Disclaimer: Inazuma Eleven pertenece exclusivamente a Level-5 y esta historia está creada sin ningún fin de lucro.

En memoria de Negrita, mi amada gata.

21/02/2009 - 17/07/2011

Q.E.P.D


"Ángeles y Demonios"

Capítulo 10: La flor de la Vida

La tarde de aquel día, Hiroto recibió a Nagumo, Atsuishi y Netsuha en su mansión. Los tres se veían acalorados y cansados, como si hubieran estado corriendo una larga carrera, y pese a que sus abrigos tenían gorro para protegerse de la lluvia –durante el día la lluvia sólo amainaba, pero no se detenía–, sus cabellos igual se habían mojado algo. Iba a preguntarles qué ocurría (porque era obvio que algo ocurría por como habían llegado), pero su hermana apareció, sorprendiéndose de la presencia del trío en la mansión.

— Nagumo, Atsuishi, Netsuha, qué sorpresa encontrarlos aquí —lo único que revelaba su sorpresa eran sus ojos, abiertos ligeramente más de lo normal.

— Hitomiko-san, hemos venido a entregarle unos presentes por su cumpleaños —se apresuró a decir Atsuishi, porque sabía que sus amigos no estaban realmente pendientes del tema por estar preocupados por Suzuno, quien después de haber escapado de Nagumo horas atrás, no había vuelto a casa— Sin embargo, no podremos quedarnos como lo habíamos previsto.

— ¿Pasó algo? —fue Hiroto quien preguntó.

— Ese estúpido de Gazelle desapareció después que hablé con él esta mañana —esta vez Nagumo se adelantó al rubio, hablando con voz molesta y con las cejas juntas. Aun así, el de ojos esmeralda pudo distinguir en sus ojos un brillo de preocupación y, de haber mirado mejor, hubiera percibido la culpa también— Estaba extraño y aunque lo hemos buscado por todos lados no lo encontramos —agregó y profiriendo un bufido.

— ¿Lo has visto? —se apresuró a preguntar el castaño, pensando que quizás Hiroto, otro de los pocos amigos del albino, podría saber el paradero de éste— Hoy en la mañana está enfermo y podría estar peor ahora con la lluvia.

— No.

No fue el pelirrojo quien respondió, ni tampoco la de cabellos azules. La voz provenía de las escaleras, en donde se encontraba Midorikawa viéndolos con una expresión de inocencia e ignorancia que sólo engañaba a los recién llegados. Hiroto vio la seriedad y molestia que bullía del de ojos negros y que él intentaba esconder; era su mejor amigo, después de todo.

Los tres jóvenes miraron al que bajaba por la escalera y luego se miraron entre sí. Tácitamente acordaron que ya no tenían nada que hacer allí y que tenían que seguir buscando a Suzuno hasta dar con él. No podía esconderse tan bien, ¿no? Se acercaron a Hitomiko y le tendieron cuatro regalos, tomando la palabra el rubio deseándole un feliz cumpleaños y que el regalo de envoltura blanca era del albino. Luego se disculparon y se retiraron rápidamente, decidiendo separarse nuevamente y que al cabo de media hora se comunicarían por sus móviles para saber las novedades, a menos que alguno lo encontrara primero. Con el plan listo y los tres dispuestos, corriendo se aventuraron por tres calles distintas con una misma meta en común: encontrar como fuera a Suzuno.

Dentro de la mansión, cuando los tres chicos desaparecieron, Hiroto observó a Midorikawa y le preguntó por qué había mentido así.

— Él no quiere verlos —respondió sencillamente, sin ningún remordimiento por sus acciones.

— Al menos debiste haberles dicho que estaba aquí para que se dejaran de preocupar. A saber cuánto tiempo más estarán buscándolo allá fuera —pero a Midorikawa realmente no le importaba. Desde que había llegado a la mansión Kira, Suzuno había sido su único gran amigo en pleno conocimiento de su condición. Él le había prestado su hombro para llorar, sus oídos para desahogarse y su mano para ayudarle a levantar. Incluso cuando supo que Endou le había borrado la memoria al pelirrojo luego de que por fin sabía la verdad, fue el albino quien estuvo allí para él, para asegurarle que todo iría bien. Y ahora que él lo necesitaba, Midorikawa no pensaba fallarle.

