Capitulo diez
- Escúchame, Harry, te aseguro que las cosas no son lo que parecen.
Harry apretó los labios. Había sido bastante ingenuo al pensar que Dumbledore dejaría pasar las cosas y ahora sufría una molesta persecución, a medida que luchaba por alcanzar la chimenea, para poder volver a la madriguera.
Aunque ahora, viendo que Dumbledore estaba ahí, sin que lo hubiese invitado, podía saber perfectamente que Molly Weasley no estaría muy contenta por recibirlo. Después de todo, ella le había pedido que confiase en él; insistió en que podía ayudarle.
Y se notaba que la mujer estaba preocupada, sí. Harry sabía que fue eso lo que la motivó a avisar a Lucius de su ubicación. Sin duda debió pensar que algún peligro le azechaba y quiso contar con el apoyo de "la familia de Harry" para hacer frente a cualquier irregularidad.
Pero Molly no sabía que la irregularidad se había dado en el interior de su propia familia. Y la verdad Harry no planeaba irlo contando a cuanto mago o bruja se encontrase en su camino. Para el joven, ese era un hecho que prefería no tocar de nuevo, aún cuando sabía que Molly haría lo posible por hacerle sentir bien.
Pero Harry no quería ser protegido por Molly. Esos seis meses le enseñaron que debía comenzar a defenderse bajo sus propios medios y eso era lo que había comenzado a hacer, tras investigar debidamente la manera de contactar con el congreso familiar y redactar su situación, para lograr que esa audiencia se desarrollara.
Todo salió como lo había planeado, excepto una cosa: no esperó ver que Dumbledore se presentara al sitio, intentando interceder por los Malfoy. Esa intervención retrasó que su demanda fuera cumplida y la verdad es que era comprensible, Albus tenía bastante credibilidad ante cualquier órgano gubernamental, y había demostrado que éste no era la excepción.
¿Qué demonios sabía Dumbledore de lo que le había motivado?
De repente Harry se detuvo y volteó a ver al anciano.
- ¿Usted lo sabía?
Dumbledore permaneció impasible e hizo un ademán negativo.
- Me enteré en el momento que los Malfoy entraron a mi oficina, exigiendo investigar la identidad del otro padre - murmuró - Sin embargo hay algo que debes saber; Lucius jamás actuaría con el propósito de dañar a su familia.
- Yo no era parte de su familia cuando planeó todo esto. Ahora creo que no lo fui jamás, aún estando casado con su hijo - gruñó Harry.
- ¿Qué puedo hacer para que consideres todo esto, Harry?
- ¡Por supuesto que nada! - exclamó indignado.
- ¿Te convertirás en la persona que separe a un hijo de su madre?
- ¿Madre? - Harry arrugó el ceño - Por Dios, Malfoy es un hombre. Apenas habrá diferencia.
- No realmente - Albus permaneció sereno - . Los pocos nacimientos entre padres varones, se destacan por el apego que el bebé tiene hacia su gestante. Cuando el gestante muere, por cualquier circunstancia, el niño lo resiente bastante.
Harry permaneció en silencio ante eso. No había necesidad de creer que Dumbledore le estuviese mintiendo, pero no se sentía del todo seguro de que fuera buena idea mostrarse débil, pese a que la idea de que algo le ocurriese a Malfoy, resultaba totalmente dolorosa.
Maldición, debería estar enojado con él, no preocupado.
Lo cierto es que necesitaba pensar al respecto.
- Draco ni siquiera deseaba al niño - musitó.
- Dudo que el señor Malfoy haya dado ese interesante espectáculo sólo para demostrar lo desinteresado que está en la situación. En todo caso, Harry, creo que le enseñaste a "amar" a ese bebé. ¿Ahora vas a arrebatárselo?
- ¿Pero me lo darían así de fácil? - ironizó el moreno.
- Has comprobado el método "deshonesto" de los Malfoy, al conseguir que formes parte de su familia. El congreso odia ser engañado. Te daría todo lo que pidieras, Harry. Aún con mi intervención, los Malfoy tienen las pruebas en contra.
Eso no hizo feliz a Harry.
Malditas costumbres mágicas. ¿Cómo se atrevían a arrebatarle un bebé a su gestante (hombre o mujer), solo porque habían comprobado ciertas irregularidades?
