Capítulo 10

A las tres, Severus despertó a Harry como este le había ordenado. El ojiverde se levantó y le ordenó que le preparara el baño, pero esta vez hizo que Severus le acompañara dentro y, poniéndole la esponja en la mano, le exigio que le lavara. Severus, por su parte, no era tan suave como Lucius, aun así lo intentaba bañando al de ojos verdes como lo hubiese hecho el rubio mayor.

—Lava mi cabello —le indico Harry, pasándole el champú.

—Eres algo mimado, Potter —dijo, lavando suavemente el inmanejable cabello negro, como la noche, del menor. Harry sonrió cuando Severus terminó y le aclaró el pelo. Salió de la amplia bañera y extendió los brazos hacia los lados para que Severus le secara y le pasara la ropa. Se vistió ante los ojos de su ex—profesor. Cuando terminó, tomó a Severus de la cintura y lo atrajo para besarlo profundamente. Introdujo su lengua en esa boca, explorándola a gusto, tal cual dueño y señor.

—Tú también deberías ser inteligente, mi Severus. Recuerda lo que te dije sobre Ron; a mí también se me aplica. Los leones somos fáciles de mantener felices. Averigua lo que quiero, dámelo y pondré el mundo a tus pies, incluso ante los de Lucius. Cabréame, traten de escapar de mi o de abandonarme, y los destruiré a ambos y a todo lo que aman —le dijo dulcemente, con la frente inclinada descansando sobre la de Severus.

El de ojos morenos no podía negarlo: No quedaba nada del niño escuálido que era Potter. Aun así... Severus no podía dejar de asociarlo con James. Cuando sintió la boca del menor sobre la suya, la abrió para él, aceptando su beso. Después de todo, era una serpiente astuta que había pasado demasiado tiempo sirviendo a dos amos, así que ¿qué sería otro amo más en su patética vida?

—¿Averiguar lo que deseas? —dijo mirándole—. ¿Que deseas Potter? Hasta ahora me he comportado bien.

—Eres listo, mi Severus. Sé que lo averiguarás. —Sonrió, besando sus labios una última vez—. Vamos, ordena mi cena —le dijo, dándole una nalgada para que saliera del baño antes que él.

Cuando se sirvió la cena, de nuevo repitió el acto de sentarse en las piernas de Potter y darle de comer. Esperaba que fuera de noche y que Lucius le diera el vial a Draco; esperaba saber qué diablos quería Potter para poder sobrevivir; esperaba muchas cosas; entre ellas tener suerte de nuevo.

A las seis, Harry fue por Ronald para cumplir el encargo que tenían. Se le permitió a Lucius asear a Draco y alimentarlo, pues, como castigo por su huida, el rubio había sido ignorado por el pelirrojo durante todo el día, por lo que llevaba todo el día con el culo taponado, no había probado más comida que la del desayuno y no se había podido mover de su cama con el mismo pañal que le pusiera Lucius por la mañana. Como siempre, Ron dejó la recordadora encendida para no perder detalle de nada de lo que sucediera en su habitación. Era un león controlador que quería saber todo lo que pasaba en su entorno; no podía evitarlo.

Lucius, por su parte, llegó en cuanto le autorizaron a ir con su hijo, desató al rubio menor y lo ayudó a ir al baño, quitando aquel sucio pañal de adulto, para luego servirle la comida… una muy ligera debido a "ciertas cosas" que el pelirrojo le había dejado dentro. Lucius le contó a Draco del plan para salvar su bonito culo. Al principio, Draco maldijo, gritó y lloró, incluso pateó y rompió cosas.

