Recuerdos de una Vida Incompleta

Capítulo 10

"Susurros de Luna"

(Segunda Parte)

Con el orgullo herido y el corazón resentido Watanuki salió a paso firme y echando humos por las orejas. Si ésa bruja malagradecida podía desecharlo así sin más, él haría lo mismo. Retomaría su vida, quitando los cerrojos a sus sueños aplazados e intentaría dejar de lado los últimos años. Después de todo, él ya no era el chico enclenque y asustadizo que solía ser. No, él había cambiado y ahora veía la vida a través de otra lente.

La vida no era otra cosa que un conjunto finito de instantes y de lo único que se podía tener certeza era: el tiempo, la vida y la muerte; todo lo demás, fueran sucesos inevitables o no, eran solamente el producto del paso de esas tres cosas. Pero lejos de que esta visión realista – y algo cruda – de la vida humana, le ayudara a tomar aquel desenlace con frialdad y templanza, terminó por robarle toda su determinación.

Al doblar la esquina y encontrarse cara a cara con la realidad a la que había canjeado por dos años de completo confinamiento, fue plenamente consciente del tiempo que había transcurrido – o malgastado según le gritaba su enojo - en lo que fuera una larga espera infructuosa.

El ajetreo del tránsito y los pasos atropellados de la gente, le supieron tan asfixiantes como si no perteneciera a este planeta. Mareado y jadeando arrastró los pies en busca de algún sitio menos congestionado.

Pero lo cierto era, que Kimihiro no tenía a dónde ir; su sentido de pertenencia se había perdido, o quizás… simplemente se había dejado abandonar en las puertas de la tienda mágica…

- ¡Dios del trueno ven! – Gritó Shaoran haciendo bajar una fuerte descarga eléctrica directamente hacia Zander.

La comunicación entre ambos grupos se había quedado en un punto muerto y ante la inflexibilidad de dar un paso atrás para cualquiera de los dos; los ataques frontales tomaron el mando de la situación.

La energía dorada de Zander resultó cual escudo que logró desviar el ataque de Lee y estamparlo hacia una pagoda del templo. El chino tuvo que reconocer la fuerza de su oponente, y aquello no pudo más que acrecentar la duda sobre su verdadera identidad al igual que sus intenciones.

- ¡Viento! – Fue el turno de Sakura para atacar.

- No importa cuánto te empeñas en ocultarlo, la verdad es que no has cambiado nada Kinomoto – Dijo el italiano al ver la carta que la joven utilizó. La misma carta con la que había iniciado la aventura para los cazadores elegidos por Clow.

Tal como lo hizo con el ataque de Lee, el joven rubio disolvió la energía del viento con tan solo un movimiento de sus manos.

- Si tan sólo no hubieras alejado a Tomoyo – Lamentó el joven.

- ¡Es suficiente! – Intervino Cerberos viendo cómo las palabras del chico afectaban a su dueña - ¿¡Qué tienen que ver ustedes en todo esto!? – Exigió saber al momento que lanzaba una bocanada de fuego.

Yue observaba atentamente cada movimiento, luchando por descifrar la identidad del chico al que se estaban enfrentando. Aquella aura era diferente pero extrañamente familiar, si fuera posible podría compararla con la de….

Y fue hasta que vio al guardián del libro lanzar su disparo en vano, que finalmente comprendió la procedencia de esa gran habilidad y del poder que poseía aquel muchacho.

- ¡No Cerberos! – Trató de detener al león que se disponía a lanzarse de nuevo contra su adversario.

No había caso en atacarle porque sus poderes nunca harían efecto en alguien como él.

Eriol se sentía casi liberado tras haber reído con tantas ganas. Y es que nunca lo habían descrito de semejante manera; también se lo debía a la chica que estaba a su lado. A Marina le habían roto el corazón tan solo unos minutos antes y aun así tenía el ánimo para gastarle una broma.

Esa jovencita tenía un espíritu fuerte, tenía que reconocérselo. A decir verdad, tuvo una pizca de envidia por tal entereza y a su lado se sintió patético. Tal resolución, le abrumo tanto como para reírse de sí mismo. ¿Quién diría que la reencarnación del mago más poderoso del mundo le haría gracia su propia debilidad? Pero tal vez, ahí estaba la clave, porque detrás de ese rimbombante título se ocultaba un ser humano. Y como el resto, debía de ver aquellas debilidades con un poco más de humor; ellas eran la clara muestra de su verdadera naturaleza y debía sentirse orgulloso por tenerlas.

Una sonrisa nueva le brotó en los labios, una de verdad, completamente diferente a sus mascaradas pasadas; el descubrir ése diminuto misterio de su ser le dio aliento y un sentimiento que apenas y podía nombrar.

La luna también parecía sonreír al par de chicos que estaban bajo su manto, como muda cómplice de aquel breve momento de intercambio de silencios.

Las nuevas emociones que nacían del interior de ambos eran lo suficientemente nítidas y claras como para despertar a un antiguo poder dormido en las tierras mágicas de Cephiro.

Uno que surgió desde las profundidades de las aguas.

"El poder del corazón siempre les guiara en el camino incluso si éste está envuelto en la oscuridad "susurró la brisa nocturna.

Marina se puso de pie de inmediato al reconocer aquella voz.

- Ceres… ¿eres tú? –Cuestionó la muchacha.

Al momento, el agua del claro comenzó a removerse formando ondas en la superficie; hasta que de ella emergió un enorme dragón azul. Las escamas del mítico ser brillaron a la luz de la luna y a Marina le pareció incluso más hermoso e impotente de lo recordaba.

