Capítulo 10
Magnus gruñó, odiaba despertarse temprano, y aun así su organismo iba en su contra. Automáticamente se acercó hacia el calor de otro cuerpo sobre su cama, tratando de obligar al propio a volver a conciliar el sueño. Y estuvo a punto de lograrlo, pero recordó que ya no estaba en Londres, sino en Estados Unidos, y por lo tanto ya no tenía que dormir con nadie. Abrió los ojos y se paró de un salto. Jace, el hermano de Alec, estaba acostado en su cama. Sin ropa. Inmediatamente se miró a sí mismo, pero descartó la posibilidad de un error porque, primero, estaba vestido, y segundo, había estado completamente sobrio anoche.
Pero entonces ¿Qué demonios hacía el hermano de Alec en su cama?
Jace estaba profundo, con la respiración normalizada, un brazo bajo su cabeza y el otro sobre el cobertor, como si inútilmente hubiera intentado cubrir su pecho desnudo.
Un golpe en la puerta sacó a Magnus de sus pensamientos, y se giró hacia ella temiendo ser descubierto in fragantti. Aunque técnicamente no había hecho nada malo.
—Alec…—murmuró, sabiendo que no podía ser otra persona diferente al ojiazul, y antes de levantar alguna sospecha, corrió hacia la puerta para abrirla, agradeciendo mentalmente el hecho de que el chico extrañamente haya decidido golpear en lugar de simplemente entrar como siempre había hecho.
Llegó hasta la perilla, abrió la puerta rápidamente, se coló a través de ella, y la volvió a cerrar a su espalda, tratando de ocultar el interior de la habitación con su cuerpo. Alec tenía una mano elevada en el aire, como si hubiera estado dispuesto a tocar otra vez. Claramente era extraño que alguien te abriera la puerta un segundo después de tocar.
—Buen día— saludó sonriendo, como normalmente lo hacía.
—Buen día— Alec bajó su mano— ¿Pasa algo?
—No—mintió, no queriendo meter a Jace en problemas, o meterse él mismo—Es solo que madrugaste, no te esperaba tan temprano— Alec le regaló una pequeña sonrisa.
—No te sorprendas. A diferencia de ti, me gusta madrugar—Magnus notó que Alec ya estaba vestido con su traje gris, por lo que el ojiazul debió de haberse despertado mucho antes.
—Y sigo sin entenderlo—le respondió. Se cruzó de brazos, buscando parecer casual. No podía levantar alguna sospecha que hiciera que Alec entrara a su habitación. Al menos no hasta saber cómo llegó Jace ahí— ¿Entonces vamos a hacer esa lista?
—Sí, podemos hacerla en el estudio— respondió el chico, y se giró para empezar a caminar por el pasillo. Magnus le dio una mirada a la puerta de su habitación. Con Alec ahí, no podía simplemente entrar. Tendría que esperar a que Jace despertara para discutir las cosas, por lo que siguió a Alec hacia el estudio, aquel lugar de la mansión al que nunca había entrado.
Una vez que llegaron, Alec cerró la puerta para darles un poco de privacidad. Era muy temprano como para que alguien más estuviera despierto, pero aun así no quería que nadie los interrumpiera. Después del maravilloso día que había pasado ayer (porque debía aceptarlo, haber ido de compras con Magnus le había encantado) y sumándole la culpabilidad que aún sentía por haber dejado solo a Magnus en su momento de mayor debilidad, lo habían puesto a pensar. Anoche, después de cenar con sus hermanos, había pasado un buen rato meditando las cosas, y había llegado a una conclusión: Magnus no era una mala persona, le agradaba, y haría todo lo que estuviera en sus manos para mejorar su relación con él. Quería ser su amigo.
