MI PERDICION

(Be My Downfall)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Tan simple como eso.

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Capítulo 11 - Para siempre, por primera vez

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Relena tenía dos citas ese día. Un desayuno a las ocho a.m. con Quatre para discutir las inminentes elecciones gubernamentales en su colonia, y un aborto a las once a.m. con la Dra. Po. Miraba su planificador mientras secaba su cabello. No sería divertido, pensó, escribir en esa segunda cita como si realmente no fuera gran cosa? Y no sería más divertido aún ver cómo alguien podría reaccionar a ello, si fueran a leer la agenda diaria de la Presidenta?

Está bien, no así de divertido, decidió.

El desayuno ya estaba servido en el desayunadero, pero Quatre no había llegado todavía. Relena tomó asiento en la elegante mesa y trató de no inhalar el rico aroma de frescos waffles y salsa picante. Aún si le estuviese permitido comer antes del procedimiento, su estómago era menos que estable; se sirvió un poco de te y rezó por que se quedara allá.

"En unos días," se dijo Relena. "Puedes comer como un cerdo."

Las puertas corredizas se abrieron y una mucama apareció. "El Sr. Quatre Winner viene a verla, señora."

Ella le asintió a la joven y esperó hasta que su amigo entró en la habitación. "Quatre." Se levantó y aceptó su cálido abrazo. "Buenos días."

"Lo son ahora," rió ella fácilmente.

"Comenzaron mal?" Ella le indicó que se sentara y una vez que lo hizo, alcanzó por la tetera china. "Te?"

"Por favor." Él pausó por un momento mientras servía. "Además de pasar tiempo contigo, no he disfrutado mucho este viaje. Me alegrará estar en casa esta noche."

Relena frunció. "Te vas tan pronto?"

"He estado lejos mucho tiempo. Y como dije, además de ti, no hay mucho deteniéndome aquí. Aparentemente." Quatre añadió azúcar y crema a su te. "Vamos a hablar de negocios?"

El apetito de Quatre no estaba en duda; discutieron las elecciones mientras él se comía un plato de waffles y salsa y un tazón de fruta fresca. Relena escuchaba y comentaba cuando su opinión era requerida, pero mayormente, tomaba pequeños sorbos de su te, sosteniendo la delicada taza como si pudiera soltarla en cualquier momento.

"Mi voto yace con el Gobernador Gnau," terminó Quatre, asiendo a un lado su servilleta cuando su comida estuvo terminada. "Sé que también aprecia tu apoyo."

"Puesto simplemente, él está haciendo un trabajo maravilloso y no debería ser…" Su estómago se revolvió y Relena colocó una mano en su boca. "Lo siento," dijo ella una vez que pasó la náusea. "Sólo un poco…"

"Síntomas matutinos?" Cuando su rostro palideció instantáneamente, Quatre alcanzó y colocó su mano sobre la suya. "Tengo muchos sobrinos y sobrinas. Podría estar equivocado, pero usualmente conozco las señales." Titubeó. "Heero sabe?"

Relena hizo a un lado su taza. "Oh… Heero sabe. Es la parte de importarle la que no puede asumir."

La expresión de Quatre se oscureció. "No quiere al bebé?"

Ella sacudió su cabeza, sus labios presionados fuertemente. "Él no lo quiere… y yo no puedo tenerlo." Abruptamente, se levantó. "Hemos decidido que es mejor si… no lo tenemos."

"No tenerlo?"

La mirada que ella le dio casi rompe su corazón; su labio inferior temblaba incontrolablemente. "Estás juzgándome?"

"Nunca." Quatre se levantó y alcanzó por su mano otra vez. "Si necesitas un amigo contigo…"

"Gracias. Pero tengo a alguien. No es Heero," añadió ella. "Se ofreció, pero… apenas puede mirarme. No puedo soporta eso… no ahí. De cualquier forma se aparecería, sólo por obstinado, así que… le dije que la cita era a las tres, no a las once." Relena rió cuando lágrimas se formaron de nuevo. "Pensé que las había llorado todas."

Quatre colocó sus brazos a su alrededor, y ella alegremente se apoyó contra su hombro una vez más. "Conozco el sentimiento."

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Sólo había una causa para tener un niño en la mente de Duo, y no era la infinita parada de pañales sucios. Era el período de abstinencia después del nacimiento lo que estaba matándolo. Nunca había soñado en lastimar a Hilde, pero no podía recordar ningún otro momento en toda su relación cuando habían pasado tanto como dos semanas sin tener sexo. Él era un hombre muy acostumbrado a tomar consuelo en el cuerpo de su esposa en la mañana, y ahora, mientras despertaba en la enorme cama de la habitación de huéspedes Presidencial, todo lo que quería era rodarse y despertarla para un poco de diversión.