Había llegado completamente mojado y llorando. Aquello alertó tanto a Hiroto como a Midorikawa, pues era recontra sabido que Suzuno era un témpano helado que manejaba tan bien sus emociones y las reprimía tan perfectamente, que daba la impresión que realmente carecía de ellas. Pero aquel día había llegado destrozado y sin decir nada se acercó al de cabellos verdes y lo abrazó para llorar en silencio. Ninguno dijo nada y el susodicho lo guió hasta una habitación de huéspedes, intuyendo que Suzuno se quedaría allí por lo menos hasta el día siguiente, y simplemente fue su paño de lágrimas. No preguntó nada, no dijo absolutamente nada, sólo lo abrazó y acarició su cabello suavemente para dejarle ser. Antes de caer dormido, Hiroto le ofreció ropas secas y, cuando estuvieron nuevamente solos, Suzuno sólo le pidió al semi-demonio que no le dijera a Nagumo que estaba allí.

No despertó en lo que quedó del día, pero al día siguiente despertó más temprano de lo normal. Al observar el reloj del velador vio que faltaban cinco minutos para las cinco de la mañana. No pudo seguir durmiendo, por lo que simplemente se quedó acostado en posición fetal encarando la pared y con la cabeza nuevamente llena de pensamientos.

Revivió lo ocurrido el día anterior. Al recordar la pérdida de Clara y el saber que Rhionne había sucumbido de la misma manera le hicieron sentir solo y con nuevas ganas de llorar. Pero no lo hizo. Mantuvo su faz carente de expresión y sus ojos se mantuvieron secos y con un gesto duro. No supo con qué demonio había estado el día anterior, pero recordar esa sensación de su tacto le provocaba aún escalofríos. Era como sentir el tacto de la muerte.

Y luego recordó a Nagumo. Verlo allí, mirándole como un bicho extraño, como un lunático, y riéndose descaradamente de lo que él era apenas diciéndole que debía tener fiebre para estar alucinando así… se sintió más solo aún. No tenía a Rhionne, ni a Clara, ni a Osamu y ahora tampoco estaba para él a quien creyó su mejor amigo. ¿Pero era por eso que le había afectado tanto? Otras veces también había discutido con él, había sido insultado por él y nunca había pasado de ser una sensación desagradable en su pecho. Ahora que le decía una verdad tan íntima suya y se veía así rechazado, sintió que el corazón se le hacía pedazos. No quiso atribuirlo a nada, pero aún persistía esa sensación en su pecho que sólo podía catalogarse como si su corazón estuviera llorando.

— ¿Gazelle? —escuchó un llamado tímido y al alzar la vista vio que se trataba de Midorikawa. Recién despertaba, pues su cabello estaba suelto y enmarañado y aún traía puesta su pijama— ¿Estás despierto? —se enderezó para que viera que sí y con un gesto de cabeza le indicó que podía pasar. Vio el reloj del velador y notó que ya eran casi las ocho. ¿Se habría quedado dormido en algún momento mientras repasaba sus memorias?

El menor se sentó a los pies de la cama y se quedaron frente a frente. El silencio imperó por unos incómodos minutos, hasta que el mismo rey del hielo decidió que tenía que hablar aunque no fuera a contar toda la verdad.

— Un demonio —comenzó, siendo escuchado atentamente por su acompañante—, mató a Clara —Midorikawa ahogó una exclamación, pues él sabía del ángel y por la manera en que el albino hablaba de ella (las pocas veces que habló de ella con él), era muy importante para su amigo— y Burn…

— ¿Descubrió que eres un oyente? —el silencio de Suzuno le indicó que sí— ¿Y cómo reaccionó?

— ¿Tú cómo crees? —respondió gélida y cortantemente, mirándolo con ojos enojados. Midorikawa se calló y bajó la vista apenado, pero pronto alzándola tímidamente para ver a Suzuno.

Ahora comprendía la razón de la llegada de Suzuno el día anterior y ahora tenía más razones para estar enojado con el de ojos ámbar. Pero en parte lo entendía, es decir, ¡miren a Hiroto! Su propio mejor amigo ignoraba que él no era humano (por lo menos, no completamente), por lo que estaba en la misma situación que el albino. Lo miró con ojos comprensivos y, decidido a alegrarlo un poco, lo llamó con una sonrisa alegre y le pidió que viera algo que había estado ensayando para él.

