N.A.:Bueno, recuperamos el tono oscuro. En este capítulo conoceremos un poco más del tormentoso interior de Kaname. Esta primera parte es más introductoria que otra cosa, espero que no sea aburrida. Perdonad a Kaname, no se encuentra en un estado anímico demasiado boyante :( Soy consciente además de que sus reflexiones pueden ser algo confusas. Cobrarán total sentido en la siguiente parte, de verdad. Si alguien se pregunta si este capítulo tendrá escena lemony, la respuesta es sí: una de las partes será casi por completo un momento lemony.¡Y puedo prometer que largo! ;p La canción que suena en la radio de la limusina es "The sounds of silence", de Simon&Gartunkel, un baladón de 1966.
Oh, no puedo evitar mencionar que Imaginary Fushia ha empezado a traducir el yaoi de los yaois del fandom de VK: Crimson Door (La puerta carmesí), de la increíble Blackened Wing. ¿Qué decir que no provoce una muerte inmediata por hemorragia nasal? ¡Mejor echadle un vistazo! Eso sí, es 'M'... muy 'M' ;D
Capítulo 5. Comparte mis secretos. Parte 1
El agua salada de la olla empezó a hervir con un agradable gorgojeo y Yuuki se apresuró a añadir un generoso puñado de espaghettis, removiéndolos ligeramente con un cucharón de madera para esponjarlos. Espió de reojo al director Cross, que canturreaba por lo bajo felizmente mientras removía los ingredientes del sofrito en una gran sartén, justo a su lado. Fiel a su costumbre, iba ataviado con un florido delantal de un rosa tan subido que podría provocar pesadillas a un ciego, en completo contaste con su eterno chal verde. Las gafas se le empañaron con el vapor de la olla y se las quitó con una risita, como si fuera lo más divertido del mundo. Tras limpiarlas en el delantal y dirigir a Yuuki una sonrisa encantadora, volvió a sumergirse en la lectura del libro de cocina que le permitiría innovar su receta de los espaguettis de toda la vida.
Yuuki meneó la cabeza con una sonrisa y se alejó de los fogones, dejándole espacio. Total, sólo tenía que remover los espaghettis de vez en cuando. Abrió la nevera atiborrada para alcanzar un brik de zumo de naranja y se hizo con un vaso, sirviéndose. Bebió a pequeños sorbos, apoyada en el mármol de la acogedora y coqueta cocina de la residencia del director. Había echado de menos aquello, confesó. Bueno, no exactamente la cocina de su padre adoptivo, se corrigió mientras espiaba los movimientos de Kaien Cross a los fogones, con el mismo pánico que si hubiera entrado en el laboratorio de un alquimista chiflado. Pero sí aquellas cenas informales y familiares de los viernes por la noche, el ambiente cálido y distendido de Cross, Zero y ella misma molestándose unos a otros en la pequeña cocina.
En aquel momento, el trío se había reducido a dos, lo cual mermaba considerablemente el encanto de la escena, pero aún así le ayudaba a sobrellevar el ligero sentimiento de pánico, de falta de referentes, que la había atenazado gran parte de la pasada semana. Kaname y ella se habían despertado la tarde del sábado anterior con la sorpresa de un voluminoso sobre marrón a nombre de su hermano que había llegado por mensajero urgente. Era el orden del día de varios consejos de administración de empresas de las que, al parecer, Kaname era accionista.
Siendo como era un desastre con los números, a Yuuki le llegaba el conocimiento justito para administrar su paga semanal, por lo que a penas entendió el enunciado de los incontables informes y balances que acompañaban la invitación a cada una de las reuniones. Al parecer, la fortuna de la familia Kuran -la suya- era considerable, en buena parte gracias a participaciones en las empresas más solventes de medio mundo. Yuuki había echado un vistazo a uno de los resultados y se había mareado contando ceros. Uh... al parecer, Kaname y ahora ella podían ser portada de la revista Forbes del mundo vampírico. Habían pocas fortunas que pudieran medirse con la suya y todas ellas pertenecían a nobles. Entre las más boyantes estaba la de Asato Ichijou.
Yuuki frunció el ceño mientras contemplaba sin ver el fondo de su vaso de zumo. Asato Ichijou. El hombre que había orquestado el retorno de Rido. El hombre que se había aliado con la purasangre Sara. El hombre que había vendido a su propio nieto para que se convirtiera en un pelele sin mente de aquella misma mujer. Y el hombre que había tutelado la fortuna de la familia Kuran tras el "suicidio" de los padres de Kaname. Su hermano había sido prisionero de aquel vampiro maquiavélico durante muchos años. Un pobre principito purasangre totalmente solo en el mundo que sólo había podido obedecer los tétricos designios del Consejo para evitar un destino peor. Al cumplir los 18 años, Kaname había recuperado nominalmente el control de su fortuna, aunque, al parecer, aún quedaban muchos cabos por atar.
Su hermano había maldecido en voz baja al recibir la citación para aquella maratón de consejos de administración, con toda la documentación que debía preparar. No tenía sentido, le había dicho, que la invitación le hubiera llegado tan sólo tres días antes de la primera reunión. Normalmente, se conocía la fecha de cada encuentro al menos con un mes de antelación, lo cual dejaba espacio a los accionistas para examinar las cuentas. Su actual administrador debía de haberle avisado con el tiempo suficiente para preparar aquellas reuniones.
Como resultado, no sólo no habían podido tener la charla que le había prometido Kaname, sino que su hermano prácticamente se había enclaustrado en su habitación para poder estudiar todos los informes de las reuniones y acabar sus trabajos escolares al mismo tiempo. Cómo lo había conseguido era algo que a Yuuki se le escapaba. Su hermano parecía tener una capacidad cerebral cuatro veces superior a la suya. Ella misma había tenido que preocuparse de llevarle la comida y las tabletas de sangre a su habitación para evitar que muriera de inanición. Para cuando había abandonado su cuarto, vestido con un impecable traje negro, abrigo a juego y una pequeña maleta con ruedas, Kaname estaba de un humor de perros. Ser convocado de aquella manera a una maratón de reuniones empresariales era suficiente para agriarle el día a cualquiera, pero la perspectiva de coincidir en muchas de ellas con Asato Ichijou, con su principal enemigo no declarado, definitivamente pondría a prueba su autocontrol, por mucho que fuera improbable que estallara un enfrentamiento abierto ante un montón de humanos trajeados.
Kaname se había despedido con un beso largo y profundo a la puerta de la limusina, una especie de disculpa porque las cosas no hubieran salido como él quería, por no haber podido abordar aquello que le había prometido. No es que hubiera podido hacer nada para cambiar el calendario, pero le fastidiaba igualmente. Aquello había sido el martes por la mañana. Estaban a viernes por la noche y Yuuki tenía los nervios a punto de estallar. Ni siquiera el hecho de que Seiren acompañara como siempre a su hermano le ayudaba a calmar su corazón.
-¡Yuuki, los espaghettis!
-¡¿Qué?! ¡Oh, Dios mío!
La joven dejó su vaso de zumo en el mármol con tal fuerza que derramó la mitad del contenido, precipitándose sobre la olla que rebosaba, cucharón en mano. La mitad del agua se había consumido y gran parte de los espaghettis se habían pegado en el fondo, convirtiéndose en una especie de pulpa pastosa. Removió aquella especie de cemento frenéticamente, para luego aferrar el asa de la olla con la mano envuelta en un trapo. Abrió el grifo del fregadero y rellenó la olla con agua, volviéndola a poner en el fuego. Removió el contenido, extrayendo algunos espaghettis. La mitad inferior estaba pastosa y la superior medio cruda. Ups... esperaba que el sofrito del director fuera lo bastante gustoso como para camuflar el lamentable estado de la pasta.
-Creo que se puede salvar la mayoría.- aseguró con una sonrisa excusada.
El director parpadeó, algo sorprendido por la velocidad a la que se había movido Yuuki sin darse cuenta. y volvió a releer la receta. Ah, el toque final del sofrito...
-No pasa nada, Yuuki, seguro que estarán perfectos.-cogió un afilado cuchillo de cocina y empezó a trocear en cachitos diminutos lo que parecía una especie de pimiento pequeño y reseco.
La joven se puso de puntillas para mirarlo con horror por encima del hombro.
-¿Qué es esa cosa? -preguntó con el dedo índice extendido. El director se volvió con una sonrisa triunfal.
-Guindilla.- anunció como si hubiera dado con la fórmula para convertir el plomo en oro.
