Hola a todos! Hubiera escrito esto más rápido pero no han sido las mejores semanas de mi vida. El capítulo de hecho es algo corto. Puedo asegurarles como siempre que hice mi mejor esfuerzo por conseguir que quedara bien.

Quiero dedicarle este capítulo a: Los libros de la buena memoria/Sion Overland Vargas porque hoy 6 de marzo es su cumpleaños! Muchas felicidades querida, espero que hayas tenido un día genial y que lo disfrutaras con tus seres queridos. Te puedo decir que me impulsaste a escribir este capítulo, si no hubiera sido por que es tu cumpleaños creo que se hubiera quedado otra semana en el costal. Espero que este nuevo año en tu vida sea de lo mejor; que tengas todo tipo de oportunidades, que conozcas amigos y que encuentres cosas que te hagan amar más y más la vida. FELICIDADES!

Y pasando a otra cosa: la canción de este capítulo es In your shadow (I can shine) de Tokio Hotel. Un rewind extremo a mi adolescencia, pero bueno.

Ni RotG ni The Guardians of Childhood son de mi propiedad, yo tomo prestados a los personajes para escribir mis historias sin otra ganancia que sus reviews :D

En fin.

Los invito a leer!

Erase my scars

Capítulo 11: En tu sombra

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Para la hora en que Toothiana le llevó sus comidas del día, ya que solo se suponía que entrara en la habitación una vez, Jack había hecho la cama, se había aseado, se había vestido y finalmente se había sentado en la cama otra vez, mirando por la ventana. Ella se quedó de pie un momento para observarlo bien antes de avanzar y dejar la comida en la mesa. Le daba una sensación extraña, a decir verdad; ver a un joven tan hermoso, y que Toothiana sabía tan lleno de vida, sentado ahí, miserablemente, como si estuviera resignado a… a algo, que realmente ella no sabía.

-Jack, te traje tu comida del día. Traje varias cosas…preferí frutas frescas y…carne, tu sabes, cosas que no necesitan estar calientes para que las puedas comer. Creo que es suficiente al menos hasta que Aster regrese.

Jack no le dijo nada. Ni siquiera se movió cuando ella entró en la habitación; él solo permaneció mirando por la ventana en completo silencio. Tooth recordó vagamente a cuando lo había conocido unos pocos meses atrás; él estaba igual, en silencio, mirando por las ventanas mientras hacía sus tareas, siempre saliendo del mundo real para quedarse en su mundo de ensueño, para hacer más llevadero su destino.

Y sin embargo, éste que ella veía ante sus ojos era bastante diferente de ese pequeño esclavo soñador que había llegado haciendo sus labores con efectividad y sonrisas. Había pasado tan poco tiempo y él había cambiado tanto…

Al verlo mirar por la ventana, ella ya no veía en él el deseo de escapar, aunque fuera dentro de su propia mente. No; ahora que Toothiana lo veía así frente a ella, más bien le daba la impresión de que Jack miraba hacia afuera como si no esperara nada más; como si hacer esto fuera suficiente para tenerlo complacido. Como un pajarillo que se ha resignado a su jaula y al que el cielo no le parece sino una pintura, o un engaño que no vale la pena soñar o esperar.

El amor que éste joven esclavo sentía por su amo lo estaba consumiendo. Toothiana nunca había visto nada igual, y para ser sincera consigo misma, no era una situación fácil de digerir.

-¿Jack…?

-Estoy bien, Tooth-, interrumpió él antes de que la mujer pudiera preguntar bien lo que quería-, por favor, déjame solo.

De cualquier forma, ella no retrocedió.

-Jack…Jack, no me gusta cómo estás- le dijo, sentándose a orilla de la cama-. Si algo te pasara…. Pensé que estando con Aster estabas feliz.

Jack volvió a quedarse en silencio, sin despegar los ojos de la ventana. El cielo parecía más gris que de costumbre.

-Aster es el único que puede hacerme feliz-, repuso finalmente, en una voz realmente baja. Se abrazó de sus rodillas, escondió el rostro en ellas y no se movió ni un poco más.

Toothiana solo lo miró unos segundos más antes de decidirse a salir de la habitación. Esta imagen tan acabada ante sus ojos la perturbaba, y la entristecía mucho.

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En realidad, aunque lo intentó, Jack no pudo comer demasiado. Después de intentar ingerir un pequeño racimo de uvas- que básicamente son agua-, no pudo hacer entrar en su boca nada más pesado. La comida no podía entrar a su estómago, sentía un malestar bastante fuerte, y sabía que incluso que si conseguía deslizar el más mínimo bocado por su garganta terminaría vomitándolo. El peso que sentía dentro de sí desde esa mañana no se había ido, y tenía la sensación de que no podría deshacerse de él por más que lo intentara. Por el momento, la única cosa que a él se le ocurría que podría hacer era esperar a que el peso disminuyera, o al menos acostumbrarse lo suficiente a él como para comer algo.

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Cuando su amo llegó, Jack estaba de pie en medio de la habitación, esperándolo. Y cuando Aster entró y pasó a lado de él sin dirigirle la palabra, Jack se dio cuenta de que estaban volviendo a empezar. Esto se parecía tanto a esos primeros días en los que su amo aparentaba estar molesto con él la mayor parte del tiempo y Jack sentía que no tenía rumbo… pero no más. Jack estaba seguro de que esta vez tenía una meta por la qué esperar y esa era estar a lado de su amo siempre que pudiera. Siempre que le fuera posible alimentarse de él y de su presencia.

Lo siguió al interior del baño y esperó mientras él entraba en el agua caliente. Estaba ansioso por acercarse y tocarlo aunque fuera solo para ayudarlo a asearse.

Se acercó con las toallas y las dejó cerca. Comenzó a preparar lo que necesitaba para lavarle el cabello cuando su amo le llamó.

-Entra.

Fue una orden lenta, seca, sencilla y fría, pero Jack tuvo que reprimir sus ganas de sonreír cuando la escuchó y entendió a qué se refería. No esperó para cumplir la orden y se acercó a la bañera para desnudarse. Desenredó de su cintura la franja de seda que sujetaba la túnica que traía puesta. Dejó caer la túnica al suelo al tiempo que sus ropas interiores y finalmente se quitó los zapatos. Entró a la bañera lentamente, con cuidado, cohibido por el aura poderosa e intranquila de su amo que le daba la impresión de que a la más mínima oportunidad iba a mandarlo lejos si ese era su capricho. Jack no podía soportar semejante idea, pero tampoco podía desperdiciar ninguna oportunidad que se le presentara para estar a lado de su amo, por pequeña y efímera que pudiera parecer.

