CON TAL DE QUE ME QUIERAS
Por Mary Martín
CAPITULO 11
NADIE DEJARÁ DE EXISTIR
Intentó levantarse. No importaban las heridas en su cuerpo y mucho menos las advertencias del cisne y el dragón que en vano trataron de detenerlo diciendo que ellos se harían cargo de esto. Ellos no entendían la gravedad de la situación y no hubo tiempo de explicarles… era difícil de creer y sobretodo después de lo que había vivido.
Hace solamente unas cuantas horas atrás, apartado de todos como siempre y envuelto en la soledad que acostumbraba, comenzó a sentir una cosmo energía extraña muy cerca de la de su hermano. Dispuesto a ayudarlo, se encaminó a esa dirección… pero no había dado ni dos pasos cuando una figura se interpuso en su camino emitiendo una poderosa luz que lo lanzó varios metros atrás.
– Sé lo que intentas hacer pero será mejor que esta vez no intervengas – Cegado de momento, no alcanzó a distinguir a su oponente, pero no fue necesario ver su rostro para reconocerlo…
– Esa voz es…es… – Lastimado y exhausto, hizo un gran esfuerzo para levantar la cabeza tan solo para toparse con unos fríos ojos que lo miraban desde un rostro… idéntico al suyo… se vio a sí mismo parado frente a él, con unos años más encima, un poder in imaginado y portando la brillante armadura dorada de leo – No puede ser
– Escucha bien, Ikki, la misión de Shun en este mundo todavía no ha terminado, va mucho más allá de ser el portador del alma de Hades… tú ahora no lo comprendes pero debes dejar que el destino haga su parte
– ¿Qué? ¿De qué estás hablando?
– Debes confiar en mí, no puedo darte muchos detalles pero debes hacer lo que te digo
– ¿Por qué habría de confiar en ti? ¿Quién eres? – preguntó levantándose con dificultad
– Sabes bien quien soy, Ikki. Tú serás yo algún día dentro de varios años, vengo de un mundo paralelo al tuyo, un mundo que no debería existir. Sé que quieres ayudar a tu hermano pero no debes intervenir… si lo haces echarás todo a perder…
– No tengo por qué hacerte caso ¿Qué me garantiza que esto no es una trampa o que tú seas una ilusión?
– ¿Una ilusión haría esto?
Al instante, Ikki sintió un dolor inmenso en el pecho, una herida profunda se había formado en dicho lugar, estaba asombrado, no se dio cuenta en qué momento lo golpeó. Sin duda ese caballero poseía una velocidad impresionante y la mirada indiferente en su rostro le provocaba una tristeza infinita
– Nunca debiste haber regresado de la muerte. Estoy seguro de que así lo deseaste por haber fallado – lo tomó del cuello levantándolo del suelo, el fénix intentó vanamente liberarse de la mano que lo asfixiaba – le fallaste a tu hermano cuando él depositó toda su confianza en ti, arriesgo su vida dejando que Hades entrara en su cuerpo esperando que llegaras hasta él y le ayudaras a cumplir con su misión, pensando que tú si comprenderías que era lo correcto… – mientras las lagrimas aparecían en los ojos de su atacante, Ikki recordaba aquellas escenas en su mente, pero de algún modo supo que el guerrero más que reclamarle a él, se estaba reprochando a sí mismo – él confió en ti para que lo salvaras, pero en lugar de eso te portaste como un maldito cobarde y desperdiciaste su sacrificio… ¡Dime! ¿Qué hubiera pasado si Athena no lograba rescatar su alma y traerlo de vuelta? – preguntó con rabia mientras lo golpeaba en el abdomen – Shun hubiera muerto en vano y todo por culpa de tus estúpidos sentimientos…
– ¡Cállate! No quiero seguir escuchándote
Elevando su cosmo repentinamente, logró liberarse y luego se lanzó contra él sin pensarlo, pero su otro yo pareció haber anticipado su ataque por lo que haciéndose a un lado, lo golpeó por la espalda una vez que hubo pasado junto a él. Ikki cayó nuevamente, en su armadura se formaron varias grietas por las que escurría sangre. El caballero dorado, le dirigió una mirada de tristeza.
– Voy a detenerte a toda costa, lo mejor será que te quedes aquí hasta que el peligro haya pasado
– No pretenderás que me quede aquí sentado sin hacer nada mientras mi hermano se muere ¿Verdad?
