For the Rose and the Lion 11
11: When I hear your voice and it's not you
05 de marzo 2015
Gail corrió escaleras arriba con el corazón desbocado y una única esperanza, que el silencio en su casa y la oscuridad sólo significara que Greg estaba dormido. Eran las 11 de la noche y se había quedado terminando un trabajo en equipo, por más que trató de apurarse, sus compañeros se distraían demasiado y a punto estuvo de gritarles que ella haría todo pero no creyó que fuera conveniente. Ahora se arrepentía.
Gavin había llegado tarde porque una chica lo había invitado a tomar algo después de salir de la tutoría y se habían quedado platicando hasta que se dio cuenta de que si no corría, no alcanzaría el último tren de la noche. Y claro que se arrepentía porque se suponía que debía estar en casa y ahora la casa parecía vacía y eso no era posible.
Los dos hermanos alcanzaron la puerta del cuarto de Greg juntos pero al entrar lo encontraron vacío, así que dieron la vuelta y se lanzaron hacia la puerta del baño, Gail le dio la vuelta al picaporte y la abrió. Ninguno de los dos estaba listo para ver a su hermano tirado en el piso, con los ojos medio abiertos y dos frascos de pastillas a su lado.
Como pudo, Gavil marcó el 999 y sintió que le tardaban una eternidad en contestar.
-Servicio de emergencias de Brighton –dijo la voz femenina del otro lado de la línea.
-Mi hermano se tomó dos frascos de pastillas y no responde, creo que si está respirando pero no lo podemos despertar –dijo casi frenéticamente, tratando de decir todo pero no sabiendo cómo. La mujer le preguntó su dirección y él le dio las indicaciones para encontrar su casa que estaba dentro de un fraccionamiento privado.
Y así fue cómo acabaron en urgencias donde estuvieron sentados en la sala de espera por una hora o un poco más, con Gail ignorando la presencia de Gavin y él tratando de no llorar. Ninguno estaba listo para eso, era como repetir otra vez todas las emociones de Brasil, cuando creyeron que su hermano había muerto al ver en las pantallas del aeropuerto las imágenes desde el puente y los reportes diciendo que los buzos encontraban sólo cadáveres.
Ese día, Gail se quedó parada estoicamente frente a la pantalla hasta que dijeron toda la información que tenían y al siguiente segundo estaba en el teléfono gritando a quien fuera que le contestó en la Embajada Británica que necesitaba en ese instante que alguien acudiera para confirmar lo que acababa de suceder. Por el otro lado, Gavin estaba sentado sin poder moverse, rodeado de los familiares de los seleccionados, que estaban en el mismo estado que él, congelados en el tiempo.
Y casi dos horas después, alguien se acercó a ellos y los llevó aparte para decirles que Greg estaba en el hospital, vivo. Y cuando llegaron hasta allí nadie les decía nada, pero Gail se metió hasta la dirección del hospital y en un portugués perfecto les dijo que debían informales del estado de salud de su hermano. En cambio Gavin permaneció quieto en la sala de espera, junto a la novia de Joe, sin que ninguno de los dos pudiera hacer otra cosa que respirar y mirar hacia el frente.
Ahora estaban de nuevo en una sala de espera y Gail había llevado los frascos de los medicamentos y había hecho que alguien los viera para que supiera exactamente lo que había pasado. Ellos lo manejaban como un intento de suicidio pero no podía ser cierto, jamás renunciaría, algo más debía haber pasado. Así que cuando los dejaron pasar al cuarto donde Greg estaba dormido, se quedaron esperando, de nuevo, a que su hermano despertara. No era por nada pero los gemelos estaban odiando los hospitales y más porque sentían que alguien más debería estar a su lado. En cierto punto extrañaban a su madre y hasta a su padre, que no hacía nada que ella no le ordenara, siendo una sombra que nunca estuvo involucrado con la vida de ellos.
Hubo veces en su vida en las que sintieron que el padre de Greg era más su padre que el biológico.
Cuando Greg abrió los ojos y después de los médicos comprobaran que estaba bien, Gail no tardó en preguntarle porqué había pasado aquello, negándose a creer que fuera un intento de suicidio.
