Capítulo 11. La Fantástica Leyenda de Aya III
Gatomon
A ver Aya… ¿por dónde empezar? Recuerdo que eran principios de verano. ¿O finales de? No, creo que definitivamente el verano estaba emprendiendo su marcha en el mundo. El calor era insoportable, y si yo no aguantaba, los YukimiBotamons menos. Hace poco me había convertido en la superiora de la aldea. Todo fue gracias a una acción solidaria de mi parte, convirtiéndome en un buen samaritano. ¿Qué cuál fue la acción? Salvé a una pequeña que se encontraba atapada en un pozo de agua. Poniendo un poco de orden y leyes de seguridad, me agradecieron de esa forma. Al no tener un hogar en aquél tiempo opté por quedarme hasta que fueran lo suficientemente independientes para poder auto-gobernarse.
Durante ese tiempo se me ocurrió escribirle una carta a un ser en particular, me imagino que ya sabes quién. Exactamente hija, era a tu padre.
Patamon,
Te escribo esta carta por ningún motivo en particular.
Hace mucho tiempo que no nos vemos y pensaba en… no sé. Fácil podrías venir de visita, si es que claro no estás ocupado. Me he vuelto en la superiora de la aldea de los YukimiBotamons, nunca creí llegar tan lejos en mi vida. Es un halago para mí, en verdad. La historia en sí es bien graciosa.
Hay algo muy importante de lo que quisiera hablarte. ¿Recuerdas de la última vez que nos vimos? Es sobre eso. Espero que el haberte dicho eso no te haga retractarte de venir. Comprenderé si decides no hacerlo, después de todo… tener algo más en esta vida en éste momento tan crucial es difícil debido a los tiempos en los que vivimos. Ojalá vengas.
Saludos,
Gatomon
Metí la carta en un sobre blanco y le pegué una estampilla.
La inseguridad me carcomía de pies a cabeza.
¿La leerá? ¿Vendrá? Desearía poder ahogar mis penas en el alcohol, como lo hacen la mayoría de personas. Me pregunto si es algo bueno. Dicen que te quema las neuronas… ¿dolerá cuando se queman? ¿Cómo se sentirá? Debe de ser como un fuerte dolor de cabeza… si fácil eso. Y de ahí no te puedes levantar y olvidas todo lo del día anterior.
"A eso se le llama resaca" una voz que me sonaba familiar me hizo soltar el sobre que llevaba en manos. Frenéticamente traté de agarrarlo en el aire y solté un suspiro de alivio al tenerlo de vuelta. Abrí el buzón situado en la intersección de la aldea con el Bosque Laberinto y miré a mis espaldas a ver al misterioso intruso de mis pensamientos.
"¿Ahora puedes leer mentes?" le pregunté, "Haz cambiado tanto Veemon. ¿Qué haces por aquí?"
Al frente mío se encontraba un antiguo compañero de aventuras del pasado. Su cabello azul se había aclarecido y su larga bufanda amarilla se veía gastada y vieja. Sus ojos carmesí resplandecían con el sol y me veía reflejada en ellos, causando que me ruborice ligeramente. Debo de admitirlo, Veemon se veía apuesto, y me siento abrumada por el calor interno que siento en mí. Mi cuerpo desea algo, pero mi mente lo rechaza. Es lo mejor.
"En realidad…" su mirada se dirige al horizonte, hacia el amarillo que fallece trayendo aquellas luces brillantes, y coloca sus brazos (cabe destacar que eran musculosos) detrás de su cuello, "Estabas hablando en voz alta. Aunque la idea de leer mentes no está tan mala"
Me quedé en blanco, "Cu-cu-¿cuánto escuchaste?"
"Hmm, lo suficiente para decirte que de lo que hablabas se le llama resaca"
Suspiré nuevamente y le dirigí una cálida sonrisa, "Ah ya veo. Pero dime, ¿qué haces aquí?"
