Manigoldo.
Mis ojos se fueron enfocando en la columna de humo producida por el tabaco en la pipa alejándome del recuerdo de esa batalla. Me había dejado llevar tanto por los pensamientos que me perdí por completo, era la segunda ocasión en la que Gioca me sorprendía de una manera en la que jamás nadie lo había hecho, esa mujer…
Que tiene Gioca? Que la hace tan fuerte? Como es que ha conseguido semejante cosmos sin entrenamiento en el santuario? Como es que el viejo no la vio llegar? Como fue que Aspros dio con ella? Desde hace cuanto se conocen? Quien demonios es Alrish de Piscis negro?
En automático al verme inundado de tantas preguntas mi mano buscó el whisky que tenía instalado frente a mí.
Los dedos comenzaron a doler después de unas horas, era una de las pocas cosas que he llegado a lamentar de ser caballero de atena, los pinceles y carboncillos se han vuelto más difíciles de manejar por largas jornadas de tiempo.
Separé la vista del pergamino y observé mis tiznados dedos reparando de pronto en la imagen. A manera de apunte había trazado los inicios de un paisaje, edificios dibujados en un punto de vista bajo se extendían creando una ilusión de profundidad en el lienzo acortada por los inicios de un puente.
Un paisaje veneciano.
Whisky.
El sabor del líquido ambarino me devolvió totalmente a la realidad y la realidad era que por más molestia e incomodidad que me causara no sabía ni un carajo de Gioca.
Gioca, Gioca, Gioca… la maldita Gioca!
Esa maldita mocosa!
Desde que regrese de Venecia no había vuelto a mencionarla, menos aún cruzar palabra con ella y ahora me encuentro con que la maldita mocosa llego a la isla de la reina muerte? Es lógico que pensara en venir pues la máscara reacciono a ella además de que este fue su lugar de nacimiento pero aun así, regresar a esta maldita isla es casi un suicidio, pero… he de reconocer el poder, el poder que pose.
El haberla encontrado realmente fue una sorpresa pero el observar de primera mano la clase de poder que alberga, el brillo de su cosmos. Son realmente impresionantes sus movimientos y técnicas; no solo pelea con agilidad y gracia sino que mezcla inteligencia en cada golpe, usa su cerebro en cada ataque tratando de maximizar los resultados y minimizar el daño, todos sus movimientos son elegantemente mortíferos y cada uno de sus pasos, inclusive sus derrotas están planeados a la perfección, es calculadora…
Y se está volviendo fría.
La frustración llegó en el momento que esas palabras se alojaron en mi mente y sin más que hacer lancé el vaso de whisky contra la pared haciéndolo pedazos de inmediato
-Demonios Gioca! – dije en voz alta a la nada
La mirada que tenia al verla de nuevo yo la conozco, es la misma mirada que tuve durante mucho tiempo después de que mataran a mi familia, es la misma mirada que aun el día de hoy toma posesión de mí…
Rápidamente me pare del banquillo en el que me encontraba sentado, tome mi chaqueta, mi pandora box cubriéndola para disfrazarla y Salí de aquella pocilga en la que había encontrado una alojamiento semi decente en este lugar, tenía muy en claro a donde me dirigía y también lo que quería.
Pensar no me hacía bien, demasiado tiempo se desperdiciaba pensando en estupideces.
Me encaminé con dirección al a mismo lugar que había visitado varias veces ya desde que llegue a la isla, ahora mismo me vale una mierda la misión del santuario.
Entré ahí despacio y con la vista baja, no quería levantar sospechas ni pelear, además no había por que preocuparse yo también iba a aprovechar las horas de paz, tomé asiento en la esquina del lugar y con una seña de la mano le anuncie mi presencia.
Una mujer de mediana edad caminó hacia mí rebasada por dos pequeños niños que por su velocidad movieron su vestido al pasar.
- Manigoldo, Manigoldo! – Corearon las vocecillas
Los pequeños corrieron hasta la mesa donde me encontraba y comenzaron a invadirme con preguntas.
- Porqué tardaste tanto en venir de nuevo?
- Volveremos a jugar?
- Anda, vamos a jugar!
- Esta vez te ganaré en las carreras
- Y a mí jamás podrás atraparme!
- Carlo, Marcel Compórtense! – Sentenció Camille al llegar
Camille y su familia eran dueños de un pequeño lugar que servía comida en la isla para los niños que aún no cumplían edad suficiente para seguir un régimen de entrenamiento o que habían tenido por circunstancias físicas o golpes intensos que dejar de entrenar.
