Hola de nuevo, llego un poco tarde, pero llego! Aquí os dejo un nuevo capítulo! Espero que no os decepcione y que os siga gustando la historia!

Gracias por comentar! Me ENCANTA leeros! Estoy buscando un tiempo para poder comentar más lo que os va pareciendo...pero de momento solo encuentro tiempo para dejar capítulos, perdón! Pero os sigo!

SAlu2!


Capítulo 11. La tempestad

- ¡Mamá! ¡Mamá! ...

Los insistentes gritos que se escuchaban por toda la casa las despertaron.

Regina se sobresaltó y alzó la cabeza para poder escuchar mejor. No se había equivocado. Emma, a su espalda, hizo lo mismo solo que con bastante más pesadez.

- ¿Quién grita a estas horas de la mañana? – Comentó la salvadora antes de volver a enterrarse en el cuello de la morena y acurrucarse contra su espalda mientras acomodaba mejor el brazo que rodeaba su cuerpo.

- Emma...- Regina se incorporó algo más e intentó evitar que la rubia la arrastrara con ella. – Emma...- la llamó de nuevo removiéndose e incorporándose para que la rubia la escuchara.

Ni si quiera se había percatado del pequeño detalle de que ambas estaban bien abrazadas cuando se despertaron. Y la rubia había vuelto a pegarse a ella como si eso fuera lo más natural y llevasen haciéndolo toda la vida.

- Emma...- insistió. – es Henry. – La rubia abrió los ojos de nuevo, esta vez prestando más atención.

Pero ya era demasiado tarde. Los gritos de Henry se elevaron instantes antes de que la puerta de la habitación se abriera y entrara en ella sobresaltado.

- ¡Mierda! – Emma dio un respingo mientras que Regina tragaba saliva y se cubría con la sábana, claramente avergonzada. Eso no debería haber pasado bajo ningún concepto.

- Henry...- Dijo la morena al chico que se había quedado parado con los ojos bien abiertos.

- Mamá...Mamá...- logró pronunciar alternando la mirada entre sus dos madres que en aquellos momentos se encontraban en la misma cama.

- Chico, esto no es lo que parece... – Comenzó Emma.

Henry pareció reaccionar, por fin.

- Ahora no importa, mamá – dijo dirigiéndose a Regina – ¡Gold ha liberado al autor!

- ¡Cómo! – Ambas exclamaron a la vez.

Regina frunció el ceño y se tornó pensativa mientras que Emma se incorporaba de la cama de inmediato buscando su ropa que había dejado encima de la butaca del fondo.

- ¿Cómo sabes tú eso, Henry? – Preguntó Regina mientras hacía lo mismo intentando mantener más calma de la que estaba demostrando Emma.

- Yo la encontré, en la mansión del autor...- dijo Henry acelerado. – encontré la llave y Maléfica y Cruella me la robaron. No pude hacer nada. – Regina frunció el ceño y se acercó de inmediato a su hijo, preocupada.

- Estás bien, te han hecho algo. – Dijo tocándolo por todos lados para comprobar que no tenía ningún rasguño.

- Estoy bien, mamá. – Dijo el chico sonriendo un poco y zafándose de los manoseos de su morena madre.

Emma había escuchado todo en silencio, pero su rostro se había llenado de preocupación al igual que el de la morena.

- ¿Dónde está? – Preguntó la rubia.

- Escapó.

- ¿Cómo que escapó? – Preguntó Regina.

- Gold lo está buscando, tenemos que encontrarlo antes que él. – dijo el chico mirando a Emma – Si consigue encontrarlo antes que nosotros...- se giró ahora para mirar a Regina con cara de preocupación – no dejará que escriba tu final feliz, mamá.

Regina quedó conmovida por las palabras de su pequeño. Definitivamente se estaba haciendo todo un hombre. Ella sonrío con los ojos cristalinos, seguramente a causa de los desajustes hormonales por los que estaba pasando su cuerpo.

- Lo encontraremos. – Intervino Emma decidida mientras se metía en el baño de Regina mirando a ambos.

Cuando la puerta se cerró, Henry pareció darse cuenta de algo.

