SUMARY: Porque antes de que se formalizara su relación, pasaron cosas sin previo aviso.

Pareja principal: Yamato x Sora

Mención de parejas secundarias: Gabumon x Piyomon; Takeru x Hikari; Ken x Miyako; Patamon x Gatomon

Género: Drama & Romance

Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen, sino a su creador Akiyoshi Hongo.


WITHOUT WARNING

by: Atori


Domingo, 11 de octubre de 2009

12:00 AM

Abrió la postal y los ojos de Sora se abrieron de par en par. No escuchó de fondo, el inicio de las campanadas de medianoche, dando la bienvenida a un nuevo día, un día realmente inolvidable por lo que Sora leía…

Miró a Yamato, quién seguía con esa sonrisa risueña, donde viendo su reacción, supuso que habría leído lo que ponía.

-¿Te gusta?

¿Qué si le gustaba?

"Mi querida Sora, te regalo con todo mi amor un viaje en crucero por todo el Mediterráneo. Fecha de salida, 03 de agosto de 2010."

¿A qué idiota no le gustaba un viaje por el Mediterráneo?

Sin embargo…

Una parte de ella, la que no se rendía en que a pesar de la postal, estuviera escondida alguna clase de frase donde le pidiera matrimonio.

-¿No te gusta? –preguntó Yamato, viendo que estaba demasiado callada.

-¡Oh! ¡Sí! ¡Claro que me gusta, Yamato! ¡Me encanta! –intentando ser lo más convincente posible. Si no fuera por la desilusión de no escuchar la petición de matrimonio, se habría mostrado más maravillada-. Aunque, me parece que este año has despilfarrado mucho dinero con mi cumpleaños.

Yamato encogió los hombros.

-Aunque ya tengamos la mayoría de edad, en Japón no se considera hasta los veintiún años. Por eso, quería que fuera algo especial.

-Gracias, Yamato. De verdad –estirándose por encima de la mesa para agradecérselo con un beso en los labios.

El beso de agradecimiento, no tardó en alargarse y profundizarse. La excusa perfecta para subir a la habitación que tenían reservada y continuar demostrándose el amor que sentían mutuamente.

Separándose ambos jadeantes, sin importar la gente del restaurante, donde algunos les observaba sin ningún descaro, se miraron a los ojos, lanzándose el mensaje silencioso de subir y continuar con lo que estaban de una forma más íntima.

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07:43 AM

Un sonido estrepitoso sonaba por la habitación del hotel.

De muy mala gana, Sora tuvo que abandonar el mundo de los sueños, para volver a la realidad.

Primero, sintió dolor por todo su cuerpo.

Había pasado un momento demasiado fuerte y cadente con Yamato. De hecho, habían llegado más lejos que de costumbre y practicado alguna que otra postura del famoso Kamasutra.

Segundo, sintió frío no solo por la desnudez, sino porque al palpar en búsqueda de aquel objeto que le rompía los oídos, no encontraba la figura de Yamato a su lado.

¡Maldita sea!

A regañadientes, Sora encendió la lamparita de pared y ahí se encontró con el objeto maldito de los soñadores. Un pequeño y barato reloj-despertador con forma de gallo. Lo apagó con fuerza, desahogándose al mismo tiempo.

¡Maldito cacharro infernal!

¿Quién lo habría puesto?

¿Yamato?

Pero, ¿para qué?

-¿Yamato? –mirando hacia todos lados buscándolo adormilada.

Y lo encontró.

Y también se despertó por completo.

Sus ojos tan abiertos, observaban con asombro los cuatro grandes centros de rosas situados por toda la habitación. Al sentarse, para ver mejor, se encontró también con pétalos de rosas rojas por la colcha blanca.

-Feliz cumpleaños, Sora.

Y esas palabras la aturdieron. Incluso, a pesar de que eran casi las ocho de la mañana y dormido… unas tres horas más o menos… su cerebro trabajó a toda velocidad.

Desde las doce de ese día, y con el regalo del viaje, Yamato en ningún momento le había deseado "Feliz cumpleaños". Quizás fuera un detalle minio, pero por alguna razón, no podía pasarlo por alto.

