Y aquí estoy, con Sasuke, los dos solos porque Umiko ya no vive con él, en su cama, conmigo encima… Y peleándonos. Bueno, cuando pensé en el día que nos acostásemos no lo pensé sin que acabásemos a hostias por quién va encima, pero el caso es que el Uchiha se ha dejado poner abajo, pero aún así lucha por ser el esté encima.

-¡A ver, Sasuke!

-¡Vas a despertar a Kushina!

-Si no se ha despertado con el alboroto que llevamos montando desde hace rato, ¡no lo va a hacer ahora!

-Más te vale.

-El caso, ¿quién te enseñó a besar, princesa?

-¿Y? Me he acostado con Umiko.

-¿Y cómo fue? –sonrío con malicia

Se dispone a hablar pero se calla.

-Venga, ya tengo curiosidad.

-Frío y nada satisfactorio.

-Como tu personalidad –le suelto triunfante -, así que déjame tener el control.

-Y una mierda. Yo encima

¿Quiere encima? Jeh, ignora que habla con un bisexual que tiene picardía y experiencia. Que esté encima entonces.

-¿Quieres estar encima?

-Sí.

-¿Pase lo que pase?

-Sí.

-¿Y no vas a cambiar de opinión?

-Sí.

-Trato hecho –le tiendo la mano, y él la estrecha complacido.

Quien hace la ley…

Bajo el cuello muy despacio, rozando con mi nariz su cuello, aprovechando para aspirar su aroma. Se tensa levemente.

-Pero…

-Estarás encima –le susurro en la oreja

Siento como se le ponen todos los pelos de punta.

Aprovechando que tengo la boca cerca de su oído le doy un mordisco en la oreja, recibiendo un quejido de cabreo a cambio, y después le doy un lametón en el lóbulo, jugando con ella, empezando a continuación a bajarle por el cuello con lametones y mordiscos, deteniéndome un momento para darle un rabioso beso en él hincándole los dientes.

Noto que respira con pesadez, y siento que me tira de los pelos, haciendo que deje de esconder la cabeza en su cuerpo, para que le encare.

-¿Qué haces? –suelta sin respirar.

-Relájate.

-Vete a la mierda.

-¿Eso le dijiste a Umiko? –me río con suavidad -. Déjate llevar, maldita sea. Hemos hecho un trato, tranquilo.

Vuelvo a su cuello, aunque esta vez me dedico a dejarle marcas rojas, que poco a poco consiguen que cierre los ojos, empezando a sentir el deseo fluir por sus venas. ¡Por fin! He conseguido despertar algo, y lo que es mejor, he despertado sus instintos sexuales, y probablemente sea la primera vez que algo o alguien los estimula.

Noto algo frío en mi cadera, y me asusto al principio, pensando que me está apuntando con su katana o algo así, con él ya no me extraño de nada, hasta que me doy cuenta de que son sus manos que van robándome calor y se tornan más cálidas. Comienzo a bajarle con besos, pero me interrumpe el Uchiha quitándome la camiseta lentamente, deleitándose con los pedazos de piel que van quedando al aire.

-¡A qué estoy bueno! –le miro con picardía.

Él no contesta, sino que se apoya en uno de sus brazos y sube, con los ojos fijos en mí. Me retira el pelo del cuello, agarrándome la nuca con fuerza para llevarle hacia él, hacia el primer beso que me da con lujuria, con fiereza, intentando mantener ese carácter indomable que es tan suyo.

Se deja caer en la almohada, mirándome intensamente, con esos dos pozos amargos que tiene por ojos. Me estremezco ante la profundidad de su mirada y empiezo a besarle con lentitud, como si le estuviera diciendo que tenemos todo el tiempo del mundo, sin embargo, noto que estos le afectan más de lo que quisiera. Mis besos empiezan a aturdirle, sobre todo cuando me pongo entre sus piernas y él nota un bulto que tengo en los pantalones.

Nos separamos. Cierra los ojos. Suspira despacio y vuelve a abrirlos, intentando mantener la concentración.

