Saludos desde Ecuador para mis lectores.
Es sábado de actualización y aunque llego tarde, vengo para compartir con ustedes el capítulo 11 de esta historia.
Agradecimientos para todas las personas que disfrutan leyendo mi fic y también para quienes me apoyan con sus comentarios Gracias a Suki90, Hikaru Kino88, Kumikoson4 y Pegasasu No Saya por sus reviews.
[Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012
Escrito en Ecuador por Kazeshini
CAPÍTULO 11: ¡MAESTRO CONTRA ALUMNO!, ¡DIOS CONTRA MORTAL!
==Santuario de Atenea. Casa de Virgo==
—¡'Revolución de Polvo Estelar'! —exclamó con autoridad Mû, con una potente voz que hizo eco en la vacuidad del Sexto Templo.
Una innumerable cantidad de proyectiles de energía luminosa se dirigieron veloces hacia el consternado Caballero de Aries, quien todavía intentaba asimilar el regreso a la vida de su apreciado maestro.
—¡'Muro de Cristal'! —gritó Kiki regresando a la realidad al reaccionar tardíamente, erigiendo así el clásico muro trasparente que lo defendería. Sin embargo, este se hizo añicos al contacto de la técnica del antecesor de Aries.
El joven de cabello castaño rojizo fue vapuleado violentamente por los destellos luminosos del enemigo.
—Los años no pasan en vano. Has crecido mucho, Kiki —comentó Mû con su clásica actitud tranquila—, pero aún te falta mucho para alcanzar mi nivel. A este paso morirás sin duda —sentenció acercándose a su antaño alumno, quien se encontraba tendido boca abajo en el piso, esforzándose por levantarse.
—Sin duda es usted, maestro. Un poder tan grande, solo podría pertenecer al legendario Mû de Aries…
Al levantar a mirada, el joven lemuriano notó que su mentor usaba una peculiar armadura. Por su diseño era obvio que se trataba de la armadura de Aries, pero esta era de color blanco, casi plateado. Aún con su vasta experiencia en la reparación de armaduras, Kiki nunca antes había visto un ropaje albo como ese.
—Hace tiempo que dejé de ser tu maestro —declaró tajante el de cabellera violeta, para luego posar la palma de su mano en la espalda de su antaño alumno. Una enorme cantidad de energía fue liberada en forma de un impulso de luz dorada, el cual destrozó completamente el piso de la Casa de Virgo.
—Para mí usted siempre será mi maestro… Aunque ahora luche del lado de la maldad, lo seguiré respetando —confesó el más joven desde la nada. Se había teletransportado a corta distancia antes de recibir el ken.
El Santo de Aries apareció repentinamente a pocos centímetros de su contrincante, dispuesto a propinarle un fuerte golpe en el rostro. La reacción de Mû fue defenderse erigiendo su 'Muro de Cristal' como escudo, pero grande fue su sorpresa cuando el Dorado lo destrozó con tan solo la fuerza física de su puño.
—¡No puede ser! ¡Tan fácilmente el 'Muro de Cristal' se ha…!
No pudo terminar la frase. El castaño lo calló de un terrible puñetazo en el costado de la faz. La increíble fuerza de la agresión envió con violencia al hombre en armadura blanca hacia el Jardín de los Sales Gemelos.
—Le devuelvo la bienvenida que me dio, maestro. No considere ese golpe como una falta de respeto, sino como un saludo de mi parte —le dijo sonriendo con gran seguridad—. No subestime a su sucesor.
—No lo haré más, Kiki —respondió el agredido, levantándose entre las flores—. Admito mi error. Así que desde este momento pelearemos como iguales…
==Santuario de Atenea. Casa de Tauro==
Mientras Atenea y siete de sus Santos Dorados se elevaban lentamente hacia la Maravilla Suprema, Viracocha avanzó raudo para detener aquella ascensión. Apenas se encontraba en la entrada del Segundo Templo.
—No tendré problemas en alcanzarlos si apresuro un poco más el paso —afirmó seguro de sí mismo.
Justo cuando se internaba en la negrura de Tauro, una intensa arremetida luminosa lo obligó a detenerse y protegerse con los brazos.
—«¿Por qué a todos les da por atacarme sin que siquiera los provoque? —pensó contrariado el hombretón, esforzándose por buscar con la mirada a su atacante—. Los humanos de esta época son tan impulsivos».
