CAPÍTULO 11.
LA FUERZA DE LA ALQUIMIA.
P.O.V Kidou Yuuto
Flash Back
Había esperado a que Haruna y Kogure hubiesen terminado de cenar y de haberse metido en la cama para entrar por la ventana de la habitación —algo que ya parecía costumbre—. Haruna cayó dormida enseguida, parecía estar bastante cansada y también Kogure quien hablaba en sueños así que decidí no estar muy pendiente de nada fuera de esa habitación que me importaba.
Durante la cena habían hablado del funeral que se celebraría mañana. Haruna no estaba preparada para ello. Había escuchado como le decía a Kogure que mientras estuviera la cosa así, pensaría que se habían ido de viaje. Pero en el momento en el que los enterrara, sería aceptar que no iba a volver a verles nunca más. Kogure intentó darle palabras de ánimo y trató de animarla pero no era algo fácil teniendo en cuenta que no era la primera vez que se despedía de su familia.
Me quedé observando a mi hermana que dormía plácidamente y me tumbé, con cuidado de no despertarla, a su lado mirando hacia el techo. Ladeé mi cabeza un poco para mirarla.
Estaba dudoso. Después de haber visto todo lo que había visto sobre Goenji con su hermana, después de que hubiera dicho mi nombre en mi modo pantera… había algo que taladraba mi cabeza. ¿Y si tenía que decirle quien era yo realmente? ¿Y si tenía que saber la verdad? Si continuaba de esa manera, seguramente, terminaría cometiendo los mismos errores que Goenji o algo parecido. No quería llegar a eso. Y pensándolo bien… una de las cosas que no había hecho él, había sido no ser sincero con el motivo de su regreso a la vida, ¿no? Si cambiaba eso… quizás…
Apreté los dientes y miré a mi hermana nuevamente. Moví mi brazo ligeramente y mi mano se encontró lentamente con la de ella. La agarré con suavidad y me aferré a ella. ¿Cómo podía explicárselo? ¿Cómo podía decirle quien era verdaderamente yo?
—Todo es demasiado complicado —musité. —Cuando vine aquí no esperaba que todo fuera a ser de esta manera, Haruna… Me he criado durante cinco años con una persona que no le importaba quien era y los destrozos que hacía… Ni siquiera le importaba que le atacara de pronto porque me enfadaba por saber que no estábamos juntos y que no podríamos estarlo más —me giré quedando recto, observando el techo. —Pero él sabía todo… Endou y los demás también pero tú… —ella se movió y se colocó en mi dirección. Algunos de sus mechones cayeron en su cara y yo lentamente empecé a apartárselos. —No quiero hacerte llorar nunca más ni que me odies… no quiero que me veas como un monstruo… —confesé por lo bajo recordando las palabras y el miedo que en la cara de Yuuka pude ver en esos momentos y también cuando se volvieron a ver después de tanto. —Pero no quiero acabar con todo esto porque… es lo más cerca que he podido estar de ti en diez años. No puedo acabar con esto... —corregí ya que querer, de alguna forma, quería. —Y sé que no voy a soportar estar contigo y ver como mueres día a día… o estás con otra persona —me mordí el labio inferior y cerré unos momentos los ojos. —Debería hacer caso a todos y largarnos de aquí pero… no puedo dejarte. Y mucho menos con ese idiota de Fubuki —estaba celoso, sí. Y sabía muy bien como podían acabar esos celos pero por el momento, los notaba controlados. Me acerqué a ella lentamente. —No sé que debo hacer… me siento perdido… —musité besando su frente.
—Onii-chan… —escuché que me llamaba en un susurro.
Me tensé un poco pues pensé que se había despertado pero su respiración indicaba que continuaba durmiendo. Ella se aferró a mi mano y parte de su cuerpo lo colocó reposando sobre el mío, abrazándome, a lo que yo no opuse ningún tipo de resistencia. Acaricié su cabeza y mostré una pequeña sonrisa.
—Te quiero —pronuncié, hundiendo mis dedos en su cabello. —Y tengo mucho miedo de volver a perderte…
Fin del Flash Back
Regresaba por las oscuras calles de Inazuma de camino para casa. Tenía las ideas difusas pero quería hablar con todos. Decirles que, si lo mejor era alejarnos… que lo haríamos aunque tuvieran que amordazarme o sedarme para poner distancia entre esa ciudad que me ataba porque estaba mi hermana. Estaba dispuesto a buscar su felicidad lejos de mi dado que, por lo que parecía y sentía, no hacía más que complicarle la vida.
Pero entonces dos olores llegaron a mi olfato y una de ellas era mucho más reconocible por la sangre que emanaba, más que nada. ¿Qué demonios estaba pasando? Observé a mi alrededor y continué andando algo dubitativo pero de pronto, la figura de Fudou se colocó rápidamente frente de mi, sorprendiéndome.
—¿Fudou? —a su espalda, estaba Goenji. Su aspecto era bastante malo, parecía estar herido y no sólo eso, parecía estar sudando. No tardé en alarmarme. Nunca había visto antes así a Goenji. —¿Qué le ha pasado a Goenji? ¿En qué os habéis metido? —empecé a preguntar preocupado.
—Cierra la boca y escúchame —me indicó, recuperando aire. Parecía haber corrido bastante. —Kidou… tenemos un problema…
Esas palabras no ayudaban a que dejara de preocuparme por Goenji. Su rostro indicaba lo mucho que le dolía y no hacía más que gemir por el dolor.
—Goenji… —Toqué su frente y miré con los ojos abiertos al poseedor de la hiena. —¡Oe, Fudou, está ardiendo!
—Y no sólo eso… se está muriendo, Kidou…
¿Cómo que se estaba…? Observé de pronto, toda la camiseta de Fudou manchada de sangre y como caían gotas del cuerpo de Goenji al suelo. Corrí a ver que era lo que ocurría y vi una enorme herida en su brazo junto con su parte derecha del cuerpo. Y eso no podía habérselo hecho Fudou... Algo estaba pasando y no era consciente de ello.
—¿¡Qué demonios ha pasado, Fudou?! ¡Eso no es posible, debería poder curarse! ¡Debería poder ponerse bien! ¡Somos inmortales!
—¡Pues no lo hace! —exclamó él sorprendiéndome, parecía demasiado inquieto, incluso diría yo que más que preocupado, empezaba a asustarse. —¡Y dudo mucho que pueda! ¡Tenemos que llevarle a un lugar seguro!
—¡Vamos a casa, rápido! ¡Llamaremos a Terumi!
—A él no. Es imposible que venga. Parece que no puede venir a nuestra llamada... Llevo intentándolo un buen rato y... no podemos ir a casa.
—¿¡Por qué no!?
—¡Porque…! —se detuvo y chasqueó la lengua.
—¿¡Qué está pasando!? ¡¿Quién demonios le ha hecho esto!? ¡Responde de una vez! —exigí.
Fin P.O.V Kidou Yuuto
—Sunbeam!* —exclamaba Sein abriendo sus manos en dirección a Beta quien seguía corriendo detrás de ellos todavía. Yuuka y Fubuki, con una inconsciente Natsumi en su espalda, se giraron observando el ataque de su superior.
Una fuerte energía de luz salió disparada de las manos del celestial dirigiéndose hacia el renegado que, aunque intentó esquivarlo, esa luz impactó en sus ojos y dejó completamente nula su visión.
—¡Shimatta! —se quejó frotándose los ojos y cayendo de rodillas al suelo. —¡Kûso! ¡No veo nada! ¡Mis ojos!
—¡Rápido, no perdamos tiempo! —exclamó Sein agarrando a Yuuka y orbitando de allí. Fubuki les siguió desapareciendo del campo de visión.
P.O.V Afuro Terumi
Me encontraba arrodillado frente a los Sabios. Los más importantes del cielo celestial. Aunque intenté escaparme debido a todas las maldiciones y esas llamadas desesperadas que Akio estaba lanzando para que fuera con él, no lo conseguí. Algo estaba pasando y lo sabía. Eran problemas. Grandes problemas. Sentía que la energía de uno del grupo del poseedor de Cancerbero estaba mal. Debido a eso me había alterado y había tratado de salir de aquella reunión. Fui retenido entre bastantes ángeles y me habían llevado a rastras hasta la sala donde se reunían los Sabios. Era por ese motivo, por el que, ninguno me quitaba el ojo de encima y me veía completamente rodeado por ángeles encapuchados.
—Afuro Terumi —me llamó con voz imponente uno de ellos.
—Señor —incliné mi cabeza encapuchada de blanco y con los ojos cerrados.
"Vamos, aguantar un poco más... Pronto estaré con vosotros, chicos."
—Queremos que el trabajo de Fubuki sea terminado en cuanto antes —abrí los ojos de golpe y traté de levantar la cabeza pero uno de los ángeles me obligó a bajarla de mala manera.