- ¿Por qué...habéis dormido juntas? – Preguntó con inseguridad y visiblemente contrariado. Regina carraspeó. No sabía qué contestar a eso.

- Sí, Henry. – Optó por la sinceridad, como acostumbraba a hacer con Henry últimamente. El chico frunció el ceño pero no dijo nada. Ella tampoco habló.

En esos momentos la puerta volvió a abrirse y Emma apareció ya vestida y preparada para salir.

- Regina...- dijo acelerada –tú quédate aquí. Voy a ver qué ha pasado.

- De ninguna manera, yo voy con vosotros. – Emma pareció dubitativa pero finalmente cedió.

- Está bien, te esperamos abajo. – Sentenció. Y ambos salieron de la habitación dejando sola a Regina. "Y aunque no te pareciera bien, querida". Pensó la morena para sus adentros.


Apenas unos minutos después Regina bajaba a toda prisa las escaleras de su casa. Impecablemente vestida y arreglada. Como siempre. Emma no lograba a entender cómo conseguía hacer aquello. La rubia movió un poco la cabeza para salir de su letargo e indicar que podían irse.

Los tres salieron a la calle. Todo parecía en calma. Pero Regina sabía que no lo estaba. Podía sentir la magia que se palpaba en el ambiente. Su respiración se aceleró. Aquello era preocupante. Gold la había traicionado y ahora, gracias a ella, contaba con la ayuda de tres villanas más. Cada una con más potencial que la otra. Aunque no más que ella, pensó para reconfortarse un poco.

Subieron hasta el coche de Emma que había permanecido aparcado en la puerta de la mansión toda la noche y pusieron rumbo a casa de Mary Margaret y David.

Nada más llegar Mary se abalanzó sobre su hija claramente preocupada.

- ¿Dónde habéis estado? Hemos estado intentando localizaros toda la noche. – Preguntó David también preocupado.

Ambas se miraron con cara de circunstancias. Henry las miró a ambas y pudo notar como el ambiente se tensaba entre ellas. Había algo que sus madres no le estaban contando desde hacía tiempo, eso lo sabía, lo que no sabía era qué podía ser...pero ahora...ahora todo estaba volviéndose demasiado confuso.

Regina carraspeó antes de responder, ya que pensó que la rubia no sería capaz de dar una explicación contundente.

- Emma ha pasado la noche en la mansión. – Dijo mirando a Mary Margaret. Emma la miró con los ojos bien abiertos. David frunció el ceño un poco confundido.

Sin embargo Mary Margaret, cómplice con Regina, asintió tranquilamente. No era momento de enfrentar crisis familiares.

- Regina – comenzó preocupada – si Gold encuentra a ese autor antes que nosotros...no sabemos qué es lo que pretende.

- Lo sé. – Regina asintió y se subió a uno de los taburetes de la cocina. Parecía pensativa, pero también contrariada.

- ¿Qué ocurre? – Le preguntó Emma.

- Es solo que...si Gold piensa exigirle al autor que escriba sus finales felices, los de los villanos...- miró a Emma – los finales felices de los héroes desaparecerán.

- ¿Cómo? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

- Sé que ese era su plan. Desde el principio. – Le respondió la morena.

- ¿Cómo? – Preguntó Emma indignada. Regina se encogió de hombros.

- Pensaba que yo lograría encontrar al autor primero. Y así ha sido...- señaló a su hijo. – Pero me equivoqué. Gold me ha traicionado.

- ¡Regina! – Gritó la salvadora indignada.

- Lo tenía todo bajo control.

- Ya lo veo. – Le escupió con rabia.

- Emma ahora no es momento de reproches. Debemos actuar y rápido. – Intervino Mary Margaret.

- Estoy de acuerdo. – Dijo David. - ¿Hay algo más que no nos hayas contado, Regina? – La miró con el ceño fruncido.

Ella negó con la cabeza antes de comenzar a hablar. Todos los allí presentes la miraron atentamente.

- Debe de haber algo más...Gold me mintió desde el principio, estoy segura. La resurrección de Maléfica, la llegada de Úrsula y Cruella...

- Úrsula ha desaparecido. – Dijo Mary Margaret.

- ¿Cómo? – La alcaldesa frunció el ceño.