El chico apretó los labios, sacudiendo esas contradicciones de su cabeza. Después de todo era él quien había reclamado ese derecho.
Pronto sería libre del contrato matrimonial que le obligaron a firmar y podría olvidarse de todo el asunto.
Si el congreso se atrevía a darle al niño, los mandaría al soberano carajo.
Draco sería un estupendo padre. Estaba seguro. Además era parte de esa familia.
No le quitaría eso a su hijo, pese a que sería doloroso no tenerlo a su lado.
- Estaré en casa de mi padrino por un tiempo - anunció Harry y miró al anciano - . Prométame que nadie sabrá en donde estoy.
- Tus amigos se preocuparán.
- ¿Cree que mis amigos no saben de esto? - resopló Harry, sintiéndose satisfecho al notar que el anciano mostraba confusión, pese a que había mentido al respecto - No lo demuestran, porque así se los he pedido.
- Deberías hablar con tu familia, Harry - musitó Albus con tono conciliador.
- Yo no tengo familia - dijo el moreno con una seguridad que lastimó al viejo - Voldemort se encargó de aniquilarla, ¿lo olvida? Nada me la devolverá.
o.o.o
Narcisa Malfoy estrujó sus manos mientras avanzaba hacia la oficina. Le acababan de informar del regreso de Lucius, así que se apresuró a caminar para hablar con él.
Ella y Draco regresaron primero a casa. Estaba consciente de que Lucius había tomado tiempo para interponer un amparo a la demanda hecha por Harry, sin embargo los dos sabían que las pruebas eran contundentes y sería bastante difícil evitar que el matrimonio se disolviera.
Justo eso preocupaba a Narcisa, no sólo por el bienestar de su hijo. Había demasiadas cosas en juego.
Los ojos de su esposo se posaron en ella en cuanto atravesó el umbral. Al instante lo vio colocar esa retorcida sonrisa en su expresión, antes de servir vino en una copa y beberla suavemente.
- Imagino que Draco está enfadado.
- Lo está - confirmó ella y se acercó - No desea hablar con ninguno de nosotros.
- Se le pasará - murmuró el rubio con seguridad.
- No lo creo - musitó Narcisa.
- ¡Se le pasará! - insistió Lucius y miró a su esposa - ¡No tiene la libertad de mostrarse indignado por esto, ahora hay cosas más importantes!
Narcisa suspiró sabiendo a lo que se refería su esposo y se humedeció los labios.
- ¿Qué haremos cuando nuestro señor se entere?
- Tendremos tiempo suficiente para arreglar todo, antes de que eso suceda.
- Pero no creo que Harry desee cambiar de opinión - ella lo miró expectante - ¿Cómo vamos a arreglar todo?
Lucius sonrió. A decir verdad había estado pensando en la situación desde que recibió la cita por parte del venerable consejo. La situación se vio grave en el momento en que fue interrogado, pero ahora comprendía que las cosas no estaban del todo perdidas. No si Draco fue el creador de la poción de amor que Potter bebió. Ojalá Zabini le hubiese informado al respecto, demonios.
- Esto es trabajo de Draco - dijo convencido -. Llámalo. Quiero hablar con él.
o.o.o
El órgano Mágico, dedicado a la protección del sagrado vínculo familiar estaba integrado por ancianos, en su mayoría. Ello explicaba que sus ideas resultasen ser un tanto anticuadas, especialmente ante el inevitable cambio de valores que se estaba dando entre los jóvenes, quienes menospreciaban los ilustres y viejos fundamentos del antiquísimo congreso de viejos.
Si el resguardo que brindaban a la familia era asfixiante, hablar de un heredero despertaba sus más arrolladores instintos protectores. Cosa que acentuaba a grados enfermizos cuando el chico que engendró intentaba eludir su responsabilidad; dado el caso, los padres de la dama ofendida tenían derecho a exigir el reparo al daño recibido; lo que garantizaba una familia sólida al nuevo miembro por nacer.
No dejaba de ser, sin embargo, una idea anticuada y, a la larga, cruel, para los jóvenes que eran obligados a vivir juntos. Las cosas salían bien cuando se conservaba el amor entre ellos (o se daba con el paso del tiempo). Si no era el caso, la pareja podía prepararse para una triste vida de matrimonio.
