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Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fanas para fans.
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Guerreras Mágicas: La nueva historia.
¿Te invitó a comer?
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Mientras Marina yacía dormida en otro lugar…
La luna brillaba en el nocturno cielo y Lucy llegaba ya al pequeño pueblo de Midán.
Viajaba en un rodante que Feimo le había conseguido, consiguiendo también que le llevaran gratis, parecía una buena persona, se sentía un poco mal por no haberle prestado tanta atención a su familia ni dedicarles más tiempo pero ella tenía sus propios problemas…
El pequeño rodante paró al fin y las 2 personas que viajaban en el además de Lucy y Caled el joven "cochero", comenzaron a bajar, al parecer era ya tarde pues no había casi nadie fuera de sus casas, Lucy no sentía que la noche fuera tan avanzada, al menos no para ella, pero quien sabe, tal vez en Céfiro todos solían dormir temprano a diferencia de los terrestres.
Lucy miró a todos lados pensando en que hacer o dónde podría pasar la noche, pues era obvio que por ese día su viaje había terminado.
"Señorita" – llamó Caled.
"¿Mm? Sí ¿Qué ocurre? Oh disculpa, muchas gracias por traerme hasta aquí"
"No hay de que – sonrió amable el chico –Por favor sígame"
"A- a dónde?"
"Me imagino que no tiene dónde quedarse, vamos le llevaré con una amiga estoy seguro que no tendrá inconveniente en dejarle quedar en su casa"
"Oh no que pena, ya hiciste demasiado trayéndome aquí, no quisiera molestar a tus amistades, mejor… ¿No habrá un lugar por aquí donde den hospedaje para los viajeros?"
"Um… No, lo siento señorita, Midan es un pueblo pequeño todos quienes vienen aquí tienen algún familiar o amigo a quien visitar y ellos les brindan hospedaje, sin embargo al no ser un lugar concurrido como otros pueblos o las grandes ciudades no hay ninguna posada"
"¿Posada? Vaya al fin una palabra conocida" –pensó Lucy.
"Por eso la llevaré con la señora Aster ella ha sido muy buena amiga de nuestra familia no le negara posada en su casa".
"No en verdad no hace falta, puedo dormir ahí aun lado en la pradera"
"¡Por la gracia eso no! No es bueno que una chica se duerma sola en mitad de la nada"
"Pero si no estoy en mitad de la nada estaría a un lado del pueblo"
"De ninguna manera, vamos, jamás la dejaría ahí sola, sino viene me quedo yo también a cuidar de usted"
"Pero no necesito que me cuiden… – dijo Lucy por lo bajo mientras una sonrisa nerviosa se dibujaba en su rostro y una gota de sudor caía detrás en su cabeza –E-está bien"
"Que bien, sígame por favor"
"Ah… ¿Que hacer?. Este chico me sigue hablando de "Usted" ¿Debería yo de hablarle del mismo modo? ¡Ah! Es que no me hayo a hablarle así, debe tener mi edad ¡Si no es que es más chico!" – pensaba Lucy mientras seguía al muchacho.
"Aquí es"
Lucy suspiró resignada, la dueña de la casa le dio la bienvenida a Caled y aceptó que Lucy pasara ahí la noche, esa noche Lucy tendría una cama cómoda donde dormir, mañana, ya vería.
La llega de Lucy a Céfiro tampoco representó para ella un hecho placentero.
FLASHBACK
Después de reponerse del golpe que se había dado al caer de ese árbol, Lucy comenzó a caminar por esa gran pradera, disfrutaba del paisaje, y no se daba mucha prisa en un principio, le agradaba ese campo de flores, pero después de un rato aceleró el paso, pues no sabía dónde estaba ni cómo o por qué había llegado ahí, lo primero era encontrar una explicación y a más gente.
Llegó a lo que sería el final de la pradera donde a un lado había un pequeño camino, se sentó en una de sus orillas a descansar un poco, estaba cansada y no había comido nada, hasta ahora lo notaba, pues su estomago ya comenzaba a reclamarle bocado.
Se estaba desconectando un poco del mundo cuando escuchó que algo se acercaba.
Era una especie de carreta grande cargada de gente, hombres y mujeres, parecian todos muy felices.
De pronto un chico vio a Lucy a la orilla del camino, sentada, estaba un poco pálida, su ropa blanca un poco sucia, para él no se veía bien, y menos por la idea de fragilidad que tenían en Céfiro de la mujer. Pidió al cochero que se detuviera.