—Es la primera vez que entras aquí ¿Verdad? —comentó divertido al ver a Magnus mirando con la boca abierta las esculturas y los cuadros que Maryse había puesto en ese estudio hacía años. Alec sabía que a Magnus le gustaba recorrer la mansión, Jordan, Maia y Simón se lo habían dicho; pero sospechaba que el moreno había guardado respeto hacia esa habitación, y quizás por eso no había entrado. Después de todo, Magnus era un inglés, por lo que cosas como la privacidad, los modales y la prudencia debían ser una prioridad para él.
—Sí—respondió Magnus, pero sus ojos se apagaron al enfocarse en un cuadro—¿Quién es él? —preguntó con la voz dura y el ceño fruncido. Alec siguió su mirada y se encontró con el cuadro de Jonathan, aquel que Clary le había regalado y que solía admirar en silencio.
—Es…— quizás decirle la verdad era una mala idea. No creía que Magnus pudiera juzgarlo por su obsesión hacia el rubio, pero a pesar de todo era algo de lo que se avergonzaba porque sabía que estaba mal y que debía superarlo, era solo que no quería. Por otro lado, Magnus con quien debió haberse casado era con Jonathan, y puede que el moreno lo haya reconocido, y por eso ahora su ceño estaba fruncido. ¿Acaso Magnus estaba enojado con Jonathan porque era con él con quien había querido casarse? Alec sacudió su cabeza ante tales pensamientos, y se recordó a sí mismo que ya había concluido de que el moreno era una buena persona— Sebastián Verlac, un importante personaje político en la historia americana. ¿Te suena? —Magnus negó con la cabeza, y afortunadamente su concentración en la pintura no le dejó detectar la mentira en la voz de Alec— En fin, ven, sentémonos.
Unos minutos después, ambos chicos estaban sentados uno frente al otro en la sala de cuero negro dentro del estudio. Alec tenía una libreta y una pluma en sus manos mientras iba enumerando a los invitados.
—Mis dos padres…—murmuró— Por supuesto, Jace e Isabelle. Quizás la abuela de Jace quiera venir, y los primos Penhallow…—terminó de anotar, y levantó la mirada hacia Magnus—Listo mi familia ¿Qué hay de la tuya? —Magnus se estiró para tomar una de las mullidas almohadas blancas del sofá y colocarla sobre sus muslos, como si buscara algo en lo que mantener entretenidas las manos.
—Solo mi padre… pero dudo que vaya a venir—Alec frunció el ceño, no le gustaba como sonaba eso.
—Su hijo va a casarse, no puede perderse algo tan importante, por más ocupado que esté…
—No va a pagar el vuelo—interrumpió. Y Alec parpadeó sorprendido, ahora lo entendía.
—Oh—le sonrió amablemente— No te preocupes por eso, yo me encargaré de los costos de todo— y bajó la cabeza hacia la libreta—¿Cómo se llama?
—Asmodeus—Alec anotó el nombre, y le dio la sensación de que Magnus quería decir algo más. Pero no lo hizo.
—Vamos con amigos—Alec empezó a anotar los nombres de sus empleados más allegados y de sus amigos fuera del trabajo. Eran muy pocos, pero no creía que necesitara más—Bien, ahora los tuyos— Magnus le dio una mirada a la lista y negó con la cabeza.
—No hay nadie—ahora Alec estaba confundido. Magnus era tan social, alegre; y él era el tímido, el que prefería reservarse. ¿Cómo era posible que la persona llena de vida frente a él, tuviera menos amigos de los que él mismo tenía? Sin embargo, no quiso presionar con el tema. Lo último que quería era hacer sentir incómodo a su prometido. Volvió a acercar la lista hacia él y empezó a anotar todos los amigos de sus padres, ejecutivos, empresarios, reporteros, abogados, contadores, y gente adinerada de Nueva York, aquella que no podía faltar al evento por el simple hecho de que el anfitrión tuviera el apellido Lightwood. Una vez que terminó con 80 personas, se sorprendió de que la mayoría fueran nombres de gente que ni siquiera quería o conocía muy bien, pero se sorprendió aún más de que de toda esa gente, solo una vendría por Magnus.