- ¡Ceres! – Exclamó la guerrera maravillada. - ¡Lo sabía! Tú me trajiste aquí ¿verdad?

- Te equivocas jovencita del mundo místico, fue el deseo de tu corazón el que lo hizo – Le respondió con esa voz sabia de ataño.

- Pero… ya no tengo poderes mágicos, la gema recién apareció y fue por ella que pude regresar ¿o no? – Seguía confusa.

- La gema y la espada solo son herramientas, artilugios que te permiten manejar la magia con más facilidad, pero la verdadera fuerza de tu poder yace en tu interior y siempre será así mientras tú lo desees.

Fue entonces que Marina comenzó a comprender, la intensidad de su deseo por regresar había sido la chispa que hacía falta para que la magia se presentara. Un poder lo suficientemente potente para ayudarla a cruzar entre mundos en busca de su persona amada. Realmente sonaba hermoso, digno de una película de romance, era una lástima que no tuviera un final feliz.

- El amor siempre tiene más de un camino - Recitó el dragón leyendo sus pensamientos.

La guerrera miró al genio con ojos llorosos pero éste tenía la vista fija en el muchacho que estaba a su lado.

Eriol sin duda estaba impresionado, de todas las criaturas mágicas que había visto en su vida, nunca imaginó estar frente a frente con un dragón.

- Tu corazón también te trajo aquí por una razón ¿no es así? Joven mago… - Cuestionó el genio de las aguas.

- Busco respuestas, quiero descubrir el pasado… así podré prevenir el futuro. – Respondió el inglés con seguridad.

- Y dime, jovencito ¿qué has encontrado hasta ahora? – Volvieron a cuestionarlo. Los ojos fluorescentes de Ceres parecían perforar su interior.

Hiraguizawa lo pensó detenidamente. Había sido herido en lo más profundo por amor, había llorado y odiado aquel final. Aun así, él había continuado viviendo, reencontró a viejos amigos contagiándose de la nostalgia y ahora había encontrado a una amiga nueva, que le había robado una carcajada directa del alma. Sin duda había aprendido mucho, estaba empezando a desenmarañar un gran misterio de sí mismo – y aunque no fuera exactamente su pasado – le había ayudado a entenderse un poco más.

- Sólo soy un ser humano – Sentenció. Y en los ojos de Ceres apareció una sonrisa de satisfacción.

- Así es, lo eres. Al igual que el hombre que te otorgó su magia y el que me permitió existir en este mundo. – Enunció el genio.

- Clow… - Reconoció el inglés.

- Sin importar las direcciones en las que se encuentren, no olviden lo que han aprendido aquí. El espejo de sus corazones siempre les mostrará el camino.

Dicho esto, el enorme dragón se sumergió y juntó a su enorme figura, las aguas se alzaron y envolvieron a los dos jóvenes en una cortina de burbujas. Las esferas fueron como miles de bolas de cristal que permitieron a Hiraguizawa ver memorias pasadas de una vida anterior…

Lo recibió un enorme cerezo en flor, los pétalos de las flores bailaban con el aire y dejaba a su alrededor una suave alfombra rosa, como si hubieran previsto su llegada. Buscó a Marina con la mirada pero no parecía haber nadie ahí, era como si estuviese encerrado dentro de una pintura, dejando ver solo aquello que se extendía dentro de los límites de un lienzo.

Luego de unos minutos, logró escuchar un par de voces que se aproximaban.

- ¡Clow! ¡Clow! – Apareció gritando un niño que reconoció de inmediato. ¿Acaso era Shaoran? – Vale, me rindo, sabes que nunca he podido ganarte en el escondite. – Se quejaba apoyándose contra el tronco del árbol.

Eriol quiso tocar al niño pero su mano logró pasar a través de él. Esto debía ser un sueño o alguna visión.

Entonces un par de ramas de la copa crujieron, el inglés miró hacia arriba y lo vio… Si no supiera que aquello no era real, lo hubiera confundido con él mismo. Esa piel lechosa, el cabello negro que con la luz se tornaba un tanto azul, las gafas de montura dorada e intensos ojos nocturnos. Ese pequeño era su viva imagen.

Aunque… para ser exactos, era Eriol el que resultaba ser la imagen de aquel niño. De Clow.

El chiquillo pelinegro esbozo una sonrisa juguetona y bajó de un brinco sin ninguna dificultad. Su compañero bufó en respuesta.

- De verdad, eres presumido – Se quejó el castaño.

- Yo no diría eso, más bien, soy…talentoso – Respondió el pequeño Clow con suficiencia.

- Y también modesto – Ironizó su compañero.

Rieron al a par y luego se tiraron en la alfombra de pétalos. Hubo un momento en que ninguno dijo nada pero a Eriol le pareció que aun en el silencio, esos dos niños mantenían una conversación.

- Volviste a escaparte – Comentó el niño que le recordaba tanto a su amigo de china. El pequeño Clow no necesito contestar a esa pregunta.

- Lee, sabes que aprendo más afuera que en ése lugar – Dijo defensivo.

¿Lee? ¿Acaso Eriol había escuchado bien? ¿Cómo era posible que Shaoran y Clow se hayan conocido? Y que, ninguno de los dos – ni Shaoran ni Eriol – lo recordaran. ¡No tenía ningún sentido!

- O tal vez estás buscándola de nuevo – Comentó Lee.