-¿Guindilla? -la joven graznó por respuesta. Bueno, daba igual que los espaghettis se hubieran pegado, ni siquiera iban a notar el sabor.
-Ajá, un divertido toque picante para amenizar el sabor de mis tradicionales espaghettis.- Cross picó toda la guindilla y la añadió al sofrito de tomate, cebolla y carne, removiendo con alegría.
De aquí al hospital para vampiros más cercano para un lavado de estómago, pensó Yuuki. ¿Por qué no encargaba simplemente la cena en vez de empeñarse en revolucionar el mundo de la alta cocina? Para que luego Kaname se extrañara de las cosas que ella era capaz de comer... Si Zero hubiera estado allí ya habría comenzado a cocinarse su propia comida de reserva. El doble pensamiento volvió a sumergirla en su anterior estado de nervios, quedándose plantada en mitad de la cocina con el cucharón en la mano. Si pudiera saber que los dos estaban bien...
-¿Yuuki? ¿Estás bien?
Alzó la cabeza rápidamente, para encontrarse con que el director había apagado los dos fogones y la contemplaba con aquella calidez paternal en los ojos miopes. Yuuki estuvo tentada de asentir y disimular pero se dio cuenta al punto de que era una soberana tontería. Kaien Cross la conocía a la perfección, sabía interpretar todos sus gestos y era totalmente consciente de que no estaba bien. Disimular equivalía a mentir. Yuuki suspiró y se sentó a la mesa de madera del centro de la cocina.
-No... supongo que no.-cruzó las manos sobre la mesa, insegura de por dónde comenzar.
El director comenzó a trastear para colar los espaghettis. Su voz le llegó algo amortiguada cuando habló de espaldas a ella.
-¿Es por Kaname, por Zero o por los dos?
Yuuki rió por lo bajo. Querido papá... ¿Quién sino un padre la conocería tan bien?
-Por los dos, supongo. Es que... -gesticuló para abarcar la cálida cocina de madera provenzal.- todo esto, este ambiente, es como algo vacío sin Zero. Parece que le esté traicionando cenando aquí contigo mientras él está... vagando solo por ahí... y...
Tomó aire y se interrumpió. ¿Qué más podía decir de Zero que el director no sintiera también? Si para ella era su hermano, para Cross era su hijo. Oyó el agua cayendo al fregadero y el sonido de la masa de espaghettis sobre el colador.
-Bueno... no sólo te he llamado para que cenaras conmigo Yuuki. Aunque era algo que tu viejo padre echaba de menos.- le dedicó una sonrisa de perfil.- También quería decirte que Touga ha encontrado a Zero.
-¡¿Qué?!- Yuuki levantó la cabeza tan bruscamente que casi se partió las vértebras.- ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué no me lo habías dicho antes?
De espaldas, el director meneó el coladero, secando los espaghettis.
-Porque fue ayer mismo y Touga no ha podido llamarme hasta esta mañana, cuando tú dormías.-levantó el coladero y vertió los espaghettis en la sartén, mezclándolos con el sofrito.- Llevaba tiempo buscándolo antes de que hiciera algo que me obligara a poner a la Asociación de Cazadores en su contr. Ya fue bastante difícil conseguir que congelaran la orden de caza contra él hasta que su comportamiento demostrara que estaba controlado.-suspiró, removiendo la sartén.- Afortunadamente, no ha hecho ninguna tontería lo bastante grande como para cuestionar esa afirmación.
Yuuki contempló la espalda de su padre con un aluvión de preguntas pugnando por salir a la vez.
-Pero, ¿dónde está? ¿Cómo está? Es decir, ¿qué... qué come? - ¿de quién bebe?
Cross se giró un momento hacia ella con una amplia sonrisa.
-Ahora está con Yagari en uno de los pisos francos de la Asociación. No te preocupes, Yuuki, Touga cuidará de él hasta que... se calme un poco. Ha pasado por demasiadas impresiones en poco tiempo.-volvió a girarse para sacar un par de platos de la alacena y empezó a servir la pasta.-No se ha estado cuidando mucho últimamente, al parecer se ha alimentado bastante mal... en todos los sentidos. Y la Bloody Rose no le ayuda demasiado a pensar con claridad.
La última frase la pronunció tan bajito que Yuuki tuvo que esforzarse por oírla. La Bloody Rose... ¿qué secreto se escondía tras aquella pistola? Kaname ya le había insinuado que Zero no volvería a ser él mismo hasta que no se desprendiera de ella.
-¿Qué... qué pasa con esa pistola... papá?
Le pareció adivinar algo de tensión en los hombros estrechos del director pero, cuando se giró, su sonrisa era tan amable como siempre. Colocó los platos humeantes sobre la mesa ya preparada y se quitó el delantal, colgándolo en un gancho detrás de la puerta. Se sentó a la mesa, contemplando el ceño fruncido de su hija. Así que aún no has abierto la boca, Kaname. Qué injusto para todos...
-Las armas antivampíricas contienen una... especie de hechizo que las hace... casi inteligentes si las emociones de su portador llegan a despertarlas, por así decirlo.- el director se sirvió algo de agua en un vaso y tomó un sorbo, contemplando a Yuuki por encima del borde.- La Bloody Rose ha despertado hasta ese punto y detecta que Zero es un vampiro. Reacciona intentando eliminarle. Bebe su sangre.
-¿Qué? -Yuuki parpadeó, anonadada.-¿Y por qué nadie le quita esa pistola a Zero?- ¿por qué Kaname no me había dicho nada?
-Porque no se puede, Yuuki.- el director suspiró, enrollando los espaghettis con ayuda de una cuchara.- El arma ha despertado hasta tal punto que sólo su portador, Zero, puede desprenderse de ella. Para ello, primero tendría que entender que debe rechazarla y luego emprender una lucha de voluntades con la conciencia de la pistola. Para que te hagas una idea... -sopló de nuevo, decidiendo cuánto contar.- es como si la Bloody Rose fuera un vampiro vivo aferrado al alma de Zero.
Yuuki bajó la vista hacia su propio plato intocado, ajena por completo al olor picante que emanaba de él. Esperaba que Yagari pudiera hacerle comprender todo aquello a Zero, pero Touga era un cazador y, por lo que ella sabía, bastante beligerante con los vampiros. ¿Y si no le aconsejaba bien? ¿Y si lo incitaba a seguir con aquella espiral de destrucción, aunque estuviera al servicio de la Asociación?
-Quiero hablar con Zero.- Yuuki alzó la vista con decisión, a tiempo de ver a su padre disimulando las lágrimas con una cucharada de espaghettis en la boca. El hombre tragó varios sorbos de agua antes de poder hablar.
-No... No creo que sea lo más prudente.-se aclaró la garganta.- Zero todavía está conmocionado, Yuuki. Disculpa, pero no creo que aceptara verte en este momento, necesita tiempo. De hecho, ni siquiera hablaría conmigo, cree que soy demasiado parcial y que mis ideas de la convivencia pacífica me impiden ver lo que son los vampiros en realidad.-la sonrisa de Cross tenía un punto de tristeza que no solía exhibir.-Actualmente, Yagari es la mejor opción para abordarlo.
-¡Pero Yagari odia a los vampiros! ¿Cómo va a convencerle de que deje de perseguirnos? -de que vuelva a casa.
Cross sonrió sin levantar la vista del plato, una mueca privada y nostálgica.
-A pesar de su fachada de tipo duro y despiadado, Touga es perceptivo. Puede que no le gusten los vampiros como raza, pero sabe distinguir las buenas de las malas acciones. Justo por eso es el único que puede ayudarle. Si Zero ve que incluso su sensei es capaz de hacer distinciones entre vampiros malos y buenos... en fin, creo que entrará en razón.- Cross la miró con una sonrisa entre radiante y ofendida.- ¿Cómo? ¿Vas a dejar que se enfríe mi receta especial?
Yuuki saltó en la silla y aferró el tenedor y la cuchara, reaccionando de la misma manera automática que cuando era pequeña. Masticó un puñado de espaghettis sin pensar y la reacción fue instantánea. El picor infernal de la guindilla se coló por todas sus papilas gustativas, subiéndole hasta la nariz y el cerebro. Las lágrimas acudieron a sus ojos y luchó por tragar aquel bocado cuando todo su cuerpo le pedía que lo escupiera. Como resultado, se abrasó la garganta y estuvo a punto de ahogarse, rompiendo a toser doblada sobre la mesa.
-¡Yuuki! ¡Oh, Dios mío, tienes que haberte atragantado! ¡Bebe un poco de agua!
La joven alargó la mano entre toses, cogiendo el vaso de agua que le tendió el director y bebiendo a grandes sorbos.