Como aún no estaba acostumbrado, cuando sacó sus alas –se quitó primero la camisa del pijama para no romperla– su rostro se contrajo en una mueca de dolor. Desvió la mirada para que Suzuno no se preocupara y antes que pudiera decirle algo, aleteó imperceptiblemente para demostrarle que ya estaba perfectamente bien (aunque el dolor permaneció, sólo que de manera menos intensa). Como ambos estaban en los extremos de la cama, no tuvo problema en estirar su brazo derecho completamente, dejando la palma mirando hacia el cielo, para mostrarle en todo su esplendor el truco que literalmente le nació del alma hacía un par de días.

La mano bronceada del chico comenzó a expeler un vapor frío que indicaba la formación de hielo. Pronto, una pequeña semilla de color azulada y compuesta únicamente de frío hielo se posó en su palma y misteriosamente, raíces del mismo material comenzaron a rodear la mano como si fuera hiedra. Después de un destello blanco, la semilla comenzó a convertirse en un capullo y finalmente, el capullo abrió sus pétalos para enseñar una hermosa flor de hielo.

— Y falta lo mejor —murmuró misterioso, arrancando la flor de sus raíces heladas— Préstame tu mano —pidió con una sonrisa. Suzuno, intrigado, extendió su mano y vio como Midorikawa la volteaba y depositaba la flor de hielo en sus manos.

Repentinamente, el hielo comenzó a derretirse. Sin embargo, en lugar de perder la forma y convertirse sólo en agua, las gotas resbalaban por la superficie que ahora, mientras la capa fría se caía, se revelaba como una flor de verdad. Era de pétalos blancos y alargados. Una azucena.

Los labios de Suzuno iban a curvarse en una mínima sonrisa cuando un fuerte sonido resonó en la mansión. Provenía de la cocina y era de un gran número de vajilla rompiéndose en pedazos contra el suelo. Lo hubieran atribuido a un descuido de un cocinero, pero la repetición no dos, sino tres veces les indicó que algo iba muy mal. Con una sencilla orden, el albino le ordenó a Midorikawa quedarse allí; sus alas estaban al descubierto y mientras no supieran qué era, sería arriesgado que el chico se expusiese. A regañadientes aceptó y observó a Suzuno abrir la puerta lo suficiente para poder él salir y cerrarla fuertemente antes que alguien pudiera ver al semi-demonio en su estado menos humano.

Corrió escaleras abajo, encontrándose con Hiroto en el camino. Ambos corrieron hacia la gran cocina, en donde encontraron a los dos cocineros en el suelo, inconscientes y con peligrosos trozos de cerámica rota alrededor, y junto a la puerta al mayordomo también inconsciente, pero aparentemente menos dañado que los cocineros. Sobre la mesa en donde estaba la estufa, un demonio de largo y alborotado cabello castaño oscuro se encontraba hincado y dándoles la espalda al estar viendo la puerta por la que había entrado. Parecía estar esperando a alguien.

— ¡No te me escaparás! —tanto Suzuno como Hiroto reconocieron la voz de Endou desde afuera, viendo como éste en cosa de segundos aparecía por la puerta, abalanzándose contra aquel demonio con su mandoble en mano.

Tristemente ambos estaban allí estorbando, por lo que como humanos que eran no pudieron seguir el ritmo de la pelea para quitarse a tiempo y terminaron siendo quitados del camino brutalmente por el demonio, quien los sacó de una patada a ambos. Hiroto se estrelló de espaldas contra una pared, perdiendo el aliento por el impacto, y Suzuno contra un antiguo reloj de madera, aquellos largos y altos que parecían de anticuario. Menos mal se dio contra la madera y no contra el cristal de la puerta, pues con la fuerza que iba –maldita sea ese demonio y su fuerza inhumana– hubiera terminado con los cristales incrustados en la espalda.

Endou, al ingresar a la mansión por la cocina en su persecución de aquel demonio de ojo verde claro, notó la presencia de ambos chicos ahí y no alcanzó a horrorizarse al ver cómo Hiroto observaba todo con la estupefacción de un humano común e ignorante antes que el de alas oscuras los golpeara para quitarlos del camino. Rápidamente sus prioridades cambiaron y en el número uno se posicionó el proteger al pelirrojo, comenzando a descargar una ráfaga de ataques contra el ser infernal. Frustrado veía cómo el filo de su mandoble era detenido con facilidad por el antebrazo del demonio, quien no se inmutaba ante las heridas producidas; su habilidad de auto curación era más rápida de la de un demonio normal. No obstante, se dio cuenta que el demonio apenas le dedicaba algo de atención; algo más parecía haberle interesado.