Pero el repentino ataque de gimoteos de la cuna a unos pies mató esa momentánea fantasía. Antes de que Jeremiah pudiera despertar a su madre, Duo salió de la cama y caminó hacia él.

"Qué pasa, amigo?" Levantó al bebé y lo acomodó contra su hombro desnudo. "Hambre? Húmedo?" Su hijo dejó de lloriquear y cerró sus pequeños dedos alrededor de un puñado de la suelta trenza de Duo. "Estafador. Realmente me tienes, niño."

Él miró el reloj. Apenas eran las nueve, pero su estómago le estaba recordando que la cena había sido hace años. Duo ladeó su cuello para mirar al bebé. Jeremiah estaba dormido otra vez, contento en los brazos de su padre. No quería hacerlo, pero Duo gentilmente acostó a su hijo en la cuna después de presionar un suave beso en su frente.

"Dale a tu mamá unos minutos antes de que te de hambre," le pidió al bebé. Duo miró hacia la cama donde Hilde dormía tranquilamente, su cabello negro contra las sábanas blancas. "Necesita descansar."

Con su estómago aún gruñendo, Duo se puso una camiseta y dejó la habitación en busca del desayuno. Captó un rastro del aroma de salsa y como un hombre poseído, lo siguió por la gran escalera.

Un conjunto de puertas de madera corredizas estaban abiertas lo suficiente para que él captara el sonido de voces mientras el olor se hacía más fuerte. Se detuvo en frente de ellas, preparado para abrirlas, cuando las palabras que estaban siendo pronunciadas lo alcanzaron.

"Se supone que debo estar aliviada de que sea tan fácil ocuparme de… porque no lo estoy," preguntaba Relena.

Un hombre respondió; le tomó a Duo un minuto reconocer la voz de su amigo de guerra, Quatre Winner. "No hay una sensación buena o mala en esta situación, no lo creo. Pero, Relena… realmente has pensado bien esto? Verdaderamente este es el curso de acción que sientes es el mejor para todos, pero más especialmente para ti?"

Segundos pasaron. Con sólo una punzada de culpa por escuchar, Duo se acercó más a la puerta. "Aún si no hubiese un veneno en mi cuerpo… aún si no tuviera que preocuparme de tener a este bebé usado contra mi… aún si no tuviera que considerar mi posición y reputación… aún no podría traer un niño al mundo sabiendo que su padre nunca podría amarlo." Relena se sonó delicadamente. "Si ves a Duo antes de irte, entenderás. La forma en que mira a su hijo… así es como quisiera que Heero mirara a nuestro bebé. Pero no creo de pudiera. Y no puedo…" Se detuvo; podía escucharla llorar. "Ha sido claro desde el comienzo que no puede darme su corazón. Es injusto de mi quererlo aún."

"No. No lo es. Porque no mereces nada menos." El tono de Quatre era consolador, pero Duo captó un tono de rabia. Y tuvo poca duda de hacia quien estaba dirigido, porque de repente, él también tuvo una abrumadora urgencia, más de la usual, de golpear a Heero Yuy en el estómago.

"Quiero mucho a este bebé, Quatre." Sus sollozos sonaron amortiguados, como si estuviera llorando en una servilleta. "No quiero ir a un aborto a las once como si fuera a mi manicura o algo. Pero realmente no hay otra opción."

Duo se alejó de la puerta. Pensando rápido, regresó por las escaleras e irrumpió en la habitación de huéspedes justo cuando Hilde estaba preparándose para alimentar a Jeremiah. Estaba sentada en una silla, luciendo cada pulgada como la madre del universo, pero Duo estaba tan preocupado que no notó sus desnudos senos.

"Has estado buscando comida?" se burló ella. Registrando su conmocionada mirada, su voz se suavizó. "Duo… qué pasa?"

"Estás bien aquí, nena?" Él se dirigió hacia su maleta y armó un vestuario. "Voy a salir a ocuparme de algo muy rápido."

Hilde frunció, aún preocupada. "Estamos bien. Pero Duo…" Él ya estaba poniéndose sus jeans. Suspiró para sí. Nada lo detenía cuando tenía metida una idea en su cabeza. Cualquiera que fuera, no podría hablar de eso hasta que se ocupara de ello. "Te amaré para siempre si me traes algo de chocolate."