Bajó y se acercó a Lucy quien le miró confundida, el chico tenía una apariencia que Lucy jamás había visto, al menos no en vivo, sólo en películas medievales, el joven se extrañó también, Lucí portaba ropas de una tela y hechura extraña a lo poco que podía ver de ellas.
"Disculpa ¿Te encuentras bien? ¿Estás sola? ¿Y tu familia?"
A Lucy le parecieron muchas preguntas a la vez, tenía ella varias preguntas que hacer pero... Optó por sólo responder.
"Sí estoy bien, sólo… estoy cansada" – su voz a pesar de todo era firme no sonaba a la clásica chica que va a desfallecer. Eso era aun mas extraño para el chico, quien pensaba que estaba en apuros.
El estómago de Lucy hizo un ruido que no pasó desapercibido para el chico.
"¿Tienes hambre?"
"Bueno sí un poco, no he comido nada pero no es la gran cosa"
"¿No es la gran cosa? Podrías desmayarte si no comes bien"
"jajaja claro que no, no seas exagerado" – Lucy se puso de pie riendo un poco por la aseveración del chico.
Podía ponerse en pie, vaya chica, con ese color pálido en su piel parecía que se desmayaría en cualquier momento según el chico y a pesar de todo estaba ahí parada y sonriendo de lo mas normal, como si estuviera en perfecto estado de salud.
"Espera – dijo preocupado el chico, y acto seguido fue a la carreta donde ya miraban curiosos a la desconocida. El chico sacó algo de pan y agua fresca de su … bien sólo diré que su "bolso" era como un pequeño costalito hecho de piel que cerraba gracias a dos tiras de hilo grueso en la parte alta –aquí tienes, bebe esto y come"
A Lucy la sorprendió, ella no se sentía tan mal, o eso creía, pero sí que tenía hambre, además el chico se veía preocupado y sería un desaire no aceptar. Agradeció y tomó de buen modo las cosas que el chico le ofreciera.
Apenas había dado una mordida al pan cuando el chico pregunto.
"¿Hacia dónde vas? Tal vez te podamos llevar"
"Ja, bueno más bien la pregunta sería ¿Dónde estoy? Eso es lo que quiero saber"
"Pues estas a las afueras de Pradera Calma, aquí cerca está mi pueblo, Eos "
"¿Dónde?"
"Eos"
"Eso… ¿Dónde queda? Nunca antes lo había escuchado" – dijo extrañada Lucy.
"¿Qué acaso no eres de Céfiro? Jajaja" - preguntó en broma, sin sospechar que Lucy en verdad no era de ahí.
"Ce-céfiro…dijiste?"
"Sí"
Lucy tardo unos segundos en reaccionar sobre sus recuerdos, sobre qué cosa que era Céfiro y lo que representaba para ella. Cuando al fin le cayó el veinte de todo…
"Ay por Dios… no puede ser ¿Es una broma? Porque no es graciosa"
Al chico le extrañó la aseveración de Lucy, tal vez su broma geográfica había ofendido a la chica, después de todo no era forma de hablarle a una desconocida, eso sólo se le decía a amigas de confianza. Según los usos y costumbres de Céfiro, el joven cayo en cuenta que se había portado poco caballeroso y se sintió apenado, mas antes de que pudiera ofrecer disculpas Lucy comenzó a habar en voz alta para si misma.
"No, qué estoy diciendo, no puede ser broma, nunca le conté a nadie sobre Cefiro, nadie más lo sabía…"
Se volteó y tomó al chico de repente por la burda camisa.
"Céfiro, ¡Céfiro? ¡En serio estoy en Céfiro?" - preguntó con ojos muy abiertos pidiendo explicación y rogando al mismo tiempo por que le dijeran que no.
El chico estaba aterrado y pasmado, nunca una chica lo había tomado así, Lucy notó eso y las miradas atónitas de la gente de la carreta y lo soltó.
"Ah Perdona, es que… ¿En verdad estoy en Céfiro?"
"Sí…" –dijo el chico sin quitarle la aterrada vista de encima.
"Perdona, perdona, perdona, es que…. Estoy algo confundía yo… - no sabía qué hacer, si decir, si no decir, si preguntar… ¿Cómo salir de ahí?, eran tantas las cosas en su mente que no sabía qué hacer primero, dio un gran suspiro y trató de tranquilizarse, puso sus manos en su boca en actitud pensativa y permaneció en silencio por un rato.