—Terminé—anunció, y le entregó la lista a Magnus para que la leyera. Después de todo, la boda era de los dos, y como Isabelle le había dicho, Magnus también tenía derecho de elegir.
El moreno leyó la lista, y una sonrisa se dibujó en su rostro.
—¿Woolsey? —Alec suspiró.
—Sabes que tenemos que invitarlo.
—Vaya… uno, dos tres… seis reporteros. Siete con Woolsey. No sabía que te gustaba arriesgarte, esto es técnicamente un suicidio—esta vez el ojiazul rió.
—Son amigos de mis padres. No todos ellos son tan entrometidos como Woolsey.
—Tus padres…— Magnus bajó la libreta y la cerró. Lucía pensativo— Me imagino que no importa, pero de todos modos quiero llevarme bien con ellos. Después de todo, serán mis suegros. ¿Tú que crees? ¿Me llevaré bien con ellos? —Alec meditó la pregunta.
—Quizás con papá, eres divertido, y a papá le gusta reírse. Mamá es más responsable y centrada, muy madura. Tu… bueno… te sientas en el suelo de tu habitación para ensuciarlo todo, y ayer estabas dispuesto a desayunar un pastel, así que… quizás deberías lucir más como un británico auténtico con ella, y menos como Magnus— Magnus se quedó observando un momento a Alec, pero finalmente no puedo aguantar la carcajada que aquel comentario le provoco. Alec también tuvo que reírse, la risa de Magnus era muy contagiosa.
—Y para que conste, soy un británico auténtico—replicó con rastros de sonrisa en sus labios—Bueno, yo creo que ya deberíamos ir a la tienda ¿Hoy irás a la empresa?
—Sí, ahora que mis hermanos están aquí, debo ir a ponerlos al corriente de todo. Parece que se quieren encargar de los negocios por un tiempo— Magnus le sonrió.
—Eso significa que vas a tomar un descanso—Alec se encogió de hombros— ¡Y botarás todos esos espantosos trajes grises! —ahora fue Alec quien rió.
—No será un descanso eterno, y no botaré mis trajes. Para tu información, todos me los regaló mamá. Así que de todos modos no puedo deshacerme de ellos— Magnus se quedó con la palabra en la boca ante la mención de su futura suegra, pero pronto recuperó la compostura.
—Démosle a los trajes grises un descanso, entonces. Cuando no tengas que ir a la empresa, quisiera verte vestido como a ti te gustaría vestirte—Magnus se puso de pie y se dirigió a la puerta—Iré a bañarme y cambiarme, no tardo.
"Como a ti te gustaría vestirte" repitió Alec mentalmente. La cosa era que él no sabía cómo le gustaría vestirse, los trajes grises, aunque tampoco le gustaban mucho por ser tan formales, le sirvieron de comodín para evitar tener que pensar en lo que un chico de su posición debería usar.
Veinte minutos después Alec estaba sentado en el asiento de copiloto con Magnus al volante. El moreno le había pedido a Alec si podía manejar, y el ojiazul simplemente se había encogido de hombros y le había entregado las llaves. Por una parte, manejar no era de su agrado, por eso era que Clary siempre había tenido que hacerlo. Y por otra, no se sentía capaz de negarle algo a Magnus. No aquella mañana, donde ambos hablaban y reían como si fueran grandes amigos.
Antes de llegar al almacén, Alec le indicó a Magnus el camino para llegar a un Starbucks. Ya que habían salido temprano de casa, ni Maia ni Jordan se habían despertado aún, por lo que no habían desayunado nada. Alec era fan de una sana alimentación, pero al mismo tiempo era fan de la practicidad que un café enfrascado brindaba.
Magnus estacionó el auto, y ambos chicos se bajaron para dirigirse al negocio.
