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Gotham, Enero 29
Los muros de la sala de entrenamiento de Damian estaban repletos con todo tipo de armamento . El niño amaba aquellas cosas, tan peligrosas, tan antiguas, tan preciadas para su hermano mayor que no permitía a nadie tocarlas. Ni siquiera Alfred tenía permiso de limpiarlas. Pocas veces Robin había tenido la oportunidad de observar a Damian entrenar con brillantes katanas, ensimismado en lo que parecía un baile mortal de movimientos certeros y llenos de una elegancia envidiable.
— ¿Aquí es donde Damibú guarda sus juguetes de ninja? —la pregunta cantarina logró sacar al acróbata de sus pensamientos, su nuevo compañero de entrenamiento había llegado y se encontraba jugueteando con una daga como si nada.
—¡No, Tim, deja ese cuchillo! ¡Damian va a enojarse! —chilló alarmado el menor, apresurándose hasta el recién llegado.
Sin prestarle mucha atención al rostro consternado del niño, el mercenario siguió inspeccionando el arma entre sus manos. Sus ojos brillaban ligeramente, una emoción que nacía en su pecho le provocó una sonrisa sincera.
—Esto no es un cuchillo, Dickie, es una jambia —corrigió el mayor, riendo. Robin lo observó sin entender—, es un tipo de daga árabe... Aunque jamás había visto una así, incrustada de joyas tan preciosas.
Antes que Red Robin pudiera desenfundar por completo la daga, ésta le fue arrebatada de las manos por Damian. Un hipido cargado de sorpresa escapó de los labios de Dick mientras las miradas desafiantes de los mayores presentes se enfrentaban.
—La hoja tiene doce centímetros de largo, está hecha de plata —murmuró Damian con una calma que confundió por completo al niño que ya se esperaba todo un sermón sobre el respeto por las cosas ajenas—, el mango es de oro y está incrustado de rubíes y esmeraldas. Es una daga única, hecha especialmente para mí, un regalo enviado por mi abuelo cuando cumplí catorce años.
—Creí que ya habías cortado comunicación con Ra's en ese tiempo —la sonrisa ladina se acentuó en el rostro de Tim.
Damian no contestó, consciente de que su antiguo sucesor entendía bien que por más deterioradas que estuvieran las relaciones con Ra's al Ghul, uno nunca escapaba por completo de cualquier influencia que el líder de la Liga de Asesinos pudiera tener.
—Uh, ¿está todo bien? —aventuró el niño ante el silencio formado por los mayores.
Colocando la daga en su lugar, Damian asintió y Grayson suspiró aliviado a la vez que Tim reía burlón.
—Ahora sí, Richard, vamos a comenzar el entrenamiento. Luego de anoche, debemos concentrarnos en tus puntos débiles y-
—Disculpa, Damian pero... Nos falta Jason. ¿No lo invitaste a él también?
—Lo hice, Richard, pero Jason tenía... asuntos que arreglar y partió junto a Supergirl.
Una mueca de desilusión cubrió el rostro del niño, fue cuestión de segundos, los suficientes para que los mayores pudieran notar el malestar en Dick. Restándole importancia, el joven maravilla sacudió los hombros y compuso su mejor sonrisa.
—¡Está bien, empecemos chicos! ¡Les enseñaré qué se siente que alguien menor les patee el maldito trasero!
—¡Damibú, ¿cómo permites ese lenguaje ordinario en el niño?!
—Tt.
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Las callejuelas de Gotham se encontraban tranquilas en comparación con las transitadas calles céntricas. Jason había nacido y se había criado en aquel lugar antes de llegar a la mansión. Nunca dejó de considerarse una simple rata más de aquel lugar, como aquellos pobres vagabundos que dormían apilados sobre un montón de cartones mohosos, pero en ese instante, manejando una Harley Davidson que gritaba último modelo con sus llantas brillantes y acompañado por una rubia despampanante, Jason se sintió por primera vez en mucho tiempo, perdido.