"¿Qué hago? – pensaba – no se cómo llegué aquí, ni cómo salir… no deseé venir estoy segura ¡Al único lugar al que quería ir era a América¡ ¡ Cómo diablos acabé aquí? Bien Lucy piensa, piensa…. Esta gente… me está viendo muy raro, y yo... No tengo muchas opciones, tengo que comer, descansar bien un poco y pensar mejor en qué haré para salir de aquí. Pero primero lo primero, actuar con inteligencia y resolver un problema a la vez, necesito descanso y un lugar estable donde poder pensar, estoy en tierra desconocida y me vendría bien en estos momentos aceptar la invitación del chico, así resuelvo el problema de la alimentación y el descanso"
Después de rápidamente pensar esto, volteó hacia la gente y el chico y notó que tenía audiencia pues todos parecían esperar atentos para ver qué iba a decir o hacer la chica. Carraspeo un poco y habló.
"Bien, yo... Disculpa, sé que… - pensó un poco - estoy actuando de manera muy loca pero es que estoy un poco confundida, caminé por una gran pradera todo el día y no sé bien como ubicarme, podrías... ¿Ayudarme?"
El chico tardo unos segundos pero finalmente contestó.
"… ¡Oh! ¡Claro! Sí, sí podemos ayudarte, ven sube con nosotros vamos hacia Eos ahí podré ofrecerte algo más sustancioso de comer"
"G-Gracias… ¿Quiere alimentarme?… Vaya, no esperaba eso después de la zarandeada que le di. Y es qué… ¿Tan desmejorada me veo?– pensó Lucy.
Lucy subió a la parte trasera de la carreta llevando su maleta consigo y el chico retomó su lugar al lado del conductor, le habría gustado sentarse junto a esa extraña chica de igualmente extraño cabello rojo pero no cabían ya.
La gente la veía raro, Lucy podía sentir sus miradas clavadas en ella, aun de espalda a ellos, no es que fueran groseros, solo que la chica era extraña, causaba curiosidad.
Lucy ignoró las miradas de la gente por completo y comenzó a pensar.
"Céfiro… Con que... Céfiro" – De pronto sintió como la rabia le subía por todo el cuerpo, desde los pies hasta la cabeza, no podía creerlo, de nuevo ahí, un lugar al que ya había olvidado, no le costó tanto trabajo olvidar de tajo, pues ante tanto dolor, la defensa de su mente había sido simplemente olvidar sin remordimientos.
Tanto dolor… ella fue la más traicionada, desde un principio no dudó en aceptar de inmediato la misión, creyendo que salvaría al mundo, pero sólo se aprovecharon de su tonta inocencia y disposición de ayudar, con tanta ilusión y valor peleó por una mentira, pues eso fue; una mentira, ella creía que salvaría a un reino, a una princesa, que restauraría un orden, pero al final, sus castillos de cristal se quebraron, toda esa letanía de heroísmo era un fraude. No salvo a un reino, mato a un hombre enamorado, no salvo a una princesa dulce en apuros, mato a una mujer dolida a quien no se le había permitido vivir su vida ni su amor y había terminado por convertirse en un ser lleno de odio y de rencor que aun al final pensó en su mundo y opto por morir por el. Sí, la obligaron a matar a una inocente cuyo único pecado fue amar…. Aunque no tan inocente, fue ella quien las convocó, sabiendo bien el destino que le esperaría a esas 3 niñas, no le importó en su egoísmo, egoísmo por ser libre y por amar, el malo de la historia no había sido mas que una victima mas de las terribles circunstancias de ese planeta, y las heroínas terminaron siendo las victimarias, no había salvado al reino, había desencadenado del todo su destrucción total…
Cuando volvió a la Tierra después de su primera ida a Cefiro, tuvo muchas pesadillas, y también muchas noches sin dormir, lagrimas interminables que minaban su natural alegría. "Sí, es verdad… Yo nunca quise matar a Esmeralda" se dijo en aquel sueño en el que vio por primera vez a Luz y Deboner, pero Luz tenía razón en todo lo que le había dicho, le habían causado dolor, la habían utilizado, la habían convertido en asesina, lloraba cada que Luz se lo repetía, por culpa de ese mundo tuvo que volver a pagar la culpa que sentía, a pelear, a arriesgar la vida una vez más pero ésta vez sin necesidad, quiza la primera estaban obligadas a pelear para volver a su mundo, pero en su segunda visita, no tenía por que hacer nada, y aun así peleó sintiéndose responsable de la destrucción que estaba sufriendo ese mundo, ella y nadie más. Los de Céfiro nunca hicieron el mínimo esfuerzo por pelear, casi pierde una parte de ella misma para siempre… Cuando al final ganó y se restauró la paz en Céfiro, abolido el sistema del pilar y entregado el mando a su gente, Lucy fue devuelta a su mundo sin siquiera dejarla disfrutar de la calidez del ser que en esos momentos creía amar, como trapo viejo que una vez cumplida su tarea vuelve al rincón de la cocina.
