INTERCAMBIO DEL ALMA

(Soul Exchange)

Por Rozefire

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 11: Los Celos Atacan

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Qué era tan especial en eso? Se veía como una katana ordinaria… excepto que tenía melladuras en la hoja, óxido a lo largo y la empuñadura estaba levemente suelta. Si hubiese sido cualquier otra espada habría sido derretida como chatarra… más que balancearla, no había mucho más que pudiera hacer con Tessaiga. La espada mágica que podía atravesar cualquier sustancia en la Tierra.

Basura.

Eso era en los viejos tiempos. Ahora la espada apenas podía cortar el agua… y eso sólo en un buen día. Parecía que para lo único que era buena era para colgar a su lado y usarla como sello para su sangre… aparte de eso… un instrumento para el ganado tal vez?

Con un suspiro, Inuyasha la deslizó en su funda negra en su cadera derecha, antes de desenfundar su propia espada personal que descansaba en la izquierda. Puede no haber sido una espada legendaria pero al menos era capaz de cortar mantequilla. Y cuando se rompía, como todas las katanas, podía reemplazarla con una espada mejor y más brillante. Él iba a continuar practicando con la brillante espada…

Después de todo… sentía como si estuviera usando algo que no le pertenecía. Era la espada de su padre… su padre aún estaba vivo… era como robar las pertenencias de los hermanos mientras estaban lejos de casa. (Algo que Inuyasha había hecho unas cuantas veces después de que Sesshomaru dejara el sur por el norte y dejara su habitación desprotegida).

La puerta del salón de práctica de repente se abrió y varios soldados aparecieron en la puerta. "Su alteza, lo necesitamos."

"Estoy ocupado." Dijo Inuyasha cortamente.

"El Lobo Youkai se acerca a los acantilados del sur en barcas - estarán aquí en minutos para invadir."

Inuyasha detuvo sus prácticas y los pasó en su salida. "Dónde están los hombres?"

"Reunidos en el lado sur del palacio." Le dijo el capitán, siguiéndolo rápidamente con los otros soldados.

"Dónde está mi madre?"

"A salvo en el salón del trono."

"Y Lady Kagome?"

"Uh…" el capitán miró a los otros hombres quienes simplemente se encogieron. "Ella no está en el palacio."

"Mierda…" Inuyasha se giró hacia dos soldados al azar tras él. "Ustedes dos vayan a encontrar a Kagome, tráiganla a palacio y cuídenla."

Los dos Inu Youkai asintieron y se fueron.

Inuyasha comenzó otra vez, dirigiéndose por el palacio hacia la salida trasera.

"Conducirá la pelea, mi lord?" Preguntó el capitán.

"No… Estaba pensando en gritar a la carga y luego esconderme detrás de un árbol." Espetó él sarcástico. "Por supuesto que conduciré la pelea."

Ellos se vieron aliviados… pero tensos al mismo tiempo.

Los trescientos de la armada estaban esperando a orillas de los acantilados cuando Inuyasha llegó. Una gran cantidad de los soldados más fuertes se reunieron de las villas en el sur… pero comparados al norte no eran rivales. Pero si podían o no igualar a los lobos era un asunto diferente. Nunca antes habían peleado con los lobos.

Para entonces, las barcas transportando a los guerreros del Lobo Youkai ya habían anclado en las playas abajo y los lobos ahora estaban escalando rápidamente los acantilados para encontrar a los perros.

"Tenemos un plan de ataque?" le preguntó el capitán a Inuyasha.

"Algunos cocos bomba?"

"No…"

"Nada de tigres en pozos cubiertos con paja? Troncos cayendo?" Inuyasha observó al hombre sacudir su cabeza. "Entonces tendremos que hacerlo a la manera antigua y enfrentarlos."

Él caminó hacia el acantilado, justo cuando uno de los primeros hombres lobos alcanzaba la cima. Sin mucho esfuerzo, pateó la cara del hombre, haciéndolo caer. "Y eso también funciona."

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Sango entró al salón del trono para atender a Lady Inu… sólo para encontrarla paseándose de un lado a otro dramáticamente.

"Qué haremos si perdemos?" Dijo la mujer cuando vio entrar a Sango. "Qué haremos si ganamos? Estaremos debilitados… Sesshomaru decidirá atacar!"

