Pocos días más tarde, Gabriela está bastante recuperada de su discusión con el más joven de los Black. Él ha escogido, y no puede hacer nada. Cuando está saliendo de una particularmente agotadora clase de Historia de la Magia (en serio, ese hombre, Binns, debería morir de su propio aburrimiento. ¡Es terrible!) un avión de papel la golpea en el brazo. Lo coge y lo lee, curiosa.

"Gabriela, encuéntrate conmigo en el aula de Encantamientos. Flitwick está en la sala de profesores. Sirius."

Es raro para Sirius usar un avioncito de papel. Venga ya, ¿un avión cutre? Sirius se curraría como mínimo una grulla que batiese las alas... pero aún así, decide ir al aula de Encantamientos. De todas formas, está camino del Gran Comedor.

Cuando llega a la puerta y cruza, dentro no la espera su novio, sino dos chicas con pinta de estar bastante enfadadas. Una es una Hufflepuff de un par de cursos menos que Gabriela, y la otra una Slytherin de sexto o séptimo. Extraña combinación, tejones y serpientes.

-Así que tú eres Gabriela Biel-dice la Slytherin con desprecio. Es unos centímetros más alta que ella, tiene una lisísima melena negra y ojos profundos y azules.

-Te dije que era ella, ¡te lo dije!-exclama emocionada la Hufflepuff, aunque no muy feliz de verla.

-Cállate-la chista la mayor.

-Sí, soy yo. ¿Me vais a explicar por qué me hacéis venir fingiendo ser mi novio, o vamos a jugar una partida de gobstones?

Al oír la palabra mágica, las dos chicas fruncen el ceño.

-Sirius Black-replica la Slytherin, cruzándose de brazos tras una breve pausa-no es tu novio.

-Pues creo que lo has entendido mal, porque lo está siendo por segunda vez-la contradice Gabriela, remarcando la palabra "segunda"

-Es imposible. Sirius Black nunca repite cita, y de hecho no tendríais que haber salido nunca. ¡Sirius Black no tiene novia!-insiste la Hufflepuff.

-Sirius Black es un mujeriego, EL mujeriego, a decir verdad, pero yo salí con él antes de eso, y cuando lo dejamos... ¿y a vosotras qué mierdas os importa?¡Sirius es mi novio y punto, y no vais a liaros con él, así que dejadme en paz!

-¡Sirius es de todas, zorra!-insulta la Slytherin, perdiendo los papeles.

-Sirius-contesta una voz más grave-es de Gabriela. Y si vuelve a oír otra tontería como esa se va a enfadar de verdad.

La joven Gryffindor sonríe al ver a su chico en la puerta. Está apoyado contra el marco, y con el brazo llama a Gabriela a sí, y ella se acerca y acepta su abrazo. Juntos se dirigen al Gran Comedor, dando la espalda a las dos alumnas histéricas, que han empezado a echarse la culpa de que todo haya salido mal.

-Yo flipo, te lo juro-comenta incrédula Gabriela-ya es la segunda vez que me pasa esto. La primera me encontré gente en el baño hablando de si nos habíamos acostado.

Sirius recuerda de pronto esa escena, que presenció bajo un encantamiento desilusionador, y le vienen, como en un fogonazo, las palabras de Gabriela: No me he acostado con Sirius. Aún. ¿Dadme tiempo, no?

-¿Y qué les dijiste?

-Que...-ella se ruboriza y le repite su frase.

-Gaby. Hoy hay tarde libre-dice el joven Black parándose en medio del pasillo.

-Tarde libre...-la Gryffindor tarda en asimilar las palabras de su novio, pero cuando lo hace, una sonrisa amplia recorre su rostro.

-Ven. Peter estará cebándose y James persiguiendo a Lily, Frank con Alice y... mierda, Remus-cavila Sirius atropelladamente en voz alta, arrastrándola de la mano.

-La biblioteca. Seguro que está en la biblioteca, siempre está en la biblioteca.

-Sí, sí, la biblioteca, por supuesto.

Suben con rapidez la escalera de la torre Gryffindor y se meten en la vacía habitación masculina de quinto curso. Allí recuperan el aliento y se sientan en el borde de la cama de Sirius.

-Joder... qué carrera...-resopla Gabriela-¿me quieres matar o qué?

-Si no me muero yo antes, sí, pero no a carreras.

Se miran y su sonrisa desaparece cuando unen sus labios primero suavemente, después más apasionados. Sirius apoya una mano en la cintura de su novia y ella le roza el brazo con cariño.

-¿Seguro, no?-dice Sirius.

-Que sí.

Reanudan sus besos, suaves, lentos, acelerados, con pasión, mil tipos de besos distintos, y Gabriela se deja caer sobre la cama, a lo que Sirius responde apoyándose con cuidado sobre ella. Poco a poco desabrocha su camisa, la cremallera de su falda, la corbata de rayas, a lo que la chica responde con los mismos movimientos.

En la claridad de la habitación masculina de quinto curso, sin molestarse en correr las cortinas de terciopelo rojo, Sirius y Gabriela se hacen el amor por primera vez.