—Draco, es cuestión de supervivencia —le dijo serio Lucius—. Debemos vivir un día a la vez. Para nuestro señor, no somos más que piezas de ajedrez; peones, Draco. A él no le importa si morimos. Si queremos vivir, tenemos que usar cualquier ventaja a nuestro favor. Piensa, Draco. Sé inteligente. Si esa ventaja es un traje de mujer, úsalo —le ordenó—. Ten la cabeza fría y la frente en alto, que al menos viviremos un día más. Así tendremos la esperanza de la huida o de nuestra salvación —dijo, arreglándole el cabello rubio, para luego empezar a colocarle un hermoso vestido negro de la difunta Narcisa a su furibundo hijo, que si bien no se veía feliz, sí se quedó quieto y dejándose vestir. Cuando terminó y se vio en el espejo, Draco gimió descontento por la humillación. Además ese traje… era de los favoritos de Narcisa. Su mente se llenaba de recuerdos de su hermosa madre al usar ese traje. Lucius sacó un pintalabios de brillo de Narcisa, que aún estaba guardado entre sus cosas, y se lo aplicó en los rosados labios a su hijo como toque final. Luego, Lucius le miró satisfecho con el resultado y sacó de su túnica un vial.

Bébelo... Sabes que hará Weasley. Eres virgen pero no eres idiota —le dijo con una mirada seria—. La hizo tu padrino, así que, aunque la comadreja te tome, no saldrás… —Lucius se interrumpió con miedo de llamar a la mala suerte—. No podemos permitir que se entere de que eres un doncel. —Besó su cabeza—. Tu padrino, tu madre y yo hemos protegido ese secreto con nuestras vidas. Vamos, vuelve a la cama que debo atarte —le dijo Lucius con un suspiro. Y así lo hizo, abandonando la habitación con la esperanza de que su hijo tuviera más suerte así disfrazado.

-o-o-o-

Ron y Harry demoraron bastante porque se reunieron con Bill. Le preguntaron si se sentía lo suficientemente bien como para, el viernes, dar el golpe que les permitiría recuperar a los gemelos y a Percy. El pelirrojo aseguró que se sentía más fuerte que nunca y se despidió de Greyback para volver con ellos a sus habitaciones en el piso más alto del ala este.

Ronald se despidió de Harry y Bill frente a la puerta de su alcoba y entró a su habitación, yendo por Draco. Ya era hora de jugar, pero se quedó de pie, congelado, al verlo. Se veía precioso. Tenía un hermoso vestido negro largo, de esos de falda kilométrica, que volvía locas a las mujeres, y que a él le gustaba ver en una dama. Podía jurar que tenía algo de rímel en los ojos, su cabello estaba adornado con una rosa negra y una delicada gargantilla estaba posada sobre su cuello. Se veía precioso, pero había algo que no cuadraba en ese hermoso marco. No era correcto que una dama estuviera atada de esa forma. Como mucho, debía tener un grillete en su pie del más fino, suave y sedoso oro, si se había portado mal para que no escapara. Pero no debería tener sus manos atadas así: de una forma tan vulgar, con unos grilletes tan vulgares, que ni siquiera eran de plata. Reaccionó al fin, se acercó con prisa al rubio y desató sus manos, ayudándole a sentarse en la cama.

—Lo siento, milady —se disculpó caballerosamente, con una mirada seria, mientras frotaba las pálidas muñecas del rubio, que no estaban marcadas debido a que los grilletes, estaban forrados para evitar que el rubio se cortara.

Draco se había odiado así mismo cuando escuchó la puerta. Sólo iba a hacer el ridículo así vestido. El sentimiento que se acrecentó cuando Weasley se quedó parado ahí, mirándole. Iba a insultarlo hasta que Merlín reviviera cuando Ronald al fin, se movió y le desató. Se sintió raro por el comportamiento del pelirrojo. ¿Milady? ¿En serio le acababa de llamar Milady?

—Weasley —dijo en un bajo siseo.

—¿Si mi lady? —preguntó Ron, mientras dejaba de revisarle las manos al asegurarse de que no estaban lastimadas y le miraba a la cara—. ¿Necesita algo? ¿Desea cenar? ¿Utilizar el cuarto de aseo? —le preguntó con un tono muy correcto. No había nada de las palabras vulgares del día anterior, cuando Draco aparentaba ser el chico que era en realidad. Ahora se portaba como todo un verdadero caballero con su dama: obvio que sabía que era Malfoy y que éste había nacido hombre, pero nunca se imaginó que fuera un travesti. Pero, si se identificaba con una mujer, como una y con el debido respeto la trataría.