Sigo por donde estaba antes, bajándole por el cuello, le levanto la camiseta, y continúo hacia el pecho, dándole un mordisco en las costillas, para después darle uno en una zona muy sensible de su cuerpo.

-Pensaba… -casi dice sin aliento -, que solo servían para amamantar…

-Eso es en las mujeres -no puedo evitar que me haga gracia -. En los hombres también hacen cosquillas –sigo jugando.

-Sí… cosquillas –parece algo nervioso, como si quisiera decirme que le provocan algo más.

Me detengo para observar sus reacciones mientras le acaricio con mis manos tibias. Él no lo dice, tampoco le veo porque está oscuro, pero lo noto, sus sentidos comienzan a agudizarse, y cualquier roce mío va encaminándole a la locura. Sus sentimientos están a flor de piel, y eso le está haciendo tremendamente sensible a cualquier cosa que haga.

-La camiseta –susurro con voz ronca.

Se alza un poco y se la quito, y en cuanto la hago el tira de mí con rudeza, echándome sobre él y empezando a morder con fuerza todo lo que pilla a su paso. Cuando desciende y empieza a morderme un pezón, no puedo evitar un gemido, y me doy cuenta de que él mismo siente que está perdiendo el control, pero no de la situación, sino de sí mismo, y por ello se ha vuelto más rudo y agresivo.

Me alejo de él, y le doy un beso, mordiéndole la lengua para desconcertarle.

-Esto no es una batalla –le recuerdo -. No hay un ganador.

-Eso lo dirás tú.

Qué cabezota.

Ruedo los ojos y nos hago rotar, dejándole encima. Hasta que no se crea controlando la situación no va a estar tranquilo, eso sí, hago que tenga las piernas abiertas, alrededor de mí.

-¿Contento?

-Mucho.

El moreno se inclina sobre mí, y empieza a besarme con algo de brusquedad, mientras yo le recorro el cuerpo con las manos, acariciando todo lo que voy encontrando hasta llegar a su pantalón, el cual desabrocho en seguida y empiezo a bajarlo, y casi al intentar hacerlo recibo un golpe y acabo cayendo al suelo.

Contengo la respiración rezando. La pequeña no parece haberse despertado.

-¿Por qué coño me tiras, bastardo?-pregunto en un susurro.

-¿Qué demonios haces?

-¿No pretenderás que me acueste contigo con ropa?

Veo en su cara que se maldice a sí mismo por no haber pensado en eso, y empieza a arderle la cara de vergüenza. Supongo que...

-¿No me digas qué? –empiezo a intentar aguantarme la risa -. ¿Te acostaste con Umiko así? –me rio todo lo bajo que puedo.

Supongo que ni siquiera a la hora de acostarse con la madre de su hija, quería dejar mostrar demasiada piel, por lo que se quitaría o desabrocharía solamente lo imprescindible, guardando su intimidad y su cuerpazo bajo la tela.

-Sigue por ese camino y criaré a mi pequeña solo –activa el Sharingan.

Chasqueo la lengua, me levanto y me dejo caer los pantalones.

-¿Qué haces, idiota?

Y entonces me tiro encima de la cama agarrando a un Sasuke que no hace más que golpearme sin entender nada, y entonces cojo todas las mantas y nos hago rodar, quedándonos debajo de ellas. Para ser sincero, entre la oscuridad de la habitación y que ahora estamos sepultado en sábanas soy incapaz de ver nada, así que espero que el muy imbécil sea capaz de relajarse, porque sino no será capaz de ocultar su lado que quiere controlarlo todo.

-¡No necesito ocultarme bajo las mantas!

Ya bueno, es lo que dice ahora, que se ha dado cuenta de que está rojo como un tomate y que se siente inseguro, así que me toca asumir el papel del miedoso.

-Pero yo sí.

-Ah.

-Bastardo.

-Idiota.

Le cojo del cuello y le beso, y por una vez pone sus brazos alrededor de mi cuello, como si la oscuridad le dejara ser él mismo, como si así pudiese escudarse en que no le estoy viendo. El muy idiota no puede dejarse llevar nunca, pero haré todo lo posible para que se relaje.