-¡Aah!- cogió aire trémulamente, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. El director la observaba preocupado, pendiente del veredicto, y ella disimuló un mohín.- Creo que esto es... un poquitín fuerte para.... mis nuevos sentidos.- por Dios, hasta la voz parecía la de un grajo. Tomó la jarra y se sirvió más agua.
Cross suspiró melodramáticamente, apoyando la cara en una mano.
-Está bien... No había tenido en cuenta tu cambio de sensibilidad. ¿Por qué no harán libros de recetas para vampiros?-enrolló otros pocos espaghettis de su plato, menos que la vez anterior.- Porque la receta realmente es resultona para los humanos.
-Estoy segura, papá, pero, ¿te importa si cojo algo de jamón de la nevera?
-No, claro que no. Haz, haz... -gesticuló con la mano hacia el frigorífico mientras masticaba lentamente los espaghettis con gesto triste.
Aliviada, Yuuki sacó una bandeja de jamón, algo de queso y una bolsa de pan inglés. Con una sonrisa disimulada, se preparó un enorme sándwich. ¿Cuántas veces habían acabado así los experimentos culinarios de su padre a lo largo de los años? El paquete de jamón estaba sin abrir y Yuuki tuvo la impresión de que lo había comprado por si acaso la receta fallaba... como casi siempre.
-¿Y qué tal con Kaname?
Yuuki se congeló con una loncha de queso suspendida en el aire. Casi podía oír las campanas de advertencia entonando una serenata en su cabeza. Aquella pregunta de un padre a una hija podía acabar con una conversación... um... embarazosa. Forzó su habilidad, pero el director sólo transmitía calma. O realmente la cuestión no le preocupaba o era un maestro disimulando las emociones, lo cual nunca habría creído posible.
-Muy bien, papá, muy bien.- intentó que el tono sonara ligero a pesar de notar sus ojos en el cogote. Las imágenes de lo sucedido hacía una semana en la discoteca empezaron a desfilar, traidoras, por su mente. ¿Cuánto podía demorar girarse hacia su padre preparando el bocadillo?
-Bueno, no quiero meterme donde no me llaman, pero.. -el director emitió una tosecilla.- ¿ya tomáis precauciones? Es decir...
-¡Papá!
Yuuki se giró como un rayo, enviando la loncha de queso que sostenía en la mano al otro lado de la cocina. Cruzó la estancia a zancadas, dando gracias al cielo de que su larga melena ocultara parcialmente el rojo grana de sus mejillas. De verdad, hay cosas que los padres no tendrían que preguntar a los hijos.... Se inclinó a recoger la loncha de queso para tirarla a la basura.
-Bueno, es que... Nunca hemos hablado mucho de estas cosas, Yuuki.- el director se ajustó las gafas, intentando ofrecer su mejor pose de padre responsable.- Y ya tienes una edad que... En fin, Kaname y tú vivís juntos, por decirlo de alguna manera, y los dos sois jóvenes. Confío en él, claro, pero...
-¡Vale ya, papá!
Yuuki cerró de golpe la puerta del armario de la basura, con las manos temblando de pura vergüenza, y recogió el plato con su sándwich para depositarlo en la mesa. El director la contemplaba con un leve sonrojo y una sonrisa ovejuna de disculpa. Se sentó de nuevo en la silla con brusquedad.
-Déjalo estar, ¿vale? Kaname y yo somos... somos.... -¿qué somos exactamente Kaname y yo?- ¡hermanos! Y los hermanos no hacen... no.... ¡Oh, no vuelvas a preguntarme eso!-hundió la cabeza y mordió de golpe medio sándwich, creyendo que iba a salirle humo por las orejas.
¿Qué eran exactamente ellos dos? Estaban formalmente prometidos, estaba claro, así que esa definición al menos era correcta. Pero, al margen de etiquetas oficiales, ¿qué relación mantenían? ¿Novios? Quizás, al menos cuando estaban a solas se comportaban como tales, aunque se suponía que los novios clásicos se respetaban hasta el matrimonio y no estaban siempre a un paso de... bueno, de consumar el matrimonio antes de celebrarlo. Entonces, ¿eran amantes? Tampoco, al menos no en sentido estricto porque siempre que se habían dejado llevar habían chocado con alguna especie de muro invisible que les impedía seguir. ¿Puede que amigos con derecho a roce? Bueno, los amigos se lo explicaban todo, según su propia experiencia, y Kaname casi no le explicaba nada de las cosas importantes.
¿Qué narices eran exactamente Kaname y ella?
Kaien Cross contempló disimuladamente las distintas emociones que cruzaban el rostro de Yuuki y los casi imperceptibles gestos que hacía, como si estuviera considerando y descartando varias opciones. Suspiró para sus adentros mientras hacía lo posible por apurar al menos la mitad de su plato de espaghettis. No había sido justo provocar así a su hija y realmente no creía estar preparado para saber ciertas cosas de su relación con Kaname. Ningún padre lo estaba. Pero era la manera más sencilla de averiguar si algo no iba bien. Y la respuesta saltaba a la vista.
El purasangre era de naturaleza reservada, lo cual, teniendo en cuenta por lo que había pasado, no era de extrañar. Había crecido totalmente solo, rodeado de buitres a la espera de que mostrara la mínima debilidad o alteración de su estado mental para encerrarlo sometido a sus designios, como Shizuka. Era normal que le costara abrirse y explicar sus sentimientos, pero ¿con Yuuki? Kaname había estado aguantando toda aquella presión de años con un solo propósito: protegerla hasta el día que pudiera volver a su lado. Aquel día había llegado, pero parecía que el joven no le había explicado a Yuuki ninguna de las cosas que le permitirían entender el jeroglífico que a veces era el purasangre.
¿Qué debía hacer él, Kaien Cross? ¿Mantenerse al margen y dejar que solucionaran -o no- sus asuntos a su manera, aunque ello implicara dejar sufrir a Yuuki y, probablemente, también a Kaname? ¿Hablar él mismo, contarle a Yuuki todo lo que su madre, Juuri, le había explicado? ¿O quizás había una tercera vía, una manera más discreta de darle un empujoncito a Kaname para que dijera lo que tenía que decir, aunque ello supusiera algo de sufrimiento?
Asintiendo imperceptiblemente, Cross tomó una decisión. Sólo podía esperar que saliera bien y que ninguno de los dos jóvenes sufriera en exceso por su culpa. Se secó los labios con una servilleta de flores y sonrió con inocencia a una silenciosa Yuuki.
-Bueno, ¿y cómo vas a celebrar su cumpleaños?
La joven alzó inmediatamente la cabeza, aún con restos de sonrojo en las mejillas, y frunció el ceño, sopesando si su padre empezaba a tener lagunas de memoria.
-¿Te refieres a mi cumpleaños? Es mañana por la noche, pero no sé si Kaname habrá vuelto y Yori está en casa de sus padres. Creí que quizás el domingo podríamos ir a tomar pastel a la ciudad, si es que ya ha regresado.
El director meneó la cabeza, con la misma sonrisa de no haber roto un plato en su vida.
-No tu cumpleaños, Yuuki. Tú lo celebras el día en que Kaname te rescató en aquella montaña, aunque ya te imaginas que no es realmente tu aniversario de nacimiento.- su sonrisa se hizo más luminosa.- Me refiero al cumpleaños de verdad de Kaname.
La joven parpadeó, engullendo el último bocado del sándwich.
-¿Cuándo es el cumpleaños de Kaname?
Cross abrió unos ojos como platos.
-¿No te lo ha dicho? Mañana por la noche cumple 19 años.- cuando vio la boca de su hija abrirse de golpe, su sonrisa se desvaneció como por ensalmo.- Rido atacó a vuestra familia la misma noche en que Kaname cumplía ocho años.-crucemos los dedos para que te explique el por qué.- Imagino que es por eso que nunca lo festeja, pero quizás podríais aprovechar para una pequeña celebración íntima de los aniversarios de los dos, aunque tú hace algunos meses que ya tienes 16, en realidad. Puedo pasarte la receta de un pastel de chocolate muy fácil de preparar.
Yuuki siguió mirando a su padre como un pasmarote, con el vaso de agua sujeto en la mano a medio camino de la boca, que seguía abierta en una expresión atónita. Aquella noche... la noche en que sus vidas cambiaron, había sido el cumpleaños de Kaname. Recordaba que sus padres y ella habían estado esperando a que él volviera de algún sitio en sus antiguas habitaciones, en el sótano sin ventanas. ¿Venía de alguna fiesta de aniversario con otros niños? Toda su vida ella había estado celebrando egoístamente su propio cumpleaños el día en que Kaname la había rescatado, sin pensar en cómo debía estar sintiéndose él, recordando la matanza de sus padres el mismo día que debía celebrar su nacimiento. Final y principio en una misma noche.
