Disclaimer: Los personajes de Card Captor Sakura utilizados en este fanfic no me pertenecen, son obra y gracia del fantástico grupo CLAMP.


Mi pequeño monstruo


Capítulo diez: Después de la tormenta siempre viene la calma


La mañana del sábado Sakura Kinomoto se levantó con la amarga sensación con la que se había dormido la noche anterior: remordimiento. Con la luz colándose ligeramente por su ventana, se dijo que las cosas parecían ir de mal en peor. Sobre todo si cada noche que llegaba a casa descargaba sus frustraciones en su hermano, que lo único que hacía era preocuparse por ella.

"Soy una pésima persona"

Un suspiro escapó de sus labios mientras se enderezaba y desviaba la mirada a su reloj. Eran a penas las siete de la mañana y ya sentía la terrible urgencia de correr al cuarto de Touya para pedirle disculpas.

Era verdad que Touya de vez en cuando podía pasarse de la raya cuando se trataba de ella; sin embargo, eso no justificaba las últimas peleas que había tenido con él. Una cosa era pedirle que le diera su espacio y otra era apartar a una de las pocas personas que persistía en ayudarla a salir de su hoyo a gritos. Eso estaba definitivamente mal.

"Quizá si le preparo el desayuno y se lo subo pueda mejorar un poco las cosas"

Una leve sonrisa se instaló en su rostro y asintió a eso con toda la energía que tenía. Se lavó la cara, se hizo un moño y bajo a ponerse manos a la obra. Con el mandil ya ajustado a su cintura, abrió la puerta de su refrigerador y estudió críticamente los elementos con los que podía preparar el desayuno.

"¡Oh! Y también tengo que hacer para papá, por supuesto"

Cogió lo necesario para hacer panqués, unos huevos revueltos, jugo de durazno y, antes de lo que había pensado, ya tenía las cosas listas. Aunque, claro, también le habían quedado marcas de guerra, como esas graciosas manchas de harina en su cabello.

Con la sonrisa más grande que había logrado esbozar en las últimas semanas, miró su obra y decidió que sería mejor llamarlos para tener un desayuno en familia. Subió corriendo y fue primero a la habitación de su padre para avisarle que el desayuno estaba listo. Lo encontró terminando de asearse y, con mucha alegría en el rostro, le aseguró que bajaría muy pronto.

—Te ves muy feliz, pequeña Sakura —añadió mirándola con cariño. Ella parpadeó inocentemente y terminó sonriéndole de vuelta.

—¡Creo que hoy será un buen día! —Fujitaka rió levemente y asintió.

—Yo también lo creo.

Luego de eso, se dirigió con decisión a la habitación de Touya. Claro que suponía que él estaba un poco molesto y despertarlo no era una buena idea, a veces podía ser un ogro de verdad, pero no le importó y se aventuró. Inhaló profundo y abrió la puerta de golpe.

—¡Arriba, Touya Kinomoto! He hecho el desayuno como ofrenda de paz y… ¿Touya? —se llevó una tremenda sorpresa al no encontrarse con nadie en el cuarto. Y, más raro aún, que todo estaba como si no hubiera sido tocado en toda la noche.

—¿Monstruo?

—¡Ahh! —gritó y luego se dio la vuelta inmediatamente. Touya estaba cerca de las escaleras mirándola con una ceja arqueada—, me asustaste —le reclamó inflando las mejillas. Él rodó los ojos.

—Vaya, qué monstruo tan dramático. Yo que solo quería ir a mi cuarto para cambiarme y bajar a desayunar —dijo mientras pasaba por su costado e ingresaba a lo que él le gustaba llamar "su territorio".

—¡Es cierto! Venía a avisarte que ya está todo listo y… ¿estás con la ropa de ayer? —cayó en la cuenta de repente y lo observó extrañadísima.

—¿Eh? Sí, sí —dijo por toda respuesta mientras sacaba algunas cosas de su armario.

—¿O sea que no pasaste la noche aquí?

—Uhm, no —le respondió con toda la naturalidad del mundo. Ella boqueó unas cuantas veces sin saber qué decirle: ¿Touya fuera? Él nunca se quedaba fuera de casa a menos que fuera porque tenía guardia en el hospital.

—¿Y…y a dó-dónde…? —su hermano gruñó y se giró a verla.

—Monstruo, quiero cambiarme. Hablaremos cuando baje —y le hizo un gesto significativo con las cejas para dejarle más en claro que quería privacidad.

—Pe-pero tú…anoche tú a mí… ¿y con quién? Tú-tú… —él resopló y le empujó suavemente fuera de su cuarto.

—Nos vemos abajo, Sakura —fue lo último que escuchó la castaña antes de que Touya cerrara la puerta en sus narices.