Deslizo mi mano por su cuerpo, quitándole los pantalones y la ropa interior sin que me diga nada. Sasuke solo sigue besándome, intentando hacerse el no enterado de que está desnudo ante mí, salvo en el momento en el que decide dejarme en las mismas condiciones a mí.

No puedo evitar morderme el labio al imaginarnos a ambos desnudos, es una desgracia o una suerte que no pueda verlo. Quizás no podría controlarme a mí mismo, sobre todo cuando una parte de su cuerpo roza mi tripa con una deliciosa suavidad. Tengo que respirar lentamente para no perder la cabeza, y como me quedo ese instante quieto él aprovecha para moverse.

Siento de repente como él baja a mi cuello una vez más, y yo bajo a estimular una zona de su cuerpo, con movimientos lentos y rítmicos. Me muerde el hombro y aparte de eso, simplemente cierra los ojos, ignorando todo el rato lo que le están haciendo, apenas reflejando en sus expresiones lo que sus latidos y escalofríos muestran.

-Ah…

Se separa.

-Ponte encima –le digo

El moreno nos hace rodar hasta que queda encima, sin embargo le cojo por la cadera con ambas manos, alzándolo y haciendo que la sábana vaya cayendo dejándome una visión muy sexy de un Sasuke con las mejillas ardiendo y completamente desnudo, aunque con mirada fría.

Hago que ponga sus piernas alrededor de mí, y veo que me mira sin entender muy bien.

-Dijiste que querías estar encima.

-No entiendo cómo voy a…

-Es que voy a ser yo.

Levanta una ceja yo le sonrío con picardía.

-Dijiste no cambiarías de opinión.

-Esto es…

Muevo mi cuerpo debajo del suyo haciendo que se rocen las partes que tenemos más sensibles. Sasuke cierra los ojos con fuerza, se muerde los labios y necesita un par de segundos para recordar de qué estaba hablando.

-Trampa –suelta casi sin aire.

Bueno, solamente tenía pensado molestarle un poco, no teniendo ninguna experiencia en este mundillo, ni en cualquiera que implique relaciones sexuales, no le voy a hacer que se coloque en esta posición. Si me dice cualquier cosa, simplemente me abriré de piernas. Tampoco es que le dé demasiada importancia a estar encima o debajo.

Se retira el pelo de la cara, indeciso, un gesto que me parece tremendamente sexy. Suspira, y después vuelve a su semblante de frialdad y, sin decir nada más, se acomoda mejor encima de mí sin llegar a dejarse caer.

-¿Qué? –me quedo con la boca abierta.

-Es mi decisión.

-¿Pero por qué?

-Porque lo digo yo. Dije encima y encima me pienso quedar –me fulmina con la mirada -. ¿Acaso te asusta? –sonríe con socarronería.

Veo que se dispone a dejarse caer.

-¿Dónde vas?

-Ah. Bueno. Eso.

-¿Cómo crees que funciona?

Frunce el ceño.

-Funcionará como con las mujeres.

-Las mujeres cuando se excitan se les dilata –le señalo su entrepierna.

-Ah.

-Los hombres no.

Seguro que ahora está pensando que debería haber caído en ese hecho antes de decidir quedarse encima.

-¿Te echas atrás?

-¿Y tú? –me mira desde su posición elevada con superioridad.

Acabo de entender el por qué de ese empeño en estar en un lugar más alzado, sino no podría mirarme por encima del hombro. Qué típico suyo. Por muy excitado que esté, o las inmensas ganas que tengas de acostarse conmigo, sigue intentando mantener el dominio.

-¿Entonces? –traga saliva disimuladamente.

-Pues… hay que –me aclaro la garganta –prepararte –me rasco la cabeza un poco nervioso.

-Ni de coña.

-A mí me da igual ponerme bestia –me encojo de hombros -, pero no creo que sea muy sano para un bebé ser despertado por un grito de dolor de tu padre que se está acostando con un hombre.