—Pero, Señor, no es posible, aún no hemos podido hablar con-
—Lo sabemos —me interrumpió otro Sabio. —Fubuki ha terminado enamorándose de ella y no ha sido capaz de cumplir con su obligación, al parecer, está saliendo igual de rebelde que lo eres tú —sonreí. Aunque lo decían porque siempre estaba saltándome las reglas y creándoles problemas, me sentía halagado. Nada mejor que saltarse las reglas y hacer las cosas de un modo mucho más correcto. —Y tú te estás entreteniendo no sólo con los humanos, si no, también con ella.
—Pero, Señor, ella no sabe que…
—Actúa rápido, Terumi-san —habló el Sabio que más aprecio me tenía y con el que mejor me llevaba. —La Guerra está más cerca de lo que nos imaginábamos.
¿Cómo…? Alcé la cabeza de golpe, sorprendido por sus palabras y los miré a todos sin comprender.
—¿A qué se están refiriendo con la Guerra? ¿Qué es lo que…?
—Los renegados han vuelto —me confirmó uno de ellos.
—¿Cómo…? Pero eso no es posible… ellos estaban muertos… —contesté, parpadeante.
—Todos nos equivocamos al pensar así y es por eso que necesitamos reunir todo lo posible para volver a ganar la Guerra como en antaño.
—Pero meterla a ella de golpe, sin comprender nada, ¡es un suicidio! —alcé la voz, apartándome del ángel que estaba por obligarme a ponerme en la misma posición que al principio de la conversación.
—¡Ella tiene el poder! —exclamó el jefe de los Sabios. —Y contra antes esté con nosotros, antes podremos enseñarle a ser lo que está destinada a ser…
—¡Pero…!
—¡Te damos dos días! —me cortó el jefe Sabio. —Tienes dos días. Ni uno más.
—¡Eso es demasiado tiempo! No podemos darle tanto tal y como están las cosas.
—Opino igual —se sumó otro de ellos.
Tragué saliva y apreté los dientes. ¿Cómo era posible que estuvieran vivos? Eso no podía ser… ¿Cómo habían podido...? ¡Ni siquiera alguien como los Sabios era capaz de revivir a los muertos! Eso no era posible… ¿Quién sobrevivió?
—Necesito más tiempo que dos días... —murmuré, apretando los dientes.
—Eso es imposible.
—¿No entendéis que ella no sabe nada? ¡Es ajena a todo, maldita sea! —empezaba a exaltarme pero no podía evitarlo. Sonaba todo a una completa locura.
—Pues tendrá que empezar a saber que el mundo real es muy diferente al que conoce. Al fin y al cabo…
—¡Sólo tiene diecisiete años, maldita sea! ¿Cómo queréis que se lo tome todo? ¡¿Creéis que con decírselo va a decir "¡oh, que bien!"? ¡No me hagáis reír! —ni siquiera me había dado cuenta que empezaba a gritarles.
—No nos levantes la voz —me ordenaron.
—¡Y vosotros dejar de decir tantas idioteces! —les contesté, dejando el respeto que se les debía tener en cualquier otro lado menos en aquella sala.
—Pensamos que asignando a Fubuki, la cosa iría bien… Es un chico muy aplicado pero nos equivocamos. Era él quien tendría que haber hecho su trabajo. Ahora, como su superior… Debes hacerte responsable. Así son las cosas y siempre han sido así.
—¡Pues a la m-!
—Terumi-san —me cortó el que me apreciaba. —Es muy importante tener a Otonashi Haruna con nosotros cuanto antes, por favor.
—Tsk...
No quería escucharles más. ¡No quería seguir ahí! Me di media vuelta y abrí la enorme puerta de la sala.
—Dos días, Afuro Terumi —volvieron a mencionar, como recordatorio. —En dos días, esté o no informada, ella vendrá aquí.
Cerré la puerta de golpe y golpeé la pared enfadado. ¿Dos días para decirle a Haruna toda la verdad? Eso era imposible… Ninguna mente humana podía lograr entender todo eso. Estaba claro que Fubuki había hecho mal su trabajo pero no le culpaba, no del todo... Haruna, al fin y al cabo... era Haruna.
P.O.V Endou Mamoru
—Ghhh… —jadeé incorporándome de rodillas en el suelo y apoyando un puño en el suelo.
Alcé mi mirada hacia Desuta que se había incorporado ya y soltó una risa que me hizo gruñir.
—¡Mírame bien, Endou Mamoru! Yo seré quien os mande a la tumba. A ti, a todos tus amiguitos, ¡y a ese perro estúpido!
Apreté los dientes en el momento en el que empezó a hablar pero mis puños sangraron cuando insultó de esa manera a Cerbero.
—No le llames así… —murmuré incorporándome.
—¿Perro estúpido? —repitió con burla.
—No le llames así… —amenacé en un gruñido, empezando a andar hacia él.
—¡Es un maldito perro estúpido! —gritó regodeándose. —¡Y tú eres su estúpido chucho!
—He dicho… —alcé mis ojos llenos de rabia hacia él. —...¡QUE NO LE LLAMES ASÍ!
Estallé sacando unas negras garras afiladas y lanzándome a por él arañando el brazo del castaño que me esquivó saltando por los aires, en el último momento. No le di tiempo de reacción porque salté más rápido y lo agarré del cuello lanzándonos ambos hacia el suelo. Empotré su cabeza contra el suelo creando un pequeño agujero y gruñí.
—¡¿Cómo estás vivo!? ¡Te maté! ¡Todos estabais muertos!
—Eso no importa… —sonrió triunfante aunque la situación no estaba a su favor. Hice más presión y su sonrisa se congeló. —Da igual si me matas… volveré a aparecer.
—¿Quién os está ayudando…? ¿Es el mismo alquimista o hay más?
—Haces demasiadas preguntas —rió aunque se la corté al rajar parte de su cara con una garra. – Y ella… también se las está haciendo —sonrió alzando con dificultad su brazo para señalarme detrás de nosotros a una paralizada Aki que miraba todo con los ojos abiertos y sentada en el suelo shockeada y entre lágrimas.
—Aki… —caí en ella y abrí mis ojos sorprendido. Giré mi rostro para encontrarme el estado de la chica. —No...
—Espero que Gamma y Beta se hayan ocupado bien de la otra —rió antes de empujarme aprovechando que había bajado completamente la guardia. Fui a detenerle pero ya no estaba, se había esfumado como el viento.
—Kûso… —mi cuerpo volvió a la normalidad y me agarré el pecho por los simultáneos golpes que había recibido del combate.
Giré y miré a Aki apoyada en la pared, en estado de shock y con todo su rostro lleno de lágrimas. La había sacado de su hipnosis para que viese con sus propios ojos lo que sucedía. Me preguntaba si eso sería lo que le había dado para beber o se trataba de uno de sus trucos y trampas.
—Aki… —la llamé, acercándome a ella.
—No... —me pidió colocando sus manos por delante sin poder moverse. —No te acerques…
—…
Me detuve y bajé la cabeza.
—Dime que esto… dime que todo esto es una pesadilla...
—Si quieres que lo sea, lo será —murmuré, mirándola con tristeza.
Me sentía mal por ella. Por todo lo que debía de estar sufriendo al haber presenciado algo como aquello.
—Pero no lo es… es la verdad y tú… ¿qué eres? —preguntó con miedo en sus ojos. —¿Qué sois…?
Tragué saliva y me senté en el suelo frente a ella, con algo de dolor en mi pecho. Un dolor que en unos minutos terminaría cesando.
—Es una pesadilla —insistí mirándola fijamente a los ojos.
Ella cruzó mirada conmigo y apreté los dientes. Tenía que hacerlo. Era lo mejor para ella.
—Vas a despertar en tu cama. Y vas a recordar todo esto como una pesadilla —le indiqué, viendo como el iris de sus ojos se dilataban, dejando que pudiera manipular sus recuerdos y su mente como quisiera.
—Es todo una pesadilla —murmuró, con el contacto de sus ojos todavía en los míos.
—Eso es —me acerqué a ella y la tomé con suavidad del rostro. —Nada de esto es real. Todo ha sido fruto de tu imaginación. Una simple pesadilla más a la que no darás importancia ni hablarás con nadie —por un momento, sentí como la voz se me iba a ir y se iba a convertir en un sollozo.
—Sí… una pesadilla sin importancia...
Me picaban mucho los ojos y bajé la cabeza aguantando las ganas de llorar.
"—Mamoru…"
—Lo siento… —me disculpé, sintiendo como se mojaban mis mejillas y me llevaba el brazo a limpiarme. —De verdad que lo siento, Aki… yo… yo…
"—Mamoru, tranquilo. No es tu culpa…"
—Yo no quería… —susurré apoyándome en su hombro y abrazándome a ella. Desuta estaba dispuesto a matarla… y todo por mi culpa, todo por ser mi amiga. —Perdóname… por favor, perdóname.
P.O.V Fudou Akio
Habíamos terminado en una azotea de un hotel. No era un buen escondite, pero por lo menos, era un lugar alto. Además, mi instinto decía que lo peor ya había pasado. Aunque no para Goenji. Lo observé tumbado en el suelo, con Kidou al lado intentando curar sus heridas. Yo mientras, estaba mirando hacia el cielo oscuro de la noche. ¿Dónde demonios estaba Terumi? ¿Por qué no venía?