- Al parecer tenía asuntos pendientes con Hook...se enzarzaron en una pelea pero...después ella le devolvió su barco y él le dio algo que ella había perdido. No sabemos mucho sobre esa historia.

- ¿Y dónde están ahora? – Preguntó Emma contrariada.

- Parece que se han marchado. – Dijo Mary Margaret resignada.

- ¿Cómo? – Espetó la salvadora. - ¿Y a nadie se le ha ocurrido contarme nada? – Todos miraron a Emma. Estaba realmente indignada.

- Me pareció que estabas demasiado ocupada atendiendo otros asuntos. – Soltó Mary Margaret. David y Henry la miraron con el ceño fruncido. Las demás sabían de lo que hablaban.

- Bueno eso ahora no importa, en el caso de que eso fuese verdad...nos habríamos quitado de encima a un calamar contra el que luchar...- dijo Regina de nuevo pensativa.

- ¿Qué hacemos ahora, entonces? – Preguntó David dispuesto.

- Hay que encontrar al autor antes que Gold.

- Bien, por donde empezamos. – Preguntó Emma.

- Será mejor que nos separemos.

- Bien. Vosotros iréis a la zona del puerto. – Dijo Emma dirigiéndose a sus padres que asintieron con la cabeza. – Nosotros cubriremos el bosque y la cabaña. Tal vez aún estén allí.

- ¿Y yo? – Preguntó el chico.

- Henry, es muy peligroso, tú te quedas aquí. – Sentenció Regina muy seria.

- Pero...Mamá...- Se quejó Henry mirando a su rubia madre. – Tu madre tiene razón chico, es demasiado peligroso. Posó una de sus manos sobre el hombro de su hijo mientras miraba con cara de preocupación a Regina.

Ella sabía bien que para la morena también era peligroso. Sabía que Gold se había acercado a ella por alguna razón. Evidentemente traspasar las fronteras de la ciudad había sido un motivo. Pero había algo más...había intentado volverla oscura y después había intentado capturar a Regina. Las necesitaba para algo, de eso estaba segura.

- Bien, vamos. – Dijo David cogiendo sus cosas seguido de Mary Margaret.

Ellas asintieron y los siguieron. Regina abrazó a su hijo antes de salir bajo la atenta mirada de Emma. Ella le hizo un gesto con la mirada antes de marcharse y asegurarse de que dejaba la puerta bien cerrada.


Todo estaba oscuro. Solo la luz de la linterna que Emma llevaba en sus manos iluminaba el camino. Las respiraciones de ambas eran agitadas. Llevaban demasiado tiempo buscando en vano. No habían encontrado al autor por ninguna parte. Ni si quiera sabían qué aspecto tenía. Aun así no se habían topado con nadie.

Emma iba delante, mientras que Regina cerraba el paso, con cautela, aquello no le gustaba nada. Todo estaba demasiado oscuro y demasiado en calma. Pensó. De repente se oyó un sonido. Parecía un murmullo en el viento. Pero no dejó de ser extraño. En un abrir y cerrar de ojos la salvadora cayó al suelo justo delante de ella.

- ¡Emma! – gritó y corrió hacia ella.

Su corazón se estremeció y reanudó su marcha con fuerza descargando adrenalina por todas sus terminaciones nerviosas. Cuando llegó a su altura se agachó y la volteó. Emma parecía completamente dormida. Unos pasos la obligaron a volver la vista a su espalda.

Las fracciones de su rostro se tornaron duras y sus ojos lo miraron con rabia y cautela mientras él se paraba justo delante de ella.

- ¿Qué le has hecho? – Escupió.

- Nada que no tenga arreglo, querida. Maléfica perfeccionó su hechizo para dormir. – Respondió él muy tranquilo.

Regina apretó su mandíbula antes de levantarse. Se había tranquilizado a la vez que había puesto su atención en que si Gold la necesitaba dormida era que solamente la buscaba a ella.

- ¿Qué te ha pasado? – Le preguntó. Sabía bien que no hace mucho la complicidad entre ambos había existido. Sin embargo, ahora, parecía haber vuelto a ser el más malvado de los oscuros. Algo que no lograba entender.