Cuando los dedos de sus pies tocaron el agua caliente se sintió como electricidad. Poco a poco se internó, un poco más, con cuidado, y finalmente se dejó a sí mismo recargarse y acunarse contra el cuerpo de su amo, su pecho contra el suyo, acaballado en su cintura, con sus piernas acariciándose contra las de él. Aster no se movió, solo permitió que esto pasara. Jack acomodó su cabeza contra el hombro de su amo, y rodeó su torso con los brazos. Cerró los ojos y se relajó lo más que pudo, recargando todo su peso contra él. Esto le causó una sensación de alivio tan placentera, que por un momento se vio tentado a moverse contra él y hacer que notara su excitación, su necesidad, pero decidió que iba a ir despacio, porque sentía que si hacía algún movimiento brusco su amo terminaría por rechazarlo. Y ese sería un rechazo que Jack no aguantaría, simplemente no sentía que tuviera la capacidad para hacerlo.

Jack cerró los ojos y esperó. El silencio podía parecer incómodo o agotador, pero para él no lo era. Era necesario, agradable incluso, pasar un rato en silencio con su amo, porque no sabía si las siguientes palabras que salieran de su boca podían ser las últimas que escuchara dirigidas hacia él.

Cuánto amaba a su amo. Cuánto temía perderlo.

Cuando sus manos grandes y calientes subieron a su espalda, Jack reprimió una respiración fuerte cargada de sorpresa. Este toque era algo que él no esperaba; por un instante había creído que si en este momento su amo lo aceptaba a su lado no sería para tener ninguna consideración con él salvo la de permitirle tocarlo; jamás ir más allá, ni mucho menos admitir la más mínima debilidad permitiéndole sentir sus manos sobre su cuerpo, sentir el calor de su piel…

Jack dejó salir de sus labios un gemido pequeño, tan suave, tan dulce, que se sintió complacido consigo mismo. No quería nada más que demostrarle a Aster que lo amaba, ¿y qué mejor forma de hacerlo que demostrándole la forma en que su cuerpo reaccionaba a sus atenciones? Él no sabía qué más hacer, pero estaba seguro de que solo le quedaba esperar. Es decir, ¿Qué podía esperar, o qué podía pedir? Después de lo ocurrido la noche anterior, nada podía ser mejor que esto. Estaba recibiendo mucho más de lo que creía que su amo le daría a final de cuentas.

Cuando Jack se encontró finalmente envuelto en el calor de su amo, se vio tentado a besar su piel. Así lo hizo. Comenzó poco a poco, dejando pequeños besos en su cuello, en sus hombros, cubriendo su pecho de sus labios. Deseó por un momento que fuera posible ver su boca pintada en la piel de su amo, pero supuso que no había demasiado que pudiera permitirse ahora que estaba en la cuerda floja con él. Aun así, se dio tiempo de sentirse complacido cuando pudo apreciar como su piel, la piel de su amo, se enchinaba suavemente al sentir sus besos. Se sintió, más que complacido, un poco sobrepasado por la situación. La aceptación de su amo en este momento se convirtió en lo único que quería, lo único por lo que vivía en ese momento.

-Aster…-se atrevió a murmurar, y sin esperar una respuesta o indicio alguno de que él lo estuviera escuchando, continuó-, ¿Por qué me dejas hacer esto? Pensé...que estabas enojado conmigo…

La mano de su amo en su espalda pareció cobrar de pronto un calor que antes no tenía. Jack esperó, aterrorizado por pensar que su atrevimiento fuera a costarle caro.

-Te necesito cerca-, replicó él entonces, en un tono cansado-. Sin importar lo que seas...o lo que hayas hecho.

Esta respuesta no mejoró la intranquilidad de Jack, pero fue suficiente para comprender que su amo no iba a alejarlo de él, por lo menos en ese momento.

Jack se deslizó sobre él hasta que sus brazos pudieron rodearle el cuello, lo suficiente para que él también lo abrazara y atrajera hacia él, con tal fuerza que por un momento lo asustó, aunque no lo suficiente como para tener que huir. Jack amaba vivir con sensación de debilidad y vulnerabilidad en su cuerpo. Amaba saberse a merced de lo que este hombre quisiera de él. Amaba que Aster lo amara. No había más explicaciones que dar y ellos estaban conscientes de que, aunque intentaran decirlas, ninguno de los dos iba a estar satisfecho de manera alguna.

El beso que compartieron entonces fue largo y húmedo, caliente e invasivo. Era un beso que encendía cada poro de la piel.

Jack se separó lo suficiente para ver su rostro. Los ojos entrecerrados de su amo develaban un placer extraño y suave, que Jack también quería disfrutar. Aunque la incomodidad no se lo permitía en un principio… solo necesitaba tener un poco de él. Solo necesitaba tener la confirmación de que estaba ahí para él y no lo iba a dejar.

-Te amo, Aster-, se atrevió a repetir, como lo había hecho antes, esperando que su amo le creyera y lo comprendiera. Aster suspiró, y se quedó sin contestar nada. Jack volvió a acercarse a su rostro para besarlo, y sonrió, encantado al darse cuenta de que se lo permitía de nuevo y sin más.

Se acariciaron, se tocaron. El cuerpo de Jack parecía cantar con cada toque de las manos de su amo y era que él no quería nada menos que eso.

-Te amo-, le repetía, y aunque Aster no contestaba más que aumentando sus caricias, Jack se daba por bien servido. Al menos en este momento, no necesitaba otra prueba de que su amo lo quería.

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Había una sensación agridulce en su pecho ahora que estaban de regreso en la cama, él recostado sobre su amo, y su amo con la cabeza recargada en un brazo, mirando por la ventana. Por un lado, Jack se sentía feliz, completo, complacido de estar en el cuerpo de su amo y de que él lo aceptara a su lado sin más; sin problemas ni explicaciones. Por otro lado, le dolía el silencio y la incomodidad que se había apoderado de ellos una vez que salieron del baño. Si ahora estaba con él, era porque se lo había permitido, no porque lo había querido. Y Jack no tenía mucha más opción que esperar, sentir en silencio sus caricias, fingir que cada una de ellas era un "te amo" silente, suave y cálido, que se le metía por la piel y buscaba el camino hacia su centro.