"Él puede no saber de la invasión de lobos." Sango intentó tranquilizarla.

"No - él tiene espías en todo el palacio - sabría al minuto que Inuyasha estornudara." Ella suspiró. "Probablemente ya sabe que Kagome está aquí… a propósito… dónde está Kagome?"

"Yo… pensé que estaba en la habitación de Inuyasha." Sango mordió su labio.

"Yo estuve ahí - no está." Lady Inu de repente se vio alarmada. "Qué si está fuera de palacio?! Qué si queda atrapada en el fuego cruzado?!"

"Estoy segura que tiene suficiente sentido para mantenerse fuera de problemas." Extrañamente eso había sonado más convincente en la cabeza de Sango. "De cualquier forma… de todos los lugares en la isla, dudo que esté cerca a los acantilados del sur."

Lady Inu reasumió su caminada. "Espero que tengas razón…"

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Eventualmente el Lobo Youkai había logrado escalar los acantilados e inmediatamente se había ocupado en batalla con el Inu Youkai con poca pretensión. Ambas fuerzas estaban equilibradas… excepto tal vez que el Lobo Youkai tenía más experiencia.

Y lo peor de todo, Inuyasha estaba siendo el blanco por ser el único hanyou y por ser el líder. Estaba haciéndolo bien al rechazar los ataques… pero eventualmente uno golpeó su blanco.

Inuyasha retrocedió levemente cuando uno de los puños del hombre lobo se conectó con su quijada. Por un momento vio estrellas hasta que recuperó sus alrededores y agarró su espada más fuerte. "Bastardo!" él se abalanzó y pateó al hombre tan duro que salió volando de nuevo por el acantilado. Otro hombre escogió ese momento para atacarlo desde atrás, pero pronto se encontró volando sobre la espalda de Inuyasha atravesando el aire para encontrar la arena (y rocas) abajo.

Una espada atravesó el aire con asombrosa velocidad, e Inuyasha apenas tuvo tiempo para quitar su cuello del camino de la hoja. Se giró para ver al dueño del arma y alistó la suya en defensa.

Un joven lobo permaneció ahí, habiendo completado su movimiento con una sonrisa en su rostro. Estaba vestido de colores levemente más claros que el resto de su batallón y un poder levemente diferente parecía emanar de él.

"El único hanyou aquí…" El hombre lobo giró su espada y la deslizó en su funda a su lado. "La siembra de debilidad humana… Supongo que eso te haría el jefe, huh?"

"Kouga, presumo." El labio de Inuyasha se curvó con mofa.

"Mi reputación me precede." Kouga sonrió más amplio. "Parece que no necesitaré la espada para acabarte."

La batalla se desarrollaba a su alrededor, mientras Kouga esperaba para que Inuyasha hiciera el primer movimiento. Inuyasha simplemente tiró su espada al piso y esperó por que Kouga hiciera el primer movimiento. No iba a pelear contra un desarmado idiota con una espada, al menos de esta manera si perdía perdería en igualdad de condiciones.

Kouga de repente se movió y desapareció en un borroso movimiento. Inuyasha parpadeó ante el lugar donde había estado hasta que fue pateado duro en su estómago mientras Kouga reaparecía a su lado. Inuyasha inmediatamente sacó sus garras a pesar de estar doblado, pero falló y recibió un fuerte golpe en la parte de atrás de la cabeza por el codo de Kouga.

Ya estaba perdiendo… al menos nadie estaba mirando en su dirección. Aún tenía tiempo para desquitarse.

Pero todas esas esperanzas quedaron cortas cuando sintió a Kouga levantarlo en el aire por el frente de su haori limpio para colgarlo. Kouga sonrió y estuvo por decir algo feo… cuando captó un fuerte aroma emanando de la ropa de Inuyasha. Lo dejó caer… "Kagome…"

"Nop… aún Inuyasha…" Inuyasha se levantó y derribó a Kouga para sujetarlo en el suelo, garras presionadas contra su garganta. "Qué es ella de ti?!"

"Maldito perro!" Kouga intentó quitárselo pero sólo logró tener marcada su garganta por las garras del hanyou. "Soy yo quien debería hacer las preguntas! Cómo es que tienes su aroma?!"