Él trenzó su cabello con movimientos lentos y distraídos. "Lo tienes." Después de meter sus pies en un par de tenis, Duo se acercó a ella para un largo beso. "Los amo a los dos."

Después de ido, ella miró al pequeño Jeremiah mientras comía. "Qué voy a hacer si obtienes el gen loco de tu papi?"

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Heero sabía qué día era incluso antes de despertar. Había estado manteniendo un calendario mental en su cabeza, contando los días hasta que su breve trabajo como padre terminara. No estaba en su naturaleza quedarse en cama y reflexionar sobre cosas, así que se levantó con el sol, hizo café, revisó sus mensajes y generalmente comenzaba su rutina.

Wufei y Trowa habían dejado mensajes actualizándolo de las últimas noticias de la investigación. La secretaria aún no había sido encontrada, y de acuerdo a las últimas pruebas de laboratorio, aún no había pista de cómo había sido administrado el veneno. Aún si encontraban a la secretaria de Relena, todo lo que tenían de la mujer era una conexión con alguien con quien Relena había salido, nada más. No era exactamente prometedor en lo que se refería a él.

Tenía pilas de trabajo acumulado por varios meses. No era de él dejar esto atrás, pero entonces no había hecho mucho dentro de su carácter desde que Relena había regresado a su vida.

Todos los caminos regresaban a Relena. Por qué no podía sacarla de su cabeza?

Horas pasaron sin notarlo y si no hubiese habido un insistente llamado en su puerta, podría haber trabajado directo durante el día. Resintió al intruso, quienquiera que fuera. Le habría gustado perderse todo el día.

Como fuera, cuando respondió reluctante la puerta, también tuvo que responderle a un muy molesto Duo Maxwell.

"Cuál demonios es tu problema, Yuy?"

"Buenos días, Maxwell. Café?" Él se giró y regresó a su apartamento sin invitar al otro hombre a entrar.

Duo se dejó entrar y cerró la puerta. "No quiero café. Son las diez pasadas. Me tomó buenas horas de hackeo encontrar tu dirección. Eres paranoico, o ser invisible es sólo un truco Preventivo?"

"Asumo que tienes una razón para tomarte la molestia, así que por qué no sólo lo dices." Heero masajeó su sien. "Tengo mucho trabajo que hacer hoy."

"Vas a dejarla hacerlo, verdad?" La cabeza de Heero se levantó de golpe, pero Duo continuó, "Vas a sentarte aquí, sentado en tu computador mientras ella está en algún hospital deshaciéndose del niño que no quieres que tenga."

"No tienes idea de lo que estás hablando," le advirtió Heero en una voz baja y peligrosa.

Duo sacudió su cabeza. "La escuché llorando, Yuy. Nunca la has escuchado llorar por algo que le hayas hecho? Es suficiente para romper el corazón de un ser humano."

"Cualquier decisión que Relena tome es suya. No mía. Y definitivamente no es tu asunto. Así que, regresa con tu esposa y tu hijo y deja de pensar que sabes qué es lo mejor para mi vida." Heero se situó de nuevo en su escritorio, haciendo una gran pretensión de regresar a trabajar.

Pero Duo no era tan fácilmente despedido. Estrelló su palma directamente en los papeles de Heero. "Has hecho cosas miserables, miserables, Heero. Pero esto es disgustante. No es suficiente que la hubieses embarazado sin importarte su reputación o sus sentimientos, sino que también le das la espalda cuando necesita tu apoyo? Dios, Heero…" Él pasó sus manos por sus mechones. "No te preocupas por nada? Si no puedes preocuparte por Relena y no te importa tu propio hijo, qué carajos te importa?"

"No recuerdo pedir tus opiniones ni nada, Maxwell." Heero se puso de pie y agarró el cuello de la camiseta de Duo. "Si tuvieras alguna idea…" Sus palabras fueron siseadas entre dientes, pero fue el brillo de lágrimas en las esquinas de sus oscuros ojos azules lo que atrapó a Duo fuera de base. "Si tuvieras alguna idea de lo que esto… de cómo yo…" Liberó a Duo, prácticamente empujándolo lejos y girando para componerse.

Duo parpadeó. "No quieres que tenga el aborto, verdad?"

Heero enderezó su espalda. "Es lo mejor."

"Al carajo lo que es mejor. Quieres al bebé."

"No importa lo que yo quiero. Relena tomó su decisión."

"Relena tomó la decisión que cree querías que tomara," lo corrigió Duo. "Te has sentado y le has dicho lo que piensas?" Pausó. "Por supuesto que no. Eso llevaría a un encuentro emocional."