-Dijeron que tomara una si me sentía ansioso –dijo su hermano hablando casi en susurros, pero la habitación estaba en silencio, el pasillo del hospital estaba solo y a través de la ventana cerrada no entraba ninguno de los sonidos de la calle. Así que podían escucharlo muy bien, cada una de sus palabras- así que tomé una y me seguía sintiendo igual. Luego tomé otra, no cambió nada, así que tomé varias de un sólo trago y seguí haciéndolo sin pensar hasta que el frasco se terminó. Para ese momento me sentí como despegado de mi cuerpo y sin embargo abrí el otro frasco y prácticamente lo vacié en segundos.
-Fue algo estúpido –dijo Gail sinceramente aunque lo que en realidad hubiera deseado era pegarle a su hermano, un buen puñetazo en la nariz no le iría mal, porque esa clase de tontería no eran cosas ligeras, podría haber tenido consecuencias graves, podrían haberlo perdido.
-Lo sé Gail, lo siento mucho –dijo Greg hundiendo la cabeza entre las almohadas y sin poderlo evitar, se volvió a dormir, todavía sufriendo de los efectos remanentes del medicamento que tomó.
Los gemelos hablaron ese día y llegaron a acuerdos. No podían dejarlo solo. Esperaban que jamás volviera a hacer algo por el estilo, no podían imaginarse acabando en urgencias una y otra vez con el corazón desbocado y pensando que tal vez en esa ocasión no tendrían buenas noticias. Pensaban que podrían convencerlo de ir a terapia pero las pocas sesiones que tuvo acabaron muy mal, la psicoanalista trataba de ahondar en los sentimientos reprimidos de su hermano y lo único que logró fue que los reprimiera más.
Así que la conclusión fue que Gail trataría de arreglar su horario para poder quedarse los martes y jueves pero aun así necesitaría que Gavin la apoyara en algunas ocasiones. Él estuvo de acuerdo, creía que si explicaba la situación a su profesor podría perdonarle las faltas si cumplía con los trabajos que le solicitaba. Y así todo estaría bien y Greg no sentiría esa ansiedad que hizo que tomara los medicamentos.
28 de mayo 2015
5 pm
-Mis calificaciones son excelentes, todos los trabajos no solamente los entregué sino que ustedes los calificó como sobresalientes, sabe que he aprovechado sus lecciones al máximo… -dijo Gavin sonando un poco desesperando y repitiendo los mismos argumentos porque no tenía más que decir. No podía contarle la verdad, no podía decirle a su profesor las razones exactas de porque había tenido tantas faltas y su explicación de "un problema familiar grave" no parecía haber tenido ningún efecto.
El profesor lo miró y él se sintió tan pequeño e insignificante, parecía estar evaluando todo, no sólo sus palabras sino también su postura, su rostro, su ritmo cardíaco, todo. A Gavin no le gustó para nada aquello y aunque quería salir corriendo, no lo hizo. Fuera de las clases, el profesor no había interactuado con él para nada, ni un solo comentario sobre su vida o que contestara una llamada telefónica frente de él o que saliera corriendo un día porque tuviera una cita y fuera a llegar tarde.
-Lo siento mucho Gavin, mi respuesta sigue siendo la misma que el martes pasado, estás reprobado y no podrás volver a cursar conmigo ninguna tutoría, te recomiendo que sigas con tus clases en tu universidad.
Y con eso terminó todo. Gavin no añadió nada más porque de hacerlo habría tenido que contar todo. No puedo venir a las clases porque mi hermana y yo tenemos miedo de que nuestro hermano mayor haga algo estúpido y por eso no estamos en la posibilidad de dejarlo solo. Recordaba con claridad como una de las doctoras de urgencias les dijo que si creían que estaba en riesgo de volverlo a intentar, tendrían que solicitar una evaluación psicológica para tener el poder de ingresarlo en psiquiatría para tenerlo bajo medicación.