"Adivina, genio!" Se mofó Inuyasha y golpeó a Kouga en el estómago antes de levantarse y continuar sujetándolo con su pie. La batalla continuó a su alrededor, y tuvieron suerte de que no hubiesen sido empujados. "Cómo es que la conoces?!" Demandó Inuyasha. Hasta donde sabía sólo estaba seguro de que Kouga y Kagome habían estado involucrados… pero aún no conocía los detalles.

"Idiota… ella es mi mujer!"

Shock golpeó a Inuyasha, y su presión en el pecho de Kouga se aflojó levemente. No había sabido ese detalle MENOR de Kagome… ya era la mujer de alguien más? Pero más que todo… estaba sorprendido de sentirse tan decepcionado y enojado.

"Basta!"

Los dos líderes levantaron la mirada por la batalla circundante para ver a Kagome corriendo indefensa hacia la escena de la batalla. Ambos inmediatamente entraron en pánico e Inuyasha liberó a Kouga de inmediato. "Dejen de pelear!" le ordenó él a sus propios hombres.

"Alto en este instante - dejen pasar a Kagome!" Kouga ondeó sus brazos para llamar la atención de sus hombres lobos.

Funcionó, y la pelea gradualmente llegó a un alto justo a tiempo para que Kagome atravesara a los estacionarios soldados para plantarse entre los dos líderes. Obviamente estaba sin aliento. "Inuyasha… tienes que detener la pelea… conozco a esos hombres…"

"También lo conoces?" Dijo Inuyasha inexpresivamente.

Kagome se giró con un frunce para ver a quién se refería… y visiblemente se tensó cuando lo vio. "Kouga…?"

Él la miró con shock por un momento, no creyéndole a sus ojos, antes de acercarla de repente en un fuerte abrazo. "Oh dios… te extrañé tanto…"

Kagome permaneció en un estado de shock, incapaz de devolver el abrazo. Tal vez antes si la hubiese saludado de la misma manera podría haberse derretido en sus brazos con felices sentimientos de amor. Pero ahora… todo en lo que podía pensar era en el hecho de que Inuyasha estaba observando.

Eventualmente, ella devolvió el abrazo, pero de forma desigual. Extrañamente, se sintió muy consciente de las miradas de todos sobre ellos. Luego de repente, sin avisar, Kouga la retiró del abrazo y presionó sus labios contra los suyos.

Fue una sensación familiar, que sintió una fuerte ola de nostalgia recorrerla, más que una ola de amor. Qué pasaba con ella? Por qué no podía regresar sus sentimientos en la misma forma que solía. Él se había ido… qué? Un mes? Su corazón se había endurecido más hacia él.

Podría haber sido el hecho de que se había repetido todos los días de que odiaba y despreciaba sus agallas. Pero aún ahora estaba encontrando difícil odiarlo cuando tan obviamente la había extrañado. Pero otra vez… aún estaba encontrando difícil aceptar que estaba aquí con ella.

"Por dios, consigan una habitación." La áspera voz de Inuyasha interrumpió el momento y Kagome rápidamente se separó, sintiéndose un poco avergonzada. Algo que no sentía con frecuencia.

Antes de que Kagome pudiera hacer mucho más, sintió unas gentiles manos agarrarla de hombros y brazos. "Bienvenida Nee-san." Ella reconoció a Ginta.

"No ha sido lo mismo sin ti." Hakkaku le sonrió.

"Gracias…" murmuró Kagome tontamente mientras Kouga continuaba abrazándola por su costado con un brazo alrededor de sus hombros.

"Esto es interesante, perro." Kouga miró duramente a Inuyasha. "Pasa que ahora tienes dos cosas que quiero. Tu Reino… y Kagome."

Inuyasha movió una perspicaz mirada entre el par. Kagome estaba sonrojándose fuertemente… "Eso parece."

"No soy un hombre avaro," continuó Kouga, inconsciente del movimiento de Kagome para separarse de él. "Si me devuelves a mi Kagome, terminaré el ataque en tu Reino. Tal vez alíe mis fuerzas con las tuyas para ayudarte a derrotar al Norte."