Algo ofendida, consternada y, sin dudas, con demasiada curiosidad para pensar en otra cosa, Sakura se quedó mirando la puerta de su hermano como si esta le fuera a dar las respuestas que necesitaba.

"¿Así se atreve a reclamarme a mí por quedarme fuera un par de horas? ¡Y ni si quiera me quiere contar qué hizo! ¡Egoísta!"

Y con esos pensamientos, acompañados por sus adorables mejillas infladas y sus brazos cruzados, bajó al comedor con la determinación de hacerle abrir la bocota a su hermano así fuera lo último que lograra.


Touya gruñó ligeramente mientras se llevaba la taza de café a la boca. Sakura seguía mirándolo con esos ojos acusadores que lo irritaban tanto y se llenaba la boca a montones con todo lo que encontraba, como si ni siquiera fuera consciente de que lo hacía.

"Bueno, al menos come normalmente…"

Pero eso no lograba quitar que estaba irritado. Había tenido una noche agotadora y los planes que le quedaban para ese día no lo hacían más feliz.

"Es una traición a mis principios"

Y, sin embargo, era muy consciente de que era lo correcto. No por él, sino por Sakura. Y hablando de Sakura, ya se estaba cansando de tener su mirada escudriñadora intentando descifrar el porqué de la inmortalidad del cangrejo en su rostro.

Dejó el café a un costado y la miró aburrido.

—Monstruo, ¿acaso tu vida se ha vuelto tan aburrida que lo único interesante en ella soy yo? —la picó mientras terminaba de comer sus huevos revueltos. Su hermana se atragantó y lo miró asustada.

—¿E-eh? —terminó por decir luego de que su padre le pasara un vaso con agua—, yo…yo no estaba mirando —al moreno le dieron ganas de reírse. Ese monstruo era la criatura menos sutil del mundo. Definitivamente no se le daban las mentiras.

—Sí, por supuesto. Entonces seguro que observabas a los miles de fantasmas que habitan esta casa detrás de mí, ¿no? —la muchacha solo guardó silencio con la cara roja como un tomate y Fujitaka le sonrió a sus hijos. Siempre eran tan particulares.

Continuaron comiendo con Touya riéndose internamente por la cara de Sakura y ella sintiéndose demasiado avergonzada para decir algo. Al final, su padre fue el primero en pararse de la mesa.

—Muchas gracias, Sakura. El desayuno estuvo delicioso —le sonrió y ella asintió devolviéndole el gesto—. Ahora será mejor que me apure, no quiero llegar tarde a la reunión en la universidad —la castaña puso cara de desilusión.

—¿No tenías el día de hoy libre? —el hombre suspiró y se puso el saco encima.

—Lamentablemente, me avisaron de esta reunión ayer por la noche y parece ser un asunto importante. Hay unas cosas que resolver que podrían tomarme todo el día —la chica se resignó y asintió.

—Bueno, será mejor que yo también me apure —Sakura entonces sí lució más alarmada.

—¡Espera!, ¿también te irás tú? —Touya arqueó una ceja y sacó su celular.

—Solo iré a hacer una llamada, monstruo. Dios, qué acosadora te has vuelto —le recriminó.

—¡Yo no soy una acosadora! —se defendió frunciendo graciosamente el ceño. Él rodó los ojos y caminó junto a su padre a la puerta de la casa.

—Ya, lo que digas. Por cierto, mejor báñate y cámbiate porque no pienso salir contigo si sigues luciendo como un monstruo tan aterrador —la muchacha iba a responderle con alguna cosa, pero entonces se quedó en blanco en cuanto terminó de procesar la frase.

—¿Salir? ¿Conmigo?

—¡Sí! —le afirmó exasperado—, mejor que estés lista para cuando vuelva —y se fue entrecerrando los ojos y dejando a su hermana con miles de preguntas.

—¿Y qué le picó ahora? —murmuró mirando el lugar por donde Touya había salido. Su padre se rió suavemente como si quisiera ocultar un secreto y cogió su maletín.

—Estoy seguro que tendrás un buen día. Diviértete, hija —y se despidió con un gesto con la mano.

Sola en su casa, Sakura solo pudo sentir como si le estuvieran ocultando algo. Algo grande pero que, sin embargo, sentía más emoción y curiosidad por descubrir que temor.

"Y quizá esta salida pueda servir para pedirle disculpas…y descubrir qué tanto anduvo haciendo, ¡no se me va a escapar!"


Las calles de Tomoeda lucían preciosas ese día. Muy contrario al tiempo de los días anteriores, el sol había decidido hacer una espectacular aparición y todo se veía muy cálido a su alrededor. Sakura solo pudo cerrar los ojos un momento y recibir los rayos del sol con los brazos abiertos, porque esa energía positiva llevaba ya demasiados días sin sentirla.

