EL DETECTIVE Y LA… ¿CRIMINAL?
Capítulo 11
- El gusto es mío señor Grandchester – contestó por fin el detective mirando desafiante los ojos azules del caballero – Buen día señorita Candice - saludó también a la rubia en el tono más frio e impersonal que pudo.
- Terry y yo íbamos por un pastel ¿gustas acompañarnos? – "¿piensas que me puedes tratar con distancia después de lo de la fiesta y las flores? Ya verás que no detective Andrew, te daré un quebradero de cabeza" pensaba Candy mientras se apoderaba de uno de los brazos de Terrence.
- No quisiera incomodarlos en su cita señorita Jhonson – respondió haciendo un esfuerzo por controlar su molestia.
- No incomodaría, de hecho a Candy y a mí nos gusta mucho socializar – habló Terry sonriendo con aire de superioridad.
- No Terry, no le insistas, seguro Albert tiene mejores cosas que hacer, además nosotros necesitamos un tiempo a solas- añadió la dama sonriendo con inocencia y acomodándose un mechón de cabello que en absoluto necesitaba ser acomodado.
- La señorita Jhonson tiene razón, señor Grandchester le enviaré una citación para que podamos conversar con tranquilidad en mi oficina.
- Hasta entonces detective – se despidió Terrence acercándose más aun a la joven.
- Hasta pronto señorita- fue lo último que Albert dijo antes de marcharse dejando a los jóvenes solos en la avenida.
- Candy ¿me puedes explicar que fue todo eso?
- No te entiendo Terry. – contestó la rubia soltando al caballero y alejándose unos pasos de él.
- Me usaste para darle celos a ese detective, además le tuteabas a pesar que el marcaba distancia de ti.
- ¡Ah! te refieres a eso. – dijo de forma distraída.
- No me gusta que me usen – declaró Terry molesto.
- Querías hablar conmigo ¿verdad?- inquirió ella.
- Si, así es.- afirmó él, tratando de mantener a raya su ataque de celos.
- Entonces digamos que lo que paso hace un momento fue el precio que tuviste que pagar para que yo te escuche, más explicaciones no te daré.- sentenció con el mentón ligeramente levantado dándole un aire de impresionante altivez.
- Candy eres terrible.- dijo Terry sintiéndose el perdedor en aquella pequeña batalla.
- Aprendí del mejor.- añadió ella sonriendo con ironía.
- Solo dime… ¿lo quieres?
- "Eres un fresco Terrence ¿Por qué iba yo a responderte?"- pensaba Candy mientras le sostenía la mirada - Mi deseo es divertirme un poco, tu mataste mi corazón – dijo mientras tristes imágenes volvían a ella como un remolino.
- Candy a pesar de las cosas que puedas pensar te aseguro que todo lo que hice tiene una explicación.
- Pues vamos dímela- exigió ella.
- ¿Qué te parece si vamos al castillo?
- ¿Acaso enloqueciste?- preguntó ella enarcando una ceja.
- Candy, tú y yo no somos un par de desconocidos, además necesitamos hablar en un lugar tranquilo y recuerda que no estaremos solos, está el personal de servicio y bien sabes que toda mi gente es de confianza.
- La verdad preferiría hablar en un lugar neutral.
- ¡Oh vamos Candy!
- Está bien, está bien, vamos antes que me arrepienta.
"Candy, eres un demonio de mujer ¿Cómo puedo dejar de pensarte?" se preguntaba el detective mientras caminaba sin rumbo en la ciudad.
- ¿Señor quiere que le lea la suerte? – preguntó de pronto una joven de largos cabellos rojos y vivaces ojos color miel.
- La verdad no creo en eso, disculpe- cortó el rubio dispuesto a retirarse.
- No importa que no crea, usted solamente pregunte, luego escuche y después regáleme una moneda, es así de fácil ¿lo ve? en ningún momento le estoy pidiendo que crea – dijo con descaro la chica para después guiñarle un ojo coqueta.
- ¿Lees las cartas?- preguntó Albert asombrado por las palabras de la muchacha.
- No, yo leo la mano y los ojos, los ojos son las ventanas del alma, seguro ya lo habías escuchado antes – añadió ella mientras que tomaba una mano del detective.
