Capítulo 11
Fernández y Hernández atraparon por definitiva a Sakharine, sería llevado ante las autoridades, no tuvo de otra más que entregarse, había perdido.
Por otro lado, estaban los tres valientes, felices de haber triunfado sólo quedaba descubrir las latitudes exactas del tesoro, el reportero las puso contra los rayos del sol, Elizabeth y Haddock observaba esto.
-Por mil demonios son coordenadas-
-Los tres pergaminos revelan
-La latitud y la longitud –
- ¡Ahí es donde está el tesoro amigos! –
Los dos caballeros estaban muy entusiasmados, festejaron saltando abrazados, ¡por fin el tesoro era de ellos!, Elizabeth riendo los veía, estaba contenta y soltaba uno que otro "lo logramos", Haddock con sus brazos la tomó y festejó por igual, Tintin se le unió, nuevamente como niños pequeños celebraron, después de un rato Haddock soltó el abrazo grupal y gritó por la borda, Elizabeth y Tintin se habían quedado solos.
-Por fin, lo hicimos, ahora puedo estar más tranquila-
-De verdad que sí, solo falta ver el tesoro-
-Sí…
Tintin notó un poco de tristeza, no sabía por qué.
- ¿Le pasa algo? -
-Eso significa que mi trabajo ha acabado, debo regresar pronto a…
- ¿Entonces no se quedará a ver el tesoro?!, debe quedarse- insistió el chico
-No puedo, yo-
-Si puede- Tomó las manos de la joven-usted también formó parte de esta aventura, le agradezco por toda su ayuda-
En su piel blanca broto un robur natural, estaba alagada por el comentario del chico, avergonzada bajó la mirada y sonrío, de nuevo su mirada se posó en el chico, en aquel joven que la miraba de forma encantadora, no pasó mucho tiempo cuando fueron interrumpido por Haddock, contemplaba pícaro la escena entre ellos, Elizabeth miró a otro lado y Tintin apenado soltó sus manos, y actuaron como si nada. Haddock rio con fuerzas al verlos así por primera vez y soltó un "atolondrados".
Era un nuevo día y Milú los disfrutaba, el viento lo sentía en sus bigotes, a su lado Haddock veía atento a través de un telescopio, Elizabeth estaba al frente, iba vestida diferente, su vestido era holgado, tenía botones a lo largo del mismo y su color blanco le daba frescura y vitalidad, tenía tirantes y abajo llevaba una blusa delgada de manga larga, su pelo suelto revoloteaba con el aire. El intrépido joven estaba a su lado, vestía formal con un saco y corbata haciendo juego.
Los cuatro iban en un pequeño carro rojo, a toda velocidad para ver el lugar donde indicaban las coordenadas.
- ¡Estamos cerca oficial Tintin!, un grado a estribor y listo-
- ¿Está seguro que es hacia allá? -
-Créame Tintin, conozco estos parajes como la palma de mi mano- contestaba muy seguro. - ¡A estribor ahora, ahora! –
- ¡Sí capitán, a estribor! –
- ¡Vamos a chocar! –
Tintin giró de forma brusca el volante, todo el carro se volteó enseguida contra un arbusto, pasándolo llegaron a su destino.
- ¡Alto! -
Sus cabellos negros estaban enredados de unas cuantas hojas, todas pertenecientes al arbusto de antes, sacudió removió las mismas, a continuación, Haddock bajó del auto, Tintin bajó y enseguida, de forma caballerosa, abrió para la chica la puerta del auto, agradeció el gesto y se pusieron en marcha.
Haddock paró un momento para contemplar la gran arquitectura del lugar.
-El castillo de Moulinsart-
-Las coordenas nos trajeron aquí, ¿aquí fue donde Francisco escondió su tesoro? -
- ¿El tesoro no se hundió con el barco? - respondió el chico.
-Buenos días señor Haddock, señor Tintin, señorita Elizabeth, los estaba esperando- desde la puerta estaba el mayordomo de esa gran mansión.
Todos entraron con intriga y entusiasmo, en eso pararon.
-Bienvenidos al castillo de Moulinsart-
- ¡Mira este lugar!, creo que no ha cambiado nada desde que yo era un niño-
-Este lugar es enorme- con sus ojos azules pudo percibir que era una inmensa mansión, algo vieja y abandonada pero que entre tanto polvo ocultaba gran valor y riqueza, Elizabeth inspeccionaba cada parte de ella, de forma curiosa.
- ¿La conoce capitán? - estaba intrigada.
-Claro, viví de niño aquí, fue una gran época hasta que se perdió la posesión de la misma, ahí fue donde todo cambió-
-Debo decirle señor lo mucho que apreciaba que un Haddock se hiciera a cargo-
-Pues seguirá esperando, Néstor, no tengo suficiente dinero para vivir aquí-
-Bien capitán conoce la casa, ¿hacia dónde? –
- ¡¿La bodega sigue aquí?!-
Se encontraban ya más debajo del castillo, estaba oscuro y era el lugar más polvoriento del lugar, sin embargo, ya estaban a nada de ver y tocar el misterioso tesoro.
-No, no, ¡aquí no es!, hablo de la otra bodega-
-Lo siento señor no hay otra bodega-
-Era más grande-
- ¿Milú?, ¿dónde estás Milú? –
Los ladridos del perro se escuchaban en una habitación diferente, muy cerca, Elizabeth retrocedió junto al mayordomo y al igual que él, observaban como ambos retiraban escombros y cajas sucias, esto reveló un hueco en la pared, Milú apareció y Tintin tuvo una idea.
