluminados con el reflejo de la tele para no llamar demasiado la atención…y en silencio. A veces ese silencio era apuñalado por un grito de terror…aunque terminaban pronto. Era como presenciar una muerte sin verla realmente…
Después de lo que pareció un interminable milenio mis ojos empezaron a cerrarse; había encontrado una postura en la que mis heridas no me molestaban mucho y, lo más importante, mi dolor de cabeza había desaparecido casi por completo. Por primera vez en muchas horas estaba muy cerca de estar relajado y quería aprovecharlo. No sabía qué inconvenientes nos iba a acechar mañana y quería estar descansado…pero mi falso relax duró más bien poco. La imagen de la televisión parpadeó en la pantalla hasta que vimos la cara del presidente.
—¡Chicos, mirad! —gritó alguien. Terminé de despertarme a la fuerza.
Todos observamos con atención el gesto grave del presidente. Unas enormes ojeras decoraban su cara y su apariencia no era tan formal como de costumbre. Alguien cogió el mando y subió el volumen para que todos pudiéramos escuchar bien el discurso.
—Buenas noches —carraspeó —Esta noche debo informar al pueblo estadounidense y al resto del mundo la que puede ser la peor noticia de todos los tiempos. El ya conocido virus NS10 se ha extendido por todo el territorio nacional, así como en el noventa por ciento del resto del mundo —hizo una pausa antes de continuar —Las autoridades competentes, el Centro de prevención y control de enfermedades infecciosas así como el organismo médico militar están trabajando duramente para conocer el origen del virus así como su cura. Mientras tanto, lamento informar que debo imponer el Estado de Sitio en todo el territorio estadounidense hasta nuevo aviso…—todos los que estábamos en esa sala de estar murmuramos incoherencias al oír las palabras de nuestro presidente —Vendrán días difíciles…Pero he de recordar que juntos podemos hacerlo porque somos una nación. Indivisible y justa —fue a añadir algo más, pero en su lugar suspiró —Que Dios los bendiga y cuide de todos. Que Dios bendiga al pueblo americano.
Después de eso la pantalla se quedó finalmente negra emitiendo un molesto pitido. El mismo que había cogido el mando para subir el volumen lo cogió de nuevo para apagar el aparato definitivamente.
Se hizo silencio en la sala.
Todos estábamos digiriendo las palabras del Presidente; había sido corto y conciso. No había dado información sobre el virus porque sobraban las palabras. Sólo hacía falta asomarse a la ventana para saber en qué condiciones estaban las calles. Pero sí había soltado una gran perla. Se había decretado Estado de Sitio….
—Si lo que quería era tranquilizar a la población se ha estrellado por completo —murmuró Mike.
—Es decir, estamos a un paso del Estado de Guerra…¿guerra con quién? ¿Con unos jodidos muertos vivientes? —espeté —Tan solo han pasado unas horas desde que todo esto ha empezado. Por el amor de Dios…¿estamos locos o qué? Ahora mismo cualquiera se puede pasar por el forro de los cojones la maldita constitución y todos los derechos de los ciudadanos sin que nadie mueva un dedo. Ahora mismo puedo salir a la calle y hacer lo que me salga de los huevos y nadie me lo impedirá. De puta madre —la doctora asintió.
—Se va a imponer la ley de la calle…eso es el equivalente a saqueos, robos, delincuencia….más muertes...—Bella se acercó hasta nosotros.
—Nos están echando la mierda encima…Nos están abandonando a nuestra puta suerte….
Todos nos miramos en silencio.
Oímos el primer disparo en la calle después de muchas horas.
En efecto, de lo malo lo peor….
¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué os ha parecido la pequeña charla entre nuestros protagonistas? Este capítulo ha sido más "tranquilo", pero nos ha servido para conocer un poco más a nuestro bombero cagón :P
Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios, de verdad
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Muchas gracias por seguir leyendo, de verdad. Para las que queréis uniros al grupo de Facebook me agregáis (soy Laura Atenea) y me lo decís y encantada os uniré al grupo. FELIZ NAVIDAD A TODOS! Nos leemos en unos días, un besote a todos.