Sus hijos, Carlo y Marcel, jamás habían realizado entrenamiento de guerrero. Ella y su marido lo habían acordado desde el nacimiento de los pequeños.
- Lamento todo esto, Señor Manigoldo pero los niños le quieren mucho y de verdad nos da mucho gusto verlo por aquí otra vez.
- No te preocupes, Camille. No hay problema además creo que ya es hora de que me ejercite un poco a costa de estos diablillos.
- Manigoldo, Manigoldo! – dijo Carlo
- Señor Manigoldo! Niño maleducado – interrumpió Camille mientras suavemente golpeaba la nuca del pequeño de 10 años
- Señor Manigoldo, podríamos jugar un poco?
- Claro, vamos.
- El señor Manigoldo primero debe comer, Carlo. Porque no van ustedes a jugar un poco mientras yo le traigo un poco de comida y así una vez que termine podrán venir a preguntar de nuevo, les parece bien a todos?
Camille era la personificación de la paciencia y el entendimiento su mirada denotaba ese amor matriarcal que a muchos nos hace falta y no cabe duda que incluso yo la había llegado a ver un poco como mi madre, las palabras pronunciadas por ella eran orden amable que todo aquel que las escuchara obedecía con gusto. Su gracia y buen humor la convertían en una persona con la que daba gusto convivir y además tenía un detector de mierda integrado, no podías engañar a esta mujer bajo ninguna circunstancia, sus ojos lo veían todo.
- Si, señora!- respondieron Carlo y su hermano al unísono
Acto seguido ambos pequeños corrieron a la parte de atrás del lugar para continuar con sus juegos mientras Camille tomó asiento frente a mí, me escrudiñó con su mirada maternal y dijo:
- Que te trae por aquí, Manigoldo?. El pesar es visible en tu mirada y un torbellino de pensamientos se refleja en tu semblante…
- Estoy realmente muy preocupado, Camille… no estoy seguro si aún queda de tu delicioso estofado para mi esta tarde…
- Manigoldo, sabes que siempre habrá estofado para ti en este lugar, pero eso no es a lo que me refiero. Te traeré un poco de comida y después me gustaría hablar contigo por favor.
- De acuerdo Camille, no hay problema
- Manigoldo ahora soy yo quien está preocupada.
- Porqué, pasa algo?
- Tu peleas, verdad? Eres un guerrero poderoso?
- El más…
- Tengo que consultarte algunas dudas y preocupaciones que tengo
- Los atacaron? Les hicieron algo? A ti, a los niños?
- No, no es eso. Tranquilízate. Es algo que me intriga de manera personal.
- En esa caso sabes que estay aquí para ayudar.
- Muy bien. Permíteme traer tu comida y bebida para que puedas comenzar. Debes estar hambriento.
Con esas palabras Camille se dio la vuelta y se encaminó a la puerta que daba a la cocina del lugar.
Fueron escasos minutos los que Camille tardó en regresar con una humeante sopa y algo de vino y pan, la comida no era nada del otro mundo pero el sabor era inigualable, no conseguías esos sabores de comida hecha en casa en cualquier lugar.
Comí despacio, pensando en todo y nada al mismo tiempo, no podía apagar mi mente y detener todas las ideas que me abrumaban hasta ahora.
Poco después de que terminara apareció Camille con una jarra de vino y otra copa para ella
- Que tal la comida, Manigoldo?
- Deliciosa como siempre, madame. Ahora puedo preguntar para qué es tan importante mi presencia y opiniones?
- Bien, pues verás… por donde empiezo…
- Por el principio estaría bien.
- Muy gracioso…. Pero tienes razón. Hace no mucho tiempo en esta isla existía una pequeña casa de huérfanos, niños y adolescentes que perdieron a su familia en medio de no muy benévolas circunstancias durante las batallas que se libraron en aquellos días.
Verás, los nativos de la Isla siempre hemos sido personas de fe, veneramos a nuestras deidades desde tiempos ancestrales y cada una de esas deidades se ha encargado de protegernos durante siglos, en especial nuestra señora Ragda. Nacimos guerreros por lo que las peleas y entrenamiento no nos resultan extraños y también hemos llevado acabo la cabal misión de mantener a los caballeros renegados bajo vigilancia en los calabozos cerca del volcán con ahínco y devoción pero hace aproximadamente diez años hubo una revuelta, uno de los caballeros que el santuario envió desde Grecia organizó un levantamiento dentro del recinto a las faldas del volcán y uniendo los cosmos de inquilinos de ese espantoso lugar lograron destruir por completo un ala escapando y sembrando el caos entre los pobladores.