- No lo entiendes – Se quejó Clow – Yo sé que está ahí en alguna parte, lo presiento. – Los ojos del pequeño hechicero parecían ver más allá de las ramas, incluso más allá de las nubes; su mirada parecía empeñada en buscar "algo" que se ocultaba de todo lo visible.

- Clow tienes diez años, una vida te espera; ella llegará a su momento. – Comentó el castaño en un tono despreocupado.

- Lo dice alguien que encontró a su otra mitad desde que nació. – Puntualizó el heredero de los Reed. – Además hablas igual que mis padres. – Se burló.

Y no culpaba a Lee por hacerlo. Como el único varón de la familia Lee, él había tenido que crecer demasiado deprisa, siempre tenía algo que hacer o un lugar a dónde ir. Todo su mundo casi siempre estaba rodeado de adultos; a veces Clow temía que a su amigo lo estuviesen convirtiendo en un adulto con cuerpo de niño en secreto.

Para Clow era un tanto diferente. Aunque él también fuese el único heredero de su familia, no sucumbía ante las presiones e influencias de sus mayores. Él era consciente de su potencial – tal vez demasiado – pero por ésa misma razón evitaba estresarse o frustrarse cuando las obligaciones le llegaban al tope. De hecho, ese exceso de confianza le daba la libertad para permitirse escapadas como aquella.

- Pues el hecho de que estés encaprichado en buscar a una chica, no es exactamente actitud para un niño – Contraatacó su amigo.

Touché pensó Eriol, que miraba cada detalle aquel debate. Y es que, nunca creyó encontrar tal faceta de Clow, mucho menos a esa edad. De alguna manera, no podía evitar compararse con él, se parecían demasiado. Ambos parecían tener la manía de querer vivir a prisa.

- Ah, ¿entonces sabes lo que es ser un niño? Porque todo este tiempo creí que mi mejor amigo estaba hechizado con el humor de un anciano – Volvió a burlarse Clow arrojándole un puñado de pétalos al castaño directo a la cara.

Lee no tardó en contestar el ataque y el debate se convirtió en una batalla sin cuartel de suaves granadas rosa.

Hiraguizawa no pudo hacer otra cosa que reír. Resultaba muy hilarante; la imagen del Clow tranquilo y amable – que todos, incluido él – tenían como su única imagen posible, se vio alegremente opacada con la de ese pequeño Clow inquieto, curioso y juguetón. Pese a que esa imagen fuera parte de una visión, lucía mucho más real y enternecedora de lo que jamás pensó que sería.

La brisa pareció unirse al juego, ayudando a que las flores tendidas en el suelo volaran por todas partes. Como si aquello fuera el abrir y cerrar de un hermoso telón. Y lo fue…

Para el segundo siguiente, los pequeños habían crecido o al menos Lee lo había hecho. Ahora parecía todo un adolescente – acentuando aún más el parecido con el Shaoran que Eriol conocía - En este nuevo acto, se encontraba apoyado bajo el mismo árbol leyendo un grueso libro.

¿A dónde habría ido Clow?

- ¡Xao! – Exclamó el joven Reed corriendo a toda prisa.

Él también había crecido. Sin embargo, seguía siendo el mismo, la misma tez pálida, los mismos anteojos, el mismo color de cabello – quizás un poco más largo – incluso tenía el mismo aire travieso en la mirada.

El aludido ni siquiera se inmuto, como si ya estuviera acostumbrado al barullo de Clow.

- ¡La encontré! ¡Finalmente la encontré! – Anunciaba el níveo hiperactivo. - ¿¡Me estás escuchando!? ¡Dije que la encontré! – Repetía al tiempo que arrebataba el libro de hechizos avanzados que estudiaba su amigo.

- ¿Y ahora de qué hablas Reed? – Masculló Lee. Siempre que Clow lo fastidiaba había optado por llamarlo por su apellido en revancha.

Esta vez, sin embargo, Clow estaba tan eufórico que hizo caso omiso de este detalle y del mal humor del castaño.

- ¿¡De qué otra cosa puedo estar hablando!? ¡De la chica! ¡La chica de mi destino Xaoran! ¿¡Puedes creerlo!? – Hablaba el futuro creador de las cartas sin parar.

Todo su ser parecía estar a punto de explotar de alegría. Incluso parecía flotar, Eriol no sabía si era producto de la magia o del enamoramiento; quizás fueran ambas cosas.

- ¿Lo dices en serio? – Preguntaba Xaoran un tanto escéptico mientras levantaba su libro y lo sacudía.

Y si Eriol hubiese visto todos los capítulos anteriores a éste, le daría la razón a Lee por dudar. Puesto que Clow había adquirido el síndrome del enamoramiento prematuro – como a su amigo le gustaba llamarlo – desde los doce años.

Siempre era la misma historia… Clow conocía a una linda chica, la trataba unos días y por último la proclamaba el amor de su vida. Claro está, que aquello no duraba; tanto por que Clow era altamente voluble como por la intervención de sus padres que no perdían oportunidad en escoger a sus prospectos.

- Tienes que conocerla amigo, ella es hermosa, inteligente y ¡es hechicera como nosotros! Te lo digo Xaoran ¡Es perfecta! – Argumentaba el chico sin perder el entusiasmo.

- Y ¿ya la aprobaron tus padres? – Cuestionó Lee muy serio. Tan solo basto esa simple pregunta para que la burbuja de felicidad de Clow empezara a desinflarse.

- Emm…bueno…ellos seguramente lo harán – Contestó escuetamente mientras se dejaba caer a la sombra del cerezo.

