"Siempre estaré allí para ti"

Disclaimer: Los personajes de la Saga Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling, yo solo los he tomado prestados para complacer a mi corazoncito Harmony.

Summary: Hermione necesita ayuda y Harry esta allí para ella. Pero lo que parecía un plan perfecto se convierte en algo más cuando los mejores amigos, contra todo pronostico, se enamoran.


Capitulo once

Encuentros imprevistos

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No volvería a haber otro artículo de Rita Skeeter sobre ellos. Harry se había asegurado de que fuera así.

Con el correr de los días, tanto Hermione como él fueron olvidando el asunto, aunque mucho contribuyó el hecho de que ellos no dejaran en ningún momento la casa que compartían. Pero Hermione tenía una cita con su medico y debían asistir. Y si bien, el visitar a un doctor muggle no encaraba ningún problema, Harry sabía que Hermione hacía tiempo deseaba realizar una visita al Callejón Diagon para comprar algunas cosas que necesitaba. Aquello sería, por decirlo de algún modo, una prueba de fuego. Su primera aparición publica.

—No voy a ir—comentó Hermione poniéndose su abrigo y una bufanda de color azul sobre él. La temperatura cada día bajaba más a medida que el invierno se aproximaba.

—Pero me habías dicho que querías comprar algunas cosas allí—insistió Harry, poniéndose también su abrigo.

—Pueden esperar—respondió la castaña tomando su cartera y revisando que todo estuviera en orden dentro de ella.

—Hermione, si esto es por el asunto de El Profeta, no hay nada de lo que preocuparse. Además, tarde o temprano vamos a tener que salir… no podemos vivir el resto de nuestra vida encerrados aquí.

—Lo sé… es solo que… —ella suspiró.

—Mira, intentémoslo. Apuesto que no será tan terrible como esperas.

Ella sacudió la cabeza.

—Esta bien. Pero será una visita rápida, ¿de acuerdo?.

—De acuerdo.

Harry sabía que gran parte de la reticencia de Hermione a visitar cualquier lugar frecuentado por magos o brujas, particularmente el callejón Diagon, radicaba en la alta probabilidad de que pudieran encontrarse con algún miembro de la familia Weasley. Él debía admitir que tampoco le gustaba mucho la probabilidad. En el último tiempo no había pensado mucho en la familia de pelirrojos, debía admitir, y aquello no hablaba para nada bien de él. Pero dudaba que la amistad que había existido entre ellos volviera a ser la misma después de todo lo que sucedió.

—¿Estas lista?

Hermione asintió, ambos salieron de la casa. Afuera hacía frio, dentro de poco comenzarían los primeros días de diciembre y todo auguraba que tendrían nieve para esa navidad. Caminaron con rapidez hasta un lugar seguro para aparecerse. Ni Harry ni Hermione sabían si aquello era lo más indicado… no sabían si el aparecerse podría traer algún tipo de inconveniente al bebé o algo por el estilo. Ninguno de los dos sabía a quien se le había ocurrido la posibilidad primero, pero la noche anterior ya habían discutido sobre la conveniencia de hacerse con un medio de transporte muggle. Se aparecieron en el mismo lugar que habían utilizado en su última visita a Londres.

La consulta no estaba demasiado lejos del lugar donde se aparecieron, por lo cual decidieron hacer el resto del camino a pie. La temperatura de la consulta era considerablemente más agradable que la del exterior que debía estar todavía en un digito, se sentaron en el área de recepción esperando por su turno. Tuvieron que esperar poco, pues habían llegado convenientemente cerca de la hora a la cual los habían citado. Fue un chequeo rutinario, todo estaba bajo control por lo que no les llevo mucho tiempo. El medico insistió en la necesidad de que Hermione se mantuviera lo más tranquila posible y en que debía alimentarse bien. Le receto unas vitaminas que debieron acercarse a comprar a una farmacia luego de salir de la consulta.