Draco se sorprendió ante sus palabras. Era como había dicho su padre; en realidad no había esperado más que ese loco plan le hiciera hacer el ridículo.

—¿Puedo ir al baño?

—Por supuesto.

—¿Po…Podrías quitarme el hechizo? —preguntó más suave al ver que conseguía sus demandas.

—Oh, por supuesto. Mis sinceras disculpas —dijo moviendo la varita. Claro que no habían medido el tiempo que Draco había estado conteniéndose con eso metido en su ano. En cuanto el hechizo dejo de retenerlas, las bolitas se salieron de su culito rodando fuera del vestido hasta los pies del pelirrojo, mientras Draco sentía la urgencia de evacuar sus intestinos ahora que nada los bloqueaba.

—Oh mier...— Draco gimió cuando sintió esas cosas salir y de un salto salió corriendo al baño encerrándose en él y dándole la oportunidad al pelirrojo de ver el dichoso video... "Virgen" "Huida" y, sobre todo, "Doncel" fueron las palabras que más fuerte escuchó el pelirrojo.

Ron esperó muy serio, con la recordadora en su mano, fuera del baño y no entró en éste, tumbando la puerta de una patada a reclamarle al rubio, solo porque no era correcto hacer eso a una dama, ni darle una buena bofetada por ocultarle que era un doncel, ni otra por tener la idea de que podía huir. Si era acreditaría ambas cosas de un par de nalgadas cuando practicaran sexo, pero tal vez, y sólo tal vez, tuviera piedad dado que era un doncel virgen.

Draco salió luego de un rato, gracias a Merlin que se apiadó de él y no pasó nada vergonzoso. Se lavó las manos, y, abriendo la perilla del baño, abrió la puerta viendo de frente los ojos azules del pelirrojo, que le esperaba.

—Ven aquí, ahora, milady —le ordenó, indicándole que se sentara en una elegante butaca de la salita—. Te daré una sola oportunidad, así que piensa muy bien tu respuesta: ella te absolverá de toda culpa o lo contrario. ¿Tienes algo que confesarme Draco? ¿Algo que me hayas ocultado y que pasó mientras te dejé solo con tu padre? —le preguntó al rubio, con voz tranquila y amable, dándole una oportunidad.

Draco abrió los ojos nervioso: Weasley no podía saberlo, era imposible… a menos que le hubiera estado espiando.

—¿Me espiaste?

—Te hice una pregunta, milady — le dijo, ignorando la acusación en la pregunta del rubio. Se inclinó con una rodilla en el suelo a la altura de Draco para no asustarle con su tamaño mientras besaba su mano.

Draco tembló de forma nerviosa por el toque del pelirrojo.

—Mi padre me vistió y me arregló...— dijo, tratando de que no se escuchara su voz temblorosa. Era un crío. Le era muy difícil comportarse con sangre fría como su padre o su padrino en esa situación.

—Te arregló muy hermoso, dragón. Pero no es eso lo que te estoy preguntando —le dijo serio, regalándole una caricia suave en uno de los rubios mechones.

—No sé a qué te refieres —le dijo tratando de desviar la mirada—. Pregunta directamente... no sé qué quieres que te diga.

—Te di una oportunidad —suspiró levantándose, y ofreciéndole su brazo como haría con una dama—. Ven —le ordenó serio.

Draco levantó la mano y envolvió el brazo de Weasley con sus dedos perfectamente enguantados. Ron sonrió sin poderlo evitar: el rubio era un travesti realmente hermoso, más femenino que cualquier mujer que hubiese visto. Lo llevo hasta la habitación de Harry y tocó la puerta, esperando que les abriera. Harry lo hizo y sonrió al ver a Draco y la manera galante en que Ron le llevaba del brazo. Lucius le había hecho caso.