¿Por qué? ¿Por qué Rido había atacado aquella noche? Era su tío, debía saber perfectamente qué día había nacido Kaname, por lo cual la elección de la fecha no podía haber sido casual. ¿Y por qué su hermano nunca se lo había explicado? Probablemente, para no amargarle el día que ella había decidido considerar su aniversario, el del principio de su nueva vida como humana... lo cual no dejaba de ser otra puñalada que le recordaba a Kaname, año tras año, que había perdido a su hermana. Oh, señor... Yuuki apretó los ojos, dejando el vaso de agua en la mesa.
Siempre protegiéndola, siempre cuidando de su felicidad, ocultándole lo que podría hacerle daño. Había sido siempre así, y cada vez que descubría un nuevo detalle de lo que Kaname había soportado en silencio, Yuuki se sentía un poco más culpable por haber vivido todos aquellos años en la luz. En realidad, ella no tenía la culpa, lo sabía, pero no podía evitar sentirse así. Bien, no podía borrar aquellos años oscuros, pero sí podía ofrecerle algo nuevo a Kaname, pequeñas nuevas alegrías.
-Yuuki, ¿te encuentras bien? -su padre, su segundo padre, la contemplaba con una mirada de preocupación en los claros ojos castaños.
Asintió, forzando una sonrisa.
-Sí, es sólo... que no me lo esperaba. Kaname es... bueno, muy reservado. No me lo había dicho.- ni eso ni tantas otras cosas.- Supongo que para no hacerme sufrir sabiendo que le estaba forzando a recordar aquellas cosas horribles cada vez que yo también celebraba mi cumpleaños.
El director no añadió palabra, pero su mirada se volvió algo más reservada. Si sólo fuera por eso, Yuuki...
-No sé si sería adecuado que lo celebráramos, no... no sé si se lo tomaría bien.-Yuuki suspiró mirando la mesa, con las manos enlazadas sobre la falda.- De todas formas, tampoco sé si habrá vuelto mañana por la noche.
Cross volvió a esbozar su sonrisa relámpago habitual.
-En realidad, sí que estará aquí.-dispersó los espaghettis por el plato, en un intento de hacer ver que había comido la mitad.- Me ha llamado hoy para avisarme de que llegaría mañana por la noche, tarde.- y para pedirme que no te lo dijera para que no estuvieras despierta cuando llegara.- Seguro que estás a tiempo de prepararle al menos un pastelito. Si lo celebráis los dos solos seguro que le resultará más cómodo.
Yuuki asintió, con una sonrisa volviéndose a formar en los labios. Se sentía un poco decepcionada por que Kaname hubiera avisado primero al director antes que a ella pero, a fin de cuentas, su hermano tenía que mantenerle al corriente y seguramente confiaría en que su padre le diera la noticia. Bien, ¿por qué no intentar ayudar a Kaname, y a ella misma, a superar un poco el trauma de aquellos hechos? Nada ostentoso ni con gente, sólo ellos dos en la habitación y un pastel casero. Sonrió más ampliamente, sintiendo ya el familiar entusiasmo.
-¿Me pasas esa receta de pastel? Creo que la probaré en la cocina de la Residencia Luna.- a ver si alguna de las cocineras me echa una manita.
Cross se levantó con una sonrisa, depositando su plato en el mármol. Revolvió los armarios hasta dar con una caja con el preparado para hacer un bizcocho de chocolate instantáneo y se lo tendió a Yuuki.
-Ten, es muy fácil. Sólo tienes que mezclar los ingredientes y meterlo en el horno, ¡Hasta a mí me queda bueno!
-¡Gracias!- Yuuki se puso de puntillas y le besó en la mejilla. Se giró hacia la puerta, recordando justo a tiempo que tenía que recoger su plato y su vaso.
Cross hizo aspavientos con las manos, alejándola de la mesa.
-¡Deja, deja, Yuuki! Ya me ocupo yo. Tú ves a preparar tu vestido y esas cosas de chicas. ¡Y ordena tu habitación, seguro que parece una leonera!
La joven le sacó la lengua con una sonrisa antes de cerrar la puerta de la cocina, con la caja para preparar el bizcocho bajo el brazo. Cross oyó sus pasos ligeros perderse por el pasillo y el abrir y cerrar de puertas en la lejanía. Suspiró, recostándose contra el mármol.
Perdonad a un pobre viejo que sólo quiere veros felices...
OOO
Ruka se ajustó el moño flojo que mantenía su larga melena cómodamente recogida y cerró la puerta de su habitación con suavidad, encaminándose hacia la cocina con pisadas silenciosas, aún más amortiguadas por las alfombras de los pasillos. Era sábado por la tarde y la Residencia Provisional Luna, por llamarla de alguna manera, estaba desoladamente silenciosa. En aquellos tiempos de incertidumbre, los alumnos que vivían más cerca solían marcharse a casa los fines de semana, tanto para tranquilizarse sabiendo que sus familias se encontraban bien como para que sus familiares recibieran noticias del comportamiento del peculiar joven purasangre. Se respiraba una especie de compás de espera en el aire, reflexionó Ruka mientras bajaba las escaleras hacia la cocina en busca de un té. Era como si los dos bandos no declarados en que se había dividido el mundo vampírico se hubieran enrocado, esperando a que uno de los dos hiciera el primer movimiento para que los lobos de ambos bandos saltaran. El Baile de Invierno, una de las grandes reuniones sociales anuales, estaba próximo y las familias empezaban ya a preparar sus movimientos con vistas a aquel evento. La aristócrata tenía la sensación de que el aire estaba cargado de electricidad y de que tenía una fecha fijada para descargar.
Frunciendo delicadamente el ceño, atravesó el recibidor, el salón y el comedor, cruzándose sólo con un par de alumnos. Al llegar cerca de la puerta de la cocina se detuvo. A sus oídos oyó una voz femenina hablando en voz baja consigo misma, el olor de leche y el chocolate y aquel otro aroma que aún no sabía si odiar o ensalzar… la fragancia mezclada de Yuuki y Kaname que ambos llevaban pegada a la piel. Así que ella estaba en la cocina. Apretó los labios, sopesando si su antojo de algo caliente y quizás algo dulce con que acompañarlo compensaba el mal rato que sufría cada vez que uno de los dos pasaba por su lado luciendo aquel aroma. En realidad, aquello era lo que más echaba en cara a Yuuki, que no hubiera marcado a Kaname. Bien, ya lo había hecho. ¿Y ahora qué Ruka, qué vas a hacer ahora con tu vida?
La pregunta que la había vuelto loca desde hacía una semana, cuando había percibido por primera vez aquel exótico olor, volvió a asediarla. Cuando han cortado tus sueños, cuando han arrancado cualquier raíz de esperanza que pudiera quedar de que algún día pudieran cumplirse, ¿cómo sigues con tu vida? Desde que Yuuki había aparecido, había sabido que no tenía posibilidades con Kaname, aunque aquella estúpida y diminuta llamita de esperanza, lo que siempre quedaba cuando todo lo demás se esfumaba, había seguido allí, negándose a apagarse. Ahora lo había hecho, y Ruka tenía la sensación de haber perdido el norte. Oh, sí, seguía profesando la misma lealtad inquebrantable de siempre a Kaname, pero la luz de su enamoramiento había sido sofocada a la fuerza, dejándola desorientada.
Acercó la mano a la puerta de la cocina y se detuvo a medio gesto. ¿Qué podía hacer con Yuuki? ¿Despreciarla por celos? Difícilmente, cuando, en realidad, Yuuki siempre había sido la única persona que había tenido al alcance el corazón de Kaname. ¿Guardarle rencor por que el purasangre la hubiera usado para apagar sus ansias por la sangre de Yuuki? No había motivo alguno, teniendo en cuenta que Yuuki no había hecho nada malo. ¿Ignorarla? Complicado, puesto que ahora formaba parte de su vida cotidiana. Con un suspiro interior, Ruka admitió que sólo le quedaban dos posibilidades: o tolerarla o intentar conocerla. Y ambas, igual que su piscolabis, requerían que entrara en la cocina. Empujó la puerta con suavidad y se quedó parada en el umbral, contemplando el panorama con las cejas alzadas.