Aster estaba ahora en completo silencio, las yemas de sus dedos deslizándose por la columna de Jack y mirando ausentemente por la ventana todavía.

Tocaron a la puerta, y a la orden de Aster, un par de esclavos seguidos por Toothiana entraron a la habitación para dejarles la cena.

Cuando ellos se retiraron, Tooth permaneció. A estas alturas, a Jack no le daba vergüenza alguna que lo viera así con su amo; completamente desnudo sobre su cuerpo, con apenas una sábana cubriéndolos a ambos; con la piel llena de marcas de mordidas y succiones, con el cabello revuelto y las mejillas rojas. Para él era motivo de felicidad más que de vergüenza poder mostrar cuánto le pertenecía y cuánto su amo se entregaba también a él.

-Aster, espero que estés preparado-, comenzó ella, evidentemente tratando de ignorar la situación tan íntima que estaba presenciando-. No pudieron cancelar la pelea que pediste, tendrás que ir de todas formas.

Jack se sintió un poco sorprendido de saber que su amo había rechazado una pelea. Hasta donde Jack sabía, Aster siempre intentaba demostrar lo bueno que era. Además, ganar una pelea significaba ganar dinero, y si Aster quería salir de aquí, mientras más peleas aceptara y ganara más pronto su meta se vería cumplida.

-No pelearé contra un mocoso-, repuso sin alejar su mirada de la ventana y sin dejar de dibujar círculos en la espalda de su esclavo. Los ojos de Tooth, en cambio, adquirieron en este momento tal fuerza que Jack finalmente sintió la necesidad de esconderse de ellos. Ya que no había a dónde ir, escondió su cara en el cuello de Aster mientras se abrazaba más fuerte de su torso.

-Es el retador, no puedes simplemente negarte. ¿Tienes idea de lo deshonroso que resultaría? Toma responsabilidad del sitio que tienes ahora. Mañana en la mañana vendré por ti.

Las palabras de la mujer fueron tan terminantes entonces, que Jack tuvo que voltear a ver a su amo. Éste mostraba una mueca de fastidio en su rostro, pero no dijo nada más.

-Mañana pasaré por ti temprano. Más vale que estés listo cuando llegue. Y en cuanto al viaje….

-¿Qué viaje?- interrumpió Jack, un poco contrariado. Toothiana lo ignoró y Aster continuó ignorando la escena en general, no solo a él.

-Como quieras, Aster. No puedes seguir huyendo de tus problemas.

Se dio la vuelta y se retiró sin decir nada más ni esperar respuesta alguna de él.

Cuando Tooth se retiró de la habitación, Jack volteó a ver el rostro de su amo. Él parecía pensativo y silencioso, más de lo que habitualmente era.

No. Realmente Jack estaba seguro de que no conocía todas las facetas de su amo en su totalidad como para afirmar tal cosa. Cuando lo había conocido, había pensado que era soberbio, insensible, sádico incluso. Poco a poco había aprendido a ver que realmente era mucho más sensible de lo que se atrevía a demostrar en público. Y era aún mejor, porque ese lado solo lo demostraba hacia él; solo para él, Aster era tierno, dulce. Lo besaba con cariño, con los labios sabiendo a miel, con un cuerpo cálido y firme que le ofrecía protección y cuidado, todo lo que Jack jamás antes había conocido en la vida. Había llegado a conocer también su lado apasionado, instintivo incluso, que no era capaz de dejar atrás por más que quisiera ocultarlo. Era ese lado de Aster el que brotaba cuando estaban así; juntos, solos, sin nada entre sus cuerpos. Jack se había dejado absorber por ese lado de su amo y finalmente había aceptado hasta las últimas consecuencias el lado de él que le hacía daño incluso cuando no lo quería, pero si había aceptado eso, había sido porque al contrario, todo lo demás se disipaba ante sus ojos cuando su amo finalmente lo besaba. En ese momento, el mundo se extinguía por completo para Jack y todo lo demás se convertía en nada. Nada en este mundo, ni en ningún otro, tenía importancia alguna para Jack más que el hecho de tener a su amo y que su amo lo tuviera a él.

Aster se incorporó lentamente y Jack bajó de su cuerpo, permitiéndole moverse. El gladiador finalmente se sentó al borde de la cama y comenzó a vestirse.

Golpeó a Jack como una piedra el darse cuenta de que el silencio de su amo ahora era muy diferente al silencio que había antes entre ellos.

Cuando recién había llegado aquí, el silencio que sentía Jack provenir de él era un silencio algo incómodo, sí, pero no le hacía sentir que la piel se le desgarraba o que a cualquier movimiento que hiciera todo se acabaría para ambos. Aquel silencio tenía la incertidumbre del principio. Éste tenía la incertidumbre del final. Final que por supuesto, Jack quería aplazar lo más que le fuera posible. Impedirlo, más bien, a cualquier costo.

Cuando su amo terminó de vestir algo de ropa sencilla, para cenar, se sentó ante la mesa. Luego, sin decir nada, volteó ligeramente su cabeza hacia Jack, y Jack comprendió el mensaje y se puso de pie rápidamente, se vistió y se sentó a la mesa con él.

La penumbra era iluminada por unas pocas velas, y aunque la comida era más que deliciosa, el cuerpo de Jack ansiaba por algo, aunque no sabía qué. Quizás era de pronto que los instintos con los que había llegado aquí comenzaban a salir a flote otra vez, y sentía ganas de salir corriendo para perderse, aprovechar la primera oportunidad y salir de las garras de su amo, de su amo… que después de todo, era un gladiador. Que, después de todo, no tenía tantos motivos para retenerlo a su lado como Jack pudiera haber pensado, porque podía tener a quien quisiera cuando lo quisiera. El silencio, sí, era pesado, terrible, casi insoportable.

Sin embargo, cuando terminaron de cenar, Aster se puso de pie, jaló la cuerda de servicio de la cocina y se calzó sus botas.

Una vez que lo hizo, se acercó a la mesa, y extendió su mano hacia Jack.