- Aún no la conocen ¿cierto? – Intuyó Lee. El albino solamente alcanzó a encogerse de hombros en seña de "ya sabes como soy"

El castaño y Eriol se llevaron una mano a la frente como respuesta.

- No te preocupes – Tranquilizaba Clow palmeando la espalda de su amigo como si él fuese el del problema – Se las presentaré en la ceremonia del juramento, ya verás que no habrá ningún problema… Thanairi Ichihara es la indicada… - Recitó lleno de esperanza.

Y como preludio de lo que iba a suceder, las flores del cerezo se arremolinaron como una tormenta y en su salvaje remolino el delicado rosa de sus pétalos fue adquiriendo un intenso color carmesí.

Un rojo que llegó hasta el cielo, contagiando con su tinta a la luna.

La tierra se removía bajo los pies de Eriol mientras que sus ojos fueron testigos de la fatal tragedia entre aquellos dos amantes.

Allí yacía la joven en brazos de un Clow desconsolado que clamaba su nombre en un doloroso lamento.

Al igual que lo hiciera Zander en sus visiones, el inglés se vio atraído involuntariamente a aquella pareja; era como si estuviese viendo a un Romeo y a una Julieta, que aún después de la muerte se profesaban amor sin reservas.

Al ver el rostro de aquella joven, Thanairi Ichihara, Hiraguizawa pudo comprender la fascinación que había despertado en el hombre de su vida pasada. Era realmente hermosa, de una belleza casi exótica. Su largo cabello oscuro, piel blanca de porcelana, finos y pequeños labios; el vestigio de su aura todavía pululaba a su alrededor como luces intermitentes de luciérnagas en verano. Era una energía cálida y dulce, tan ligera cual mariposa. Y ahora ésa misma mariposa revoloteaba libre, disipándose y fundiéndose con el vacío de la muerte.

Tan honda fue la impresión de este suceso para la joven reencarnación de Clow que por un momento, su propia mente – o tal vez fuera parte de la ilusión – que pudo verse en la misma situación. Él llorando por una profunda pérdida, casi agonizando por el enorme agujero que le causaría la ausencia de ésa persona.

Kaho debía ser aquella persona ¿quién otra si no le dejaría una herida semejante? Sin embargo, el destino le volvería a enseñar verdades que no creyó posibles; y es que, en lugar de tener en brazos a la joven que alguna vez fue su novia, apareció una joven que hasta ahora había considerado una muy querida amiga.

Así es; la mente de Eriol le mostró nuevamente su llanto incontrolable por la muerte de Tomoyo. Y ahora verlo tan nítidamente le produjo aún más miedo que en la primera ocasión.

- No…no lo entiendo… - Musitaba incrédulo - ¿Por qué Tomoyo? ¡Ella no tiene nada que ver en esto! – Gritó a nadie en particular.

Se acercó tembloroso a su "yo" de la ilusión para llegar a la joven. Y esta vez, sus manos sintieron la frialdad del rostro de ella, la viscosa y desagradable sensación de la sangre que le goteaba por los labios. El morado intenso que tenía en el cuello.

Él no tardó en imitar el llanto del Eriol que vivía en aquella visión.

- Eras tú… - Decía el Eriol de la ilusión. Captando la atención del verdadero – Siempre fuiste tú…

- ¿Qué has dicho? – Preguntó el inglés a su yo.

Y rompiendo toda regla del mundo dormido de su inconsciente, su "yo" lo miro. Fue algo desconcertante pero tan familiar como verse en un espejo. El Eriol de su mente, acercó una mano hasta él y con cuidado le secó las lágrimas que corrían por sus mejillas.

El verdadero Hiraguizawa estaba paralizado, nunca imaginó que él mismo sería capaz de consolarse, ni si quiera en sueños.

- Ella es la respuesta… - Confesó su otro yo intentando sonreírle a él en vano –En el pasado, en el presente y en futuro…ella siempre será la respuesta.

Junto con aquella declaración, la visión comenzó a desdibujarse como clara señal de que todo había terminado.

- ¡No! ¡Espera! – Rogaba la verdadera reencarnación de Clow – ¡Todavía no entiendo! ¡Por favor! ¡No puedo despertar aún! – Ordenaba sin éxito a su inconsciente… porque la realidad empezó a llenarle los sentidos.

Zander imitó el ataque que Cerberos le lanzaba hasta convertirlos en uno solo y devolvérselo de lleno al guardián.

- ¡Kero! –Gritó Sakura.

El poder del impacto logró regresar a la criatura a su identidad falsa. Tanto ella como Yue no tardaron en estar a su lado.

- ¿Por qué nuestros ataques no logran alcanzarlo? – Se preguntó la Card Captor en voz alta.

Yue miró a su compañero malherido y después al joven que tenían delante. Lo que estaba a punto de decir sonaría imposible pero dadas las evidencias, no encontraba otra explicación.

- Porque su magia es similar a la nuestra – Respondió el ángel – En sus venas corre el poder del mago Clow.

- ¿¡Qué dijiste!? – Cuestionaron Sakura y Lee al unísono.

La mente de la Card Captor luchaba por asimilar aquella información ¿Ese joven tenía alguna relación con Clow?

- ¿Es eso cierto? – Preguntó Shaoran encarando de nuevo a Zander.

El italiano sonrió ladinamente y apretó los puños para contener el peso de aquellas palabras.

- Sí – Contestó el rubio entre dientes.

- ¿¡Entonces por qué!? ¿¡Por qué haces esto!? – Exigió saber la castaña.

- Por la misma razón que ustedes – Sentenció – Para proteger a las personas que amo.

