Ruby se quedó mirando a Emma con incredulidad cuando el alto, guapo y barbudo hombre las alcanzaba antes de que se metieran en la parte trasera del coche de la cadena, llamando su nombre.

''Señorita Swan, su presencia es requerida por la Presidenta,'' dijo él, con cara indescifrable mientras cumplía las órdenes con el profesionalismo que demostraba llevar a cabo.

Emma, que había reconocido a Graham por los hechos de la semana anterior, estuvo a punto de preguntar por qué pero se lo pensó mejor. En vez de eso, se volvió a Ruby y le dijo que ya se encontraría con ella en la cadena.

''¿Cómo volverás?'' preguntó Ruby.

''Ya encontraré una forma,'' contestó Emma. ''O te llamaré para que mandes otro coche y venga a recogerme. Tu ves tirando y empieza a transcribir ese discurso y estaré de vuelta tan pronto como pueda. Ves vigilando las alertas que he puesto en mi ordenador ya que aparecerán más artículos durante las próximas horas. Todo lo que se escriba, lo escaneas y lo pones en favoritos si ves que aporta información nueva.''

''Ok,'' dijo Ruby, dudando. ''¿Estás segura?''

''Sí, te veré luego.''

Sin esperar a ver si Ruby le hacía caso, Emma se giró y siguió a Graham por el parking hasta la Casa Blanca. Pasaron por los conocidos pasillos pero en vez de pararse delante de la sala de conferencias, continuaron. A pesar de que Emma había visitado la Casa Blanca muchas veces durante su carrera, nunca había ido más allá de lo que permitían los básicos pases de prensa. Intentó quedarse con todo detalle de lo que veía.

Grandes retratos decoraban las paredes, que eran todas de un blanco impoluto. Las incontables puertas sin etiqueta le mostraban a Emma lo realmente grande que era el edificio. La gente pasaba por su lado pero no le prestaban mucha atención ni a ella o ni al hombre que la acompañaba. Supuso que él era el jefe del equipo de seguridad privada de Regina; probablemente un agente del FBI condecorado o un antiguo oficial de policía que había escalado de rangos decantándose más hacia la rama del cuerpo de seguridad.

No les llevó mucho tiempo llegar a la gran sala de espera. La joven mujer detrás del escritorio levantó la vista de su ordenador, donde había estado tecleando furiosamente y miró con curiosidad a la mujer que había detrás de Graham. Él mismo llamó a la gran puerta de madera y se apartó.

''Adelante,'' llamó desde el otro lado una voz conocida.

Graham giró el pomo de la puerta y se apartó para dejar que Emma pasara primero. Aunque la siguió a dentro, una mirada de Regina fue suficiente para que volviera a retirarse. Plantó firmemente sus pies en el suelo, abiertos a la misma distancia que los hombros, con las manos detrás de su espalda y se quedó en esa posición justo al lado derecho de la entrada del despacho.

''Hola,'' dijo Emma cuando las puertas se cerraron.

Regina, que estaba sentada detrás del escritorio, no dijo nada. Emma se quedó de pie sin saber qué hacer, dudando de por qué había sido citada. A pesar de sus nervios, era incapaz de observar con asombro el interior de la famosa sala. Regina vio como los ojos de la rubia escaneaban el Despacho Oval y esperó pacientemente a que esos ojos verdes volvieran a centrarse en ella.

''Me ha sorprendido verla esta mañana, señorita Swan,'' dijo por fin Regina.

Señorita Swan, pensó Emma para sí misma. Así que volvemos a las formalidades.

''Supongo que yo también me he sorprendido de verla, Presidenta,'' dijo Emma, siguiendo la línea de la mujer.

''¿De verdad?'' dijo Regina, haciendo un gesto para que Emma tomara asiento mientras ella se levantaba. ''¿No tenía ni idea de que yo misma haría el comunicado de prensa?''

''No,'' dijo Emma mientras se sentaba en el sofá de color crema. ''¿Cómo iba yo a saber eso?''

''Bueno, ciertamente alguien sí que lo sabía,'' dijo Regina mientras se sentaba en su sillón favorito. ''¿Cómo si no es que ha encontrado un hueco dentro del ocupado horario que debe de tener y venir a ver el comunicado de prensa usted misma? Sin duda alguna ya debe de tener periodistas que trabajan para su programa que lo hagan por usted.''