Me parece perfecto que quiera mantener su orgullo, pero así solo va a conseguir hacerse daño, y mucho. No me importa que otro día lo hagamos con menos cuidado, pero en la primera vez… No está para nada acostumbrado, además nuestros sentimientos están demasiado al descubierto como para hacer locuras, y acabar arañándonos y mordiéndonos como bestias.

Dios.

Existen cosas que son sexys, o pícaras, o algunas que consiguen excitarte, o hacer que te recorra un escalofrío todo el cuerpo, o un calambre, o que te sacan suspiros y luego está Sasuke, que es la encarnación del erotismo. Como el muy gilipollas no me ha dejado ayudarle, está encima de mí preparándose a sí mismo, con las mejillas ardiendo y una expresión de superioridad que a mí me parece lujuriosa.

Al principio le estaba doliendo, pero ahora está consiguiendo acostumbrarse a la intromisión, y yo estoy ahí, tumbado en la cama, y lo que más me cuesta no es mantenerle la mirada, sino conseguir no tirarme encima de él y ponerme bruto, porque me está poniendo muchísimo verle con esos ojos tan oscuros y altaneros clavados en los míos.

Veo que hace un suspiro que casi suena a gemido, y que después se muerde el labio inferior con lascivia.

El muy cabrón se está aprovechando de que él es el que debe decir cuándo está listo, y está aprovechando para provocarme. Le encanta, le encanta que le mire con mis ojos azules totalmente hipnotizado.

-Fuf…

Dibuja una sonrisa de superioridad cuando suelto eso intentando mantener el control. Finalmente se detiene, y yo contengo la respiración, ahogándome en la intensidad de sus ojos. Como siga teniéndome así…

-¿A qué esperas? –dice con la voz un poco quebrada y levanta una ceja.

-A que tomes el control.

Vuelve a sonreír de medio lado, doblo las rodillas y se apoya en ellas con las manos, mientras se va dejando caer con una lentitud agónica que hace que sienta cada milímetro de su piel que entra en contacto con la mía, dándome un calor sofocante y unas sensaciones tremendamente fuertes.

-Sasuke –no puedo evitar gemir y bufo.

Se deja caer del todo, sentándose encima de mí, y alza la cabeza, con la respiración muy acelerada, pero mirando al infinito y tratando de mantener la serenidad.

-¿Sabes cuánto llevo queriendo acostarme contigo?

Gira la cara y consigo que me mire. Trato de incorporarme un poco y le tiro del pelo acercándole a mí, lamiendo sus labios para después besarle, él me coge el cuello, tratando de conseguir más cercanía casi como si tenerme cerca le diese ansiedad, y entonces empieza a moverse con lentitud. Me muerde el labio, todavía intentando acostumbrarme al balanceo.

Miro sus oscuros ojos. Quizás para cualquiera sean frío, pero en el fondo de su pupila ésta tintinea dejándose llevar, y en ese movimiento a veces veo reflejos de un sentimiento.

Vuelvo a darle mordiscos en el cuello, y le recorro el pecho con la mano, bajando para estimularle, simultaneando mis movimientos con los suyos.

-Ah…

-¡Ah! –le gimo más alto yo en su oreja

Sasuke no dice nada, pero está temblando, le está costando mantener esta postura y las piernas le van fallando poco a poco, de una mezcla de placer y dolor, pero es incapaz de confesarme nada. Con una mano le agarro el cuello y la otra la dejo en su espalda, le alzo para acabar con el contacto, le tumbo bocarriba en la cama y me echo sobre él cambiando la posición en un rápido movimiento, dejándole debajo, y a mí de rodillas y aunque con el cuerpo erguido frente a él.

El Uchiha no se queja, creo que está exhausto para hacerlo, y simplemente enreda sus piernas alrededor de mi cintura con fuerza, tirándome sobre él. Me levanto apoyándome en un brazo.

-Estoy cachondo –consigue decir con frialdad -. Acaba de una vez.