Fue cosa de valorarlo por espacio de un segundo, ambos se negaron rotundamente. Perder a Greg, de cualquier manera, hasta dentro de un hospital, internado para protegerlo, era horrenda. Verlo medicado sería horrible, como aquella vez que su madre lo llevó con otro pediatra que sugirió un tratamiento tremendo que Greg no quería tomar porque decía que le daba sueño. Su madre lo obligaba y Greg se quedaba sentado viendo la televisión, casi cabeceando con cualquier programa que apareciera. Su madre sonreía y se quedaba muy contenta de haber hecho algo bueno, pero los gemelos sabían que el energético hermano que jamás podía permanecer sentado era mil veces mejor que el chico adormilado frente al televisor. Abrieron el frasco de medicamentos y tiraron las pastillas a la basura, las reemplazaron con unas vitaminas caducadas que su padre había estado tomando.
Cuando el tratamiento dejó de funcionar y Greg era el mismo de siempre, su madre se enojó muchísimo con el pediatra que cobró una millonada y no lo volvió a llevar ni intentó de nuevo medicarlo.
Sin darse cuenta de hacia dónde caminó, se encontró sentado en las bancas fuera de la biblioteca, bajó unos árboles enormes que daban suficiente sombra. Tal vez habrá pasado una hora sentado ahí, sin darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor, sabía que lo mejor hubiera sido volver a casa pero temía enfrentar a Gail y a Greg, quería sacar todo el dolor que perder la tutoría le había causado para poder llegar y no echarse a llorar frente a sus hermanos.
-Toma –dijo una voz femenina a su derecha y escucharla casi lo hace saltar. La mujer, de unos treinta años, tenía la mirada clavada en la pantalla del celular y sin embargo, con su mano izquierda le extendía un paquete de pañuelos. Gavin los tomó sin entender muy bien la razón hasta que cayó en cuenta que tenía todas las mejillas mojadas y había estado sorbiendo la nariz.
-Gracias –le dijo y se limpió lo mejor que pudo. Al pensar en la cantidad de gente que pasó frente de él y que lo vio en aquel estado, tuvo ganas de que se lo tragara la tierra.
-¿Qué te pasó? –le preguntó ella y por alguna razón extraña, que no lo miraba, que estuviera viendo el celular en lugar de a él, le facilitó poder responder.
-Mi profesor de tutoría me reprobó por faltas –dijo y aunque parecía una razón tan estúpida para echarse a llorar como niño chiquito, decirlo le estrujó de nuevo el corazón.
-¿Holmes? –preguntó ella y él asintió.
-No te preocupes, puedes tomar las tutorías conmigo, no soy una genio como Holmes, pero mis créditos cuentan igual –dijo ella y Gavin se echó a reír. De repente se tapó la boca creyendo que su risa podría ser malinterpretada, pero ella lo estaba mirando y sonreía. De pronto Gavin se dio cuenta de que no sólo era una profesora con por lo menos diez años más que él, sino que además era endemoniadamente hermosa. Si, seguro estaba colorado hasta las orejas, Greg siempre se reía de la manera en que no podía ocultar sus sentir porque de inmediato se reflejaba en el color de su rostro.
-¿Y por qué faltaste a clase?
Y sin pensarlo dos veces y sin entender porqué podía confiar en ella, comenzó a decirle todo, excepto ciertas cosas, como que su hermano era futbolista y que el accidente fue en Brasil, si, ese tipo de detalles que la haría saber que hablaba de Greg Lestrade. Había veces en que gente desconocida marcaba al número de su celular, preguntando si era Gavin Sanders, medio hermano de Greg. Cuando él decía que sí, comenzaban a preguntarle cosas y hasta hubo una ocasión cuando la llamada venía de un programa en vivo. Había dejado de contestar el teléfono si no aparecía un nombre conocido en el identificador de llamadas, aunque debía aceptar que la mayoría las recibía Gail, quien les dejaba muy claro lo inoportunas que eran.
-¿Así que por eso no dejan a tu hermano solo y tú tuviste que faltar en más ocasiones de las que creías que tendrías que hacerlo?
-Sí, justamente –dijo él. Para ese momento eran más de las 7 de la noche y él tendría que regresar, de otra manera, Gail estaría llamándolo insistentemente para gritarle y exigir su presencia como si pudiera teletransportarse. Ojalá pudiera. Pero la cercanía de la profesora era algo tranquilizante y ella le había dedicado toda su atención a tal grado que, aunque su celular vibró todo el tiempo que estuvieron hablando, ella no lo consultó ni una sola vez.