Todos lo miraron. Fue Ginta quien habló primero. "Renunciarás al ataque-?"

"Renunciaría a mi vida por Kagome." Kouga se giró hacia ella. "Cuando me fui por apenas una semana pensé que iba a enloquecer sin ti. Regresé sólo para encontrar que tu familia te había repudiado y te fuiste. Quise seguirte… pero tenía obligaciones aquí… pero ahora que te he encontrado de nuevo, felizmente renunciaría a ellas por ti."

"Kouga…" Kagome estaba halagada.

Inuyasha hizo movimientos nauseabundos a su espalda.

"Y como dije te ayudaré a atacar el norte." Continuó Kouga, mirando a Inuyasha quien de repente cambió de nauseabundos a frotar su garganta inocentemente. "Pero después de que los derrotes… no mantendré promesas sobre ir contra ti otra vez. Qué dices?"

Inuyasha miró a Kagome para verla observándolo intensamente. No podía leer su expresión pero parecía como si le implorara decir sí. Ella amaba a Kouga… por qué no lo haría? Él rápidamente fue a sus otras opciones en esta elección. Si decía no, entonces terminaría haciendo que Kagome lo odiara y seguiría con dos fuertes enemigos para pelear. Si decía sí, Kagome estaría feliz, y tendría fuerzas más fuertes para pelear contra el enemigo en el norte. Eso aumentaría sus oportunidades. Realmente no había mucha opción…

Pero estuvo reluctante a dejar ir a Kagome.

Kagome observó a Inuyasha cuidadosamente mientras Kouga apretaba su hombro gentilmente. Ella esperó su respuesta con entrecortada respiración, igual como todos los demás en los acantilados. Medio quería que dijera no. No quería dejar este lugar para estar con Kouga… pero de nuevo se dio cuenta que diría sí por el bien de su reino.

Muchas emociones conflictivas crecían dentro de ella. No entendía más sus sentimientos hacia Kouga… y más importantemente… sentía que apenas estaba comenzando a entender sus sentimientos hacia Inuyasha. Qué iba a decir?

Inuyasha suspiró mientras aceptaba. "Bien. Tómala."

El corazón de Kagome se hundió.

Kouga sonrió. "No eres tan estúpido como pareces después de todo, eh?"

Inuyasha gruñó otra vez.

"Grandioso." Kouga hizo una señal hacia sus hombres. "Acamparemos en el bosque cerca al límite medio de los reinos. Llámanos cuando nos necesites. Vamos Kagome."

Kagome tartamudeó levemente mientras agarraba su muñeca y comenzaba a llevarla. "También tengo que dormir en el bosque?"

"Quieres decir que quieres quedarte en el palacio, con él?" Kouga le frunció.

Kouga o el palacio… bueno… Kagome era más chica material en estos días. "Pero hace tanto frío aquí en la noche…"

"Pero es un clima tropical." Kouga observó su rostro cuidadosamente, intentando leer sus sentimientos.

"Pero… me ensuciaré…" Kagome jugó con su falda. "No puedo quedarme en el palacio… puedes venir a visitarme cuando quieras."

"Pero qué hay de la noche… Te extrañaré…" él frotó sus brazos afectuosamente. Tras ellos Inuyasha giró sus ojos y les dio órdenes a los soldados Inu Youkai para dar vuelta y regresar a casa. "Apenas te encontré… No quiero perderte de nuevo tan pronto…"

"No me perderás…" Kagome miró sus pies.

"Pero qué si toma ventaja de ti." Kouga levantó su mentón hacia Inuyasha quien permanecía tenso a una corta distancia, brazos cruzados y expresión tormentosa.

"Él no es así…" dijo Kagome gentilmente.

"Cualquier hombre que te captura y te hace una concubina es así." Dijo Kouga cortamente.

"C-Concubina?" Kagome subió sus ojos de golpe. "No soy su concubina."

Hubo un fuerte suspiro en dirección de Inuyasha. "Al menos… no más…"

Kagome estuvo por girarse y lanzarle algo a él por ese comentario pero el agarre de Kouga era firme. Habló tan tranquilamente que Inuyasha no pudo escucharlo. "Bien… puedes quedarte en el palacio… pero cuando todo esto termine tomaremos el sur igual que el norte y luego puedes ser mi Reina. Puedes quedarte en el palacio conmigo todas las noches."

