11º La boda

Se mantenía resguardado entre unos matorrales con pinta hosca, había disminuido sus inspiraciones por miedo a que estas le delatasen. Jamás había pensado que Mozambique pudiese ser tan peligroso. Todos se lo habían advertido, pero él siempre pensó que exageran. No obstante ahora se daba cuenta de que todo era verdad.

Apretó la varita con fuerza, para que no se le resbalase por el sudor que había aparecido en su mano, y entonces le vio. Un mago de raza negra caminaba rápido mirando hacía todos los lados. Tenía la varita enarbolada y arrastraba a una niña de no más de cinco años, que aparentemente estaba inconsciente.

Ron tragó saliva y se movió un poco en su escondite para tener mejor visibilidad de lo que hacía el mago. Podía observarle la cara y con total seguridad podía determinar que era el mago que debía capturar esa tarde. Este, más andando más deprisa se acercó a una especie de hangar de madera bastante viejo y tras golpear la puerta, alguien le abrió desde dentro.

El pelirrojo cerró los ojos y los apretó con fuerza, no entraba en sus planes que ese mago oscuro perteneciese a una organización. Lo más seguro y correcto era que abortase la misión, y la reanudase cuando tuviese al menos otro par de aurores que le cubriesen las espaldas. Sin embargo la imagen de la pobre niña inconsciente se clavó en su corazón y desechó la idea de huir. Por unos momentos pensó en la capa de invisibilidad de Harry y deseó que su amigo estuviese junto a él. Pero estaba solo, era su misión y la vida de esa niña dependía del éxito de la misma.

Salió rápidamente de su escondite y se pegó a la pared del hangar a la vez que la puerta de este se abría y salía del mismo una bruja que caminó hacía la dirección contraria a la que se encontraba Ron, y pocos metros después se desapareció.

Ron intentó recordar sus clases en la escuela de aurores y pensó con cuidado las tres reglas básicas que debía cumplir todo auror. La primera, la autoprotección, era imprescindible pero Ron ya la había desechado hacía minutos. La segunda, analizar la situación y las posibilidades de victoria. En el hangar por lo menos había dos magos, si no eran más. No tenía manera de averiguarlo sin entrar, y eso eliminaría el factor sorpresa, pero también sabía que no tenía demasiado tiempo, la niña iba a ser sacrificada. Y tercer punto: salvar primero a los más jóvenes. En ese punto Ron estaba de acuerdo, debía sacar a la niña cuanto antes. Sin pensarlo más apunto con su varita y musitó:

- Incendio

Uno de los arbustos que rodeaba la cabaña se prendió y el fuego le invadió. Se quemaron las pequeñas bayas que este poseía y empezó a emanar un olor putrefacto que inundó los metros más cercanos. Tal como Ron había imaginado la puerta del hangar se abrió y salieron dos magos y una bruja corriendo.

- Aurores - dijo la voz femenina.

No tenía demasiado tiempo, tenía que actuar por eso aprovecho mientras que los magos tenebrosos salían para meterse dentro del hangar, rozando porque no hubiese dentro más magos. Y por suerte no los había, tan solo estaba la pequeña, tirada en el suelo aparentemente dormida.

Corrió hacía ella y la cogió en brazos, intentando poder mantener su varita erguida. Tenía que darse prisa, pero entonces.

- Suéltala - musitó una voz masculina muy tosca

Ron observó al mago que tenía delante. Era enorme, y su piel era como el azabache. Tenía una enorme cicatriz que le cegaba un ojo y los pómulos muy marcados. En la mano tenía una varita que parecía demasiado pequeña en comparación a su dueño.

- Que irónico - comentó el mago - jamás pensé que fuese un único auror el causante de todo este alboroto - que valiente… o estúpido.

El pelirrojo apretó un poco más a la pequeña contra si mismo e intentó desaparecerse del lugar, pero no pudo.

- No lo intentes- continuó calmado el mago - es imposible desaparecerse aquí. Es a prueba de huidas. Deja a la pequeña y podrás marcharte.

- ¿Pretendes que me lo crea?- declaró Ron

- En ese caso os mataré a los dos. AVADA…

Pero en ese instante una luz roja muy brillante se clavó en el mago negro desde la espalda. Este abrió los ojos hasta el infinito y entonces se desplomó contra el suelo, dejando ver al agresor. Era bajito y con el pelo rubio paja muy espeso.