''August me ha dicho que viniera,'' dijo simplemente Emma. ''Supongo que de alguna manera él sí lo sabía.''

Así que el hombre de verdad que tenía una fuente infiltrada, pensó Regina para sí misma. Había sabido que el hombre debía tener una especie de conexión para haber conseguido la exclusiva que había publicado en el artículo. Pero el hecho de que supiera que la propia Regina se iba a dirigir a los medios significaba que el topo en la Casa Blanca seguía allí encerrado. No había mucha gente que supiera que Regina había sido asignada para dirigirse a la prensa en vez de Sidney Glass.

''¿Sabes cómo August ha estado al tanto de esta información?'' preguntó Regina.

''No,'' contestó Emma. ''Pero me ha dicho que tiene a alguien dentro, alguien a quién está pagando para que le de información.''

''¿Quién?''

''No lo sé,'' dijo Emma. ''Sinceramente Regina, le he preguntado pero se niega a contarme nada.''

''¿Regina?'' repitió la morena, con las cejas alzadas.

Emma retrocedió un poco. No se había dado cuenta de su error al dirigirse a ella. Estaba sorprendida de lo natural que había sido llamar a la Presidenta de los Estados Unidos por su nombre de pila. ''Lo siento, presidenta,'' rectificó rápidamente.

Regina observó a la rubia, intentando leer sus expresiones faciales. La rubia parecía calmada, con las mejillas un poco sonrojadas ante el anterior lapsus pero por el resto estaba estoica. Después de todo no tenía nada que esconder. Sabía que no era Emma quién había hablado con su jefe. No podía ser porque quienquiera que fuera era alguien que también sabía que Regina iba a hablar hoy, y Emma había parecido francamente sorprendida de ver a la mujer subir al escenario.

''Así que supongo que es verdad que tengo a un topo en mi equipo,'' dijo Regina, sintiendo que el cuerpo se le descinchaba.

''Supongo,'' asintió Emma. ''Lo siento. Sé que eso debe de ser algo difícil de aceptar.''

''Sí,'' contestó Regina. ''Yo confiaba en estas personas. Yo las traje conmigo a la Casa Blanca y que uno de ellos me traicionara de esta forma es...imperdonable.''

La oscura mirada que apareció en el rostro de Regina era casi escalofriante. Emma rezó en silencio para que nunca se encontrase en una discusión con la mujer. Y luego pensó otra plegaria para que las dos se pudieran conocer lo suficientemente bien como para encontrarse en esa situación.

''Tengo al FBI y a la CIA investigando por mí,'' dijo Regina, sin más preámbulos. ''Ellos descubrirán quién es y nos encargaremos de él. De mientras, tendremos que asegurarnos de que no haya más escándalos que le puedan filtrar a tu jefe.''

''Odio que August te esté haciendo esto,'' murmuró Emma. ''No tenía ningún derecho a publicar algo tan personal y utilizarlo para impulsar su carrera. Tenías razón durante tu discurso, sabes. Esto no tiene nada que ver con la prensa. Si yo tuviera la elección, ni siquiera informaría sobre ello.''

''Sí que tienes elección,'' dijo Regina. ''¿Es tu programa, ¿no? Puedes escoger no hablar de ello.''

Emma tuvo que admitir que eso era cierto. ¿Pero no sería hacer oídos sordos a la situación? El divorcio de la Presidenta ha sido titular en cada informativo durante las últimas 24 horas. Emma no podía ignorar mencionarlo, ¿no?

''Puede que sea mi programa pero no creo que tenga elección,'' dijo Emma con suavidad. ''Tengo que informar sobre las noticias políticas.''

Regina aceptó eso. De verdad que lo hacía. Y no quería perjudicar la carrera de Emma jugando con el afecto que sabía que le tenía la mujer y utilizarlo para persuadirla de que no mencionase el divorcio. Ni que el Show de Swan fuera el único programa político. El informe de Emma sobre los eventos sería como otro pez en el mar. No mencionarlos, teniendo en cuenta que era la propia NBC quién había sacado la exclusiva, llevaría a la sospecha.

''Lo sé,'' dijo Regina. ''Y confío en que informarás sobre ello con respeto.''

