Hola! Bueno, antes del capítulo, me gustaría explicarles mi ausencia por estos lugares.

Lo que pasa es que mi papá le dio vuelta juego a MI computador, por lo que perdí todo lo que tenía en el disco duro. Y como no tenía respaldo de nada, tuve que empezar muchas cosas de nuevo.

Además, he estado últimamente muy metida en los estudios, por lo que mi tiempo libre disminuyó a casi CERO. Pero dado que estoy ahora en vacaciones, pretendo ponerme al día con todo lo que dejé a medias!

Asi que a los lectores de la historia, perdónenme! Y téngame paciencia, porque he tenido que re escribir muchas cosas!

Un saludo!

Amelia.

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Heero despertó asustado. Abrió los ojos, pero fue encandecido por la brillante luz de la sala del hospital. Miró a sus lados y vio como sus brazos estaban cubiertos por varias vendas, y que su pecho estaba descubierto, pero con un gran vendaje que cubría la parte baja de su abdomen. Intentó moverse, pero aquella herida se lo impidió. Estaba desesperado, necesitaba saber qué había ocurrido la noche anterior. Lo único que recordaba era estar observando a Relena, cuando ella comenzó a gritar. Luego, el palacio se convirtió en un campo de batalla y no tuvo otra opción que luchar.

Pensó en aquello un momento. Él había prometido a la princesa que nunca más mataría a alguien. Lamentablemente, esa noche tuvo que romper la promesa. Y es que era matar o morir… aquellas personas no tenía otro motivo más que el de acabar con todos los presentes, y por poco lo logran. Heero no podía permitir que eso sucediera. Pero, por otro lado, sintió aquella emoción, adrenalina, que no sentía hace mucho tiempo. Es más, pensó nunca antes haberla sentido. De alguna forma bastante extraña, Heero sabía que estaba en el lugar correcto, en el momento justo, y junto a la persona con la que debía estar.

Sacudió su cabeza en desaprobación ante tal idea, ¿cómo podía pensar que el campo de batalla era el lugar correcto para Relena?

Heero fue interrumpido en sus pensamientos por un golpe en la puerta. Tímidamente, entró Trowa al lugar. Tenía un brazo en un cabestrillo, y en la otra mano sostenía un bastón para poder caminar bien, ya que cojeaba por una de sus piernas.

No lo sé- dijo él, ante la mirada de sorpresa del Wing Zero- no sé cómo ocurrieron estas heridas. Simplemente me desperté en el hospital- finalizó acercándose a las ventanas del lugar, para abrir la cortina.

¿Qué hora es?-

Las 5 de la tarde, Heero-

¿Qué ha sucedido?-

El Palacio Real fue totalmente destruido. Murieron cerca de 120 personas, entre ellas, diversos mandatarios internacionales. Aún no se han encontrado a los responsables.

¿Relena?

Está bien. Antes de volver al palacio, la dejé con Noin y Une. Hace poco Une me avisó que aún no despertaba- Heero asintió con la cabeza- aunque creo que puede que esté un poco molesta contigo –agregó Trowa- tú sabes, por dejarla inconsciente.

¿Y era mejor que observara?- preguntó con sarcasmo Yui- ¿Qué tuviera recuerdos de la masacre de anoche?- Trowa no respondió inmediatamente, sólo bajó la cabeza, llamando la atención de su acompañante.

Heero…- dijo- creo que es momento de que ella luche sus propias batallas.

¿qué quieres decir con eso?-

Trowa caminó hacia la silla que estaba junto a la cama de Heero, y tomando asiento, cerró los ojos con una mano sobre su sien.

Trowa – Heero habló, reincorporándose- ¿qué es lo que estás ocultando? - el piloto no respondió inmediatamente, simplemente abrió sus ojos y miró a Heero con una expresión de tristeza.

¿Amas a Relena?- preguntó.

¿Qué…?

Me escuchaste- lo interrumpió- ¿Amas a Relena?- Heero esquivó su mirada. Por el contrario, Heero no apartó la vista del Wing Zero.

No lo sé- dijo con timidez.

¿No lo sabes?

No- respondió apretando los puños.