Sora miró a Yamato confusa. Él ahí sentado frente a ella, con solo la bata de hotel, daba la impresión de haber estado ahí mucho tiempo a oscuras… ¿esperando a que el gallo cantara?

¿Por qué?

Viendo aquel rostro confuso, Yamato se levantó de la silla y se fue acercando hasta ella.

-El otro día llamé a tu madre para preguntarle a qué hora habías nacido. Muy madrugadora y muy propio de ti, las siete horas y cuarenta y tres minutos –rió con gracia y se sentó en la cama, cerca de ella.

-¿Acaso te has mantenido despierto para felicitarme? ¿Y sabiendo lo cansada que me has dejado, has puesto una alarma tan estridente? –señalando el despertador.

-El dejarte agotada, era una parte de mi plan. Sabía que no te dormirías tranquila, si yo me quedaba despierto hasta ahora. Y Taichi tiene unos libros muy interesantes –agregó con una sonrisa misteriosa-. La otra parte de mi plan es agradecer a Toshiko por haberte traído al mundo y cambiar mi vida por completo. Creo que si tú no estuvieras, mi vida se habría ido a la mierda y no habría conocido el auténtico amor. También quería agradecerte a ti –cogiéndole de las manos, viendo como ella le mostraba una sonrisa emotiva por sus palabras sinceras y tan llenas de cariño-, por todo lo que has hecho por mí durante estos años. Tu ánimo y tu sacrificio para que siguiera mis sueños. Créeme que lo que más me ha alegrado fue tu decisión de venir a estudiar conmigo aquí, a Estados Unidos. Hemos estado viviendo juntos los dos últimos años y han sido los mejores años de mi vida. Por eso –y Sora sintió algo pequeño y redondeado sobre sus manos cogidas y que estaba en poder del rubio. ¿Sería…? Los ojos de la pelirroja se llenaron de lágrimas-, no voy a hacer la pregunta tradicional –mostrando un anillo para colocárselo en el dedo anular-, porque ayer me percaté de tu espera impaciente a que te pidiera matrimonio –finalizando con una voz tan dulce como su mirada en esos momentos. Una imagen digna de grabar en la mente de la mujer, ya que estaba segura de que nunca tendría oportunidad de volver a verlo.

-Este es tu verdadero regalo de cumpleaños –completó Ishida.

Sora lloró de emoción y lo abrazó con fuerza.

-Nos casaremos después de graduarnos, ¿te parece bien?

-¡Claro! –asintió ella entre sus brazos, sin mirarle.

-Tendrá que ser antes del tres de agosto, que es cuando iniciamos nuestro viaje de luna de miel.

-¡Claro! –volvió a decir.

¡Un momento!

Se separó y lo miró, donde ahora él asomaba una sonrisa juguetona.

-Yamato Ishida, ¿debo pensar que no solo me has matado de angustia hasta las doce de la noche, sino que además me has dejado hecha polvo para despertarme a las ocho de la mañana para pedirme matrimonio?

-No irás a negar que jamás olvidarás tu cumpleaños y cómo te pedí que te casaras conmigo.

-De una forma muy retorcida –agregó ella con ironía-. Y que pienso cobrármelo -Atrayéndolo contra ella, Sora lo tumbó contra la cama, sentándose encima de él-. Y créeme, puedo ser muy vengativa.

-Creía haberte dejado cansada y dolorida –dijo el rubio, siguiéndole el juego.

-No cuando mi futuro marido tiene la caradura de hacerme sufrir y reírse a mi costa y luego despertarme tan temprano, sabiendo lo cansada que estaba. Voy a enseñarte ahora mismo –desanudándole el lazo de la bata- las consecuencias.

-Y si te dijera que esto también estaba dentro de mis planes –aludiendo que se había quedado con más ganas, a pesar de las cinco horas de sexo interrumpido.

-Entonces, señor Ishida, mi venganza será doble –susurró con una mirada tan maliciosa y sexy, que enseguida encendió al hombre.

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Domingo, 14 de febrero de 2010

-Sora esta carta también ya está cerrada –le dijo Piyomon, enseñándole el sobre donde en su interior contenía la invitación de boda a la familia Yagami.