– Tú no entiendes…
– ¿Qué es lo que tengo que entender? – gritó exaltado – ¿Qué en el futuro seré un maldito cobarde que deja morir a los seres que ama? ¿Acaso es eso? – Las palabras del fénix parecieron haber afectado sobremanera a su adversario
– Te lo diré por última vez, no te metas, esto es asunto de Shun solamente. Él tiene que afrontar su destino sólo pero si sigue siendo tan débil como siempre a causa de sus sentimientos y su buen corazón… entonces nada podrá evitar que la historia se repita nuevamente
– ¿Qué quieres decir? ¿Qué va a pasarle a Shun? – el silencio del caballero dorado le había dicho todo, esa mirada de soledad y melancolía, ese sentimiento de culpa impregnado en su voz, solo podía significar una cosa – No puede ser ¡No puedo creerlo! Shun va a morir y tú lo sabes ¿Acaso no vas a hacer nada para ayudarlo? – más silencio, el fénix del fututo no podía darle demasiada información o sucesos inesperados podrían acontecer
– Si eso es lo que tiene que pasar… entonces pasará…
– Estas hablando de mi hermano – dijo con rabia mientras lo tomaba del cuello, su otro yo no hizo nada para detenerlo – ¿Para qué has venido hasta aquí entonces? ¿Cómo puedes dejarlo morir? Eres un maldito cobarde…
– ¡Maldita sea! Es mi hermano también ¿Acaso crees que no me importa? – respondió soltándose y conteniendo las lágrimas que los crueles recuerdos le provocaban – Es mi hermanito y está ahí peleando solo, se que está herido y cansado… pero nadie puede intervenir… tienes que dejar que luche solo porque no puede depender de ti para siempre
– Lo sé, sé que puede ganar sin mi ayuda ya que cada día se hace más fuerte pero simplemente no puedo evitarlo… lo quiero demasiado porque es lo único y más valioso de mi vida y no pienso perderlo y verlo morir como sucedió con nuestros padres… y con Esmeralda también… no pienso enterrar a nadie más ¡Entiendes! ¡A nadie más!
El caballero dorado lo miró a los ojos, estaban llenos de rabia y de dolor, el mismo que lo hacía invencible y que lo hacía levantarse cuantas veces sea necesario sin importar la gravedad de sus heridas. ¿En qué momento sus ojos dejaron de ser iguales a esos que ahora lo miraban?
– De acuerdo, veo que es inútil razonar contigo… tendré que hacerte entender a mi manera…
Comenzó a elevar su cosmo, dorado y poderoso como ninguno antes visto. Pequeñas rocas que estaban alrededor comenzaron a danzar en el aire. Era increíble, había formado un campo de luz que hacía retroceder a Ikki, este trató de resistir la energía que lo empujaba pero sin conseguirlo.
– ¡Rugido ardiente de león!
Los daños causados por ese ataque fueron brutales, la armadura del fénix se agrietó completamente. Sintió un dolor inmenso que desapareció casi de inmediato, justo cuando perdió la conciencia.
– Tú me obligaste a hacerlo, pero no te preocupes que te necesito con vida… sé que te levantarás por ti mismo y estarás listo para pelear cuando sea necesario.
Eso fue lo último que alcanzó a escuchar antes de verlo atravesar un agujero negro que apareció de la nada. No sabía cuanto tiempo había pasado, pero ya era hora de entrar en acción. Se quitó las vendas del cuerpo, miró detenidamente el agujero que su otro yo le había hecho en el pecho antes de partir, estaba seguro que con eso había detenido la hemorragia, nunca entendió bien por qué lo hizo. Tomó su armadura casi destrozada y aún bañada en sangre. Quemó su cosmo que hizo brillar la sangre en un leve destello dorado y renació de entre sus cenizas reluciendo más fuerte y brillante que antes.
– Shun, espérame, prometo que llegare pronto.
Mientras tanto en el bosque, los soldados seguían recorriendo los alrededores. La búsqueda se intensificó, Hakaisha los comandaba dando la orden de traerlo vivo o muerto. Bien sabía que era cuestión de tiempo para que Seiisuni se enterara de que había desobedecido sus órdenes por lo que a estas alturas lo importante era que el traidor muriera.
