Atención: Los lugares y personajes mencionados en este fanfic son propiedad de Square-Enix.
Advertencia: Este es un fanfic yaoi o shonen ai (relaciones chico-chico).
Comentario: Gracias a Celis y Galdor por vuestros útiles reviews sobre la historia. Es muy gratificante que no sólo elogiéis lo que os gusta, sino también lo que no, porque así podré aprender para posteriores fics. Que nadie piense que voy a dejar de escribir sólo por oir comentarios negativos sobre mi trabajo. Pediros disculpas porque en el formato de fanfiction no puedo incluir negrita, ni subrayados ni similares, y el contenido parece aburrido.
Pareja: Seifer&Squall
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QUERIDO ESCLAVO
FanFikerFanFinal
CAPÍTULO 11: EL CAMBIO EN LOS RIVALES
El verano es hermoso. El aire es cálido y los pájaros pían alrededor. La gente está más alegre y no hay que estudiar. No hay misiones tampoco, es tiempo de descansar. Y a pesar de que la lucha lo mantiene vivo y consciente de sí, no puede recordar otro tiempo mejor. Es en verano cuando ha conseguido el tesoro que llevaba persiguiendo tanto tiempo: su sueño romántico: el frío corazón de Leonhart. Cerró los ojos: ayer no pareció tan frío. Squall tiene un lado sensible, que sólo muestra después de haber roto sus barreras: lo que ve la gente es sólo una defensa. Cuánto le gustaba a Seifer haber traspasado esas inescrutables barreras. Le había costado años, pero mereció la pena. Sin embargo, el principio no era el fin de todo, y comenzar una relación, si es que Squall aceptaba —él no lo dudaba— sería estar como al principio. Seifer sonrió, alzando la cabeza para toparse con un cielo despejado y apenas sin color. Siempre le habían gustado los retos.
Los pasillos estaban casi desiertos. La mayoría de los estudiantes se habían ido de vacaciones, ¿y ella qué? ¿Dónde podía ir? Junto a Squall, era la única que tenía obligaciones en verano. Selphie se había marchado a Trabia, Xu dejaría el trabajo en 4 días y le extrañaba que Zell todavía andara por allí. Oh, sí, creyó recordar que los chicos habían hecho una apuesta.
—Dios mío —rió Quistis mientras caminaba con varias carpetas bajo el brazo—. Por mucho que crezcan no cambiarán.
Al salir a la zona central y bordear la fuente oyó risas. Dos estudiantes reían alegremente, sujetándose el estómago uno y sujetando el brazo del compañero el otro. Quistis pestañeó dirigiéndose a ellos. Sobre todo, su mirada saltó a uno que vestía una camisa roja y pantalones piratas. Cuando la joven llegó a su altura miró a ambos anonadada.
—Ey, Instructora, ¿qué haces aquí? Oye, Squall, ¿no le has dado vacaciones? Creí que eras una persona sensible.
Quistis levantó la mano ligeramente para saludar a Seifer pero la dejó caer enseguida.
—¿Sensible? ¡Qué chiste más bueno! —dijo el comandante, a su lado.
Quistis miró a Squall. Reía tanto que las lágrimas asomaban a su rostro. Jamás lo había visto sonreír así: ni en el orfanato con Eleone; ni siquiera cuando estuvo con Rinoa. ¡Y qué hermosa sonrisa!
—Instructora, ¿algo anda mal? —dijo Seifer y luego añadió, burlón—. Ah, Squall, creo que todavía le gustas.
—Ah, Seifer —dijo la joven abrazándolo con fuerza.
Ambos dejaron de reír, alertados por esta acción. Quistis no era ni mucho menos alguien que diera cariño.
—¿O no? —dijo Seifer cuando volvió en sí—. Quizá haya cambiado y su gusto ahora sea mejor.
—¿Y qué si he cambiado? —dijo Quistis con una mueca burlona—. Es evidente que no tengo nada que hacer. Squall…
—Dime.
La joven lo miró hasta que las lágrimas nublaron sus claros ojos.
—¿Ocurre algo, Quistis?
La joven apretó las carpetas contra sí para mantener su autocontrol.
—Oh, nada, sólo… —finalmente las lágrimas cayeron sin poderlo evitar, pero aún tuvo coraje para alzar la mirada—. Quería decirte que te sienta muy bien el rojo.
De repente echó a correr en dirección opuesta, bastante afectada. Squall la miró preocupado.
—¿Ha pasado algo que yo no sepa?
Seifer le pasó el brazo por los hombros.
—No creo que esta vez sean lágrimas de tristeza. Me parece que se alegra.
—¿Alegrarse? ¿De qué? —preguntó el otro, sin entender.
—¿Aún hay que explicártelo todo, guapito? Se alegra de verte feliz.
Squall quedó pensativo.
—¿Seguro que no está decepcionada porque estoy contigo? Oh, ¿quién lloraría por ti?
Seifer empujó al comandante hacia la fuente.
—Dilo otra vez y te arrojo al agua.
—Tú tienes un problema con el agua. Te gusta verme mojado. Haz que te vea un médico.
Irvine paseaba por los pasillos de Balamb cuando oyó revuelo. Algunos alumnos estaban murmurando. Aguzó el oído.
—Oh, en serio. Los vi riéndose.
—Y contaban chistes.
—Joder, nunca creí que viviría para ver eso, tíos. El frío comandante Leonhart y el traidor Almasy en el mismo bando.