Desviando su atención, antes concentrada exclusivamente en la batalla, hacia su alrededor logró captar algo. Un aroma a azufre que era menos intenso y mezclado con el aroma humano.

Una llamarada que se estrelló contra la espalda del demonio sin hacerle mucho daño le recordó que otra persona vivía en esa mansión y que era esa persona que se le había encomendado cuidar.

— ¡MIDORIKAWA ESCAPA! —exclamó al ver la figura del muchacho, aún en su forma alada, en la planta superior y con las manos extendidas luego de convocar al fuego para atacar al demonio de piel morena.

Era bien sabido que la relación entre homólogos infernales era muy diferente a la que mantenían los homólogos celestiales. A diferencia de los ángeles, los demonios veían a los semi-demonios como fuentes de poder anexas que podían consumir cuando ellos quisieran, pues eran más poderosos y podrían con ellos con facilidad. Mientras que para un semi-ángel el encontrarse con un ángel significaba algo bueno, el que un demonio encontrara a un semi-demonio era lo peor que a este último le pudiera pasar. Significaba una muerte inmediata y Midorikawa la comprendió al ver el brillo hambriento de los ojos del demonio y la sonrisa diabólica que se dibujó en sus labios.

No tuvo tiempo para escapar. Unos hilos creados netamente de oscuridad lo atraparon de brazos, piernas, cuello, alas y torso impidiéndole moverse. Endou intentó atacarlo, pero el demonio fue más rápido y tirando de los hilos que atrapaban a Midorikawa, impactó ambos cuerpos como si el semi-demonio fuera un enorme yo-yo. El paladín tuvo que cambiar la posición de su espada a último para no atravesársela en el pecho, pero aún así no pudo evitar que el filo se hundiera en su piel. Los cortes no fueron profundos, pero sí ardían. ¿Alguna buena noticia? Así como había rajado la piel del semi-demonio había cortado algunos hilos oscuros que lo retenían, más exactamente el del cuello, permitiéndole respirar con más facilidad.

Hiroto y Suzuno vieron aquella escena impotentes y sin poder hacer nada. El golpe que se habían dado en la espalda les expandió un dolor punzante que les impedía moverse con facilidad y aunque no había sido grave, sí los volvía más que estorbos en batalla. Aún así intentaron hacer algo. Al caer Endou al suelo por el golpe que le dio el demonio con el cuerpo de Midorikawa, tanto Hiroto como Suzuno intentaron atacarlo, pero recibieron el mismo ataque con el "Yo-yo Midorikawa", volviendo a donde mismo: el suelo.

— ¡AAAAH!

Endou, Hiroto y Suzuno observaron con terror como el demonio abrazó por la espalda a Midorikawa para pegarlo a su cuerpo y clavó sus colmillos en su cuello como si fuera un vampiro. Un aura oscura rodeó al cuerpo del semi-demonio y éste profería gritos de dolor mientras aquella aura oscura comenzaba a ser lentamente consumida por el demonio.

— ¡NO!

— ¡MIDORIKAWA!

— Detente, Desuta —una nueva voz llegó a oídos de los presentes como produciendo eco en todo el lugar y una neblina oscura a ras de suelo apareció de la nada. Ésta comenzó a conglomerarse en un sitio y a volverse más densa, hasta que se convirtió en una torre de denso humo negro que dio paso a una alta y esbelta figura de piel pálida y de largo y ondulado cabello negro azulado. Si su falta de alas negras como de murciélago hubiese instalado la duda de si era un demonio o no, su espectacular entrada y sus destellantes ojos negros con el iris rojo resolvían la duda— Lamento la demora, Gazelle —dijo al albino.

— Vaya, vaya~ ¿pero qué hace acá el señor guardián del purgatorio? —preguntó burlescamente Desuta tras desencajar sus fauces del cuello del semi-demonio, que yacía inconsciente ahora y que sólo se sostenía por los brazos del demonio y los hilos de oscuridad que lo aprisionaban.

— Suéltalo, ahora —aunque lucía calmado, en su voz se distinguía perfectamente la amenaza y la mordacidad.

— Jódete, Dezarm, él es mío —dijo delineando el rostro de Midorikawa con su lengua, dejando un rastro de saliva desde la base de su oreja izquierda hasta el cuello, donde pretendía retomar la labor de consumir al que yacía entre sus brazos.