Sabiendo que su siguiente parada era inevitable. Hermione decidió que lo mejor que podían hacer era acercarse al callejón Diagon de una vez y hacer una visita rápida. Las cosas no deberían ser tan terribles, de seguro Harry tenía razón y ella solo estaba exagerando.

Y las cosas fueron bien cuando se adentraron al mayor espacio de comercio mágico de la ciudad. Si, la gente se quedaba mirándolos y algunos hasta cuchicheaban entre ellos luego de darles una mirada. Pero nadie les dijo nada ni los miró de un modo extraño. E incluso algunos magos y brujas, que ellos ni siquiera conocían, se acercaron a felicitarlos por su matrimonio.

Respirando más tranquila, Hermione se animo en cuanto vio el letrero característico de Flourish y Blotts, ella y Harry entraron al local. No eran muchas las personas que frecuentaban la librería en aquellas fechas, la realidad era completamente cuando se acercaba septiembre y todos los alumnos de Hogwarts se acercaban hasta allí para comprar los libros necesarios para el año escolar. La castaña suspiró, repentinamente nostálgica de los buenos tiempos pasados en la escuela. Cuando las cosas eran más sencillas, se recordó.

Hermione comenzó a vagar por entre las estanterías repletas de libros, las pocas personas presentes ni siquiera les prestaron atención, y ambos lo agradecieron. Harry no pudo evitar ir hasta la sección de libros que trataban de quidditch. Tal vez él también realizaría algunas compras después de todo.

Tal y como había sospechado Hermione, si había una sección de libros que trataba de toda clase de hechizos domésticos y útiles en la crianza de familias mágicas. Había tanto que podía resultar instructivo que sencillamente no sabía por donde comenzar.

Después de mucho mirar los títulos y los índices de algunos libros que le llamaron la atención, seleccionó los cinco que le parecían más completos acorde a lo que necesitaba. Iba de camino al mostrador para pagar por ellos cuando de pronto una cabellera rubia y con un sombrero de hongo purpura parcialmente oculta por un libro de criaturas mágicas se interpuso en su camino.

—Disculpe…—dijo la muchacha sin alzar la vista del libro que, al parecer, seguía leyendo. Hermione de inmediato reconoció ese tono de voz ligeramente distraído.

—¿Luna? —inquirió—. ¿Luna Lovegood?

La muchacha alzó los ojos y una cálida sonrisa se posó en sus labios al ver con quien había tropezado.

—¡Hermione! Que gusto verte…—contestó la rubia.

—Lo mismo digo, ha pasado mucho tiempo—comentó acomodando los libros que llevaba entre sus brazos. En realidad, ninguna de las dos se veía desde su último año en Hogwarts.

Luna asintió. Ambas mujeres se quedaron allí mirándose, ninguna de las dos sabía que decir a continuación para mantener la conversación. Hermione cambió el peso de su cuerpo a su otro pie.

—¿Hermione estas lista? —inquirió Harry a espaldas de ella.

Luna alzó la mirada y le sonrió al ver quien era el mago que había hablado.

—Oh, hola, Luna—saludó.

—Hola, Harry—Luna los observó de un modo más apreciativo, luego, repentinamente sonrió con mayor amplitud.

—Hacia mucho tiempo que no te veíamos, Luna—comentó Harry.

—Si, es que no estado mucho por aquí que digamos.

Harry y Hermione la miraron con gesto interrogante.

—He estado viajando…buscando nuevas criaturas mágicas—respondió la rubia. Comenzó a hablarles de algunas de las criaturas que había visto en sus viajes y las cuales aun no habían sido descubiertos por nadie más. Mientras hablaba, su mirada comenzó a vagar por la estancia hasta que reparo en la mano izquierda de Hermione, la cual estaba perfectamente visible mientras sostenía sus libros—. Hermione… ¿te casaste? —inquirió.

La castaña, sin poder evitarlo, se sonrojó levemente, pero simplemente asintió. Luna los siguió mirando y de algún modo, de pronto, algo pareció hacer simplemente clic en su mente.

