Harry miraba sobresaltado a Draco, este se encontraba doblado sobre sí mismo en la cama.

Trató de calmarlo, pero solo se retorcía de dolor y él se sentía impotente. La puerta de su habitación fue abierta de un solo golpe seco.

Snape los miraba como si Harry estuviera destripando a Draco. Pero rápidamente fue hacia el rubio, y Harry saltó de la cama para ponerse a su lado.

—Desperté al escucharlo gritar, ¿qué le ocurre?—preguntó nervioso, pero no obtuvo ninguna respuesta.

Su profesor pasaba su varita una y otra vez por el cuerpo de Draco susurrando hechizos.

En el habitación entraron el resto de habitantes de Grimmauld Place. Harry buscó rápidamente la mirada de Sirius. Estaba completamente perdido, y no sabía qué podía hacer.

Se sentía tan culpable por todo lo que le había dicho la noche anterior a Draco. Estaba dolido por lo que había escuchado, pero tampoco era algo que no hubiera podido intuir.

Así había comenzado, Draco se acostó con él con un fin, y seguía haciéndolo por otro. ¿Su protección? ¿Deuda? ¿Manipulación?

En cualquier caso Draco le estaba dando "algo" que él quería y sentirse herido porque lo hiciera, era estúpidamente infantil.

¿Quería que Draco se acostara con él porque le gustaba? ¿Porque con él se sentía bien, seguro? Quizás no fuera algo que pudiera ocurrir de la noche a la mañana. Pero podría demostrarle al menos sus sentimientos, por más obvio que él creyera estar siendo.

¿Querer aunque no te quisieran? Es algo que un tonto Gryffindor como él estaba dispuesto a hacer.

Sus sonrisas que en los últimos tiempos parecían más sinceras, cuando le buscaba entre la multitud. Quizás la gratitud pudiera convertirse en algo más.

Quizás pudieran ser amigos, quizás pudiera llegar a amarle.

Pero el semblante de Draco y como se movió como un autómata sobre él la noche anterior era algo que había revuelto sus tripas.

¿Perdonaría esas horribles palabras? ¿Sería capaz él de perdonarse a sí mismo?

Harry no era así, Harry no quería ser así.

Y ahora estaba allí impotente viendo como algo estaba afectando a la persona por la que comenzaba a tener sentimientos, y no podía hacer nada. ¿Era el embarazo? ¿Fue su manera de tratarlo? Quería pedirle perdón, pero no era el momento ni el lugar.

—Potter, ven aquí—gritó Snape aunque solo estaba a unos centímetros de él—. Pon tu mano en su vientre

Hizo lo que se le pidió, posó su mano sobre el vientre de Draco, notaba el frío de su piel, la ropa de su pijama había sido levantada. Snape alzó su varita y recitó un hechizo que inmediatamente hizo que Harry se mareara.

Se sentó en la cama confundido, pero notó como Draco se calmaba, así que cuando Sirius estaba por reclamarle a Snape, Harry alzó una mano interrumpiéndolo.

—Draco está bajo mínimos en su magia, un hombre no está hecho para llevar dentro de sí a un feto, es la magia la que lo mantiene ahí—comenzó a explicar Snape a un molesto Sirius.

—Siempre fue mala idea—sentenció su padrino—. No debisteis.

—Ya está hecho—interrumpió Narcisa que parecía no estar dispuesta a aguantar más reclamos por ese lado.

—Necesita tu magia—dijo mirando a Harry.

Él miró hacia el vientre que había bajo su palma, Draco parecía dormido, no había problema. Compartiría su magia con él y su hijo.

o0o

—Nos vamos a Hogwarts—anunció Snape.

Obviamente iban a hacerlo, pero cuando Sirius escuchó el grito que le despertó no había ni rastro de Snape.

No es que tuviera nada que decirle, pero estaba seguro que el muy cobarde estaba huyendo. El hecho le molestó, se habían acostado, aún olía a él y dudaba que olvidara lo que habían hecho en la vida.

