Hola, disculpen nuevamente por el retraso, pero no estaba para nada inspirada, de los últimos dos capítulos tuve cientos de borradores, hasta que finalmente tome estos dos, aunque no terminan de agradarme, son los mejores.

Les agradezco por todos los comentarios! Ahora los dejo con el capitulo…

Besos

Mahina.D

Peligro inminente (parte II)

Llegó casi sin aire a la enfermería, secundado por su hermano. Las puertas se encontraban abiertas de par en par, mostrando en el interior un conjunto de personas, charlando tranquilamente como si nada malo hubiera ocurrido. Sus ojos barrieron toda la habitación, detectando algún que otro conocido, entre ellos se encontraba el director Dumbledore, sus padres, Poppy, McGonagall y Flitwick. En el fondo había seis camas ocupadas, en una de las cuales se encontraba Luna. Al acercarse a ella pudo notar lo herida que estaba, mas en medio del camino Molly se atravesó interrumpiendo su paso.

- ¿Qué hacen ustedes acá? Creo haberle dicho a George que cualquier novedad se la comunicábamos- dijo con voz tranquila. Fred se encontraba ansioso por ir a ver a la joven ravenclaw. No tenía la menor intención de darle explicaciones a su madre, por más enojada que ella pudiera ponerse.

- Sabíamos que al solucionar los problemas volverían a Hogwarts, solo queremos saber como se encuentran los chicos, nada más- contestó George. Él volteó agradecido hacia su hermano, no se creía capas de ser cordial en estos momentos. "Mi madre jamás entendería lo que me pasa" pensó una vez que le dejaron el paso libre para poder charlar con los chicos. Tristemente, y no es que no se alegrara por el resto del equipo, Luna parecía ser la que más grave se encontraba, el resto más que unos cuantos rasguños, algún que otro hematoma y un par de huesos rotos, no tenían nada por que preocuparse.

Lentamente se abrió paso hacia su cama, la muchacha, como si hubiera percibido su presencia, despertó y clavó su mirada cristalina en él. Su rostro estaba cubierto de moretones, más una sonrisa coronaba sus labios. El pelirrojo sintió su cuerpo desfallecer, el verla completamente herida, pero aún así feliz lo llenaba de tranquilidad por un lado, y de un enojo terrible. Su ira iba dirigida a una sola persona: Harry Potter. Por más que sabía que el muchacho jamás hubiera puesto en peligro a todos sus amigos, también estaba el hecho de que si no se hubiera encaprichado en ir al ministerio esto nunca hubiera ocurrido. Y lo que era peor aún, Luna no se encontraría en ese estado lamentable.

- Hola- susurró Luna, tratando de incorporarse en la cama. Gestos de dolor se apoderaron de su rostro, sin embargo logró sentarse. La sabana que la cubría se deslizo por su cuerpo, dejando al descubierto su torso completamente vendado. Él no podía apartar sus ojos de las vendas que la cubrían casi por completo, por su mente corrían diversas ideas de cómo fue que la muchacha había resultado tan maltrecha. Se detuvo a una distancia prudente de ella, inconscientemente -. Son solo un par de cortes y huesos rotos. La señora Pomfrey dice que mañana a más tardar podré volver a mis clases-.

- Luna, no puedo entender cómo fuiste tan idiota de mandarte a una misión suicida con el "elegido"- su voz sonaba más dolida que otra cosa. Levanto la vista hasta que sus ojos se encontraron. Ella parecía nerviosa, como una niña a la cual su padre retaba. ¡Su padre! ¿Por qué su padre no se encontraba ahí? Era él y no Fred quien tendría que estar diciéndole todo esto. Evidentemente la rubia pensaba lo mismo.

- ¡No eres mi padre como para estar tratándome de este modo!- grito de inmediato.

- ¡Pues no lo veo aquí para hacerlo!- contestó antes que pudiera pensar siquiera lo que estaba diciendo. No quería retarla, quería cuidarla, abrazarla, contenerla. Es que en esos momentos se encontraba tan enojado por lo que podría haberle pasado, pues esos vendajes eran un precio bajo que pagar por un encuentro con los mortifagos. ¡Podría estar muerta! Ella ni siquiera reparaba en ello. El estúpido de Harry los había llevado a algo que les aseguraba la muerte, y todos ellos lo habían seguido gustosos-. No creo que le interesen las locuras que haces…-

De la nada, los ojos de la muchacha comenzaron a llenarse de lágrimas, y empezó a temblar incontrolablemente. Fred retrocedió unos pasos al notarlo, sin saber que hacer, profundamente preocupado. En ese instante, todos los que se encontraban en la sala voltearon a verlos. Ambos se miraban fijamente a los ojos, el llanto de la niña se hizo incontenible. Él corrió a tomarle la mano, sin saber como hacer para calmarla.