Sakura escuchó aquella frase como si hubiese salido de su propia boca. El significado encerrado en esas palabras le abofeteó con una probada agria de sinceridad. El joven Valisari estaba dispuesto a tomar el camino equivocado, a dañar a los que fuesen con tal de velar por el bienestar de quienes le importaban ¿no era eso mismo lo que ella había hecho? Su padre, su hermano y también Tomoyo… los había herido con tal de que ellos se apartasen y estuvieran fuera de peligro… ¿en verdad había llegado tan lejos?

Miró por primera vez a su alrededor, observando conscientemente las consecuencias de su conducta. Su grupo… herido, cansado y fragmentado. Pensó en su familia, en Fujitaka y en Touya.

A juzgar por el rostro de la Card Captor, Zander supo que sus palabras habían dado en el blanco. Al fin, la joven hechicera comenzaba a reaccionar. Poco le importaba a él quedar como el villano de la historia, si bajo ese disfraz lograba su objetivo, estaba dispuesto a portarlo hasta el final. Decidido a continuar con su acto, se preparó para atacar una vez más…

- ¡Zan mira! – Le distrajo Lucy apuntando hacia el árbol sagrado.

Un resplandor comenzaba a rodear al cerezo de templo, hasta cubrirlo completamente; el tronco se estiro como si fuera una cortina de agua y de ella, salieron los dos chicos faltantes.

- ¡Eriol! – Corrió Sakura para apoyarlo, él apenas parecía consciente.

Lucy y Anais hicieron lo mismo con la joven Ryuuzaki. Zander suspiró aliviado y se unió a las chicas.

- ¿Eriol, te encuentras bien? – Escuchó a la dueña de las cartas preguntarle al inglés.

- Marina… - Alcanzó a decir él – Ella… ¿está bien?

El italiano volvió a tensarse al instante, no solo porque gran parte de la situación había sido culpa de ése chico, sino porque ahora llamaba a Marina por su nombre como si fueran amigos cercanos.

- Lo de hoy fue sólo una advertencia – Dijo el rubio – Si se atreven a tocar a alguna de ellas de nuevo, no seré tan considerado – Amenazó.

- Espera… - Lo detuvo Eriol con la voz - ¿Qué hay de Tomoyo? ¿También la protegerás de nosotros?

A Hiraguizawa le hubiera gustado hacerle aquella pregunta de frente al joven Valisari para monitorear sus expresiones, pero a esas alturas debía apoyarse en el hombro de Shaoran para mantenerse de pie.

Cualquier cosa que dijera el italiano sería una señal. Sus palabras le dirían a Eriol si debía verlo como un aliado o un enemigo.

Y Zander optó por el silencio. Un mutismo que acompañó a él y al resto de las guerreras hasta la salida del templo.

Watanuki se había detenido en un parque custodiado por un enorme pingüino azul; a esas horas de la noche estaba desierto, solamente unas cuantas farolas le daban vida a aquel rincón infantil. El leve chirrido de su columpio era lo único que lo mantenía conectado con la realidad. Su mirada yacía fija y a la vez a miles de kilómetros de distancia de los granos del pequeño arenero.

Aquella diminuta porción del mundo le sabía igual que estar abandonado en una isla desierta. Y en realidad así era; estaba varado en una dimensión desconocida y extraña, sin ningún amigo o medio para sobrevivir.

Entonces pensó en Tsubasa ¿cuántas veces debió encontrarse en una situación similar? ¿Viajando errantemente sin tener idea del sitio al cual llegar? No se imaginaba llevar una vida como aquella pero sabía que tampoco podía quedarse de brazos cruzados.

Lo primero era encontrar un empleo para poder costear un sitio en donde alojarse. Podría cocinar en algún restaurante o ser un lavaplatos, incluso podría utilizar sus habilidades sobrenaturales para montar un maltrecho puesto de adivinación.

- ¡Por eso debí quedarme! ¡No he aprendido lo suficiente! ¡Ni si quiera soy capaz de rastrear a una chica! – Exclamó con el recuerdo de Yuuko y la joven que se le había presentado en su sueño.

Pataleó frustrado y se lanzó dando puñetazos al montículo de arena como un niño haciendo rabietas. Estaba molesto, estaba perdido y estaba asustado. Los espíritus que lo habían perseguido en el pasado no eran nada comparados con el temor que estaba llenando su interior. Era un miedo que siempre había habitado en su alma pero que ahora lo amenazaba con su oscura silueta que parecía querer tragárselo hasta que no quedara nada de él...

Su miedo a la soledad parecía sonreírle con una mueca torcida, regocijada por su desdicha y lo peor era que ni siquiera sabía cómo luchar en contra de ella.

- Creo que le has ganado – Lo sacaron de su trance de ira.

Al levantar la vista, Watanuki se encontró con una persona hermosa – aunque no podía decidirse si se trataba de un chico o una chica – Era de complexión pequeña, una cabellera corta de un rubio claro y unos bellos ojos amielados, que parecían titilar cuando la luz los tocaba. Su mirada tranquila y tierna le transmitió a Kimihiro una sensación cálida de paz, una que parecía fuera de este mundo.

Él parpadeo confundido ¿qué era lo que recién había estado haciendo?

- ¿Dis… disculpa? – Logró articular. Su extraño acompañante río levemente. Parecía el canto de un ruiseñor.

- Me parece que has dejado al monstro de la arena fuera de combate – Reconoció.

Sólo entonces fue que el pelinegro cayó en cuenta de que estaba cubierto de arena; se levantó con torpeza y se sacudió la ropa y el cabello.

