Todos los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es de Kasie West. Nada me pertenece.
Capítulo 11
Por primera vez en todo el tiempo que puedo recordar, hay dos clientes en la tienda. Quiero decir, dos grupos que no llegaron juntos y ambos necesitan ayuda.
No soy muy buena con los niños, tal vez esa es la verdadera razón por la que tengo prohibida la entrada al "área de pintura en el rostro" durante las fiestas. Así que sin que yo le diga nada, mi madre se dirige directamente a la señora y a la pequeña niña mientras yo me dirijo a la mujer de mediana edad.
—Hola. ¿Puedo ayudarle a encontrar algo?
—Sí. Hace unos meses estuve aquí, tal vez más de seis; ya ni siquiera estoy segura, y había una muñeca allí.
Cuando ella no continúa, digo:
—Tendré que averiguar eso. No nos gusta que las muñecas vengan a la tienda.
Me da una media sonrisa. Tal vez sea más bien una risa nerviosa.
—Sé que tengo que ser más específica. —Camina a lo largo de la pared del fondo, mirando con atención a todas y cada una de ellas.
La sigo.
—Si puede describirla, podría comenzar una lista de sospechosas.
—Cabello rizado oscuro, un hoyuelo en la mejilla izquierda.
La mujer se está describiendo a sí misma. Mucha gente se enamora de muñecas que se parecen a ellas. Así que estudio un poco más a la mujer e intento pensar en las muñecas que podríamos tener que se vean como ella.
—Tina —digo finalmente—. ¿Estaba sentada?
—Sí. —La mujer da una gran sonrisa—. Sí, creo que se llamaba Tina.
—Debería estar aquí. Déjame ver. —Voy a la esquina de la tienda donde estaba Tina la última vez, pero ya no está allí—. Déjeme buscar en la parte trasera. —Casi siempre pedimos la misma muñeca si se vende bien.
La pared lateral del almacén está alineada con estantes y en esos estantes están las cajas lo suficientemente grandes como para alojar una sola muñeca. En el extremo de cada caja hay un nombre escrito. Es como nuestra propia cripta de muñecas de porcelana. A mitad de camino veo el nombre de Tina. Arrastro la escalera y tiro de su caja, la cual se siente muy ligera.
En el suelo, después de cavar entre la espuma del embalaje, descubro el por qué. No hay ninguna muñeca. Qué raro. Me quedo ahí confundida por un momento, sin saber qué hacer, antes de volver a la tienda e interrumpir a mi madre a mitad de frase.
—Lo siento, mamá, ¿puedo hablar contigo un minuto?
Levanta un dedo hacia mí, y cuando ha terminado de hablar con su cliente, camina conmigo hasta detrás de la caja registradora.
—¿Qué pasa?
—Fui a buscar a Tina en su caja, solo que parece que Tina ha sido secuestrada.
—Oh sí, lo siento. La vendí hace tiempo. Debo haber olvidado poner su placa en el cajón.
—Oh, está bien. Simplemente me extrañó. Le diré al cliente que podemos pedirla para ella. —Comienzo a alejarme.
—Bella —dice mamá, manteniendo su voz baja.
—¿Si?
—¿Puedes intentar vender las que tenemos en el suelo antes de pedir otra?
Asiento. Por supuesto. Eso tiene más sentido que cualquier cosa que había pasado en los últimos cinco minutos. Mi mamá quiere vender nuestro inventario antes de pedir más muñecas. Es una buena idea para sacarnos del hoyo. En realidad, alivia mi mente el saber que tiene un plan para el gran número rojo en su libro.
—Lo siento —le digo a la señora—. Tina ha encontrado otro hogar, pero sé que tenemos otras muñecas que amará que son muy parecidas a Tina. Déjame enseñarle mi favorita. —Favorita en un término relativo, con lo cual quiero decir que le encontré menos inquietante.
.
La mujer no estaba mordiendo el anzuelo. Después de enseñarle cinco muñecas que se parecían muchísimo a Tina, se ve visiblemente molesta. Su voz empieza a temblar; sus mejillas se profundizan con una sombra oscura.
—Solo quiero a Tina. ¿Hay algún modo de que la pueda pedir? ¿Tienen catálogo?
Mi mamá, que acaba de despedirse de sus clientes, se nos une.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudarla?
—Tenían una muñeca aquí que quiero, pero se ha ido.
—Tina —le recuerdo a mi madre.
—¿Le ha mostrado Bella otras muñecas?
—Sí, pero no me servirán.
—¿Hay algo en específico por lo que Tina es especial para usted?