- ¿Quién eres tú?- dijo Ron apuntándole con la varita

- No hay tiempo para eso, sígueme, sus compañeros están apunto de llegar.

Ron sabía que este tenía razón, por lo que sin dudar más, corrió hacía fuera del hangar y no paró hasta que este desapareció de su vista.

La iglesia se estaba llenando de gente y Ginny incomoda apretaba con fuerza la mano de su marido, que aguantaba sin quejarse.

- No puedo entenderlo, es de locos, Harry

- Tampoco yo- musitó acariciándole la mejilla con la mano que le quedaba libre.

En ese momento la señora Granger entró en la iglesia y andando rápidamente se colocó en primera fila.

- Hermione ha debido llegar ya.

En el altar, Víctor sonreía coquetamente hacía las cámaras que intentaban inmortalizar el momento. Todos sus miedos se habían disipado como una gaseosa abierta demasiado tiempo. En menos de una hora todo abría acabado y Hermione por fin sería la señora Krum. Su trofeo más difícil y anhelado.

La puerta de la iglesia se volvió a abrir y en ese instante entró Hermione, acompañada de su padre. Estaba radiante pero en su cara no se reflejaba la felicidad. Parecía la mujer mas desdichada del universo, y es que realmente lo era.

Ron se apretaba el costado intentando recuperarse de la carrera, a su lado, la niña ya había despertado y luchaba por contener las lágrimas.

- ¿Ronald Weasley? - preguntó el misterioso mago que le había salvado.

- Si, el mismo- dijo tendiéndole una mano.

El mago la estrechó.

- Te debo una- musitó el pelirrojo acariciando el pelo de la niña que miraba el suelo aun demasiado asustada como para decir nada.- pero habría podido con él - dijo despreocupadamente

- Seguro- sugirió el extraño - no debiste entrar solo

- La vida de esta niña estaba en peligro… no podía marcharme dejándola dentro.

- Fue estúpido, Weasley. El valor y la estupidez no deben ir unidos de la mano. Si no hubiese llegado te habrían matado y por tanto no habrías salvado a esa pequeña.

El tono de ese mago no gustaba nada a Ron que frunció el ceño y le miró cruzándose de brazos.

- ¿Y tu quien eres? ¿Y como sabes mi nombre?

- Te buscaba

- ¿Y sabías que justamente estaba en ese hangar? Mozambique es grande amigo.

- Tengo mis contactos - dijo con media risita.

- ¿Quién eres?- repitió Ron apuntándole con la varita.

- Vaya… así me pagas que te salve la vida… baja la varita y te contaré todo.

Ron desconfió pero bajó la varita.

- Me llamo Edgar Dohorovich y tengo información que te será muy preciada.

- ¿Dohorovich? Ese apellido no es búl…

- Búlgaro, sí.

Sin decir nada más este sacó de la mochila que llevaba un paquete que entregó al pelirrojo.

- ¿Qué es esto?

- Ábrelo, y lo entenderás todo.

Desdobló el papel marrón que protegía el contenido y sacó un puñado de pergaminos viejos. Leyó con cuidado y abrió los ojos sorprendido..

- ¿Qué? ¿Como?

Las cartas que Hermione le había escrito hacía años estaba allí, y las que él mismo había escrito también.

- Víctor las robo todas, para romper lo vuestro. Jamás soportó que ella estuviese contigo. Nunca ha perdido en nada y no quería perder en esto.

Ron parecía debatirse consigo mismo, no llegaba a comprender el porque, el como. Tan solo sentía la urgente necesidad de contarle todo a Hermione y entonces lo recordó.

- Ellos se están casando, justo ahora.

- Entonces deberías darte prisa- sentenció Edgar.

El pelirrojo asintió y se disponía desaparecerse pero antes de eso observó de nuevo al búlgaro y preguntó.

- ¿Por qué me ayudas?

- No me gusta la agresión ni la traición - dijo señalándose el labio- y últimamente he recibido demasiado de las dos. No te retrases más. Yo devolveré a la pequeña al cuartel de aurores.

Lleno de dudas, Ron asintió. Sabía que Edgar decía la verdad y él no tenía tiempo que perder. Cerró con fuerza sus ojos y se desapareció. Un instante después su cuerpo se volvió corpóreo de nuevo y sus pies tocaron el suelo. Frente a él, imponente y hermoso se encontraba el monasterio de Rila, cogió aire y se convenció de que lo que hacía era lo correcto.