Por año y medio conservó ese feliz recuerdo, esa felicidad y buen sabor de boca que le había dejado salvar ese mundo, después… lo comprendió todo con más claridad. Luz no era otra cosa que ella misma, una parte que había tomado forma física en Céfiro y por eso parecía ser una persona independiente, pero no era más que la voz de la razón, la razón que no había querido aceptar, que se negaba a aceptar y a fuerza de dolor reprimido pudo salir a materializarse en Céfiro, pues en la Tierra nunca hubiera podido ser mas que lo que era, una verdad reprimida, que Lucy sabía y no quería aceptar para no lastimarse más a sí misma, prefirió ver todo color de rosa, como algo épico, pero no fue así, y siendo Céfiro un mundo donde la voluntad lo es todo, esa verdad salió de su cuerpo, tomó forma y nombre, pero al final, volvió a su dueña, pues Lucy encontró un poco de paz en esos momentos al aceptarse a si misma, sin embargo Luz no murió, no literalmente, sólo regresó a su forma original: Un pensamiento, una verdad que vivía dentro de Lucy.
Todo lo que Luz le echó en cara, eran solo verdades que ella ya sabía, dos años después de su ultima visita a Céfiro lo comprendió. Luz no era mala, no era la villana, era solo su propia voz, diciéndole a la cara lo que ella misma no se atrevía ni a pensar. Siendo Luz también un rencor reprimido era natural que en su forma física quisiera atacar a todo lo que amaba Lucy. Luz era también un sentimiento de confusión, de ahí había nacido, confusión, negación, dolor, una verdad reprimida, miedo a lastimarse más, eran esos sentimientos los que habían dado vida a Luz, que al fusionarse tomaron materia libre e independiente y que volvieron al final al corazón de donde procedían y a ser lo que originalmente eran. Era por eso que al ser sentimientos rechazados por Lucy para no herir a sus seres queridos, Luz veía en esos seres queridos rivales que no le dejaban estar cerca de Lucy.
Lucy pensaba mientras la carreta seguía su recorrido "Céfiro, aquí de nuevo, que mala broma del destino…"
Podía verse un paraje bello, verde por doquier, espacios amplios, campos de flores, montañas a lo lejos y arbolitos dispuestos tan bien que conformaban un bello paisaje de pintura.
Después de unos 20 minutos de camino, llegaron a un pueblo que parecía un lugar tranquilo, sería ideal para pensar, a la entrada, Lucy no pasó desapercibida por la gente, y es que su cabello rojo llamaba demasiado la atención. En Céfiro había colores muy variados en el cabello, pero el rojo no existía en su genética, así pues, no era normal. Y sus ojos rojos mucho menos.
En tiempos pasados hasta podrían haberla confundido con un demonio o ser maligno, pero debido a que gracias a las Guerreras Mágicas ya no existía en Céfiro cosa parecida, la idea ni les cruzó por la mente, sólo era una chica extraña…
La carretea se detuvo frente a un koka y todos bajaron.
Lucy no sabía bien que hacer primero, pensó en descansar un poco a las afueras del pueblo, pero antes que diera un paso el chico que la había invitado a su pueblo la llamó.
"Señorita, disculpe pero... Sé que sonara atrevido … me gustaría invitarla a comer ¡No es algo formal! Solo… eh... Una invitación de amigos" –rio nervioso, invitar a comer a una chica así como así era cosa de cuidado y no quería ser mal interpretado.
"Jajaja… aja oye, primero que nada, háblame de tu – Lucy dijo en tono divertido porque o el chico parecía muy tímido, o en Céfiro les gustaban tanto las formalidades que el chico no sabía qué hacer, claro que no era una cita, pero en Céfiro eso quizá podía ser algo atrevido pensaba Lucy – Y segundo, sí, te acepto la comida, tengo mucha hambre"
"Oh muy bien te puedo invitar a mi casa ¡Pero ahí estan mi madre y mi hermana eh! No estaríamos solos, digo, no es que quiera propasarme, tal vez podría invitarte a este kako ¡Digo koka! Pero… – Lucy no podía borrar una sonrisa de diversión, el chico trataba de quedar bien por todos los medios sin ser mal interpretado pero sin mucho éxito –Me refiero…"
"Ya entendí – interrumpió Lucy - mira vamos a donde tu quieras, tu casa me parece bien, te sentirás mas cómodo".
"Ah... Sí por supuesto"
"Vaya chico" - pensó Lucy y emprendió camino con él rumbo a su casa.