''Por supuesto,'' dijo Emma, situándose al borde del sofá donde estaba sentada y dándole un golpecito a la rodilla de Regina. Fue un gesto involuntario; le salió natural, el querer reconfortar a la morena. Regina contempló los dedos que reposaban en su muslo, mitad en el material de su vestido y mitad contra la piel cubierta de nylon donde el vestido se había subido un poco hacia arriba.

Emma, dándose cuenta de que la mujer se había quedado de piedra, quiso apartar la mano. Pero entonces, los dedos de Regina se posaron rápidos como un rayo encima de los de Emma, con un agarre cálido y gentil pero con firmeza, manteniendo el contacto de la rubia en ese sitio.

''¿Estás bien?'' preguntó Emma después de unos segundos, intentando ignorar el ardiente calor que emanaba tanto de la palma de Regina como de su muslo.

''No,'' susurró Regina, con la mirada clavada en las manos de ambas, su propia piel morena contrastando de forma muy bella con la suave piel de Emma.

''¿Puedo ayudar?'' ofreció Emma. ''¿Hay algo que pueda hacer?''

''No,'' dijo Regina de nuevo. ''Nadie puede ayudar ahora. Tendré que lidiar con esto y lo haré lo mejor que pueda durante estos cuatro años. No creo que sea elegida para conseguir una segunda candidatura.''

''Eso no lo sabes,'' dijo Emma, con los dedos presionando sobre el muslo de Regina.

Al cabo de un rato, esos oscuros ojos marrones levantaron la mirada para encontrarse con la de Emma. La rubia le ofreció una sonrisa reconfortante pero la morena no parecía muy convencida. ''El público americano no está preparado para elegir a su primer presidente sin pareja,'' dijo sin ánimo. ''Esto es todo. Este es el punto más álgido de mi carrera.''

Emma miró con determinación el Despacho Oval. ''¿No es esta la meta que siempre habías querido conseguir?''

Regina no pudo evitar soltar una pequeña carcajada. ''Cierto, pero me hubiera gustado vencer una segunda elección. Crear el doble de impacto, ¿sabes?''

''No te anticipes a lo que está por venir,'' dijo Emma. ''Puede que el público te sorprenda. O quizás conoces a alguien nuevo y entonces puedes ocupar el puesto de presidenta felizmente casada de nuevo. Las próximas elecciones no son hasta dentro de cuatro años más.''

''No creo que los presidentes puedan tener citas,'' dijo Regina.

''Los presidentes también han de tener una vida,'' dijo Emma, con los dedos acariciando la suave piel. ''Y también tienen derecho a una vida privada. No tienes por qué estar estos próximos cuatro años en todas las portadas de los diarios, Regina. Una vez encuentres al topo, todo volverá a la normalidad, ya lo verás.''

''¿Ocurrirá?'' preguntó Regina.

''Bueno, tan normal como puede ser la vida de un presidente,'' reconoció Emma.

''Incluso cuando todo esto acabe, no creo que los presidentes puedan tener una vida amorosa normal,'' dijo Regina. ''Serían eventos confidenciales y siempre estaría preocupada de si la persona con la que estuviera quisiera aprovecharse de mi posición para beneficiarse políticamente. De todas formas, hace años que no tengo citas. Incluso si me siento preparada para superar lo de Robin, ¿cómo se mete un presidente en una nueva relación?''

Emma se encogió de hombros. ''Me temo que no tengo la respuesta para eso,'' dijo. ''Se me dan muy mal las relaciones y no tengo un país que gobernar como excusa. Pero es posible, estoy segura. O sino vas a pasar cuatro años muy solitarios.''

Regina agachó la cabeza ante esas palabras y Emma se mordió el labio. No había querido que sonara con tanta severidad. Por supuesto que la mujer ya estaba sola. Había estado atrapada en un matrimonio sin amor durante seis años. Sin tener en cuenta lo que Regina había contado hoy a la prensa, Emma sabía que la unión entre ella y Robin hacía mucho tiempo que había dejado de ser una relación romántica. Regina había estado claramente seis años soltera. Esa semana sólo estaba declarando la separación como oficial. Por supuesto que todavía dolía, pero también era entendible que Regina se encontraba en un momento donde estaba lista para conocer a alguien nuevo. Había superado lo de Robin, la ruptura. Todavía estaba dolida, por supuesto, pero había aceptado que su matrimonio ya no existía.