Faltaban casi seis meses para ser la mujer de Yamato. Lo habían decidido, más bien, la mente fría de Yamato, había dispuesto que el día de su boda fuera el uno de agosto. Como no, en una fecha entrañable para los elegidos. No se quejaba, puesto que era la fecha perfecta para casarse. El uno de agosto donde se habían embarcado en una aventura mágica, pudiendo conocerse más uno del otro. El uno de agosto habían dejado de ser simples compañeros de colegio, para comenzar como los mejores amigos. Luego todo había ido evolucionando de manera lenta y en ocasiones, con momentos llenos de dolor y sufrimiento no solo para ella, sino también para él.

Se echó para atrás y cerró los ojos, dejando que todos los recuerdos del pasado la invadieran. Habían superado tantas pruebas juntos que ahora estaban a un paso de ser felices para siempre. Aunque… y amplió su sonrisa, mientras acariciaba sutilmente su barriga engrandecida.

-¡Ya hemos vuelto! –anunciaba el rubio, y Sora dejó de acariciar con cariño la barrera que separaba la nueva vida que crecía dentro de ella.

Dulce y querida venganza, se dijo para sí misma, sin olvidar la forma tergiversada que había tenido para pedirle matrimonio.

-¿Cómo estás? –le preguntó Yamato con un semblante tan serio, como si algo amenazara su vida.

-Un poco mejor. ¿Y mis chocolates? –buscándolo con la mirada. Gabumon los tenía bien a la vista, todo lo contrario a su futuro marido.

-¿Estando bulímica, crees que es aconsejable comerlos? –inquirió Yamato.

Piyomon miró para otro lado, para contener la risa. Ella era la única que sabía la verdad y los planes de Sora. Pero mentirle también a Gabumon, que al igual que el rubio, estaba preocupado por la salud de su amiga, la hacía sentirse mal.

Pero Sora se lo había dicho. Gabumon sabía que Yamato planeaba pedirle matrimonio, aunque primero la haría sufrir. Por eso mismo, ella también le confío la verdad de que realmente estaba embarazada. La propia Sora se había enterado cuando ya llevaba tres meses, que le pareció apropiado esperar hasta una fecha simbólica para ellos, para decirle la verdad. Hasta el momento, le diría que estaba bulímica causado por el estrés para justificar su gordura.

Y ese día por fin había llegado. Por fin dejaría de mentir a Gabumon y tratar de contener la risa.

-Ten, toma. Feliz San Valentín –escuchó cómo le decía Gabumon.

Piyomon lo miró todo tímido, que le pareció una dulzura.

-Gracias, Gabumon –le respondió la avecilla con una enorme sonrisa.

Al seguir en América, se habían visto obligados a seguir sus costumbres, donde ahora era el hombre quién regalaba a su pareja, prescindiendo del Día Blanco. Algo que a Yamato y hasta a Gabumon no les importaba.

-Pues como no me des mi chocolate, me como el de Piyomon –amenazó la pelirroja.

Y aunque la digimon podía apreciar la broma tras sus palabras, se sintió temerosa de que cumpliera con lo dicho.

-Gabumon, mejor dejémosles solos –puede que Sora no estuviera bulímica, pero sí tenía algo llamado antojos, donde en una hora determinada, tenía la gana de comerse un helado de caramelo con trocitos de nueces por encima. Un postre difícil de encontrar en pleno invierno.

Que Piyomon arrastrara a Gabumon para dejarles solos, era algo que a Sora le parecía perfecto. Todo iba de acuerdo según su planeado. Y si no se equivocaba, ahora Yamato se molestaría por no tratar de luchar contra su enfermedad.

-¡Sora, debes controlarte! ¡Maldita sea! ¡Me molesta que no quieras ir al hospital para que te miren y te curen!

¡Bingo! Si es que era de esperar.

Quizás era algo cruel decirle que estaba bulímica, cuando en realidad estaba embarazada, pero por eso, se había ocupado en decírselo aquella misma mañana, antes de ir a la biblioteca. Tampoco sería tan despiadada en que Yamato creyera durante semanas una enfermedad tan seria.