Llegaron donde una casa blanca de al parecer un solo piso, tocó la puerta y una señora de cabello azul grisáceo abrió la puerta.
"Feimo, cariño al fin llegas ¿Cómo les fue en el camino? ¿Viste a Siris? ¿Qué te dijo?"
"Todo estuvo bien madre, gracias –dijo atento y cariñoso –Mira quiero presentarte a una amiga"
La señora entonces observó a Lucy quien había estado mirando la escena sin decir nada.
"Oh jovencita mil disculpas no te vi – de pronto la señora reparó en su aspecto, tenía cabello y ojos rojos, piel muy blanca, vestía ropa extraña, vestía…. panta …. ¡Pantalones? –Pero… pero…"- decía la señora sin atinar a decir mas.
"La encontré sola a la orilla del camino, me ofrecí a ayudarla, no ha comido"
"¡Oh por las Diosas! ¡Pobrecita! Debiste verte en un aprieto muy grande para tener que vestir con pantalones, pero pasa linda no te quedes ahí, has de estar muriéndote de hambre" – la señora tomó de la mano a Lucy y la metió a la casa sin que Lucy pudiera decir nada.
"Vamos linda siéntate en seguida te sirvo algo" – la señora corrió a su cocina y comenzó a preparar algo.
Feimo entró cargando la maleta de Lucy que había quedado afuera, pues no sabía que tenía rueditas y que simplemente la podía arrastrar, la colocó en la sala y cerró la puerta, vio con una sonrisa a su madre quien solicita preparaba algo para la chica y se sentó a un lado de Lucy en la mesa.
"Tu madre es una mujer muy amable, se los agradezco mucho"
"Gracias, y, no tienes nada de que agradecer" – sonrió el chico.
Lucy hablaba con tanta naturalidad, sin titubeos, le miraba a los ojos, su voz era encantadora, no había ni un atisbo de timidez, como pasaría con cualquier chica de Céfiro quien ante un extraño, ni siquiera sostendría la mirada, pero esta chica de cabello rojo, no parecía apenada en lo mas mínimo y viéndola bien era… Bellísima…
"¿Y vives aquí solo con tu madre?" – esto sacó al chico de sus devaneos.
"No, también vive aquí mi hermana menor, mi padre trabaja en la ciudad del norte así que sólo nos vemos cada mes, como te podrás imaginar, eso es muy difícil para la familia que es tan unida"
"Pues solo lo imagino, mi familia no fue muy unida que digamos" – pensó Lucy, pues su única familia eran sus hermanos, mama y papa brillaron siempre por su ausencia. Sin embargo eso no le afectaba en lo más mínimo.
"Me imagino - dijo Lucy sin mentir, pues a pesar de no tener una familia así, podía entender a qué se refería -¿Y tu hermana, está en casa?"
"No lo sé, Madre ¿Está mi hermana en casa?"
"No, fue al mercado, no debe de tardar"
"Bueno te la presentaré en cuanto llegue"
"Está bien"
"Y dime linda ¿Cuál es tu nombre?" - gritó la señora desde la cocina.
"Es Lucy señora"
"¿Como?"- no escuchó muy claro.
"Lucy, me llamo Lucy señora"
"Lucy… que raro y bonito nombre"- dijo Feimo extasiado viéndola con mirada de idio… perdida.
"Es tu nueva amiga ¿Y no sabías ni como se llamaba?" – se burló su madre quien ya se acercaba a la mesa con dos platos de comida, primero sirvió a Lucy y después a Feimo.
"¿Y Tú, madre?"
"Ahora voy por lo mío hijo, por favor linda comienza"
"Gracias"
La señora se devolvió a la cocina y Lucy decidió que por educación era mejor esperar a que la señora también se sentara en la mesa, mientras tanto, echó una discreta mirada de extrañeza a su comida.
"Mmm, disculpa… – iba a preguntar algo al chico, pero notó que no sabia su nombre – Disculpa ¿Cómo te llamas? Oí a tu madre decir tu nombre… creo, pero no lo recuerdo"
"Oh que despistado, disculpa, soy Feimo, para servirte"
"Oh pues … Mucho gusto Feimo, bien ahora que llevamos acabo la tardía presentación, me podrías decir…qué… es esto?" – dijo señalando a la comida.
"Es Nubaril"
"¿Es que?"
"¿Eh? - dijo extrañado el chico – pues es carne de Nubar con verduras en salsa de Lise"
"Ah…." – fue todo lo que dijo pues sólo había entendido verduras, no sabía que era nubar ni qué era Lise.