- Entonces dime lo que tengas que decir – habló Albert mientras sus sentidos se envolvían en el exótico perfume de la mujer.
- Tienes un pasado oscuro y ese pasado te persigue, veo que hay dos mujeres en tu vida, pero las dos tienen máscaras, no son quienes parecen y oye eres una criatura demasiado necia, tu pretendes encerrar las alas de tu corazón, pero esa actitud te traerá problemas.- anunció antes de soltar la mano del hombre.
- ¿No me dirás nada más?- curioseo él.
- Pensé que no creías- contestó sonriendo.
- No creo, pero la lógica dice que si tú me dices más cosas, entonces yo podré darte más dinero.- dijo extendiéndole la mano de nuevo.
- Eso es bueno para mí… pero dame la otra mano- habló la joven con una enorme sonrisa.
- Aquí tienes- contestó el detective haciendo lo que ella le pedía.
- Tu vida corre peligro de muerte- fue lo primero que dijo la pelirroja al sentir un incómodo escalofrió que recorría su delgada figura- hay alguien oscuro que acecha entre las sombras, es alguien peligroso y deberás ser valiente y luchar por tu amor… sino quieres perderle, perderle para siempre; yo ya no te puedo decir más por ahora, solamente recuerda que el futuro se escribe en cada decisión… pero creo que si piensas bien las cosas lo que te he dicho te será de ayuda.- terminó ella rogando internamente por aquel desconocido, y es que de alguna manera le afectaba la sensación de peligro que se cernía sobre él.
- ¿Quién te enseño a leer la mano?- preguntó él evadiendo comentar lo dicho por la joven.
- Nadie, este es un don de generaciones en mi familia, no soy una timadora, ahora págame como debes.- dijo ella guiñándole un ojo.
- ¿Te parece bien esta cantidad? – preguntó el caballero entregándole varios billetes de alta denominación.
- Eres generoso- agradeció recibiendo contenta el dinero.
- Eres ingeniosa mi querida…
- ¿Quieres saber mi nombre?- quiso saber ella.
- Ahora si veo que eres una buena adivina – dijo él en tono de broma.
- Me llamo Karen.
- Mucho gusto Karen, yo soy William.
- Y bien William ¿porque no vas tras de ella? - preguntó jugando con una de sus pulseras.
- ¿Perdón?
- Venias escapando de una mujer, pero en realidad lo que quieres es estar a su lado.- soltó exagerando la entonación de cada palabra.
- Te equivocas, yo no escapo de nadie y gracias Karen, tal vez vuelva por aquí.
- ¿Aquí? No me volverás a encontrar aquí, pero estoy segura que nos encontraremos de cualquier forma, así que nos veremos hasta el día en que Dios lo decida.
- Muy bien, hasta ese día entonces Karen, si algún día necesitas ayuda puedes buscarme, mi apellido es - cuando estaba por terminar la frase ella puso un dedo en sus labios y movió su cabeza en forma negativa.
- No me lo digas, deja así las cosas, te deseo suerte Will.- finalizó ella para después hacer una graciosa reverencia e irse corriendo de forma inapropiada para una señorita.
- ¡Oye, no te iba a quitar el dinero! – gritó Albert divertido- Yo sí que debo de estar loco, creyendo en estas cosas, ya no sé si debo preocuparme o reírme de mí -mismo.- se dijo en voz baja.
Muchas gracias por leerme y por todos sus hermosos comentarios, eso me ayuda y anima a seguir adelante y publicar con mucho más ánimo; sepan que les dejo en cada capítulo un poquito de mi amor y mis ganas por hacerles pasar un buen momento.
Las quiero mucho y ya verán como esta historia les dará sorpresas, lo que no dijo Annie es algo gordo y ya lo verán en el siguiente capítulo, y pues Karen será de gran ayuda en la historia, por eso la incluí con este especial don, mmm y que más, que más, sip me temo que Albert se morirá de celos en muchas ocasiones más, pobre... este es solo el principio jeje =p
Nos leemos en el próximo capítulo, por cierto también actualizaré mis otras dos historias muy prontito.
¡Besis!
