Capítulo 11
Mina Kinmoku
Seiya salió en el primer vuelo que consiguió para Londres dejando en la cabaña a Serena. A pesar de que era tan directa, la chica le caía bien y sabía que estaba en confianza con su computadora y archivos y que investigaría sobre Rei Hino. Eso, si no lo investigaba primero con Mina Kinmoku. Ya habían investigado previamente que Mina trabajaba en el prestigiado banco HSBC Sucursal Londres en el área de apertura de cuentas. Así que Seiya, por la mañana, después de darse un baño y abrigarse del frío londinense, se dirigió hacia allá.
- ¿Mina Kinmoku? – dijo Seiya acercándose. – Disculpe, no tengo cita previa.
- ¡Ah! No se preocupe, tengo tiempo libre. – La rubísima cabellera, recogida a medias, con ojos azul claro celeste impactó a Seiya. - ¿Quiere abrir alguna cuenta o consejo sobre inversiones?
- En realidad… no. Estoy escribiendo las memorias de su abuelo Artemis Kinmoku y quisiera poder entrevistarla.
Mina suspiró de una manera desagradable pero logró disimularlo.
- ¿Usted es Seiya Kou, el periodista?
- Así es.
- Está bien. Pero hablar no me hará volver.
Los dos se dirigieron a un café cercano y Seiya prendió su grabadora de mano y tomó una pequeña libreta con bolígrafo por si el ruido no le permitían grabar algo. Mina, con recelo, miraba.
- Como le dije, estoy escribiendo las memorias de…
- No soy tonta Seiya… ¿te puedo tutear? Sé perfectamente que mi abuelo debió haberlo contratado para la única cosa que lo tiene perturbado… Kakyuu.
- Tienes razón.
- Todo mundo sabe lo que le pasó.
- ¿Y qué es lo que le pasó, según tu?
- Según todos, ella está muerta. Murió y eso es algo que no va a cambiar.
- ¿Era usted amiga de Kakyuu?
- Sí.
- ¿Y como era?
- Era una chica sumamente atormentada. Un día estaba con Rei y conmigo maquillándose y poniéndose faldas cortas y oyendo música a todo volumen y al otro no nos hablaba y se ponía a estudiar estrellas y pasar horas en el planetario de la escuela. Sólo sé que su vida debió de haber sido muy triste y miserable.
- ¿Y qué hay de Rei Hino?
- Rei tenía compasión por ella. Por eso trataba de ver su presente y futuro en el fuego pero Kakyuu siempre se lo prohibió. Prefería verlo arder. Ver las estrellas desde su templo. Las tres eramos muy buenas amigas. Rei iba mucho a nuestra casa. Pero pasó lo de Kakyuu y Rei murió y yo me fui para siempre de Japón.
- ¿Y si Kakyuu hubiera vivido?
- Se hubiera ido de Japón igual que yo y como planeaba hacerlo también Rei cuando cumpliera 18. Pero Kakyuu no llegó a cumplir 18.