- Supongo que tienes delante a un hombre que lo ha perdido todo. – Regina frunció el ceño.

- ¿Qué pretendes?

- Solamente que colabores conmigo. Las cosas no tienen por qué ser así. – Señaló a la salvadora que yacía en el suelo.

- No pienso ayudarte a destruir los finales felices de los héroes, si es lo que quieres.

- Creo que no lo has entendido bien, Regina. Si ellos ganan, nosotros perdemos. – Se refirió de nuevo a Emma.

- Creo que el que no lo has entendido bien has sido tú. – Espetó ella con rabia en la mirada. Él sonrío con malicia.

- Eso ya lo veremos. – Sentenció casi en un susurro. Y con un movimiento de su mano, Regina cayó al suelo.


Sus sentidos volvieron a activarse. El ambiente era cálido. Estaba en un lugar familiar. Se reconfortó. Abrió los ojos lentamente con todas las energías con las que la pesadez que sentía le permitió. Se tensó inmediatamente. Un movimiento la alertó de que sus manos estaban atadas. Miró al frente y encontró a Gold de nuevo con una sonrisa en su cara. No necesitaba echar un vistazo a su alrededor, estaban en su mausoleo, podía sentirlo.

- ¿Ahora soy tu prisionera? – su voz fue un susurro malvado. Gold asintió antes de hablar.

- Tú y el autor. – Sus labios se curvaron hacia arriba. – Aunque el parece ser mucho más inteligente que tú. – La señaló con el dedo.

- ¿Qué quieres de mí? – Volvió a preguntar la morena que no entendía nada.

- Verás, a la hora de hacer elecciones, nunca has sido demasiado inteligente. – La morena movió sus manos bruscamente pero las esposas se lo impidieron.

- No más magia por hoy, querida. – Las pupilas de Regina estaban dilatadas y su rostro era duro. - Solo me aseguro de que eliges el bando correcto.

- Estoy en el bando correcto.

- Sigues sin entenderlo, Regina. – Dijo él con paciencia. – Tú salvadora – pronunció con asco – ha iniciado su camino hacia la oscuridad. No hay marcha atrás. Una vez haya llegado hasta el final, obtendremos aquello que tú y yo ansiamos. Sin embargo, mi pequeño ensayo salió mal...como me temía...- Regina entreabrió la boca para coger aire...debía de estar entendiendo mal...un malestar se apoderó de su estómago...

- ¿Qué quieres decir?

- La poción que le di a Emma. – Comentó resaltando algo que para él era obvio – aquel hechizo tenía un efecto limitado...sin embargo, su efecto fue más efímero de lo que yo esperaba, por culpa de eso, me temo. – El oscuro señaló su vientre con su dedo. El corazón de Regina dio un vuelco, después, todo se paró a su alrededor.

- Dijiste que no sabías nada...- Masculló Regina, con rabia, entre dientes. Él sonrío sin disimulo.

- Tal vez no te contara todos los detalles. Pero te voy a dar una nueva oportunidad. Me ayudarás a que nada se interponga entre Emma y su oscuridad.

- Jamás.

- Eso ya lo veremos. – Dijo con mofa el oscuro mientras sacaba un papel de su bolsillo.- He encontrado esto en uno de tus bolsillos – Regina se tensó. – Supongo que estás preocupada por tu querido Robin...harías bien en estarlo.

- ¿Qué le has hecho a Robin? – Preguntó ella, visiblemente inquieta.

- Harás exactamente lo que yo te diga...o lo perderás todo. – Dijo entregándole el papel y señalando su vientre. – Regina se levantó bruscamente y lo enfrentó.

- Sea lo que sea lo que quieras de mi bebé, no lo tendrás. No conseguirás salirte con la tuya. – Lo amenazó. El río sacando un móvil de su otro bolsillo.

- Llama. – Dijo él liberándola de sus ataduras y entregándole el papel con el número de teléfono de Robin Hood y su propio teléfono. Ella tragó saliva y miró lo que tenía entre sus manos. El oscuro guardó silencio esperando a que Regina tomase una decisión.