''Tengo trabajo que hacer,'' dijo Regina de golpe, levantándose y haciendo que la mano de Emma se apartase de su rodilla.

Emma también se levantó, alisando sus pantalones y viendo como la mujer se alejaba de ella y se colocaba al otro lado del escritorio. Sentada de nuevo detrás de la sólida madera, Regina sintió que su cuerpo se relajaba gracias a esa barrera entre ellas, aunque aún sentía un cosquilleo en la piel de su pierna. Encendió su ordenador antes de mirar a Emma, quién parecía sentir una mezcla de incomodidad y culpabilidad.

''Gracias por venir aquí, señorita Swan,'' dijo Regina.

Las cejas de Emma se alzaron. ''¿En serio? ¿Otra vez con lo de señorita?''

El corazón de Regina latió más rápido cuando la mujer la cuestionó. Durante años pocas personas se habían atrevido a retarla y se había olvidado de lo que se sentía cuando alguien se ponía a su mismo nivel. Regina era una mujer fuerte pero sólo era divertido dominar una conversación si tenías un digno oponente con el que discutir. A Regina le encantaba tener la sartén por el mango, pero aún así…

''Gracias, Emma,'' dijo con suavidad la morena. ''Siento haberte retenido de tu trabajo. Supongo que tienes mucho que prepararte antes del programa de esta noche.''

''No tanto como crees,'' dijo Emma.

Regina frunció el ceño. ''¿Que significa eso?''

Emma sonrió de lado. ''Quizás tendrás que ver el programa para descubrirlo, presidenta.''

Guiñándole con el ojo, la rubia dio la vuelta y salió con seguridad de la sala. Regina la vio irse, con la mandíbula desencajada. La morena apenas había tenido oportunidad de ver la televisión y confiaba en su equipo para que la informara cuando un programa daba informe de sus movimientos políticos. Pero esa noche, estaba determinada a sentarse en su sofá a tiempo para ver el programa de Emma en directo. No estaba exactamente segura de a qué se refería la rubia, pero estaba convencida de que no se quería perder lo que fuera que la mujer tuviera planeado.


Mientras la conocida cabecera empezaba a sonar, Emma organizaba las tarjetas que tenía delante de ella. Tenía ganas de presentar al invitado que iba a entrevistar esa noche en el programa. Pero antes de que pudiera llegar ese momento, habían otras noticias que necesitaba mencionar.

''Buenas noches señoras y señores,'' dijo Emma cuando la cámara enfocó su cara. ''Bienvenidos al Show de Swan. Soy Emma Swan. Estoy segura de que todos habéis estado leyendo las noticias de estos últimos días y tenéis ganas de saber más sobre la historia que salió en exclusiva en esta misma cadena.''

Emma podía ver que detrás de la cámara August le sonreía con chulería, todavía orgulloso de su primicia. No le había pasado el texto del prompter a su jefe pero no le importaba. Lo que estaba a punto de hacer era lo correcto y el jefe de la cadena no podía hacerle cambiar de opinión.

''Esta mañana, la mismísima Presidenta de los Estados Unidos ha hecho una conferencia de prensa para hablar sobre esta historia. Tenemos un breve vídeo del momento para que lo vean.''

El programa emitió el momento que había sido editado para mostrar. Emma lo había visto numerosa veces, sumado al hecho de haber estado allí en persona cuando había sido pronunciado, pero sus ojos seguían fijos en el monitor mientras Regina hablaba.

''El divorcio no es algo fácil. Es complicado y doloroso y nadie accede a un matrimonio creyendo que su unión se acabará de esta forma. Robin y yo hemos estado casados durante casi quince años y hemos compartido juntos unos momentos maravillosos. Estoy agradecida de todo su apoyo durante mi campaña electoral. Pero ahora hemos acordado mutuamente que mientras quisimos superar el daño causado por su infidelidad, seremos mejores personas si no seguimos casados. Al final del día, tengo un trabajo que hacer y no creo que mis habilidades se vean afectadas por mi estado civil. Es por eso, que no veo ninguna razón de por qué mi papel como Presidenta se verá afectado por mi divorcio. Me uno a muchos otros americanos que se han desenamorado de sus parejas y están listos para pasar página.''

La imagen en pantalla volvió al rostro de Emma, y la rubia forzó una cara de pena justo en el momento adecuado.