De pronto, aparecieron unas luces blancas y azules. Tres personas terminaron formándose a una distancia prudente de donde se encontraban el poseedor del tigre y de la pantera. Reconocí a Fubuki y a Yuuka enseguida pero el que iba con ellos… Bueno, eso ahora daba igual.
Fubuki miró a Kidou. Ambos se quedaron mirando fijamente y harto de ver que ninguno hacía nada, me planté delante del albino agarrando el cuello de su camisa. Lo levanté un par de palmos del suelo y lo miré de mala manera.
—Mueve tus malditas alas de ángel y cura a Goenji —gruñí.
Acto seguido, lancé al lado de Kidou al ángel apretando los dientes. Observé a Yuuka y al que era su superior, ¿ese no era Sein? ¿Ese que siempre se la pasaba peleando con Terumi y tenían una rivalidad? Lo había visto pocas veces en mi vida... Nunca había tenido demasiadas ganas de verlo, ni de recordar su cara, ni similares. Si estaba en lo cierto y era él, estaba seguro de que tendría todas las respuestas a mis preguntas. Me planté delante suya con el ceño fruncido y él me miró sin inmutarse.
Sabía que si había dos superiores en Inazuma era porque fuese lo que fuese, se estaba acercando algo grande.
—Tú vas a responder a todas mis preguntas —no preguntaba, directamente, afirmaba.
El choque de nuestras miradas, me confirmaban que sí. Que era Sein.
—¡Algo no va bien! ¡No puedo curarle! —escuché detrás de mi.
—¡Inténtalo de verdad! —protestaba Kidou.
Observé fijamente al de cabellos castaño cobrizo y me giré para ver como Kidou le obligaba a intentarlo de nuevo aunque el ángel negaba con la cabeza.
—¡No soy yo! ¡No puedo!
Regresé mi mirada al que era superior a esos dos y arrugué el ceño.
—Ve tú —ordené.
Él no pareció moverse y me hizo agarrarle del cuello al igual que había hecho con Fubuki.
—¿¡Es que no me oyes!? —grité enfadado.
—Si él no puede, ¿por qué iba a poder yo? —me preguntó arrugando el ceño.
—Eres más fuerte que Fubuki y Yuuka juntos, eres un superior... Sein —le fulminé con la mirada y vi como sus ojos pasaban por mi costado observando a Goenji en el suelo que continuaba gimiendo y sufriendo.
—Parece que está yendo demasiado deprisa… —comentó. Apreté el puño libre y lo levanté deseando llevarlo directo y con fuerza contra sus dientes. —Si no me sueltas, no puedo hacer mi trabajo —mencionó con altanería.
Abrí mi mano deshaciéndome del agarre y dejando que fuese totalmente libre para moverse a sus anchas. Enseguida pasó por mi lado. Giré lentamente para ver como se abría paso entre Kidou y Fubuki y trataba de curarlo. Observé de reojo a Yuuka. Lo miraba con preocupación. A pesar de todo, parecía que la hermana aún estimaba lo suficiente a su hermano como para no querer su muerte.
Me quedé observando como ese resplandor de sus manos no aliviaba el dolor de Goenji. Miraba al herido y también al ángel. ¿No estaba funcionando? ¿Por qué demonios no funcionaba?
—No se puede curar —las manos del ángel dejaron de emitir aquel destello y lo miré molesto.
—Deja de joderme —gruñí, perdiendo el control y levantándolo de golpe. —¿Cómo no se va a poder curar? Terumi ha curado cosas peores —le aseguré empotrando su espalda contra la pared, cerca de la puerta de acceso a la azotea.
—Te equivocas.
No pronuncié palabra. Simplemente le miraba con odio.
—¿Por qué no se puede curar? —preguntó Kidou, lo miré de reojo y vi como miraba a todos los ángeles con curiosidad. —¿En qué se diferencia esta vez de las otras?
—En que esta vez, no es sólo una herida y ya. Hay algo que parece impedir su recuperación —aportó Fubuki.
Hice más fuerza con Sein contra la pared.
—¿Quién es? —gruñí al cobrizo.
—¿Quién es quién, Fudou? —preguntó extrañado Kidou.
—Hay alguien que les ha dado fuerza y algo en especial… como si fuese una poción —explicó Yuuka desde la distancia. —…algo que no permite a los ángeles que podamos acceder a recuperarlo.
—¿Qué estás queriendo decir…? ¿Qué es magia? —preguntó Kidou, levemente confundido.
—Alquimia —solventé la duda del poseedor de la pantera. —¡Esos tíos están siendo ayudados por alquimistas! ¡Y tú sabes quien es! —solté un puñetazo en el estómago del cabello cobrizo que se quejó levemente. —Dime su nombre.
—¡Sein-san! —exclamaron Yuuka y Fubuki ante el golpe.
—No lo sé.
—Mientes… —murmuré antes de golpear de nuevo el estómago del ángel con fuerza.
—Yuuka… —escuché la voz débil de mi compañero mientras se retorcía de vez en cuando en el suelo. —Yuuka…
Miré de reojo a la mencionada. La vi temblar y sus ojos mostraban entre miedo y preocupación. Dejé en paz al cobrizo y me giré para mirar a Goenji.
—¿No vas a ir? —pregunté cerca de ella. —Se está muriendo y si no lo conseguimos… no volverás a oírle ni verle nunca más.
Yuuka se fue acercando lentamente y se puso al otro lado, frente a Kidou agarrando su mano.
—Estoy aquí. No me ha pasado nada —le dijo con voz suave a pesar de que sus manos, temblaban.
—Yuuka… menos mal… —débilmente mostró una pequeña sonrisa y eso me hizo apretar los dientes y fulminar al ángel de cabellos cobrizos. —Quédate…
—No me voy a ningún lado… —contestó con los ojos vidriosos y acariciando su cabello.
Kidou me miró preocupado y le dediqué una mirada que indicaba que todo saldría bien.
Porque tenía que salir bien…
¿¡Dónde estaban metidos Terumi y Endou!?
P.O.V Endou Mamoru
Salía de la casa de Aki tras haberla dejado en la cama durmiendo. No iba a recordar nada real, todo quedaría en una simple pesadilla. Caminaba cabizbajo saliendo de la casa cuando me encontré con Terumi delante de mi. Me sorprendí de verlo por esa zona, ¿cuánto tiempo llevaría?
—¿Estás bien? —me preguntó. Asentí con la cabeza, aunque lo cierto es que me sentía muy culpable por lo que había pasado. —Tranquilo, estaré pendiente de ella.
—¿Y Natsumi? —quería asegurarme que por haber salvado a Aki, no hubiera pasado nada malo con Natsumi.
—Está también en casa, durmiendo.
Sentí un alivio y suspiré.
—Menos mal, pensé que Desuta había…
—Lo hizo.
Abrí mis ojos como platos y lo miré sorprendido, sin tardar en exaltarme.
—¿¡Cómo dices?!
—Pero la salvaron, tranquilo —continuó, colocando sus manos encima de mis hombros. —Ella está bien, te lo prometo. Pero ahora tienes que venir conmigo.
Apenas pude hacer nada más, me vi envuelto entre luces y cerré con fuerza los ojos.
Cuando volví a sentir mis pies en tierra, detecté sangre, dolor, preocupación y al abrir mis ojos, me vi rodeado de ángeles celestiales y de los chicos. ¿Qué estaba pasando ahí? Incluso estaba Sein al cual hacía mucho que no veía.
—¿Qué está pasando…?
—Yuuka… —la débil voz de Goenji llegó a mis oídos y lo busqué asustado.
—¿Goenji…? —me hicieron un gesto de donde encontrarlo y caminé hasta verle en el suelo.
Yuuka le tenía de la mano y Kidou estaba sentado en el suelo mirándome preocupado.
Tardé menos de dos segundos en ver su brazo herido y su costado también. Me incliné y levanté lentamente la camiseta para poder ver bien la herida. ¿Por qué seguía aún herido? ¿Por qué no se curaba él solo? ¿O por qué nadie le curaba? Los miré a todos sin comprender la situación y finalicé mirando a Fudou. Sabía que él iría de frente y lo soltaría todo claro.
—¿Qué está pasando?
—Endou… —miré al poseedor del tigre y vi como abría levemente los ojos y me miraba con dificultad.
—Hey, tranquilo —lo alenté, mostrando una sonrisa y cogiendo su mano para transmitirle mi calma. —Te vamos a sacar de esta.
Pero la tensión que respiraba en aquella azotea me estaba poniendo de los nervios.
—Porque va a salir... ¿verdad? —cuestioné, dirigiéndome hacia los ángeles de aquel lugar y levantando mi rostro para ver sus expresiones.
—No podemos hacer nada —habló Sein, cruzado de brazos.