"¿Nunca lo habías visto?"
"No" – decía Lucy mientras aún veía la comida.
"Es muy rico pruébalo"
"Bueno con hambre todo sabe a gloria y creo que me comería un caballo, bueno salve la expresión, no me cabe tanto" – pensó Lucy ante lo cual rio un poco y se decidió a probar. No identificó el sabor de la carne pero era roja no había duda, y la salsa de lo que fuera también sabía bien, era una salsa translucida y un poco melosa color ocre.
"¡Muy rico!"
"Me alegra que te guste linda" - dijo la señora quien finalmente se acercaba a la mesa con su plato de comida.
"Comencemos… Gracias a las tres deidades que nos han permitido la dicha de nuevos días y nuevas alegrías, más vida a nuestra tierra y bendecido al pisar este suelo nuestros alimentos"
Madre e hijo dieron gracias, Lucy sólo miraba, parecía que le agradecían a sus dioses.
Comenzaron a comer los primeros segundos en silencio, después la señora preguntó.
"¿Y que hacías sola linda?"
"Ha ha ha madre querida, dejarla comer, la pobre no había probado bocado, mejor yo te contaré cómo me fue en Prius y qué dijo Siris, por que sí la vi"
"Oh cierto –dijo la señora llevándose una mano a su mejilla un poco apenada – Cuando terminemos de comer me contarás las cosas linda, claro si quieres"
Lucy intentó responder a señas pues tenía bocado, pero la señora le dijo que no se preocupara, a todos les dio risa y la comida continuó de lo más normal mientras Feimo le relataba a su madre su viaje.
Al terminar, la madre recogió los platos y Feimo amablemente le ayudó, a Lucy no le permitieron ayudar pues era la invitada.
Lucy preguntó en dónde podía lavar sus manos y la condujeron a una pequeña charola con agua donde se enjuago con una jícara. Después todos se dirigieron a la sala y la señora comenzó curiosa a interrogar a Lucy.
"Y dime linda ¿Qué te pasó? ¿Por qué llevas esas ropas? Disculpa mi memoria ¿Cómo dijiste que te llamabas?"
"Lucy señora"
"Ah muy lindo, raro pero lindo… Lucy… ¡Cómo la Diosa del fuego?" – preguntó atónita la señora, pues por muy tentadores que sonaran los nombres de las guerreras nadie habíase atrevido jamás a bautizar así a sus niñas por respeto a ellas, y por que eran nombres de Mundo Místico, del que se tenía ya la idea que era un mundo divino, y ellos eran sólo mortales. Además la gente de Céfiro debía llevar nombres de Céfiro, querían conservar la tradición.
"No conozco a la Diosa de Fuego pero sí, mi nombre es Lucy"
"¿No eres de por aquí verdad?" – preguntó Feimo con una sonrisa de curiosidad en el rostro.
"No, no lo soy"
"Eso explica que no conocieras la comida y que no actúes como una chica"
Lucy le lanzo una mirada que claramente decía "óyeme qué quieres decir con eso" y el chico reaccionó de inmediato dándose cuenta de su estupidez por no explicarse más.
"Oh no, no, no, digo si eres una chica, pareces ¡Digo eres! Es que yo… quería decir…"
"Se refería a que no pareces una chica de por aquí linda jajaja disculpa a Feimo, es muy nervioso cuando está con una chica tan bella" – su mamá parecía muy divertida con la situación.
"Madre…" - se sonrojo el chico, volteando a mirar a otro lado.
"Han sido muy amables conmigo y no quisiera ser descortés, pero… Debo retirarme"
"¿Tan pronto linda? Quédate al menos ésta noche, tienes que descansar, además, no puedes andar por ahí vestida así"
"¿Por qué?" - preguntó Lucy
"Pues no es normal que una chica… O disculpa, nos decías que no eres de por aquí, así que supongo que la regla no aplica a ti, pero ¿De dónde vienes?"
"No soy de Céfiro, es todo lo que puedo decir…"
La mujer se sorprendió pero decidió respetar la privacidad de Lucy.
"Entiendo pero… Quédate un momento, descansa un rato al menos en lo que mi hija regresa para que puedas conocerla... esta niña por cierto… ya se tardó, debe de estar parloteando con su amiga… Verás la mandé por un poco de pan pero la hija de la panadera es muy amiga suya, siempre se queda las horas platicando jaja"
"Me imagino, escuchen me gustaría conocer a su hija pero tengo que irme, les agradezco su hospitalidad, pero será mejor que me vaya"-concluyo lo más amable que pudo.