"Entonces es cierto. Seifer y Squall están mejorando su relación. Y si Zell los vio besarse en el Centro de Entrenamiento es buena señal. Quizá estén juntos por fin. Voy a desayunar, mi esclavo me estará esperando"
Se dirigió a la cafetería, pero dos muchachas lo abordaron.
—Irvy, Irvy, ¿estás ocupado?
—¿Solicitáis mis servicios? –sonrió el joven.
—Nos gustaría que desayunaras con nosotras —dijo la más alta.
—Bueno. ¿Cómo puedo rechazar a dos hermosas SeeD?
Seifer arrastró a Squall hasta el Área Secreta.
—Eh, ¿qué haces?
El rubio abordó al comandante contra la pared para succionar su cuello de forma posesiva. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Squall.
—Seifer, ya basta, nos pueden ver.
—Así aprenderán.
Squall se giró para evitar el ataque de su rival y notó moverse las sombras. Acostumbró sus ojos a la luz y se acercó a la figura.
—¿Zell?
—Hola, Squall —dijo el rubio luchador sentado en el suelo, su espalda apoyada contra el muro.
—Hey, gallinita —saludó Seifer—. ¿Aburrido? ¿Quieres unirte al show?
Squall golpeó a Seifer en el brazo.
—¡Seifer!
—Ey, ¿no estás con tu amo?
Zell no respondió. Tampoco alzó la vista, parecía ensimismado. Seifer golpeó el pie de Zell, molesto:
—¡Oye, contéstame cuando te pregunte!
Squall se agachó junto al joven cuando vio que no respondía a las provocaciones de su tormento.
—Eh, Zell. Si ocurre algo, puedes decírmelo.
Zell alzó la vista, miró a Squall, luego a Seifer y por fin dijo:
—No es nada, Squall, no te preocupes.
—Está bien, no insisto. Si tienes algo que decirme, házmelo saber. Vámonos, Seifer.
El joven luchador pestañeó viendo irse a los dos rivales. De repente, ahora se llevaban bien. ¿Realmente se querían como Irvine decía? Rendido, suspiró y ocultó de nuevo la cabeza en sus rodillas. Las imágenes del día anterior se agolpaban en su mente: Irvine acariciándose desnudo mientras él hacía el amor con esa chica… había sido rastrero por parte del cowboy, pero lo peor de todo era que no podía negar que le había gustado aquella situación. Y por eso su depresión no tendría fin.
Squall suspiró, retirando el brazo de Seifer de su estómago. El rubio estaba dormido junto a él, pero Squall no dejaba de recordar los momentos pasados en el día. ¿Por qué estaba tan feliz y tenía tantas ganas de reírse? Nunca le había sucedido. El hecho de que su rival lo correspondiera era nuevo para él. Habían sido muchos años de rivalidad confesada. Y ahora, serían amantes. Le preocupaba también Quistis, que se puso a llorar frente a él, pero sobre todo, Zell. El rubio estaba extraña e inusualmente tranquilo, nada parecía importarle, a pesar de los improperios lanzados por Almasy. ¿Quizá Irvine tenía algo que ver? Hablaría con él.
Al día siguiente, Squall divisó a Irvine en los alrededores del patio, charlando.
—Hey, Squall —dijo, y el resto automáticamente se separó de él para dejarlos hablar.
—Hola.
—¿El gran capullo te ha dado permiso para salir solo? Cómo ha cambiado.
Squall puso las posaderas en el poyete.
—Quien ha cambiado realmente es Zell.
Irvine sonrió.
—¿Zell? ¿Ha hecho algo que yo no sepa?
—Pues no lo sé, eso me gustaría preguntarte.
Irvine se topó con los grises ojos de su comandante.
—Sólo le he abierto los ojos.
—No voy a pedirte que me cuentes nada, pero Zell está deprimido. Habla con él
y arréglalo.
Irvine se cruzó de brazos.
—¿Sabes lo que le ocurre, Squall? Que tiene demasiados prejuicios. Se puso como una fiera cuando se enteró de que estás con Seifer, ya sabes.
Squall frunció el ceño, pero no dijo nada.
—Lo único que he hecho es recordarle que él también tiene puntos débiles. No me gusta que ande por ahí pensando que sus amigos están enfermos sólo porque nos gusta el sexo. ¿No te parece?
Squall tragó saliva. Aún no estaba acostumbrado a hablar con nadie de sus sentimientos por su rival. Apenas acababa de digerir que Seifer mismo los aceptara. Irvine se preocupó al ver el semblante serio de su amigo.
—No te preocupes, Squall. Yo no voy a pensar menos de ti porque te guste Seifer. Y Zell tampoco, lo que pasa es que él, ya lo conoces, te quiere demasiado para dejarte en las garras de Seifer.
—Seifer ha cambiado. Estoy bien con él. No quisiera que el Jardín se enemistara con él, aunque entiendo que lo tachen de traidor. Pero no lo dejaré marchar.
Irvine agarró a su comandante por los hombros.
—Yo estaré bien si tú estás bien, Squall. Si alguna vez necesitas algo, recuerda que Irvine Kinneas está a tu servicio.
Squall lo miró, suspicaz.
—Espero que no me ofrezcas el mismo servicio que a tus clientas.
Irvine sonrió.
—Oh, sólo si crees que Seifer no vale, puedes acudir a mí.
—Pervertido.
CONTINUARÁ