''Esto es un programa de debate político,'' empezó a decir Emma. ''Estamos aquí para debatir las políticas de este país día tras día. Y los últimos dos días he estado siguiendo una historia que, siendo franca, es irrelevante a ello. Aunque este suceso significa que América está a punto de tener al primer presidente divorciado, no creo que la capacidad profesional de la Presidenta Mills se vea afectada de forma negativa por la ruptura de su matrimonio. Soy consciente de que la mayoría de mis compañeros seguirán informando de esta historia durante los próximos días, pero esta será la última vez que lo veréis mencionado en mi programa. Por lo que tengo entendido, el estado civil de nuestra presidenta no es,'' y usó las manos para gesticular entre comillas la siguiente palabra, '''político'- Esto es un tema personal y por ello, creo que no tiene cabida dentro de un programa de debate político.''

Detrás de la cámara, August estaba furioso. No tenía ni idea que su reportera estrella iba a soltar esa bomba en su propio programa. ¿Qué diantres estaba haciendo? Estaba tentado de salir al escenario y retomar el programa él mismo. Pero se quedó parado en su sitio mientras Emma continuaba, completamente ajena o ignorando de forma deliberada, la mirada asesina de su jefe.

''Y ahora pasemos a las noticias políticas realmente relevantes. Después de publicidad se unirá a mi Victor Whale, el Senador de Nueva York, para hablar sobre la anticipada reforma de armas que va a presentarse durante esta semana. Les veré después de este breve descanso comercial.''

Nada más apagarse las cámaras, August se dirigió furiosamente hacia el escenario. Emma se quedó donde estaba, preparada para hacer frente a su ira.

''¿Qué coño ha sido eso?'' preguntó él. ''¿Estás loca?''

''No,'' contestó Emma. ''Estaba haciendo lo que nuestra presidenta ha pedido y respetando el hecho de que su matrimonio o divorcio no tiene nada que ver con la política, algo por lo que me pagan por informar.''

''Por supuesto que lo es joder,'' dijo August sacando humo por las orejas. ''Todo lo que pase en su vida está relacionado con la política. Eso es lo que conlleva ser político.''

''No, August, eso no es así,'' dijo Emma, sentándose un poco más recta. ''Esa mujer ha tomado la decisión de servir a este país y lo está haciendo sin la ayuda de su marido. Su vida privada no debería afectar en la forma en que informamos sobre sus decisiones políticas, porque francamente, no es de nuestra incumbencia.''

''Todo es de nuestra incumbencia,'' dijo August. ''Somos la prensa.''

''No, tú eres la prensa,'' contestó Emma. ''Yo soy una presentadora política y no veo ninguna razón por la que deba gastar mi tiempo en discutir cómo dos personas se han desenamorado cuando se están dando otros cambios que van a afectar la vida de muchas personas. Esta propuesta de ley para el control de armas es revolucionaria, August, y seré la única persona que hoy hable de ello por culpa de este maldito divorcio. Ella tiene pensado dirigirse al Senado mañana y presentar el borrador de la legislación. Diría que el hecho de que al menos tenemos un presidente con voluntad para enfrentarse a la Asociación Nacional del Rifle es mucho más importante y una noticia que salvará más vidas que el hecho de que el imbécil marido de ella la haya engañado. Así que lo siento si sientes que el dinero que gastaste para esa primicia no ha valido la pena, pero no me importa. Voy a ser la única comentadora política que se ponga por encima de los lascivos chismorreos y voy a hacer mi trabajo.''

La cara de August estaba roja como un tomate cuando Emma terminó de decir eso. Pero antes de que él pudiera responder, el director del programa anunció que tenían treinta segundos antes de entrar en directo. Con una última mirada a Emma, se retiró del escenario. Cuando habían estado hablando, el Senador de Nueva York había sido traído a plató y Emma se giró para sonreírle a Victor Whale. Como doctor de urgencias que había sido antes de entrar en la política, Emma tenía ganas de descubrir qué pensaba el hombre ante la posibilidad de reducir de una vez el número de armas que había en la calle.


Cuando el programa de Emma acabó de emitirse, August ya había desaparecido. Ella estaba encantada; no estaba de humor para tener otro enfrentamiento verbal. La rubia le había dado las gracias a su invitado y se dirigía a su despacho, donde Ruby estaba esperándola.

''¿Se ha enfadado tanto como esperabas?'' preguntó Ruby cuando la rubia se dejó caer en su sofá.

