Digimonnomeperteneceyescriboestahistoriasinfinesdelucro.

Escribe a partir de una imagen, de Foro Proyecto 1-8


Solo tengo una sonrisa

~Y espero una de vuelta~


La vuelta al mundo, Calle 13


Kenyako.

Imagen número 157. Chica en río, propuesta por BlueSpring-JeagerJacques

Náyade


Ken pensaba que Miyako era hermosa. Hermosa. Hermosa.

La suya no era una belleza clásica. Su piel era clara pero sus extremidades largas le conferían no solo una altura llamativa sino también una cierta asimetría desgarbada que a él atraía como un punto de luz en movimiento a un pequeño gato.

Miyako era hermosa y Ken no podía mirar a otra mujer. Ni siquiera. No podía mirar a otro lado.

El río discurría con parsimonia bajo sus pies, el viento cantaba entre los sauces llorones y el sol pintaba impresionismos sobre el agua tranquila.

Pero Miyako era hermosa y Ken no podía pensar claramente cuando ella se ponía su bikini, se quejaba del frío y se cubría con un abrigo blanco, grande, suelto, tejido en crochet por ella misma.

Porque aparte de hermosa, hermosa, ¡tan hermosa! Miyako era absolutamente habilidosa y a Ken no le daban los dedos de sus manos para contar sus aptitudes ni para atesorar los tonos de su voz.

Miyako, con su bikini y su pelo atado en un rodete desprolijo, se paseaba de un lado al otro por la orilla del río. Ken quería que se sacara el abrigo y también la malla, pero no se animaba a pedirlo.

―Eres una náyade ―pensó, pero en realidad lo dijo.

Miyako lo miró con sorpresa porque no esperaba que hablara, tal vez. Ken la había detenido en el momento menos ideal: cuando se desataba las tiras superiores de la bikini, porque quería sentir el roce de la tela sobre su cuerpo o porque quería enloquecer a Ken y llevarlo fuera de esta tierra.

O arrastrarlo, adentro, más adentro, al fondo del río. Con ella, la náyade del digimundo, hermosa, hermosa.

―¿Crenea, pegea? ¿O tal vez limnade?

Ken sonrió. La persiguió hasta el agua mientras ella, juguetona, lo salpicaba con los pies.

―¿Te das cuenta de lo que haces en mí? ―preguntó, abalanzándose sobre ella, abrazándola, metiéndole las manos bajo la ropa, queriendo desarmarla ahí mismo―. ¿Qué otra mujer en este mundo me respondería con mitología griega? ―Le sostuvo el rostro, le corrió los cabellos, la miró fijo―. Hermosa, hermosa ―repitió.

Miyako no se creía hermosa y pensaba que Ken exageraba porque era su novio.

Infernae paludis ―prosiguió Ken, abandonado de timidez, tironeándole el bañador hacia abajo, apretándola, alzándola contra sí.

―Una náyade del inframundo ―murmuró Miyako en su oído, besándolo, atrayéndolo hacia el agua, hundiéndolo con ella.

Más abajo, más abajo… más al fondo y más hacia adentro del río, su náyade personal, su ninfa del río profundo.


Notas: Este drabble participa de la campaña #UnKenyakoporDaisuke, porque cada día que no se escribe un kenyako, un Daisuke sufre en el mundo.

Las náyades son las ninfas del río, las creneas, pegeas y limnades son ninfas de algunos ríos en particular y la Infernae Paludis es una ninfa de los ríos del inframundo. Y todo esto es para mi linda ShadowLights, que sabe de estos temas mucho más que yo.