—¿Ustedes se casaron?

Harry fue quien asintió esta vez. Lo más extraño de todo fue que Luna se limitó a felicitarlos y siguió hablando del tema que antes había iniciado. No preguntó por Ron ni por Ginny, aun cuando esta habría sido la pregunta evidente a hacer, ya que ella sabía de antemano la relación que antes sostenían con ellos. Al parecer para la rubia esta no era una pregunta necesaria. Siguieron hablando un buen rato hasta que de pronto, miró su reloj y abrió los ojos con sorpresa.

—Oh, cielos, que tarde es… tengo que irme. Harry, Hermione, en verdad fue un gusto verlos, espero que nos volvamos a ver uno de estos días…—comentó antes de dejar el libro que estaba leyendo y correr a la salida de la librería.

—¿Estas lista? —preguntó Harry nuevamente. La castaña asintió y juntos se encaminaron hacía el mostrador. Ninguno de los dos mencionó el reciente encuentro con Luna Lovegood.

El encargado les sonrió significativamente pero no les dijo nada. Luego de pagar, metió los libros que acababan de comprar en unas bolsas y les deseo una buena tarde.

Hermione respiró tranquila. La experiencia de ir hasta el callejón Diagon no había sido tan terrible como ella había pensado en un primer momento, al fin se relajo y aceptó el brazo que Harry le ofrecía para caminar por el lugar. También le permitió llevar las bolsas con sus compras. Y cuando él le sugirió que fueran a tomar una bebida caliente al Caldero Chorreante antes de volver a casa, ella aceptó.

Se sentaron en una de las mesas más apartadas del local y esperaron por su pedido. La gente del Caldero, tal vez más animada por la cálida atmosfera del mismo, no pudo evitar acercárseles de vez en cuando para felicitarlos. Aun así eso no impidió que pudieran mantener una conversación, a medias, privada. Cuando decidieron que ya era hora de volver a casa y se levantaron de sus asientos, lo inesperado sucedió.

La matriarca de los Weasley acababa de entrar al Caldero Chorreante acompañada de su esposo. Casi inconscientemente, Hermione aferró con más fuerza la mano de Harry. No se sentía preparada para la confrontación que estaba segura ocurriría a continuación. Pero también sabía que no había modo de evitarla.

Los Weasley y los Potter se quedaron mirando entre si por unos segundos que parecieron eternos. De pronto, todos los parroquianos se quedaron en silencio, atentos a lo que fuera a suceder.

—Señora Weasley…—comenzó Harry.

—¡Como te atreves! —lo interrumpió la mujer—. No puedo creer que ustedes fueran capaces de algo así. De ti no me lo esperaba nunca, Harry tú que…—de pronto, su mirada se fijo en Hermione y entonces la muchacha vio algo en la mirada de la mujer mayor que solo había visto una vez hacía cerca de ocho años, cuando Rita Sketeer repartió esos rumores insidiosos durante el torneo de los tres magos—. De ti, no me sorprende—le dijo, el desprecio patente en su voz—. Siempre sospeche que lo querías para ti.

—Molly, no te voy a permitir que le hables así a mi esposa—replicó Harry apretando los labios.

La señora Weasley, con un movimiento exagerado de sus manos, se alejó del camino de ellos llevando junto a ella al señor Weasley quien les sonrió acongojado al pasar, la mujer no dijo ninguna palabra más pero sus gestos expresaban claramente sus sentimientos al respecto.

Harry se limitó a abrazar a Hermione por los hombros con uno de sus brazos antes de salir del Caldero Chorreante. Poco a poco, el rumor de conversaciones volvió a hacerse oír, pero ellos no le prestaron atención pues ya iban abandonando el local.

—¿Estas bien? —le preguntó, mas bien, susurró mientras caminaban.

Hermione se limitó a asentir, su cabeza aun apoyada en el hombro de él.