Sin decir nada más, el más alto simplemente recargó su peso en una pierna y cruzó sus brazos sobre su pecho. Parecía muy tranquilo, como esperando que las cosas se solucionaran solas. Ante el grito ahogado de Desuta, Dezarm sonrió retorcidamente, escondiendo dicho gesto bajo la bufanda oscura que siempre llevaba y que le cubría a veces (como ahora) desde la nariz hasta el cuello.

Ante la sorpresa del paladín y del par de humanos, un nuevo demonio hizo aparición literalmente de la nada. A diferencia de Dezarm, este demonio parecía más joven y Endou le encontró parecido con Fudou, por lo menos en su mirada. Poseía unos brillantes ojos naranjas con unas marcas bajo estos y el cabello azul marino, aunque compartía con Dezarm la increíble palidez. Había atacado a Desuta por la espalda (algunos dirían que es poco honroso, pero en batalla entre demonios no existe honor alguno) con la misma oscuridad que él usaba para atar a Midorikawa. Había dañado su espalda, justo en la base de las alas, y el dolor que le provocó el ataque hizo que su control sobre las sombras se esfumase, liberando así al inconsciente semi-demonio.

Endou, aprovechando su increíble rapidez, cogió a Midorikawa en vuelto y lo alejó de Desuta. Éste, enfurecido, intentó atacar devuelta al demonio más joven, pero Dezarm no se lo permitió. Aprovechando que le dio la espalda, convocó un gran taladro de las sombras y atacó al de ojos verdes. Sin embargo, esta vez pudo reaccionar a tiempo y demostrando su gran poder, condensó una esfera oscura y permitió que ésta explotase, liberando ondas de energía oscura que resultaban letales para quien las recibiera. Ambos demonios pudieron detener las que iban hacia ellos, pero descuidaron a los humanos del lugar; hacia ellos se dirigía una única onda perdida. Endou no podía defender al tener a Midorikawa entre sus brazos –el mencionado, ante el despliegue de energía de Desuta, comenzó a despertar aturdido– y Dezarm no alcanzó a detener la onda oscura.

Un chorro de sangre manchó el aire y el sonido sordo de un cuerpo cayendo pesadamente al suelo terminó por silenciar el lugar. Bajo el cuerpo, al que se le escapaba la vida rápidamente, un gran charco carmín comenzaba a formarse e involuntarias lágrimas saladas cayeron por sus ojos. No pudo escuchar los gritos de sus amigos antes que la mirada se oscureciera y dejara de respirar. Ni siquiera alcanzó a pensar que no estaba arrepentido de haber saltado frente a Endou y Midorikawa para proteger a este último.

Más rápido que quedarse dormido.

— ¡NO! ¡NO! ¡DESPIERTA! —gritaba Midorikawa escapando de los brazos del paladín, quien se encontraba igual que Hiroto: paralizado de la impresión— ¡DESPIERTA! ¡NO MUERAS! ¡GAZELLE! ¡SUZUNO! ¡POR FAVOR DESPIERTA! —las lágrimas caían sin vergüenza sobre el rostro helado del muerto, quien seguía con los ojos abiertos mirando a la nada.

Aprovechando el pánico, Desuta escapó al verse en desventaja. Ninguno de los dos demonios logró detenerlo, pero no le encontraron sentido salir a perseguirlo; no era instinto de demonios matarse entre sí por las puras (aunque Dezarm tenía una excelente razón para ir a cazarlo y tirarlo al fondo del abismo para que sufriera la peor de las muertes). El más joven se mantuvo al margen, pero el más alto fue hasta donde estaban los demás. Endou estaba tan shockeado que no se movía y sólo observaba atónito el cuerpo muerto del albino, aunque no viéndolo a él sino reviviendo la muerte de Kira Hiroto. Midorikawa zamarreaba al muerto gritándole cosas sin sentido, dejando fluir su desesperación y dolor, y Hiroto, aunque no reaccionó tan violentamente como lo hizo el de ojos negros, estaba arrodillado junto a Midorikawa viendo con ojos muy abiertos el cadáver de quien fue uno de sus grandes amigos.

—¿Qué pasa aquí? —dos preguntas. Uno, ¿cómo entró a la mansión? Y dos, ¿por qué siempre llegaba en los momentos menos oportunos?— ¿Qué tienen ahí? ¿Qué es…? —la pregunta quedó en el aire al ver cómo Midorikawa lloraba y abrazaba un cuerpo misteriosamente conocido, bañado en sangre, con los ojos abiertos y con el cabello blanco manchado de rojo.