-¿Le dijiste todo esto a Holmes? –preguntó ella y él negó con la cabeza. Ella suspiró, si bien no creía que hubiera diferencia, aquella historia sonaba demasiado conocida pero la manera en que el chico la contó, era imposible que estuviera mintiendo. Sus lágrimas había comenzado a correr de nuevo cuando describió el estado en que su hermano había quedado después del accidente, como su vida parecía haber sido cortada a pesar de seguir respirando y estar vivo. Le creía, aunque tal vez no debería, porque parecía estar con el corazón roto, como si la única alegría en su vida fueran aquellas tutorías y perderlas, significara perder su razón para sonreír.
-Hablaré con él, no te preocupes, es medio necio pero no es una mala persona –dijo ella y sabía que sus palabras albergaban pocas esperanzas, pero el chico sonrió y decidió que valía la pena enfrentarse al trozo de hielo en el que Mycroft se había transformado.
-¿Y cuál es su nombre profesora? –alcanzó a preguntar Gavin pero tuvo que callarse porque alguien comenzó a gritar.
-¡Lily! –gritó una mujer un poco mayor desde una de las ventanas de la facultad y tal vez notó lo terriblemente impropio de aquella acción porque de inmediato se corrigió- Profesora Spencer disculpe, pero el director ha estado llamándola al celular y no ha podido contactarla, es importante que acude a una reunión urgente que están teniendo en este instante con los otros profesores.
Ella sonrió y asintió al mismo tiempo que se levantaba y miraba el celular con más de diez mensajes y cuatro llamadas perdidas.
-Lily Spencer, como podrás haber notado –dijo ella en respuesta a la pregunta que había formulado Gavin.- Pero si quieres que te vuelva a hablar me llamarás Anthea ¿entendido?
-¿Anthea? –preguntó él pensando lo extraño que era que alguien prefiriera que la llamaran por un nombre que no era el suyo aunque entonces recordó que en su vida online, él no era Gavin sino StormKing y nadie en sus redes sociales sabía de hecho, su nombre real.
-¿Y tú? –dijo ella.
-Gavin Sanders –respondió con rapidez porque ella ya estaba alejando.
-Mucho gusto –dijo antes de abrir la puerta del edificio de la facultad y perderse dentro.
Demonios, acaba de fijarse en una profesora. En una profesora ilegalmente hermosa. En una profesora bastante mayor que él. En una profesora que estaba por completo fuera de sus posibilidades. En una profesa que le pidió que la llamara por otro nombre, lo cual era interesante por decir lo menos. En una profesora y punto. Demonios.
29 de mayo 2015
7 am
Había dejado una nota para sus hermanos. Gail generalmente despertaba a las 7 por lo que estaba apunto de verla y esperaba que se quedara lo suficientemente tranquila para no salir corriendo detrás de él. De todos modos estaba entrando a la estación de London Bridge oculto detrás de una gorra de beisbol, unos lentes oscuros muy anchos y la barba de cuatro días que no había tenido oportunidad de rasurar. El reflejo en el vidrio no era muy halagador pero tampoco era como si se sintiera con ganas de verse bien. El día previo estaba decidido a ayudar a su hermano y sólo por esa razón había logrado sobrepasar las dos palabras que no creía haber escuchado hasta que su hermano las repitió como si no fueran la gran cosa.
Y es que no eran la gran cosa. Gavin no tenía idea. Nadie tenía idea. Sólo él. Porque jamás le había contado nada a nadie, había pasado diez años viviendo de una ilusión en completo silencio. Había tenido ganas de responder en las entrevistas, cuando la chica (generalmente era una chica la que preguntaba) decía "y en el terreno amoroso, ¿hay alguien especial?" Y él poder decir "claro que lo hay, es el chico pelirrojo más maravilloso del mundo, con una piel blanca que parece tan suave y los ojos azules más penetrantes que haya visto".