Era como si una clase entera de preescolares hubiera tomado al asalto la ordenada cocina aprovechando que no había vigilancia. En la gran mesa del centro había velas de cera roja de todos los números desperdigadas, junto con unos cuantos moldes de formas variadas y pequeños mantelitos blancos de los que solían usarse para presentar un pastel. Yuuki estaba de espaldas a ella en los fogones, moviendo algo que olía a chocolate con leche en una olla mientras sostenía en la otra mano un trozo de cartón recortado que ojeaba de vez en cuando, como si leyera alguna receta. Los mármoles estaban salpicados de leche y polvo de chocolate y todavía había un envase abierto de mantequilla derritiéndose allí. Los restos de un envase de cartón eran visibles en un rincón del mármol, y Ruka alcanzó a leer que se trataba de alguna especie de preparación para un pastel instantáneo. Cruzó los brazos sobre el pecho.
-¿Para quién es el pastel?
-¡Aaah!- Yuuki se giró de golpe, con la cuchara de madera en la mano, esparciendo gotas de leche caliente sobre el suelo de la cocina.-¡Ruka! ¡Me has dado un susto de muerte! –hundió los hombros con gesto dramático.- No te había oído entrar.
-Es bastante evidente.- Ruka sorteó la leche derramada en el suelo como si fuera una mezcla nuclear, acercándose a la joven y mirando por encima del hombro. ¿Aquella mezcla grumosa se supone que tenía que ser un pastel?
Yuuki torció el gesto.
-No tiene buena pinta, ¿verdad?
-Si lo que quieres es desleír el contenido del sobre en la leche, tienes que bajar el fuego, sino la mezcla no será homogénea.- ante la cara de pasmo de la joven, señaló a su cucharón.- ¿Puedo?
-¡Por favor!
Yuuki contempló anonadada cómo Ruka bajaba el fuego al mínimo y procedía a remover la mezcla con aire experto. De todos los alumnos de la Clase Nocturna, la orgullosa noble era a la que menos podía imaginar en una cocina.
-¿Has precalentado el horno? –Ruka le dirigió una mirada profesional de reojo.
-Eh… ¡No!- Yuuki se precipitó hacia el gran horno, colocando la bandeja a una altura adecuada y girando los mandos para comenzar a calentar la parte inferior. Dirigió una mirada satisfecha de "ves cómo sé hacer algo en la cocina" a Ruka, que se limitó a seguir removiendo lentamente la mezcla de la olla.- Um… gracias por la ayuda. Es la primera vez que hago un pastel de éstos.
Ruka alzó una ceja, pensando que mezclar una preparación en una olla y meterla en el horno no suponían un desafío culinario ni para un niño de 10 años, pero se calló la respuesta. ¿Quién más cumpliría años hoy, a parte de Kaname, de quien era sabido por todo el mundo que jamás lo celebraba?
-Me gusta la repostería. En casa suelo hacer galletas al horno y algún pastel ¿De quién es el cumpleaños? –volvió a preguntar, esta vez con auténtica curiosidad.
-¡Oh, de Kaname! ¿Lo sabías? –la sonrisa de Yuuki era pura candidez mientras se secaba las manos con un trapo.
Ruka dejó de remover la masa un instante para contemplar a la inocencia personificada en el rostro de aquella joven.
-Y… ¿pretendes celebrarlo?-intentó que su tono fuera lo más neutral posible. A fin de cuentas, no sabía si Kaname había levantado el veto.- Desde que… desde hace muchos años, creo que no lo ha celebrado nunca.
Yuuki se encogió de hombros. He aquí una persona que había conocido a su hermano durante los años en los que ella había estado alejada. Quizás podría obtener algunas respuestas.
-Bueno, la verdad es que me acabo de enterar de la fecha de su cumpleaños, no tenía ni idea. Sé que no lo celebra. Imagino… -vaciló, meditando cómo exponerlo.- imagino que no lo hace porque coincide con la noche en que Rido… en que nuestros padres murieron.- se mordió el labio.- Pensé que a lo mejor una pequeña celebración íntima, sin ninguna fiesta, le parecería bien. Un… pequeño recuerdo de nuestros padres y una celebración sencilla de nuestros cumpleaños. Hasta ahora, yo celebraba el mío hoy, también. Fueron… mis primeros recuerdos. Cuando Kaname me salvó.
La voz de Yuuki había ido bajando al tiempo que su sonrojo subía. Cuánto candor… se descubrió pensando Ruka. Realmente, todo en ella eran buenas intenciones impulsadas por el amor que traslucían sus palabras y la mirada avergonzada de sus ojos. Apagó el fuego, escurriendo la cuchara de madera en el borde de la olla, y se giró hacia Yuuki.
-Dame ese molde, por favor… No, ése no, el redondo.- gesticuló hacia la colección desparramada en la mesa y recogió el molde para depositarlo encima del mármol. Se enfundó dos agarradores y levantó la olla, vertiendo con cuidado el contenido, perfectamente mezclado, en la fuente. Tras escurrir la olla, introdujo el molde en el horno, comprobando la temperatura, y se quitó los guantes, mirando de reojo a Yuuki. La joven aún estaba parada en mitad de la cocina.- Quizás tengas razón y sirva para ayudarle a superar tantos malos recuerdos, no lo sé. Pero a Kaname ya no le gustaba celebrar su cumpleaños antes de que… vuestros padres murieran.
-Ah, ¿no? -Yuuki alcanzó una silla y tomó asiento a la mesa, parpadeando con sorpresa.
Ruka meneó la cabeza, recogiéndose algunos mechones sueltos del moño detrás de las orejas.
-Conocí a Kaname unos tres años antes de... la tragedia. Aido, Kain y yo éramos los niños más o menos de su edad con los que se consideraba más apropiado que se relacionara, al ser todos de la alta nobleza.- no había rastro de vanidad en su voz, como si hablara de algo perfectamente normal.- Nos invitaron a algunas fiestas de cumpleaños de Kaname. Siempre había más adultos que niños.
La noble colgó pulcramente el trapo en un gancho y se sentó a la mesa, ordenando automáticamente los moldes, perdida en el pasado.
-No recuerdo muy bien aquellas ocasiones, yo era muy pequeña. Pero sí recuerdo como si fuera ayer la expresión de... -forcejeó con la palabra, reticente a admitir que un purasangre podía tener alguna debilidad.- miedo de Kaname cada vez que se acercaba el momento en que todo el mundo lo felicitaba. Lo disimulaba bien ante los mayores, pero supongo que a los niños nos resultaba más sencillo percibirlo.
-¿Miedo? -había una incredulidad total en la voz de Yuuki. Si sus padres estaban vivos, ¿por qué su hermano iba a sentir miedo de celebrar su aniversario?
Ruka asintió y frunció algo el ceño.
-Disculpa si digo cosas que no debo.- ni siquiera yo sé por qué te estoy contando esto a ti, justamente.- Quizás son imaginaciones mías. Recuerdo especialmente una celebración, el año antes de que... perdierais a vuestros padres. Me mareé en el coche y llegamos algo justos a la fiesta. Mientras mis padres entraban y se disculpaban con el de Kaname... con el tuyo, yo estaba colgando mi abrigo en el cuarto de al lado. -apoyó la cara en las manos, con la mirada ausente.- Oí a la señora Juuri hablando con él en una pequeña habitación a oscuras. Parecía estar intentando convencerle de que saliera de su escondite y saludara a los invitados, al menos mientras se soplaban las velas. Kaname se negaba y había... terror en su voz. Decía que no quería celebrar su cumpleaños, que luego siempre soñaba con... -clavó la mirada en la pasmada Yuuki.-sangre y gritos, con cosas malas que querían llevárselo.
La voz de Ruka se desvaneció con suavidad, como si las últimas palabras se resistieran a abandonar el ambiente. Yuuki frunció los labios. Cosas malas que querían llevárselo... Como ella misma había soñado cuando la amenaza de Rido había vuelto a cernirse sobre ellos. ¿Kaname tenía pesadillas con Rido? ¿Por qué? ¿Qué le había hecho Rido?
"Prométeme que cuando te cuente qué me pasó, cómo me hicieron... lo que soy, intentarás recordar que te quiero".
Las extrañas palabras de su hermano en la discoteca acudieron de repente a su memoria, iluminadas en neón. Rido le había hecho algo a Kaname... Y Kaname tenía pesadillas la noche de su cumpleaños... Aún tenía pesadillas, como ella había podido comprobar en carne propia. Se llevó una mano al cuello, recordando cómo sus garras la habían arañado al despertar de su pesadilla, completamente desorientado. Había algo... siniestro en todo aquello. Algo muy malo. Se obligó a volver a mirar a la silenciosa Ruka, apreciando el gesto triste y dulce en su rostro normalmente huraño.