La exclamación ahogada de Hitomiko fue secundada por el grito de Nagumo, quien corrió hacia donde estaban los otros chicos sin poder creer lo que sus ojos veían. El señor Seijirou estaba sin habla y sintió como su cuerpo temblaba al ver nuevamente el cuerpo muerto de un ser querido para él. Al igual que Endou, frente a sus ojos el cuerpo de Suzuno cambiaba por el de su hijo Hiroto, haciéndole caer finalmente de rodillas y sintiendo como era fuertemente abrazado por su hija, quien ante aquella horrible escena no pudo permanecer fuerte.

— ¡DESPIERTA! ¡DESPIERTA! —pedía no sólo Midorikawa, sino también Nagumo, aunque éste era mucho más pasional que el primero agregando su florido vocabulario, como si eso pudiese acabar por despertar al albino sólo para recibir unas respuestas similares en cuanto a insultos. No había otra cosa que deseara más.

— Ya basta, Reize, está muerto —intentaba convencerlo Dezarm. Se suponía que su corazón ya no latía, ¿entonces por qué sentía como éste se partía al pronunciar dichas palabras?— Tus lágrimas no podrán curarlo. Él ya está muerto —dijo sabiendo que el poder de curación que tenían los semi-demonios residía únicamente en sus lágrimas, pero en este caso ese poder no podría ayudar al albino.

— ¡NO! ¡ÉL NO PUEDE ESTAR MUERTE, NO PUEDE! —se negaba a creerlo y de no ser porque ahora Nagumo abrazaba al cadáver de su amigo y que Hiroto lo abrazaba por la espalda para detenerlo, estaría aún zamarreando a Suzuno para que despiertara— ¡ÉL NO MORIRÁ! ¡NO LO HARÁ! ¡NO LO PERMITIRÉ! —y antes estas palabras, un brillo dorado emergió del piso y pronto contagió al semi-demonio, quien cambiaba muy levemente de apariencia. El caos que había en la escena repentinamente desapareció al notar como sólo ellos parecían estar dominados por la ley de gravedad, pues las demás cosas comenzaban a flotar junto con las motas de luz dorada que los rodeaban como luciérnagas.

Así como había ocurrido como Tachimukai el día anterior, en las alas de Midorikawa comenzaron a grabarse unos intrincados dibujos dorados que adornaban sutilmente la negrura de las alas, así como un tatuaje apareció en su frente que retrataba lo que él era: la flor de la Vida. Haces de luz dorada lo rodeaban y ante su orden sin palabras, rodearon a Suzuno y, por consecuencia, también a Nagumo. Éste, no dispuesto a soltar el cadáver, observaba atónito lo que sucedía a su alrededor, apenas notando cómo había dejado de llorar. Los haces de luz no sólo iluminaban todo con una tenue luz dorada, sino que también emitían un agradable calor que parecía desplazar cualquier rastro del frío de la muerte. Finalmente, todos los haces de luz convergieron en el pecho de Suzuno, dibujando brevemente el mismo tatuaje de la flor de la vida que Midorikawa tenía en la frente justo sobre su corazón, antes de desaparecer.

Suzuno volvió a respirar.

— ¡SUZUNO! —no pudo evitar exclamar Nagumo ante la desesperada bocanada de aire que tomó el albino al revivir. Sus ojos, que habían permanecido abiertos al morir, se cerraron rápidamente al ser arrastrada la conciencia del chico donde Morfeo, pero aquello bastó para que Nagumo volviera a respirar tranquilo— Estás vivo, estás vivo… —dijo reanudando su llanto silenciosamente y permitiéndose sonreír abiertamente mientras abrazaba más fuerte al, ahora vivo, cuerpo del albino.

Los demás, al ver esto, también sonrieron y lloraron aliviados. Suzuno estaba vivo. No sabían cómo, pero lo estaba y eso bastaba.

— Reize, ¿qué hici…? —las palabras de Dezarm quedaron en el aire al ver cómo el muchacho yacía en el piso en un estado semiconsciente. No se veía dañado, pero extrañamente no parecía estar aquí; no su consciencia, por lo menos— Tsurugi, llévalo a alguna habitación y cuídalo hasta que yo llegue —ordenó al demonio menor, quien lo miró de mala manera y lo respondió.

— ¿Y por qué crees que te haré caso?