Claro que el grupo de ancianos era muy orgulloso como para admitir un fracaso de tal magnitud, así que eran muy discretos cuando ocurría algo así.
No era extraño que fueran igual de discretos ahora, ante la posibilidad de una disolución matrimonial, más cuando fue comprobable la mala intención de la familia que se atrevió a exigir un reparo.
Sencillamente resultaba hilarante. Discreto y silencioso, pero hilarante.
Los trámites para disolver el contrato matrimonial se hicieron de inmediato. A decir verdad, resultaba curioso notar la eficiencia de un grupo de ancianos, lo que podría haber agradado a Draco, si no fuera porque todo eso era un terrible error. Fue por eso que el rubio se resistió a firmar el documento, volviendo a pedir una oportunidad para declarar. Por desgracia el grupo de magos estaba tan indignado como Harry Potter, por el atrevimiento de Lucius Malfoy, quien torció, utilizó y ofendió las leyes del Noble lazo matrimonial. Y, aún con la intervención de Albus Dumbledore, el resultado era predecible. Sencillamente lo habían retrasado.
Si no fuera por la impecable discreción de los ancianos, el patriarca Malfoy sabría lo que era ser desprestigiado por un noble órgano mágico.
Draco no pensaba darle la misma oportunidad a su padre, por eso se encerró en su habitación, pensando en alguna forma para resolver todo eso.
Increíble.
Un momento todo podía ser miel, amor y arrumacos, para transformarse en un verdadero y jodido infierno.
Sin embargo Draco no estaba enfadado. No con Harry, al menos. El moreno tenía todo el derecho de exigir el reparo a la ofensa recibida. No tenía razón, cierto, pero sí derecho.
Draco, mientras tanto, había hecho gala de enfado y se negó a hablar con sus padres. No porque no tuviese nada que decirles. Pensaba, más bien, en el evidente hecho de que Harry hablase con Granger, después de todo lo dijo: "Mi amiga Hermione vio el momento en que Draco se la entregó a Blaise Zabini."
Aunque... ¿No dijo ella que le daría oportunidad de saber lo que ocurrió verdaderamente?
En ese caso Harry no pudo escucharlo directamente de ella.
¿Quizá... los escuchó hablar, cuando ella fue a visitarle?
Harry estuvo muy extraño el resto de ese día. De hecho parecía... esperar algo.
El rubio suspiró. Tuvo la oportunidad de insinuar la situación y no lo había hecho.
Aunque no era lo preocupante. Desde que habló con Granger, tuvo que recordar un pequeñísimo detalle que no quiso afrontar, mucho menos ahora que estaba legalmente casado con Harry Potter.
Bueno. Ahora que Harry estaba por disolver el contrato nupcial, no tendría importancia.
Le debía eso, al menos, ¿no?
Draco palmeó su redonda barriga y torció los labios. A decir verdad ambos estaban en ese problema por imprudencia del rubio. No sólo no había previsto la posible acción que realizaría su padre ante la posibilidad de verse sin descendencia; también había dejado una potente poción sin antídoto.
Con memoria o sin memoria, había una poción en juego.
Lamentablemente Draco había sido lo suficiente estúpido como para contaminarse con la sustancia, lo que justificaba sus cursis deseos.
Ahora, con el reclamo de Harry, pudo recuperar un poco de cordura y comprendió que los meses en que estuvieron juntos se dedicaron a exaltar todas las bondades en sus personas, justamente lo que debería provocar una poción alterada con un hechizo desmemorizador, pero que no tuvo cura. Así que no era de extrañarse que Draco estuviese seriamente idiotizado por todas las virtudes que veía en su flamante esposo, a medida que los meses pasaban; haciéndole desear más. Enamorándolo de forma estúpida, aunque en menor grado que a Harry, quien bebió una dosis considerable.
En resumen, ambos estuvieron influenciados por el filtro amoroso, conociéndose, sí, pero negándose la oportunidad de admitir que cada uno de ellos poseía defectos. Resultando, claro, en un matrimonio rosa y feliz.
Draco debería agradecer a Harry por hacerle notar eso. Y al final de cuentas tenía razón. Ello merecía que le diera su libertad, jurídica y emocionalmente.
Y, una vez que el bebé naciera, Draco podría recuperarla también.
