Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen.

Disturbio.

-Y entonces...-Set caminaba tras Céfiro, el mayor lo había encontrado durmiendo en la biblioteca y ahora pensaba hacerle entrenar hasta que ya no pudiera mas- ¿No hay forma de hacer que cambies de opinión? -Set se detuvo, sus dedos rozaban gruesos volúmenes, el mayor se dio vuelta y le observó fijamente.

-No y ya deja de insistir. -Reanudaron su andar, solo dio unos pasos cuando escuchó el repique de la armadura cuando el menor se movió- Set... -Se detuvo, no escuchaba los pasos del menor- ¡Set!- El hombre se puso de rodillas y tomó al muchacho en brazos- Set... Set reacciona ¡Necesito ayuda! -Gritó mientras salía del corredor con el muchacho en brazos.

En la estantería, un libro que no debería haber estado ahí se liberó de la prisión de un sello de Athena. Con una terrible mueca en los labios, él, sacó el libro de su lugar. Lo había hurtado de una habitación especial y lo habia dejado ahi con la esperanza que algún tonto lo tocara.

Cualquier idiota joven y con cosmos servía, pero que justo fuera Set de Géminis. No veía la hora de que empezara la diversion.

-Me pregunto: ¿Que pasara ahora? -Miro el libro maldito- Sin duda, los poderes de Set harán divertido todo esto... Su naturalezapsíquica y la locura de ella serán una destructiva combinación.

Enfermería.

-¿Que pudo haberle pasado? -pregunto Cefiro.

-Lo ignoro, lo encuentro por demás saludable, la unica opcion sera llevarlo Atenas. -El anciano observó al muchacho, Set dormía profundamente y de no ser porque Céfiro había ingresado con el chico inconsciente en brazos diria que solo dormía. -Pareciera... -Hizo una pausa- estar en coma... Pero no me explico... ¿Que pudo causarle algo así?

-Cefiro -Blaise ingreso y observó a su primo- ¿Que le paso?

-Quédate con él... Mientras voy por Shion -El pelirrojo se aproximo a la cama y aferró la mano laxa de su primo.

-Set ¿Que te sucede? -Preguntó al joven que sería incapaz de darle una respuesta.

-¿Donde estoy?-Todo tomó forma y definición- ¡Esto es el salón de baile! -Aquí es donde jugábamos con Abel cuando llovía afuera. Este es el salón de baile de la casa de mamá y papá, es Francia.-Estoy en casa… -Se acercó a los ventanales y observó hacia la terraza que corría paralela al gran salón. El ocaso estaba fuera dominando el cielo, tal y como lo recordaba de su hermosa niñez en Francia… Una expresión de añoranza y sueños se presentó en sus ojos, recordando cuando jugaban a las traes en ese lugar ellos dos solos o con los hijos de los criados...

-Que mirada tan tierna... -La mujer estaba sentada en el suelo, aunque al parecer su encantadora presencia no cautivo a Set. -¿No te parezco bonita?

-También vi el álbum de bodas de la abuela. -Informó Set sereno, aunque ya a la defensiva, algo no estaba bien y eso le preocupaba- Es un lindo vestido... Te verías mejor si llevaras el velo.

-¿Eso crees?

-Si.

-¿No vas a preguntar qué sucede? -Preguntó con una fingida pena en sus ojos celeste cielo, idénticos a los de Set.

-Algo me dice que mentira, señorita.

-¿Por qué tan seguro de ello? -Pregunto divertida- Puede que no mienda en la respuesta.

-Pues... Ya mientes con tu apariencia... -Hizo una mueca ante la respuesta de Set, sabía que el menor sería un reto, pero no era el primer idiota al que le quitaría el control de su cuerpo.- Jamàs me fie de mi abuela… ¿Por qué confiaría en ti?

-Y si... Mi apariencia dijera lo contrario y si fuera alguien en quienconfias -Se levantó del suelo y su aspecto fue cambiando. Dejando a Set helado en su lugar. Los ojos turquesa, el cabello rubio hasta la mitad de la espalda, el vestido blanco sin mangas y con una cinta roja pasando por su cintura formando un moño en su espalda- Es un lindo vestido... Te gusto mucho ¿Cierto?

-Misha... No, no es Misha... -Sigue siendo la misma persona que era antes. Además aún no le he dado el vestido, ella no es Misha. -Es una mentira, no es real, no es real... -Se dijo para sí- Todo esto no es real, te acabo de ver cambiar de forma. No eres Misha, no es real.

