11 Invitación doble

-Disculpe... ¿Lynne?-el hombre me miro asombrado, con ojos abiertos como platos- ¿Sois vos?

-Si-conteste sin saber si alegrarme o asustarme, o salir corriendo. En cambio, en un abrir y cerrar de ojos, el hombre me abrazo. Me quede estupefacta.

-¡Que alegría de volver a Veros!-exclamo. Ahora si fue cuando sonreí, aunque todavía un poco aturdida-¿Que tal os encontráis?

-Bien, gracias-respondí. En realidad el teniente Groves era quien menos había cambiado... Le veía como siempre.

-Me alegro... Me alegro Mucho. Me hubiera gustado ir a visitaros algún día, pero he estado las ultimas semanas en el mar, haciendo el relevo a Norrington-me dijo.

-No os preocupéis. No importa-dije, sonriendo- ¿Y vos? ¿Como estáis?

-Mmm... Si os referís a estos últimos dos años... Nada nuevo que contar, la verdad. Trabajo, trabajo y mas trabajo, eso es todo. En cambio vos...-me miro de arriba a abajo- Sois ya toda una mujer-me sonroje- Y tengo entendido que habéis empezado a coger responsabilidades...

-Si, trabajo en la enfermería de Port Royal-le comente.

-Bueno, si Necesitáis algo, lo que sea...-me sentí agradecida. Iba a responderle, pero el pelotón de soldados paso a nuestro lado.

-¿Que es lo que ha pasado?-pregunte a Groves.

-El teniente Gillette a capturado a un pirata que intentaba robar. Seguramente repercutirá en su reputación -me explico. Me quede mirando como el teniente se alejaba. Parecía que Groves se dio cuenta- Se lo que estáis pensando, pero Gillette siempre ha sido así. En el fondo esta avergonzado, pero no es lo suficientemente valiente para disculparse.

-No pasa nada-dije. En realidad no me interesaba lo mas mínimo.

-Bueno, yo tengo que marcharme, señorita Kipling, un placer volver a veros, de verdad-dijo y me beso la mano.

-Lo mismo digo señor. Adios-me despedí y el hombre se alejo a toda prisa, para no perder de vista al pelotón de soldados, presididos por Gillette.

Al día siguiente, volví a ir a la enfermería. Esa vez no me costo ningún trabajo encontrar a Edward.

-Buenos días, señorita Kipling-me dijo, cortésmente.

-Buenos dias-le respondí- ¿Hay mucho trabajo que hacer hoy?

-No creo. Esperemos a que vengan los marineros de vuelta a Port Royal y será cuando tengamos trabajo-me dijo y se acercó a una cama a entregarle a un hombre un vaso de agua- La señora Firth...-dijo señalando a la mujer con la que había hablado ayer sobre su hijo John- Se marcha hoy. Vendrá su esposo a recogería a las 12, asi que vos estaréis aqui-me informo.

-Claro, señor. Y debo rellenar los papeles correspondientes a su resistencia aquí, ¿no?

-Si, y no se le olvide que el señor Firth tiene que firmar, ¿De acuerdo?

-De acuerdo-dije. Parecía que era lo único mas o menos interesante que iba a pasarme en el día, aunque puede que me pusiera a hablar con los enfermos. Empecé a hacer mi trabajo. Lo primero que me puse a hacer, la verdad, fue ponerme a lavar sabanas. No me importaba. Me sentía muy a gusto allí. A las nueve y media, Edward se acercó a mi.

-Lynne ha venido una... Chica a buscaros-me dijo. Fui a la recepción. Efectivamente, era quien esperaba.

-¡Elizabeth!-exclame, acercándome a ella.

-Lynne, ¿Como estas? ¿Te gusta esto?-me pregunto.

-Si, me gusta mucho-le conteste, sonriente- ¿Habéis conocido a Edward?-volvi la mirada hacia atrás, donde el chico estaba sentado en una mesa.

-No, no le conozco-contesto. Entonces, por una vez, vi que era yo quien tenia a alguien a quien presentar... Y le llame. El chico se acercó.

-Edward, esta es mi amiga, Elizabeth Swann-dije, presentándolos.

-Un gusto, señorita. Sois vos la hija del gobernador, ¿no?-pregunto el chico. Hubiera temido, tal y como era Elizabeth, que la chica se hubiera molestado por decirle eso, pero ni mucho menos lo hizo.

-Si, soy yo. Aunque...-la chica me miro- Lynne, ahora soy Elizabeth Turner, ¿Recordáis?- me quede durante unos instantes paralizada, y luego me puse colorada.

-Oh, si...-musite. ¿Como podia haberlo olvidado? Edward se rio.

-No pasa nada, mujer-la chica se rio también- Venia a invitarte hoy a cenar a mi casa, pero, ya que esta aqui Edward... ¿Podéis estar en mi casa a las nueve?-me quede todavía un poco paralizada. Lo primero y mas importante era: ¿Elizabeth acababa de invitar a Edward a cenar a su casa? ¡Pero si no le conocía!

-¿A las nueve?-repitió el chico y se puso a pensar.

-¡No nos importa, Edward!-exclamo la señora Fith, desde la sala de las camas. Todos nos volvimos para mirar. Parecía que los enfermos estaban bastantes atentos a nuestra conversacion...

-Bueno, esta bien- acepto el chico sonriendo. Luego me miro a mi- ¿Os importa que os Valla a recoger?-me pregunto. Mire a Elizabeth fugazmente, pero luego volvi a mirar al chico y le asenti.

-¡Que bien! Me encantara teneros en mi casa. Yo ya me tengo que ir. Le prometí a Will que no tardaría mucho-dijo la chica muy feliz y empezó a andar hacia la puerta.-¡Adios!

-Adios-me despedí y vi como salia.

-Que simpática... Y que amable al invitarme a su casa.-dijo Edward. Parecía bastante contento con la invitación- Bueno, yo también me tengo que ir preparando para irme-dijo el chico y se quedo como esperando a que yo dijera algo.

-Vale-solo se me ocurrió. Y era lo normal, ¿no?

El chico se fue a las diez, y luego estuve haciendo mi trabajo. A las doce vino el señor Fith por la señora Fith. Hice que rellenara y firmara todos los papeles. Antes de irse, la señora Fith se acercó a mi.

-Querida, no me puedo quejar de mi estancia aqui con vos, me habeis cuidado muy bien-me dijo.- Pero... ¿me permitís que os de mi opinión?-la mire extrañada y a la vez intrigada. Le asenti- Edward parece un buen chico, como mi hijo, además que es apuesto, tu ya sabes...-la mujer sonrio- Y me atrevería a decir... que os mira de forma extraña... y no os alarméis, pues me refiero a miradas cálidas. Seguro que me entendeis... -parpadee unos segundos sin saber que decir.

-Anna, nos tenemos que ir-le apremio su esposo, cojiendola del brazo. La mujer le miro con mala cara pero asintió.

-Que os lo paseis muy bien esta noche, querida, y que tengais mucha suerte-dijo al fin.

-Gracias, señora Fith-dije entrecortadamente. Luego la mujer me sonrio y se fue lentamente, agarrada del brazo de su esposo.

Próximo capitulo: ¿Solo un rumor?