"¿Acaso no puedo venir de visita?" me reprocha de una manera infantil, "Si tengo ganas de ver a Gatomon vengo. Además hace mucho tiempo que no nos vemos"
"Tienes razón…" empecé a caminar hacia él, forzándome a mi misma a recordar el pasado que tanto luché por olvidar. Pasé a su lado pero no me detuve, "Si no tienes dónde pasar la noche te puedes quedar en mi casa"
Sus ojos se iluminaron y me cogió de las manos, "¡Muchísimas gracias no tenía donde dormir!"
Miré al otro lado, de reojo, "Ajá…"
Me solté y proseguí con mi camino; Veemon siguiéndome como un niño pequeño (como si le hubiera dado dulces a cambio de seguirme). Al llegar nuevamente a la aldea pasamos por una pequeña tienda artesanal. Me sorprendió que siguiera atendiendo hasta tarde y me acerqué un rato a curiosear. Me llamó la atención una muñeca de trapo.
"Tenemos ofertas" una voz infantil, llena de sueño, me dice al acercarme y cogerla.
"Gracias pero solo estaba viendo. ¿Porqué atienden hasta tan tarde?" pregunté de metiche. Como decía Kari, 'la curiosidad mató al gato' así que tengo que tener mucho cuidado al indagar.
"Mi hermana está enferma y estoy vigilando la tienda. Normalmente no me deja pero voy a atender hasta la hora que sea necesaria para subir nuestras ganancias"
Le sonreí a la niña, no pude fijarme en su apariencia debido a la falta de luz. Anocheció más rápido de lo que pensé, y le dije que buena suerte en su trabajo.
"Te has vuelto muy amable" Veemon había soltado un comentario.
"Tienes razón… antes solía ser una persona, digo, Digimon muy frío" respondí, tratando de ocultar mi cambio de voz a un tono melancólico.
Un silenció incomodo se hizo cómplice de ambos. Nuestras palabras se quedaron atrapadas en nuestras bocas, desando salir pero el silencio era demasiado perfecto para romperse. Luciérnagas revoloteaban a nuestro alrededor, iluminando la pequeña colina que debíamos de subir para llegar a mi hogar.
Presente
"Ma…" dice Aya, pensativa.
"¿Dime?" pregunta una curiosa Gatomon.
"Lo que escribiste en la carta es… ¿cierto?"
"¿A qué te refieres?" el terror se apoderó de su rostro.
"Que… tengo algún hermano o hermana por ahí… mencionaste algo de que mi padre era… papá"
El alivio borró aquella expresión anterior y no pudo evitar soltar una risa, "Por un minuto me asustaste. No, no tienes ningún hermano o hermana"
"Entonces me ocultas algo, tu expresión te delató"
"Tan perspicaz como siempre Aya… A ti no se te escapa nada. Todo a su debido momento, ¿de acuerdo?"
"Y mi tío Veemon... ¿por qué siempre aparece cuando menos se le espera?"
"¿Por qué no te agrada? Siempre me ha resultado eso muy curioso"
"No lo sé... siento que hay... oscuridad a su alrededor..."
"Mejor sigamos con esto..."
Mamá...
4 días después de la llegada de Veemon
"¡Y entonchses, simpelkmektngh.. se jué… se jué… me abandonó… tiradah ají…! Me prometiou ke etriah ají.. dero nu… se hisó de diá… y pum…" hice un silencio de total suspenso, "El ojtro ladou de la cama eshtabah vació"
Lágrimas salían de mis ojos y mis mejillas ruborizadas por mi evidente estado de ebriedad. Veemon me miraba perplejo, nunca creyendo ver que YO tendría un lado de esa manera.
"Ya…" fue la única frase que salió de sus labios.
"¡Ojtrah!" grité a un camarero inexistente en mi hogar mientras levantaba mi vaso vacío de sake.
El peli-azul suspiró y me sirvió un trago más. Veemon seguía tomando pero se encontraba consciente de sus actos, el alcohol no tenía tanto efecto en el. Suertudo. En jerga se podría decir que soy 'pollo'. Es decir, un par de sorbos y ya caigo rendida ante el efecto de aquél elixir que me auto-prohibí para desahogar mis penas. De un solo sorbo me acabé lo que me acaban de servir y me limpié la boca con el codo. Golpeé la mesa por una evidente frustración y Veemon casi salta hasta el techo del susto.