Y bueno, también hora de tocar a su fin. Ya había cumplido parte de su venganza. Sonrió clandestinamente. La siguiente sería dentro de unos años, en algún momento inesperado de la vida.

-Yamato –amontonando las cartas con las invitaciones-, esto no tiene cura. Pero tranquilo que en el día de nuestra boda, volveré a estar normal.

-¡SORA! –gritó exasperado- ¡ESAS COSAS NO SE CALCULAN!

-Oh sí, cariño –contestó mirándole con una sonrisa despreocupada de oreja en oreja-, dicen que solo son nueve meses.

-¡SORA TIENES BULIMIA! ¡NO ESTÁS EMBARAZADA!

Y ante esas palabras, Sora no pudo evitar estallar en carcajadas.

-¡Joder! –alucinado por su actitud, que le daban ganas de romper algo- ¡¿Y te ríes?!

Tratando de contener la risa, Sora se levantó para estar a su altura. Con la dulce inocencia marcada en su rostro, le cogió la extremidad superior derecha y la llevó hasta su barriga pronunciada.

La furia de Yamato poco a poco fue desapareciendo para dar paso al asombro. Sobre su mano sentía algo. Miró la barriga, luego a Sora, quién seguía sonriendo. De nuevo su barriga.

-¿Estás…? –comenzó. Pero la incredulidad le impedía completar la frase.

-Parece mentira que seas tan despistado y no te des cuenta de que hubo una vez que no tomamos precauciones. La segunda vez, durante mi cumpleaños.

Aquel día no solo una vida había cumplido años, sino que se insertó la semilla para que una nueva vida germinara.

-Pero… -mirándola con los ojos abiertos de par en par-, ¿por qué me dijiste que estabas bulímica?

Sora rió inocentemente y le susurró cerca del oído.

-Venganza, cariño.

Y Yamato sintió un escalofrío por esa vocecita tan bajita, pero cargada de erotismo. Y fue suficiente para no enfadarse con ella por haberle mentido.

-Manipuladora –la acusó y después la abrazó con fuerza y cariño-. Pero, ¡me haces feliz de saber que pronto seré padre! –la separó para mirarla con cariño- ¡Te quiero, Sora!

-Yo también, Yamato –sellando su amor en un dulce y tierno beso.

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Martes, 22 de junio de 2010

En un martes soleado, dando comienzo la estación más caliente del año, nacía la primera hija de Yamato y Sora. Había nacido antes de la fecha fijada y al igual que su madre, a una hora temprana, las seis y cuarenta y cinco de la mañana.

La pequeña con su tez blanca y sus cabellos claros tenía los indicios de parecerse más al padre que a la madre.

Su nacimiento ocurrió en Nueva York, en el mismo piso de alquiler con Yamato, Gabumon y Piyomon como únicos seres para atender a la pelirroja. Había ocurrido todo tan de repente y de improvisto, que para cuando había llegado la ambulancia, solo habían tenido que transportar a la madre feliz y a la pequeña, para procederles los cuidados post parto en el hospital.

Aquella alegría se había intensificado cuando segundos después del nacimiento de la preciosa niña, había aparecido mágicamente un digihuevo rojo con círculos rojos. La niña bien atenta y como si comprendiera lo que era, con sus pequeñas manitos lo había tocado y la cáscara se rompió al instante. Un nuevo digimon también nacía, emocionando a Gabumon y a Piyomon. El nuevo digimon, una Nyokimon, miraba con una sonrisa feliz a la niña y luego a los dos digimons que estaban al lado. Sonriendo ampliamente, dio un gran salto hacia Gabumon, pronunciando sus primeras palabras.

-Papá.

La creciente emoción del digimon azulado era imposible de describir. Sintiéndose dichoso, cogió a la pequeña digimon, abrazándola con el cariño paternal, entendiendo cómo debería sentirse su amigo de ser padre.

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Domingo, 01 de agosto de 2010

Todo era emoción y alegría, lo típico de las bodas. Y como en cualquier boda, no podían prescindir de las lágrimas emotivas de las mujeres como si estuvieran ante una película con un final feliz.