Jamás, y mil veces jamás había pensado que ellos acabarían como lo hicieron. Y aunque empezó guiado por la rabia, había continuado por lo bien que se sentía. Por el deseo llameante que había sentido por él.

Había sido una pelea sumamente placentera, debía tener sus mordidas por su cuerpo pero él también había dejado sus marcas por su piel, y dentro de él, pensó con gusto.

Sí, el sexo había sido placentero, quizás algo más que placentero, cuando lo tenía bajo su cuerpo gimiendo y tomándolo por completo la imagen le resultó cautivadora. Cuando se corrió dentro de él mientras le escuchaba gritar su nombre roto por el placer, fue algo más que genial.

Snape era un polvo bastante bueno, ahora entendía un poco más a Remus.

Igual que vino el pensamiento a su mente, este le molestó, claro que lo entendía. A él le había gustado acostarse con ese hombre que tanto odiaba, pero no le hizo la más mínima gracia imaginarlo del mismo modo con su amigo.

—Voy con vosotros—escuchó a Narcisa hablar.

—No es buena idea—dijo Snape.

—Nada va a hacer que no vaya, Severus.—La mujer no era muy habladora pero en ese momento Sirius se dio cuenta de que nadie iba a hacer que dejara a su hijo, y en cierto modo le pareció bien. Es decir, él haría lo mismo si de Harry se tratara y estar viendo como estaba siendo drenado por Draco en esos momentos no le dejaba nada tranquilo.

—Lo mejor es que vayamos todos—señaló, ganándose una mirada iracunda del pocionista. Si tenía claro ir, después de eso, aún más. Ese hombre tenía algo que le hacía querer molestarlo continuamente. Se diría infantil sino fuera por lo que había pasado la noche anterior en el culmen de la discusión, a pesar de la situación, del problema entre manos se imaginó follándose a Snape en Hogwarts y tuvo un problema más que incómodo en la entrepierna.

—Ya estoy mejor.—La voz de Draco los sorprendió a todos—Para—dijo quitando la mano de Harry de su cuerpo.

Su ahijado lo miraba lleno de una culpabilidad que antes no había estado allí. Sirius quería proteger a Harry pero reconocía que el joven Malfoy se veía realmente mal por lo que decidió dejarlo por esa vez.

o0o

Fred y George miraban la escena desde fuera. Malfoy se veía hecho mierda y la cara de Harry tampoco era nada agradable de ver, pero ambos solo tenían ojos para Narcisa.

La habían saboreado en sus bocas y lo que había comenzado como un simple interés por la mujer, estaba rayando la obsesión.

Era hermosa, de eso no cabía duda, pero no era solo eso. Era fuerte y frágil en un mismo punto, sus ojos grises al mirarlos decían muchas cosas sin palabras. Ellos no tenían gran experiencia en mujeres pero algo les decía que esta no era igual a las chicas que ellos habían conocido.

Fred miró a su hermano, siempre se había sentido celoso de compartirlo. No entendía el concepto de individualidad entre ellos, sencillamente no era correcto. Y más que nunca se dio cuenta de ello cuando lo vio ir al baile de los Tres Magos con Angelina. Definitivamente no le gustó. Su hermano era suyo, y él de su hermano. Como una verdad absoluta.

Habían compartido chica, pero aún así, Fred había sentido celos de sus manos sobre George.

Con Narcisa, no había sentido eso. No había sentido el peligro de perder a George, había sido tan breve que casi no le había dado tiempo de procesarlo realmente.

George miraba a Fred, su hermano era muy posesivo con él. Y no iba a negar que disfrutaba de ese sentimiento. No se había dado cuenta de que algo no andaba bien en el modo en el que se relacionaban hasta que Angelina se lo mostró. Cuando se dio cuenta, de que quizás lo que ambos tenían iba más allá de una simple conexión gemelar, a George no le produjo rechazo. Es más, era como tenía que ser, sin más. A George le gustaban las mujeres, sin duda, pero compartirlas con Fred era la única ecuación en la que estas podían entrar.