"De todas formas, no puedo creer eso de él. Que te haya dejado… un minuto. ¿Tuvieron… ya sabes… eso?" la expresión de Veemon cambió nuevamente, ahora a una de odio.
"¿A quej te refiersh con esoj?" repliqué, con lágrimas y mocos en el rostro. Mi furia se había apaciguado.
Un silencio invadió mi diminuto comedor hasta que mi –nuevo mejor- amigo explotó, "¡Amor! ¡Hacerlo! ¡Acostarse!"
Asentí como un perrito múltiples veces, "Shi"
Veemon me dio la espalda y me pareció escucharlo murmurar mientras apretaba la jarra de sake, "Maldito humanoide alado sonriente… le robaste su inocencia, se supone que ese sería yo. Hijo de…"
"¡Veemon el sake lo vas a romper!" exclamé antes de que siguiera con su diminuto monólogo.
"Perdona perdona" me replica mientras voltea, tratando de tranquilizarse.
"Peroh ajun ashi" solté un pequeño hipo, "deriah de habej considerasoh sus ajtos… dejajme embarashada ashi por ashi y desaparesej evadienduj sus rehpnsahbilidadesh" volví a estallar en llanto.
Veemon volvió a darme la espalda y prosiguió con su monólogo, "Y ahora me robas mi primer hijo también…"
"Oye…" me acerqué más a él y lo volteé, haciéndome que me mire a los ojos, "¿Yoh shi tegh gustoh nu?"
"G-G-G-Ga…" Veemon se atoraba con su propia saliva. Se veía tan inofensivo, rendido ante mí. Hipnotizado por mi vestido blanco que se caía de mis brazos, "G-G-G—"
"¡Nee! Respondeh" grité acercándome más a él, "Tu shi me valoraj… no como él Patamonj queh me abandhogihflfbkfllbkf" no pude terminar ya que me empecé a hundir en lágrimas nuevamente.
"Shh shh" me tranquiliza Veemon, levantándose, acercando mi cara a su pecho y acariciándome la cabeza, "Todo va a estar bien. Si pasa cualquier cosa yo estaré ahí para ti. Aunque no sea su padre biológico seré el mejor padre que esa criatura tendrá"
Fue ahí entonces cuando ambos escuchamos una voz familiar. Mis orejas revolotearon, literalmente, de un lado para otro.
"Con permiso… ¿hola?"
"Patamon…" logré decir, recuperando mi sentido del habla, "No puede… no puede… verme así"
Empecé a decir sola, levantándome empujando un poco a Veemon. Mis piernas respondieron de una manera inesperada y Veemon se agachó para sostenerme. Nuestros labios se rozaron y nos sumimos en un apasionado beso. En uno de los más apasionados que no tenía desde mi último encuentro con Patamon, hace casi dos meses o más.
El individuo de cabello azul y bufanda amarilla me levantó y nos empezamos a chocar contra todo tipo de objeto en mi diminuto comedor. Nos apoyamos en la puerta de salida al recibidor y proseguimos besándonos. Estaba omitiendo todo tipo de pensamiento, el niño que llevaba en las entrañas, la visita de Patamon, la existencia de Patamon. Deseaba olvidarlo todo. Hasta que recordé algo muy importante si no queríamos que este momento terminara.
"El seguro" logré decir bajo mi aliento. La puerta cedió y ambos caímos al suelo, encima de la puerta, "Ay" solté.
"¡Superiora! ¡Superiora!" una voz que me rompía mis orejas –y cabe destacar que se me era desconocida- hablaba en mi casa. "Dios mío"
Volteé para mirar a la misteriosa intrusa y me di con la sorpresa de verme cara a cara con Patamon. Confundida, miré a Veemon, quién tenía una mirada burlona en su rostro, como si estuviera diciendo, "Te gané". Nuestras manos se encontraban entrelazadas y nuestra respiración parecía una sola.