Mimi y Miyako eran las más notorias. Pero Miyako era reconfortada por su prometido, Ken Ichijoji, mientras que Mimi, como madrina de la novia era vista por casi todos invitados. Taichi, padrino del novio, la miraba y soltaba risas disimuladas.

Las tres únicas digimons hembras que habitaban en la iglesia, también mostraban su emoción, así como su participación en la boda al ir vestidas elegantemente. Desde la boda entre Hiroaki y Natsuko, Gatomon se había quedado con las ganas de vestir elegantemente, que ya había amenazado que se vestiría ya fuera en su forma de gatita o de ángel. Finalmente, tuvo que conformarse con su forma de gata, porque de lo contrario, llamaría más atención que la novia y también porque Patamon no quería. Demasiados hombres detrás de su pareja, afirmaba el digimon mamífero para sí mismo.

Piyomon, como fiel amiga de la novia, no podía evitar vestirse elegante para la ocasión. Tenía que aprovecharlo, ya que además Gabumon también se había vestido con una graciosa chaqueta negra con camisa y pajarita, donde en contraste con su vestido rosa y blanco, ellos también podrían pasar como una segunda pareja de recién casados. Emocionada ante esa idea, atrajo hacia sí a Nyokimon que reposaba en sus brazos.

La misa era tan larga y tediosa, que Yamato no podía evitar murmurar cada dos por tres hacia Taichi sobre cotilleos de sus amigos, siendo sus respectivos hermanos el preferido por ambos. Quería que llegaran a la parte importante de marido y mujer. ¿Por qué el cura se enrollaba tanto si la mitad de lo que decía no lo atendía nadie?

Con cierto disimulo, Yamato miró hacia atrás, los primeros asientos donde estaban la familia más allegada de los protagonistas del evento. En el lado izquierdo, estaban Piyomon con Nyokimon en sus brazos, Gabumon, Takeru haciéndose cargo de su pequeña Natsumi, Hikari, Gatomon y Patamon. Centrándose en su hermano y Hikari, en esos momentos daba la impresión ser una familia bienaventurada. Todavía no podía creer que su hermano siguiera de amigo con Hikari. A ver si con su boca, le echaba agallas y le pedía salir a Hikari.

En el lado derecho de la iglesia, se encontraban sus padres y los de Sora. Toshiko se sumaba al grupo de mujeres emotivas por el evento, mientras que Haruhiko miraba con cierta pena a su hija. La única hija que tenía y que ahora estaría en poder de otro hombre, de él. Mirándola a ella, no podía reprimir su impresión. Estaba tan bella con aquel kimono blanco tradicional, que él con su kimono negro y gris, parecía la consagración entre la luz y la oscuridad.

-Yamato Ishida… -el rubio prestó atención. Por fin llegaban a la parte interesante- ¿quieres tú a Sora Takenouchi, para amarla y respetarla, en la pobreza y en la riqueza para siempre?

-Sí, quiero –contestó mirándola con una sonrisa.

Ella le miró con alegría infinita.

-Y tú, Sora Takenouchi, ¿quieres a Yamato Ishida, para amarlo y respetarlo, en la pobreza y en la riqueza para siempre?

-Sí, quiero –contestó.

-Por el poder que se me otorga –a punto de concluir-, yo os declaro aquí y ahora marido –señalando al novio- y mujer –y después señaló a la novia-. Ya pueden besarse.

Su beso como acto concluyente de la misa, hizo que todos estallaran en júbilo y fuertes aplausos que Yamato y Sora ignoraron, así como los continuos flashes de las cámaras que grabarían su momento, para que en el futuro pudieran recordarlo con cariño.

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Domingo, 24 de abril de 2011

La vida de Yamato y Sora como casados transcurría viento en popa.

Establecidos en Japón permanentemente, la pareja de casados, solo tenía un problema: el trabajo del rubio.

Como japonés que era con un compañero digital y su buena dedicación al trabajo, le habían dado la oportunidad de ejercer como supervisor general de la estación espacial en Japón. Sin embargo, tendría que viajar a América para realizar viajes espaciales con el propósito de llamar la atención de la gente del mundo. Pues, ¿qué más insólito era el hecho de un humano y un digimon en el espacio exterior?