Su prioridad era Fred, su imán era Fred, su vida era Fred. Y desde que habían llegado a esa casa el punto de gravitación había sufrido un pequeño revés.

Narcisa Malfoy, no era ninguna niña de colegio, de hecho podría ser la madre de ambos. Esa imagen no casaba con la que apenas habían vivido hacía solo un momento.

Recordaba el sabor de su piel tibia en los labios, y los labios idénticos de Fred succionando a la vez.

George quería más, y sabía que su gemelo también. Rara vez habían gustado ambos de la misma persona. La habían compartido, y se daba cuenta de que era más porque Fred no le dejaría solo y porque George sin él no quería hacerlo.

Pero la mujer les excitaba a ambos, los miraba a ambos, y ambos la querían poseer del mismo modo.

Notó la mano de Fred en su cintura en esa pose que ambos compartían en la intimidad. No necesitaban hablar para entenderse, pero sí tocarse para reconfortarse.

En ese momento la rubia los miró, había confusión, preocupación y culpa en su mirada.

Se iba y ellos no querían perder el avance que habían conseguido.

Cuando la mujer abandonó la habitación ellos la siguieron.

o0o

Remus estaba débil, a pesar de tomar la poción matalobos la transformación destrozaba su cuerpo. Rompía sus huesos y rasgaba sus músculos. La bestia que vivía en él renacía de su cuerpo mutilado, aunque gracias a la poción de Severus, el hombre dominaba la mente del lobo.

No atacaría pero sus instintos eran los del animal, los ojos eran los del animal. Y los deseos, los deseos eran los del animal. El lobo tenía hambre y tenía deseos de correr, deseos de rasgar y tenía deseos de aullar a la luna. Hacía meses que no salía de su habitación a darle a la bestia lo que necesitaba. Pero en los últimos tiempos un deseo más fuerte era el que destrozaba al lobo, una figura humana de intensos ojos negros, Snape en el auge de su éxtasis. Aquel deseo que como hombre podía dominar como bestia lo destrozaba.

Sabía que no estaba en Hogwarts sino en Grimmauld Place. Y el lobo aulló de dolor, pues sabía que un día el motivo de su retirada aparecería y él tendría que abandonarlo todo.

En un cuenco había dejado preparado una poción sedante, no quería verlo más, no quería que el lobo le mostrara lo que ya no iba a ser suyo.

Cuando despertó desnudo y dolorido, escuchó que llamaban a su puerta.

Gracias a la poción esos eran los únicos síntomas que sufría ahora, dolor muscular y cansancio. Su cuerpo dejó de amanecer lacerado.

Al otro lado de la puerta el hombre de sus pesadillas. Severus Snape.

Pero su rostro era tan diferente a aquel que había visto la noche anterior que se asustó.

—¿Qué ha pasado?

—Draco necesita la magia de Harry—dijo resumiendo demasiado algo que Remus sabía era más complejo.

—¿Y qué más?—preguntó.

—No sé si será suficiente, es demasiado pronto.

—Dame cinco minutos e iremos a tu despacho—pidió Remus, pocas veces había visto tan preocupado a Severus, el pocionista se estaba marchando cuando Remus lo olió, los días previos y posteriores a su transformación su olfato era muy agudo.

Lo olió, lo olió y algo se quebró, no fue su corazón aunque no estaba seguro que no acabara así. Fue la puerta del armario que había abierto para tomar su ropa y vestirse. Fue la realidad rasgando su cordura. Fue Sirius en la piel de Severus.

Cerró la puerta con magia, dejando sorprendido a Severus, ocultándole la rabia y el dolor que iba a comenzar a sufrir, su propia profecía había comenzado y el lobo ensordeció su cerebro con sus aullidos.

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¡He vuelto!

Capítulo desde el punto de vista Gryffindor. Harry iba a acabar arrepintiéndose profundamente, porque Harry es mi Mary Sue todo perfecto y maravillo. Y ya está jajajajaja.

Qué ganas tenía de volver a publicar, aunque me traiga de cabeza la historia.

Lo único que os puedo decir es ... Hasta el miércoles que viene!

Besos, Shimi.