—Sí. Mi padre me la compró cuando era pequeña. La muñeca fue regalada cuando me convertí en una adolescente ya que perdí a mi padre. Cuando vi a Tina hace unos meses no pude creer lo parecida que era a mi muñeca. Me fui sin comprarla ese día, pero no he conseguido sacarla de mi cabeza. De verdad que solo quiero esa muñeca. —Unas cuantas lágrimas escapan de los ojos de la mujer y se apresura a apartarlas.
Miro a otro lado, avergonzada por ella. O tal vez es algo más. Tal vez estoy celosa porque alguien puede tener una relación tan cercana con su padre que incluso después de que se ha ido tan solo pensar en él la pone emocional. Cuando pienso en mi padre solo siento el vacío.
Mi madre le acaricia el brazo y dice:
—Lo entiendo perfectamente. —¿Pero lo entiende perfectamente? Mi madre fue rechazada por su padre. ¿Está pensando en eso mientras consuela a esta mujer? ¿Acaso piensa mucho en ello? ¿O, como yo, intenta empujarlo a la parte más lejana de su mente y esperar que nunca se escape, especialmente en frente de otros?
Mamá continúa.
—Siento mucho su pérdida. A veces son las cosas más pequeñas las que de algún modo nos devuelven a alguien especial. —Agita su mano hacia mí y dice—: Bella a veces puede ser insistente, pero definitivamente podemos pedir esa muñeca. Incluso podemos darle un precio especial.
Ya veo cómo va, utilizándome de chivo expiatorio. Pero puedo manejar la culpa. Lo que me preocupa es el hecho de que otra vez mi madre no está pensando en nuestros problemas financieros. ¿Habría colapsado ya esta tienda si no fuera por mí impidiéndole que dé muchos descuentos a los clientes, dejando que las niñas escojan demasiada ropa para sus muñecas de cumpleaños…?
—Por supuesto —digo—. Deje que le traiga el catálogo para asegurarnos que todos estamos hablando de la misma muñeca aquí. —Comienzo a caminar y entonces digo—: Se requiere pagar por adelantado antes de que hagamos el pedido. —Lo último que necesitamos es pedir una muñeca y que la mujer no venga a recogerla.
Mi madre me enfrenta cuando la mujer se va.
—Bella.
—¿Qué?
—No puedo creer que estuvieras con ese cliente durante media hora sin saber por qué quería esa muñeca. Nos preocupamos por la gente, Bella. He estado alrededor de demasiadas personas que solo se preocupaban por sí mismas para criar a una hija que no piensa en los demás, incluso si son extraños.
La no tan disimulada forma de mi madre de despreciar a mi padre no pasó desapercibida para mí, pero su generalización me molestó. ¿Era posible que el dinero no tuviera nada que ver con la horrible actitud de la pequeña población de los ricos a los que ella había estado expuesta?
—Me dijiste que tratara de conseguir que comprara una de los que ya teníamos.
—No a expensas de sus sentimientos.
—Los sentimientos no cuestan nada. Las muñecas sí.
Me ofrece una sonrisa y luego pasa su mano por mi mejilla.
—Los sentimientos, mi querida hija, quizás lo aprendas algún día, pueden ser la cosa más costosa en el universo.
Y esa es la clase de actitud que será la ruina financiera de la tienda.
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Mientras estoy sentada en mi habitación más tarde, su frase se reproduce una y otra vez en mi mente. Los sentimientos pueden ser la cosa más costosa en el universo. ¿Qué significa eso? Bueno, entiendo lo que significa, ¿pero qué significa para ella? ¿Está hablando de mi padre? ¿Del suyo?
Tomo mi cuaderno titulado Donante de Órganos del estante superior de mi armario, le doy la vuelta a una página en blanco, y escribo la frase que mi madre había dicho. Aquí es donde guardo toda la información sobre mi padre. De hecho, sé mucho: su nombre, dónde vive, cómo es. Lo había buscado en internet por curiosidad. Trabaja para una gran firma de abogados en Nueva York. Pero saber sobre alguien no equivale a conocerlo. Así que en este cuaderno escribo todo lo que mi madre ha dicho alguna vez sobre mi padre. No es mucho. Había conocido a mi padre cuando era joven; fue una corta relación que terminó rápido. A menudo me pregunto si realmente lo conocía. Rara vez podía responder alguna de mis preguntas, así que dejé de preguntar. Pero de vez en cuanto dice cosas que quiero recordar. Cosas que pueden ayudarme a descubrir… ¿a él? ¿A mí?
Incluso pensar eso me enoja. Como si necesitara de él para ser una persona completa. Dejó que mi madre se valiera por sí misma. ¿Cómo podría querer parecerme un poco a él? Pero soy práctica, racional, y si tengo que conocerlo algún día, quiero saber tanto como sea posible. Cierro el libro y subrayo el título otra vez. Nunca sabes cuándo podrías necesitar un riñón o algo algún un día. Es por eso que mantengo este cuaderno. Esa es la única razón.