Le daba risa pensar en ello, en más de una ocasión estuvo tentado a decir eso, a sonar como un completo maniaco, pero jamás lo hizo. Fue un tema que jamás tocó con su padre, quien por supuesto no lo presionaba y evitó las molestas preguntas de su madre sobre la falta de una novia a la cual presumir. Los recuerdos fueron tomando tintes desagradables cuando apareció la imagen de ella, Lisa Lestrade, como insistía que la llamaran a pesar de que legalmente era Lisa Sanders, gritándole en su casa de Mayfair "¿acaso eres marica y no me has dicho nada?"
Pasó tres semanas sin hablar con su madre hasta que ella se disculpó y le aseguró que no había querido decir las cosas así y que si no estaba interesado en tener una novia pues que ella lo entendía y eso no significaba otra cosa. Greg la disculpó sin pensarlo, muy contento de dejar eso atrás, aunque sintió algo desagradable cuando dos días después su madre le llamaba de nuevo para pedirle que aparecieran en un programa de entrevistas para hablar de su relación madre-hijo.
Al bajar del tren se quedó parado unos cinco minutos frente al mapa del metro de Londres, decidió que no había ruta directa y que prefería dar un poco de vuelta en vez de salir a tomar un autobús. En su vida volvería a tomar uno, aunque fuera uno de ciudad. El sólo pensamiento del vehículo hizo que tuviera que refugiarse detrás de una columna, tratando de calmar el ritmo de su corazón. Así que tomó la línea Norte a Bank, ahí bajó en el andén y esperó el tren de la línea Central hasta Holborn y ahí podría haber salido a la calle y caminar pero prefirió esperar unos minutos por el tren de la línea Picadilly y bajar en la siguiente estación que era Russel Square.
Según las indicaciones de Gavin tenía que entrar por la puerta de Bedford Way y el primer edificio que tendría frente era la facultad de matemáticas, primer piso, tercera oficina. Era viernes, lo encontraría ahí hasta las nueve, hora de primera clase. Greg vio el reloj, era casi las 8, tenía tiempo para encontrarlo. Subió por las escaleras, nadie lo miraba más de una vez, parecía que todos tenían cosas importantes que hacer y a él no le costó encontrar la oficina que Gavin había mencionado. Tenía el 117 marcado en la puerta y abajo una pequeña placa con las dos palabras que le había costado mucho trabajo escuchar.
-¿Cuál es el nombre de tu profesor? –le preguntó a Gavin después de hablar con él la noche anterior. Le había explicado todo y habían acordado que iría a verlo, todavía quedaban algunas semanas del semestre por lo tanto, podría recuperarse si le ponía algún trabajo final o le hacía examen.
-Mycroft Holmes –dijo su hermano, pronunciando aquellas dos palabras y clavándolas en el corazón de Greg. No era posible, de verdad no lo era, ¿acaso el mundo era tan jodidamente pequeño?
-¿Cómo? –preguntó Greg luchando por no sonar como estrangulado, porque era o que sentía, que apretaban su garganta con fuerza y le impedían hablar o respirar.
-Mycroft Holmes –repitió su hermano y a Greg le costó toda la noche juntar valor para lo que tenía que hacer. Jamás le dijo a Gavin que iría al día siguiente, pero si no lo hacía así, no podría hacerlo. Si dejaba pasar el fin de semana lo pensaría demasiado y le iba a entrar miedo y entonces no lo haría. Porque había tenido una imagen muy diferente de lo que sería verlo por primera vez, de verdad, no como un encuentro casual. Nada tenía que ver con aquella vez en el hospital donde a él le preocupaba su hermano o la vez fuera del estadio donde fue obvio que no lo reconocía, aunque no lo culpa, su cara ese día en urgencias había estado aplastada e inflamada al mismo tiempo. Y luego, cuando casi se cae de las escaleras en el aeropuerto…
Esa fue la vez que lo hacía tener alguna esperanza. Porque lo había visto enrojecer, porque había notado la manera en que sus pupilas se dilataban y como respiraba con cierta rapidez y audiblemente. Aquello era inequívoco, por lo menos le gustaba y eso era ganancia. Y con Wayne apoyándolo, pensaba que las cosas no podían salir mal, tendría el valor para conocerlo de verdad, para decirle lo mucho que había pensando en él y que a pesar de lo breve de sus interacciones, jamás se lo había podido sacar de su mente.