—Monstruo, deja de hacer un espectáculo en la calle o prometo que te dejo abandonada en el primer lugar más horrible que encuentre —al volver a abrir los ojos, se dio con la cara fastidiada de su hermano y la mirada de otros muchos curiosos que, de hecho, la miraban como si estuviera loca. Solo pudo reírse nerviosamente y acomodarse el cabello.

—Hoe, lo siento mucho —murmuró regresando al costado de su hermano.

Eran cerca de las diez de la mañana y el centro de la ciudad ya lucía todo su ajetreo usual de los fines de semana. En realidad, no entendía qué hacían ahí pero no le importaba tanto como antes. Salir le estaba haciendo un bien que no se habría imaginado.

—¡Bueno! ¿Y qué haremos aquí?

—Me acompañarás a comprar algunas cosas —le comentó su hermano mirando las tiendas distraído.

Sakura asintió y se puso a mirar alegremente a su alrededor; sin embargo, la alegría le duró poco.

—¿Hermano?

—Dime —contestó aún absorto en sus cosas.

—Pero por este lado solo venden ropa para mujer… —susurró desconcertada. Touya giró entonces un poco la cara para verla y sonrió de costado de lo más divertido por su expresión.

—Lo sé. Solo avísame si ves algo aceptable —ella quiso replicar y hacerle las mil y un preguntas que le surgen a una hermana cuando su hermano la lleva a comprar ropa para mujer sin que este si quiera tenga una novia, pero se calló por cobarde.

—Es-está bien…

Con un suspiro, e intentando mantener sus dudas a raya, la menor de los Kinomoto se puso a ver atentamente los bonitos escaparates. Pronto se olvidó de Touya y lo que le había pedido, pasando a emocionarse, chillar y hacer ojitos frente a cada prenda que le resultaba adorable de cierta manera.

Se detuvo de pronto al ver un lindo vestido color azul cielo con encaje y un precioso cinturón.

—Este vestido… —dejó escapar un suspiro aún pasmada viéndolo.

—Nada mal —escuchó a su hermano decir parado a su costado. Se volvió a verlo y le sonrió.

—¿Así que te gusta también? —él la miró de reojo y luego la jaló hacia la tienda.

—Tenemos que comprobar una cosa primero.

Sakura se quedó parada a un costado de la entrada mientras Touya iba a decirle algo a una de las mujeres de la tienda. Frunció un poco los labios preguntándose qué rayos pasaba con él ese día y, sobre todo, ¡para quién estaba buscando un regalo! Era obvio que se trataba de una mujer, pero…

—Monstruo, ve a probarte esto —le dijo y le extendió el vestido que habían estado viendo. Ella boqueó unas cuantas veces antes de poder hablar.

—¿Y eso por qué? —atinó a preguntar. Él gruñó y puso la expresión de mayor fastidio que le había visto en la mañana.

—Agradecería que no preguntaras y solo te lo probaras, ¿bien? —algo ofendida por su tono, se cruzó de brazos y lo retó con la mirada.

—No me probaré ese vestido si no me dices para qué lo hago —y se cruzó de brazos decidida a no cambiar de opinión. Los oscuros ojos de su hermano la atravesaron con molestia, pero no se rindió ante eso.

Al final, él suspiró cansinamente.

—Es un regalo —murmuró desviando la mirada.

—¡Pues es obvio que no te lo ibas a poner tú! ¿Para quién es? —insistió sin moverse un ápice de su sitio. Él entonces volvió los ojos a ella de manera intimidante.

—Sakura —dijo apretando los dientes.

—Touya —respondió ella con voz más suave, pero sin perder su posición. El moreno apretó los labios y frunció el ceño a más no poder antes de gruñir una vez más y lanzar un par de maldiciones por lo bajo.

—Es para alguien especial y es lo único que vas a saber. ¿Te lo vas a probar o no? —ella arrugó la nariz de manera tierna aún algo insatisfecha; sin embargo, se convenció que lo más prudente era probarse el vestido porque, obviamente, Touya estaba llegando al límite de su paciencia.

—Bueno —y le quitó el vestido no muy suavemente para luego irse dando pisotadas a los probadores.

En medio de la tienda, Touya solo pudo esbozar una sonrisa ante la notable furia de su hermanita mientras las vendedoras miraban el lugar por donde se había ido la castaña algo asombradas.

"Y luego dice que no camina como un monstruo"

Algo cansado, se sentó a esperar a que saliera del probador. Llevaba algún tiempo sin ir a ninguna tienda de ropa, pero aún podía recordar la última vez que había estado en una.