Como no dijo nada, Jack tampoco dejó salir de sus labios palabra alguna y se limitó a sujetarse de la mano que le ofrecía.

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Salieron de la habitación tomados de la mano. Recorrieron el oscuro pasillo de la misma forma, sin soltarse por un segundo. De lejos se escuchaba el bullicio del comedor. Como todos estaban ocupados con la cena, los pasillos estaban vacíos. Aster continuaba en silencio.

Mientras caminaban, Jack lo observaba, tratando de descifrar qué era lo que estaba pasando en su cabeza. Una vez más, comprobó que no entendía a su amo. No lo conocía. Al menos, no como se supone que uno debe conocer a un amante. Un amante. ¿De verdad podía decir que Aster y él eran amantes? Considerando el misterio que la cabeza de su amo era para él, Jack supuso que no, o que al menos, aquél título no era del todo preciso.

Porque Jack conocía a su amo, sí; conocía su cuerpo, conocía su rostro. Conocía cada centímetro de su piel, conocía el sabor de su saliva, tenía grabado en el cerebro a fuego el aroma de su cabello y tenía tatuados sus ojos verdes en las pupilas.

Pero no conocía su mente. No conocía sus sentimientos, no conocía sus miedos. Su amo podía predecirlo casi por completo; Jack jamás se sentiría capaz de predecirlo a él aun cuando hacia unos días pensaba que sí le era posible.

Jack conocía a su amo, pero no conocía a Aster.

Él no lo soltaba. Caminando, llegaron a la puerta de entrada de la casa. Realmente, Jack nunca había estado ahí más que para limpiar. Esta era la puerta por donde entraban las personas importantes que visitaban al amo o incluso a North. Esta era la puerta por donde los gladiadores salían a sus batallas. También era la puerta por donde regresaban victoriosos. Ningún gladiador derrotado usaba esta puerta.

Aster sacó de un bolsillo una llave y abrió la puerta. Era pesada, pero el gladiador pudo abrirla lo suficiente para que ambos salieran.

-No sabía que podía salir así nada más. ¿No necesita un permiso?

Aster volteó a verlo un momento, pero no le contestó nada.

A las afueras de la casa, al menos por esta entrada, había un jardín. En el jardín había muchos arbustos llenos de hermosas flores, frutas incluso, pero sobre todo había estatuas; estatuas de gladiadores gloriosos que habían vivido sus vidas aquí y que habían ganado una y otra batalla para esta Casa. Era un jardín enorme. Más adelante, se veía la ciudad.

Jack no había salido de la habitación en varios días. Podía ver el cielo nocturno desde su ventana, pero…no era lo mismo que esto. Salir un momento de la Casa, caminar entre las plantas, respirar aire fresco, mirar el cielo. Ahora entendía porqué Aster podía hacer esto; por qué por un momento podían darse esta libertad. No habían salido de la Casa después de todo. Pero de todas formas, supuso que alguien como él se tenía bien merecido y ganado este privilegio.

Mientras caminaban entre los arbustos y las estatuas, Aster continuó en silencio. Finalmente, llegaron a un lugar más o menos recluido, donde él finalmente se sentó en el pasto y esperó a que Jack se le uniera. Finalmente, se dejó caer lentamente hacia atrás, mirando hacia el cielo.

-El aire ahí adentro…es asfixiante-, ofreció como explicación, cerrando los ojos.

Jack se sentó a su lado. Había un viento suave moviendo las plantas. Este viento no entraba con facilidad a la habitación así que Jack hizo lo posible por disfrutarlo. Se internaba en sus cabellos y acariciaba su rostro, y por un momento, doloroso para él mismo, se dio cuenta… de que en este mundo había algo más. Algo más que el toque de su amo. Algo más que sus besos. Algo más que su voz en su oído; algo más que su cuerpo. En este mundo había viento; había estrellas, había luz de luna, había flores; aromas, formas, colores…

Pero cuando su amo levantó su mano y sus dedos se deslizaron por su hombro, y luego por su brazo… Jack se dio cuenta de que nada más en este mundo, ni aromas, ni sabores, ni texturas, se comparaban con eso. Un pequeño toque de los dedos de Aster en su piel fue lo único que necesitó, en ese instante, para olvidar todo lo demás.

El mundo podía irse al demonio en ese momento. Jack solo quería a Aster. Aflojó cuidadosamente entonces la parte superior de su túnica, y la dejó caer. Aster pareció entender, y su mano entonces continuó moviéndose sobre su espalda. Jack se acostó lentamente, dejando su cabeza recargarse contra el hombro de su amo. Él volteó a verlo y le rodeó la cintura con el brazo. Lo atrajo hacia sí.

-Gracias-, susurró Jack, sobrepasado por los sentimientos que afloraban en su cuerpo entonces. Recargó el rostro contra su pecho y sintió su cuerpo estremeciéndose por completo. En ese momento deseó besarlo, abrazarlo, morderlo, unirse a él, no dejarlo ir.

Aster permaneció en silencio. Jack sabía que no iba a entender la razón por la que le agradecía; le agradecía por dejarlo estar con él. Le agradecía por dejarlo estar en su habitación y compartir su intimidad. Le agradecía por los besos, por las caricias, por la forma en que complementaba su cuerpo con el de él cada vez que estaban juntos. Le agradecía por el techo que lo protegía, por las estrellas que los bañaban esta noche, por el aire que le daba vida en este momento. Le agradecía por todo.

Le agradecía por dejarle amarlo.

-No quiero volver a escuchar…. que pronuncias esa palabra. Al menos hacia mí. No he hecho nada que debas agradecer.

Jack no contestó nada a esto. Solamente se quedó quieto y siguió abrazado de él. Dioses, ¿Porqué no podía soltarlo? ¿Por qué necesitaba estar abrazado a él todo el tiempo? Lo amaba, lo amaba, lo amaba, lo amaba…

Lo amaba tanto que cuando intentaba decirlo las palabras no le hacían justicia. Lo amaba tanto que cada momento que no podía demostrárselo parecía ser un momento desperdiciado de su vida. Lo amaba tanto que deseaba con todas sus fuerzas que si alguna vez a Aster le faltaba la vida tomara la de él y la consumiera. Jack sabía en este momento que él no existía para nada más. Era lo único que quería.