Pero hoy… aquel domingo… aunque era su día libre por naturaleza, a veces, y muy raras veces, surgía alguna llamada para que acudiera al trabajo por alguna razón estúpida.

¡Hoy no!

¡Hoy era sagrado!

¡Hoy era su cumpleaños!

Y como cumpleañero, se dedicaba a preparar los suculentos platos que tomarían ese día.

No trabajaba en la empresa, pero lo hacían trabajar.

Le reconfortaba saber que era porque era mejor cocinero que Sora.

Yamato escuchó el sonido de un lápiz caer. Asegurándose de que la carne no estuviera en peligro de quemarse, se ausentó unos segundos, para saber qué había sido. Sonrió, imaginándose lo que podría ser.

Y encontró la razón. Su pequeña Natsumi jugando con los utensilios de diseño de Sora. Si algo caracterizaba a su hija es que era tan despierta, tan inquieta y feliz, que si se parecía a él, solo era en el físico.

-Venga, Natsumi, deja eso. Luego, mamá te castiga –la reprendía Gabumon, siendo el único canguro de la niña.

Piyomon estaba muy ocupada en hacer lo mismo pero con Nyokimon. Tan parecidas la bebé digimon y su hija, que no quería pensar en cómo serían cuando crecieran.

¡Hermosa como su padre!

Se dijo egocéntrico.

Viendo como su hija parecía jugar al gato y ratón con Gabumon, como su amiga digital con Piyomon, mareándolos con risas, provocó que soltara un suspiro pesado.

-Os echaría una mano con gusto –rascándose la nuca-, pero tengo la comida al fuego.

-Tranquilo… -dijo Piyomon, tras caer de bruces por culpa de uno de los juguetes de la niña que andaba por el suelo. El mirar a Yamato, fue lo que provocó que no viera el objeto que había en el medio. Nyokimon tras verlo, se quedó en el sitio y comenzó a dar saltos, mientras se reía-. ¿Podrías llamar a Sora, por favor? –estaba claro, que no podrían ocuparse Gabumon y ella de las dos terremotos. Ya incluso con Nyokimon necesitaba la ayuda del digimon azulado para poder controlarla.

-¿Y luego? ¿Se ha largado dejándoos con semejante… batalla? –ya que otra cosa no podría relacionar el juego conjunto de Natsumi y Nyokimon.

-Pues no sé –contestó Gabumon, tras coger a la niña, pero con sus pequeños bracitos comenzó a darle suaves golpecitos, para que la soltara. Gabumon rindiéndose, lo hizo y la niña volvió a escapar y a reír con gracia. El digimon suspiró cansado y siguió explicándole a Yamato-. Estaba aquí con nosotros, viendo la televisión, el programa ese infantil que dejan embobadas a Natsumi y a Nyokimon. Pero vino la publicidad y claro, se descontrolaron. Piyomon y yo nos hicimos cargo de Nyokimon, mientras que Sora de Natsumi.

La pausa de Gabumon, fue la excusa para que Yamato echara un rápido vistazo a la comida que estaba al fuego.

-Y entonces, un anuncio hizo que Sora se quedara de piedra. Nos dijo que tenía algo que comprobar y que vigiláramos a Natsumi –finalizando aquella historia que seguía estando en modo continuo.

-¿Qué anuncio? –preguntó con ligera preocupación y extrañeza. Un anuncio capaz de hacer desatender a su hija, tendría que ser muy importante. Pero, ¿qué anuncio era importante? Todos eran un lavado de cerebro para que compraras su artículo, con numerosas ventajas que al final, la mayoría, eran falsas.

-El de Tampax –fue Piyomon quien respondió.

Yamato abrió los ojos. ¿Qué había de importante en un anuncio de tampones?

Yamato olió a chamusquina y fue volando hacia la cocina para apartar la carne del fuego.

¡Uff!

Un poco más y quemaba la casa.

Observándola, vio que estaba un poquito negra, pero si se quitaba, sería comestible. Como experto en la materia, aquello sería un juego de niños.

Pero lo haría luego.