Rodó los ojos y espantó los recuerdos de cierta chica de largos cabellos negros discutiendo con él para que la acompañara a ver algunas prendas. No era momento de andarse acordando de esas cosas, debía estar enfocado porque tenía un plan que cumplir.

"Estúpido plan"

Ir por ahí paseándose entre tiendas y mirando escaparates definitivamente no era algo para él. Mucho menos estar escogiendo ropa para mujer, pero había dado su palabra y cumpliría por más desagradable que pudiera resultarle la idea.

"Aunque uno siempre puede arrepentirse a último momento y…"

—Eh…ya está —lo despertó la vocecita de Sakura a sus espaldas.

Se giró y, al verla, sus ojos se abrieron un poco más de lo normal.

—¿Qué tal? —preguntó algo sonrojada y girando sobre su eje frente al espejo.

Touya abrió la boca pero no dijo nada, solo se la quedó viendo un rato más. Apretó los labios y pareció algo malhumorado de repente pero, justo cuando Sakura se proponía preguntarle qué le pasaba, él volteó el rostro hacia una de las vendedoras.

—Lo llevaré —la chica asintió rápidamente con una sonrisita nerviosa en el rostro y se alejó a la caja.

—¿Entonces sí te gustó? —él la volvió a mirar un poco más y luego asintió.

—Creo que es justo lo que estaba buscando —sin aclararle más, se fue a pagar.

La castaña se quedó con la pregunta en la boca y puso cara de desilusión. ¡Y ella que esperaba sacarle algo más a ese arisco de Touya!, pero ya encontraría la oportunidad. Por el momento, se dedicó a ver qué tal le quedaba el vestido y sonrió tiernamente.

"¡Es precioso! Yo también tendré que volver por uno"

—¡Monstruo, sácate ese vestido y vámonos ya! —le gritó de repente su hermano cerca de la entrada de la tienda. Ella se giró convirtiendo su rostro al instante para responder a eso.

—¡Yo no soy un monstruo!


Te lo digo en serio, Tomoyo, está raro —pudo percibir la consternación que inundaba a su mejor amiga aún solo escuchando su voz. Y no era para menos, ella estaba de acuerdo: Touya Kinomoto algo extraño debía tener para hacer las cosas que Sakura le estaba contando.

—Quizá solo quiere alegrarte, Sakurita—intentó calmarla.

No lo sé, ¿no te dije que me hizo probarme ese vestido? ¡Y dijo que era para alguien especial! Además, no llegó a dormir anoche a casa y parece algo más distraído de lo normal —al escucharla hablar así, Tomoyo primero se sorprendió por lo atenta que parecía estar la usualmente despistada Sakura a todo. Y, luego, sintió como si la golpearan en el estómago con algo muy duro.

Sin embargo, se tragó sus emociones diciéndose a sí misma que debía esperar a colgar y trató de sonar normal al decir: —Tómalo con calma y míralo por el lado positivo: estás teniendo un lindo día. Relájate y deja las interrogantes para después.

Tienes razón, es lo más distraída que he estado en días —admitió la otra con algo de nostalgia en la voz—, ¡bueno, te dejo! Ahí viene Touya de regreso con el almuerzo, ¡prometo que te llamaré luego!

Un par de segundos después, la comunicación se había cortado. Tomoyo apartó el celular de sí y lo dejó a un lado sin si quiera mirarlo.

Usualmente saber de Sakura siempre era una alegría, pero esa llamada había terminado dejándola con tanta amargura que no echarse a llorar era un logro épico.

Al principio, se extrañó un poco por lo que su amiga le contaba. ¿Qué Touya la había sacado a la fuerza de casa? ¿Qué la había llevado a ver vestidos? No lograba concebir un mundo en que ambas cosas pudieran ir juntas en una misma oración, pero al parecer había sucedido. Y se alegró, porque, a pesar de parecer tan extrañada, Sakura sonaba feliz como no la había escuchado en días.

Sin embargo, enterarse que Touya Kinomoto andaba comprando vestidos para alguien especial no la hacía feliz, pero ella no tenía derecho a quejarse así que apretó los labios y se tragó el dolor.

"Además, también puede que sola sea una jugarreta para comprarle algo a Sakura"

Ese argumento también era muy convincente. Sabía muy bien que ese hombre era capaz de todo por Sakura, incluso lo impensable por parte de él.

"De cualquier manera, si él de verdad tuviera a alguien especial entonces…entonces estaría bien. Algún día tendrá que pasar"

Algo muy dentro de ella se removió y sintió que los ojos le ardían un poco, pero se negó a que esas emociones siguieran fluyendo. Ya con más de dos semanas en Londres tenía cierta práctica intentando ignorar sus pensamientos sobre Touya Kinomoto y todo lo que él pudiera provocar en ella pero…

…pero seguía siendo difícil y siempre lo sería. No podía sentirlo de otra manera por mucho que ella hubiera tomado la decisión de irse. Una decisión que le había costado tanto como le estaba pesando, pero que creía era la mejor opción.