-Tú… me dolió tanto saber lo que había pasado contigo-, comentó a explicar, pero Jack no entendió, al menos al principio. Parecía que hablaba de algo completamente distinto-. Pero no puedo dejarte ir. No puedo… simplemente dejarte.

Jack separó su rostro del pecho de su amo y levantó la mirada hacia él. Intentó preguntarle, pero Aster siguió hablando.

-Cuando te vi ese día por primera vez, pensé que eras perfecto-, Jack se sonrojó-. Cuando te tuve en mi habitación lo confirmé. Cuando te fuiste… fue como si mi vida fuera una habitación que se quedaba vacía. Cuando volviste, fue como si esa vida se llenara de nuevo…contigo. Pero cuando supe lo que había pasado…

Jack se abrazó más fuerte de él.

-Por un momento, te odié. Pero… no puedo vivir sin ti.

Jack sentía que el corazón se le hundía en el pecho al escuchar estas palabras. Su amo…¿de verdad estaba diciendo esto? ¿De verdad había dicho que lo necesitaba?

-Antes de conocerte no tenía razones para vivir. Ahora…ahora te tengo a ti. De hecho eres… eres todo lo que tengo.

Jack sentía que el cuerpo se le iba. Aster hablaba despacio en su oído.

-Aún así… mi advertencia sigue en pie. Si me das una razón, no lo pensaré, y te irás. Aún si contigo se va mi vida.

En este punto fue que pudo reaccionar.

-No…no, no, no, no, no, no…yo te amo, te amo, te amo muchísimo Aster, no quiero perderte, no quiero, no puedo aceptar algo así…no… no podría…no podría vivir sin ti…

Aster se incorporó lentamente, primero sentándose, luego poniéndose de pie con lentitud, soltando a su esclavo mientras lo hacía. Jack se incorporó también, confundido, y lo miró esperando por si volteaba también a verlo, pero no lo hizo….

-Yo jamás dije que te amara.

El alma de Jack se despegó de su cuerpo. Aster comenzó a caminar hacia la Casa.

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¿Es posible morir de amor? Quizás todas las personas en el mundo se habían hecho esa pregunta en algún momento; en ese momento donde el pecho duele, donde el silencio quema, donde los ojos pesan de tanto llorar, donde el cuerpo pierde por completo el peso y el corazón arde.

Jack llevaba todo el día en la misma posición, en el suelo, abrazado a sus rodillas, sin ganas de moverse, de sentir o pensar cualquier cosa.

Pronto se dio cuenta, pues no le fue muy difícil, de que el cuerpo de nuevo le pesaba tanto como antes. Especialmente ese punto dentro de su estómago que se sentía como si un pedazo de plomo se hubiera instalado en sus entrañas haciéndole más difícil moverse y respirar.

Las palabras de su amo habían sido difíciles de digerir, aun cuando él creía estar resignado a no tener su amor. Creía que iba a ser fácil para él quedarse a su lado y permanecer enamorado aun si su amo no sentía ni remotamente lo mismo por él. Pero ahora, habiéndolo vivido, se daba cuenta de lo difícil y doloroso que era esto. Jack realmente deseaba con todas sus ansias una prueba o una señal cualquiera de que sus sentimientos eran al menos vagamente correspondidos, de que su amo pensaba en él, de que su amo lo consideraba importante en su vida.

Pero tuvo que decir eso la noche anterior.

Jack comenzaba a pensar que, si su amo se lo proponía, podía matarlo solo diciéndole las palabras exactas. Y en serio, quizás así era.

Jack tocó su estómago; lo sintió duro, pesado, como si hubiera dentro algo que se empeñaba en anclarlo al piso y no dejarlo moverse.

Quizás esa sensación pesada eran sus miedos y sus dudas agolpándose, quedándose ahí porque él se negaba a dejarlas salir. Jack estaba convencido de que no podía hacerlo, porque admitir el miedo, admitir las dudas, sería equivalente a admitir abiertamente que lo que sentía por su amo… no era tan fuerte. Tenía que creer en él; tenía que continuar entregándose, aunque le costara la vida o la cordura. Aunque los únicos momentos donde realmente compartían algo era cuando estaban en la cama. No quería pensar en eso. No quería pensar, no quería que la idea si quiera asomara dentro de su mente, de que su amo solo lo quería para satisfacer sus…necesidades.

Agitó la cabeza como si eso fuera a ahuyentar el pensamiento, y en cambio, se recostó en el suelo, con la mano sujetando su estómago, aún inquieto por el malestar, por el peso que sentía en su interior.

Su amo se había ido esa mañana a pelear, a esa pelea que no quería. Toothiana lo había sacado de la habitación a la fuerza luego de que Jack prácticamente tuviera que obligarlo a ponerse la armadura. ¿Cómo había sacado de su cuerpo la voluntad para ponerse firme contra él y obligarlo a cooperar? No lo sabía. Recordaba que su expresión confundida había sido preciosa, y le había hecho sonreír. Le había dado un beso en los labios traviesamente una vez que consiguió que se pusiera la parte superior de la armadura sin demasiados problemas. Aster había quedado tan sorprendido por la repentina demostración que apenas continuó negándose débilmente cuando Jack continuó ajustando el resto de las partes en sus brazos, piernas, y en todo su cuerpo.

La noche anterior…no habían dormido juntos. Quizás era eso por lo que Aster parecía tan sorprendido de su actitud esta mañana. Jack se había negado a dormir a su lado. No por que no quisiera hacerlo, sino porque tenía miedo. Tenía mucho miedo de lo que pasaba con él cuando estaba con su amo pero ahora, sentía mucho más miedo de lo que pasaba cuando no estaba con él. Sentía tanto miedo de sus palabras y de sus besos que podían darle vida, como sentía miedo de las palabras que se la quitarían.

Aster no lo había obligado a dormir a su lado y quizás eso fue aún peor. Quizás Jack quería que su amo lo llevara a su cama por la fuerza y sentir de nuevo que lo necesitaba tanto como Jack lo necesitaba a él. El joven y confundido esclavo había despertado con una sensación terrible de necesidad, de deseo mal controlado, la piel hormigueándole y el corazón pesado y vacío.

Para cuando Tooth había entrado a la habitación, Jack ya se había deslizado a los brazos de su amo, pidiéndole en silencio, con sus besos, con sus caricias, que lo quisiera. La presencia de la mujer perturbó el momento, pero Jack no perdió el tiempo y se dispuso a ser útil.