—Nunca imaginé que tendría que pelear solo contra un dios en mi primera misión como Caballero Dorado —declaró el recién llegado Aldebarán sin muchas ganas, tras salir de las sombras—, pero si no tengo más opción, pues lo haré.
—Lo siento, pero no puedo quedarme a pelear contigo —replicó cortésmente Viracocha—. Debo detener el ascenso de tu diosa y tus compañeros. Así que espero que tengas la amabilidad de dejarme pasar.
Al Santo de Tauro le extrañó la buena actitud del dios.
—Eres raro. Yo imaginaba que un dios sería arrogante y prepotente —comentó el joven de melena alba, colocando la enorme caja de pandora de su armadura dorada en el piso—, o por lo menos creí que se burlaría de mi tamaño y apariencia.
—Admito que sí me extrañó que un muchacho tan pequeño y de aspecto débil como tú, intentara ponerse en mi camino —replicó solemne la deidad—, pero mis milenios de existencia me han enseñado a respetar a los humanos sin importar su apariencia. Además, no debe ser coincidencia el que pertenezcas a la orden más poderosa de los Caballeros de Atenea.
Aldebarán reaccionó con decepción y cansancio a las palabras de su interlocutor.
—Me has desanimado a pelear. No eres el villano que esperaba que fueras. Ahora me costará atacarte en serio —comentó desmotivado el Santo, dando un suspiro de desánimo—. Pero, si me toca pelear… qué más da, pelearé.
—Te lo pedí de favor. Apártate de mi camino o no responderé por mis acciones —amenazó el de cabello verde un poco más severo.
La reacción del joven fue colocarse en la clásica posición de ataque de los Caballeros de Tauro: Los brazos cruzados. El aura dorada que cubría su pequeño cuerpo se expandía poco a poco.
—Es curioso que quieras detenerme sin siquiera portar una armadura, Caballero.
—Me llaman Aldebarán de Tauro. Y esta es la técnica más poderosa del Santo guardián de la Segunda Casa… ¡'Gran Cuerno'!
Tras el grito del nombre de la técnica, al dios le pareció vislumbrar a un imponente toro dorado escoltando a Aldebarán. Tras esto, un potente destello dorado fue liberado y se dirigió directamente contra su objetivo, quien se vio obligado a extender ambos brazos y cargar su cosmos en ellos para intentar detener el mortal ken.
—¡Increíble! ¡Es la técnica más fuerte que he tenido el honor de presenciar! —se asombró Viracocha, haciendo un esfuerzo por contener la arremetida con las manos desnudas.
Solo encendiendo su cosmos divino, la deidad fue capaz de ahogar el ímpetu de la agresión.
—Imaginaba que algo así no funcionaría contra un dios.
Tauro observó con fastidio la caja dorada a su costado.
—No me agrada la idea, pero tendré que usar mi armadura.
El recipiente contenedor se abrió, revelando la majestuosa armadura dorada de Tauro. La efigie del toro lucía impecable, como si aquel object no hubiese sido invocado en años.
—No te ofendas, Aldebarán. Pero no creo que puedas vestir esa enorme armadura —resaltó extrañado el más alto y fornido—. Se ve muy grande para ti.
—Entonces tendré que despertar mi Séptimo Sentido antes de portarla…
==Santuario de Atenea. Casa de Virgo. Jardín de los Sales Gemelos==
Miles de pétalos de cerezo danzaban gráciles con el viento. El tranquilo Jardín de Sales se veía más hermoso que nunca, al ser bañado por los residuos de luz que desprendía la Maravilla Suprema.
—Ahora me demostrarás si eres digno de vestir la armadura dorada de Aries —declaró Mû, elevando poco a poco la fuerza de su cosmos.
—¡Maestro! ¡¿Por qué ha vuelto como sirviente del mal?! —preguntó alterado el joven lemuriano—. ¡¿Y por qué viste esa armadura blanca?!
No recibió respuesta.
Aquellas preguntas produjeron un silencio absoluto entre ambos. Silencio durante el cual los contendientes descifraron las intenciones en los ojos del otro. Se conocían tan bien que no había necesidad de palabras entre ellos. Kiki y Mû pensaban hacer exactamente lo mismo a continuación:
—¡'Extinción de Luz Estelar'! —exclamaron ambos guerreros al unísono, para después liberar aquel poderoso ken del Santo de Aries.