La morena se sentó de nuevo para intentar calmarse y marcó el número de teléfono que Emma le había conseguido tiempo atrás y al que no se había atrevido a llamar. O más bien...no había tenido la necesidad de llamar. Pero ahora...

Tres tonos sonaron antes de que una voz femenina contestase al otro lado del teléfono.

- ¿Robin?

- No, no soy Robin. – Dijo la voz más calmada que ella.

- ¿Marian?

- No exactamente. – Hubo una pausa mientras que Regina intentó comprender. – Hola, hermana. – El cuerpo de la alcaldesa se estremeció.

- Zelena...- dijo aún sin poder creerlo – no puede ser...estabas muerta...

- Creíste que lo estaba...- dijo la voz de Zelena divertida al otro lado.

- ¿Cómo? – Regina destilaba rabia por todos los poros de su piel. Eso lo cambiaba todo. Quería saber cómo había conseguido engañarla así.

- Todo lo que necesitas saber es que estoy con tu amado Robin...haciendo...todas esas cosas que hacen las esposas...- Su voz era de burla.

- ¿Dónde está Robin? – Preguntó ella preocupada.

- No es de tu incumbencia, hermanita...oh...te dejo, casi es la hora de que llegue, y tengo el asado en el horno...adiosito. – Y colgó.

Regina se quedó paralizada. No entendía cómo Zelena aún podía estar viva. Y cómo había llegado a hacerse pasar por Marian...un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Miró a Gold, quién no estaba nada perturbado por la noticia.

- Tú...- espetó – tú lo sabías. – Él se posicionó de nuevo frente a ella.

- Y por eso harás lo que te diga. – Regina guardó silencio. – Regina, eres vital en mi plan para conseguir que la salvadora se vuelva hacia la oscuridad. – Regina abrió bien los ojos.

- Tú me convertiste en un mostro...no dejaré que hagas lo mismo con Emma. – El sonrío imperceptiblemente.

- Con solo una llamada...tu querida hermana se encargará del hombre al que amas...o al que amaste. – Cogió el teléfono de nuevo de manos de Regina. – Entonces...elige...dejarás morir a tu querido Robin o preferirás salvar a la salvadora que siempre necesita ser salvada. – Le dijo.

Regina se quedó paralizada. Cómo podía estar pasando aquello. No entendía nada. No podía dejar que Emma sucumbiera ante la oscuridad...eso lo tenía claro, pero...Robin...no podía dejar que Zelena le hiciera daño... Deseó cerrar los ojos y frotarse la cabeza, pero no lo hizo, no podía mostrarse débil. Un paso en falso lo echaría todo a perder. Ya había visto cómo Emma había mutado al lado oscuro, y aquel hijo que esperaban juntas...bueno ella creía que había sido eso...casi estaba segura después de lo que había dicho Rumpel...había conseguido devolverla a la realidad. Tal vez aquella fuese una baza con la que Gold no estaba contando...aunque había tentado a Emma para ver qué efecto tenía en ella el bebé...por supuesto que estaba contando con aquello. Lo que no entendía era cuáles podían ser sus verdaderas intenciones. No le había dado a elegir entre su hijo y Robin...sino entre Emma y Robin...algo se le escapaba...

- Elige. – Le repitió.

Ella lo miró. Gold le mostró el número de Robin en la pantalla. Estaba listo para hacer esa llamada. No podía dejar que muriera un inocente. No podía dejar que muriera el hombre al que amaba...porque lo amaba... ¿verdad? En aquellos momentos se sentía terriblemente confusa...pero no podía dejar de pensar en una sola persona...Emma. No podía dejar que Emma se volviera oscura. Tenía que protegerla a toda costa. Algo se removió en sus entrañas. Se sentía mareada. Tenía que salir de allí antes de que fuera demasiado tarde. Tenía que ganar tiempo, pensó. Si ella y el bebé eran cruciales en el plan de Gold...y estaba cerca de Emma...tal vez conseguiría protegerla. Sus ojos se volvieron más oscuros. Miró al oscuro con todo el desprecio y la ira que en aquellos momentos estaba experimentando y asintió bajando la cabeza. Él sonrío y borró el número de la pantalla.