Sabes de antemano que los renegados enviados aquí son de temer pues su poderío ha obligado al santuario a aislarlos en este lugar por lo que esa pequeña guerra causo varias muertes y sin sabores ocasionando la furia de Ragda quien para poner orden de nuevo hizo explotar el volcán enterrando entre cenizas y lava aquellos calabozos que no fueron destruidos y a cada uno de los caballeros ahí, pero no solo se detuvo ahí. Nuestra señora sabía que los principales malhechores no morirían de esa manera por lo que su irá alcanzó toda la isla.
Miles de meteoros al rojo vivo se esparcieron inundando en llamas la tierra infértil del lugar, nuestras chozas y familiares eran destruidos ante nuestros ojos, niños, niñas, hombres y mujeres sin distinción murieron calcinados, aplastados, desmembrados entre otras horrorosas maneras. Quienes encontraron salida fueron aquellos que se dieron a la tarea de escapar ya sea emigrando a islas vecinas, esperando en el mar a merced de los elementos hasta que la furia de Ragda se calmó o huyendo definitivamente de aquí.
Mi familia fue una de esas que decidió esperar en el mar, mi madre y padre se lanzaron junto con nosotros desde un acantilado y por suerte o destino sobrevivimos la caída.
La familia de más alto rango de la isla, sin embargo no tuvo tanta suerte, ellos eran los encargados de mantener el balance en este caos infernal, quienes se encargaban de sembrar un poco de esperanza en los corazones abatidos de los pobladores, ellos tenían bajo su cuidado la máscara de carcelero.
- La máscara de carcelero?
- Así es, Un poderoso amuleto que se dice era el medio de comunicación entre nuestra deidad protectora y nuestros deseos. Cuenta la leyenda que la máscara tiene guardado en su interior todo el poder que emana de Ragda y que solo aquellas personas que tengan el linaje necesario podrán desplegarlo y convocar su milenaria sabiduría para manipular tanto para bien como para mal el poderío de nuestra señora. Durante la batalla y el caos se perdió el rastro de la máscara por lo que ahora todos los habitantes nos hemos quedado sin protección.
Una vez que la ira de Ragda cesó los que quedamos vivos nos dimos a la tarea de re hacer nuestra vida en la isla y reconstruir lo poco que quedaba de nuestro pasado pero esa advertencia no fue suficiente para los caballeros negros. Unos cuentos lograron escapar entre toda la conmoción dirigiéndose a distintos lugares del mundo.
Pensamos que todo había terminado después de todos los males que se habían posado sobre nuestro pueblo, cada vez somos menos habitantes en esta Isla y tememos que no existan los suficientes guerreros un día como para defender nuestras tradiciones y vigilar a los Santos enviados desde Grecia a cumplir su penitencia. No hace mucho tiempo se escucharon rumores de que uno de los santos negros, con ayuda de alguien mucho más poderoso, regresó a la isla para reclutar de nuevo a los que cumplen su condena prometiéndoles toda clase de libertades y venganzas contra los caballeros de atena y todo aquel que les hizo pasar un mal rato. Comenzaron de manera silenciosa a atraer a nuestros jóvenes con falsas promesas de poder y gloria las cuales muy seguido terminan en una muerte dolorosa a costa de los mismos caballeros que los reclutaron, quienes no mueren se convierten en valiosas adquisiciones de su ejército. Se dice que uno de ellos tenía en su poder la máscara y que la utilizaría para sus planes de venganza en contra del santuario y de nuestro pueblo.
Muchas de las mujeres de la isla estamos preocupadas pues nuestros hijos y esposos están decidiendo cambiar de bandos y unirse a los caballeros negros siguiendo la falsa promesa de una vida nueva llena de paz.
Manigoldo, te pido que nos ayudes, tú eres un Caballero dorado enviado desde el santuario, tu alto rango te otorga el poder necesario para convertirte en nuestro salvador, tu presencia aquí debe ser una señal de que nuestra Ragda no nos ha abandonado.
Por favor, detén a los caballeros negros que buscan hacer de esta isla aún más infernal de lo que ya es, estamos realmente acostumbrados a las inclemencias de esta lugar, su clima es algo que no cualquiera toleraría pero no tenemos otra opción, podemos vivir tranquilos si tan solo pudiéramos deshacernos de esos fantasmas del pasado que nos siguen atormentando.
Mi propio hermano ha sido seducido por las tinieblas y se ha unido a las filas de los caballeros negros y no soportaría pensar que puede morir defendiendo algo tan pútrido como los ideales que ellos profesan.
Por favor Manigoldo, ayúdanos.
La impactante historia que Camille me había compartido me dejó atónito. Sus ojos se llenaron de lágrimas y rápidamente las secó con el delantal que tenía puesto.