Kagome no dijo nada. De repente no le gustó la idea de conquista.

"Adiós Kouga…" ella rápidamente se separó y pasó a Inuyasha quien miró a Kouga un poco más antes de seguirla lentamente.

"Así que finalmente están juntos, huh?" Remarcó Inuyasha.

Kagome asintió con una sonrisa forzada. "Supongo…" ella lo miró, intentando calcular su reacción.

Se sorprendió de verlo devolverle una plácida sonrisa. "Bien. Estoy feliz por ti. Es bueno ver que finalmente recuperaste a tu hombre."

"Mi qué?" Kagome se detuvo en seco.

"Kagome!" Ella se giró para mirar a Kouga que estaba caminando detrás de sus hombres, de espalda para poder verla. "Estaré pensando en ti cada minuto que estoy lejos. Te amo!"

Kagome no pudo decir las mismas palabras. "A ti también!"

Hubo un fuerte sonido tras ella mientras saltaba a tiempo para ver un enorme y viejo árbol balancearse para caer contra el suelo, un hoyo en el tronco a la altura del hombro. Ella hizo una mueca cuando impactó con un estruendo y miró tras Inuyasha quien lo pasó casualmente, aún con esa inalterada mirada plácida en su rostro y un leve silbido en sus labios.

Tenía que hablar con él sobre una visión que había tenido mientras caminaba… pero ahora no parecía ser el momento. Sólo lo siguió dócilmente, manteniendo su cabeza gacha mientras reflexionaba en sus pensamientos de Kouga…

Para cuando alcanzó el palacio lo supo en su corazón…

No lo amaba.

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"Ya veo… Así que ella ya está casada con el líder de la manada Lobo." Lady Inu estaba sentada ante su espejo cepillando su cabello delicadamente. Miró a Sango a través del espejo, quien estaba botando a Fushi en su rodilla en su cama. "Por qué no nos dijo?"

"Me lo dijo antes." Sango arrugó su nariz. "Aparentemente la abandonó de cierta forma por su amor a la guerra… dijo que odiaba sus agallas y esperaba que fuera neutralizado por la espada de alguien."

"Cómo lo está tomando Inuyasha?" Preguntó su madre tranquilamente.

"Um…" Sango pensó en cómo había estado actuando Inuyasha desde la confrontación con los lobos esa mañana. "Está tomándolo bien… muy bien… si no lo supiera mejor… diría que estaba un poco perturbado."

"Dios…" Lady Inu suspiró. "Si estuviese celoso nos lo haría saber a través de la violencia. Algunas ventanas rotas…? Puertas? Algo roto?"

"Si está enojado está conteniéndolo bien." Sango acomodó a su hijo cerca a su pecho. "Y sabe cómo es… no es físicamente capaz de contener la rabia. No creo que tuviéramos éxito… no creo que le guste Kagome en esa forma…"

"Maldición… ahí se fueron mis nietos por la ventana." Lady Inu golpeó su rodilla con su cepillo. "Supongo que tendré que ir a cazar una nueva novia."

Sango suspiró y no dijo nada. Estaba decepcionada… la única chica con la que finalmente Inuyasha había compaginado… la única chica que parecía tener alguna decencia moral… ya estaba tomada por el enemigo. "Supongo que debo ir y preparar la habitación de huéspedes para que Kagome duerma ahí…"

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Finalmente la tenía. La información que podía usar para comprar su libertad. Todo lo que tenía que hacer era encontrar a Sesshomaru y decirle lo que necesitaba saber y luego estaría un paso más cerca de tener la Shikon no Tama en su posesión.

Pero primero - el almuerzo. Su estómago iba a tomar la prioridad sobre su alma… así que se dirigió a la cocina para tomar una merienda antes de ir a la cama.

Abajo la cocina estaba vacía mientras todos estaban alistándose ya para ir a la cama. Las únicas personas que estaban despiertas durante la noche eran unos pocos sirvientes y todos los guardias y vigilantes. Todos los demás dormían cómodos como un bicho en sus camas.