Terumi se acercó hasta a mi y colocó sus manos en la herida. El destello salió y tuve la sensación que estaba funcionando pero la cara del ángel me aseguraba que no era así. Mucho más, cuando el mismo destello disminuyó y se detuvo, sin hacer nada en el cuerpo del herido.
—¿Qué...? ¿Por qué no funciona?
—Alquimia —murmuró Terumi.
Mis ojos se agrandaron como platos. ¿Cómo había dicho? Entonces, lo que me había dicho Desuta… ¿era todo verdad?
—¿Cómo podemos arreglarlo? —pregunté rápidamente.
No teníamos tiempo que perder.
—Encontrando al alquimista que lo hizo y que haga una especie de antídoto que lo pueda anular —explicó Terumi.
—Vosotros sabéis dónde está ese alquimista, ¿verdad? —volví a insistir.
Terumi se incorporó y se acercó con sus compañeros. Yo solté la mano de Goenji para incorporarme y miré firmemente a todos los ángeles.
—¡Oe, chicos! ¡Si lo sabéis tenéis que decirlo!
—No lo sabemos —contestó secamente Sein.
De pronto, Fudou soltó un chasquido y una risa. Lo miré sin entender y observé como se acercaba hacia el compañero de Terumi. Se quedaron demasiado cerca.
—¡Fudou! —exclamé al verle con esa cara de odio.
Entonces caí en la cuenta.
Esos dos…
—¡Oe, Fudou, déjale en paz! —ordené.
—Tú lo sabes... —la mirada amenazante de Fudou pasó de Sein a Terumi para añadir; —Y tú también, Terumi. —Si no me decís ahora mismo un nombre, voy a salir ahí afuera —alzó su mano señalando la ciudad al tiempo que hablaba —...y os prometo que voy a matar a todo ser humano que se me cruce y también ángeles ya que estamos —amenazó con un tono de voz que me aseguraba que lo haría, que no estaba de bromas. Iba totalmente en serio. – Dar ese maldito nombre... ¡ahora! —ordenó en un grito que resonó en todo el lugar.
—Oe, Fudou…
"—Déjale, Mamoru".
"¿Eh? ¿Pero qué dices? ¿No ves que lo que está diciendo va en serio, Cerbero?"
"—También va en serio que no pueden hacer nada por Goenji y que sin ese alquimista, está perdido".
Tragué saliva y observé la situación. Ninguno parecía decir nada. Pero, ¿Por qué Terumi también lo protegería? ¿Por qué iba a estar del lado de los renegados? No lograba entender nada… ¿no se suponía que estábamos aliados para derrotarlos? Entonces, ¿por qué?
—¡O me dais un nombre en un minuto u os prometo que la hiena y yo nos vamos a divertir como hace mucho que no lo hacemos! —exclamó enfadado el oji verde.
"Fudou…"
Se creó un gran silencio.
—Aunque os diéramos el nombre… no podrías encontrarlo —rompió, finalmente, el silencio Terumi.
Sein lo miró de mala manera.
—Cállate —gruñó Sein.
—No. ¡Si no hacemos algo, Goenji va a morir, Sein! —exclamó el ángel señalando a Goenji que se retorcía en esos momentos y parecía estar delirando.
—Pero dijeron que no podíamos hacer nada hasta que no nos dieran el aviso —insistió el cobrizo.
—Que se metan sus avisos por donde quepan —replicó, arrugando el ceño y plantándose delante de Fudou que lo miraba fijamente. —¿Quieres un nombre? Yo te lo doy... Fey Rune.
Casi todos los que estábamos allí, nos quedamos totalmente paralizados. ¿Acababa de decir… Fey Rune…? Pero, eso no podía ser… Fey Rune era el alquimista más reconocido de todos los tiempos que había sido capaz de burlar a la muerte durante cuatro generaciones sin recurrir a los poderes celestiales. Fey Rune había sido un simple humano desde hace 300 años, pero gracias a sus extensos conocimientos de alquimia había conseguido alargar su vida y conservar su apariencia juvenil. Ya había escuchado de él, al parecer su familia murió a manos de uno de los nuestros... ¿Era por eso por lo que se aferraba al mundo? ¿Por eso ayudaba a los renegados?
Miré a Fudou que estaba tan sorprendido como yo y observé a Sein poner mala cara. Al parecer, se había enfadado con su compañero. Pero, ¿por qué se iba enfadar? ¿No se daba cuenta que estábamos en un problema o qué?
Hubo otro largo silencio.
—¿Cómo es posible que siga vivo? —preguntó Fudou, ligeramente sorprendido y lleno de curiosidad.
Y eramos dos.
—Sí pero no logramos localizarlo. Llevamos muchos años sin dar con él.
—Pero eso no es posible. Tiene que estar en alguna parte y vosotros controláis todo el mundo, ¿no? —me aventuré a preguntar.
—Así es, pero no hay rastro de él —asintió Terumi mirándome fijamente como si yo tuviera la solución. —Es como si no viviera en este mundo…
Y entonces le entendí. Mis ojos se abrieron como platos. Así que… ¿de eso se trataba? ¿Era ahí dónde todos se escondían desde entonces? ¿Y es ahí dónde posiblemente... estuviera Fey Rune?
P.O.V Kidou Yuuto
Estaba totalmente perdido. Goenji estaba al borde de la muerte, los ángeles no podían curarlo. Hablaban de alquimia, alquimistas y parecía que todos eran conscientes de lo que pasaba pero… ¿por qué yo no lograba enterarme de nada? Sólo entendía que Goenji se moría y que si no encontrábamos a esa persona… a Fey Rune, estaba muerto. ¿Justo ahora que sabía que su hermana estaba viva? Y, ¿por qué todos se habían puesto pálidos con ese nombre?
Apoyé mi cabeza en mis piernas y observé como Goenji hablaba en delirios y buscaba a su hermana que trataba de tranquilizarlo, atenta sin poder evitarlo de la conversación. Incluso ella lo entendía.
Yo, sin embargo…
Carraspeé ya que el silencio me estaba matando y miré fijamente a Endou.
—¿Me podéis explicar que está pasando? —rompí aquel molesto silencio, haciendo que notaran mi presencia. —No sé quien es Fey Rune, ni quién le ha hecho esto a Goenji, ¡no os estoy siguiendo! —exclamé enfadado.
Endou me miró y se acercó a mi, pasó un brazo por mi cuello y miró a Fudou.
—Te lo contaré todo, te lo prometo. Pero por ahora, tenemos que llevar a Goenji a casa. Yuuka-chan, ¿te quieres venir con nosotros? —preguntó viendo que Goenji la reclamaba. Ella miró a Goenji y fue a negar con la cabeza, pero la mano de Goenji se aferró a ella y sonreí. —Te necesita… —le susurré. Ella terminó por asentir con la cabeza, a modo de respuesta.
—¡Bien! ¡Sein, quiero que vigiles a todos los que tienen contacto con nosotros! Y estate pendiente de Natsumi y Aki, por favor… no sé si la coerción habrá funcionado —informó Endou, sacando su madera de líder.
—Espera, ¿coerción? ¿Pero eso no es la habilidad de Fudou? —pregunté sorprendido.
—Te lo explico luego —volvió a repetirme.
—Tengo que ir a ver a Haruna —susurré al que estaba organizando todo en un abrir y cerrar de ojos. Estaba por irme, cuando me agarró de la muñeca impidiendo mi marcha. —¿Endou?
—No es seguro ahora —me dijo serio. —¡Fubuki! ¡Te encargas de vigilar a Haruna! —vi como éste miraba a Terumi que asentía con la cabeza.
¿Qué? ¿Fubuki con Haruna? Oh, no, eso si que no…
—Iré con él.
Endou miró a Fubuki por si le era molestia y él frunció el ceño pero me dio la aprobación. Endou me asintió con la cabeza y me empujó hacia el ángel.
—Terumi, tú te vienes conmigo. Hay algo que tenemos que hablar.
—Entendido.
—¡Fubuki! ¡Cuéntale todo lo que sepas, por favor! —le pidió el poseedor de Cerbero.
—Está bien, Endou —aceptó el albino mirándome. —Es lo malo de ser muy novato — me dedicó a mi esas palabras con una pequeña sonrisa y yo refunfuñé.
—¡Fudou, te encargo informar a los otros! —logré escuchar, antes de que Fubuki me agarrara del hombro y me viera rodeado por luces blancas y un destello por igual. Cerré los ojos de forma inconsciente y me dejé llevar por el ángel a casa de Haruna.
P.O.V Fudou Akio
No le quitaba el ojo de encima a ese Sein… decir que le odiaba era poco. Parecía que no le importaba que uno de los nuestros se muriera aunque bien mirado, tenía toda la razón del mundo. Aunque estuviéramos con los ángeles, nosotros teníamos una guerra con ellos pues éramos los que ponían en peligro a la especie humana y ellos eran los que los cuidaban y velaban por sus vidas.
—Hagáis lo que hagáis, no llegaréis a tiempo —escuché que pronunciaba.