—¿Sucede algo? —preguntó Harry.

—¿Podemos pasar? —le preguntó Ronald.

—Claro, pasa. —Les permitió Harry la entrada a la habitación.

Severus estaba sirviendo el té, a su lado estaba Lucius. Ambos vieron al rubio con alivio y Draco quiso salir a abrazar a su padrino y a su padre directamente, pero se contuvo ante la mirada de advertencia de Severus.

—¿Les sirvo algo? —preguntó Severus, viendo de reojo a su niño. Sabía que era necesario este impase para sobrevivir.

—Siéntate con ellos si quieres, milady. —Le concedió Ronald amablemente, escoltándolo hasta la mesa e incluso retirando la silla para Draco, pero él declinó la oferta para sí mismo, retirándose aparte con Harry para hablar.

Draco aceptó y, cuando Ron se alejó, abrazó con fuerza a su padrino.

—Padrino.

—Shh, Draco… Fuerza —le ordenó el estoico hombre sirviéndole el té.

Harry demoró un par de minutos antes de volver con Ronald, cargándose la misma mirada seria que éste y el rostro duro. Severus le miró; no sabía que habían hablado, pero sospechaba que no era bueno para ellos.

—¿Lucius tienes algo que quieras confesarme? —le preguntó Harry, tratando de no perder la calma. Al león no le gustaba el pensamiento de que su futura leona hubiese pensado tan siquiera en la remota posibilidad de huir.

—¿Confesar? —preguntó mirándole.

—Sí, Lucius. ¿Tienes algo que confesarnos? ¿Cómo que estabas planeando algo, tal vez la esperanza de algunas cosas a pesar de mi amabilidad para contigo? —Le dio una idea—. ¿Ocultarle algo a Ronald ayudado con pociones de alguien? —le preguntó serio. Más indirectamente directo no podía ser.

Lucius palideció y Severus entendió perfectamente, sintiendo la tensión de los rubios.

— Yo... — Lucius miró a Harry luego a Draco—. Debía darle esperanzas, así fueran falsas, a mi hijo. —Le miró a los ojos—. Es mi hijo —dijo en tono de súplica.

—No debiste darle falsas esperanzas —le dijo Harry serio—. No eres una buena influencia. ¿En lugar de estimularlo a ser una buena dama, a ganarse el corazón de un león, a convertirse en su dama, le das locas esperanzas de huida? En pocas palabras, ¿le dices prostitúyete que después nos largamos? ¿Y a mí, Lucius? Te dejé sentarse a mi mesa, estar cerca de MI Severus porque quería que te unieras a nosotros... ¿y pensabas abandonarme? —le preguntó y Severus pudo notar de nuevo ese brillo rojo psicótico en los ojos verdes, como en los de Voldemort.

—Es su hijo, es normal —dijo Severus, levantándose con suavidad y tomando la mano de Harry al ver a Lucius callado y Draco aferrado a su padre. Entre las virtudes de los Malfoy no estaba, definitivamente, el valor—. Una vida de esclavitud no es placentera... pero juro por mi vida que jamás lo volverá a hacer, Harry —dijo, llamándole por el nombre y no por el apellido—. Se empleará bien y no te desobedecerá de nuevo. Además, Draco se portará como el joven Weasley lo desea —aseguró, y eso era una orden para los dos rubios que sabían reconocer los tonos de Severus.

Harry se tranquilizó un poco al escuchar cómo Severus le llamaba por su nombre.

—A Ron le gusta. Podría hacerlo su esposo si Draco es bueno, después de todo es un doncel y un sangre pura. Él también lo es y ahora tiene un cargo importante; ya no es un muerto de hambre —le recordó—. No tiene que ser un esclavo —aseguró, dándole una oportunidad sólo por la petición de Severus. Después de todo, el rubio menor era el ahijado de Severus y el hijo de Lucius. Si quería hacerlos las leonas de su manada, podía ser un poco… complaciente—. No quiero que algo así vuelva a pasar, o no seré tan piadoso la próxima vez—advirtió contundente.