-Justo lo que decía capitán, si llega un muro…
-Atraviéselo-
Y de forma literal atravesaron el débil muro de ladrillo, se dejaba al descubierto varios objetos de valor, nadie podría creerlo, ese lugar dejaba algo más que polvo y telarañas.
-Mi abuelo debió levantar el muro cuando perdió la propiedad-
-Entonces lucirá la cruz del águila-
Tintin caminó hacia una estatua antigua, parecía un monje con hábito religioso, sostenía una cruz y debajo se encontraba otra pista más.
-Se refiere al poema-
-Veo la cruz, pero… ¿dónde está el águila? -
-Tiene razón capitán-
-San Juan evangelista, siempre fue representado con un águila y se le dice el águila de Padmos-
-Ya veo…
-Él es el águila- Tintin se acercó a ambos apuntando la estatua.
- ¿Qué intenta decir?, ahora mismo estamos algo perdidos caballeros.
Haddock estuvo en silencio, y se dirigió al globo terráqueo debajo del evangelista, reconoció algo muy curioso.
-Esa isla no va ahí, no existe-
- ¿Cómo lo sabe capitán? -
-Porque he surcado esas aguas infinitas veces, niña, he estado ahí es un error-
Los dos jóvenes se miraron, detectaron algo que estaba ahí, e involucraba al capitán.
- ¿Y si no fuera un error? -
- ¿Cómo?, explíquese Tintin-
-Francisco quería que su herencia pasara a un hombre que la mereciera- Haddock enseguida iba comprendiendo las palabras del reportero- Un hombre como él que conociera los mares como la palma de su mano, un hombre que al ver un globo terráqueo supiera que una pequeña isla no estuviera en su lugar-
Haddock pinchó aquella isla y la tapa del globo salió explotando, todos se asustaron que dieron unos pasos atrás, pero… ahí estaba, el tesoro.
-Debería escribir postales de motivación, Tintin-
-Qué graciosa-
La muchacha río, y todos la secundaron.
-Bueno, veamos esas monedas de oro-
Haddock y Tintin sacaron algunas relucientes, había monedas de oro y joyas, los dos sonrieron al ver tal descubrimiento, por fin, era el tesoro de Rackham el rojo. Elizabeth se acercó un poco y pudo sentir y ver esas monedas brillar.
- ¿Qué es esto? - Haddock tomó con ambas manos un sombrero antiguo, contenía más monedas de oro, las vació en otro contenedor plateado, enseguida muy orgulloso probó el sombrero, era como ver a Francisco en vida.
Tintin sacó una pista más de ahí.
El mayordomo trajo un vino unas copas para celebrar, Haddock tomó una y repartió las demás.
-Que solo sea una copita, ¡hay que brindar por nuestra buena fortuna! - y de un tragó vació la copa.
Elizabeth sólo bebió poco y la dejó en la bandeja, Tintin entregó su copa al capitán que la bebió enseguida.
-Aunque sería extraño, cualquiera diría que después de tantos problemas habría…
- Habría, ¿qué? –
-Un tesoro más grande-
Claro, Tintin, usted dijo que Rackham había saqueado…
- ¡Olvídenlo!, habrá suficientes para todos-
-La vida es curiosa, ¿verdad?, ya tiene la historia para su periódico, y Elizabeth, usted ya es libre de cargar sin nosotros, lo que bien empieza bien termina-
-Bueno, no fueron una carga, y agradecí el viaje, fue una experiencia grata caballeros-
-Aún no termina- Ambos se le quedaron viendo- Francisco dejó otro indicio debajo del globo-
- ¿Indicio de qué? - respondieron ambos.
-Indicio de cuatro quintales de oro- ahora sus caras expresaban sorpresa- ocultos en el fondo del océano… ¿qué tal su sed de aventura?, capitán, Elizabeth-
-Insaciable, Tintin- ahora respondía por los dos.
El entusiasmo no cesó, los dos caballeros se entusiasmaron por la siguiente aventura, en cambio Elizabeth debía retirarse, por una parte, había cumplido la palabra de su amigo y por la otra… no quería irse. Silenciosamente salió de la bóveda, ambos no se habían percatado de su ausencia y eso le ayudó; durante su camino de regreso se encontró con el mayordomo, ella hizo un gesto de silencio y él entendí, pero no pasó mucho para que la descubrieran.
-Pensé que dirías adiós-
No tuvo otra opción que voltear.
-No me gustan las despedidas, me ponen algo… triste- su voz tenía un tono juguetón.
- ¿No le dijeron que era de mala educación no despedirse? - Tintin respondió con la misma jugarreta.
-Ya, ahora supongo que quiere que diga "adiós"-
-Sólo si usted quiere-
Elizabeth sonrío una vez más, de forma divertida, Tintin entonces comenzó una nueva conversación, así los dos se fueron caminando por los largos pasillos del castillo, dejándose llevar por las palabras compartidas entre ambos.
Hola, nadie ve esto, pero aquí sigo
Espero haya gustado, emm no creo que este sea el final final, sólo espero acabar pronto, ya casi entro a clases y no me gustaría dejar esto a un lado.
Muchas gracias por leer, puedes dejar algún comentario o lo que quieras.
Nos vemos en otra
Bye.