El soldado más fuerte del batallón de Hakaisha, rondaba la cueva que hace algunas horas su compañero había atacado. Le había quedado la duda de si eran ciertas las sospechas de su amigo. Decidió que lo mejor era destruir esa zona por completo, si Shun se encontraba ahí, de seguro moriría.
June lo escuchó venir, tomo a Shun consigo, estaba dispuesta a protegerlo suceda lo que suceda. Shun no estaba en condiciones de pelear y sinceramente ella tampoco pero lo amaba demasiado como para no arriesgarse por él.
El soldado se acercó a paso firme, con la miraba examinaba el lugar. La presencia de Seiisuni era casi palpable. Se apresuró con lo que tenía planeado. De pronto vio marcas de sangre en el suelo provenientes de la cueva. Sonrió con malicia, lo había encontrado. Sin pensarlo dos veces lanzó una esfera negra en esa dirección, el poder de destrucción fue indescriptible… de aquel sitio no quedó nada… fue una explosión terrible, si había algo allá adentro sin duda ahora estaba enterrado bajo enormes rocas sin la más mínima posibilidad de sobrevivir.
Rió para sus adentros, sin duda sería reconocido como el mejor y más fuerte soldado por la hazaña conseguida y ganaría por supuesto la confianza de Hakaisha. Se encaminó dispuesto a comunicar la noticia, pero unos leves quejidos llamaron su atención… el cuerpo de Shun estaba varios metros más allá debajo de un gran árbol… había logrado salir justo antes que destruyeran la cueva pero había salido despedido por la explosión. Para el caso daba igual, se veía en malas condiciones, era presa fácil.
– Vaya, con que el niño todavía está vivo ¿No? – se acercó dispuesto a ponerle fin a esa vida
– No dejaré que le pongas ni un dedo encima, primero vas a tener que matarme si quieres llegar a él… – June saltó frente a él obstruyéndole el paso, trató de parecer firme y ocultar su temor pero lo que consiguió fue una sonora carcajada por parte del soldado
– Estás bromeando ¿Cierto? ¿Qué puede hacer una simple mujer como tú?
– Mucho más de lo que imaginas
Sin pensar en las consecuencias entabló una lucha cuerpo a cuerpo con el soldado que sorprendido de su habilidad empezó a retroceder evitando los golpes. Decidió atacarla pero June con movimientos ágiles evitó ser golpeada, aumentó entonces la intensidad de su ataque. Veía venir los puños de aquella chica a una gran velocidad, sin duda era muy fuerte y pudo comprobarlo cuando logró acertarle una patada en la cara que le arrebató el casco de su armadura. Se llevó la mano hacia la barbilla que lucía ahora una herida profunda. June por su parte conservaba su distancia respirando agitada, esperando cualquier reacción, como estaba descalza la patada que había dado le produjo un enrojecimiento acompañado de un dolor intenso, pero había valido la pena si lo que quería era proteger a Shun. No obstante, lo único que había logrado lastimar era el orgullo de su adversario que empezó a tomar en serio la pelea.
– Vaya, parece que la señorita tiene mucha prisa por morir, sería muy descortés de mi parte no hacerle ese grandísimo favor
June se puso alerta, no estaba segura de si podía enfrentar esta situación. Había permanecido mucho tiempo con la ropa mojada lo que le ocasionó una severa fiebre, tenía muchas horas sin probar bocado, estaba débil, completamente sola, temerosa, sin armadura y exhausta. Pero no debía darse por vencida. Shun estaba luchando contra el dolor, contra la muerte, había perdido mucha sangre pero en ningún momento pasó por su mente la idea de dejarse vencer. No llores, total que ni me duele; le había dicho repetidas veces para tranquilizarla y reafirmando sus palabras con una dulce sonrisa. No importaba si tenía que dar su vida a cambio, no dejaría que nada ni nadie lastimara a Shun nunca más…
– Bueno, no puedo quedarme a jugar contigo así que me desharé de ti lo más rápido posible, aunque es una verdadera lástima que una chica tan hermosa tenga que morir
– Ya te lo dije, no será tan fácil como crees
– Sólo hay una forma de averiguarlo
En fracción de segundos, el soldado llegó hasta ella y la golpeó brutalmente en la boca del estómago, June ni siquiera lo vio venir, sintió como el aire se le escapaba al tiempo que sus sentidos comenzaron a fallarle. Sin darle tiempo de nada, el soldado continuó golpeándola una y otra vez sin compasión disfrutando todos y cada uno de los quejidos de dolor que se escapaban de sus labios.