Un par de toques en su puerta le hicieron abandonar sus pensamientos y, segundos después, tenía a Eriol mirándola con una sonrisa.

—¿Lista para irnos? —ella lo miró detenidamente un momento sin responder y esa fue la señal de alarma para que él abandonara su sonrisa y decidiera acercarse un poco—. ¿Tomoyo? —fue lo único que se atrevió a preguntar.

La muchacha de ojos amatistas meneó la cabeza, como si se sacudiera de algo, y se paró con una renovada sonrisa en el rostro.

—Ya estoy lista, perdón por la demora. Sakura llamó, parece sentirse mucho mejor hoy —él asintió aunque no estaba convencido de que ella estuviera bien.

—Esas son buenas noticias, ¿arregló las cosas con Shaoran?

—No —dijo ella saliendo su habitación—, pero está paseando con su hermano. Se escuchaba feliz —Eriol entonces entendió todo.

—Tomoyo, creo que… —ella le pidió que guardara silencio con la mirada y se alisó la falda que llevaba.

—Mejor vámonos ya, no quiero que se impacienten por nuestra tardanza —y se dirigió hacia la salida del departamento que estaban ocupando.

Eriol solo pudo quedarse en su lugar observándola caminar y preguntándose una vez más por qué la dejaba hacerse tanto daño.

Quizá era el hecho de que quería que Tomoyo se diera cuenta de sus errores por sí sola y que no dudaba que lo haría en un punto cercano. O quizá la quería lo suficiente para negarle cualquier cosa.

Cualquiera fuera la situación, esperaba estar haciendo lo correcto.


Sakura se llevó el último bocado de helado de fresa a la boca y cerró los ojos para saborearlo mejor. ¡Qué rico había estado! Hace tanto que no comía un buen helado…

—¡Estuvo delicioso! —exclamó finalmente cuando volvió a abrir los ojos. Frente a ella, su hermano con su cara de póker le dio una mirada condescendiente.

—Pues eso parece, porque casi te comes la copa también… —ella enrojeció y lo miró enojada.

—¡Ya cállate, Touya! —tal como lo esperaba, una sonrisa socarrona apareció en su rostro. Sakura se armó de toda su paciencia para no golpearlo por debajo de la mesa y sencillamente continuó acribillándolo con la mirada.

Se habían detenido en un lugar de comida rápida luego de la larga jornada de compras. A pesar de que habían conseguido el vestido que Touya compró relativamente rápido, eso no había bastado para el moreno. La había paseado por todo el centro de tienda en tienda obligándola a probarse más tonterías que al final no compraba.

En algún momento llegó a pensar que él se estaba divirtiendo a su costa o que se estaba vengando por algo o quizá ambas, pero la había compensado con helado. Y el helado arreglaba muchas cosas según Sakura.

Se estiró en su silla y luego se desparramó en esta.

—¡Vaya! ¿Y ahora ya regresaremos a casa? —preguntó jugando con la pajita de su bebida. Touya se metió un poco de helado a la boca y desvió la vista a la ventana antes de responder.

—¿No quieres ir un rato al parque de diversiones? —ella infló las mejillas y arqueó una ceja.

—No molestes —le advirtió. Él apoyó el rostro en su mano dejando el helado de lado para mirarla.

—Lo decía en serio —la ojiverde lo observó intentando descubrir cualquier atisbo de burla en su voz.

Que su hermano mayor le estuviera haciendo esa propuesta era bastante irreal por el simple hecho de que…bueno, él odiaba la diversión en general. Bien, no "toda la diversión", pero sí tenía cierta aversión hacia los parques de diversiones.

—Touya —lo llamó con la preocupación inundando su lindo rostro—, ¿te sientes bien? —el moreno resopló y le miró enojado.

—Estoy perfectamente, solo pensé que no querrías regresar a casa aún —le aclaró frunciendo el ceño más de lo normal—, pero ya que no quieres ir… —y se paró de la mesa.

Ella abrió la boca un poco por la sorpresa aún negándose a creer que Touya Kinomoto quisiera llevarla a un parque de diversiones por voluntad propia. Entonces, la voz de Tomoyo diciéndole casi una hora antes que quizá él solo quería distraerla le llegó a la mente y se enterneció como hace mucho que no hacía.

"Se preocupa siempre. No sería Touya si no lo hiciera…"

Así que se levantó de un salto y corrió hasta donde su hermano para tomarlo del brazo por sorpresa y arrastrarlo fuera del local en dirección contraria a su vivienda. Él solo la observó desconcertado.

