Hola hola jeje para que miren que no soy nada mala jeje
Disfruten!
Recuerden de que nada me pertenece. La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 11
Jasper dio un rodeo, pasó serpenteando y describiendo círculos alrededor de su objetivo, hasta que se aseguró de que ninguno de los coches aparcados estaban ocupados.
Había también tráfico de peatones. Jasper se fijó en éstos la segunda vez que pasó por la calle. Estaban haciendo negocio, pensó. Y aquella clase de negocios mantenían a la gente en danza.
—Bonito barrio —comentó ella, viendo a un borracho que salía tambaleándose de una licorería con una bolsa de papel marrón en la mano—. ¿Es el tuyo?
—El de Ralph. Sólo estamos a un par de manzanas del tribunal —Jasper pasó delante de una prostituta que caminaba más aprisa de lo habitual y dobló la esquina—. A él le gusta.
Alice sabía que hasta los taxistas más temerarios preferían evitar aquella zona, en la que la vida a menudo valía menos que un escupitajo en la acera, y aquéllos que valoraban la suya atrancaban sus puertas antes del anochecer para esperar la mañana. Allí, los graffiti que manchaban los edificios ruinosos no eran una forma de arte. Eran amenazas.
Alice oyó que alguien maldecía violentamente y que a continuación se desataba un estrépito de cristales rotos.
—Un hombre de gustos refinados, tu amigo Ralph.
—Ex amigo —él la tomó de la mano y salió, obligándola a deslizarse sobre el asiento.
—¿Eres tú, Withlock? ¿Eres tú? —un hombre salió de entre las sombras de un portal. Tenía los ojos inyectados en sangre y la mirada nerviosa como la de un perro apaleado. Se pasó el dorso de la mano por la boca mientras se adelantaba renqueando, ataviado con unas zapatillas de bota viejas y un abrigo que debía resultar sofocante en el calor de pleno verano.
—Sí, Freddie. ¿Qué tal va eso?
—Me ha ido mejor. Me ha ido mejor, ¿sabes, Jasper? —sus ojos pasaron sobre Alice y siguieron moviéndose—. Me ha ido mejor —repitió.
—Sí, lo sé —Jasper metió la mano en el bolsillo de su camisa y sacó un par de billetes—. Te vendrá bien una comida caliente.
—Una comida caliente —Freddie miró fijamente los billetes y se humedeció los labios—. Sí, me vendrá bien, ya lo creo.
—¿Has visto a Ralph?
—No —los dedos temblorosos de Freddie se extendieron hacia el dinero y lo aferraron. Pero Freddie alzó la mirada, parpadeando, al ver que Jasper seguía sujetando los billetes—. No —repitió—. Habrá cerrado temprano. Es fiesta, el Cuatro de Julio. Los puñeteros críos llevan todo el día tirando petardos. Parecen tiros. Malditos críos.
—¿Cuándo fue la última vez que viste a Ralph?
—No sé. ¿Ayer? —miró a Jasper buscando aprobación—. Ayer, seguramente. Llevo aquí un rato, pero no lo he visto. Y su local está cerrado.
—¿Has visto a alguien raro por aquí?
—A ella —Freddie señaló a Alice y sonrió—. Ella no es de aquí.
—Aparte de ella.
—No, a nadie —su voz se volvió lastimera—. He estado mejor, ¿sabes, Jasper?
—Sí —sin molestarse en suspirar, Jasper le dio los billetes—. Piérdete, Freddie.
—Sí, vale —Freddie echó a andar a buen paso calle abajo y dobló la esquina.
—No va a comprar comida —murmuró Alice—. Ya sabes lo que va a comprar con eso.
—No se puede salvar el mundo. A veces ni siquiera se puede salvar un cachito. Pero puede que esta noche no atraque a nadie, ni le peguen un tiro intentando hacerlo —Jasper se encogió de hombros—. Está muerto desde la primera vez que recogió una aguja. No puedo hacer nada al respecto.
—Entonces, ¿por qué te sientes tan mal? —ella arqueó una ceja mientras él la miraba—. Lo llevas escrito en la cara, Withlock.
—Freddie antes tenía familia —contestó él—.Vámonos —condujo a Alice calle arriba y torció hacia el lateral de un edificio. Para sorpresa de Alice, abrió las esposas—. Supongo que no serás tan tonta como para intentar huir en este barrio —sonrió—. Y, además, tengo tu piedra guardada en el maletero del coche.
—En una calle como ésta, tendrás suerte si el coche sigue allí cuando vuelvas.
—Saben que es mío. No le harán nada —Jasper se dio la vuelta y sobresaltó a Alice al propinar dos fuertes patadas a una deslucida puerta gris.
Alice oyó rajarse la madera y frunció los labios, admirada, cuando la puerta cedió al tercer intento.
—Buen trabajo.
—Gracias. Y si Ralph no se ha vuelto listo y ha cambiado el código, todo arreglado —entró, observó el cajetín de la alarma que había junto a la puerta y marcó rápidamente unos números.
—¿Cómo es que sabes su código?
—Me gusta enterarme de las cosas. Apártate —Jasper levantó la puerta rota y la colocó de nuevo en su lugar dando muestras de una fortaleza que admiró a Alice—. Debió ponerla de acero. Es un tacaño.
Encendió las luces y observó el pequeño recinto que, atestado de cajas de archivos, olía fuertemente a humedad. Alice vio escabullirse a una rata.
—Encantador. Hasta ahora me han impresionado mucho tus socios, Withlock. ¿Su secretaria se ha tomado el año libre?
—Ralph tampoco tiene secretaria. Es muy ahorrador. El despacho está por aquí.
—Estoy deseando verlo —Alice lo siguió mirando el suelo, recelosa de los ratones y de cualquier otra criatura con más de dos pies—. Esto es lo que llaman allanamiento de morada con nocturnidad y alevosía, ¿no?
—Los polis le ponen nombre a todo —Jasper se detuvo con la mano sobre el pomo de una puerta y miró hacia atrás—. Si buscabas a alguien que llamara amablemente a la puerta, no deberías estar conmigo.
Ella alzó el brazo e hizo tintinear las esposas.
—¿Recuerdas esto?
Él se limitó a sacudir la cabeza de un lado a otro.
—No deberías estar conmigo —repitió, y abrió la puerta.
Ella contuvo el aliento, pero aquel fue el único sonido que emitió. Más tarde, Jasper admiraría el dominio de sí misma del que había dado muestras.
La luz del vestíbulo entró en el despacho, del tamaño de un armario. Dos de las paredes estaban flanqueadas por armarios archivadores gris metalizado, rayados y abollados. Sobre los cajones abiertos, dispersos por el suelo y tirados sobre la mesa, se agitaban los papeles, sacudidos por la brisa de un ventilador eléctrico.
Había sangre por todas partes. Su olor le revolvió el estómago a Alice, que apretó los dientes y tragó saliva con dificultad. Sin embargo, su voz sonó firme cuando preguntó:
—¿Ése es Ralph?
Oh oh parece que encontraron al amigo de Jasper? sera que encontraran algo que los guie hasta Bella o a los matones? jeje ustedes q creen
espero sus reviews
byee