Y entonces aprieta el agarre y hace que vuelva a entrar en él en un golpe seco, que me arranca un profundo gemido.

Le miro con un reflejo rojizo en los ojos, y creo que entiende lo que quiero decirle, porque sonríe con prepotencia.

-No me asustas.

Me abalanzo sobre él y empiezo a comérmelo, besándole y mordiéndole todo lo que encuentro a mi paso al tiempo que comienzo a embestirme con unos ritmos demenciales y con una rudeza atroz. Sasuke se muerde los labios y después se cubre el rostro echando los brazos sobre su cara, intentando no mostrar una expresión.

Voy notando como su respiración se acelera, y en un momento aquea la espalda y me clava las uñas haciéndome sangre en la espalda. Algo húmedo me da en el estómago y me separo de él. No se quita las manos de la cara, pero cuando me dejo caer encima suya, todavía excitado, su corazón late muy rápido.

En otro momento, otro día, me reiré de él por tener menos aguante que yo, pero sin apenas experiencia, tampoco esperaba algo más.

- Yo… –susurra de forma sexy - no soy alguien que deja las cosas a medias.

Me da un golpe y me caigo de la cama, mirando el filosófico techo, pero entonces veo que se lleva las mantas consigo, tapándonos a ambos, y colocándose encima, bajándome con besos húmedos, humedad que después se pone a juguetear con el miembro de mi cuerpo que sigue despierto.

Ay Dios. Esa lengua. Ahí.

Él simple gesto y el roce de su lengua ya me hace casi llegar al límite y al poco se me nubla la vista y siento un calambre en todo el cuerpo.

-¡Bastardo!

El nombrado se deja caer a mi lado todavía agotado, y yo me abrazo a él, como si fuera un niño con su osito de peluche, y así nos quedamos los dos, en el suelo, yo abrazándole, y el acariciándome el pelo con suavidad.

-o-

Me levanto de un salto de la cama ¡He vuelto a quedarme dormido! Otra vez tendré que aguantar a Sakura diciéndome que qué clase de Hokage soy que siempre llego tarde, y que tengo que dar ejemplo, que así las aldeas vecinas se van a pensar que no hago nada y nos atacarán...

-¿Por qué no me has despertado?

Llego al salón y veo que el maldito chico del pelo negro lleva rato despierto, ya que ya está vestido, aunque me ignora completamente cuando le hablo.

-¡Eh!

-Tenías demasiada cara de idiota.

Y sigue atándole los cordones a uno de los niños.

Aunque parezca mentira, los años han hecho a Sasuke un padre sabio y dedicado, quizás no demasiado afectuoso, o que sepa expresar bien sus sentimientos, pero para echarle una mano estoy yo. De todas formas, hace un gran esfuerzo, y a veces, y solo a veces, deja escapar una sonrisa de orgullo o unas palabras de aliento.

Sí, puede que siga siendo frío, pero es un buen padre. Dentro de lo que cabe.

-¡Eso no es una explicación!

Podía haber sido peor, podría haber seguido poniendo esa maldita música para escudarse en los libros, en vez de intentar ejercer su labor como papá. Bueno, a veces pone esas sinfonías, pero ya no tan a menudo.

-Cállate, escandaloso.

Me coge del colgante, tirando con brusquedad, sin mediar palabra ni disculparse, y me da un beso.

-¡Alaaaaaaaaaaaaaaaa! –escucho una voz femenina

- Mamá ha besado a papá –oigo otra vocecilla.

-¡Mamá y papá se quieren! –corean dos voces a la vez.

-Mamá y papáááá al lado de un árbol dándose besitoooooos.

-¿Mamá? –pregunta el Uchiha activando el Sharingan.

-Son niños ya sabes… -me rasco la cabeza.

Levanta una ceja.

-Hoy te toca quedarte con los niños –el moreno asiente -. Volveré para que te puedas ir de misión.

-Más te vale –me fulmina.

-Quizás, como Hokage, debería hacer que dejases de tener misiones y así te ocupases de los niños –le miro de reojo medio riéndome.