—Seis de la mañana—dijo Alec al tiempo que su aliento se condensaba al salir de su boca, creando una nube blanca—Es increíble el frío que hace.
—Desventaja de madrugar—aportó Magnus, al tiempo que se acercaba aún más a Alec y pasaba uno de sus brazos por sus hombros, como si buscara darle calor con su cuerpo. El ojiazul, en lugar de cohibirse, inmediatamente respondió al gesto levantando su brazo y pasándolo por los hombros de Magnus, recibiendo más calor, y también brindando un poco del propio a su acompañante. Ambos caminaron prácticamente abrazados hasta el recibidor, donde el chico que atendía los miró con una sonrisa.
—¿Qué desean?
—Yo quiero un mochaccino ¿Tu que quieres? —preguntó Alec.
—Un latte—el chico anotó la orden, y les preguntó por un nombre para el pedido. Alec guardó silencio esperando a que Magnus dijera su nombre—Ma…lec. Malec está bien. Es mi prometido, así que somos uno— el ojiazul quiso reír ante ese comentario, pero solamente asintió con una sonrisa. El chico si rió, y anotó dicho nombre.
—No recuerdo el camino hacia el almacén— comentó Magnus mirando hacia la ventana de la cafetería.
—Yo conduciré, entonces— dijo Alec resignado.
Unos momentos después ambos corrían aún abrazados hacia el auto, y se separaron cuando cada uno entró a su lugar. Magnus se sentó, cerró la puerta, y frotó sus manos mientras tiritaba.
—Odio el frío—comentó. Alec rodó los ojos y arrancó hacia el almacén de las invitaciones—Trajiste la lista de invitados, ¿Verdad? —preguntó Magnus. Alec dio una mirada por el espejo retrovisor para comprobar que la lista estaba en el asiento de atrás. Magnus siguió su mirada y se estiró para tomar la libreta y llevarla sobre sus rodillas—Que original, tu libreta es gris ¿Fue un regalo de la vendedora cuando compraron tus trajes?
—Fue herencia de mi abuelo—contó Alec mientras giraba una esquina— Él la compró, pero nunca la usó. Hace unos años, cuando abrieron su tumba, encontraron esa libreta con él. Mi madre la pidió, y me la entregó a mí—Magnus lo observó boquiabierto e inmediatamente dejó caer la libreta al suelo del auto. Alec lo miró de reojo y soltó la carcajada más grande que había hecho en su vida—La compré en una papelería, y no había otro color— confesó entre risas, y unos segundos después Magnus se le unió.
—Solo para que conste—dijo el moreno dando bocanadas de aire— No me río de tu pésimo y escalofriante intento de chiste.
—Mi pésimo y escalofriante intento de chiste fue buenísimo—replicó Alec orgulloso de sí mismo.
—No lo fue—aseguró Magnus—Lo divertido aquí fue que dijiste una mentira, y yo la creí ¿Qué está pasando con el universo y su orden natural? ¿Acaso te estás volviendo bueno mintiendo, o yo me convertí en un idiota?
—Dado que no quiero que te enojes, voto porque me volví bueno mintiendo—Alec sonrió—Ponme aprueba.
—De acuerdo. Alec ¿Cómo nos conocimos?
—Mis hermanos nos presentaron por skype, y mantuvimos una relación a distancia por meses.
—¿Por qué ninguno tenía un anillo?
—Porque la primera proposición fue abrupta e inesperada para los dos. Hasta para mí, aunque yo la hice.
—Vaya, que sencillo es repetir mis mentiras— bufó Magnus— Tienes que crear las tuyas. Lo pondré difícil ¿Cuál fue nuestra primera cita en américa? —Alec le dio una rápida mirada y sonrió.
—Fuimos por un café a starbucks—respondió inmediatamente—Hacía mucho frío, y tú odias el frío, así que caminamos abrazados hasta el vendedor, quien nos miró con envidia porque quería lo que nosotros teníamos— Magnus borró su sonrisa divertida y dirigió su mirada hacia la carretera.