Y ahí estaba ahora, hiperventilando seguramente porque de repente su cabeza empezó a dar vueltas y veía borroso. Trató de relajarse, respiró profundo y sacó el aire lentamente, dejando que la sensación de pánico se fuera diluyendo en su cuerpo. Entonces, comenzaron los gritos. Aunque la puerta de la oficina estaba cerrada, eran fuertes y se escuchaban perfectamente.
-¿Acaso estás muerto por dentro? –gritó una mujer, tras lo cual se escuchó un golpe secó, como de un manotazo sobre la madera.
-¿Cómo te atreves a decirme eso? –gritó una voz conocida, una voz que le había dedicado tan pocas palabras que era difícil de creer que no pudiera olvidarla.
-¿Qué cómo me atrevo? Mycroft, carajo, el chico tiene problemas en su casa y a pesar de eso es brillante, lo único que te pide es que lo valores por eso y no por las veces que faltó a las tutorías –la voz enojada de la mujer lo hizo temblar. Estaban hablando de Gavin, estaba seguro, tomó el picaporte de la puerta y se aferró a él, sin poder abrirla aun.
-Las reglas son claras, no puede tener más de cinco faltas y él tiene ocho, no puedo hacer nada –dijo Mycroft y el corazón de Greg se estrujó de manera horrible. ¿Era posible que fuera tan cuadrado? No, su voz parecía otra, tenía algo que la volvía diferente a la que había escuchado aquella vez en el hotel de Brasil, esa voz era dulce y amable y hubiera querido tenerlo cerca para que le hablara al oído y le dijera lo que fuera, cualquier cosa estaba bien con tal de seguirla escuchando.
-¿Pero que no me escuchaste? El accidente de su hermano, el intento de suicidio, ¿crees que puede simplemente ser egoísta y dejarlo solo cuando lo necesita? –la mujer sonaba cada vez más amenazante, su voz se elevaba a niveles extremos y Greg pensaba que ella tenía razón… aunque no había sido un intento de suicidio, no al principio.
Cuando comenzó a tomar las pastillas lo único que quería era dejar de sentirse nervioso, había tenido noches terribles donde no podía sacarse de la cabeza la imagen de Wayne en el autobús y cuando por fin se hizo de noche y ninguno de sus hermanos regresó, pensó que algo les había pasado.
Marcó el celular de Gail y sonó y sonó sin que ella contestara y con Gavin, lo marcaba fuera del área de servicio. Pensó que estaba exagerando y fue a buscar la medicina para la ansiedad y cuando la pastilla no lo hizo sentir mejor, tomó otra. Cuando se acabó el primer frasco pensó que si se tomaba el otro frasco tal vez podría dejar de pensar y a lo mejor, dejar de existir, dejar de ser una carga para dos adolescentes que merecían una mejor vida y no a un hermano roto e inservible.
Así que al final si había sido un intento de suicidio pero no había sido su intención. O eso se repetía todo los días.
-¿Eres idiota o qué? –dijo Mycroft y Greg sintió que eso no podía haber sido pronunciado por él, que no era capaz de insultar a alguien de esa manera. Pero lo había escuchado con claridad y sin embargo se negaba a creerlo- Ese chico es un mentiroso, ¿no te suena familiar la historia que te contó?
-Sí, por supuesto que me suena familiar, pero Mycroft, las cosas malas suceden una y otra vez y yo le creo. Tú no lo viste, la manera en que lloraba cuando me decía de su hermano, cuando describía su estado actual, cuando lo comparara con lo que había sido antes.
La voz femenina lo estaba matando. Greg, había pensado una y otra vez en el daño que le hacía a sus hermanos, en cómo les había echado a perder la esperanza de estudiar dónde ellos querían y los había condenado a una universidad que no era lo suficiente para ellos. Y ahora, venir a escuchar de una desconocida, la manera en que Gavin había sufrido, era terrible.
-Es un mentiroso tratando de llegar a mi a través de una historia estúpida –dijo terminantemente Mycroft y aquello fue suficiente para Greg. No, si una cosa no podía tolerar era que insultaran a sus hermanos. Se había peleado en múltiples ocasiones con su madre cuando hablaba mal de ellos, que si Gail estaba gorda o que si Gavin era un nerd. Jamás, ni siquiera a su madre, dejaría que nadie hablara mal de ellos.