Heero lo miró. "Las emociones se interponen en la practicidad. Ni Relena ni yo podemos permitirnos ser esclavos del instinto reproductivo."

Duo comenzó a reír. "Tendré que recordar eso para la próxima vez que Hilde no esté de humor. Instinto reproductivo." Sacudió su cabeza, aún sonriendo. "Sólo tú, Yuy. Sólo tú podrías resumir algo tan grandioso como tener un bebé en una forma tan fría. Sólo dilo. Quieres que tenga el bebé. Quieres ser padre."

"Deja de intentar poner palabras en mi boca. Sólo porque tuviste un hijo no significa que el resto del mundo está obligado a seguir el mismo camino."

"Dilo."

"Maxwell, tienes cinco minutos para…"

"Dilo! Maldición, Heero! Por qué no puedes admitir que…"

"Quiero el bebé." Lo dijo tan calmada, tan tranquilamente que Duo apenas detuvo su balbuceo a tiempo. Heero miró sus manos; una de ellas estaba cubierta en recién manchados vendajes. "Eso es lo que querías que dijera?"

Duo tragó. "Sí."

"Está bien. Ahora irás?"

"No." Lamiendo sus labios, Duo estudió a su amigo. "Si la dejas continuar con eso, te arrepentirás por el resto de tu vida. Lo sabes, no?" Heero no dijo nada. "Te importa?"

"Qué se supone que haga? Aparecer en el hospital con flores y un anillo de bodas, haciendo todas esas promesas que todos saben no puedo cumplir?"

"Bueno…" El hombre de trenza sonrió. "Es un comienzo." Pausó. "Y quién dice que no puedes cumplirlas?"

Heero sacudió su cabeza. "Tal vez sólo yo." Él miró a Duo directo a los ojos. "Por qué demonios se enamoró de mi?"

"Probablemente por las mismas razones que tú te enamoraste de ella." Duo cruzó sus brazos. "Vas a ir a detenerla de cometer el error más grande de sus vidas?"

Él suspiró y se sentó en su silla. "Tengo hasta las tres para decidir."

El ceño de Duo se frunció profundo. "Um… pensé escucharla decir que lo tenía a las once de esta mañana."

"Qué?" espetó Heero. "Estás seguro? Porque ella me dijo…" Se detuvo. "Mintió… en caso de que fuera a tratar de sostener su mano. Es tan independiente…" Heero salió de su silla y comenzó a pasearse. "Son casi las once… nunca llegaré a tiempo."

"Piensa otra vez, Yuy." Duo levantó las llaves de su auto rentado. "Es un viejo sedán familiar, pero estás en presencia del más grande piloto que haya operado un Gundam. Y estoy dispuesto a llevarte al hospital a tiempo, si sé de seguro que vas a hacer lo correcto."

Heero titubeó, un frunce en su rostro. Nunca había tomado amablemente los ultimatums. "Cuándo vas a dejar de tratar navegar mi vida, Maxwell?"

"Cuando comiences a aprender cómo conducirla mejor," espetó él, frívolo.

Mirando su reloj, Heero tomó su decisión al tiempo que le tomó el segundero cambiar. "Vamos."

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"Está bien. Voy a darte anestesia local para dormir el área. El óxido nitroso te relajará." Sally guió los pies de Relena hacia los estribos. "Señora Presidenta? Relena? Puedes escucharme?"

"Puedo escucharte." Sus palabras eran adormiladas gracias a los químicos que estaba respirando por una pieza nasal de plástico. "Y sí… estoy relajada."

Sally titubeó con la jeringa en su mano. "Así es. Puedo parar en este momento. Todo lo que tienes que hacer es decir la palabra."

Hubo una pausa antes de que Relena respondiera, "Sabes… cuando era pequeña, solía jugar a la casita y pretender que iba a tener un bebé. Me ponía una almohada debajo de mi vestido… y le cantaba…" Dejó desvanecer el recuerdo. "Por favor, hazlo, Dra. Po."

Sally miró a su enfermera. "Esto dolerá, sólo te aviso."

Los ojos de Relena estaban húmedos para cuando Sally terminó de administrar la anestesia local. Miró la intravenosa en su muñeca, otra fuente de menor dolor. Hurgada y pinchada… habría otro momento cuando no estuviera hurgada y pinchada?

"Te daremos unos minutos para haga total afecto antes de comenzar," murmuró Sally. Dejó escapar un pequeño suspiro. Qué le decía alguien a la Presidenta durante su aborto? "Estás segura que no quieres que Noin entre para estar contigo?"