Cabreado, me abalancé sin más hacia él, fuera de mi.
—¡REPITE ESO! —le rugí, incitándolo a que abriera la boca para terminar de estar aguantando mis ganas de...
Ambos quedamos en el suelo, yo encima de él con mi mano agarrando su cuello y una de mis manos alzada dispuesto a matarlo si me tocaba demasiado la moral.
—¡Fudou, déjalo! ¡No es momento para eso! —escuché que me gritaba Endou por mi espalda.
Pero simplemente lo ignoré. Las manos del ángel estaban cogiendo mi brazo que presionaba en su cuello y sentí como mis colmillos se clavaban en mis labios.
"—¡Relájate, Akio! ¡Matando a este tipo no sacarás nada!"
Y tenía razón. Tenía toda la razón. Apreté mi mandíbula y me acerqué a él sin dejar de mirarle con odio, con desprecio y con rencor. No olvidaría nunca lo que me hizo… Porque él era el único culpable.
—Te juro que si Goenji muere… Yo mismo disfrutaré arrancándote las alas y acabaré con tu celestial vida —amenacé en su oído aún sabiendo que todos los presentes allí, podían escucharlo.
Lo solté de mala manera y me levanté. Endou quiso venir hacia a mi pero le di un pequeño empujón para que ni lo intentara. Me paré frente a Goenji y apreté mis manos. Tenía que darme prisa y avisar a los demás. Tenía el palpito de que no iba a morirse. El palpito de que aún iba a tener muchos problemas que darnos a todos… y muchas cosas que vivir con su hermana.
Sin más, salté de la azotea, hacia el gran árbol que había en frente y velozmente, me alejé de aquel lugar.
P.O.V Endou Mamoru
—¿Estás bien? —le pregunté a Sein, tendiéndole mi mano. Éste la rechazó y se levantó solo. —Lo siento, de normal no es tan agresivo… —me disculpé por él aunque algo me decía que no debería haber hecho eso...
—Es agresivo porque sois bestias, Endou —me contestó, pasando por mi lado. —Por eso no apoyo esta absurda alianza.
—¿Eh?
—El hecho de que ahora os ayudemos no significa que seamos amigos… —me miró de soslayo y se rodeó entre las luces desapareciendo.
—Pero… ¿qué le pasa…? No ha cambiado nada, incluso parece estar de peor humor que la última vez que le vi —refunfuñé molesto.
—Es un idiota mayor —escuché decir a Terumi mientras se acercaba a Yuuka. —Nee, Yuuka-chan, tú tranquila, ¿de acuerdo? —los miré y esa sonrisa de Terumi tranquilizó a la pequeña enseguida. —Conseguiremos salvarlo y podrás recriminarle todo lo que tu quieras. Enfadarte y dejarlo ciego e incluso hasta sordo.
Una gotita cayó de mi cabeza. ¿Si Goenji se salvaba iba a tener que aguantar todo eso? Que destino tan cruel… Observé a mi amigo que parecía estar durmiendo aunque el dolor seguía estando presente. Me acerqué a ambos y cargué a Goenji en mi espalda. Terumi apoyó su mano en mi hombro y Yuuka se abrazó a su cintura sin soltar la mano de Goenji porque éste parecía no permitirlo.
—Adelante —musité cerrando los ojos y dejando que Terumi nos llevase a casa en cosa de pocos segundos usando la órbita celestial.
Cuando abrí los ojos estábamos en la habitación de Goenji. Enseguida me acerqué a dejarlo en la cama con la ayuda de ambos ángeles. Yuuka se quedó a su lado ya que no había forma humana de que Goenji se separara de la mano que le había tendido antes. Terumi y yo salimos a la sala y giré para mirarlo; teníamos que hablar.
P.O.V Kidou Yuuto
Ahí estábamos los dos. Ese ángel que me había amenazado esa misma noche con dejar ir a mi hermana, en irme lejos... Pero ahí estábamos, en el enorme árbol frente a la habitación de Haruna, pudiendo contemplarla desde la ventana. En caso de tener que bajar, podríamos llamar a la puerta... y disimular o inventarnos algo, imaginaba. Él seguro que tenía excusa. Al fin y al cabo, era su "novio" y aunque yo era "su hermano" para ella no era más que... Kidou. Simplemente Kidou.
No podía evitar sentirme impotente ante la situación. Era tan novato y me había negado tantas veces a querer escuchar sobre cómo había llegado a ser lo que era hoy en día, que sentía que estaba apartado y nada de aquello tenía que ver conmigo. Pero estaba seguro de que parte de todo aquello, también tenía que ver conmigo.
Miré de reojo a Fubuki quien observaba dormir plácidamente a mi hermana. Sentí celos cuando reconocí esa mirada de cariño y amor.
—¿Ella lo sabe? —rompí el silencio de la noche y del ambiente, refiriéndome, claramente a su secreto.
—No —contestó sin mirarme. Seguía mirando a mi hermana dormir.
—Es por eso que dicen que vienes y te vas... ahora todo encaja. ¿Por qué me lo ocultaste?
—Porque se supone que no deberías estar aquí y porque yo no debería tampoco estar aquí.
Me pilló de sorpresa ese comentario, no me lo había esperado ni lograba entenderlo con claridad.
—¿A qué te refieres con qué no deberías estar tampoco aquí? —no podía negar que me había causado curiosidad.
—Yo vine a Inazuma por una misión pero me desvíe sin darme cuenta.
¿Qué venía por una misión y se había desviado? Hm, eso sonaba a...
—¿Haruna te distrajo?
—Algo así —pareció confesar, dejando entrever una sonrisa en sus labios.
—Háblame sobre lo que ha ocurrido en la azotea. Sobre lo que está pasando con Goenji... y con todo en general —le pedí. Sabía que lo de Goenji no era algo pasajero, que había un importante trasfondo. Hablaban de alguien "ayudándolos" y que tenía que ver con la alquimia. ¿Ayudando a quiénes? ¿Y qué era exactamente la alquimia? Tenía tantas preguntas en mi cabeza que no sabía como expulsarlas todas y que nada se me perdiera en mis pensamientos.
—A Goenji le ha atacado alguien que es... como vosotros.
—¿Te refieres a una bestia?
—Así es —asintió mientras apoyaba sus cabeza en sus puños mirando fijamente a Haruna, no despegaba sus ojos de ella... y me molestaba mucho. —Al igual que tu, antes eran seres humanos normales y corrientes pero que por unas razones u otras fueron convertidos en bestias. Lamentablemente sus almas estaban más podridas que la de sus bestias por lo que decidieron aprovechar su nueva condición para causar problemas. Los ángeles los llamamos los "renegados" y su máxima aspiración es convertir este mundo en uno habitado por bestias, a parte de un sueño que parece imposible de cumplir.
Presté atención a sus palabras. ¿Cambiar el mundo para que lo habitaran bestias? ¿Acaso querían acabar con el ser humano? Pero... ¿por qué? ¿Y sueños? ¿Qué sueños podían tener gente como esa? A lo única conclusión que llegaba es que eran unos flipados.
—¿Y que han hecho con Goenji? Dijeron que era alquimia o que un alquimista estaba ayudándolos. ¿De qué trata todo eso?
—Los alquimistas son unos seres que han estado desde tiempo remotos. Casi los mismos años que Endou tiene, más o menos. De hecho, nacieron a partir de que empezara a ser famoso entre los seres humanos —¿cómo...? ¿Los alquimistas habían surgido a partir de Endou? Pero... ¿¡Cuántos años tenía!? —Se tratan de seres humanos que usan la alquimia para intentar enfrentarse a criaturas como lo es Goenji, Fudou, Endou y tú, por ejemplo. Pero hay muchos más, por ahí, que no conoces y que ellos no os conocen a vosotros... O la gran parte.
—¿Eso es posible? Un humano no puede...
—La alquimia a cada generación se fortaleció más y más. Algunos incluso, han logrado mantenerse jóvenes como si se tratara de magia pero no tiene nada que ver, la alquimia es un intercambio equivalente —interrumpió, continuando con su explicación.
—¿Un intercambio equivalente? ¿Qué significa eso?
—El intercambio equivalente es conseguir algo pero dando algo del mismo valor a cambio —me explicó.
¿Así que... eso era la alquimia? Pero, seguía sin lograr entender como la alquimia había podido dejar a Goenji en ese estado...
—Pero eso no me explica...
—No es sólo eso —prosiguió. —Llegado a cierto siglo, empezaron a juntarse con científicos y se hicieron mucho más poderosos. Aprendieron muy bien el oficio así que, usan también la ciencia para poder vencer a lo que no debería volver en vida. Se convirtieron en unos enemigos dignos de las bestias. Los ángeles lo sabían, pero aún así, no hicieron nada.
—Los ángeles y las bestias son rivales... Supongo que los alquimistas se hicieron aliados de ellos, ¿cierto?