- Lo siento…yo solo estaba… - Decía avergonzado tratando de explicar su arrebato.

- …¿Tratando de encontrarte? – Terminó aquella persona sus palabras.

- Algo así – Reconoció él.

- Yo soy nueva en esta ciudad y a veces también me pierdo – Comentó - Es curioso…

- ¿Qué ambos tengamos un mal sentido de la orientación? – Dijo Watanuki sonrojado. No sabía si por haber sido descubierto en medio de un berrinche o por el hecho de que su acompañante resultase ser una chica.

- No. – Respondió ella – De que ambos estuviéramos perdidos y que al final nos hallamos encontrado – Culminó con una sonrisa. Kimihiro se asombró por tal respuesta y terminó por sonreír también.

- Quizás solo ha sido coincidencia – Se le escapó a él la frase. Aunque no creía en eso en realidad.

- O quizás fuera algo inevitable – Respondió la joven con una extraña aura dorada en los ojos.

En ese momento él lo comprendió, aquella joven no se encontraba ahí al azar; ellos debían de encontrarse por algún motivo, los hilos del destino los habían llevado hasta ese lugar. Pero lo más extraordinario era que esa chica también procedía de otra dimensión, aquella aura dorada en sus ojos era procedente de un sitio lejano, uno tan limpio y pacifico como los sentimientos que despertaron en él al mirarlos.

- Tú… no perteneces a este mundo ¿cierto? – Se atrevió a Watanuki a cuestionarle. Ella negó.

- He vivido entre los humanos por mucho tiempo, pero lo cierto es… que éste no es mi lugar de origen. – Explicó.

- ¿Cómo te llamas? – Quiso saber él.

- En ésta y en todas mis vidas me llaman *Kohaku – Dijo ella.

Cuando la chica pronunció aquellas palabras, Watanuki pudo jurar haber visto nacer un par de alas de la espalda de esa joven. Ella tenía razón, era curioso… hacía apenas un momento él se encontraba perdido, asustado y renuente de los giros que su destino había dado, pero también fue ése mismo destino el que le había enviado un ángel para espantar a la soledad aquella noche.

Zander había permanecido en silencio en todo el trayecto, ni siquiera le había preguntado a Marina qué había ocurrido exactamente, ni cómo se encontraba. De hecho, difícilmente podía escuchar a sus amigas.

Y es que finalmente había dejado al descubierto sus habilidades, las había usado sin titubear y con una intensidad abrumadoras. A partir de ahora no había vuelta atrás; él lo sabía e incluso su "madre" pareció percibirlo. Fue por eso, que pudo enterarse que algo había sucedido…

La noche auguraba a ser como el resto de las otras en casa de los Valisari, él y su "padre" cenaban envueltos solamente por el sonido de los cubiertos. Para muchos resultaría una situación incómoda pero para ambos se había convertido en algo habitual. Su relación era mejor si el silencio estaba presente.

Por eso, cuando un inesperado estallido se escuchó, pareció resonar con más fuerza de lo que en realidad pudo haber sonado. Luego de ello, los gritos de Elizabeth inundaron el ambiente.

- ¡Se ha ido! ¡Se ha ido! ¡Él se ha ido!

Tanto Zander como su padre se retiraron bruscamente de la mesa para ir en ayuda de la mujer. En su camino, el hombre dio indicaciones al mayordomo para que llamara al médico de la familia.

Entre tanto, Zander llegó a la habitación encontrando a su madre de rodillas, ella temblaba como si el invierno se hubiera estacionado en su cuerpo; un par de vidrios rotos estaban desperdigados por la alfombra y un líquido rojo había comenzado a mancharla.

- "Debo encontrarlo" "Debo encontrarlo" repetía ella con voz ausente. Ni si quiera consciente del corte de sus manos.

- Madre – Dijo él apresurándose a su lado – Madre, tranquilízate. Estoy aquí, no iré a ninguna parte – Aseguró acariciándole el rostro.

Fue entonces que Elizabeth lo vio, al principio lucía confundida como si estuviera debatiéndose si aquello era real o no; y luego, sus hermosos ojos celestes despuntaron el brillo del reconocimiento.

Empujó al chico con violencia y de nuevo la crisis se apoderó de ella.

- ¡Aléjate de mí! ¡TÚ NO ERES MI HIJO! ¡NO ERES MI HIJO!

Aquello fue como si miles de espadas hubiesen atravesado el corazón del joven.

Cuando llegó su padre, Zander estaba en shock, las palabras y el rechazo de su madre se habían gravado en su interior, resonando con su desprecio en todas las paredes de su alma.

- ¡No te quedes ahí parado como un idiota! – Lo reprendió su padre en un grito que logró despertarlo.– ¡Ve y averigua que rayos está ocurriendo!

Incluso si no se lo hubieran ordenado, Zander salió corriendo de ahí. Quería alejarse lo más posible, a un lugar donde los gritos de sus padres no lo alcanzaran. Corrió sin mirar atrás, corrió hasta quedarse sin aliento. Y cuando su cuerpo y su corazón se habían alejado lo suficiente. Volvió a ser dueño de sus sentidos, su destreza sobrenatural se activó dándole el aviso de que dos presencias mágicas habían desaparecido. La de Marina y la de Hiraguizawa…

La vibración de su celular lo aterrizó fuera de tan frescos recuerdos. Cuando vio el nombre de su padre centellear en la pantalla, se le formó un nudo en el estómago.