—No pasará de nuevo. Tienes mi palabra... —aseguro Severus, escuchando el gemidito de ambos Malfoy al saber que el secreto había sido revelado—. Draco y el joven Weasley son aún niños, Harry —dijo, hablando como la serpiente que era—. Además, siempre hemos guardado el secreto de mi ahijado… tener sexo es una cosa, pero de ahí a la boda o hijos... aún es joven... deberían conocerse primero.

—¿Prefieres que tengan sexo primero? —le preguntó desconcertado. —Además, no somos niños. Lo dejamos de ser desde que nos enviaron a luchar una guerra con solo catorce años —le recordó con dureza. Ya tenían veinte años, hacía tres que habían acabado Hogwarts.

—Supongo que el señor Weasley no va a jugar precisamente al ajedrez mágico con mi ahijado. —Miró a Harry—. Draco aún es muy joven para la responsabilidad de hijos… de un hogar.

—Creo que todos hablan y opinan menos quien en realidad debe hacerlo —interrumpió Ron—. ¿Tú qué dices, milady? —le preguntó el pelirrojo, acercándose a Draco y tomando sus manos enguantadas. La opinión de Draco le era más importante que la de Lucius o la de Severus —. ¿Quieres tener un compromiso conmigo... algo largo en el que haya mucho sexo premarital o solo quieres ser mi amante?

Severus le miró fijamente, Draco buscó su mirada y no la de su padre; a veces su padre era un cobarde... como él, no había porque esconder eso. La opinión de Severus siempre era más analítica, a pesar de todo sabía que, si era astuto y seguía los consejos que le daban, podía tener controlado a la comadreja.

—Un... Compromiso —dijo con la voz quebrada. Un amante no tenía posibilidades y, si acaso quedaba encinta, el padre podría quitarle la criatura. El mundo mágico poseía muchas leyes que solo podían ser consideradas… arcaicas, por decirlo de algún modo suave.

—Me parece perfecto —dijo, llevando la mano enguantada hasta sus labios y besándola —. ¿Quieres quedarte esta noche con tu padre, hasta que mañana te pueda conseguir un anillo y el señor Malfoy y yo firmemos un contrato? —le preguntó. No, no quería realmente separarse del rubio, menos ahora que, al fin, había encontrado un doncel, como su hermanito Percy y que se lo podía quedar para él. Porque Bill siempre dejó claro que Percy sería suyo, pero Draco era una "dama", y lo correcto era guardar el decoro. Nadie diría nada si el rubio dormía con él luciendo un enorme diamante en su dedo y con un contrato de compromiso entre sangre limpias firmado. Ahora, sí habrían muchos chismes, y lo rebajarían a la categoría de puta, literalmente, si descubrían que el rubio dormía en su habitación sin un hermoso solitario adornando su dedo y un contrato bajo su brazo.

—¿Qué? ¿Por qué? —se quejó Harry. Después de todo era mestizo y criado entre muggles. Muchas de las tradiciones de los sangre limpias le eran incomprensibles, sobre todo si estorbaban con su placer—. Yo tenía planes —le dijo al pelirrojo, mirándolo torvamente. Ron le ignoró olímpicamente, para eso estaban los amigos: todos para uno y uno para todos.

¿Anillo? ¿Contrato? Todo pasó muy rápido. Aun así, Draco asintió y una sonrisa mórbida y cruel pasó por su elegante rostro. Seguía siendo un crío retorcido y serpiente. Realmente los cuidados excesivos de Lucius, Narcisa y Severus no habían dejado que Draco alcanzara todo su potencial, pero era una jodida serpiente de igual manera.

— ¿Puedo… puedo quedarme con mi padrino también? —pidió con voz dulce y aniñada… ¡Toma ésta Potter! No pudo evitar pensar infantilmente.