—Ese era el plan —asintió el albino. —Pero... algo se torció. Algunos alquimistas empezaron a enloquecer y comenzaron a desear conquistar el mundo, cambiarlo. Creían que eran la mano de Dios, que ellos controlaban absolutamente todo... y se unieron con los renegados para cambiar el mundo a pesar de que eran enemigos. La mayoría de los alquimistas terminaron cegados por la codicia y cuando todos quisieron darse cuenta... estalló una guerra.
—¿U-Una guerra?
—Así es. Sobrevivieron unos niños que pensaron que dejarían la alquimia o que no serían conocedores de cómo continuar el linaje. Se suponía que después de aquella guerra, los renegados y los alquimistas habían sido extinguidos.
—Pero no fue así... —murmuré. Recordé el nombre que había mencionado Terumi; —¿Qué hay de Fey Rune? ¿Qué pasa con él? ¿Fue uno de esos niños que sobrevivieron? ¿Es el qué está ayudando a esos renegados?
—Fey Rune... en realidad, es uno de los descendientes de uno de esos niños. Es el alquimista más reconocido de todos los tiempos. Ha burlado a la muerte desde hace cuatro generaciones. Pero no sé demasiado sobre él. Excepto, que teóricamente, debería estar muerto desde hace mucho... mucho tiempo.
—¿Teóricamente? ¿Y por qué está...?
—Nadie lo sabe. Es imposible que con los elixires haya podido alargarse tanto la vida. En eso no puedo ayudarte. Tendrás que preguntar a otra persona. Lo siento —se disculpó. —Soy algo novato también, aún no lo sé todo en su plenitud. Tengo mucho que estudiar, todavía.
"¿Estudiar...? ¿Los ángeles estudian?"
Mi cabeza intentaba dejar hueco para toda aquella información. Aunque estaba claro que Endou iba a tener que explicarme mucho más. Además de más largo y tendido pero la información que me había proporcionado el albino, me había dejado bastante shockeado. En pocas palabras, me estaba diciendo que iba a explotar otra guerra como en aquel entonces. Que los alquimistas, esos que se volvieron locos y trataron de conquistar el mundo con esas bestias que querían acabar con la raza humana y que el caos sucumbiese el mundo habían regresado y estaban ahí, en Inazuma.
¿Cómo íbamos a poder pelear? ¡Yo apenas sabía controlar a mi bestia!
"—No tienes que controlarme. ¡Tienes que dejarme salir para que sobrevivamos!"
¿Acaso tenía razón? Pero, ¿y Haruna? ¿Qué pasaría con ella? ¿Y si trataban de hacer algo con ella? ¿Y si salía herida? Necesitaba protegerla... a como diera lugar.
"—¡Ella no importa, importamos nosotros!"
¿Cómo podía ser tan sumamente egoísta? ¡Si estábamos ambos ahí, vivos, era por ella!
¡Solamente por ella!
Y no iba a permitir que nadie pudiese hacerle daño...
De pronto, la respiración de Haruna dejó de ser la pausada y tranquila que dormía. Escuché como se desperezaba y bostezaba. ¡Estaba despertándose...! Miré a Fubuki que también pareció no saber qué hacer. Me pareció extraño, podía decir que se había colado por la ventana y buscar la típica excusa de "te necesito, no puedo dormir" que si fuese él, usaría pero en su lugar, estaba como yo y seguramente preguntándose lo mismo; ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¡Me va a descubrir!
Fubuki me empujó, aprovechando que había dejado la ventana un poco abierta para que se abriera de golpe y yo cayese del árbol. Vi como unas luces salían de la habitación atravesando el cielo oscuro. Pero mi espalda tocó el césped y solté un pequeño quejido. Era una caída, lo mirase por donde lo mirase y dolía.
Escuché que Haruna me había escuchado. Los pasos de su habitación indicaban que se acercaba a la ventana para ver de dónde había venido el ruido de la caída. ¿Había escuchado eso también? Menudo oído. Me levanté rascando lo que podía de la espalda mientras corría para apartarme del campo de visión y lo hice justo a tiempo...
...creo.
—¿Acaso no será...? —la escuché hablar con curiosidad.
¿Cómo que si "acaso no será..."? ¿¡Me había visto!? ¡Ay, madre, ay, madre! Corrí de un lado para otro y logré saltar para salir a la calle. Solté un suspiro de alivio. Si salía al jardín, ya no me descubriría. Estaba a salvo... Pero aún así, caminé en dirección a la puerta para poder volver a verla despierta, con esos ojos brillantes azules, ver su blanca piel, su sonrisa... Efectivamente, Haruna salió al jardín mientras yo me acercaba por donde ella estaba.
—¿Será mi amiga la pantera...? —preguntó casi en un murmullo que por las horas era bastante audible aunque por mi oído también.
—¿Qué dices de una pantera? —cuestioné yo con curiosidad asomando mi cabeza por el muro.
Haruna dio un respingo al escucharme, quizá por la sorpresa y el susto además también se ruborizó ligeramente y sonreí sin poder evitarlo.
—Perdona, no quería asustarte.
—N-No pasa nada... ¿qué haces por aquí? ¿Y a estas horas? —preguntó con curiosidad acercándose a mi frotándose los brazos. Era un gesto que siempre hacía desde pequeña cuando tenía frío.
—No podía dormir —me excusé, a modo de defensa. Aunque no es que fuera una mentira. ¿Dormir con todo lo que estaba sucediendo? —¿Y tú que haces aquí afuera con el fresco que hace? Y hablabas de una... ¿pantera? —disimulé haciéndome el tonto.
—Es que me pareció escuchar un ruido y bueno... pensé que sería... —murmuró mientras miraba de reojo por dónde me había escabullido hacia nada. —...No, nada. Sólo que creí que se había colado un gatito y pensé en darle algo de comer —típica excusa de mi hermana pequeña. Sonreí por inercia.— ¿Te apetece entrar un rato? Estoy desvelada y Kogure es de los que no se despiertan ni aunque metas a un grupo heavy en su habitación a tocar —bromeó con diversión.
—Claro.
Me sorprendió que me invitara a entrar así como así. Sentía que había avanzado bastante con ella... me preguntaba hasta que punto. Entré por primera vez en la habitación de Haruna sin colarme a escondidas, ni de forma in fraganti. Esta vez, compartía habitación a placer conmigo y me hacía sentir feliz.
—¿Te gustan los animales? —preguntó de forma curiosa mientras se sentaba en la cama y me ofrecía sentarme igual a su lado.
—Sí, claro —¿por qué estaba empezando a sentir que aquello era como un interrogatorio?
—¿Alguna vez has tenido alguno? —vi esa sonrisa y empecé a ponerme nervioso.
—Alguna vez, sí.
—Oye, Kidou... —esta vez, el tono de su voz no era tan alegre y jovial, más bien, era todo lo contrario. —¿Se irá el dolor?
Me pilló de improvisto y la miré sin responder.
—Mis padres... ¿se irá este sentimiento?
—Siempre los vas a echar de menos —murmuré mirándola largamente y atreviéndome a agarrar su mano. —Pero poco a poco, aprenderás a vivir con ello... y se hace más fácil.
Poco después de eso, cambié de tema rotundamente y empezamos a hablar de otras cosas, comenzamos a bromear y a reír. El ambiente se volvió cálido y confortable. Seguro que si supiese quien era y no hubiese estado desaparecido todos esos años, aquel ambiente sería lo más normal y la calidez de ella me habría llenado todo aquel vacío que ahora reclamaba por todo aquello y por mucho más. A pesar de todo lo malo que parecía estar yendo la noche, la mía estaba terminando siendo de las mejores noches de todas. No me habría imaginado estar riendo con mi hermana, bromeando y haciendo que se sonrojara levemente mientras se avergonzaba. Nos contamos algunas cosas sobre nosotros mismos aunque yo no me abrí lo suficiente y eso lo notó. Ella me preguntaba y yo trataba de evitarlo... y eso empezaba a ennegrecer toda aquella alegría y diversión que habíamos logrado crear hacia un buen rato.
—Nee, Kidou... me gustaría llamarte por tu nombre —me dijo de pronto sorprendiéndome en el momento. ¿Cómo? ¿Mi nombre? No... no podía decirle mi nombre. Pero tampoco quería inventarme un nombre y que me llamase de una forma que no me pertenecía. Estaba harto de mentiras... de mentir precisamente a la única persona que hacía que mi corazón, si es que seguía ahí, latiera.
—Yo... yo no tengo nombre.
Respuesta equivocada. ¿¡Cómo no iba a tener nombre!? "Eres estúpido, Yuuto."
"—Cómo seas así de idiota en un combate, estás muerto en cero coma".
Encima la pantera empezaba a molestarme. Íbamos bien...
—¿Cómo no vas a tener nombre? —enarcó una ceja. —Eso es imposible. Podría entender que no tuvieses apellido pero... ¿nombre? Todo el mundo tiene. ¿Por qué no quieres decírmelo?
—Es que no me acuerdo.