- Elizabeth se ha tranquilizado – Dijo el hombre con voz cansada - ¿Él está bien? – Preguntó luego de un momento.

El joven italiano no pudo reprimir el impulso de apretar el agarre del móvil. ¿¡ÉL!? ¿¡Es que acaso Hiraguizawa es lo único que importaba!?Tal vez Zander no fuera su hijo pero les quería, ¡les quería! Se preocupaba por ellos, los respetaba y entendía su dolor.

Entonces… ¿por qué? ¿Por qué ellos no podían corresponderle aunque sea un poquito?

Con esfuerzo aplastó todas esas quejas internas y sufrimiento para responderle.

- Él está bien. Ha hecho un viaje dimensional, al parecer ha empezado a buscar fragmentos del pasado.

Su padre dio un largo suspiro uno de alivio y cansancio.

- ¿Qué ha visto? – Cuestionó después.

- No estoy seguro, pero creo que no ha sido mucho – Dijo indeciso. Lo que menos quería era que su padre volviera a perder los estribos.

- Si él ha iniciado a buscar sus recuerdos, es tiempo de que esa chica también lo haga.

Aunque Zander lo sabía; escucharlo de su padre fue tan sorpresivo como rotundo. Ya no había vuelta atrás.

Asintió con un leve sonido.

- Ya sabes qué hacer – Indicó su padre antes de colgar.

Se quedó un momento inmóvil, juntando las fuerzas suficientes para poder cumplir con aquello. Sabía que era lo correcto, Tomoyo tenía todo el derecho de conocer aquel pasado. Pero Zander tenía miedo, miedo de que cuando ella supiera no volviera a ser la misma, miedo a que ella no pudiera soportarlo, miedo de que esos recuerdos la alejasen de él...

Y aun así…

- Lo siento chicas – Se disculpó con las guerreras – No podré acompañarlas a casa.

Las tres jóvenes ni si quiera tuvieron tiempo de contestarle porque para ese instante Zander ya corría en dirección contraria.

Eriol no tenía ninguna herida pero se sentía terriblemente cansado, sus huesos los sentía tan frágiles como hojas de papel, cualquier movimiento los hacía crujir y le daba la sensación de que lo pisoteaban. Cuando poseía toda su magia no solía sucederle ese tipo de cosas.

Habían buscado refugio en el departamento de Lee, era mucho más fácil hablar ahí sin temor a ninguna interrupción.

El inglés miró el reloj de mesa que yacía junto a la cama donde descansaba; las dos treinta y cinco de la mañana. Hasta ahora caía en la cuenta de que su viaje dimensional había durado tan solo un par de horas. Sin embargo, lo sentía casi irreal, tan lejano como las memorias de sus primeros años de vida, pero aquel viaje en verdad había sucedido.

En el pasado, en el presente y en el futuro… ella siempre será la respuesta.

Las palabras que su yo le había regalado seguían intrigándolo sin descanso. Si Tomoyo no poseía ningún rastro de magia ¿cómo podía ser ella la respuesta? ¿Cómo una joven común podía develar misterios tan antiguos como el tiempo y tan inciertos como el futuro? No tenía ningún sentido.

Shaoran entró a la habitación con Sakura detrás. Ambos cargando charolas con distintos aperitivos. Seguramente con todo el alboroto de su desaparición había preocupado a sus amigos robándoles el apetito hasta ese momento. Eriol no pudo evitar sentirse culpable.

- ¿Cómo están ellos? – Optó preguntar Hiraguizawa por sus guardianes para evitar aquel sentimiento.

- Están algo débiles, pasaron demasiado tiempo dentro de tu báculo, pero se podrán bien. – Respondió el chino tendiéndole un tazón de fideos. – Tú también debes recuperar fuerzas. - Eriol le agradeció con la mirada.

Miró entonces a Sakura, no probaba bocado, tenía el entrecejo fruncido y apretaba con fuerza los palillos, en un esfuerzo por no explotar.

- Lo siento – Se disculpó el pelinegro.

- ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no acudiste a nosotros? ¡No te das cuenta del peligro al que te expusiste y también a los demás! – La joven estaba enojada sí, pero también estaba dolida, lo que más odiaba era que la gente a su alrededor enfrentara dificultades para cubrirla. Odiaba sentir miedo por la posibilidad de que esas personas perdieran la vida por intentar protegerla.

- Lo lamento – Volvió a disculparse – No lo hice, porque sé que el pasado ya te ha lastimado bastante, no quería que te hiciera más daño. – Decía sin dejar de mirarla a los ojos.

…Para proteger a las personas que amo… Recordó ella las palabras del chico rubio. Las joyas esmeraldas de su mirada se llenaron de lágrimas, hasta que abrazó al inglés con fuerza. Ésa era ella, una chica llorona, atolondrada, tierna y siempre dispuesta a regalar de su alegría a cualquiera. Ésa era su amiga Sakura. Era hermoso tenerla de vuelta y la recibió cálidamente e infinitamente aliviado.

- Prométeme que no volverás a hacer algo así – Pedía ella entre sollozos.

- Lo prometo – Respondió sin soltarle.

- Y… ¿Lograste averiguar algo en el pasado? – Les cuestionó Kero, tenía algunos arañazos que se ocultaban detrás de un par de banditas pero había recuperado su ánimo después de haber devorado unos bollos rellenos de crema pastelera.

El inglés reaccionó al instante, soltando a Sakura para poder mirar a todos; relató entonces su estancia en Cephiro - al menos sobre las personas que lo acogieron – porque lo ocurrido con Marina le parecía algo lo suficientemente privado como para ventilarlo a personas que la joven peli azul apenas y conocía. También les hablo del imponente Ceres, que gracias a sus poderes – o al menos eso creía – fue capaz de ver pasajes del pasado.