- Mi padre no esta conmigo porque se encuentra en un viaje muy importante, no porque no le importe- finalmente contestó la muchacha, quitando su mano-. Ahora, si eso el lo único que viniste a decirme, agradecería que te retires-.

Fred se quedo mudo ante la frialdad con la que lo trataba. No podía creer lo bestia que él había sido. Callado, con la vista fija en ella, no pudo más que enojarse en parte con él mismo, y en parte con el pelinegro que lo miraba desde otra de las camas. Saliendo de su letargo, caminó lentamente hacia la salida. ¡Realmente la había cagado! Nada de lo que en el futuro podía hacer cambiaría el hecho de que no la apoyo en este momento, en el cual se encontraba sola y herida. "Ahora debe odiarme" pensó al llegar a la puerta. Miró su mano, la que momentos antes había sido rechazada por la blonda muchacha, y negó con su cabeza, sabiendo que estaba más que justificada al hacerlo.

Una vez fuera, comenzó a caminar por los pasillos pensando en lo idiota que había sido, cuando una voz hizo que se volteara.

- ¡No tienes derecho a tratarla así!- dijo un joven al otro lado del pasillo. El pelirrojo volteó a verlo, era nada menos que Harry, una de las personas con las cuales no quería cruzarse. Nuevamente continuó con su camino, lo último que le faltaba era que Luna le reprochara darle una paliza a su preciado "elegido". Igualmente el destino estaba empeñado en sacarlo de sus casillas -. Sos un infeliz, Fred. ¡Con lo sola que se encuentra Luna, vienes a recordarle que su padre no se encuentra en este momento para consolarla!-

¡Eso si era más de lo que podía tolerar! ¿El idiota culpable del estado actual de Luna, venía a decirle a él que era un infeliz? ¿Quién mierda se creía que era? Sin tener el control de su cuerpo, volteó y con paso veloz se acercó a Harry. Ante la vista de todos, golpeo con todas su fuerzas al muchacho, por toda la impotencia que tenía, por el enojo que lo poseía. Una vez propinado el primer golpe, perdió el control de sí mismo, saltó encima del "elegido" e inmediatamente abofeteó una y otra vez. La gente comenzó a rodearlos. Su entorno se desdibujaba cuanto más descargaba su ira, ya nada importaba.

El "niño que vivió" era el responsable de todo. Él le había pedido a Luna que lo acompañara a esa locura de misión, por él estaba comenzando esta guerra, él fue el responsable de cada una de las heridas que ahora cubrían a la muchacha… ¡Y tenía la desfachatez de reprocharle por preocuparse!

- ¿¡Qué demonios te sucede!- preguntó George tratando de separarlos. Él finalmente recobró la razón, era imposible que estuviera haciendo esto. Se incorporó lentamente y miró hacía su victima. La cara del joven estaba cubierta de su propia sangre, con algunas cortaduras de la batalla del ministerio que había vuelto a abrirse. La culpa comenzó a invadirlo. Ninguna disculpa iba a servir en esos momentos, ni para con Harry, ni para con Luna. "¡Te felicito! En verdad sos más que inteligente…"se dijo mentalmente.

- Disculpen… Yo… Disculpen…- logró articular sin mucha coherencia. Sin siquiera esperar una respuesta, corrió por los pasillos hacia el exterior del castillo. Quería estar completamente solo, sin nadie a su alrededor, para poder pensar finalmente que rayos le había ocurrido.

Caminando sin rumbo fijo, se dio cuenta de lo mucho que le dolió ver en ese estado a Luna, llena de heridas, toda vendada, completamente sola… No había sido un ataque de ira, sino una forma de descargar su propio dolor. Rascó su cabello, despeinándose, despejando en blanco su mente. Nadie nunca le había dicho que el amor dolía, nunca le habían dicho que su corazón iba a estar tan maltrecho.

De repente se detuvo, hizo un paneo del lugar para notar que era el mismo lugar donde todas las tardes se juntaba con su soñadora amiga para charlar. ¡Cuánto extrañaba esas charlas! No era solo el hecho de que la amaba, sino que también se preocupaba por ella como una amiga, como una hermana menor. Era su todo, se reunía en ese pequeño ser todo lo que a él le importaba. Por eso le causó tanto dolor el verla lastimada, le preocupaba lo que pudiera ocurrirle, porque… ¡Porque la necesitaba!

Se quedó mirando hacia la nada, realmente era increíble la paz que transmitía ese paisaje. Estaba comenzando a oscurecer, en el castillo las luces estaban encendiéndose. Era hora de volver a entrar para buscar en su familia, tal vez tendría la oportunidad de disculparse… Sobre todo con Luna.

Subió lentamente las escaleras, nadie se encontraba en los pasillos, al final del trayecto se paró en frente de la puerta de la enfermería. Las dudas invadieron su mente: ¿lo perdonaría?