Como una rata en el basurero equivocado.
—Jay, sabes que amo nuestros paseos pero... esto no es un paseo. ¿Qué hacemos aquí, huimos de tus hermanos o algo así?
Escapar... Todd sabía que haber salido de la mansión de aquella forma no era más que una simple excusa. Necesitaba salir, alejarse de esa realidad bizarra en la que Timothy Drake era recibido con tanta tranquilidad. Como si a nadie le importara que fuera un mercenario, un desquiciado. Como si todos ignoraran que hace un tiempo trató de matarlo, casi con éxito.
—¿Jay?
Bruce había permitido que ese asesino los ayudara y a Jason le importaba una mierda lo mucho o poco que su ayuda les serviría, su padre adoptivo no debía permitir tal cercanía entre ellos. Entre Timothy y Richard, entre Timothy y Damian. Como si Drake solo hubiera vuelto de unas vacaciones muy largas, listo para ocupar nuevamente su lugar en la familia Wayne, ese lugar que Jason se había ganado con esfuerzo, sudor, lágrimas y sangre.
¿Pero no había sido Jason quien usurpó el lugar de Tim cuando este murió?
—¡Jason, ¿estás escuchándome?!
Lo habían alimentado, vestido y entrenado para ocupar un vacío en el alma de la familia. Se había ganado su lugar y lo mantendría a como diera lugar.
—Sujétate, bonita. Iremos a ver a las Aves de Presa.
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Tendido sobre el suelo acolchonado, Dick intentaba recuperar el aliento. Bañado en sudor, su rostro enrojecido le daba un aspecto lamentable. De pie frente a él, Damian lo observaba con aburrimiento y la burla brillaba en los ojos opacos de Tim. Sin rastro de cansancio o agitación alguna en ambos adultos, el menor se preguntó qué clase de entrenamiento habían recibido ellos para que ni con sus mejores movimientos los hubiera hecho sudar.
—Vamos Richard, ¿no ibas a patearnos el tra-
Un pellizco por parte de Red fue suficiente para callar las palabras del primer Robin.
—Lo que Damibú quiere decirte, Dickie, es que puedes hacerlo mejor. Estoy seguro de que papi Bruce te entrenó para más que esto.
Dando un último y largo suspiro profundo, el acróbata se puso de pie, asintiendo. Su cabello húmedo fue sujetado por los finos dedos de Drake y peinado cariñosamente hacia atrás. Dick pensó en agradecerlo el gesto cuando los brazos del mercenario se encerraron sobre su cuello y espalda en una llave certera que lo llevó de regreso al piso con un peso extra aprisionándolo dolorosamente.
La mirada penetrante de Damian le confirmó su error y lo hizo avergonzarse de sí mismo.
—Te lo hemos repetido muchas veces, Richard, nunca debes bajar la guardia. No confíes-
—"Ni en tu sombra", lo sé, Damian, lo sé.
La risilla burlona de Tim provocó un mohín de disgusto bastante adorable en el menor. Una seña por parte del heredero Wayne fue suficiente para que lo liberaran pero el pequeño Grayson se mantuvo en el suelo hasta que las manos frías de su risueño contrincante lo obligaron a ponerse de pie.
—Ve a darte un baño, Richard... Alfred no te dejará almorzar si hueles a pescado.
Refunfuñando, Robin abandonó la habitación bajo las miradas de los mayores.
Damian suspiró, emprendiendo marcha hacia la salida cuando el filo de una katana le rozó la nuca. La adrenalina subió tan rápido por su cuerpo que su respiración se cortó.
—Ahora que nuestro querido hermanito se fue, ¿quieres que bailemos un poco, Damibú? —ofreció Tim, empuñando con más fuerza el arma.
—Tú no tienes hermanos, Timothy —rechistó el héroe, atrapando fácilmente la otra katana que el mercenario le lanzó.
El sonido de las filosas hojas plateadas al chocar llenó la habitación.
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