Ser así, servil, dispuesto, era una actitud que desde niño le habían metido en el cuerpo a golpes, no era lo natural en él pero era lo que requería su vida de esclavo. Pero ahora, con Aster, él no lo sentía así, al contrario, para él, ser esclavo de Aster era casi un honor. Saberse útil, saberse… necesario, en su vida, era algo completamente motivante, estimulante para él. Jack quería que su Aster lo amara. Y si para ello era necesario intervenir en cada momento de su vida, hacerse indispensable, entonces eso iba a hacer.

Aun tomada esta determinación, Jack no podía quitarse de encima la sensación de que el cuerpo le pesaba y de que su cabeza iba a explotar.

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Tenía listo el baño, se había puesto su túnica favorita, se había puesto brillo en las mejillas y en los labios, se había arreglado el cabello. Ahora, estaba esperando sentado en la cama, sabiendo que pasarían al menos un par de horas antes de que su amo llegara. Unos minutos antes había llegado y se había esparcido como pólvora por la casa la noticia de que él había ganado la batalla, y Jack no podía hacer menos que estar listo, para lo que quisiera.

Pero de pronto, antes de lo que él pensaba, la puerta se abrió. Le sorprendió la fuerza con la que fue abierta, porque pesaba mucho. Pero su amo estaba ahí, de pie. Y no necesitó verlo por mucho tiempo para saber que la furia lo consumía.

Caminaba con la espalda tensa y la cabeza agachada. Se movió pesada y lentamente al interior de la habitación. Y cuando Jack quiso acercarse para saber qué ocurría, Aster lo rechazó.

-Jack, vete.

-Pero…

-¡Lárgate!

Jack casi pierde por completo la fuerza en las piernas cuando su amo le gritó. No dudó entonces. Se dio la vuelta y salió de la habitación como había hecho antes, alguna vez.

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Y como antes, Jack supo por un momento que no era necesario que se desapareciera por completo. Su amo era difícil de entender, pero Jack había aprendido algunos trucos. Eventualmente lo querría de vuelta. Solo tenía que esperar. Vaya, y apenas hace unas horas pensaba que no podía predecirlo.

Así que estaba sentado junto a la puerta de la habitación. En la Casa, la celebración no se había interrumpido por nada, a decir verdad, los gladiadores aprovechaban casi cualquier oportunidad para emborracharse y perder la cabeza, aunque al día siguiente les fuera imposible levantarse.

La música, las risas, los gritos, todo llegaba a los oídos de Jack y él no podía evitar notar la ironía de que él se sintiera tan miserable y a pocos metros un grupo tan grande de personas estuvieran celebrando, ambos, de hecho, por la misma razón. Jack no necesitaba ser adivino para saber que lo que fuera que hubiera provocado esto en su amo, había sucedido durante la pelea.

De pronto, su pensamiento se vio interrumpido. Toothiana caminaba por el pasillo con una bandeja de comida en la mano, hasta llegar a él.

-Jack, ¿qué haces aquí? Creí que la orden de Aster había sido que no salieras bajo ninguna circunstancia-, esto lo dijo con un dejo de recelo y molestia en la voz. Era evidente que ella estaba completamente en contra de la forma en que Aster trataba a Jack, pero no era como si pudiera hacer algo para cambiarlo o remediarlo. Tampoco era que Jack lo quisiera.

-Él mismo me sacó-, suspiró, volviendo a acomodar el mentón sobre sus rodillas-, no es nada. Volveré dentro de una o dos horas y se habrá tranquilizado.

En este punto, se mordió los labios. ¿Qué tal si esta vez no funcionaba así? Bueno, al menos tenía que intentarlo. No se podía quedar ahí sentado toda la noche.

-¿Tú sabes qué le pasó?

Tooth levantó la mirada y suspiró como pidiéndole fuerza a dioses que no veía. Jack esperó.

-Sí, sé qué pasó Jack. Y entiendo que esté tan mal. No te recomiendo que intentes resolverlo, podría ser peor-, luego dirigió la mirada a la bandeja que tenía en las manos-, les traeré la cena más tarde, entonces.

Jack asintió lentamente, pensando en lo que Tooth acababa de decir. No se le ocurría que era lo que había salido tan mal como para que estuviera así. Había ganado. Sí, había sido una pelea que él no quería, pero había ganado. Jack optó por esperar.

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Aún se escuchaba el alboroto de la fiesta, pero Jack decidió que había sido suficiente. Estaba harto, no solo de estar ahí afuera sino de no saber qué sucedía con Aster. Se puso de pie y se acercó a la puerta. Puso su mano sobre la cerradura y respiró profundamente. Solo era su amo. No lo iba a lastimar, no tenía razones para hacerlo. Nunca lo había hecho antes… al menos no de alguna manera en que Jack terminara sintiendo rencor hacia él.

Jack empujó la puerta lentamente. Cerró los ojos, y no los abrió hasta que la puerta estuvo completamente abierta. Como si tuviera miedo de lo que podría ver si los abría antes. Pudo distinguir en la penumbra a su amo, sentado en la cama con la cabeza entre las manos.

Le sorprendió por completo ver a su amo así. Su compostura completamente perdida, su mirada en el suelo, la cabeza agachada de ese modo tan derrotado…

Y como siempre, había llegado de la pelea limpio, pues como parte del proceso los gladiadores recibían todo tipo de atenciones cuando ganaban, pero este no era uno de esos días en los que él simplemente optaba por mantenerse así y rechazaba su baño; esta vez, Jack estaba seguro de que Aster se había metido a la bañera porque estaba aún rezumando de agua por todas partes, a diferencia de un par de horas atrás. Su cabello soltaba algunas gotas que caían al suelo y la ropa húmeda se le pegaba al cuerpo.

Jack avanzó. Vio que estaba descalzo. No comprendió por qué ese detalle parecía tan importante en ese momento.

-¿Amo?- se atrevió a pronunciar, pero él no contestó. Jack se acercó un poco más.

Si su amo hubiera estado acostado, o sentado en una posición más relajada, Jack hubiera pensado que estaba dormido, quizás simplemente perdido en sus pensamientos o algo por el estilo, pero no era así. Aster estaba tenso; podía ver las venas saltadas en sus brazos y su espalda encorvada casi al punto del rompimiento.

-Amo… Aster….Aster….