—Lo siento.

—No es tu culpa, Harry… tú y yo sabemos como son las cosas, el resto—suspiro—, no importa.

No demoraron mucho hasta llegar a un lugar propicio para aparecerse, después, caminaron con rapidez de regreso a su hogar. Comenzaba a atardecer y el frío de la noche ya se dejaba sentir, Hermione guardo silencio durante todo el viaje, se sentía incapaz de hablar. La mirada que le había dedicado la señora Weasley había conseguido helarle la sangre. Ella sabía, siempre había sospechado que las cosas serían así una vez que se supiera lo que Harry y ella habían hecho, pero no podía evitar preguntarse que pensaría Molly Weasley si ella le contara lo que su hijo le había hecho. Pero sabía que jamás se lo diría, como tampoco le diría que estaba esperando a su nieto.

Para todos, ese bebé sería hijo de Harry y de ella. Y rogaba porque nadie tuviera duda alguna de ello.

Harry la encontró sentada en el sofá de la sala de estar, con el abrigo y la bufanda aun puestos, sus pequeñas manos acunando su vientre, la cabeza gacha.

—¿Hermione? —preguntó, ella alzó la mirada de inmediato, sorprendida—. ¿Estas bien? —agregó yendo a sentarse a su lado.

—Si—respondió, pero el brillo en sus ojos desmentía su afirmación.

—No me mientas ¿quieres?

—Es tan solo que… —suspiró—, lo que paso con… bueno, no fue muy agradable. Y sé que ella no es la única que piensa así… estoy casi segura que todo el mundo piensa lo peor de mi y no tienen razón, Harry. Yo no soy así…

—Lo sé. Y tú también lo sabes…

—Pero…

—El resto no importa, Hermione.

—Lo sé, pero… no me gusta ¿sabes? No me gusta que piensen lo peor de mí y de ti, cuando en realidad el único que… No soporto tener que pasar por esto mientras todos piensan que la victima de todo es Ron y yo soy la arpía trepadora…—su voz sonaba rota, las lagrimas estaban a punto de escapar de sus ojos—. Él me hizo mucho daño, Harry. Yo no sé si alguna vez…—incapaz de decir una palabra más, se abrazó a Harry y comenzó a llorar. Él no pudo hacer más que abrazarla y esperar hasta que toda la tristeza que la castaña tenía dentro de ella saliera.

El cielo se oscureció anunciando la llegada de la noche, la estancia se sumió en la oscuridad, Hermione aun seguía aferrada a él. Hacía poco el llanto se había convertido en una serie de sollozos entrecortados que también, poco a poco, fueron descendiendo en intensidad hasta acallarse por completo. Solo cuando oyó su profunda respiración, Harry confirmó que Hermione se había quedado dormida. Con cuidado e intentando ante todo no despertarla, Harry reacomodo a la muchacha entre sus brazos y la llevo hasta el piso superior. No era la primera vez que lo hacía, y no tenía problemas en hacerlo, pero aun así, deseaba que su amiga dejara de sufrir. Aun cuando sabía que seguramente se necesitarían años para que el dolor que ahora sentía remitiera.

Despacio, la dejó recostada sobre la cama, la arropó con la ropa de cama. Y sin poder evitarlo, embargado por la profunda ternura que le provocó verla dormir, se inclinó para darle un casto beso en la frente antes de retirarse de la habitación.


N/A: Paso rápidamente a subir este capitulo antes de ser reclamada por mis obligaciones del mundo muggle, jajaja. Espero que les haya gustado, muchas gracias por leer... y también, aprovecho de responder a algunos reviews de invitados aquí:

Zelda Potter: Gracias por leer, prometo que habrá un poco más de acción, pero... paciencia, tengo que reacomodar otros momentos de la historia primero. Saludos!

Ann88: Muchas gracias por tus lindas palabras, saludos.

Alejandra: Muchas gracias por leer, saludos!.

Y ahora si, me voy, ¡Adieu!