Veo que se dibuja una estrella en los ojos del moreno.

-Quizás no haya Hokage el día que se tome esa decisión.

Me echo a reír y me encamino hacia la puerta.

-¡Hasta luego papá!

Un grupo de cuatro pequeños se me abrazan: Kushina la mayor de siete años, el siguiente, rubio y de ojos azules, Minato de cinco años y dos mellizos, uno una chica, Mikoto, y otro un chico, Jiraiya morenos de tres años.

Después de Kushina decidimos revivir al clan Uchiha, y por ello tenemos a cuatro Uchihas, pero yo también deseaba tener descendencia, así que el segundo hijo que tuvimos tiene mi sangre, y curiosamente no ha sacado apenas nada de su madre, y es clavado a mí.

Es cierto que durante el primer embarazo ninguno queríamos gemelos, pero como también Sasuke había decidido revivir a su apellido a lo grande, cuando nos dieron la noticia de que esta vez Umiko venía con sorpresa, no pudimos hacer más que alegrarnos. Al fin y al cabo, esos pequeños iban a ser nuestros hijos, viniese uno o dos ya daba igual, ya éramos familia numerosa.

-Buenas, pareja.

-¡Tita Umiko!

-¡Hola, tita!

Me giro para ver a Umiko con el último pequeño, de unos meses de edad, con los ojos castaños claro. La mujer se aproxima a Sasuke, que lo coge en brazos y se lo lleva a su cuna.

-Ya he amamantado a Itachi–se da la vuelta.

La mujer consiguió llegar hasta lo más alto del consejo y es muy útil. Ella y yo nos llevamos relativamente bien, así que muchas veces me ayuda con muchas decisiones, además, no le ha importado ayudarnos a tener a los otros bebés, y siempre fiel a su promesa, cuando nacen nos los entrega para que los criamos, además, de vez en cuando nos hace de canguro y así ella también puede disfrutar de sus hijos, aunque poco tiempo, ya que si no le entran ganas de matarlos.

-Bueno, me voy.

Les doy un beso a cada uno de los pequeños, y un último más profundo y lento al moreno, mientras de fondo escuchamos a los chicos gritando emocionados y haciendo el tonto.

-Ya me dirás qué dice Iruka de la trastada que ha hecho Kushina.

-Tiene mis genes y ha salido a ti –bufa molesto.

-¡Jo! –se excusa la niña -. ¡Era una broma!

-Eres una gamberra como tu padre –dice Sasuke mientras me fulmina.

-Tú no le hagas caso –me agacho -, diviértete sin dañar a los demás.

-¿Así piensas educarles?

-Yo era así y mira dónde hemos llegado –le dedico una sonrisa.

Veo que el moreno tuerce el gesto.

-¡Papi! –veo que le llama Minato abriendo y cerrando las manos.

El Uchiha, sin planteárselo mucho, aunque emitiendo un profundo bufido, se agacha, revolviendo el rubio pelo a su hijo, con una mirada casi serena y protectora.

-Si Papá es Hokage… ¡Yo no podré serlo!

-¡Ni de coña! –salta Kushina.

-¡Esa boca! –mirada prenetrante del Uchiha.

-Perdón –agacha un instante la vista la niña -. ¡La próxima Hokage seré yo!

-¡Eso está por ver!

-¡No! –replica la niña.

-¡Yo soy hijo de papá y tú de mamá!

Aunque estaba contemplando la escena divertido y en silencio, veo como en ese momento el moreno paliducho vuelve a ponerse de pie, mandándome una mirada muy significativa y que me pone los pelos de punta. Quizás debería dejar de bromear con los niños cuando está Kakashi aquí, diciendo que yo soy el hombre de la casa. Aunque sea una tontería entre ambos para molestar al Uchiha, los niños se quedan con lo que quieren.

Me encojo de hombros y pongo una mueca de hacer pucheros, como forma de pedirle perdón, pero él ni se inmuta, con su mirada ahora puntiaguda.