El chico se puso de pie y avanzó hacia un cajón donde había acomodado toda la ropa de bebé que Harry compró para su hijo. Metió las manos hasta el fondo donde extrajo unos pergaminos perfectamente doblados.
Ahí estaban todos los ingredientes de la poción. Al reverso, se leía aquello que debería ser el antídoto.
Lo malo es que no podría prepararlo personalmente, debido a su estado, pero sabía de un mago dispuesto a hacerlo.
Bien.
Pensando en ello escribió un largo mensaje. Al terminar lo revisó detenidamente y sonrió, satisfecho con él. Salió de la habitación y caminó hacia la lechuzería para atar el mensaje a la pata del animal más veloz y le indicó el destino.
Mientras miraba marchar al ave apretó los labios.
¿Debería decirle también a Granger?
Draco tomó otra lechuza y caminó de regreso a la habitación con la intención de redactar el mensaje, sin embargo fue interceptado por su madre, quien miró al animal con interés.
- ¿Algún mensaje para Harry? - preguntó ella.
- ¿Por qué debería? - Draco sonrió con sorna -. No creo que Potter quiera saber nada de mí.
- ¿Pero piensas dejar las cosas así?
- ¿Por qué no? - retó el rubio -. No fue idea mía que fuera mi esposo. No tengo ninguna obligación de retenerlo. Además, creo que Potter será bastante firme en su decisión.
Narcisa arrugó el ceño, descomponiendo sus perfectas facciones y tomó a su hijo de la mano para llevarlo a la oficina. En el interior estaba Lucius, bebiendo tranquilamente. Draco bufó e intentó escapar.
- Debes saber algunos detalles de este plan, Draco - dijo Lucius.
El joven se detuvo y volteó a mirar a su padre.
- ¿Para qué? - siseó -. No estaré de acuerdo con nada de esto, de todas maneras.
- No importa si estás de acuerdo o no - Lucius se puso de pie -. Es tu obligación mostrarte a favor, por el bien de nuestra familia.
- ¿Familia? - ironizó el rubio - ¡Desde un principio has jodido a nuestra familia! ¿Cómo te atreves a decirme eso, padre?
- Basta, Draco - pidió Narcisa.
-¿Por qué debo guardarme mi opinión? - retó el joven - ¡Yo no quería nada de esto! ¡No lo necesitaba! ¡Si esto ocurrió fue porque no pudieron aceptar que su hijo no les daría descendencia! ¡¡La trampa no fue para Potter!! ¡¡La hicieron pensando en mí!!
Un bofetón calló las protestas del Draco. Con odio miró a su padre y levantó la barbilla, sin darle el gusto de verlo tocarse la mejilla lastimada, que comenzaba a enrojecerse.
- Nuestro Dark Lord está al tanto del plan - informó Lucius con una frialdad que hizo temblar a Draco -. Sé que puedes imaginar la magnitud de las consecuencias, si llega a enterarse que Potter ha disuelto tu pacto matrimonial. Por ello debes hacer todo lo posible por convencer a tu esposo de que regrese.
Draco miró a su madre. Ella desvió la mirada, incapaz de darle el apoyo que necesitaba para no desquebrajarse.
No, ¡no!
- ¿Cómo pudiste hacernos esto, padre? - se mordió el labio inferior -. Harry tiene toda la razón al haber exigido la disolución matrimonial. Tenía razón al no querer confiar en nosotros.
- ¡No me vengas con estupideces, Draco! ¡No podemos permitir que se nos castigue por esto!
- ¡¡Pero es que lo merecemos!! - exclamó el rubio - ¡Nada te da el derecho a jugar con las personas! - se humedeció los labios - Quizá, pueda hacerlo conmigo, soy tu hijo, pero no debiste atreverte con Harry.
Lucius sonrió y levantó la barbilla de Draco.
- Bebiste de la poción, ¿cierto?
- ¿Cómo piensas que yo cometería semejante estupidez? - evadió el chico, librándose del contacto y desvió la mirada para no evidenciar su turbación -. El asunto del filtro amoroso es cuestión pasada. No tiene nada qué ver ahora.
- En realidad tiene importancia - contradijo Lucius -. Crearás de nuevo el filtro y nos aseguraremos de que Potter lo beba. De esa manera no tendremos que preocuparnos por todo esto.
No.
Draco permaneció en silencio.