¿¡Desde cuando mentía tan sumamente mal!? Los nervios empezaban a pasarme factura. Sentía como el corazón parecía que estuviese multiplicado por todo mi cuerpo pues sentía palpitar todo mi cuerpo, el pecho, la cabeza, las manos...
—¿Qué estás ocultando? —volvió a preguntar.
Se colocó delante de mi cara y aquellos ojos azules me impactaron. Veía a una Haruna más madura de lo que me imaginaba. Su ceño fruncido y un rostro serio, tan serio que ni siquiera me habría podido imaginar que fuese capaz de ser portadora de semejante seriedad... Me mordí el labio inferior y bajé la mirada al suelo.
No podía responder aunque me moría por decirle quien era.
"Soy yo... ¡Soy yo, Haruna!"
—Desde que llegaste... sentí algo dentro de mi —empezó a decir, sorprendiéndome por aquella confesión. Me hizo un gesto en el lado de su corazón y tragué saliva. —Es como si nos conociésemos de antes... y tú actúas de esa forma tan...
—¿Tan... qué?
—Tan protectora... —murmuró cerrando su mano del pecho en un puño. —Es como si fueses una persona... pero no puede ser, ¿verdad? —de pronto, vi en sus ojos un brillo que me asustó. ¿Acaso es que sabía qué yo...? ¿Acaso ese estúpido de Fubuki le había contado algo sobre mí? —Es por eso que necesito saber tu nombre porque si haces todo esto porque tienes miedo de que te recuerde o porque tienes miedo de algo, ¡con tu nombre estoy segura de que-!
—Para —murmuré, interrumpiéndola y bajando mi mirada a mis manos. —Por favor, no sigas...
—Es porque tengo razón, ¿verdad?
—No se trata de eso. Aún estás muy afectada por la muerte de tus padres —dije recordando ese momento.
Recordé como los maté, como disfruté incluso... era un monstruo. Y un monstruo no tenía el derecho de tener una hermana como lo era ella aunque lo intentara con todas mis fuerzas.
—Crees que los milagros son posibles pero... los milagros no existen, Haruna. Nunca han existido —le dije, sintiendo dolor por la fuerza que estaba haciendo en mis propias manos.
—¡No se trata de mis padres! ¡Ellos mismos me dijeron que-! —la miré extrañada, confusa. ¿Cómo que ellos mismos le habían dicho...? ¿Qué le habían dicho? ¿Sobre mí? ¿Acaso... acaso sus padres ahora eran ángeles y habían hecho algún truco con su cabeza? —Sólo quiero saber tu nombre —cambió de tema, totalmente, como si no hubiese dicho nada anteriormente.
—Será mejor que me vaya.
La situación empezaba a volverse demasiado rara y tenía miedo de meter la pata.
"—Eres un cobarde, Yuuto..."
Pronunció mi nombre con cierto tono que no me gustó un pelo. Estaba intentando provocar.
—¡Tú no te vas! —aseguró, colocándose delante de la puerta y estirando sus brazos como si fuera a detenerme.
De alguna manera, lo hizo, ya que me quedé delante de ella, sin hacer ningún gesto ni ningún movimiento extraño. Observaba sus ojos desafiantes. Quería saber el nombre. De verdad estaba dispuesta a buscar la forma de saber mi nombre... ¿pero qué empeño era ese? ¿por qué ahora, de repente, quería saber mi nombre?
—¡Quiero que me respondas! ¡Quiero saber quién eres!
—Soy lo que ves, nada más.
Era una mentira, pero, ¿cómo intentar salir de todo aquello?
—¡No! ¡Tú eres mucho más que eso! Todo tú es un misterio. Es cómo si intentaras negar quien eres, como si no te gustaras...
—¿Y si fuera así? —inquirí, mirando bajo aquellas gafas el rostro sorprendido de mi hermana. —Si intentara negarme a mi mismo quien soy y no me gusto... ¿qué? —pregunté sin titubear, sintiendo que estaba dejando salir algo que hasta ese momento, no había mostrado con ella.
De pronto sentí sus cálidas manos colocarse en mis mejillas.
—A mi me gustas —abrí mis ojos sorprendido.
Su tono de voz, su calidez en sus manos... y esas palabras me dejaron totalmente fuera de lugar.
Ni siquiera pensé en qué le gustaba, si en el plano sentimental o en plano de amistad pero acerqué mis labios a los suyos y los uní sin siquiera pensarlo cerrando los ojos. No se apartó, se quedó totalmente quieta, como si aquello le hubiera dejado paralizada y sentí que me correspondía levemente. Por la falta del aire, terminé separándome de aquellos labios que me habían dejado con ganas de más.
—¿Por qué...? —murmuró, esta vez, ella, sorprendida y mirándome con lo que parecía ser curiosidad.
—Porque me gustas —repetí las mismas palabras que ella había empleado conmigo.
—Pero yo no... —no sé que es lo que iba a decir, negaba con la cabeza, como si fuese a decirme que no le gustaba lo que acababa de hacer pero hizo todo lo contrario a lo que creía en un primer momento.
Rodeó mi cuello y me besó, lejos de ser un beso suave como el anterior, este era mucho más atrevido y la rodeé por la cintura, correspondiendo sin dudarlo ni un momento. Poco a poco, empezamos a intensificarlo. Parecía que ambos deseábamos ese contacto desde hacia tiempo.
Mis manos juguetearon en su cintura, acariciando por encima de la ropa, e incluso, su piel en algunas zonas pues su camiseta se alzaba levemente. Jugaba con sus labios, los mordisqueaba y me adueñaba de ellos del mismo modo que ella lo hacía conmigo. Sentía sus manos acariciar mi cabello y como me atraía hacia ella, para poder adueñarse de mi cavidad mucho mejor y con más intensidad y pasión.
Comencé a sentir un calor invadiendo todo mi cuerpo y lentamente, empecé a caminar con ella hasta que caímos encima de la cama. Mis manos se aferraron a su cuerpo mientras la acariciaba y colaba mis manos debajo de su camiseta, sintiendo el calor de su piel y la suavidad de ésta. Nuestros labios empezaban a devorarse en besos ardientes, pasionales y frenéticos. El calor de ambos cuerpos empezaba a mezclarse con el otro. Podía notarlo y no era él único. También notaba como su corazón latía a mil por hora, pero de pronto, ella me apartó ligeramente de sus labios.
—Espera... —susurró jadeante.
—¿Qué pasa? —interrogué, con la respiración entrecortada.
—No... esto no está bien... —me cogió de las manos y las apartó de su cuerpo, haciendo que las apoyara en la cama.
—Haruna...
—Déjame, por favor, para... —me pidió intentando salir de debajo de mi cuerpo.
—No —la retuve antes de volver a besarla, pero entonces sentí como me mordía con fuerza el labio. —¡Ah!
—¡He dicho que no! ¡Kidou, yo no soy así! —exclamó empujándome a un lado. Caí de lado en la cama y me apoyé en los brazos viendo como se levantaba y se llevaba las manos a la cabeza. —Yo no soy así... ¿qué está pasando conmigo? Por Dios... yo quiero a Shirou-kun... ¡Yo estoy con él! No debería... no contigo... —murmuraba demasiado afectada.
Me incorporé lentamente, me acerqué a ella al tiempo que lamía la herida que me había provocado con su mordisco y con el corazón en un puño. Sus palabras me dolían pero intentaba entenderla. De verdad que lo intentaba. Pero si quería tanto a ese ángel... ¿por qué me había besado de esa manera? ¿Por qué había permitido ese beso que parecía habernos despertado a los dos?
—¿Entonces por qué me has besado? —le interrogué, realmente dolido.
¿Ahora sólo iba a tener en la cabeza a ese ángel?
Hubo un pequeño silencio, como si estuviera intentando decirse a ella misma el por qué me había besado. Algo que me hacía pensar que si lo había hecho, simplemente, era por la situación, no porque pudiera tener un sentimiento por mi. Un sentimiento parecido al que tenía por ella. Ni siquiera tenía claro mis propios pensamientos. ¿Qué estaba pasando...?
Pero ahora que la había besado... realmente... estaba convencido de mis verdaderos sentimientos por mi hermana.
Ahora ya no tenía dudas.
—Por favor, Kidou... vete —me pidió, mirándome abatida.
—No, Haruna —me negué agarrando su rostro entre mis manos. —¿Por qué me has besado? Si tú no eres así y lo has hecho es porque hay algo que... —no pude terminar, no viendo esa cara que mostraba lo confundida que estaba.
—Por favor... —suplicó con los ojos llorosos y llevando sus manos a las mías. Las acarició levemente como si con ese gesto, me estuviera dando a entender que sí, que había algo pero que no era momento para nada más.
—Haruna, tengo derecho a saber por qué me has besado...
—Por favor, ahora no... —susurró intentando bajar su cabeza pero que yo retenía para que me mirase.
—¿Por qué me has besado? —repetí, de nuevo.
—¡No lo sé! —exclamó, deshaciéndose del contacto con mis manos y se mordió los labios. —¡No lo sé! Vete, por favor. Sólo... sólo vete.