¿Cómo es eso?

Simplemente no lo sé, ¿por qué quieres saberlo?

Trowa tomó su bastón, se levantó de la silla y se puso de pie otra vez- Cuando tengas la respuesta a mi pregunta, yo responderé las tuyas. – y dicho esto, abandonó la habitación.

Relena despertó exaltada. Miró a su alrededor y notó que se encontraba nuevamente en la habitación del día anterior, y que vestía ropas normales. Notó que sus maletas estaban empacadas, cerca de la puerta.

Enseguida lo recordó. Buscó por toda la habitación hasta encontrar la chaqueta que Heero le había puesto antes de dejarla con Trowa. En su bolsillo, encontró el pequeño cuaderno que la mujer pelirroja le había dado. Lo miró durante unos instantes, y luego lo abrió.

Luego de un par de horas, Relena, sentada en el suelo apoyada en su cama, leyó la última página, mientras una lágrima caía por su ojo derecho.

¿Por qué nadie me lo dijo?- preguntó con rabia, mirando hacia la ventana que estaba abierta. Se asomó por ahí Lara, y entrando a la habitación se sentó al lado de la princesa.

No podíamos- dijo ella- nos hicieron jurar…

Un simple juramento…- la interrumpió Relena mirando hacia el suelo-

No, no fue sólo un juramento. Ellos nos obligaron, nos ligaron con una especie de conjuro… Conjuro que Hans pretendió combatir – Relena la miró sorprendida

¿Hans…Hans sabía todo?

Sí. Y cuando se decidió a contarlo, por ti, por todos… Ellos vinieron por él- agregó Lara seria.

¿Quiénes?

No lo sé con exactitud…- respondió- nunca los he visto. Pero suponemos que es algún tipo de magia negra…

Magia negra, conjuros, el Consejo, las lanzas…los sueños, mis sueños – dijo Relena poniéndose de pie, mientras perdía el control- esas cosas no existen. No lo creo, no pueden existir…

¿Y cómo explicas las lanzas? ¿las imágenes en tu cabeza? Los ojos rojos...- Lara también se puso de pie, siguiéndola con la mirada. Al decir esto, Relena se detuvo en seco y la miró espantada.

No…no puede ser- dijo agarrando su cabeza con las dos manos- No…no. Eso..no – comenzó a balbucear mientras las rodillas le tiritaban. Antes de que lograra caer al suelo, Lara la tomó por los brazos.

Relena, mírame- le dijo con ternura- tienes que recordar, tienes que volver a ser lo que eras.

¿Lo que era?- dijo ella soltándose.

Sí – respondió Lara- el futuro de la tierra…y de todo el universo depende de ti. Jamás estaremos en paz si es que no lo haces…- Relena no respondió nada, sólo esquivó la mirada- Harold Mason – dijo Lara, haciendo que la princesa la mirara- Harold Mason ha encontrado el Wing Zero. Es cuestión de tiempo antes de que otra batalla comience.

¿Mason?...-preguntó Relena confundida- Yo…yo lo conozco.

Sí, princesa, él es nuestro verdadero enemigo. Él es el responsable de todo esto.

No – la interrumpió Relena- la responsable de todo esto soy yo – dijo mirando seriamente a Lara. Nadie habló por unos minutos.

¿Cómo lo puedo lograr?

¿Ah?

¿Cómo lo puedo lograr?- preguntó nuevamente Relena- cómo puedo recordar todo.

Quedan sólo dos lanzas- dijo Lara- dicen los sabios que después de esas dos…todo volverá a la normalidad. Pero serán las peores – agregó bajando la cabeza.

¿No moriré?

No- respondió rápidamente- estas lanzas no fueron diseñadas para matar, sino para sellar. Cuando hayas recibido la última, todos los sellos se habrán roto, y volverás a ser como eras antes.

Bien- dijo Relena- estoy lista. He estado protegida durante toda mi vida. Llegó el momento de proteger yo a los que más quiero.

Relena- dijo Lara con tristeza- eso no será posible…

¿Qué..?

La princesa no alcanzó a seguir hablando, cuando Damien Allen apareció por detrás de ella y la adormeció.