Gold la había dejado marcharse cuando hubo aceptado colaborar con él. Necesitaba muchas respuestas pero también necesitaba estar alejada de él para evitar que pudiera hacerle daño a su hijo. Había ido a su casa y había tomado una ducha ligera mientras recapacitaba acerca de todo lo que había ocurrido. No había tenido noticias de Emma desde que la había dejado desmallada en el bosque así que se vistió lo más rápido que pudo y puso rumbo a su casa. Cuando estuvo delante de la puerta del apartamento pudo escuchar perfectamente cómo Emma gritaba a sus padres. Cerró los ojos y suspiró. Al menos ella tampoco estaba presa.

Abrió la puerta sin pensarlo. La salvadora se giró nada más verla y no tuvo reparo en mostrar su preocupación.

- ¿Dónde has estado? – Le preguntó dando un paso hacia ella.

- ¿Estás bien? – La escrutó de arriba abajo para comprobar que era ella en carne y hueso y que no tenía ningún daño. La rubia asintió con la cabeza. Regina suspiró aliviada. - Ha sido un día muy agitado, tenemos que hablar.

Lo había meditado largo y tendido. Tenía un plan que creía podría funcionar. Pero para eso necesitaba que Emma no se volviera demasiado terca. Por eso había decidido no contarle el interés que Gold había mostrado por el bebé. Tenía que alertar a Robin de que Marian no era su esposa sino su hermana. Para eso tendría que salir de Storybrooke evitando que el oscuro se diera cuenta. Y no lo iba a hacer sola. Iba a llevar a Emma con ella. Si se aseguraba de mantenerla a su lado tal vez podría protegerla también. Podría protegerlos a todos. A pesar de que sabía que no le iba a gustar oírla hablar de Robin, y mucho menos hablar de ir a buscarlo. Tragó saliva antes de enfrentarlos. Debía ser muy cuidadosa con sus palabras si quería que su plan funcionase.

- Es Zelena...está viva...- pronunció mirando a Mary Margaret...por alguna extraña razón que no pudo comprender en aquellos momentos no había podido mirarla a ella. Su plan sonaba bien en su cabeza pero ahora...– Y tiene a Robin.

Los ojos de los Charmings se agrandaron. Regina cogió aire y se decidió a mirar a Emma. La rubia se había quedado paralizada. Algo se removió en su interior. ¿Por qué sentía que la estaba traicionando? ¿Por qué se sentía tan mal? Se reprendió mentalmente. Tenía que mantenerse firme. Todo tenía que salir según lo previsto si no quería que nadie saliera herido.

Emma apretó la mandíbula. Podía sentir cómo hervía la sangre en su interior. Sabía lo que eso significaba. Por qué siempre tenía que volver a aparecer. Pensó mientras intentaba calmar su rabia.

- Emma. – La voz de la morena la sacó de sus reflexiones. Ella volvió sus ojos hacia la alcaldesa. Regina pudo percibir odio en su mirada y el estómago le dio un vuelco. Gold estaba haciendo bien su trabajo, pensó. – Emma tengo que ayudarle...- intentó justificarse de alguna manera esperando que la rubia comprendiera.

La salvadora la miró inquisitorialmente y guardó silencio unos segundos que a Regina se le hicieron interminables. No sabía por qué pero había algo dentro de ella que le oprimía el corazón al tener que decirle aquello a Emma...pero tenía que hacerlo, era lo correcto.

Cogió aire y se sentó en uno de los taburetes de la barra de la cocina. No conseguiría estar de pie por mucho más tiempo. Se sentía cansada. Miró a los tres y se detuvo en Emma antes de comenzar a contarles todo lo que había pasado y todo lo que le había dicho Gold, aunque siempre omitiendo el asunto del bebé.

Las pupilas de la salvadora se fueron haciendo más grandes a medida que Regina avanzaba y un aura roja comenzó a aparecer alrededor de sus ojos irritados. Permaneció en silencio. Pero sus puños estaban cada vez más apretados.

- ...no puedo dejar que Zelena le haga daño...- culminó Regina mirándola y suplicando porque Emma lograse entender.