-¿Qué le dijo mi madre a Kaname? -se sentía como si estuviera hablando de una extraña.
Ruka alzó la mirada seria hacia ella.
-Le dijo... le dijo "esta noche podrás dormir con ella, así no tendrás sueños malos".- parpadeó, con los ojos brillantes.- Entonces no entendí lo que quería decir, pero ahora sí, creo que se refería a ti. Juuri le estaba diciendo que aquella noche podría dormir contigo para no tener pesadillas.-apretó los labios, decidiendo si debía arriesgarse a decir su opinión ante una purasangre. A juzgar por la expresión perdida de Yuuki, quizás no fuera una mala cosa.- Desde que supe que existías, cada vez que recuerdo aquella frase no puedo evitar pensar que es extraño que una madre le diga a su hijo asustado que puede dormir con su hermana en vez de ofrecerse ella misma para hacerle compañía.
Yuuki la miró con los ojos muy abiertos, pero no dijo nada ni tampoco manifestó ningún reproche por su insolencia. Ruka suspiró con alivio. Al menos, la joven parecía aceptar de buen grado las opiniones de los demás, lo cual la animó a continuar.
-Cuando Kaname y su madre salieron de aquel cuarto, pasando por delante mío, vi la cara de la señora Juuri. Parecía al borde de las lágrimas e hizo el gesto de rodear los hombros de Kaname, pero no llegó a abrazarlo, sólo le acarició el pelo. Tampoco lo entendí entonces. Ahora me doy cuenta de que parecía... distante. Y muy triste.
Yuuki la contempló en silencio, sintiéndose de nuevo como una espectadora ante lo que, a fin de cuentas, era su propia vida. Suspiró audiblemente, paseando la vista por la cocina sin apreciar realmente ningún detalle. ¿Cuál era aquel secreto de Kaname? ¿Qué le había sucedido en algún cumpleaños con Rido? ¿Y por qué su madre, si tenía que guiarse por las impresiones de una pequeña Ruka, parecía incapaz de consolarle debidamente? Los recuerdos que ella conservaba de Juuri eran borrosos, más bien eran sensaciones antes que imágenes vívidas. Calor... abrazos... sonrisas... juegos... y aquella mirada triste que era lo último que recordaba de ella. No parecían encajar con aquella mujer algo distante con su hermano que Ruka describía, y no es que tuviera motivos para desconfiar de la aristócrata. Su mirada dolida y nostálgica le aseguraba que decía la verdad tanto como las emociones que emanaban de ella. ¿Por qué aquel comportamiento distinto con los dos hermanos?
Un "¡tling!" agudo de la campanilla del horno, indicando que había finalizado la cocción del pastel, las sobresaltó a ambas. Las dos se miraron, rompiendo de golpe la conexión con sus recuerdos y aterrizando torpemente en el presente. Ruka se levantó, cogiendo de nuevo unas manoplas, y abrió la puerta del horno. Un agradable olor a masa caliente de chocolate se esparció por la cocina. Estiró la bandeja con cuidado y cogió los bordes del molde con precaución, depositándolo sobre los fogones de la cocina. Un esponjoso bizcocho de chocolate reclamaba atención a gritos en un molde redondo, prácticamente pidiendo que alguien lo probara. A pesar de sus recientes pensamientos oscuros, Yuuki esbozó una sonrisa.
-¡Vaya! Ha quedado muy bien. Si no fuera por tu ayuda creo que habría parecido una masa de cemento informe.
Ruka le devolvió una media sonrisa que no acabó de alegrar su expresión mientras colgaba los protectores en sus ganchos.
-De nada. Ahora sólo tienes que esperar a que se enfríe del todo para desmoldarlo. Si le pones algo de nata alrededor y unas virutas de colores quedará más vistoso. Suele haber nata montada en la nevera y en aquel cajón -señaló- encontrarás virutas.
-Ruka... gracias.- la voz baja de Yuuki era seria de nuevo, aunque había calor en sus ojos.
La noble la contempló un momento con fijeza, preguntándose por qué, a pesar de todo, no conseguía odiarla. Quizás porque le recordaba a un niño pequeño: molesto e irritante pero dulce y completamente inocente. ¿Quién podría odiar de corazón a alguien así? Asintió y recogió algunas galletas de un pote de cristal antes de retirarse de la cocina. De repente, se le habían quitado las ganas de comer nada más. Un súbito impulso la hizo girarse antes de marcharse.
-Yuuki... Si Kaname lo acepta, felicítalo de mi parte.
-Lo haré.
OOO
Kaname pagó las dos cenas al camarero con un solo billete, sin molestarse en recoger el cambio, y sostuvo caballerosamente la puerta a Seiren para salir. Respiró profundamente el aire frío de la noche, suspirando por poder pasar un rato al aire libre, solo. Quizás podía dejar el equipaje en su habitación de la Residencia Luna, cambiarse la ropa por algo más cómodo y pasar un buen rato en los jardines de la Academia. La idea le parecía más atrayente que pasar parte de la noche y el resto del día en vela en su habitación. Al menos, había ingerido café suficiente como para mantenerse despierto dos días seguidos. Porque de aquello se trataba cada cumpleaños. De no dormirse. De no soñar. Más bien, de no recordar.
La limusina estaba esperándoles puntualmente a la puerta del restaurante para llevarles de vuelta a la Academia Cross y Kaname se dejó caer en los asientos de piel, disimulando el cansancio. Cuatro días de consejos de administración soportando a Asato Ichijou en la mayoría de ellos era demasiado incluso para él. Apoyó el codo en el reposabrazos de la puerta y descansó la mejilla en la palma. Le dolía la cabeza y lo que más le pedía el cuerpo eran horas de descanso ininterrumpido. Justo lo que no podía permitirse. E Ichijou lo sabía, por supuesto. Estaba seguro de que había forzado la convocatoria de las reuniones para hacerlas coincidir con los días previos a su cumpleaños, sabiendo que no iba a dormir ni a descansar cuando llegara la fecha de su aniversario. Demasiados años viviendo bajo el mismo techo hacía que hubieran cosas que no había conseguido ocultarle. Además, claro, de que Ichijou había sido uno de los cómplices del retorno de Rido. Por fuerza tenía que conocer toda la historia.
Kaname tenía la acuciante sensación de que algo no cuadraba en los balances de sus cuentas que había estado estudiando aquellos días. Había algo que no estaba como debería. Pero no había podido analizarlo con calma y ahora no estaba en las condiciones mentales necesarias. Y también tenía la sensación de que Ichijou tenía algo que ver. Que le había preparado aquella maratón de reuniones justo antes de su cumpleaños, sabedor de que Kaname nunca dormía en aquellas fechas, para que no pudiera darse cuenta de lo que estaba mal. Se acarició la sien con la mano, intentando amortiguar los latidos de su dolorida cabeza mientras se dejaba acunar por el suave movimiento del coche. A su lado, Seiren dejó caer también la cabeza hacia atrás en el asiento y Kaname forzó una sonrisa, mirándola de reojo.
-Seiren, agradezco como siempre tu compañía. Ha sido lo más agradable de estos días.
Sorprendida por el cumplido, la joven morena volvió a sentarse recta.
-No suelo dar mucha conversación.- se excusó con un encogimiento de hombros.
-Precisamente por eso, y por tu lealtad, has sido lo mejor de estos cuatro días.-replicó Kaname en voz baja.- Descansa, por favor, aún tenemos un rato hasta la Academia.
La joven le dedicó una rápida sonrisa embarazosa antes de volver a reclinarse en el asiento. Charlas insustanciales que escondían puñaladas, palabras vacías, trampas verbales... Kaname lo sabía todo de esas situaciones, eran las que había vivido siempre. Bien, no siempre. Desde que sus padres habían sido asesinados. Por Rido. La noche de su cumpleaños. El segundo asesinato en la familia Kuran que podía imputarse a aquel hijo de perra.
Apoyó lánguidamente la cabeza contra el asiento, mirando hacia la ventana de cristales tintados. Debía ser de las pocas personas en el mundo que no celebraba jamás su cumpleaños. Normal. Primero tendría que aclarar de quién era el aniversario que se celebraba. Maldito Rido... La familiar mezcla de odio, rabia, miedo ante los recuerdos y autodesprecio que lo asaltaba siempre que no conseguía alzar las barreras mentales a tiempo volvió a invadirlo y apretó los puños con fuerza, clavándose las uñas. Sorprendido por el leve dolor, bajó la vista a sus manos, como si las viera desde una posición superior, extrañado al ver que formaban parte de su cuerpo. Su cuerpo...