Era la primera vez en la historia que colisionaban estas técnicas. El choque de ambas 'Extinciones' resultó en una distorsión de dimensiones, manifestada en una especie de pequeño agujero negro que se formó en el centro.
El fenómeno resultó devastador y consumía lentamente todo a su alrededor. Las plantas, los pétalos de cerezo y hasta el mismo viento, eran devorados sin dilaciones.
—¡Nos consumirá a ambos! —advirtió nervioso Kiki—. Antes de morir aquí por lo menos quisiera saber el porqué de su regresó —inquirió aún luchando por controlar la inimaginable cantidad de energía que seguía liberando con ambas manos.
—Morrigan, la diosa celta de la muerte, fue quien nos revivió y nos otorgó el poder para deshacernos de ustedes. Gracias a ella pudimos ser liberados de la prisión en la que nos encontrábamos a causa de los dioses griegos —explicó Mû, esforzándose también por incrementar la fuerza de su arremetida. Él también extendía frenéticamente ambos brazos para controlar el flujo de luz.
El nivel de poder desatado era exactamente igual por parte de ambos. Cualquier error o distracción habría causado un desbalance fatal. Claramente ambos expresaban el Séptimo Sentido en su máximo esplendor.
—¡Entonces ahora que sé que usted lucha por el mal, no puedo dejar que me venza!
—Lo siento Kiki, pero esto se acaba aquí y ahora…
El Santo Blanco retiró una mano y concentró gran cantidad de energía en ella, mientras que con la otra seguía reforzando su 'Extinción'. Mientras Kiki luchaba desesperadamente por reforzar la energía de su ken con ambas manos, su maestro hacía lo mismo pero con una sola extremidad.
—'Revolución de Polvo Estelar'.
El antiguo maestro de Jamir consiguió un prodigio jamás antes visto: Ejecutar dos técnicas doradas a la vez, una con cada mano. Incrédulo, Kiki vio acercarse la tremenda cantidad de poder combinado, que para ese entonces ya había disipado por completo la distorsión dimensional y su única técnica.
==Santuario de Atenea. Casa de Tauro==
En un parpadeo, el cosmos de Aldebarán se había elevado hacia niveles insospechados. El dios inca observaba impresionado el rostro del muchacho, que para entonces mostraba un perturbador trance con los ojos en blanco.
—En serio no tengo tiempo para esto. En otro momento me mostrarás tu verdadero poder, Aldebarán —le comunicó, sin esperar recibir respuesta.
Impaciente, el dios intentó pasar de largo dispuesto a detener a Atenea, pero grande fue su sorpresa cuando la energía que emanó de pronto el Caballero Dorado, lo envió violentamente hacia el lado contrario.
—¡¿Pero que es todo ese poder tan grande que siento en este joven?! —declaró alarmado.
Aldebarán se convulsionaba de manera horrible. Sus pequeños músculos se contraían y se retorcían para luego aumentar violentamente de volumen. En medio del trance, el joven Santo no podía controlar sus desgarradores gritos de dolor.
Cuando la conmoción se detuvo, se evidenció que sus proporciones, su masa física, su musculatura y su estatura aumentaron tan drásticamente que por poco llegan a igualar a las de Viracocha. Su melena alba había cambiado a una intensa tonalidad negra.
En nada se parecía este renovado y esbelto guerrero al joven enjuto que en primera instancia desafió a la deidad.
—«Ninguna persona puede cambiar así, en tan poco tiempo… ¿En serio se trata de un ser humano?» —dudó para sí el inca.
Aldebarán permaneció inmóvil por un momento. El aura dorada que lo bañaba era evidencia de que había alcanzado el Séptimo Sentido en su máxima expresión.
Rápidamente, el irreconocible guerrero giró la cara para ver su armadura dorada de Tauro, la cual se ensambló enseguida sobre su fornido cuerpo. A Viracocha le dio la impresión de que la cloth había obedecido una orden silenciosa, como si estuviera viva…
Envestido en su ropaje dorado, Aldebarán respiraba agitadamente, bramando como un auténtico toro furioso. La nueva cabellera negra del Santo cubría gran parte de su rostro, pero a pesar de la espesura de esos mechones azabache, se podía ver con claridad un par de pupilas resplandeciendo en un intenso rojo. Aquella mirada asesina estaba clavada con ira descontrolada sobre el inca.
Continuará…
Gracias por acompañarme una semana más en este proyecto. Un abrazo desde Ecuador!
Próxima actualización: Sábado, 30 de junio de 2012