—¿Qué rayos haces, Sakura? —sin soltarlo y aún jalándolo, le dedicó una sonrisita infantil.

—Dijiste que me llevarías al parque y, ya que lo has hecho por voluntad propia, me niego a rechazar la oferta.

—Pero…

—¡Pero qué divertido va a ser!, ¿no? —le interrumpió con los ojos brillantes. Touya quiso decir algo más, pero se calló al verla tan emocionada.

La muchacha volvió la mirada al frente entonces y soltó una risita por lo bajo. No se había equivocado: estaba siendo definitivamente un buen día.


Touya miró a Sakura bajar del carrusel con la sonrisa más grande del mundo y no pudo evitar menear la cabeza en desaprobación. ¡Ya tenía 24 años! ¿No debería ser algo más madura? Insistir en subirse a un carrusel era pasarse de la raya…

Mientras su hermana se acercaba, cayó en la cuenta de que ya eran casi las 5 de la tarde. Y eso solo significa una cosa: era hora de poner en acción la segunda parte de su plan.

—¡Eso estuvo genial! —escuchó decir a la castaña cuando estuvo por fin a su costado—, creo que ahora iré a…

—A casa, será mejor que nos apuremos o se nos hará tarde —masculló maldiciéndose internamente por hacer eso. Ella puso cara de desilusión.

—Pe-pero, aún me quedan juegos por…

—A casa, Sakura. Tenemos que ir a otro lado después de esto —dijo con un tono que no dejaba mucho lugar a réplicas. Ella se cruzó de brazos.

—¿Y a dónde iremos?

—Tenemos un evento especial esta noche —ella entrecerró los ojos dejando su nube de algodón por un instante.

Touya había estado muy raro todo el día. Primero la llevaba a comprar un regalo, luego la invitaba a almorzar, después se la llevaba al parque y, ahora, decía que tenían un evento especial esa noche. Ella no era la más astuta, ¡pero era obvio que algo se traía entre manos su hermano!

Decidida a sacarle lo que fuera que planeaba, se plantó frente a él.

—Has estado raro todo el día, si no me dices qué está sucediendo no voy a ir a ninguna parte —y frunció el ceño para dejar en claro que hablaba muy en serio.

La verdad, el moreno se preguntó por qué tenía que estar afrontando todas esas discusiones. Al instante, una vocecita le dijo que todo esto era por el bien de Sakura y que seguro al final del día ella estaría mucho mejor (o eso esperaba. Se masajeó la frente y enfrentó a su hermana con cara de aburrimiento.

—Si vienes conmigo a casa, te arreglas y decides ir a donde te llevaré sin hacer más preguntas hasta que lleguemos, te prometo que vas a entender todo —la muchacha lo miró con suspicacia e hizo un puchero.

—¿Voy a saberlo todo? —preguntó aún no muy convencida.

—Va a tomar tanto sentido, monstruo —confirmó con voz monótona.

—¿Incluso me dirás por qué no estuviste en casa anoche? —Touya rodó los ojos y rogó por algo más de paciencia.

—Lo sabrás todo.

Sakura lo enfocó con sus grandes ojos verdes aún con cierta duda y una mueca pero luego asintió rendida por la curiosidad.

—Bien, ¡pero si me estás engañando y todo esto es algún tipo de jugarreta…!

—Sí, sí, lo que digas —y, luego, se adelantó a la salida sin si quiera tomar en cuenta sus amenazas.

La chica se sintió muy ofendida y dudó si seguirlo. ¿Por qué no podía tomarse su enojo en serio? Mortificada, decidió seguirlo solo porque todo eso le causaba mucha intriga y, la verdad, se la estaba pasando mejor de lo que esperaba. Además, ¿qué tan malo podría ser ese lugar a donde pensaba llevarla?


—Bien —le dijo Touya mirando el reloj nada más cruzaron la puerta de su casa—, ya son casi las seis así que será mejor que te apures. Siempre te demoras mucho —le recriminó mirando algo en su celular.

—¿Qué? ¿No podremos descansar ni un poquito? —preguntó con voz lastimera y es que los pies la estaban matando. Él bufó y la empujó hacia las escaleras.

—Ni de broma. Ya te dije que siempre te demoras mucho y se supone que debemos estar allá a las ocho de la noche.

La pobre Sakura gimoteó bajito, preguntándose si no sería mejor sencillamente dejar todo así y tirarse a dormir a su cama como quería, pero su hermano no le dio tiempo para arrepentirse. Ya la estaba empujando otra vez a las escaleras.

—Te quiero lista a las siete con treinta, monstruo, o si no te arrepentirás —gruñó. Ella asintió rendida y comenzó a subir con desgano.