Mientras pronunciaba su nombre, se acercaba a él. Aster no reaccionó. Pero cuando Jack intentó tocar su hombro, Aster lo retiró bruscamente y soltó un gruñido como el de una bestia.

Jack decidió no dejarse asustar por esto. Se acercó más y pronto, impulsivamente, se arrodillo enfrente de él, apoyó las manos en sus rodillas y acercó su rostro al rostro agachado de su amo.

Lo que vio no le gustó. Sus ojos estaban rojos e hinchados, como si hubiera estado llorando sin parar por horas, y el resto de su expresión estaba tensa y húmeda, extraña como una máscara. Jack no lo podía apreciar del todo bien por la penumbra, pero solo con verlo, estaba casi seguro de que su amo estaba pálido, demacrado casi. Levantó las manos a su rostro y lo sujetó suave, delicadamente. Aster lo miró, apenas entonces, como si antes no se hubiera dado cuenta de su presencia.

-¿Aster? ¿Qué ocurrió? Si necesitas hablar, puedes decirme lo que quieras…

Aster negó con la cabeza y trató de esconder su rostro de la mirada de Jack, pero él lo sujetó y no lo dejó moverse.

-Debes decírmelo. ¿No confías en mí? Sabes...que te amo. Te amo muchísimo, no importa lo que digas o lo que hagas, eso no cambiará...confía en mí, por favor...

Aunque Jack no estaba seguro de que estas palabras significaran algo para su amo. Aster dejó caer la cabeza de nuevo, pero de alguna forma parecó tomar fuerzas, y levantó la mirada hacia él. Jack por un momento se sintió inquieto por su expresión, así que se abrazó de su cuello, al no ocurrírsele otra cosa qué hacer. Le daba pánico verlo tan perdido, tan desprotegido. Su amo no era así, su amo era fuerte, decidido, nada lo detenía cuando quería algo. Si su amo no estaba bien, Jack tampoco se sentía bien. Eso lo aterraba, porque él era el fuerte. Cuando Jack había perdido el control, Aster lo había contenido sin lastimarlo, ¿cómo podría él hacer lo mismo?

Pero sus sentimientos en ese instante le ganaron a su razón y al sin fin de preguntas que plagaban su mente, y se atrevió a intentarlo, a intentar hablarle, a intentar protegerle, a intentar...que él entendiera...lo mucho que lo amaba...lo mucho que quería...que le escuchara….

-Aster... ¿puedes decírmelo? Por favor... yo estoy aquí para ti, para lo que quieras...para lo que necesites. Sin importar qué suceda entre nosotros, yo te amo, jamás te dejaría solo, mucho menos sabiendo que estás mal.

Jack no se esperaba esto, pero tenía que admitir, que el hecho de que en ese instante su amo le rodeara el cuerpo con los brazos fue suficiente para que se relajara un poco. Su amo lo aceptaba a su lado de nuevo, le permitía ayudarle y Jack casi tuvo que contenerse por sentirse demasiado feliz. La situación era delicada después de todo.

-Era...de tu edad.

-¿Aster?

-El maldito mocoso era de tu edad-, la voz sonaba trabajosa, desorientada casi, y Jack tuvo que separarse de él para mirarlo a los ojos. Su amo se estaba limpiando las lágrimas con el dorso de la mano y sus ojos lucían vidriosos. Jack levantó su mano y le ayudó a limpiarse la cara.

-¿Por eso no querías pelear contra él?

Aster asintió con la cabeza. Jack le dio un beso suave antes de mirarlo a los ojos.

-No tiene nada de malo. Todos los gladiadores pasaron por eso en algún momento. Tú también peleaste con gladiadores de más edad cuando comenzaste, ¿no es así?

Aster asintió lentamente, tratando de alejar su mirada de Jack, pero Jack se aseguró de que no volteara el rostro.

-¿Qué ocurrió?

En este punto, Aster cerró sus ojos y presionó su mandíbula. Jack lo observó, un poco asustado por su reacción.

-Yo...lo maté...

Hubo mucho silencio. Tenso, denso, doloroso silencio.

Jack se quedó quieto un momento, procesando, pensando si quizás las palabras que acababa de escuchar eran ciertas. Las pensó mil veces, y finalmente, el significado fue claro en su mente, y pudo emparejarlo con la imagen de su amo. Se negó a creerlo.

-N...no…no creo que...tú….

-¿Qué no oyes? ¡Lo maté!- su cara, descompuesta, estaba otra vez húmeda de lágrimas y Jack no resistió el impulso de volverlo a abrazar- lo maté...no quería, pero...lo...maté…

Jack sintió la humedad de sus lágrimas en su cuello, pero la verdad, si lo había abrazado había sido porque no había querido ver su rostro un momento más...porque estaba aterrorizado. Sí. A decir verdad, Jack estaba muy malditamente aterrorizado.

-C…¿Cómo sabes que lo mataste? Quizás...quizás solo estaba mal herido...tú no….

Aster se separó de él, y lo miró a los ojos.

Jack se lo quedó mirando un momento, sorprendido de sentirse atrapado de repente, como si solo con la mirada su amo pudiera acorralarlo. De pronto se encontró a si mismo temiendo haber hecho algo mal aunque estaba casi seguro de que no era así.

-Lo vi...en el suelo-, repuso Aster-. Con la cabeza destrozada. Puedo asegurarte de que estaba muerto.

-Pero...Aster...

Jack no pudo decir nada más. Su amo era un gladiador, ¿no era así como se ganaba la vida?

Y entonces se dio cuenta de algo muy importante que no se le había pasado por la cabeza antes, y si lo había pensado, no le había prestado demasiada atención. Jack sabía que los gladiadores eran sanguinarios. Lo que jamás se había detenido a pensar era que ellos de hecho mataban gente. A otros gladiadores, para ser exactos. no siempre había muertes, pero era un final esperado para una batalla así.

-Era...moreno, de pelo negro, y se notaba que a pesar de ser muy joven...era muy fuerte. Tenía los ojos oscuros. No se parecía en nada a ti-, Aster levantó la mirada, deslizándola por el rostro de Jack. Lo tomó de la barbilla con cuidado y se mordió los labios antes de seguir hablando-, pero en él...te vi a ti. Era de tu edad-, repitió, con los ojos rompiéndose en lágrimas-, y… se movía como tú. Miraba como tú. Y lo...maté…

Jack cerró los ojos, temiendo que si los abría no vería en los de su amo nada bueno. Su amo había matado a un muchacho que en alguna forma le recordaba a él. Hacer esta conexión de pensamientos le heló el estómago y reforzó el peso de la bola de plomo que se había instalado dentro de él.