Sabía que la máscara de carcelero tenía oculto un misterio y poderes inimaginables, Albafica la vio en acción y por lo que comentó su poder es realmente espectacular
- Camille, he venido aquí por una misión del santuario y esa misión es deshacerme de los caballeros negros antes de que se conviertan en una amenaza para ustedes o para el santuario, de hecho, ya tuve un breve encuentro con algunos de ellos y te puedo asegurar que se fueron a dar un paseo por lugares que los dejarán sin ganas de regresar, aun así te prometo que no están solos y que haré lo que esté en mi poder para limpiar esta isla de toda la basura que ronda por ahí. No te preocupes que el gran Manigoldo de cáncer cuidará de ti y de los tuyos.
- Muchas gracias Manigoldo, pero por favor cuídate. La persona que está detrás del renacimiento de los caballeros negros es en extremo poderosa, no subestimes su poder.
- Lo dices como si supieras quien es…
- No, lamentablemente no lo sé. Sé que existe y que es poderosos porque la gente habla de su existencia y los guerreros le temen.
- Le temen? Eso quiere decir que está aquí, en la isla?
- No del todo… viene y va a su antojo, no sabemos cómo lo hace pero dicen que en ocasiones se materializa de la nada como un cuerpo sin rostro que termina con la vida de todo aquel que se cruza en su camino sea amigo o enemigo.
- Tienes una idea de dónde puedo encontrar a ese ente?
- Tal vez en las faldas del volcán pero no te aseguro nada, no tiene un lugar fijo, puede aparecer en donde sea y a voluntad desaparecer en segundos.
La historia que me había compartido Camille añadió una gran cantidad de dudas a mi cabeza de por sí ya hecha un maldito desmadre, mis ideas estaban por todos lados, estaba comenzando a pensar donde podría buscar a esos malditos cuando unas pequeñas voces me regresaron al presente.
- Señor Manigoldo, Señor Manigoldo!
- Por favor juguemos un poco, Señor Manigoldo
- El Señor Manigoldo tiene cosas más importantes que hacer, niños. No es educado que lo acaparemos tanto tiempo. Pueden jugar entre ustedes, denle un poco de espacio!
- Pero Madre, él lo prometió.
- Si, y un caballero nunca falta a su palabra, él siempre lo dice.
Los dos pares de ojos suplicantes me miraron con tanta ilusión que no pude resistirme, 5 minutos de juego no le harían mal a nadie.
- En eso tienen razón, Camille. Qué clase de caballero sería si no cumpliera con mi palabra?
- No tienes que hacerlo, no te preocupes…
- No, tú no te preocupes. Quiero hacerlo, a mí también me divierte – Respondí a sus palabras y dirigiéndome a los pequeños añadí – Muy bien les daré una cuenta de 50 de ventaja, listos?
Me miraron con los ojos muy abiertos y salieron corriendo a toda velocidad.
No existe un sonido más bello que la inocente risa de los pequeños juguetones por lo que realmente me fascinaba estar cerca de ellos en esos momentos felices.
- Mil gracias por todo, Manigoldo.
- Gracias? Todo esto tiene un precio Camille… Tendrás que alimentarme y bien por el resto del tiempo que permanezca en esta isla, así que ve preparando tus mejores platillos…
- JA!, no te preocupes, ya lo tenía contemplado de todos modos… donde comen mil comen mil cien
- Pero no son cien más, solo soy yo
- Y con tu apetito, creo que preferiría alimentar a un ejército…
- Hey, mantener este cuerpo en óptimas condiciones requiere energía y para tener esa energía requiero de mucha comida…
- Si, si… lo que digas… glotón. Pero de verdad Manigoldo, cuídate mucho por favor y mil gracias por todo.
- Por favor Camille, no me digas que ahora vas a llorar? Sabes que los sentimentalismos no van conmigo…
- Bien, bien. Síguete haciendo el duro que yo puedo seguir ignorando tu preocupado semblante hasta que no puedas más y ruegues que te preste mi hombro para llorar. No creas que no me di cuenta que son confusiones internas las que te tienen así, además de que ese semblante pensativo solo significa una cosa.
- Ah, sí? Y que significa, según tú?
- Significa que tu paz ha sido robada y generalmente ese es síntoma de que estas en el camino correcto para descubrir a tu otra mitad…
- Listos o no, allá voy! lo siento Camille, tengo cosas más importantes que hacer ahora como para quedarme y escuchar sermones amorosos de alguien que necesita volver a la cocina, el sol se está ocultando y casi es hora de la cena, así que te veo en un rato más.