— Porque yo lo digo, ahora HAZLO —no bromeaba, había ira en su voz y una temible oscuridad que hasta el mismo Tsurugi sintió en su ser. Prefiriendo no provocarlo, asintió de mala gana y alzó al chico entre sus brazos y voló hasta el segundo piso, donde entró en una de las habitaciones (la de Hiroto) para depositarlo en la cama y esperar a que Dezarm llegara.

— Hay que llevarlo al hospital. La herida aún parece grave —dijo repentinamente Seijirou, siendo la voz de la razón del grupo.

Los demás asintieron y quedaron en que él, Hitomiko y Nagumo irían al hospital mientras que Dezarm, Hiroto y Endou se quedarían allí. Ante cualquier novedad sobre el estado de Suzuno, Hitomiko llamaría, por lo que todos se apresuraron a cumplir con lo dicho y llevar rápidamente al albino a urgencias. No obstante, antes de poder salir de la mansión, Hitomiko observó a Dezarm y éste le devolvió la mirada. Ambos se observaron intensamente por unos segundos, para luego romper el contacto visual y dirigirse cada uno a su destino. Había mucho que hablar, mucho pendiente… Dezarm tenía una razón más para quedarse más tiempo en la Tierra.

Apenas los demás se fueron, Dezarm tuvo que esquivar un ataque de Endou dejando salir un suspiro de resignación. Tenía que habérselo imaginado, ¿no?

— ¿Cómo te atreves a aparecerte en esta casa? —preguntó el castaño rabioso, viendo al asesino de su ángel frente a él como Pedro por su casa. Respiraba pesadamente y sujetaba con ambas manos la empuñadura de su mandoble, pero el demonio lucía tranquilo y en sus ojos sólo había tristeza, nada de maldad.

— Gazelle me pidió venir.

— ¿Lo conoces? —preguntó Hiroto intentando acercarse al demonio, pero Endou no se lo permitió. Se colocó frente a él en actitud protectora, pero eso simplemente molestó al pelirrojo pues sabía que no lo hacía por él, sino por el otro Hiroto –con la aparición de Desuta en la cocina, cuando fue golpeado y enviado a impactar contra la pared las memorias que Endou borró la vez pasada volvieron–.

Dezarm sonrió nostálgicamente ante la pregunta del pelirrojo. De la última vez que se habían visto, él lucía bastante diferente y sabiendo que ya habían pasado diez años desde su último encuentro, encontró lógico que no se acordara de él— Quizás con este aspecto me recuerdes mejor —dicho y hecho, así como todos los demonios tenían la capacidad de adoptar un disfraz humano, él cambió su apariencia hasta reflejar el cómo lucía cuando aún simplemente un semi-demonio. La figura esbelta, alta, de nariz aguileña y ojos anaranjados se presentó ante ambos, enojando más a Endou y sorprendiendo a Hiroto. Lo recordaba.

— ¡Osamu!

— Estás tan grande, Hiroto —sonrió él afable, pero pasando a ver al paladín que le dedicaba la mejor mirada de odio de su repertorio— No espero que me perdones, Endou, pero por lo menos quiero que sepas la verdad —dijo él viéndolo seriamente, pero sin lograr que Endou cambiara de expresión.

— ¿La verdad? No creeré ninguna de tus mentiras, Osamu. Yo sé lo que vi ese día y sé que fuiste tú quien mató a Hiroto —decía terco como mula, casi gruñéndole al demonio— Yo te vi allí, con sus alas terminando tu transformación. ¿Qué acaso quieres decirme ahora que tú no fuiste quien le arrancó las alas para devorarlas? —ironizó, convocando de nueva cuenta la mandoble que había desaparecido al momento en que se había quedado en shock al ver el cadáver de Suzuno.

Sin embargo, Osamu ignoró sus palabras y decidió decirle por fin la verdad de aquel fatídico día— Yo estaba aquí cuando Desuta llegó. No sé si me buscaba a mí o a él, pero Hiroto y yo intentamos defendernos y defender al señor Kira, quien también estaba en la mansión ese día —comenzó, viéndolo a los ojos para transmitirle la sinceridad que impregnaba su relato— Terminó por vencernos y le arrebató sus alas a Hiroto. Pero yo logré quitárselas y herirlo, pero Hiroto estaba ya muy mal. Me dijo que consumiera sus alas para volverme un completo y así sobrevivir. En un principio no quise, pero si me volvía un completo podría hacer que Desuta retrocediera. Finalmente acepté y así logré que Desuta se retirara, pero ya era muy tarde para Hiroto. Fue ahí cuando entraste tú…

Endou no le creía. No, se negaba a creer que eso realmente había pasado. Es decir, durante diez años estuvo cultivando un odio contra Osamu que ahora había echado raíz en su corazón, impidiéndole ver la verdad. El demonio no esperaba que le creyera, pero él se sentía más ligero al haber por fin confesado aquello que le pesaba en el alma; era como cumplirle un favor a su amigo muerto.