—Lo de abrazarte…—murmuró menos animado— No estaba pensando, perdón. Espero que no te haya molestado o incomodado.
—No lo hizo. Si yo tuviera tu seguridad, quizás habría hecho lo mismo—Magnus volvió a mirarlo y sonrió.
—Y el chico no tenía envidia—replicó—Me dio la impresión de que estaba aguatándose una carcajada al ver como caminábamos. Por nuestra diferencia de alturas, debimos parecer unos pingüinos al entrar al local.
—Dijiste que mintiera, ahí está mi mentira—dijo Alec. Magnus asintió orgulloso.
—Nada mal.
Ambos chicos llegaron al almacén de las invitaciones, le entregaron la lista a la mujer, y luego Magnus se subió nuevamente al asiento de conductor y Alec al de copiloto.
—Tengo una sugerencia—habló el moreno—Si quieres, te puedo llevar a la empresa, y luego vuelvo a pasar por ti para llevarte a casa ¿Qué dices?
—No estoy de acuerdo, porque tú vendrás conmigo—Magnus lo miró sorprendido.
—¿De verdad? —pero frunció el ceño— Muy bien, esto es extraño. Creí que al principio solo habías decidido ser amable conmigo, pero querer volver a llevarme a la empresa, y más después de todos los problemas que causé ahí… ¿Qué está pasando?
—Eso no fue culpa tuya—replicó Alec— Y ahora que lo mencionas, no quiero que te sientas culpable por eso ¿Está bien? —Magnus asintió.
—Pero entonces ¿Por qué me llevarás a la empresa contigo? —Alec podría responderle con la mayor verdad. Aquella donde quería redimirse de su culpabilidad por no haber hecho más por Magnus cuando éste dejó ver su miedo, pero no quería que el moreno creyera que también era culpa suya. No quería que Magnus viera su miedo como un problema, algo que haría que la gente hiciera cosas por él por lastima.
—Mis hermanos irás más tarde—respondió—Ellos esperarían que llevara a mi prometido—Magnus asintió y volvió su vista al frente. Al parecer, esa respuesta era suficiente para él.
—En ese caso, vamos.
Magnus condujo hasta el parqueadero subterráneo de la empresa Lightwood, donde ambos caminaron uno al lado del otro y subieron al elevador para ingresar al edificio. No habían vuelto a hablar en el camino, pero no era incómodo o molesto. Alec enserio esperaba que su relación hubiera mejorado.
—Buen día, chicos—saludó Tessa cuando Alec y Magnus llegaron al escritorio de la castaña— Alec, tengo unos documentos para ti— el ojiazul asintió y se giró hacia Magnus.
—Magnus, ve a mi oficina y espérame ahí ¿Sabes dónde es, verdad?
—Sí, lo recuerdo. Adiós Tessa—el moreno se giró y empezó a caminar por el corredor. Alec recibió los papeles que Tessa le fue alcanzando, y empezó a firmarlos.
—Alec…—llamó la chica dudosa. Alec levantó la mirada hacia ella, quien mantenía la vista fija en el corredor donde Magnus había desaparecido—No sé si debería decirle a Magnus que lo lamento. Me siento extraña por fingir que nunca pasó, pero al mismo tiempo tengo miedo de comentar algo al respecto— Alec sabía a lo que se refería, y mentalmente agradecía que todos en la empresa parecían tener las mismas dudas de ella, ya que nadie había dicho nada.
—Es mejor que no lo hagas, Tessa—recomendó y continuó firmando— Magnus parece querer olvidarlo. No lo ha vuelto a mencionar tampoco, y yo evito tocar ese tema.
—¿Y cómo ha estado? Cuando ustedes se fueron, lo vi muy afectado.