-¿Quieres ver qué tan real es? -Susurro mientras enmarca el rostro del quinceañero con sus delicadas manos- Te mostraré, lo real que soy... Set.- Pronunció su nombre con el mismo cariño que lo pronunciaba Misha cada vez que se cruzaban en el camino de las doce casas... Acercó sus labios a los de Set, los ojos celeste se abrieron por la sorpresa y luego se cerraron lentamente.

Sabían igual que los labios de ella, tenía que ser ella. Le dijo su corazón, ignorando y acallando a la voz de su juicio.

Hospital.

-No encontramos nada... -Set abrió los ojos, apenas el médico terminó esas palabras.- Ya despertó... -Se acercó al muchacho y apuntó con la pequeña luz a sus pupilas.- ¿Puedes hablar?

-Si -Los ojos del menor se desviaron hacia un costado- ¿Donde estoy?

-En el hospital, Set... -Algieda le miró, tras ella estaba Céfiro- ¿Te encuentras bien?

-Si, excelente. -Fue su única respuesta, Céfiro contuvo la necesidad de arquear una ceja como manifestación de sus dudas. No entendía por que razon Set no comenzaba a disculparse por haberles asustado o a preocuparse por demás ante lo que sin duda hubiera sido el susto descomunal para los más grandes repitiendo una y otra vez que está bien…

Más aún le sorprendía que estuviera tan tranquilo estando en un hospital, Set odiaba estar en los hospitales. Muchas voces gritando en su cabeza las penas de los demás concurrentes.

-Seria bueno que lo dejamos en observación por esta noche. -Informo el medico- Aun no sabemos qué causó el desmayo -Miró la pequeña pantalla que marcaba los latidos de Set- Que extraño... -Miró al muchacho y luego el aparato- Permiso... -Se puso el estetoscopio y comenzó a escuchar los latidos del chico- Tienes taquicardia...

-Y eso es... -Comenzó Set, Algieda y Céfiro se miraron hasta donde recordaban... Set sabia que era la taquicardia. Ya la había padecido cuando estuvo famélico, por la mala nutrición, que tuvo esas trágicas semanas que siguieron a la muerte de su hermano.

-Será mejor que te vea el cardiólogo. Té late muy rapido el corazon…

-Tal vez estoy feliz…por algo que no se. -Dijo con una amable sonrisa, maldiciendo al muchacho y su maldito corazon delator.

Casa patriarcal, tres horas después.

-Hay algo que sigue sin cerrarme. -Algieda observó a Céfiro, era raro que este no aceptara la razonable explicación dada por Shion. Set no tenia por que recordar que ya había experimentado la taquicardia.

-Cef...

-Al, siempre eres escéptica y nunca te quedas con la primer respuesta.

-Si, lo se. Aunque no entiendo que es lo que te preocupa, no veo eso que te altera.

-No se que es... -Céfiro de Sagitario le observo- pero lo que sea que despertó en ese cuarto del hospital, no es Set… no se como decirlo, pero no parecía él.

-Cefiro. Hable con él por varios minutos hasta que llegó Arkanos. -Dejo salir un suspiro- Si no fuera Set, ya nos habríamos enterado.

-Sigo sintiendo que algo no está bien. -Le miro a los ojos- Set actuó muy tranquilo… Nunca está tranquilo cuando va a un hospital, los odia…

-Puede que esté superando sus problemas con los hospitales.

Hospital. Al mismo tiempo.

La enfermera estaba a una distancia del suelo, mientras el menor le miraba sonriente desde la cama. Arkanos y el doctor estaban en el suelo, ambos habían terminado fuera de combate luego de que Set les dijera que durmieran.

-A pesar de su edad, sigue siendo una linda señora. -Comento mientras se bajaba de la cama- Si guarda silencio, no habrá necesidad de recurrir a otros métodos. -Observó la jeringa al alcance de la mano del médico- No me agrada la idea de dormir, tengo muchas cosas que hacer- Informo mientras sacaba la ropa de la mochila- No creo que le agrade la idea de que deje que lo vea- La enfermera, algo anciana, quedó mirando a la pared. -Listo. Guarda silencio. -Le sonrió encantadoramente, la mujer asintió mientras el chico salía de la habitación.

Tenía solo en mente una cosa y eso era el libro místico que le había abierto la puerta al cuerpo de Set. Una vez tuviera el libro, comenzará su recorrido de venganza con el maldito patriarca. Se asegurará que el anciano pagase por dejarle en tanto tiempo en ese libro de conjuros. Mismo libro que Shion había creado recopilando viejos papiros con encantamientos y adaptandolos para que fuese creado el lugar donde su alma fue prisionera por tanto tiempo.