—Eso no me vale como respuesta.
—Mañana por fin entierran a mis padres, tengo que descansar... por favor...
No era mentira del todo. Algo había escuchado. Y estaba usando esa media verdad para echarme. ¿Creía que iba a irme tan fácil? ¿Después de lo que acababa de pasar entre nosotros?
—¡Que te vayas! —intentó alzar la voz, pero al saber que Kogure dormía, no pudo hacerlo demasiado aunque quedó el efecto. —¿Cómo puedo decírtelo...?
—¡Has dicho que te gustaba y tú me gustas! ¿Qué problema hay? —la tomé de los hombros, acariciando éstos.
El problema me lo tenía que preguntar a mi. ¿Cómo podía gustarme mi propia hermana? Eso era... era de locos... La imagen de Goenji diciendo que amaba a su hermana se hizo presente en mi cabeza y miré asustado a Haruna.
Estaba... estaba siendo igual...
—¡El problema es que no sé quién eres y que quiero a Shirou-kun! —abrió sus manos para que no la tocase, y lo consiguió. —¡El problema es que no sé que me pasa contigo, me confundes, me atraes, me... argh, quiero que te vayas! ¡Ahora, Kidou! ¡Por favor! —en su voz reconocí la verdad, el miedo, la confusión y la necesidad de quedarse sola. —No me lo hagas más difícil... —suplicó finalmente tapando sus cara con sus manos.
Me quedé totalmente sorprendido por esa respuesta. Algo dentro de mi, se rompió y a su vez, una pequeña luz de esperanza afloró dentro de mi. Me mordí el labio levemente y me humedecí los labios sintiendo la sangre que me salía por la herida que me había hecho la chica.
—¿Y no quieres saberlo? —estaba dispuesto a romperme ahí mismo si ella lo quería porque no aguantaba más... no después de haberla tenido así de cerca. —¿No quieres saber que es lo que te pasa conmigo? ¿Lo que pasa con nosotros?
—Quiero a Shirou-kun, no puedo hacerle esto... yo no soy así —volvió a repetir en un murmullo, negando con la cabeza y pasando por mi lado. —Márchate, por favor. Hagamos cómo que no ha pasado nada... porque no ha pasado.
—Pero, ¿qué dices? ¡Claro que ha pasado! —no me importó alzar la voz, no me importaba si por casualidad Kogure se despertaba y nos escuchaba. —¡Ha pasado y no puedes decirme que haga como si no pasara nada! ¿Me vas a decir que no has sentido nada? Porque lo que yo he sentido ha sido...
Haruna se frotó los ojos. No sabía si era porque lloraba o para intentar escabullirse haciendo ver que tenía sueño. Yo apreté los dientes y negué con la cabeza.
—Haruna...
—Si de verdad sientes algo por mi como dices... te irás ahora —se sentó en la cama, agarrando con fuerza las sábanas.
La observé por un momento y solté un gruñido de irritación antes de salir de su habitación y dejar rápidamente aquella casa.
¿Furioso? Sí... bastante furioso. Aquello no era justo.
Fin P.O.V Kidou Yuuto
Mientras tanto, en Noruega...
—Entendido —decía un castaño de ojos azules dando al botón rojo de colgar.
El joven se giró hacia sus compañeros y los miró fijamente.
—Lo habéis oído todo, ¿verdad?
De pronto, una muchacha de cabellos rojo claro golpeó la mesa cabreada.
—¡Malditos renegados! ¿¡Cómo han podido volver!? ¡Nos los cargamos a todos! —exclamó exasperada.
—Hey, tranquila... —comentó el moreno que la acompañaba pero lo único que logró fuese que lo cogiese del cuello y empezase a zarandearlo como si fuese un muñeco.
—¡Está vez me aseguraré de quemar sus cuerpos y mandarlos al hoyo del infierno y se los coman vivos! —empezó a gritar.
—Me... Me... aho...g...go... —decía el moreno con la cara roja, pasando a un color azulada y morado.
—Uy, lo siento, Ryoma —se disculpó la chica soltando al medio ahogado. Éste cogió una buena bocanada de aire y se apartó como de ella como si quemase. —¡Oe! ¡No exageres que no ha sido para tanto!
—¡Tú un día me matas! Seré inmortal, ¡pero me matas!
—¡¿Cómo dices!? —gritó levantando sus manos a punto de golpearlo.
—Chicos —intervino finalmente el oji azul. —No tenemos tiempo. Tenemos que ir a por ese chico. Es el único que puede ayudar a Mamoru y los demás —continuó observando a sus amigos. —Midori, ¿sabes dónde se encuentra ahora? ¿Puedes sentirlo?
—Creo que sí.
—Bien... indícanos, no tenemos tiempo que perder.
Sin más, los tres, dejaron aquella casa de madera camuflada entre un bosque y llegaron a una especie de pueblo bastante pequeño. Midori era la guía mientras los otros dos chicos, les seguían muy de cerca.
Mientras tanto, en ese pueblo, en cierta casa...
—Vamos, Mido-kun, concéntrate —pedía un peli azul colocando una pequeña caja de madera en el medio de un símbolo. —Ahora hay que...
—¡Sí, sí! ¡Ya lo sé, Kaze-sensei! —exclamó alzando la mano un niño de unos seis años. Concentró sus ojos negros en esa caja y colocó sus manos en una forma extraña.
De pronto, aquella caja se convirtió en una caja de helado. Los ojos del pequeño brillaron y enseguida lo agarró, echando a correr por toda la casa hasta sentarse en una mesa con una cuchara dónde comenzó a comerlo la más de contento.
El joven más mayor, suspiró cansado y se acercó donde estaba el pequeño, sentándose a su lado.
—Mido-kun... esa lección ya la pasamos...
—¡Es que no se me ocurre otra cosa que transmutar, Kaze-sensei! —protestó abriendo la boca y metiendo la cuchara en su boca mirando con una sonrisa ensanchada a su sensei.
En esos momentos, la puerta se escuchaba y el pelo azul se levantó de forma cansada para atender a quien fuera que llegara mientras se frotaba la nuca. Al abrir la puerta, sus ojos se encontraron con los ojos azules del castaño.
—Fidio... —murmuró con ligera sorpresa.
—Hola, Kazemaru —sonrió el chico.
A su izquierda vio a Midori Seto y a su derecha a Nishiki Ryoma.
—¿Qué pasa? ¿Por qué habéis venido los tres? —inquirió, enarcando una ceja y poniéndose un poco a la defensiva.
—Te necesitamos —habló el castaño con la mirada decidida.
—Y no vamos a aceptar un no como respuesta —añadió Midori, con el rostro serio.
Continuará...
Sunbeam* = Rayo del sol.
Parapa pa páaa. ¡Y aquí vengo con un nuevo capítulo!
En este creo que he hecho una buena compensación con lo del KiHaru escaso del anterior... así que ya me diréis vosotros, que sois los que mandáis.
Y ahora... ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Os esperabais algo de todo esto? ¿El KiHaru os ha gustado? ¿Y ese beso que estabais todos esperando? ¡Espero que me comentéis mucho! Y nuevamente, os doy las gracias por seguir y darme todos vuestros ánimos, en serio, ¡sois los mejores!
Respondiendo a algunos reviews que buscaban respuestas:
Anonimo21; ¡Muchísimas gracias por tu review! No sabes como me alegró saber que sigues el fic desde hace tiempo, en serio. Espero leerte más de seguido por estos lares. Muchas gracias por tus palabras, ojalá el hombre de ahí arriba te escuche y pueda tener algo de fama xD aunque lo dudo. Bueno, respecto a tus preguntas... Sí, estas navidades he recibido mucha inspiración. El poder de Goenji ya se ha visto, ¿no? ;3 Ha sido el empleado contra la pelea con Alpha, por si no había quedado claro. No todos son mentales, también hay de usar en batallas como el de Goenji. El si vive o no... hay que leer para saber, sería spoiler y... creo que empezáis a conocerme como para saber que de eso, soy de dar poquillo hahaha. Si hay misiones, creo que ya ha quedado claro, también. Y creo que también el motivo de Haruna y que no le afecte tanto la coerción como lo que han intentado hacer con ella. Lo de TsunaTouko lo iré desarollando próximamente, ya que tengo pensado cosas con ellos dos y esas cosas se tratarán, así que, ya lo verás más adelante, no te preocupes. No soy de dejar las cosas fáciles para nadie (¿en serio? ¿no se ha notado todavía?). ¡Y tranquila! No me agobias en absoluto.
Kani14;Espero que tu pregunta haya sido respondida (: Respecto a la de con quien se queda Haruna... Habrá que esperar al final para ver si termina con alguien o no y si termina con alguno, averiguar con cual, ¿o qué? Hahaha.
Y a todos los demás... ¡muchas gracias! De verdad Me sacan una enorme sonrisa todo el día en cuanto me llegan los mensajes de review y los reviso.
¡Nos leemos muy pronto, seguro!
¡Ja nee~!