Había pensado en muchas formas de estar bajo el mando del Dark Lord, todas ellas antes de lo ocurrido en navidad. Después de eso, tuvo un lapso liberador, que le hizo ilusionarse, al ver que estaban del lado contrario.
Ahora resultaba que todo fue mentira. Sus padres lo utilizaron para atrapar a Harry.
¿Debería apoyarlos?
Eran sus padres, después de todo. Podrían ser algo negativo, pero no tenía otros.
Draco se llevó una mano al hinchado vientre y apretó los labios.
No. Tenía otra responsabilidad ahora.
Lo cierto es que necesitaba tiempo, como su padre dijo. Tres meses más, al menos. Así podría asegurarse de que su hijo estuviese a salvo, bajo el cuidado de Harry.
Después de todo había exigido la custodia, ¿cierto?
Lo mejor era que Harry cuidase del bebé. Si el niño permanecía con los Malfoy, sólo padecería su lamentable suerte, ahora que el plan de su padre había fallado.
- Comprendo - dijo a su padre, percatándose del gesto de alivio en rostro de Narcisa - . No puedo acercarme a los ingredientes por mi estado, así que necesitaré ayuda con la poción. Ayuda de alguien a mi nivel.
- No hay problema. Estoy seguro de que tu padrino querrá hacerla.
o.o.o
Harry terminó de instalarse en la solitaria habitación y se acomodó en la cama, mirando el techo con desinterés.
Molly no pareció querer dejarlo ir, pero Harry se había vuelto un experto para fingir, y le mintió a la mujer. Ahora estaba ahí, cuando todos creían que volvió con los Malfoy.
El moreno suspiró y volteó hacia una ventana, escuchando el revoloteo de una lechuza. Abrió y tomó el mensaje; era de Hermione. Ese era el primer mensaje luego de una semana en que ella visitara la Mansión costera de los Malfoy, para platicar con Draco. Y, a juzgar por el contenido, no sabía nada de la audiencia que Harry exigió.
¿Qué razón tenía Draco para ocultárselo?
Harry bufó y caminó para escribir una respuesta a su amiga. Si Draco no quería informarle las circunstancias, él no lo haría tampoco.
Justo estaba a punto de iniciar cuando escuchó un nuevo aleteo. La lechuza se acercó estirando la pata donde se veía un cuidadoso mensaje atado y Harry lo desprendió.
Era del congreso. Le informaban que se aceptó el amparo impuesto por Lucius Malfoy, quien buscaría pruebas para no disolver el contrato matrimonial.
Vaya.
El mismo congreso escribió una nota para Harry, pidiéndole que no se preocupara. Estaban seguros de que el resultado le favorecería.
Aunque Harry ya no estaba seguro de eso. Ya no creía que existiera algo a su favor.
Que... jodido día.
o.o.o
Severus Snape se lo advirtió a Albus. El plan era muy arriesgado.
¿Cómo pudo poner una carga de esa índole a un muchachito insulso, cuyas reacciones eran absolutamente impulsivas, carente de todo razonamiento o conveniencia?
Sencillamente era irresponsable.
Pero Albus apoyaba la idea. Dio razones bastante convenientes, defendió y confió en el buen juicio de Potter.
Severus no confiaba. ¿Cómo iba a hacerlo, si todo eso se había dado de forma totalmente ridícula y repentina?
Draco no debió estar preñado, por principios de cuenta. Para estar en estado, se requería de un ingrediente especial y caro. Pero eso no fue lo peor, por Merlín; el padre resultó ser Potter. ¡Joder! ¡Potter!
Severus podía comprender el comportamiento sobre protector de Lucius, pero no lo notó tan decepcionado. En ese momento pensó que se debía al nieto que vendría en camino, ahora, con la carta de Draco, comprendía que no fue eso.
Luego de recibir ese mensaje; llegó el de Lucius, explicándole la situación desde una perspectiva aún más peligrosa; lo que hizo comprender al maestro de pociones que no tenía tiempo qué perder.
Era esa la razón por la que estaba ahí, en la casa de los Malfoy, penetrando con pasos firmes, hasta ser recibido por Lucius.
Debería estar molesto por lo que el rubio hizo, pero su preocupación le sobrepasaba.
- Draco ha preparado una lista de ingredientes - informó el adulto.