"¿Patamon? ¿Y tú qué haces acá?" pregunté con un tono gracioso. El efecto del sake no había desaparecido por completo y, aparentemente, mi deseo de omitir todo pensamiento sobre aquél ser había sido exitoso.
Vi como su expresión se tornó sombría y su flequillo cubría su rostro, "Vine por el motivo que me indicaste en la carta que me mandaste pero veo que eso ya no importa más. Hasta luego"
Patamon empezó a retirarse, y la intrusa misteriosa se encontraba parada, mirándonos, atónita. Asumí que había sido un Salamon por su apariencia, "¿Y tu quién eres? ¿Qué haces mirando? Si no tienes nada que hacer vete"
xXx
"Metí la pata, metí la pata… ¡Metí la patota!" Veemon me alcanzó un par de tisúes para apaciguar mi llanto, "Me olvidé por completo de la carta que mandé y ahora me debe de odiar porque me vio contigo y ahora seguro va a pensar que no lo acepto como padre de Jun y… y…"
Veemon me miró inexpresivo, "¿Jun?"
Presente.
"¡¿Jun?" me gritó Aya exaltada, "Me mentiste lo sabía tengo un hermano por ahí"
"No hija, no… no te he mentido. No tienes hermano. Pero si eres nuestra segunda hija"
"¿Pero a qué demonios te refieres?, dilo de una vez… maldita sea"
Gatomon ignoró el casi fuerte vocabulario de su hija por esta vez y prosiguió pero sin antes pensar, "Con razón que le agrada Mizu. Sus expresiones son similares"
Gatomon
"¡Si Jun! Ya le puse nombre…" con eso dicho me soné mucho más la nariz y sangre llegó a salir, manchando el blanco papel, "Ya no se qué hacer con mi vida"
"Vayámonos… los dos, lejos" miré a Veemon mientras me volvía a sonar e intenté reírme un poco, creyendo que decía aquellas palabras para animarme un poco. Noté muy tarde que sus ojos mostraban una determinación inexplicable, "No es broma, va en serio"
"Ya me di cuenta…" repliqué dudosa, "No puedo irme así como así. ¿Qué será de los habitantes? Me da lástima dejarlas tan solas a todas"
"Gatomon…" mientras Veemon decía mi nombre, me levanté abruptamente de la silla y abrí la puerta al exterior. La noche se veía hermosa.
"Voy a salir un rato… no me sigas"
xXx
Caminé y caminé, hundiendo mis preocupaciones en una bolsa de maní que encontré por suerte en un local del pueblo. Seguí comiendo y comiendo, caminando y caminando, acelerando el paso, corriendo y corriendo, sintiendo el viento, el swoosh woosh de él chocándose contra mi larga cabellera plata. Sumisa como siempre, me detuve cuando su ímpetu no me dejaba seguir adelante y me di cara a cara con el terror personificado.
"He entrado al Bosque Laberinto…" logré decir entre mi cortada respiración, "¿Cómo saldré ahora? No puede ser… todo me está saliendo mal en la vida" Me di con la sorpresa de caer rendida de rodillas y empezar a sollozar. No comprendía cómo podía tener lágrimas aún luego de haber llorado desde la mañana, borracha, hasta la partida de Patamon y ahora. Mi lagrimal se puede inflamar. Kari… dime que hacer… por lo menos, aunque suene muy absurdo, dame una señal. Por favor.
Como si fuera parte del ritual, levanté mi cabeza y dirigí mi mirada a la redonda y clarividente luna. Me sentí desnuda ante ella, como si pudiera leer mis pensamientos y movimientos. Su pureza me intimidaba.