—Eh —se detuvo de repente—, espera, ¿qué se supone que debo ponerme? ¿Es un evento formal o algo así? —eso pareció despertar a Touya que seguía haciendo quién sabe qué cosas con su celular.

No le respondió al instante, porque volvió hacia la sala y, cuando Sakura estaba a punto de volverlo a llamar, reapareció con un paquete.

Era el paquete donde estaba el vestido que había comprado esa tarde.

Él se lo arrojó sin mucha delicadeza y ella se quedó boquiabierta. ¿Era…era para ella?

—¿Touya? —Lo llamó algo consternada— ¿es…esto es…para mí? —era una pregunta algo tonta, pero de verdad estaba sorprendida.

El moreno frunció el ceño extrañado.

—¿Para quién más sería? —le respondió frunciendo el ceño. Ella boqueó un par de veces; sin embargo, no alcanzó a decir nada más cuando vio a su hermano dirigirse hacia la salida—. Bien, tengo que hacer una cosa y para cuando regrese te quiero lista. No más preguntas.

Y, sin más, desapareció. Sakura se quedó sin moverse por unos segundos y luego miró el paquete entre sus manos…

Todo eso era demasiado raro.


Touya, sentado en el sofá de su casa, con una sencilla camisa y un pantalón, intentó no gruñir a la persona con la que hablaba por el celular.

—Te digo que sí iremos. Ella está casi lista —aseguró controlando su genio.

Bien, porque si te atreves a arrepentirte te voy a matar y…

—Mocosa, hice una promesa y yo siempre cumplo mis promesas. Deja de molestar y ya no llames o ella va a sospechar. Adiós —y, sin importarle lo que la chica tuviera que decir, cortó.

Esa tontería estaba comenzando a estresarlo demasiado. No era gran fan de los misterios, ni de mantener las cosas en suspenso. A él le gustaban las cosas francas, pero al parecer esta vez no estaba en sus manos decidir cómo quería las cosas. Solo era un personaje secundario en esa historia de locos.

Dejó el celular a un costado y se desordenó el cabello con su única mano buena. Debería recibir un premio por todo lo que hacía, sí…

El timbre sonó y él se levantó extrañado. No se suponía que nadie se apareciera por ahí. Al abrir la puerta, la brillante sonrisa de Yukito Tsukishiro fue lo primero que vio.

—¿Yuki? ¿Qué rayos…? —el otro rió y pasó cerrando la puerta tras él.

—Me envío Meiling. Ya sabes que está muy nerviosa —le aclaró con una sonrisa. Touya masculló algo parecido a "esa mocosa…" y puso su mejor cara de enojo. Su mejor amigo solo pudo sonreír con condescendencia—. No la culpes, solo quiere que todo sea perfecto.

—Ya lo sé, pero si sigue hostigándome así yo me voy a encargar de que Sakura no llegue a ese lugar —Yukito solo pudo palmearle el hombro suavemente.

—No, claro que no lo harás porque quieres a Sakura demasiado y solo deseas su felicidad.

El moreno se lo quedó viendo con algo de sorpresa al principio pero la vergüenza le ganó y terminó bajando la mirada. Odiaba cuando Yukito decía esas cosas, era molesto verse en evidencia.

Tratando de cambiar de tema, miró, por enésima vez en el día, el reloj y su ceño volvió a fruncirse. ¡Sabía que ese monstruo se demoraría más de la cuenta! Y si llegaban un segundo tarde, esa mocosa iba a fastidiarlo de por vida.

—¡Monstruo, será mejor que…! —comenzó a gritar mirando hacia las escaleras con molestia, pero los pasos apresurados de su hermana en el pasillo lo detuvieron.

—Ya estoy, ya estoy. Lamento haber tardado un poco, es que no encontraba mi labial —se excusó mientras bajaba las escaleras. Sakura estaba esperando más regaños, pero nunca aparecieron.

El silencio se había hecho en la casa nada más verla aparecer. Iba con el vestido que Touya le había dado, el cabello ondeado suelto y un maquillaje ligero. Cuando se paró a la mitad de las escaleras para comprobar que su hermano siguiera ahí, se dio con la sorpresa de que también estaba Yukito. Quiso saludarlo, pero la manera en que su hermano y él la miraban la hizo sentirse cohibida.

Se revisó el vestido pensando que algo estaba mal y se pasó una mano por el cabello. ¡Oh, no! Quizá era poco adecuado para el lugar a donde iban…

—Eh, ¿no me veo bien? —preguntó temerosa. Eso pareció sacar a los varones de su estupefacción, porque al instante tuvo a Yukito sonriéndole.