Pero entonces, se dio valor. Sí, para amar a Aster, Jack necesitaba valor.

-¿Quieres….matarme, Aster?

De nuevo hubo un profundo silencio. Mientras decía esto, Jack había acariciado la mejilla de su amo.

El gladiador lo miró, negando con la cabeza ansiosamente como si la sola idea fuera algo impensable, aunque ya se encontraran bastante cerca de ello.

-¿Qué hizo que lo mataras a él?- preguntó ahora Jack de manera pausada, con cuidado.

-N...no lo sé….Jack...no lo sé…fue un...accidente…

Las lágrimas le cortaban la voz. A Jack no le quedaba más remedio que esperar, esperar a que se calmara, a que lo escuchara.

Aquí adentro, Aster y Jack se encontraban angustiados por esa pelea. Por el hecho de que el gladiador había...cumplido con su trabajo, y había asesinado a un joven. Por accidente o porque así lo había querido, cuales fueran las circunstancias no cambiaban ese hecho. Su amo había asesinado a un joven. Un joven que de alguna forma le había recordado a él. Y esto quizás era más que suficiente para que estuviera asustado de su amo, pero algo Jack sabía bien y era que no podía- no debía, dejarlo solo. Estaba seguro de que su amo no lo había necesitado más en ningún otro momento que en este.

-Debió ser un accidente...yo...no puedo imaginarme cómo te sientes, pero-, en realidad, no sabía qué decir-, si me necesitas, aquí estoy, para lo que sea.

Aster miró a Jack. Así, desprotegido, cansado, parecía otra persona completamente. Pero otra persona que Jack aún podía amar.

Le limpió una lágrima más en la mejilla. Aster lo tomó de la cara y permaneció un buen rato mirándolo sin decir nada. Jack lo miró a los ojos y esperó.

-Jack...tú aún… ¿aún me amas?

A Jack se le cortó la respiración por un momento. En realidad, no necesitaba buscar demasiado dentro de su mente para saber la respuesta a esa pregunta.

-Aster, claro que te amo-, replicó, acariciando su mejilla suavemente-, eso nunca va a cambiar...

-Pero yo...soy….

-Un gladiador- repuso Jack, lo más firmemente que pudo-, y estás aquí para pelear. El resultado esta vez fue malo, pero si lo lamentas quizás deberías hacer algo al respecto y no lastimarte a ti mismo pensando mal sobre lo que eres.

Aster no dijo nada. Jack tomó sus manos y las acarició con todo el calor que podía darles a sus propias manos, que siempre estaban frías.

-Y yo…- continuó, acercándose más a él, a sus ojos, a sus labios-, yo estoy aquí para amarte, sin importar lo que pase. Quizás...para eso vine a este mundo. Ninguna otra explicación tiene sentido para mí. Así que no dudes por un segundo... que yo te amo.

Aster suspiró. Jack besó sus labios suavemente. Cuando se separaron, se miraron un momento, en silencio.

Jack vio los ojos cansados de su amo y se preguntó, sin encontrar una respuesta, qué pasaría detrás de ellos cuando lo miraba así. Miró su piel, con rastros de lágrimas aún. Sin querer pensar más, se acomodó sobre su regazo y le rodeó el cuello con los brazos. Aster lo abrazó por la cintura y lo atrajo hasta que sus pechos quedaron juntos. Tan juntos. Tan imposibles.

-Yo también te amo, Jack.

Y Jack sintió que el pecho le explotaba, que la cabeza le daba vueltas, que el calor se agolpaba en sus extremidades y que su sangre le hervía en las venas. ¿Cuánto había deseado escuchar esas palabras salir de los labios de su amo?

Solo los dioses sabían la respuesta a esa pregunta. Jack sentía que había esperado toda la vida por la llegada de este momento aun desde antes de conocer a su amo.

-Vamos a dormir…necesitas descansar.

Se acostaron uno junto al otro, como siempre, y Jack decidió que esperaría a que él durmiera primero. No quería cerrar los ojos hasta que estuviera seguro de que su amo descansaría esta noche. Además, estaría para él si lo necesitaba, siempre.

-Buenas noches. Te amo.

Aster le besó el cuello y lo abrazó más fuerte.

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Al día siguiente, al encontrarse solo en la habitación, Jack supuso que su amo se había ido a entrenar. Pero pronto recordó que cuando tenía una pelea, su amo no salía a entrenar al día siguiente.

Se sintió aterrado.

Quiso salir de la habitación, pero la puerta estaba cerrada.

El pánico pudo con él. ¿Qué tal si Aster había hecho alguna locura? ¿Qué tal si ahora no podía hacer nada por él? ¿Dónde estaba? ¿Por qué o había dejado aquí? ¿Porqué, porqué, por qué?

-¿Jack?- la voz de Toothiana se escuchó detrás de la puerta, y fue como un bálsamo para él luego de tanto tiempo de golpear y de gritar para ser escuchado.

-¿Dónde está Aster?

-Se fue de viaje con los demás gladiadores…creí que te había llevado con él. Se lo habían permitido…

-Pero…

-Iré por una copia de las llaves para poder traerte de comer- repuso ella entonces, y Jack escuchó sus pasos alejándose.

Su amo se había ido sin él.

Luego de lo de la noche anterior… y quién sabe por cuánto tiempo estaría lejos …

Y el peso en su estómago y las náuseas regresaron con toda su fuerza. Jack sentía la ausencia en su piel.

Cuando Toothiana llegó con el almuerzo, él la esperaba con una sonrisa en el rostro. Una sonrisa fingida y rota.

Toothiana no necesitó mucho para darse cuenta.

Y de nuevo, como desde hacía tantos días, temió mucho por él.

Ese amor que sentía Jack por su amo…tenía todo el poder de acabar con su vida.

Continuará….

Ya es algo tarde y tengo que irme a dormir…de verdad me caigo de sueño.

Contestaré a sus reviews cuando tenga la oportunidad.

¡Los quiero mucho!

Ao-chan