"Huir no es la mejor solución"
Abrí como dos platos ambos ojos azules que poseo y sentí como el mundo giraba hacia mi espalda. Detesto que los invasores de la privacidad siempre aparezcan detrás de uno, en el momento menos esperado o en el más necesitado. Lo odio. Recuerdo que Myotismon siempre me hacía eso, aparecer detrás de mí, mientras me encontraba meditando sobre mi vida… y ahí venía el látigo, con sus frases hirientes a mis pequeños fragmentos de esperanza en mi interior, destrozándolos, sin dejar ni uno solo. Ahora me acaba de poner a recordar parte de mi pasado que tanto deseaba olvidar, perfecto. Frustrada y enfadada, dejando de sollozar, cerré los ojos y repliqué de mala manera.
"Para su información, oh misteriosa voz, no necesito de sus consejos. Se perfectamente lo que estoy haciendo"
"Vaya, no sabía que los Gatomons fueran tan mordaces. Es una sorpresa"
"Y créeme, éste es el principio" me levanté aún con los ojos cerrados y grité hacia la dirección de la voz algo que no creí volver a decir jamás en mi vida, "¡Golpe de Gato!"
Abrí los ojos lentamente y me di con un árbol. No había nadie.
"Buen golpe, lástima que no sea efectivo"
"Lo sé… pero se siente bien gritarlo luego de tanto tiempo" repliqué, como si hubiera dejado mi enfado atrás y solo quisiera tener una amena platica con el aire.
Me senté en el césped húmedo por el rocío nocturno y me pareció sentir una espalda cálida acentuarse en la mía.
"Cuando aparecieron las hechiceras los Digimons perdieron sus poderes, ¿correcto?"
"Correcto. Ahora solo podemos depender de la magia para poder combatirlas. Fuego con fuego, magia con magia. Desgraciadamente no muchas personas pueden usarla, es muy compleja de aprender y manejar"
"Yo no diría eso" en eso sentí que su cálido cuerpo dejó de apoyarse en el mío y mi mirada cedió antes que mi razón.
La luz de la luna me mostraba a un ser translucido, como la seda. La luz lunar atravesaba a la joven que veía. Pelo corto, color castaño, ojos cafés casi rojizos, y un traje acomplejado.
"Se me hace tarde. Fue divertido hablar con usted. Espero que nos veamos en otra ocasión, pero antes de irme le voy a dejar un regalo especial"
Su figura se parecía a la de alguien muy preciado para mí. Siempre digo su nombre, pero en este momento no logré acordarme las letras necesarias para soltarlo al viento. Sentí como me hundía en una piscina hecha de plata y me dejaba caer inconsciente.
Kari... ¿Eras tú, Kari?
xXx
"¿Gatomon? ¿Gatomon? Oye despierta" un tono de voz masculino me agitaba fuertemente, tratando de despertarme. Al abrir mis ojos me topé con dos azules parecidos a los míos y una alborotada cabellera naranja, "Gracias al cielo que estás bien. Encontrarte tirada cerca al bosque hace que casi me dé un infarto"
Me ayudó a sentarme, y alejé sus manos de las mías cuando intentaba tocarme, "Yo puedo sola"
"Si así lo dices"
No merecía la amabilidad que Patamon me estaba ofreciendo, era una recompensa amarga, "¿Qué hacías por aquí a esta hora?"
"Salí a caminar, ¿tú?"
Aparentemente el destino quería que nos encontráramos, ambos salimos a caminar, solo que tomé un pequeño desvío, que fue mi extraño encuentro con aquél espíritu, "A mirar la luna"
"No te me hagas la interesante, ¿Saliste a caminar también verdad?"
"Fácil sí quiero hacerme la interesante"
"Sí claro…" soltó con un aire de indiferencia, "No sabía que estabas con Veemon"
"¿Estar?"
"En una relación digo… es decir, verlos así"
"Ah…" repliqué. ¿Porqué rayos respondí así? Eso es como asentir a lo que acaba de decir.
Es mentira Patamon. ¡Es mentira!
"Yo también estoy en una"
Sentí cómo un flechazo me atravesaba el cuerpo. Mis emociones se mezclaron entre sí, causando una fuerte reacción en mi interior. Me agarré un poco el estómago,
"Te felicito" le dije, tratando de aguantar el dolor.