Severus puso una suave sonrisa en su rostro: ése de allí de regreso, sin lágrimas y estupideces, era su ahijado.

Harry y Ron intercambiaron varias miradas. Parecían hablarse con los ojos en un diálogo que sólo dos mejores amigos podían entender.

—Oh, por Merlín, es una sola noche no seas nenaza —habló Ron al fin, cruzándose de brazos—. Yo también lo pasaré con Manuela y Bill está en las mismas. Eso, hermano, se llama solidaridad.

—Tráele la puta sortija y el contrato mañana a primera hora —le advirtió Harry con un bufido molesto, pero que podía interpretarse como un sí—. No tengo por qué dormir solo—se quejó. Mientras, Ron se volteaba hacia su dama y le asentía, concediéndole su capricho.

—Puede quedarse, sólo por esta noche, con ambos —le dijo a Draco, tratándolo con la deferencia con la que muchas veces Draco había visto trataban a su madre. Draco sonrió y, como Ron se portó como un buen niño, se levantó y dio un beso en la mejilla parándose de puntitas para llegar, dado que el pelirrojo era mucho más alto que él... claro que se sentía raro de que le tararan como una puta chica. No lo era, pero la cuestión, como decía su padre, era sobrevivir un día más. Además, nunca se hubiese imaginado lo que un simple vestido haría con su situación y con Weasley.

Ron sonrió satisfecho por el gesto de Draco.

—Pueden usar las habitaciones de al lado para dormir, pero mañana igual estás encargado de mi desayuno, Severus —le advirtió Harry, aún mirando mal a Ron. No entendía tanta caballerosidad para con Draco sólo porque era un doncel.

Draco agradeció con ademanes suaves, como los que solía ver hacer a su madre, y Lucius sonrió, tomando de la mano a su hijo, y con Severus que hizo una reverencia antes de retirarse, yendo a la habitación con sus rubios amados.

—Gilipollas. Draco acaba de usarte como se le dio la gana —le dijo Harry, con el entrecejo fruncido. El había notado claramente la maniobra del menor.

—Severus hizo lo mismo contigo —le dijo Ron, divertido. Cada uno tenía su serpiente consentida. Bueno cada uno de ellos no, porque a Bill le gustaban los gatos como él—. Dejémosles creer por un rato que pueden ponerle el cascabel al león y que podemos ser mansos gatitos caseros. —Le sonrió.

La noche, por su parte, Draco se la paso escuchando consejos de los dos mayores y durmió, en efecto, en medio de ellos. No lo había hecho desde que tenía unos cinco años. Lucius mandó a la elfina a traer las ropas de Narcisa, que eran mucho mejor opción que las ropas de la loca de Bellatrix. Además, a Draco le sentaban bien. En la mañana tendrían que darle algunas clases, pues, aunque su hijo se veía como una chica muy bonita, su forma de caminar no era nada femenina y la manzana de Adán… Bueno, Lucius le enseñaría a ocultarla usando las joyas de Narcisa, su difunta mujer tenía unas gargantillas preciosas que él mismo le había regalado.

Continuará…

Gracias a Pescadora del Estigia por las correcciones para este capitulo. ^^

Si ya leyeron asta aquí comenten… no les toma mas que un minuto.

Ro-Remus y Tom volverán pronto a las andadas, te lo aseguro ya tengo bastante escrito solo paciencia las cosas pasan como pasan por una razón.

Lunatica-Lo lamento Lunatica pero Remus y Tom no son los protagonista, no ahí tal cosa como una pareja protagonista aquí son varias las parejas protagonistas y TODAS van a tener su momento. Toda la historia se desata a raíz de lo que pasa entre Remus y Tom, pero ellos no solo los únicos si tienes paciencia y dejas la historia seguir veras que abra mucho Remus y Tom en su momento.

RAC-Doncel XD y opino igual que tu sobre Harry ^^