Giró el picaporte, respiró lo más profundo que pudo, empujó la puerta y sin pensarlo dos veces, o de lo contrario habría dado media vuelta, dijo:
-Mi hermano no es ningún mentiroso.
Gracias por seguir leyendo y esta vez la espera no fue tan larga. Esperaba hacerlo un poco más dramático con la reunión de Mycroft y Greg pero se me fue alargando así que lo tendrán que leer para el siguiente y la verdad es una escena que a mi me pone muy triste.
Ahora, aclarando porque luego los confundo: Se tiene por entendido que el nombre de Anthea no es su nombre real, eso es lo que le responde a John, así que le inventé uno jejeje, pero la seguiré llamando Anthea.
Y se supone que iba a escribir de fútbol pero como dije, se me fue alargando y ya no pude incluir varias cosas así que mejor lo dejé para el siguiente.
Agradecimientos como es debido:
Terry: Gracias por seguir leyendo amigo y como espero que sepas, casi es momento para incluir lo que te prometí jejeje.
Runa: Gris y triste, justamente lo que quería lograr, sorry amiga pero gracias por tu comentario.
Didi: Hola y gracias por comentar, debo decirte que estás aprendiendo español excelentemente. Sé que hay muchas diferencias con el español de España, yo soy de México y mucho se defiende que no hablamos español, sino mexicano porque hay tantas palabras locales que luego podríamos no entendernos. Así que tomando eso en cuenta de verdad te agradezco el esfuerzo y me siento honrada de que sea el mío, tu primer fanfic en español.
Itsaso Adhara: Pues felicidades, un gran abrazo por este día del maestro y de ser así, no te comas las manzanas jajajaja. Gracias por comentar de verdad y perdón por la confusión con los hermanos.
mashimaro: Gracias por siempre leerme, no me cansaré de decirlo y por siempre dejarme tu comentario, de verdad. Y si, tenías razón sobre el hermano de Greg, de cierta manera están tan juntos... y pronto lo estarán más jejeje.
pervertida yaoista: Claro, tienes razón, si Mycroft no hubiera sido tan cuadrado, Greg no habría tenido la necesidad de salir de su casa. Gracias por comentar.
Isa no Tenshi: Jejeje, si .. es bueno y malo .. y chin... no me gusta cómo sucederá jaja. Gracias por comentar.
AnnitaChibaKou: Si entendiste bien jejeje, quería que no fuera tan obvio. Gracias por comentar y temo que todavía siga siendo un poco triste por un tiempo más.
NatLB: No desaparezcas jajaja, gracias por comentar y no te confundas, Gail es la chica y Gavin el chico. Y si me arrepiento jejeje y espero si aprendamos de fútbol, del metro de Londres y muchas cosas más jajajaja.
Yiyukimo: Espero hayas recibido mi mensaje y gracias de verdad por todo lo que dices, no sabes la cantidad de veces que leo tus comentarios para evaluarme y saber cómo seguir en el capítulo, me estás ayudando como no tienes idea.
Midna-L: Si, Sherlock y John están bien y si, es raro que vayan a jugar fútbol pero estoy segura de que ellos pueden jejejeje. Gracias por lo que comentas.
Lena: Gracias por todo, de verdad. Si, soy horrenda por matar a Wayne y por eso me persigue, lo veo en revistas, en la tienda de deportes, buaaaaa! Y que bueno que te interesas por Joe porque va a volver jejeje. Gracias por decir que leerás mi otros fanfics, me encanta eso jejeje.
Y si, ya muchos se dieron cuenta, soy la hija perdida de Gatiss y de Moffat por eso mi apellido debería ser Mofftiss xDDD he pensando cambiarlo legalmente jajajaja. Muchas gracias a todos los que leen y los que me comentan por Facebook. Recuerden dan Like a Fuck Yeah Sherlock.
Comenten! Sus comentarios pueden cambiar el curso de la historia, tengo antecedentes en eso jajajaja
Saludos a todos.