- Es muy extraño… - Comentó el leoncito con una patita en su redonda barbilla – Tomoyo no posee poderes mágicos ¿cómo podría ser ella la clave de todo?

- Quizás ella solo sea un atajo para llegar hasta ustedes – Secundó Yue sin perder la calma. – En el pasado, las personas cercanas a sus familias también fueron perjudicadas. – Dijo mirando de soslayo a la dueña de las cartas.

Ella también pensaba igual pero algo le decía que había algo más; ¿cómo es que su amiga estaba siempre rodeada de gente con poderes mágicos? ¿Sería coincidencia?

- En todo caso, deberíamos estar alerta – Habló Shaoran distrayéndola de sus pensamientos – Los poderes de ese sujeto son lo suficientemente fuertes para dejarnos fuera de combate, podría ser peligroso.

Eriol también estaba inquieto por ello. La familia de Clow Reed tenía descendencia inglesa y china; no recordaba tener alguna relación con Italia ¿entonces cómo Valisari podía tener poderes de los Reed?

- Me equivoqué – Dijo Sakura esta vez –Nunca debimos alejarnos de Tomoyo… si esos chicos llegasen a lastimarla… - Dijo sintiendo un escalofrío, la narración de la visión que había tenido Eriol sobre Tomoyo le producía un temor que estaba comenzando a crecer rápidamente.

- Estoy seguro que Marina sería incapaz de lastimarla Sakura –Aseguró el inglés.

- Eso no lo sabemos y no podemos arriesgarnos a averiguarlo – Respondió ella – Talvez esas chicas no sean malas personas pero… si ése chico las acompaña debemos estar listos para lo que sea.

Esta vez Sakura rayaba por estar en lo cierto; el poder de Valisari era grande; sin embargo, lo que realmente le preocupaba era la seguridad y el arrojo del joven. La fortaleza de sus palabras era ni más ni menos, la prueba de lo que podía ser capaz de hacer por aquellos a los que amaba. Para la Card Captor, él resultaba un reflejo masculino de ella misma. Y a tal semejanza no sabía si debía temerle o si debía depositarle su confianza.

Zander no tardó en llegar a la mansión Daidouji. A esas horas todo el mundo estaba dormido y las únicas luces que permanecían despiertas eran las de las cámaras de vigilancia. Sin embargo, para él, aquello no resultaba ningún inconveniente.

De hecho, ya entrados en el tema, ésa no era la primera vez que el chico se colaba por la casa a tales horas.

Pero eso era su más preciado secreto.

Zander había convertido la mansión de Tomoyo su refugio. Uno al cual recurría en noches como aquella, en la que su casa, sus padres y su vida se tornaban en un caos.

Brincaba con la perfección de un acróbata circense la gran reja y trepaba el hermoso árbol de ciruelo que tenían en el jardín. En las ramas de aquel frondoso árbol había pasado innumerables noches, en las que desahogaba todas sus frustraciones hasta quedarse dormido con el dulce aroma de las flores o contemplando a la joven durmiente que se apreciaba a través del balcón.

Sin embargo, esta noche sería diferente. Esta vez Zander no podía limitarse a sólo mirarla. Con el apoyo de las ramas, logró cruzar hasta llegar al balcón. Cuando estuvo frente a la puerta de vidrio que daba acceso a la habitación de la joven, hizo uso de su magia para liberar el seguro.

Era extraño; había estado ahí en esa habitación muchas ocasiones pero en esos instantes se encontraba nervioso – quizás fuera por el hecho de que esa era la primera vez que entraba al cuarto de Tomoyo durante la noche o tal vez fuera por lo que estaba a punto de hacer – Su corazón latía con fuerza a medida que se acercaba a la cama.

Aún en la oscuridad pudo verla…

Siempre la había llamado princesa, pero no fue hasta entonces que reconoció el hecho de que aquel mote le quedaba a la perfección. Así, dormida, era la viva imagen de una princesa de cuentos. Sus cabellos negros y ensortijados cayendo suavemente sobre la almohada, su piel de muñeca, sus largas pestañas que acariciaban levemente sus pómulos con cada respiración y sus pequeños labios rosados.

Todo en ella era como un sueño.

Todo en ella le robaba el aliento.

Todo en ella lo dejaba embelesado.

- Daría todo lo que tengo por ti – Dijo en un susurro – Créeme que lo haría, no importa si no estás a mi lado, no importa si no me miras como yo te miro, no importa si no me amas como yo te amo. Lo único que quiero…es que seas feliz. – Dijo apartando suavemente los mechones negros de su flequillo -Por eso…tienes que ser fuerte – Recitó finalmente para besar su frente.

Y con aquel beso, una pequeña luz nació; una que logró envolverla por completo para luego desvanecerse en su frente. Como si su cuerpo hubiera absorbido a ese resplandor.

La luna continuaba en lo alto como un fiel vigía de la noche. No obstante, hay lugares en donde el brillo de la luna no alcanza llegar. Y allí, en donde las sombras se esconden, se encuentra el mundo espiritual. Es un lugar de dioses y deidades olvidadas, de guerreros caídos y de figuras trasparentes.

- Al fin, la primera puerta dimensional ha sido abierta…pronto Tomoeda y sus hechiceros volverán a enfrentarme– Enunciaba la oscuridad.

(CONTINUARÁ…)