—A nadie le gusta dejar su miedo en evidencia frente a todo el mundo—repuso Alec—Afortunadamente Magnus no es alguien tímido. Estará bien, solo… no lo menciones. En este caso creo que si es mejor fingir que nunca pasó—Tessa asintió y recibió los papeles firmados.
—¿Incluso aunque eso significa no castigar a quien lo encerró ahí? —Alec suspiró.
—Incluso así.
—¿Sabes? Quizás planeaban extorsionarte luego, como un secuestro. No se me ocurre otra razón para encerrar al prometido del jefe.
—Quizás, no me agrada pensar en que trabajo con alguien que quiere hacerle daño a Magnus, pero al menos ahora sé que no podrá intentarlo de nuevo—Tessa sonrió.
—Ya veo venir al Alec sobreprotector— comentó con voz cantarina.
— Adiós Tessa— Alec se alejó de allí. En realidad, la experiencia del moreno sí que había despertado algo en él, y aunque jugar al papel del prometido era algo que se supone debía hacer, no quería dejar en evidencia su preocupación. Era como si prefiriera esconderse tras la fachada de lo que estaban fingiendo ser, a mostrar y aceptar lo que empezaba a sentir.
Alec caminó por los corredores hasta llegar a su oficina, dándose cuenta de que no tenía ni una pizca de miedo al haber permitido que Magnus entrara a ese lugar tan importante. En realidad, en cierta manera le parecía conmovedor saber que ahí dentro alguien lo estaba esperando. Abrió la puerta y se asomó, atrapando a Magnus revisando los catálogos con muestras de telas de empresas que querían hacer negocios con ellos. Entró de lleno y cerró la puerta a su espalda.
—¿Algo que te guste? —preguntó. Magnus levantó la mirada del catálogo.
—Hay muchas telas que me parecen asombrosas. Hay unas de colores brillantes, y otras metalizadas… esas llaman mi atención. ¿Por qué no has hecho un convenio con los que te las ofrecen?
—Porque no todo el mundo se arriesga a usar algo así.
—Porque no las distribuyen—replicó Magnus—Si fueran más vistas en las vitrinas, la gente empezaría a usarlas. Son asombrosas.
—Pero las personas prefieren usar colores oscuros.
—Porque eso es lo que empresas como la tuya compran—Magnus cerró el catálogo y volvió a dejarlo sobre el escritorio—Empresas Lightwood tiene un nombre con reconocimiento, y por lo que he oído son estables en el mercado. Creo que es hora de que empiecen a arriesgarse un poco, y a dejar de pensar en lo que vende para empezar a pensar en dejar una huella en las tiendas de ropa. Si siguen distribuyendo lo que todo el mundo espera, no avanzarán—Alec parpadeó hacia él, en parte sorprendido y en parte orgulloso.
—Clary se fue de viaje para encargarse de unas encuestas que le encargué ¿Qué opinas si la reemplazas como mi asistente? Veo que entiendes de esto—Magnus le sonrió.
—¿De verdad?
—Sí, y también deberías preparar una propuesta de proyecto sobre lo que me acabas de decir, y presentarla en alguna reunión con el consejo directivo—Magnus entrecerró sus ojos hacia él.
—¿Estás jugando conmigo? Hace unos días ni siquiera me hubieras dejado tocar un lápiz en tu escritorio—Alec rió.
—Cierto, pero no me preguntaste si podías tomar ese catálogo.
—¿No podía? —Alec se encogió de hombros y caminó hacia su silla giratoria.
—Que mi prometido esté en mi oficina husmeando en mi trabajo, es lo que todos esperarían que pasara— sonrió— Y lo esperarían aún más si te conocieran.
—Espera un momento—Magnus observó fijamente a Alec sentarse en su silla y luego levantar la mirada para verlo— Estás… ¿Dándome mi lugar como tu prometido? —Alec tosió ligeramente mientras pasaba la mirada sobre los papeles en su escritorio.
—Quizás.