- ¿Cómo? – Preguntó la rubia. Su voz sonó dura. Regina frunció el ceño y soltó el aire que estaba guardando. Su corazón se había contraído y aquella opresión no desaparecía de su costado. ¿Era el corazón lo que le dolía?

- Tengo que ir a Nueva York...es la única forma...

- De ninguna manera. – Espetó la rubia.

- Pero Regina...- comenzó Mary Margaret sin escuchar a su hija.

- No...- la interrumpió la salvadora. – Vosotros no os metáis. – Sancionó ante la atónita mirada de Mary Margaret. David fue más prudente y sujetó a su esposa por el brazo para que obedeciera. No podían hacer otra cosa, él lo sabía bien.

- Emma no tengo otra opción...

- Sí la tienes...no puedo dejar que vayas ahí fuera...es...es demasiado peligroso...eso es el mundo real, no es como aquí...- Emma parecía desesperada mientras pronunciaba aquellas palabras. Lo que nadie sabía, era que mientras las pronunciaba...ella misma se esforzaba desesperadamente por decir aquello y no otra cosa...no lo que realmente la corroía por dentro.

- Estaré bien. Tú tienes que ocuparte del autor y Henry...- Sabía que no la dejaría ir sola. La conocía bien. Pero debía ser ella quién tomase esa decisión. Así todo sería más fácil y no creería que solamente quería que la acompañase para cuidar de ella. La rubia era demasiado orgullosa. Y sabía que no aceptaría que nadie velase por ella cuál niñera.

- No... – La salvadora casi gritó.

Justo en ese momento el móvil de Regina sonó. Al mismo tiempo que el de Emma para sorpresa de todos los presentes.

- Es una video llamada...- dijo Regina antes de descolgar al mismo tiempo que la salvadora.

Ambas madres escucharon atónitas lo que Cruella tenía que decirles. Tenía a Henry, su hijo.


La captura de imagen que habían conseguido del vídeo que Cruella les había enviado consiguió darles una pista. David afirmaba que reconocía el lugar por la señal que había detrás ellos. Todos estaban sentados alrededor de la mesa. La vida de Henry estaba en peligro, necesitaban pensar con claridad lo que iban a hacer.

- Bien, es hora de ensuciarnos las manos y hacer lo que haga falta para recuperarlo. – Dijo Regina aún con cólera en los ojos.

- ¿No estarás considerando matar al autor como pide Cruella? – Preguntó David con rostro sombrío.

- Por supuesto que no. – Respondió la morena como si fuese obvio bajo la atenta mirada de Mary Margaret y Emma. – Incluso si pudiéramos encontrarlo no sería ni la mitad de divertido que matar a Cruella. – Pronunció con desdén. Estaba realmente cabreada, nadie se metía con su hijo. – Veamos qué le parece ser convertida en abrigo.

- ¡Regina! – Saltó Mary Margaret horrorizada.

¿Qué? – se encogió de hombros – Es el corazón de Emma el que intentamos proteger no el mío. – Se le escapó.

- Si entramos disparando nos arriesgamos a herir a Henry. – Intervino la salvadora como si hubiese considerado en serio las palabras de Regina. – Tenemos que encontrar otro modo. – Sentenció mirando a la morena. – Sería bueno encontrar al autor...él conoce a Cruella quizás pueda decirnos cuál es su punto débil...

- Creo que nosotros podríamos ocuparnos de eso. – Dijo Mary Margaret entusiasmada.

- Encontramos algo suyo en el camino, quizás un hechizo localizador serviría. – Prosiguió David mirando a Regina, que asintió.

- Bien, parece un trabajo perfecto para vosotros dos. – Afirmó la salvadora, aunque con semblante serio, algo que no gustaba a ninguno de los presentes.

- Regina y yo recorreremos la zona donde Cruella retuvo a Henry en ese vídeo.

- ¿Nos estás evitando? – Preguntó Mary Margaret. Algo no cuadraba, lo sabía bien. Regina carraspeó al oír aquello, a ella tampoco le gustaba la forma en la que Emma se estaba comportando.