La señora la vio con algo de tristeza, en verdad quería que se quedara un rato, le había caído bien, pero no tuvo más opción que dejarla ir, la acompañó a la puerta junto con Feimo, le ofrecieron ayuda de nuevo pero Lucy rehusó lo más amable posible, dio las gracias una ultima vez y se retiró, salió por una callecita y caminó por el campo abierto, no muy lejos del pueblo, decidió tirarse en el campo de flores en el que caminaba, si algo alguna vez le había gustado de Céfiro, eran esos campos de flores.
Miraba hacia cielo y pensaba, ya que no había deseado volver, era obvio que su vuelta no era debido a "su gran fuerza de voluntad" pero quizá podría regresar así a su mundo. Lo intentó, lo intentó varias veces mientras permanecía acostada, pero no importaba cuan fuerte fuera su deseo, no pudo volver, así que meditó de nuevo, no parecía haber un desorden en Céfiro así que no había vuelto para pelear eso le quedaba claro.
¿Cómo volver a casa?... El castillo, sí, lo único que se le ocurría era consultar con el mago supremo de Céfiro, algo tenía que hacer, ayudarla, la habían metido en tantos problemas que de algún modo le tenían que pagar, y era con ayuda con lo que se cobraría.
Pero no sabía dónde se ubicaba el castillo, ni si el castillo aún existía, cuando se fue la última vez, el castillo estaba casi destruido, sólo un pilar de los tres que tenía había quedado en pie…. Tendría que preguntar, pero por ahora… se relajaría un momento, cerró los ojos y disfrutó del gentil y refrescante viento.
Entretanto en la casa de Feimo, su hermana Heren ya había llegado y se había enterado de la visita de la extraña forastera. Mientras Feimo había ido dejar unos encargos.
"Vaya de las cosas que se pierde una cuando se va al pan"
"Si no te quedaras tanto tiempo parloteando con Círuma, no te perderías de tantas cosas" – dijo su madre.
"¿Y era entonces muy bonita?"
"Sí, muy bonita, tenía unos ojos y un cabello rojos muy extraños pero muy bonitos"
"¿Cómo dijiste que se llamaba?"
"Lucy"
"¿Cómo la Diosa? ¡Vaya blasfemo el que le puso el nombre!" - dijo indignada.
"Me imagino que el "Blasfemo" que le puso el nombre fue su madre, así que más respeto a las madres ajenas muchachita" – reprendió su madre.
"Ay lo siento… no lo había pensado. Y… dices que no era de Céfiro ¿De dónde era?"
"No nos lo dijo, sabes era muy misteriosa ahora que lo pienso, pues no dijo su procedencia, sólo su nombre y nada más, no sé ni por qué está aquí en Céfiro"
"¿Será una mala persona?"
"No, no lo creo, parecía una buena chica y a tu hermano sí que lo pasmó su belleza"
"Mmmm ¿Una potencial esposa para Feimo?" – pensó seriamente la joven Heren.
"Jaja bueno aquí vas de nuevo, ¿Cuál es esa manía tuya de querer conseguirle esposa a feimo?"
"Madre, el no puede quedarse solterón para toda la vida, ya esta en edad de casarse - decía muy segura planeando un destino para su hermano – un momento ¡Cómo sabías en qué estaba pensando?"
"La madres somos mágicas… Ay por los 3 poderes niña, tu hermano todavía no cumple ni los 22, y tu ya quieres casarlo?"
"Pues claro, ya esta cerca de los 25, la edad para casarse, y mejor buscarle esposa ya, imagina, con lo despistado que es llegará a los 40 soltero"
"Todavía faltan 3 años para que llegue a la edad casadera para un hombre que es a los 25 y cuando cumpla 25 , no es requisito que se case ese mismo año, tiene hasta los 35 para elegir a una buena chica, además para el amor no hay edad, puede casarse de 70 si quiere"
"Lo ves tú lo admites, qué más da casarlo de 35 o de 21" – decía triunfal Heren y su madre sólo reía de escuchar las locuras de su hija.
Mientras tanto Feimo ya había terminado de llevar sus encargos a los tenderos del pueblo y quiso pasear un rato por el campo de flores vecino a su pueblo.
Se internó en el, el pasto era alto y sus flores también, caminaba tranquilo cuando tropezó con algo.
"¡Aah!" – y cayó al suelo comiéndose una flor por caer con la boca abierta.
De entre las flores una chica pelirroja salió de pronto a asomarse, lo cual asustó a Feimo que no se lo esperaba y por la impresión, estuvo apunto de tragarse la flor que tenía metida en la boca, pero acto reflejo la escupió.