—¿Quizás? —la voz de Magnus era seria— ¿Lo estás haciendo o no?
—Lo estoy haciendo—Magnus duró un momento en silencio mientras procesaba aquello antes de continuar.
—¿Por qué? —Alec lo miró y abrió la boca para hablar, pero Magnus lo anticipó— Por favor no me digas que tiene que ver con lo que me ocurrió aquí en la empresa. Prefiero que me encierres en mi habitación y que solo tú puedas llevarme comida, a que trates de ser amable conmigo solo porque te de lástima que… tenga miedos— Alec se puso de pie de nuevo y lo miró firmemente. Había algo que se movía en el pecho de Alec al saber que la persona más segura que había conocido, se mostraba tan vulnerable cuando era dejada al descubierto.
—Te dije que todo el mundo tiene miedos—repitió— Y debería sentirme indignado de que tú supieras mi temor desde hace mucho, pero que yo desconociera el tuyo. Ahora entiendo tantas cosas… entiendo lo que ocurrió realmente con las baterías, entiendo por qué duermes con una linterna, y entiendo por qué te escucho gritar en las noches—Magnus parecía querer bajar la mirada avergonzado, pero Alec continuó antes de darle la oportunidad— Tú me entiendes, me conoces, sabes quién soy, lo que hago, y a qué le tengo miedo. Yo creo que he llegado a entenderte, y ahora sé a qué le tienes miedo. Y no me voy a burlar, ni voy a menospreciarlo. Tú y yo nos respetamos el uno al otro, y nos apoyamos cuando nos enfrentamos a lo que más nos aterra—Alec dio un paso hacia él— Magnus, somos prometidos en todo el sentido de la palabra. Si ya superamos la parte difícil de aceptarlo en nuestra vida personal ¿Por qué no hacerlo también en la empresa?
—Déjame pensarlo—Magnus tamborileó su barbilla, y Alec supo que estaba jugando— Quizás… Porque tú no confías en mí.
—Lo hago— Magnus lo miró sorprendido, y Alec inhaló y exhaló antes de explicarse— Quiero decir, aun no entiendo qué tipo de situaciones te llevaron a dedicarte… a lo que te dedicabas en Inglaterra. Ni tampoco cómo fue posible que aceptaras este trato. Pero confío en ti, te lo juro—Magnus parpadeó hacia él y sonrió.
—¿Quién eres y que hiciste con Alec-gruñón-Lightwood?
—¡Hey! —Alec rió— Solo quiero llevarme bien contigo. Tengo mis razones para cumplir mi parte del trato, y tú tendrás las tuyas, así que es inevitable que terminemos casados por un año. Y al menos quisiera ser amigo de mi futuro esposo.
—Pienso lo mismo— Magnus estiró una mano hacia él, y Alec la recibió y la estrechó. Ambos estaban sellando un trato, ahora serían amigos, se apoyarían como prometidos que eran, y ya no habría más odio o peleas. Cuando volvieron a separarse, Magnus lo miró curioso— Nunca te he preguntado ¿Cuáles son tus razones?
Por su lado, Magnus ya había aceptado que Alec lo había ganado en una apuesta para casarse con él. Al principio le había parecido aberrante tal hecho, pero ahora que conocía a Alec, sabía que debía haber una razón muy fuerte por la que el ojiazul necesitaba casarse.
Alec, por su parte, no quería confesarle a Magnus que su razón era que no quería que Jonathan se casara con alguien más. Esa era una debilidad que le daba vergüenza admitir.
—Creo que es mejor que mantengamos eso como un secreto— propuso precavido. Magnus asintió tratando de ser comprensivo.
—Está bien—luego suspiró— Así que ya soy tu prometido… ¿Eso significa que ya no me dejarás en casa y podré acompañarte al trabajo?
—Solo si quieres.
—¡Si quiero! Todos son muy amables, pero Maia y Jordan están casi todo el tiempo juntos y yo solo estorbo, y a Sandro pocas veces lo entiendo—Alec rodó los ojos.