Biblioteca, unos minutos después.

Hizo una mueca de rabia, no estaba ahí. Podría estar la posibilidad de que Shion descubriera que pasaba y lo hubiera quitado. Sonrió de medio lado al sentir quienes eran los que estaban en el extremo del pasillo.

-Había algo aquí... -Ladeo su cabeza y les dedicó una sonrisa encantadora, esa sonrisa que hacía que todos fueran condescendientes con Set- ¿Donde esta?

-Tenias razón... No es Set. -Susurro Algieda mientras se ponía en guardia.

-Por favor, no me hagan enojar. -Les dedico otra vez esa sonrisa, que a pesar de ser encantadora, era por demás terrorifica en los labios de Set.- Sólo quiero lo que estaba en esta repisa.

-¿Quien eres? -Interrogó Céfiro, por breves segundos, recordaba a Set tocando los lomos de los libros con la yema de los dedos.- Saliste de uno de los libros...

-Que listo... Te ganaste un premio -Céfiro cayó de rodillas, pareciera que la gravedad sobre su cuerpo hubiera aumentado 1000 veces- Solo porque tienes un bebé... No te asesinare.

-¡Cefiro! -Cuando quiso ir por el menor sintió como si unas fuertes manos la apresaran contra una de las bibliotecas.

-Callados. -Ordenó antes de pasar entre ellos. -Portense bien... O me llevaré al lindo Aioros. -Hizo una pausa, mientras ambos padres hacían un esfuerzo superior por recuperar el control de sus cuerpos. -Pensándolo mejor... -Cefiro salió impulsado hacia el final del pasillo, Algieda quedó levitando a unos centímetros del librero- Te vienes conmigo... Quiero una "mamá". -El portal dimensional se abrio y Algieda desapareció en el.- Quieto -Céfiro fue forzado a estar contra el suelo, tras haber logrado ponerse de pie… Una vez más estuvo de rodillas...- Eso te incluye a ti, Piscis.

Mauricio tenia una rosa negra en la mano, si veía la oportunidad la lanzara contra el chico. No tenía intención de matarlo, pero dejarlo fuera de combate si. Solo un poco de veneno bastaría para dejarlo fuera de combate.

-Yo no dudare en herirte.

-Yo tampoco. -Mauricio sintió como si algo le jalara hacia atrás. No pasó mucho hasta que su espalda impactó contra una de las antiquísimas bibliotecas.

Cuando sus ojos se enfocaron, Set ya no estaba.

-¡ALGIEDA! -El grito desgarrador de Céfiro, lleno de dolor y angustia, le hizo sentirse culpable por no haber atacado a Set o lo que fuera que controlara al muchacho en el momento que ingreso a la sala.

Templo, afueras de Atenas

-No vas a conseguir soltarte.

-¿Quien diablos eres y qué le hiciste a Set? -La mujer enfoco sus ojos en la persona que estaba sentada frente a ella, el cabello de Set estaba de un tono rubio-rojizo y sus ojos tenían una tonalidad plata.

-La respuesta no te sacara de ese lugar -Informó a la mujer que tenía encerrada en una pequeña celda anticosmos- Fue fácil dominarlo... A fin de cuentas es un niño idiota.

-Si es tan idiota -La mujer le miró- Deja el cuerpo de Set... Sin tanto te desagrada.

-Lo haré -Sonrió fríamente y cerró los ojos- Cuando obtenga mi libro, dejaré al chico y podre apoderarme del tuyo. -No pudo evitar abrir los ojos- y cuando lo haga... Mataremos a Set. -Esbozo una media sonrisa- Aunque será una pena, por sus poderes… Son raros de hallar, incluso en un caballero de Athena… Algunos los desarrollan con el entrenamiento, él nació con ellos.

-¿Que poderes?

-Psíquico nato, nació con los poderes. -Sonrío fríamente- Telequinesis y telepatía... Sus poderes no tienen límites.

-¿Quién eres maldita? -pregunto Algieda apretando los dientes.

-¿Disculpa? -Preguntó con ligera burla en su voz.

-Solo querrías mi cuerpo si fueras mujer. -Recibió una sonrisa como respuesta. Lo que fuera que usurpara el cuerpo de Set, era mujer. Aunque no podía evitar preguntarse:

¿Por qué no peleaba Set?

Comtinuara.