"Disculpa ¿Te asuste?" –le dijo habiendo notado que no la esperaba.
"No, no ptsu… Ptsu.. – Escupía algunos pétalos aun – No, digo, eh… No te esperaba… oye, tú eres la chica, ¿Qué haces por aquí? ¿No te ibas ya?"
"Si quieres que me vaya de tu pueblo me voy"
"¿Ah? ¡No, no, no! Perdona yo sólo, es que quería saber…. –Tenía el don de meter las cuatro y de decir las cosas de una forma en que siempre creía terminar ofendiendo a Lucy –No, sólo… verás, como dijiste que te marchabas, quería saber si necesitabas ayuda" – dijo recuperando un poco la compostura. Vaya que se sentía torpe hablando con ella, siempre metía la pata.
"No, sólo estoy descansando, quiero ir al castillo sabes"
"¿Al castillo?"
"Sí el castillo principal de Céfiro"
"¿Siete torres?"
"¿Quien?"
"Siete torres"
"¿Qué es eso?"
"El castillo principal de Cefiro"
"¿Se llama siete torres?"
"Así le decimos de cariño, se llama Nimbradhel"
"Vaya con que tenía nombre – pensó lucy - mas no me explico por qué le dirán 7 torres"
"Disculpa ¿Por qué lo llaman siete torres?" – preguntó al fin en voz alta.
"Porque tiene siete Torres"
"Yo… sabía que tenía sólo tres" – dijo algo confundida.
"¿Tres?... no… Bueno supe que en el pasado, el antiguo castillo solía tener tres, pero eso fue hace mucho, el castillo actual tiene siete"
"A vaya eso lo explica ¿Está lejos de aquí?"
"Algo, bueno en realidad mucho, cerca de la pradera donde te encontré hay un bosque"
"Sí, lo vi"
"A pues si te hubieras adentrado en el bosque y seguido derecho hubieras ahorrado camino"
"Vaya…"
"Por aquí se abre más"
"¿Puedes decirme cómo llegar?"
"Pues, puedes tomar algún norole de aquí a la siguiente aldea… A, pero no tienes dinero ¿verdad?. Tal vez un rodante… Oye yo podría llevarte en la carreta de Hesi, seguro que me la presta, pero sólo podría llevarte hasta la aldea vecina, porque necesitaría devolverle pronto el trasporte.
"Eso estaría muy bien ¿Crees que se pueda?" – preguntó Lucy feliz.
"Yo digo que, si quieres le pregunto ahora mismo"
"Por favor, tengo prisa en llegar ahí, si pudiéramos partir ahora mismo, sé que estoy siendo demasiado atrevida al pedir esto, pero en verdad que necesito llegar allá"
"¿Por qué tienes tanta prisa?"
"Eso... no puedo decirlo, lo siento…" – Dijo Lucy apartando la mirada.
"No te preocupes. Bien vamos con Hesi" –le sonrio.
"¡Vamos!"
Partieron hacia donde el tal Hesi, el cual se llamaba Hesar, pero que su prometida llamaba cariñosa y ridiculamente Hesi, así que sus amigos comenzaron a llamarle igual para molestarlo.
El chico no tuvo inconveniente en prestarle a Feimo la carreta para que llevara a la bella chica a la aldea vecina, y así partieron Lucy y Feimo quien mandó un recado a su madre con el mismo Hesi, avisando que regresaría en la tarde, ya que tenía que devolver pronto la carreta.
Llegaron a la aldea más próxima, donde Feimo se encargó de conseguir con unos amigos que encontró, que llevaran a Lucy en un rodante al pueblo de Midan, pues sabía que Lucy tenía prisa, y entre más pronto avanzara camino mejor sería para ella, Lucy quedó muy agradecida y se despidió de Feimo quien pese a que hubiera querido acompañar a Lucy hasta su destino principal, no podía, pues no debía dejar a su madre y hermana solas tanto tiempo. Después de todo acaba de regresar de un viaje esa misma mañana. Les encargó mucho a Lucy a sus amigos y se retiró de nuevo en la carreta de vuelta a casa.
Caled el amigo de Feimo, preguntó a Lucy si no deseaba comer algo antes de partir, pues ellos partirían ya pero podían hacer un espacio para que ella comiera, mas ante la negativa de Lucy partieron de inmediato.
Lucy permaneció callada y distante del pequeño grupo todo el camino, no quería hablar mucho ni dar explicaciones, así que sólo se limitó a mirar de cuando en cuando el paisaje, era obvio que la chica no quería socializar así que respetaron su espacio y nadie le dirigió la palabra en el camino.
FIN DEL FLASHBACK
