Capítulo 11.

La primera candidata era la señorita Shizune. Tenía poco más de veinte años, cabello castaño y unos ojos negros enormes; estaba delgada como un palillo y parecía bastante tímida.

Sasuke no tardó en llegar a la conclusión de que carecía de la experiencia suficiente para controlar a los niños. Iba a disculparse cuando, por el rabillo del ojo, vio a Daisuke empujar a Sarada con el pie. Un momento después, la más pequeña bajó del sofá y se acercó a su padre.

—¿Papá?—llamó la niña.

—¿Qué quieres, Sarada?—preguntó el hombre. La niña le hizo señas de que bajara la cabeza para poder hablarle al oído.

—Tengo que ir al baño—susurró la pequeña.

—¿Ahora?—preguntó su padre. La muchachita asintió con solemnidad.—¿Necesitas ayuda?—cuestionó Sasuke.

—Aunque la necesitara, no te dejaría—respondió la niña ofendida, dándose vuelta.

—Mujeres…—suspiró agotado Sanosuke, mientras Daisuke asentía.

Sasuke suspiró estando mentalmente deacuerdo con sus dos hijos, observando como su pequeña hija salía de la habitación con los brazos cruzados. Sin más de volvió hacia la señorita Shizune.

—Me estaba hablando usted de lo que piensa de la disciplina—hablo Sasuke.

—Oh, sí—asintió ella. —Creo que si hablamos francamente con los niños sobre su comportamiento negativo…—fue interrumpida.

—¿Papá?—llamó Daisuke.

—Estás interrumpiendo a la señorita Shizune, Daisuke—hablo el Uchiha mayor con reproche.

—Lo siento, pero estoy preocupado por Sarada—indicó el mayor de los niños. Sasuke se volvió a mirar a su hijo mayor.

—¿De verdad?—preguntó él.

—Sí—el niño miró con seriedad a la señorita Shizune.—Miré, es sólo una niña pequeña y a veces hace cosas que no debería hacer—comentó. —Yo soy el mayor, así que intento vigilarla, creo que será mejor que vaya a asegurarme de que está bien—indicó. Aquellas palabras, junto con el movimiento que había observado antes, pusieron a Sasuke en guardia.

—Te diré lo que haremos—hablo Sasuke. —Tú te quedas aquí y yo voy a ver a tu hermana—comentó con seriedad. Daisuke apretó los labios.

—Pero papá…—llamó Sanosuke. —Creo que lo mejor es que Dai…—fue interrumpido.

—He dicho que iré yo—Sasuke se puso en pie, satisfecho de sí mismo.—Ustedes dos se quedan con la señorita Shizune y sé amable con ella; ahora mismo vuelvo—indicó. Daisuke pareció triste, pero resignado.

—Sí, papá—asintieron ambos pequeños.

Sasuke visitó los cuatro cuartos de baño del piso bajo antes de localizar a su única hija femenina en el último. La pequeña niña estaba de pie delante del espejo. Suspiró un poco al haberla encontrado.

—¿Qué haces princesa?—le preguntó. La pequeño se ruborizó.

—Nada—dijo ella con rapidez.

Sasuke observó su reflejo en el espejo y frunció el ceño al notar que uno de los lados de la cabeza de la niña parecía distinto al otro. Se acercó a ella y se tranquilizó al ver la causa del problema. La pequeña se había echado casi un tubo entero de gomina en uno de los lados del pelo. Mientras del otro su pequeña coleta estaba intacta.

—Es un peinado muy interesante—musitó Sasuke.

—Sólo quería probarlo, para ver si asi me parezco más a mis hermanos y a ti—le explicó Sarada temblorosa. A Sasuke le dio una punzada en el corazón.—Y ahora se me ha atascado el peine—indicó. Volvió la cabeza y Sasuke vio que había un peine atascado detrás de la oreja de la niña.

—No importa—cogió una toalla y subió a Sarada al mostrador. —Un poco de agua y estarás como nueva—sonrió levemente.

Le lavó la gomina y no tardó en solucionar el problema y reunirse con los demás. En cuanto entraron en la sala, él cargando a su hija, la señorita Shizune se volvió hacia ellos dos preocupada.

—¿Todo va bien?—preguntó la mujer. Sasuke se quedó un poco sorprendido por aquella reacción.

—Desde luego—asintió Sasuke. —Hemos tenido un problemilla, pero lo hemos arreglado con agua, ¿verdad, Sarada?—miró a su hija. La cual sonrió abiertamente.

—Sí—asintió la niña. Sanosuke y Daisuke emitieron unos ruidos extraños.

—¿Ha tenido que echarle agua a algo?—preguntó la señorita Shizune débilmente. Sasuke frunció el ceño ante aquella reacción exagerada.

—No ha sido nada—hablo Sasuke. —Sarada ha intentado un pequeño experimento con su pelo…—fue interrumpido.

—¡Su pelo! ¡Oh, Dios Santo!—se puso en pie. —Lo siento, señor Uchiha, pero estoy segura de que no soy la niñera que busca—comentó. —Sólo he asistido dos meses a la escuela de niñeras, no estoy preparada para lidiar con necesidades especiales—añadió nerviosamente. —En particular si se trata de algo destructivo—miró a Sarada con una sonrisa nerviosa.—Su hija parece encantadora y estoy segura de que se trata de una fase pasajera, pero, a mí ni siquiera me gustan las velas en los pasteles de cumpleaños—soltó. Sasuke la miró atónito.

—¿De qué diablos está hablando?—cuestionó Sasuke. La señorita Shizune lanzó un gemido y salió corriendo hacia la puerta.

—No tiene por qué fingir—hablo la mujer. —Los niños me han contado el problema de Sarada—murmuró. —Que ayer tuvieron que llamar a los bomberos, que después se prendió fuego en la cocina…—soltó.

—¿Eso han hecho?—Sasuke miró a Daisuke y Sanosuke, que tenían la vista baja.

—Sí—afirmo la mujer. —Y lamento sus problemas, pero me temo que tendrá que buscar a otra persona—terminó. Se marchó sin añadir nada más y Sasuke se quedó inmóvil y contó lentamente hasta diez. Luego se volvió a mirar a los dos niños mayores.

—Muy bien—dijo Sasuke con calma helada.—¿Alguno de ustedes quiere contarme qué le han dicho a esa mujer para que crea que su pequeña hermana es una pirómano?—les cuestionó. Daisuke y Sanosuke intercambiaron una mirada antes de negar con la cabeza.

—No —respondieron al unísono. Sonó el timbre de la puerta y Daisuke se puso en pie.

—Caray, papá—dijo el mayor de los niños, saliendo a abrir. —Esa debe ser la siguiente candidata—sonrió ladinamente.