Torció el gesto en una mueca amarga, sintiéndose cansado. No, más que cansado, enfermo. Enfermo de silencio, de angustia y culpabilidad reprimidas durante años, exhausto por tener que mantener toda aquella oscuridad a raya. Había decidido contárselo todo a Yuuki y que Dios se apiadara de él, incapaz de mantener la amargura controlada. ¡Era una persona, maldita sea! ¿Cuál? No lo sabía, pero sí tenía la certeza de que, a veces, necesitaba desahogarse. Y había llegado a aquel punto la semana pasada en la discoteca, cuando había creído por un momento que existía la posibilidad de explicárselo todo a la única persona que realmente le importaba y que su relación saliera indemne.
Pero era un estúpido, ¿verdad? Uno no confiesa que ha matado al hermano de esa persona y sale impune.
El conductor de la limusina encendió la radio. Los lentos compases de una vieja canción de los 60 llegaron con claridad a la parte trasera, aún a través del cristal.
Hello darkness, my old friend
I've come to talk with you again
Because a vision softly creeping
Left it seeds while I was sleeping...
Qué apropiado. Kaname volvió a perder la vista en la noche. ¿Qué podía decirle a Yuuki? ¿Cómo enfocarlo? Le había estado dando vueltas a posibles argumentos, a sutiles respuestas incluso durante las reuniones de aquellos días, pero su habitual diplomacia se quedaba corta. Simplemente, no había una manera buena de explicar aquello, no existía forma de endulzar la tragedia. La perspectiva de final feliz había sido una ilusión, un espejismo derivado de la alegría del ambiente. Aquellos días encerrado con tiburones de los negocios le habían devuelto la perspectiva. Ahora ya no sabía si el silencio era mejor al fin y al cabo.
And the vision that was planted in my brain
still remains
within the sound of silence...
Lo que más le molestaba había sido pedir al director que no dijera nada de su regreso a Yuuki, con la esperanza de encontrarla dormida y disponer de unas horas más para pasar aquella noche crítica, aquella noche de recuerdos sangrientos, y poder componer una sonrisa para celebrar el supuesto cumpleaños de Yuuki al día siguiente. Porque, a menos que consiguiera mantenerse despierto, las pesadillas, como siempre, volverían a arrastrarlo a aquel limbo de oscuridad, a aquella sensación de tener el alma partida en diminutos pedazos que podían desvanecerse, dejándolo convertido en un cascarón hueco.
In restless dreams I walked alone
Narrow streets of cobblestone
'Neath the halo of a street lamp
I turned my collar to the cold and damp...
Un leve suspiro alcanzó a abandonar sus labios a pesar de su fuerza de voluntad. La corbata le estaba asfixiando y la chaqueta del traje le apretaba los hombros. Se aflojó el nudo y se quitó la corbata, abriendo los botones de la camisa blanca, en busca de aire, y remangándose hasta los codos. Maniobrando en el espacio del coche, se quitó la americana y la depositó doblada pulcramente en sus rodillas. Mejor, pero seguía faltándole aire. De hecho, sentía el irrefrenable impulso de despojarse con rabia de todas sus ropas y seguir con su piel, con su cuerpo y con sus secretos, hasta quedar completamente libre de lastres, sólo él, desnudo de alma y completamente puro. Pero no existía aquella posibilidad, porque no había ninguna alma pura y entera en aquel cuerpo.
Notó la rápida mirada que le dirigió Seiren, captando probablemente algún eco de su agitado estado de ánimo, y se obligó a permanecer quieto en el asiento, fingiendo una postura relajada mientras el coche enfilaba la subida hacia a Academia.
But my words, like silent raindrops fell
And echoed
In the wells of silence…
El conductor paró la limusina justo a la entrada de la Residencia Luna y Kaname se forzó a contar unos segundos para no abrir las puertas antes de que frenara del todo. Murmuró un agradecimiento al chófer cuando éste abrió el maletero y depositó su maleta frente a él, para luego hacer lo mismo con la bolsa de Seiren. Subieron los escalones en silencio y entraron en el palacete, con sus suaves pisadas resonando en el vestíbulo vacío. Cargaron sus equipajes por las escaleras hacia los pisos de los dormitorios y, al alcanzar el primero, donde se encontraba la habitación de Seiren, Kaname se detuvo un instante. Había algo que sí podía decir y que ya había callado demasiado tiempo.
-Seiren… -la joven se giró, sorprendida de que él añadiera alguna frase más.- Nunca te lo había dicho pero… agradezco tu protección y tu vigilancia.-su mirada se volvió reservada, intentando contener las emociones.- No tienes por qué hacerlo, no tienes ninguna deuda que pagar ni ningún honor que lavar. Tu padre nunca podría haber impedido que Rido escapara de la vigilancia del Consejo la noche que… mató a mis padres. Todo el consejo maquinó para ponerlo en libertad. El guardián nunca podría haberlo impedido.
Los ojos de la joven se abrieron de pura sorpresa y algo se resquebrajó en aquella mirada almendrada. Algo de la chica huérfana de 17 años que era en realidad asomó a la superficie, borrando la fría y profesional mirada de la vigilante. Apretó los párpados, agachando la cabeza, y Kaname pudo ver cómo apretaba los puños. Tanto dolor por la obra de un demente apoyado por un Consejo de sanguijuelas… Dejó la maleta en el suelo y apoyó una mano en el hombro de Seiren, notando que temblaba.
-Tu padre dio la vida en su empeño.-su voz fue un suave susurro.- Por favor, no malgastes la tuya intentando protegerme para limpiar su nombre. No hay ninguna mácula que borrar. Ni tu padre ni tú tenéis ninguna culpa de lo que ocurrió.
Seiren respiró entrecortadamente un par de veces, tensándose bajo su mano, pero cuando levantó la vista hacia él sus ojos oscuros estaban secos y había una pequeña luz en ellos.
-Nunca me has preguntado por qué lo hago, por qué intento ser tu guardiana.
Kaname esbozó una media sonrisa de reproche.
-Lo sé. Es otra de mis culpas. No preocuparme por conocer de verdad a quienes me rodean, aún cuando sois de las pocas personas en las que podría confiar.-retiró la mano del hombro de la chica.- ¿Por qué lo haces, Seiren?
La joven morena sonrió. La primera sonrisa abierta que Kaname le había visto en todos los años que la conocía. Hizo destellear sus ojos y dibujó unos hoyuelos en sus mejillas, dándole el aspecto de una criatura traviesa a punto de confesar un secreto.
-Por ti. Porque la obediencia se puede imponer por miedo, pero el respeto y la lealtad sólo se pueden ganar con acciones. Y te has ganado la mía.
El purasangre se limitó a mirarla como si la viera por primera vez, como si aquella eterna sombra silenciosa hubiera cobrado de repente tres dimensiones. Dejó que la sorpresa y la modestia ante aquella inmerecida declaración se reflejaran claramente en su expresión, sin tapujos. Al menos, le debía aquello a Seiren. No podía devolverle a su padre, el guardián de los presos del Consejo, de los proscritos a los que la secta que había regido sus vidas decidía encerrar hasta que se pudrieran en el olvido. Aquella muerte era una de las facturas que Rido había dejado sin poderla cobrar jamás. Pero sí podía, a partir de ahora, intentar devolver a Seiren el calor que le había dado con aquellas palabras. Sonrió y le acarició brevemente la mejilla con el dorso de una mano, sin saber qué podía decir. Volvió a coger su maleta y emprendió la subida hacia su dormitorio.
-Kaname…
El puransagre se giró por encima del hombro. Seiren lo contemplaba con expresión seria de nuevo.
-No dejes que el resto de tu vida sea prisionera de lo que hizo Rido… Por favor.
La joven le dedicó una inclinación de cabeza y desapareció por el pasillo sin ruido alguno, como una sombra.
OOO
Kaname dejó la maleta en el suelo frente a la puerta de su habitación, suspirando. A pesar del café, sentía el cansancio y la tristeza pegados a sus huesos, acrecentado por las palabras de Seiren. Aguzó el oído y alcanzó a distinguir el quedo latido de un corazón en su habitación… Yuuki. ¿Qué hacía allí? ¿Quizás había estado durmiendo aquellos días en su cama, echándole de menos? El pensamiento le hizo sonreír. Un momento, ¿qué era aquel olor dulzón? ¿Chocolate? La leve sonrisa se volvió un tanto irónica y menó la cabeza. Qué te apuestas a que Yuuki se había llevado alguna tableta de chocolate a su habitación, dejando las sábanas llenas de migas. De verdad, lo de su hermana con el chocolate rozaba el pecado de la glotonería.