"Está bien," respondió Relena, sacudiendo su cabeza contra la tiesa almohada. "No debería ver esto… está embarazada, lo sabías? Ella y Milliardo… quieren tanto a su bebé…" Relena cerró sus ojos. "Estoy tan feliz por ellos."

Sally mordió su labio. "Sé que lo estás." Tomando un profundo respiro, asintió cortamente. "Sólo relájate y respira. Vamos a…"

Ella fue interrumpida por una conmoción afuera, voces y un golpe en la pesada puerta. Relena abrió sus ojos. "Qué está… pasando allá afuera?"

"No lo sé." Sally retiró sus guantes de goma. "Sigan monitoreándola," le indicó a la enfermera. "Ya regreso."

Justo cuando Sally alcanzó la puerta, ésta voló. Uno de los guardaespaldas de Relena cayó en la habitación, habiendo sido usado como un ariete humano por el hombre que ahora estaba de pie en el umbral. Sally parpadeó. "Heero?"

El guardia en el piso trató de levantarse. "Lo siento, Doctora… Señora Presidenta. Traté de detenerlo."

Una sábana estaba depositada estratégicamente sobre su bajo cuerpo, pero Relena se estaba sintiendo muy mareada para avergonzarse. "No… entiendo. Qué pasa?" susurró ella.

Heero sacó de la habitación al inepto guardia y miró a Sally. "Lo has hecho?"

Ella lo miró. "No llegas muy tarde."

Relena levantó su cabeza de la almohada con mucho esfuerzo. "Heero… te dije… no venir. Nunca… me escuchas."

"En realidad nunca nos hemos escuchado." Pasando a Sally y a su enfermera, se le acercó. "Esto no es lo que queremos, Relena. No queremos este aborto."

"Nosotros?" Ella lamió sus labios secos.

"Nosotros," repitió él.

"Pero… tenemos que hacerlo." Los párpados de Relena se cerraron un poco; Heero retiró el tubo de su nariz. "Por todas las… razones. El veneno… la gente." Ella movió su mano. "Y tú no me amas."

Sally aclaró su garganta y gesturizó hacia su enfermera. "Discúlpennos." La pareja apenas se dio cuenta cuando las dos mujeres los dejaban solos.

"Me importa mierda las razones." Heero retiró su cabello de su frente. "No quiero que lo hagas. Quiero…"

Él se detuvo, pero ella entendió. Aún, el dolor en su corazón no la dejó. "No puedo, Heero. No puedo… tener este bebé… sabiendo que un demente… podría desaparecerlo… sin avisar." Giró su cabeza. "Por favor… no puedo."

"Nos iremos," le dijo Heero, sorprendido ante la vehemencia con la que hablaba. Un plan se formó en su mente mientras hablaba. "Desapareceremos. Viviremos en algún lugar en los bosques o algo hasta que llegue el bebé. Wufei y Trowa continuarán la investigación, y regresaremos tan pronto cuando encuentren a los bastardos. Relena… por favor."

Ella lo miró. "Este no eres… tú, Heero. No… nunca te has preocupado… antes."

"Esto es mucho de mi," la corrigió. Sacudió su cabeza. "Ves lo que me has hecho?"

Relena entrecerró sus ojos. Estaba levemente borroso, pero aún era Heero. De pie ahí, diciéndole todo lo que necesitaba escuchar. "No sé… qué hacer."

"Déjame sacarte de aquí antes de que esto llegue más lejos. Te llevaré a algún lugar donde nadie pueda encontrarnos, incluso tu hermano." Heero se arrodilló para que su rostro estuviera a nivel con el suyo. "Hoy estaba listo para renunciar a todo, pero habría pasado el resto de mi vida arrepintiéndome de eso. Esto es todo… nuevo y tal vez es muy rápido. Parte de mi no puede creer las cosas que están saliendo de mi boca…"

Ella intervino con un calmado, "Es lo máximo que te he escuchado decir."

"Pero se siente bien, Relena. Por primera vez en mi vida… estoy haciendo lo que *yo* quiero hacer. Y se siente bien." Pasó su lengua sobre sus labios. "Qué dices?"

Aunque aún estaba adormilada y mareada, y ahora sorprendida por sus confesiones, Relena siempre había sabido cuál sería su respuesta si él encontraba las preguntas.

"Está bien." Ella parpadeó y dejó escapar sus lágrimas con una sonrisa. "Desapareceré contigo… Heero."

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Continuará…