- No os estoy evitando. – Le respondió la rubia de inmediato. – Con la vida de Henry en peligro necesito estar rodeada de gente en la quién pueda confíar, y ahora mismo, no sois vosotros. – Aquellas palabras llegaron directamente al corazón de Mary Margaret. Sabía que habían cometido un terrible crimen con la hija de Maléfica, sin embargo, con la nueva situación pensaba que Emma había conseguido perdonarlos y ahora...no entendía por qué actuaba así de nuevo. O más bien no quería entenderlo.

La salvadora se levantó de la silla que estaba ocupando y emprendió su camino. Regina tragó saliva y miró a Mary Margaret con el ceño fruncido. Intentó tranquilizarla con la mirada. Ella se ocuparía. No pensaba quitarle un ojo de encima a Emma.


- Emma espera, no te parece que te estás comportando como un crío. – Regina alzó la voz intentando llamar la atención de la salvadora.

Llevaban un rato caminando por el bosque. Lloviznaba y hacía frío. Regina se protegía bajo un paraguas pero Emma andaba como loca de un lado a otro. No se metió debajo cuando se lo pidió. No le importaba mojarse, al parecer.

- ¿Es por Robin? – Soltó de repente, sabía que aquello conseguiría llamar su atención.

Emma se giró súbitamente. Sí, allí estaba, lo había conseguido. Sus ojos verde azulados se posaron sobre los de ella. Parecía exhausta, jamás la había visto con tan mal aspecto.

- Emma...- intentó hablar de nuevo ahora que había conseguido captar su atención pero Emma no se lo permitió.

- No estoy preocupada por Robin, si es lo que piensas. – La morena enarcó una ceja.

- Bien, entonces...es por tus padres...- afirmó, aunque sabía que el asunto de Robin tenía algo que ver en su mal humor. – Emma han intentado corregir su error, ¿no puedes simplemente perdonarlos?

- ¿Crees que es así de simple? – espetó la salvadora. Regina suspiró. Sabía que no era así de simple. Ella misma se había pasado toda su vida buscando venganza contra una mujer que a los diez años había revelado un secreto suyo.

- Conseguiste perdonarme, ¿por qué no a ellos?

- No es lo mismo. – Emma se giró de nuevo y continuó andando. Regina la siguió con fastidio y con mucho más cuidado del que ella mostraba a la hora de avanzar por el suelo en donde pisaban. – Tú nunca me mentiste acerca de tus verdaderas intenciones. Eras sincera sobre quién eras.

Regina suspiró de nuevo. Ella nunca se había hecho pasar por alguien que no era. En eso tenía razón. Sin embargo ahora sí que lo estaba haciendo...estaba jugando con ella. Aunque tampoco estaba tan mal mentir un poco para proteger a alguien ¿verdad? Intentó convencerse a sí misma mientras la seguía.

Unos gritos en la lejanía alertaron a ambas. Era la voz de Henry.

- ¡Viene de ahí! – Gritó de inmediato la salvadora señalando hacia la derecha.

- ¿Estás sorda?, viene de ahí. – Espetó Regina nerviosa.

- Separémonos. – Sentenció la rubia.

No había tiempo para andarse con discusiones. La vida de Henry estaba en juego.

Cuando Regina llegó al lugar de donde provenían las voces lo recorrió con la mirada. Al bajar la vista hacia el suelo descubrió el artefacto que estaba reproduciendo la voz de Henry. Lo cogió en sus manos. Algo se removió en su interior. Había caído en la trampa de Gold. Todo había sido una trampa.

Tiró la caracola de la que salía la voz de su hijo al suelo y corrió lo más deprisa que pudo en la dirección en la que había ido Emma. Se paró en seco cuando vio a Henry abrazándola. Ambos estaban bien. Suspiró aliviada, por un momento se había temido lo peor. Sonrío a su hijo cuando éste giró la cabeza para mirarla. Emma permanecía abrazada a él.

- ¿Dónde está esa perra? – Preguntó. Había liberado demasiada adrenalina.

Su hijo la miró con el ceño fruncido, como si algo fuese mal. En ese momento Emma se separó de él y la miró también. Regina abrió bien sus ojos y apretó sus dientes. Un aura roja había vuelto a envolver los ojos de la salvadora que ahora eran fríos y oscuros.

- La he matado. – Pronunció con indiferencia.


Perdón por posibles fallos en la redacción.