—Sandro es un cantante, nuestro portero se llama Simón—algo en el estomago de Alec se revolvió al haber usado la palabra "nuestro", y fue muy agradable.
—Así que no hay muchas cosas por hacer—continuó el moreno.
—Bueno, ahora están mis hermanos—propuso Alec. Magnus hizo una imperceptible mueca, Isabelle era una diosa, pero Jace era el demonio. Quizás estaba exagerando, pero desde que el rubio había llegado solo le había traído preocupaciones. Y aún le faltaba averiguar por qué demonios Jace había dormido en su cama.
—Igual prefiero pasar el tiempo contigo—repuso. Alec sonrió ligeramente sonrojado.
—Eso es bueno, porque ahora eso será lo que harás. Así que, asistente, ve con Tessa y pídele nuestra agenda de hoy—Magnus frunció el ceño.
—Primero que todo, ni siquiera a Clary la llamabas asistente. Puedes decirme Magnus, o si quieres algún apodo cariñoso. Me encantan los apodos cariñosos, y tú y yo tenemos la excusa perfecta— Alec puso los ojos en blanco.
—Magnus serás.
—Segundo que todo— continuó Magnus, rindiéndose con lo anterior— En el camino te traeré un café. Negro y sin azúcar ¿Verdad? — Alec volvió a reír y se sentó de nuevo en su escritorio. Tenía la sensación de que haber hecho las paces con Magnus era una de las mejores decisiones que había tomado.
—Así es—Magnus se giró hacia la puerta.
—¡Ya vuelvo, garbancito! —y salió antes de que Alec pudiera protestar.
El ojiazul abrió su carpeta con una sonrisa aún en sus labios, y pasó unos minutos leyendo la carta de Ragnor y Catarina, aquella donde informaban que recientemente habían recibido las encuestas realizadas por Clary, y que estaban satisfechos con los resultados. Sin embargo, y solo para estar seguros, querían una segunda prueba. Alec suspiró y sacó su celular del bolsillo para llamar a la pelirroja.
Magnus entró a la oficina, y al ver que Alec estaba hablando por celular, evitó hacer ruido mientras se acercaba a él, se sentaba frente al escritorio, y dejaba el café frente al ojiazul.
—Clary, necesito que hagas otras encuestas— habló al celular—Las anteriores estuvieron perfectas, pero Ragnor y Catarina quieren otra prueba. ¿Te importaría quedarte unos días más en Inglaterra?
—Claro que no— respondió la chica a través de la línea— Aunque no podré ir a la pasarela ¿Recuerdas?
—Eso no importa, Izzy y Jace ya están aquí, iré con ellos.
—De acuerdo. Inmediatamente me pondré a redactar las nuevas encuestas. Les enviaré los resultados a Ragnor y a Catarina, me avisas a penas tengas una respuesta— y la chica colgó. Alec sabía que Clary estaba apurada en terminar allá y volver pronto para retomar su puesto de asistente, y al ojiazul le hubiera gustado decirle que no tenía de que preocuparse ya que alguien más había tomado su lugar.
—¿Y bien? —preguntó Magnus con la hoja del itinerario en sus manos.
—Magnus, ¿hoy tenemos algún evento relacionado con una pasarela? —preguntó. El moreno levantó la hoja y leyó.
—Si, a las ocho de la noche, calle Wirther con 84, edificio Opher Haymert, salón A2. Pasarela de Little Midenz— Alec asintió con un suspiro mientras se ponía de pie.
—Iré a pedirle a Tessa que solicite e imprima las invitaciones formales. Mientras tanto, llama a mis hermanos y recuérdales que ésta noche iremos a ese evento.
—Claro— Alec salió de la oficina y Magnus sacó su celular— En realidad, llamaré a Isabelle y le diré que le diga a su hermano— murmuró.