"Después de todo lo nuestro ya terminó. No me importa que haya en esa carta. Fácil lo que me querías decir ya lo presencié"
Oh no, se refiere a lo de Veemon, "¿No viste… bajo mis tachones?"
"¿Tachones? Ah… esas cosas. No"
"Ah… ya veo" nuevamente respondí resignada. Me vino otra punzada al estómago, pero era extraña. Como si quisiera ir al baño… pero a la misma vez no. Es extraño. Tengo miedo.
"¿Te encuentras bien? Me parece que te duele el estómago" dice tranquilamente mientras me estrecha la mano. Antes de que llegara hacia mí, la alejé violentamente.
"¡No necesito tu ayuda!" grité, protegiéndome, abrazándome a mí misma.
"Y yo que venía a hacer las paces"
Una repentina neblina se apoderó de la pradera y Patamon se mezcló en ella, desapareciendo y dejándome sola en el cruce a la aldea. Fué ahí cuando noté que dejó caer una muñeca de trapo que se me hacía extrañamente familiar.
xXx
"¿Me puedes decir en dónde estabas?" al entrar a casa, Veemon me recibió con una cara que mezclaba indignación con… no sé, con algo más.
"Pasaron muchas cosas, ¡ahora abre el paso necesito entrar!"
"Pero ya estas dentro"
"De la casa no tonto, necesito ir" sin darme cuenta empecé a correr sujetándome el estómago y abrí mi camino, empujando maletines por toda mi hogar. Por un minuto juré ver el reflejo de Patamon por la ventana, pero fácil era alucinaciones mías.
"No puede ser Gatomon, espera, ¿necesitas ayuda algo?"
"¡No gracias!" con eso dicho le cerré la puerta del baño en la cara.
Los minutos que pasé ahí dentro se me hicieron eternos. Por poco y llevaba dos meses de embarazo y mi estómago no había crecido mucho. Por lo que sé, a los humanos les toma ocho meses esta etapa, ¿acaso podría nacer prematuro? Aquí no hay incubadoras o cosas así. Tras terminar mis necesidades primordiales, pegué un grito sumado con llanto. Veemon abrió la puerta, "¿¡Qué sucede Gatomon!"
"Ju-Ju-Jun…" con las justas podía mantener la compostura.
Veemon se acercó y lo que vio nunca lo olvidará, al igual que yo.
La suma de tantas emociones en el día había causado este desenlace.
Un aborto accidental.
Presente.
Aya observaba a su madre secarse los ojos con sus guantes, conteniendo el llanto.
"Luego de eso… verás. Sentí que no podía seguir viviendo. La opción de Veemon se veía muy tentadora. Huir, empezar desde cero… me ofrecía una nueva vida. Pero nunca podrá hacerme olvidar el efecto psicológico que eso tuvo en mí. Por eso, el mismo día de mi despedida huí, cubierta por una capa, tratando de pasar desapercibida. No quería verme. Sentía que si veía el agua o mi reflejo, vería a Jun en él, y el rostro de su asesina. Me encontré con Patamon, quien se había separado de su pareja y estuvimos un rato, yo tratando de distraerme del encuentro en el bosque, el de mi hogar, el del restaurante –que no te lo he contado ya que si no se haría muy largo y te aburriría – y, en fin, el de Jun. Lo que pasa después de eso no te lo contaré. Pero te puedo decir que en aquél momento me confesé a tu padre, y junto a nosotros, una nueva vida empezó a latir dentro mío"
"Madre… sé lo que es cargar con el peso de una muerte bajo tus hombros. Somos dos asesinas…" Aya abrazó a su madre y empezó a llorar, "Yo no quería… fue un error, por eso… odio la magia… la detesto… pero aún así… la amo… la enseño…"
Gatomon le devolvió el abrazo a su hija, "Ya era hora que supieras la verdad Aya…. La verdad sobre el melodrama que he vivido con tu padre y como a veces siento que nuestra convivencia está prohibida"
Aya se limitó a asentir, apoyada en el hombro de su madre, mientras observaba una muñeca de trapo malgastada en su mesa de noche.