- Fred…- dijo suavemente una voz a sus espaldas. El joven Weasley no necesitaba ver para saber quien era, es más, le deba vergüenza mirarla a los ojos. Una mano se posó en su hombro derecho, dándole un suave apretón-. Fred, mírame-

¡Era imposible para él negarle nada! Al voltearse y mirar esos enormes ojos azules, inmediatamente se arrepintió de todo lo que hizo ese día, salvo el salir corriendo a verla, de hecho, lo haría mil veces más. Ella cerró la distancia que los separaba para acariciar con suma suavidad su mejilla. Él tomó la mano que se encontraba en su hombro y la apoyó en su pecho.

- Luna… No se cómo hacer para pedirte disculpas- dijo cuando tuvo control de su propio cuerpo-. Fui un animal… ¡Una bestia!- negó con resignación con la cabeza.

- Fred, no hace…- dijo sonriéndole tiernamente.

- No, Luna. Lo que te dije es injustificable- interrumpió alejándose unos pasos-. Lo que pasó es que yo estaba preocupado, muy preocupado. Si algo grave llegaba a pasarte, yo me moría- por la mente cruzaron imágenes de lo ocurrido durante la tarde: cuando vio su rostro lleno de hematomas, cuando noto su cuerpo cubierto de vendajes…- ¿Por qué no estás en cama?-

- Quería disculparme por como te trate…- dijo la muchacha. La miró fijamente, le hacía acodar a los pequeños cuando esperaban los retos de sus padres. Una ternura inmensurable lo invadió. ¡Ella no era la que tenía que pedir disculpas! Es más, ella tampoco tenía que aceptar sus disculpas, porque había sido una basura…

- No tenías porque hacerlo, tendrías que estar haciendo reposo. Es más, yo venía a pedirte disculpas a vos, pero no me atrevía a entrar por miedo a que no me perdonaras- dijo tomando sus manos-. ¡Vamos! Volvamos a la enfermería, y allí terminamos de hablar-

Luna acepto la su mano, y sin discutir lo acompaño a la enfermería. Ella lo miraba fijamente, él sentía sus ojos. Pero trataba de mantener el silencio que reinaba mientras que ella se acostaba en la cama, sin soltar ni por un segundo su mano. Él la cubrió con las mantas ante la atenta mirada de la niña.

- ¿Te permitirán quedarte a acompañarme esta noche?- preguntó.

- Después de lo que he hecho, no lo creo, Loon- contestó el pelirrojo bajando la vista, esperando en lo más prefundo de su ser que no le preguntara que hizo. Ella lo miró, inclinando su cabeza ligeramente hacia la izquierda, frunciendo su ceño-. ¿Qué pasa?-

- ¿Cómo me llamaste?-

- Loon- contestó ante la mirada de la blonda muchacha.

- Loon… Me gusta- dijo finalmente sonriendo-. ¿Por qué no te dejaran quedarte? Oí que a tus padres se les ha asignado una habitación para ellos, dado que tus dos hermanos son menores-

- No creo que me dejen quedarme ya que golpee a Harry al salir de la enfermería- contestó bajando la vista, concentrándose en sus zapatos. Ella lo miro fijo durante unos minutos, hasta que de la nada una risa estruendorosa salió de su rubia compañera.

- ¡Eso ya lo sabía!- afirmó la rubia, después de recuperar el aliento-. Pero no creo que esa sea razón suficiente para que no te permitan quedarte cuidándome, si ese es mi pedido-

- ¿No te molesta que le haya pegado a Harry?- pregunto rascando su nuca. Nunca se había sentido más incomodo en toda su vida. Definitivamente Luna era uno de los personajes más extraños que jamás había conocido, igualmente era una de las personas con más grande corazón que él conocía.

- No. De hecho, luego que George me contó lo ocurrido, salí a buscarte-

-Siendo así, me quedaré a tu lado, por lo menos hasta que te duermas- dijo muy bajito, de forma que sólo ella podía escucharlo. Dicho esto, arrimó su silla y tomando su mano, espero a que la chica cerrara sus saltones ojos.

Al escuchar los primeros suspiros, se preguntó cómo era que ella había terminado tan mal herida, mientras que el resto solo tenía unos cuantos rasguños. Inmediatamente como este pensamiento apareció, noto que con tanto escándalo, no le había preguntado ni a ella ni a nadie cómo había terminado así ni quién era el responsable.

Frente a la joven durmiendo, prometió que mañana pasaría todo el día con ella, escuchando toda la historia de la batalla del ministerio, y tomando un último vistazo a la chica, se quedó dormido incómodamente en ese sillón de la enfermería, con una sonrisa en su rostro, aún tomado de la mano de la chica de sus sueños.