Kagome se dispuso a buscar los ingredientes para su merienda favorita… sólo le tomaría unos minutos hacerla… pero encontrar las cosas que necesitaba podría tomarle una hora considerando el tamaño de esa cocina. Ella comenzó a abrir gabinetes al azar, mientras hacía una mueca ante el fuerte gruñido que su estómago hizo en protesta.

"Espera un minuto…" ella frotó su estómago e intentó seguir su nariz. Ayudaría mucho más si tuviera una nariz como la de Inuyasha…

"Buscando algo?"

Kagome saltó ante el sonido de la voz de alguien tras ella. Se giró para ver que uno de los sirvientes estaba justo detrás… no lo había escuchado entrar. Eso era inquietante. "Uh… puedo lograrlo." Ella sonrió mientras colocaba su cabello detrás de su oreja.

Él gruñó antes de recostarse contra el mesón tras él. "La tienes?"

Kagome lo miró, parpadeando. "Tengo qué?"

"La información de Sesshomaru." Dijo él cortamente.

"Uh…" Kagome luchó por hacer funcionar su cerebro mientras su corazón se aceleraba un poco. Ellos estaban tras ella? Sabían que estaba haciendo cosas para el hermano mayor de Inuyasha? "No sé de qué estás hablando…" dijo ella con poca convicción.

"Oh por amor de dios…" gruñó él y se movió contra el mesón mientras su mano subía para frotar su mejilla. Kagome lo observó con amplios ojos mientras retiraba algo de pintura facial o maquillaje… para revelar dos oscuras rayas en su mejilla. "Trabajo para su reino. Me envió para recoger la información que quiere de ti."

"Oh…" Fue todo lo que Kagome pudo decir. No estaba lista para esto todavía. No había decidido cómo iba a tratar con este problema. De ninguna forma iba a decirle a Sesshomaru sobre la luna nueva… no después de que había hecho esa promesa de manos con Inuyasha para mantenerlo en secreto. Ella lo guardaría con su vida…

"Y bien?" el hombre chasqueó sus dedos ante su rostro para captar su atención. "Cuál noche es la noche humana del mocoso?"

"La luna llena." Dijo Kagome sin pensar. "Dile a Sesshomaru que si quiere atacar a Inuyasha… lo haga en la luna llena." Él no tendría una oportunidad contra esa descontrolada versión de Inuyasha… tal vez…

El espía la miró duro por un momento antes de gruñir y girarse para irse.

"Espera - dónde está mi cura?!" Kagome dio unos pasos tras él.

"Sesshomaru la tiene."

"Pero la necesito! Dijo que me la daría cuando le diera la información!" Gritó Kagome enojada. "Fue nuestro trato!"

"Relájate! Sesshomaru dijo que te entregaría la cura cuando invada."

"Pero necesito esa cura ahora o moriré!" Rugió Kagome.

El espía le sonrió. "Sesshomaru invadirá antes de que tu tiempo termine… no te preocupes por eso." Él se giró y salió de la cocina, sólo así.

Kagome miró tras él un momento antes de recostarse contra la alacena tras ella. Su estómago había dejado de emitir sonidos… y extrañamente no se sentía más hambrienta… y ciertamente un poco inquieta.

Qué había hecho? Había tomado la decisión correcta? Sesshomaru sabría que mintió? Qué pasará cuando invada? Inuyasha estaría bien? Ella obtendría su cura?

Kagome movió su cabeza con una mueca y un jadeo. No podía pensar en eso ahora. Muchos problemas y respuestas estaban presionando su cabeza… y sólo podía tratar con uno a la vez. Primer problema - estaba cansada. Necesitaba dormir. Así que iría a la cama para solucionar ese primer problema.

Mañana podría decirle a Inuyasha sobre su padre…

Ella se desplazó por el palacio, dirigiéndose hacia los dormitorios reales, la fatiga y el cansancio hicieron pesados sus párpados. Apenas llegó a los dormitorios reales sin caer de rodillas y caer dormida en el piso de los corredores. Pero de alguna forma lo logró… y por puro hábito, entró a la habitación de Inuyasha y se deslizó en la cama.

No se dio cuenta que alguien más también ocupaba la misma cama.

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Continuará…

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Nota de la autora: Adivinan quién? Los reto.

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