Severus asintió.
- Debo saber qué tipo de variaciones hizo a la poción - murmuró.
- Opino que no habrá problema... Draco y tú se divertirán, hablando de pociones. Así que les daré espacio.
Sería el colmo que Lucius estuviese espiándolos, después de lo que hizo, pensó Severus con ironía y caminó hacia la habitación de su ahijado. Le chocó ver la redondeada forma del vientre del chico, pero no comentó nada. Hechizó la habitación para garantizar la privacidad de lo que hablarían y se sentó en la única silla que estaba dispuesta, frente a la cama.
- Explícamelo ahora - exigió -. Quiero todos los detalles. Absolutamente todos.
Draco hizo un ademán y suspiró.
Comenzó con lo que había iniciado el problema. El impacto que tuvo su padre, al descubrir la orientación sexual de su único vástago, desgastó su comunicación, al grado de que el rubio regresó al colegio sin haber cruzado una palabra con él. Un mes después, la derrota en un partido de quidditch, por parte de Gryffindor, hizo que Blaise propusiera una broma para darle su merecido al capitán.
- Fue el primer partido - recordó Severus con una ceja enarcada.
- La idea de Blaise era buena - murmuró Draco - Bastante siniestra, a decir verdad. Pero requería de una poción especial, justo la que no requería de destinatario.
Una poción que tardó casi 4 meses de trabajo, entre investigación, recolección y creación. Cuando estuvo lista, Draco no pudo sentirse más satisfecho.
- Sólo era una broma - murmuró el rubio.
- Muy pesada - ironizó Severus.
- ¿Debería esperarse algo menos impactante de dos Slytherin? - preguntó Draco.
Severus permaneció en silencio, claro que no.
- Pero no esperabas que Zabini estuviese aliado con tu padre - completó.
Draco hizo un ademán negativo.
- ¿Y qué es lo que harás ahora, Draco? La situación no está para estar dudando. Es importante que Voldemort conserve la paciencia, y no lo hará sabiendo que tu lazo nupcial se ha roto. Quizá la única solución sea volver a cocinar la poción y dársela a ese estúpido.
- No - Draco frunció el ceño.
- ¿Es que no comprendes la situación?
- Por supuesto que la comprendo - objetó el rubio - En cuanto esto se sepa, mi familia será severamente castigada. ¿Pero debería entregar a Harry Potter, sólo para salvarme? En realidad el resultado sería el mismo - miró a su padrino -. No quiero que Harry pierda.
Severus enarcó una ceja.
- Tu padre no permitirá que sacrifiques a la familia.
- No haré eso - el rubio dejó ver una sonrisa retorcida y se tocó el vientre -. Dejaré lo mejor de mi familia. Sólo necesito tiempo y discreción para que usted prepare el antídoto de la poción que aún funciona en el cuerpo de Harry.
- Eso no solucionará nada - Severus se exasperó.
- Harry no dejará a su hijo, aún si deja de amarme. Creo que soluciona todo. Por el momento hay que ser discretos con la información que se da, respecto al caso. No necesito que alguien indeseable se entere de todo esto.
o.o.o
Hermione ahogó un gemido al terminar de leer el pergamino que la enorme lechuza gris le acababa de entregar y caminó a toda velocidad hacia la habitación para escribir la respuesta.
Una clase estaba por empezar, pero no tenía importancia, por ello avanzó hasta la sala común, llegado a su habitación comenzó a revolver pergaminos, la mayoría de Harry.
Había estado manteniendo correspondencia con él, pero hace casi 4 semanas la redacción de su amigo había sufrido una distorsión que no comprendió. Ahora notaba que fue un error de su parte.
El pergamino recién recibido era de Draco. En su contenido se podían comprender muchas de aquellas características que Harry cambió al comunicarse con ella. Y la razón era muy simple Harry le estuvo mintiendo respecto a su relación con el rubio.
Sin embargo no era lo grave. Draco le informó algo aún más prioritario que debía atender de inmediato. Eso le hizo responder rápidamente, asegurándose de atender todo lo que Malfoy le informaba. Al final coincidió con él: debía asegurarse de poder localizarlo en todo momento, sin importar las circunstancias físicas o mágicas que se interpusieran.
Draco estaba por completar el séptimo mes. Y necesitaba dos más.