– ¿Qué pasa? ¿Eso es todo lo que tienes?
June trataba de defenderse, sabía que tenía que hacer algo o aquel hombre despiadado iba a matarla, pero el dolor le impedía pensar claramente, solo sentía los puños de acero flagelando su débil cuerpo. A unos cuantos metros, justo bajo el árbol, el cuerpo de Shun comenzó a estremecerse, se movía inquieto sobre el pasto sin saber que en ese momento June estaba arriesgando su vida. Si bien es cierto que sus heridas ya no sangraban, el daño interno era demasiado grave como para permitirle levantarse.
En un intento desesperado y concentrando todo su cosmo, June lanzó un poderoso golpe buscando el rostro del soldado pero este lo detuvo con una extrema facilidad mientras esbozaba una sonrisa de satisfacción. Ese había sido el límite de sus fuerzas, no tenía oportunidad de vencer a ese hombre. Cerró los ojos despacio mientras sentía que su cuerpo iba cayendo a un vacío infinito, pero el soldado la tomó de los cabellos impidiendo que tocara el suelo.
– No te mueras tan rápido que quiero divertirme contigo – dijo mientras le acariciaba la mejilla – eres tan linda… si te portas bien conmigo tal vez te deje con vida… sí sabes a qué me refiero ¿No? ¿Qué dices?
Para toda respuesta, June le escupió la cara. El soldado se limpió con rabia para después golpearla en el rostro. Ella cayó sobre la tierra. El blanco vestido de novia que hace unas horas lucía esplendoroso e inmaculado ahora estaba teñido de un rojo intenso y desgarrado casi por completo, su portadora yacía inconsciente esperando su final
– ¡Maldita! Tú te lo has buscado ¡Muere!
Antes que su puño lograra hacer contacto con ella, el soldado sintió como una ráfaga de fuego atravesaba su cuerpo impidiendo que terminara con su atroz objetivo. Una figura dorada hizo su aparición, apretaba los puños con ira al ver tal escena. Estando boca arriba en el pasto, el soldado alcanzó a ver a su victimario…
– Usted… – pronunció temeroso con sus últimas fuerzas
– ¡Maldito infeliz! ¿Cómo te atreviste a tocarla? – el caballero dorado de leo colocó su pie contra el cuello de aquel hombre ejerciendo una presión descomunal – la vida de esta mujer es la más preciada para tu señor Hades, no eres más que un gusano ante ella, debiste postrarte a sus pies…¡Pero en vez de eso estuviste a punto de matarla!
– Es decir que ella es…es… mi señor, yo no lo sabía… no la reconocí ¡Tenga piedad de mí! – imploró ya con las facciones desencajadas por el dolor
– ¡Nunca te perdonaré por haberla lastimado! ¡Nunca!
Reunió todo el odio que sentía en ese momento y aplastó la cabeza del soldado contra la tierra haciéndola pedazos. Con los ojos llenos de lágrimas corrió inmediatamente a lado de la joven, se hincó a su lado y con sumo cuidado la abrazó…
– June, por favor resiste, tienes que ser fuerte – tomó una pequeña ánfora y la acercó a sus labios – vamos, bebe esto, te hará bien
Logró que ingiriera aquel preciado y extraño líquido. En unos instantes ella comenzó a toser e Ikki respiró aliviado al verla reaccionar y aunque seguía inconsciente sabía que dentro de poco se recuperaría por completo.
La miró con ternura, era tan hermosa, justo como la recordaba. Pensó en Seiisuni, ella estaría muy triste de saber en lo que se había convertido aquel muchacho. Sabía que había fracasado en su misión y en parte era su culpa todo lo que había pasado
– June, no permitiré que nadie te haga daño, voy a evitar que aquel terrible día se repita nuevamente… te juro que ahora todo será diferente, esta vez no voy a fallar, mi amor… no te voy a fallar...
Se inclinó ligeramente sobre ella y selló sus labios con los suyos en roce suave, la estrechó contra su cuerpo. Era una promesa; ni su mujer, ni Seiisuni, ni su hermano… esta vez… nadie dejará de existir
Continuará…