''Sip,'' asintió Emma. ''Pero no me importa. Era lo correcto.''

Ruby dudó y entonces se sentó en el borde del sofá, al lado de los pies de Emma. ''¿Antes, de qué quería hablarte la presidenta?'' preguntó.

Emma no había contado mucho de lo que había transpirado en el Despacho Oval y Ruby simplemente había seguido las órdenes al escribir el monólogo de apertura del programa. Pero no podía negar que le había picado la curiosidad. Quería saber qué había pasado, lo que se había dicho, y más importante, por qué se había dicho.

''Sólo quería saber cómo iba a informar de la noticia,'' dijo Emma, una medio verdad que salió con facilidad de sus labios.

''¿Te ha pedido que hagas exactamente lo que acabas de hacer?''

''No,'' contestó Emma. ''Eso es lo que le dijo a toda la sala de la conferencia de prensa. Tú estabas ahí, ¿recuerdas?''

''Entonces, ¿por qué sólo quería que tú fueras a su despacho?''

Emma suspiró y restregó las manos sobre sus ojos. ¿Qué coño? Pensó para sí misma. Confiaba en Ruby. Podía contarle la verdad. Hasta cierto punto.

''Quería saber si yo sabía quién era el infiltrado de la Casa Blanca,'' admitió Emma. ''Sabe que August tiene a alguien informando a la NBC y se preguntaba si yo sabía quién era.''

''¿Lo sabes?''

''No,'' contestó Emma honestamente. ''¿Por qué? ¿Lo sabes tú?''

''No.'' Hubo una larga pausa y entonces; ''¿cómo es?''

''¿Cómo es el qué?'' preguntó Emma.

''El Despacho Oval,'' dijo Ruby casi en un susurro.

''Sorprendentemente, tiene forma oval,'' dijo Emma. ''Y muy pijo. Supongo que desprende cierta sensación de poder. Es intimidante pero en el buen sentido.''

''¿Y cómo ha sido ella?'' preguntó Ruby. ''¿Ha sido diferente conocerla en su propio territorio?''

Emma deseó poder contarle a su amiga sobre la visita a su apartamento de esa semana, pero sabía que no podía. ''Supongo que ha sido un poco diferente,'' dijo antes de dudar ligeramente. ''Sólo quería saber quién la ha traicionado.''

''Robin la ha traicionado,'' dijo Ruby. ''Él es el idiota que le ha puesto los cuernos.''

''¡Lo sé!'' exclamó Emma. ''Quiero decir, ¿quien en su sano juicio huiría de Regina?''

Los ojos de Ruby se abrieron de par en par. ''¿Regina?''

''La Presidenta Mills,'' corrigió Emma apresuradamente.

''Ya, pero has dicho Regina,'' dijo Ruby con el ceño fruncido.

''Bueno, ese es su nombre,'' dijo Emma, levantándose y moviéndose hacia su escritorio para recoger sus cosas y poder irse a casa.

''Los presidentes no tienen nombre de pila,'' dijo Ruby. ''Nunca nos referimos a ella como Regina Mills.''

''Quizás deberíamos,'' dijo Emma. ''Quizás si hablásemos de estas personas como si fueran tan normales como tú o como yo, la prensa no pensaría que su vidas privadas son una mina de escandalosas historias para lucrarse.''

''Así que, ¿quieres empezar a referirte a ella como Regina en tu programa?''

Emma rodó los ojos. ''No. Se me ha escapado. ¿Podemos olvidarlo?''

Ruby se encogió de hombros y cogió su bolso justo cuando Emma cogía su móvil y se colgaba su propia mochila sobre el hombro. Mientras las dos mujeres salían de la habitación, Emma miró la pantalla de su móvil.

Había un mensaje de Henry diciéndole que se quedaba estudiando en la biblioteca hasta las nueve pero que pronto regresaría a casa. También tenía el recordatorio mensual para pagar el alquiler. Y un tercer mensaje de un número desconocido. Pero Emma supo de inmediato quién lo había enviado.

Gracias. RM.


Miles de gracias a los nuevos usuarios que vais descubriendo esta historia y dejando reviews! Hoy cuelgo los capítulos un poco más tarde porque he tenido una tarde muy atareada en el trabajo, pero por fin soy libre! Buen fin de semana :)