Víctor tenía a Hermione agarrada de las manos y decía con solemnidad sus votos matrimoniales. La muchacha intentaba sonreír, pero solo conseguía que una mueca muy extraña invadiese su rostro. No podía parar de pensar en Ron, en si estaría bien, en si estaría vivo. Sabía lo que ocurría en Mozambique y se culpaba de la decisión del muchacho.

- Prrrometo cuidarte porrr siempre, y no dejarrré que nadie te lastime y te ofrrrezco mi corazón incondicional, de porrr vida.

Hermione ni siquiera se dio cuenta de que Víktor había terminado y se dedicó a seguir mirándole con ojos vacíos.

- Hermione, tu turno - declaró el curo metiéndola prisa.

- Oh… si - se aclaró la voz- gracias por haber estado siempre hay, incluso cuando yo solo era lágrimas… me hiciste sentir querida y por ello te entregó mi vida. Gracias

Ginny golpeó a Harry en el costado tras que Hermione terminase sus votos y el moreno le miró profundamente a través de sus ojos verdes.

- Va a cometer el error más grande de su vida - sentenció la pelirroja

- Convéncela de lo contrario. Sabes que es imposible.

El cura continuó la ceremonia y mirando a la pareja sentenció.

- Si alguien conoce algún impedimento para que esta boda no deba celebrarse, que habla ahora o calle para siempre.

Silencio.

- Muy bien, entonces yo os declaró marido y…

Justo en ese momento las puertas de la iglesia se volvieron a abrir dejando pasó a un muchacho alto que poseía una flamante pelo pelirrojo que se encontraba totalmente mojado.

- Ron - musitó Hermione

- Weasley - le recriminó Krum acercándose al pelirrojo - marrrchate no errres bien rrrecibido.

Hermione se agarró de la amplia falda blanca y corrió hacía el pelirrojo y mirándole profundamente preguntó.

- ¿Qué haces aquí?

- Vengo por ti- sentenció con seriedad

- Herrrmione va a serrr mi mujer y no puedes hacerrr nada. - declaró el búlgaro cogiendo a Ron de la pechera.

Ron puso los ojos en blanco y sin dudarlo más pegó un violento puñetazo a Víktor en la cara. El búlgaro cayó al suelo y comenzó a sangrar de la nariz. Hermione miraba al pelirrojo sin comprender.

- No puedes casarte con él, te engañó, nos engañó

- ¿de que hablas?

Ron no necesitó hablar, tan solo le tendió las cartas, que Hermione recibió con sorpresa y dolor, comprendiendo en instantes todo lo que Víctor había sido capaz de hacer por separarla de Ron.

- ¿Cómo? ¿Cómo las has conseguido?

- Drohorovich, él me las ha dado. ¿Lo conoces?

Hermione asintió y miró a Víctor entre desilusionada y enfadada.

- ¿Por qué?

Víktor no se molestó en contestar, desvió la mirada y calló.

- No puedes casarte, Hermione. Yo… nunca he dejado de quererte.

Hermione sonrió sinceramente por primera vez en ese día y acariciando la mejilla recubierta de pecas sentenció.

- Ni yo a ti, Ron.

No tuvieron que decir nada más, se unieron en un cálido, profundo y sincero beso. Y el mundo se detuvo y ambos supieron que nada podía salir mal. Porque ellos estaban juntos después de todo.

Y entonces…

- RON, CUIDADO

El grito de Ginny alertó a Ron que sacó la varita rápidamente, pero mientras se giraba pudo ver como un rayo plateado que surgía de la varita de Krum corría hacia él, directo a su pecho. Y supo que era el final, y cerró los ojos esperando el impacto, pero no llegó nunca. Al contrario tan solo sintió un tacto suave que le abrazaba la cintura. Y eso hizo que abriera lo ojos, asustado. Hermione le había protegido con su propio cuerpo y ella había recibido el impacto de la maldición.

Ron abrió los ojos y la boca y no pudo reaccionar. Entonces notó como las manos de Hermione que estaban en su cintura perdieron la fuerza y la muchacha cayó al suelo, llenando el mismo de una gran marcha de sangre, que salía de su propio cuerpo.