-¡Está en mis genes ser Hokage! –vuelve a replicar el rubio, con una sonrisa zorruna muy propia mía.

-¿Y qué? ¡Yo seré el próximo genio Uchiha! –exclama triunfante la chica.

-¡Nooooooo! –corean dos veces a la vez.

Esos malditos gemelos, desde que aprendieron a hablar siempre están juntos, y a veces parece que se leen el pensamiento, porque muchas cosas las dicen a la vez, lo cual crispa los nervios de Sasuke.

Le doy unas palmaditas en la espalda al Uchiha mayor, pero solo recibo otra mirada glacial, por lo que decido que hoy no es una buena idea seguir haciendo ese gesto, así que me guardo la mano en el bolsillo.

-¡Ese seré yo!

-¡No, yo!

Y entonces los dos pequeños empiezan a tirarse del pelo, empezando a llorar y berrear al tiempo.

Veo que al portador del único Sharingan activo, le empieza a salir un tic en la ceja, y tiene que sacar toda su paciencia para no empezar una masacre Uchiha, otra más.

-¡Niiiiiiiños! –intervengo -. Sed buenos.

-¡A la orden! –contestan todos a la vez aunque no muy bien sincronizados.

-Portaros bien con papá –le señalo y miro al hombre con una mueca de disculpa.

Veo que Sasuke rueda los ojos, y entonces sonrío como un idiota al entender que tampoco le da demasiada importancia a que le llamen "mamá".

Echo a andar hacia afuera, y él me sigue hasta la puerta de entrada, donde se queda apoyado observando cómo me voy, pero no sin antes decir la última palabra. Típico de él.

-Como llegues tarde te mato.

Sigo caminando con una sonrisa enorme en los labios, y no necesito girarme para saber que él se ha quedado mirando cómo me voy con una medio sonrisa.

Escucho muchos pasitos corriendo apresurados, y tampoco necesito voltearme, pero lo hago para ver a un montón de pequeños sonriendo y agitando sus manos para despedirse y miro a Sasuke, y entiende.

-¡Sé un buen Hokage!

-¡Ánimo papá!

-Ten mucho cuidado.

Se lo prometí y sabe que lo cumplí. Jamás le volví a dejar solo, y hemos protegido al clan Uchiha con nuestra alma, ese clan que comenzó con el nombre de la mujer más importante que hubo en mi vida, ese que nada se parece al que fue, y que jamás sufrirá una tragedia como su padre, porque Sasuke y yo… Porque tú y yo estamos para protegerlos, pase lo que pase.

-o-

¡Buenas! Como algunos me pidieron que subiese el fic antes del fin del mundo (XDDDDDD), me he dado un poco de prisa y lo he hecho en cuanto he podido, aunque hayan sido solamente unas horas antes

El fic ya se acabó, y aunque tardé en actualizar subí algo para haceros amena la espera, un supuesto one-shot llamado La dualidad del respetuoso silencio, por si alguien no lo leyó todavía, y para el que tengo buenas noticias ¡tendrá segunda parte! . De todas formas tengo más buenas noticias, ya voy a poder subir mi siguiente fic, Y entonces llegó el idiota,cuya fecha tenía que ser el 25 de diciembre, así como regalo de feliz navidad de mi parte a vosotros =). Muchas gracias por haberme seguido a mí y a este fic, y nos vemos en cualquiera de los otros dos.

¿Quejas? ¿Sugerencias? ¿Peticiones? ¿Faltas de ortografía? ¿Cantantes de ópera que como son felices y tienen un hilo de pensamiento más raro que el de Sasuke, piensan que si Plácido Domingo es famoso, que él se va a llamar Jodido Lunes y sus hijos Indiferente Martes y Bueno-ya-estamos a Miércoles, y así creará una escuela de preparatoria para cantantes de ópera todos los días?

¿Próximo capítulo de La dualidad del respetuoso silencio? Lo diré en el primero de Y entonces llegó el idiota, que saldrá el 25 de diciembre.

Soy mala con vosotros, Os voy a hacer dar vueltas XDD