— Pero ahora lo importante no soy yo, sino Reize —dijo con voz grave y las cejas juntas Osamu— Deduzco que estamos en presencia de la Vida, por lo que ocurrió con Gazelle… tuvimos suerte que Desuta no se diera cuenta de a quién estaba consumiendo, pero ahora corre peligro. Los otros demonios sentirán su energía y querrán venir a por él.

— Eso no ocurrirá —la voz tajante y decidida del pelirrojo dejó estupefacto al castaño, quien aunque tenía cierta responsabilidad con el semi-demonio aún no caía en cuenta la importancia de la misma. Después de aquellos eventos tan intensos, no podía pensar claramente— Yo lo protegeré.

— No podrás, eres sólo un humano —señaló Osamu, logrando que Hiroto frunciera el ceño y apretara los dientes frustrado e impotente.

Por su parte Endou no sabía qué hacer. Aquel arcángel le había pedido que lo cuidara y ahora sabía el porqué, y ya sabía que tres criaturas habían sido raptadas y que Midorikawa corría el mismo peligro. Pero el haber visto a Suzuno muerto, recordándole cuando su querido Hiroto murió, volver a ver a quien aún creía que era el responsable de su muerte… emocionalmente estaba muy inestable y para un paladín eso era una mala señal. No podría cumplir con su trabajo como debía.

Sin embargo, algo extrañó pasó. Sintió que el alma se le salía del cuerpo al tiempo que dejaba de respirar. Se llevó una mano al pecho y apretó con fuerza justo donde estaba su corazón, respirando con dificultad y sudando copiosamente. Sintió como si todas las alarmas de su cuerpo se hubiesen disparado ante la primera señal que alguien le estaba desgarrando desde el interior. Ya se había sentido así una vez, pero no comprendió el porqué ocurría nuevamente si él era un paladín sin un ángel al que custodiar. Empero, la sensación siguió aumentando de intensidad al punto que comenzó a nublársele la mente y la mirada y se tambaleó hasta caer al suelo. Escuchó las voces de Osamu y Hiroto llamándole a la lejanía, pero él se iba sumergiendo más y más en la latente oscuridad. Un rostro difuso se dibujó en su mente y un grito de socorro se perdía en el sobrecogedor silencio del vacío.

Finalmente, su consciencia se perdió en la oscuridad y en un intenso frío helado que en cierto modo le recordó a la muerte, pero que al mismo tiempo le transmitió una sensación de extraña familiaridad.

Continuará~


Si leíste hasta aquí, muchas gracias~

N/A: Este ha sido, sin duda alguna, el capítulo que más me dolió escribir. No sólo porque maté y reviví a un personaje, sino porque para el dolor de mi corazón hoy en la mañana, cuando sólo me faltaban unos párrafos para terminarlo, mi madre encontró a mi gata Negrita muerta. Sinceramente pensé posponer este capítulo por ello pues de mis tres mascotas era a la que estaba más unida, pero este capítulo (hasta lo que llevaba hoy en la mañana) lo había escrito enteramente en compañía de mi bebé y quise terminarlo para dedicárselo a ella.

Negrita, esto va para ti. Espero que estés ahora con Max y que nos cuides a todos desde donde estés, y que me sigas acompañando en espíritu como lo hiciste siempre en vida. Te amo y nos vemos pronto.

Sobre el capítulo, el único comentario que tengo es que tenía que pasar para revelar la condición de "Vida" de Midorikawa. El número 12 será más relajado, pero bueno... la historia estaba pensada para ser así de intensa. Agradezco los comentarios de Starbell Cat, Miria-chan Whitediamond, judy-andersen, TTaacchhii y MizuKi-chan-18. Procuraré contestar sus comentarios del capítulo anterior en la semana, ya entenderán por qué ahora no puedo.

Nos vemos en el próximo capítulo.