Giró el pomo de la puerta y recogió la maleta, empujando con cuidado para no despertarla. No iba a poder cambiarse de ropa sin hacer ruido, así que dejaŕía su equipaje en algún rincón y volvería a salir en silencio. Cuando se giró hacia el interior de la habitación se quedó de piedra, como si hubiera pasado a través de una cortina de hielo.
Su hermana estaba sentada a una pequeña mesita redonda que había puesto en el centro de la habitación, con dos sillas. Debía haberse quedado dormida, porque alzó la cabeza de los brazos que tenía apoyados sobre la mesa al oírle entrar, esbozando una soñolienta sonrisa de bienvenida. Llevaba puesto un bonito vestido de lana rojo, pendientes de bolitas negros y el pelo ligeramente recogido de la cara. La habitación estaba iluminada con algunas velas medio consumidas aquí y allá; en la mesita de noche, sobre el escritorio, encima del piano, en el centro de aquella mesa redonda junto a la cual esperaba una cubitera de pie con una botella de champán... También allí, frente a Yuuki, había dispuestas dos copas altas, platos de postre... y un pastel con las velas "1" y "9" dispuestas para ser encendidas. Yuuki se frotó los ojos y ensanchó la sonrisa.
-Bienvenido, Kaname, has llegado muy tarde.- se encogió de hombros en un mohín desenvuelto, paseando la mirada chispeante por la festiva mesa.- Feliz cumpleaños...
Kaname dejó caer la maleta al suelo con un ruido sordo e inspiró con tanta fuerza que el sonido se oyó en la habitación silenciosa. La ira, la frustración y la amargura que había venido sintiendo estallaron de golpe.
-¿Cómo demonios has sabido que es mi cumpleaños?- espetó rudamente, tirando el abrigo y la americana sobre el ordenado escritorio. Miedo... miedo a que ella supiera lo que ocultaba...
Yuuki parpadeó, dolida como si le hubieran atravesado el corazón con una lanza, y empezó a levantarse lentamente de la silla. El purasangre tenía apoyada una mano sobre el escritorio, completamente tenso, y los ojos habían empezado a adquirir un brillo peligroso.
-Kaname... escucha.-tragó saliva. No había esperado que reaccionara de manera tan violenta.- Sé que no lo celebras nunca. Lo... lo entiendo, ¿sabes? Hasta ahora no sabía que... que la noche en que... mataron a nuestros padres era tu cumpleaños. Es... es normal que no lo celebraras... -¿por qué estrechaba cada vez más los ojos?- pero había pensado que podíamos... podíamos hacerlo como un pequeño homenaje a ellos, para recordarles y para... celebrar nuestros aniversarios. Los dos solos... tranquilamente.
Tranquilidad era lo último que estaba sintiendo Kaname. La negra furia, el miedo y la inseguridad que emanaban de él eran casi ondas tangibles. ¿Por qué? ¿Tan... horrible le parecía la idea de recordar a sus padres de aquella manera? El purasangre avanzó lentamente hacia la mesa, con la mirada oscura fija en Yuuki. Se inclinó y se apoyó de golpe con las manos en el mantel con tanta fuerza que las copas saltaron, rodando por la superficie hasta caer al suelo, haciéndose añicos. Yuuki se encogió por dentro, genuinamente asustada. El 'crack' de los trozos de delicado cristal de Bohemia parecía una metáfora de lo que fuera que pasaba por la mente de Kaname.
-¿Quién... te lo ha ...dicho? -el purasangre la fulminó con la mirada a través de la mesa, pronunciando las palabras muy lentamente, como si le costara articularlas en vez de rugir de ira.
Yuuki dio un paso atrás, ahogada por las emociones de él. Sabía... tenía la certeza de que Kaname no iba a hacerle daño... ¿no? Pero aún así...
-No... no importa, Kaname. Sólo quería...
-¡DÍMELO!- el purasangre volvió a golpear la mesa con las palmas de las manos y, esta vez sí, se oyó el sonido de la madera al romperse. La mesa casi se partió por la mitad y el plato con el pastel se inclinó peligrosamente.
Las lágrimas empezaron a caer por las mejillas de Yuuki, que se abrazó a sí misma.
-¡El director! ¿Vale? ¿Qué te pasa? ¡Creo que tengo derecho a saber cuándo es el cumpleaños de mi hermano! ¡Y el mío también!
Un brillo carmesí empezó a cubrir lentamente la pupila de aquellos ojos almendrados y Yuuki vio asomar la punta de los colmillos entre los labios entreabiertos. ¡Oh, señor! El pánico hizo que se anticipara al movimiento de Kaname, estrellándose fulgurantemente contra la puerta de la habitación y girándose para enfrentarse a él. El purasangre ya había alcanzado la puerta y tenía la mano estirada para aferrar el pomo. Al encontrarse a Yuuki en su camino, rugió. La puerta de madera vibró y la joven pudo oír algún crujido.
-Sal de en medio, Yuuki.- siseó en voz baja.
Ella frunció el ceño, con el enfado abriéndose camino a marchas forzadas entre las oleadas de pánico. ¿Qué demonios le pasaba a Kaname? ¿Por qué siempre tenía que suponer como iba a reaccionar? ¿Por qué no le contaba las cosas que le afectaban? ¿Cómo se suponía que tenía tratarlo?
-¡No!-extendió los brazos delante de la puerta. Las lágrimas seguían corriendo libremente por sus mejillas, pero ahora eran más de furia que de miedo.- ¡Basta ya, Kaname! ¡Deja de culpar a los demás cada vez que alguien hace algo sin saber! ¿Cómo... cómo se supone que voy a entenderte si nunca me explicas nada?-meneó la cabeza, intentando despejar sus ojos.- ¡No sé cuándo es tu cumpleaños, no sé por qué tienes miedo de celebrarlo, no sé por qué reaccionas así, no sé por qué... por qué a veces hablas como si no fueras tú! ¡NO SÉ NADA!-le gritó a la cara- Y estoy harta de no saber... -la voz se le quebró en un hipido.- Estoy harta de hacerte daño sin querer...
Kaname apretó los puños, con el aura oscura ondulando amenazadoramente a su alrededor. ¿De hacerle daño? ¿A él? No era él quien estaba llorando ahora, él nunca podía llorar. La desesperación en los enormes ojos de Yuuki entreabrió la puerta a algo de razón en su cerebro. Qué egoísta era... Había esperado que ella pudiera aceptarlo sin saber, sin preguntar, hasta que se había dado cuenta de que no era posible, que no podía construirse una relación duradera en base al silencio. Había creído reunir el valor suficiente como para explicárselo todo, pero no era así. El miedo a perderla había sellado su boca y volvía a roerle el corazón como un cáncer. Pero de repente, la necesidad de hablar, de poder tener a alguien, a una sola alma en el mundo, que supiera cómo se sentía, lo sucio, vacío y perdido que se sentía, pudo más que el pánico. Sencillamente, parecía haber agotado la última gota de su capacidad de aguantar la vida en solitario.
La luz carmesí se desvaneció de su mirada y bajó la cabeza. Algunos mechones sedosos cayeron sobre sus ojos, ocultándolos. Hundió los hombros, derrotado, y a Yuuki le pareció que había envejecido cien años en un instante. Seguía percibiendo amargura e ira, pero ahora parecía que iban dirigidas a él mismo.
-Lo siento, Yuuki... -susurró, aún con la cabeza gacha y los puños apretados.- Lo siento... tantas cosas. Siento que tengas que sufrir por el silencio de un cobarde. Yo...
Su voz se apagó y Yuuki dudó si debía acercarse, tocarlo o consolarlo de alguna manera. Pero parecía que el esfuerzo que estaba haciendo por hablar era tan excesivo que podía apagarse ante cualquier nimio gesto. Guardó silencio, apoyada contra la puerta.
-Nunca... nunca celebro mi cumpleaños porque me parece una burla cruel.- alzó la vista, con una torturada mirada de condena y autodesprecio.- Me parece injusto celebrar un triple asesinato. El de tus padres... y el de tu hermano.
"Prométeme que cuando te cuente qué me pasó, cómo me hicieron... lo que soy, intentarás recordar que te quiero. Que, a pesar de que no tenga mucho más que ofrecerte, intentarás recordar que lo que soy es tuyo."
