El primer día de la academia la gente estaba muy nerviosa, revoloteaban por los dormitorios del, recién evacuada por los alumnos de sexto, ala 5. Soki Salió al pasillo donde recogió el ya habitual trozo de papel y oyó la puerta de la habitación de Bikutoru.
Jejejeje, pardillo. Mira que te he cambiado la habitación buena por esa merda y no te has dado ni cuenta.
Curiosamente hoy estaba de bastante mejor humor que otros días atrás. Había dormido estupendamente, cosa que no ocurría desde hace días. Era Bikutoru que salía temprano a clase.
- Hola, soy Hiboshi Bikutoru. Vamos a ser vecinos. Encantado.
- Yo soy KingdomSora, aunque todos me llaman Soki.
Así partieron hacia la academia juntos, no conocía a ningún otro académico y a partir de ahora le convenía empezar a relacionarse con otros compañeros, pues cuando entrara en su correspondiente clase de segundo, no conocería a nadie y todos los demás se conocerían entre si.
Acompañó a Bikutoru a la puerta, aún tenía mucho tiempo hasta que empezaran sus clases.
Quizá debería meterme en alguna clase de primero para hacer amigos ahora que no tengo clase. Así más adelante no tendré problemas de relaciones... supongo.
- ¿Y desde cuándo te has preocupado por tener amigos?
- ¡Uah! Ya te vale hombre, vaya susto que me has dado.
- ¡Jajajajaja! maldito gatito asustadizo. No se te puede gastar una bromita eh.
- Si no te llevara en el cinto, me cagaría en ti.
- Bueno bueno, ya será para menos. Entra en esta clase, así conocerás a más gente... y puede que alguna chica, ¡picarón!
- Cabrn...
En fin, lleva razón, vamos para dentro.
En clase, se sentó en un lugar que no destacaba mucho, esperó pacientemente hasta el comienzo de las clases. Se notaba que la gente estaba tensa, no se conocían entre sí y estar rodeado de desconocidos, no era una gran ayuda. Distraído como estaba en sus pensamientos, un gran ruido le sacó de sus ensoñaciones. Giró la cabeza hasta poder ver el lugar del ruido, algún sujeto se había caído de la silla provocando un gran estruendo, estaba sentado junto a una chica de pelo rojo y una diadema de lo más extraña.
Al acabar, se despidió de Bikutoru y ante la cara de sorpresa del mismo se marchó a sus clases de segundo. Allí el panorama era mil veces peor que estar en un sitio donde no se conocía nadie entre sí. Entre el llegar tarde y el hecho de no conocer a nadie, hicieron que su entrada en clase fuera bastante llamativa al contrario de lo que pretendía.
- LLega usted tarde, joven.
- Lo sé, lo siento.
- Las clases de segundo empiezan más tarde precisamente para evitar el hecho de llegar tarde, parece que a usted esto no le afecte.
- Este es mi primer año aquí. Procuraré que no ocurra de nuevo.
- Así que usted es KingdomSora, ¿no? Ya me han comentado de usted. Pase y tome asiento.
Este comentario levantó los susurros de sus compañeros de clase, cosa que le intranqulizó más aún. Al pasar por el pasillo cerca de algunos se podían oir comentarios de este tipo.
"Mira mira, este es el famoso niño prodigio por el que se pegan todas las divisiones."
"Aquí el enchufado de turno, ¡qué asco me da ese tipo de gente!"
En fín, no sé qué esperaba, la gente... ya se conocen entre ellos y yo aquí de nuevas y encima saltando cursos. Intentaré ir a mi bola lo más posible y no mezclarme con gente, así evitaré problemas y disgustos.
Al acabar la clase, intentó buscar algún rostro conocido del examen del año pasado. Nadie. Asistió a todas las clases que le correspondían y finalmente se configuró un horario con clases tan llamativas como "Prácticas en el Mundo Humano".
Cuando llegó nuevamente a su cuarto, encontró una nota en el suelo.
"Estimado señor Sora. Rogamos deje en paz el mobiliario de las habitaciones de estudiantes. Muchas gracias."
Ya en su habitación vio a Bikutoru tumbado en una nueva cama que habían instalado. Le saludó y se tumbó en la suya antes de ir a ducharse y cenar algo. No podía discutir el hecho de que alguien de arriba hubiera movido la cama hasta su lugar correcto y le hubieran avisado que no ocurriera de nuevo.
Después de la cena, le volvió el intermitente dolor de cabeza, bastante molesto por cierto. Aprovechando que Bikutoru no estaba en la habitación, pregunto a su zampakutouh en otro diálogo interior:
- ¿Eres tú quien me provoca estos dolores de cabeza?
- No, es alguien que ya te conoce y está hurgando para sacar algo en claro de ti.
- ¿Sabes quién es?
- No puedo decir más, de hecho esto no lo debería haber dicho.
- ¡Dímelo! - exigió el joven en un rugido.
- Por mucho que te pongas así, no puedo. Lo siento.
¿Alguien que me conoce? ¿De qué va esta espada que me ha tocado? Debe ser la peor de toda la sociedad de almas.
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Habían pasado un par de meses, hoy era la primera práctica de mundo humano. Por fin volvería al mundo, pero por suerte o por desgracia, no volvería a la zona donde vivía. Esta vez, habían sido enviados con un grupo de alumnos de sexto para ver una purificación de algún espíritu menor, pero eso a él no le importaba. Estaba de nuevo en aquel lugar donde tanto había sufrido y del que recordaba tan poco.
Pero el destino le tenía preparada una jugarreta poco agradable.
Mientras paseaban por la gente como fantasmas buscando el lugar donde debía estar el hollow, se alejaban cada vez más de las calles concurridas de la ciudad. Ahora estaban en un barrio donde la higiene en la calle brillaba por su ausencia, las hojas de periódicos rodaban por el suelo libremente, sin ningún barrendero por la zona que se molestara en mantener un poco de limpieza, vagarían a merced del viento hasta que algún vagabundo lo utilizara para darse calor. Siguiendo la trayectoria de una hoja suelta, su vista se desvió hacia un callejón donde había una chica bajita, con el pelo largo y sucio, sin cuidar, que le miraba con curiosidad. Se paró en seco, lo que hizo que el compañero que viajaba en último lugar tropezara con él y casi le tirara al suelo.
Se disculpó con su compañero y mientras se frotaba el tobillo que había chocado, vio que esa chica era Claire.
- ¡Claire! - LLamó.
Ante su grito, algunos compañeros se giraron, pero al ver que era un grito del chico nuevo y no estaba en apuros, siguieron andando, no querían perderse la purificación por culpa del inadaptado.
Vaya, que me aspen si esa chica no es Claire. Voy a decirle algo, aunque no creo que me vea.
Se acercó con paso decidido después de cerciorarse que ningún otro académico le seguía. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, habló:
- Hola. ¿Cómo te llamas?
La chica se giró, y desapareció tras una esquina entrando en lo que parecía un solar abandonado. El suelo de grava indicaba los pasos que se iban dando y Soki salió en persecución de esta joven tan parecida a su amiga. Avanzó la distancia que antes les separaba y siguió los pasos de la joven en busca de una respuesta al interrogante que le atormentaba, ¿por qué estaba Claire en el mundo humano?