Quitándose el delantal y asegurándose de que todo estuviera apagado, buscó a Sora, para saber qué pasaba.

La encontró en el baño y que miraba algo con gran sorpresa.

Más sorprendido era él por encontrarla sentada en la tapa del váter con los ojos fijos en un raro aparato alargado.

-Sora.

-¡Ah! –sobresaltándose. Ni su llegada había sentido.

-¿Qué pasa?

-Ah… pues… -volviendo a mirar aquella cosa, así como después su reloj con impaciencia- nada… creo… -dijo después no muy convencida de ello.

-¿Sora? –acercándose a ella. Por lo menos, quería saber qué estaba mirando. Pero le parecía un misterioso aparato blanco de plástico que tenía dos especie de ventanitas y nada más- ¿Qué es eso?

-…

-¿Qué es?

Y justo una de las ventanitas se puso mágicamente de un color rosado. Para Yamato, aquello seguía siendo un misterio, pero para Sora significó algo muy importante, ya que sus ojos comenzaron a brillar con amenazas de derramar lágrimas.

-Sora… -e iba a insistir en qué le dijera lo que le pasaba, pero su mujer se adelantó.

-Yamato, aunque te daremos los regalos después de comer, yo no puedo a esperar una hora para darte este tan hermoso –y le miró con una gran sonrisa-. No sabía hasta ahora, que tenía un retraso de cuatro semanas. Me acabo de hacer la prueba de embarazo –mostrándosela-, ¡Y ha salido positivo! –levantándose para abrazarlo- ¡Yamato estoy embarazada!

Y si antes Sora había estado estupefacta por la noticia, ahora lo estaba él por semejante regalo que le hacía.

Un hijo…

¡Iba a ser padre otra vez!

-¿Yamato? –viendo cómo no respondía a su gesto afectivo.

Entonces, la miró y lentamente fue asomando una sonrisa.

¡Padre de nuevo!

¡Iba a tener otro hijo con Sora!

¡Una noticia en el día de su cumpleaños!

E inesperadamente, el gesto que antes no le brindó, lo hizo ahora mismo con la fuerza de una gran emoción.

-¡No has podido dar mejor regalo que este! –separando su rostro de su cuerpo, para besarla en recompensa. Tan feliz estaba que volvió a abrazarla contra sí.

Sora rió por su comportamiento.

-Solo espero que no salga igual que traviesa que Natsumi.

-Si es niño, ten por seguro que pondré mano dura.

-¿Y si es niña? –preguntó Sora sin parar de reír por sus palabras.

-Pues Gabumon y Piyomon nos dejaran solos ante el dúo maravilla que será.

Sora estalló a carcajadas, entendiendo que Yamato podría ser un padre autoritario, pero nunca con sus hijas que las consideraban como sus princesitas.

-Pero yo nunca te dejaría –susurró el rubio, mirándola con dulzura y la solemne promesa de cumplir su palabra.

-Yo tampoco –devolviéndole el tono y el gesto.

-Te amo y te amaré para siempre.

-Incluso más allá de la muerte.

Porque, aunque siguieran ocurriendo cosas sin previo aviso, ellos seguirían superándolas. Su amor se había vuelto tan fuerte que harían leyenda.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

Y la gente preguntará, ¿un continuará cuando la historia ya está concluida? Pues sí, tenéis razón. La historia está concluida, pero habrá un epílogo, un epílogo muy especial y que será publicado el 24 de diciembre, donde además, los hechos del epílogo se celebraran en ese mismo día.

Algunos pensarán, será para hacer lo que falta, unir a Takeru y Hikari… ¡PUES NO! ¡LO DE ELLOS YA ESTÁ CONCLUIDO! Jejeje. Ya veréis qué sorpresa.

Y como el anterior capítulo, está sin revisar (las faltas de ortografía, eso sí, por supuesto) y aunque he recibido pocos reviews, a esas dos personas: Lord Pata y a Ivymon les doy las gracias de manera especial e infinitas por tomarse la molestia de dejar un review. Gracias por seguir la historia. Os lo agradezco de corazón.

¡HASTA EL DÉCIMO ANIVERSARIO SORATO!

'Atori'