—¡Te ves maravillosa, Sakura! —le aseguró él. Ella sonrió y luego bajó las escaleras hasta llegar a donde Touya.

—¿De verdad está bien? —el moreno se la quedó viendo unos segundos más en silencio y luego sonrió un poco.

—Créeme que estás bien, monstruo —murmuró para luego adelantarse a abrir la puerta—; mejor que nos apuremos —dijo saliendo.

La chica volvió a respirar tranquila y, solo entonces, cayó en la cuenta de que Yukito también iba con ellos.

—¿También vienes, Yukito? —le preguntó comenzando a caminar. Él solo se limitó a asentir mientras cerraba la puerta de la casa—. ¡Oh! Entonces tú sí sabes a dónde iremos… —Yukito la miró y le sonrió.

—Sí, pero no creas que te lo diré —dijo adivinando las intenciones de la castaña. Ella pareció desilusionarse un poco—. Es que es una sorpresa —le susurró empujándola hacia el taxi que Touya había parado.

Sakura se subió ya sin energías para rechistar y suspiró en su asiento. ¡Estaban comenzando a disgustarle las sorpresas!


—¿El templo Tsukimine? —fue lo primero que escapó de la boca de Sakura al bajar del auto.

Ella había imaginado muchísimas cosas, pero en realidad cada vez solo lograba confundirse más. ¿Por qué la llevaría Touya a un lugar como ese? Es decir, no tenía sentido. Sobre todo porque el templo cerraba por las noches.

—¿A qué vinimos? —se animó a preguntar finalmente. Touya, parado a su costado con una mueca, solo suspiró como si algo le pasara mucho y le puso una mano en la espalda para animarla a pasar.

—Vamos, pronto entenderás —se limitó a decir.

Sin saber qué clase de pregunta hacer y con la mente totalmente en blanco, se dejó llevar. Era completamente raro estar ahí por la noche, hacía muchos años que no iba a esas horas.

Recordaba jugar de niña ahí o haber seguido alguna vez a Touya, ya que era el lugar donde solía juntarse en la secundaria con sus amigos. Y era un lugar tan bonito. Aunque debía decir que su mejor recuerdo ahí no procedía de sus incansables juegos, no. El mejor recuerdo era con Shaoran.

"Porque aquí fue donde nos dimos nuestro primer beso…"

Había sido de noche también y tampoco había luna aquella vez. Solo eran ellos, las estrellas y el silencio. Llevaban saliendo ya un par de semanas y Shaoran lucía muy frustrado por algo mientras paseaban intentando hacer el menor ruido posible, porque no se suponía que estuvieran ahí. Ella nunca llegó a entender exactamente cómo, pero en algún momento terminó colgada de su cuello porque había escuchado ruidos extraños y, claro, se había asustado. Entonces él por fin la había besado, tan cálidamente, tan delicadamente que sintió que se derretía. Y le había dicho que la quería.

Una sonrisa nostálgica se instaló en su rostro. Aquellos buenos recuerdos…

—Monstruo —escuchó que la llamaba Touya. Al subir la mirada, vio el campo adornado con lucecitas brillantes y velas. Suave música que inundaba el lugar y las flores en todo su esplendor nocturno—, ya llegamos —murmuró su hermano y la empujó para que avanzara.

Sakura alcanzó a dar unos cuantos pasos con su mente trabajando a todo dar. Giró sobre su eje observando lo hermoso que todo lucía, su hermano y Yukito parados cerca del sendero que los había llevado ahí y, finalmente, se encontró con la única persona que lograba hacer que todo encajara.

Shaoran.

Sintió que su corazón se oprimió para luego acelerarse a más no poder, también terminando de comprender de qué iba todo. Retrocedió casi por instinto, ya con los ojos empañados.

—Sakura —dijo él intentando acercarse pero ella retrocedió más.

—¿Touya? —se volteó a verlo sintiendo claramente como se mareaba—, ¿Touya, por qué…? —intentó preguntar pero las palabras se le atoraron en la garganta.

Su hermano hizo una mueca y bajó la mirada. Ella no lo podía creer, ¡él había sido parte de esa treta! ¡Y la estaba obligando a confrontar a Shaoran cuando sabía bien por todo lo que había pasado!

El primer instinto de Sakura fue correr y así lo hizo. Se precipitó hacia cualquier lugar con el único objetivo de alejarse, pero no dio ni tres pasos cuando sintió que alguien la sujetaba del brazo. Era Touya.

Con los ojos brillantes por las lágrimas que contenía, lo miró con la tristeza plasmada en su rostro.

—¿Por qué…? —volvió a preguntar ya sin moverse.

Él suspiró e hizo una mueca, probablemente pensando cómo explicarse aunque para Sakura no había explicación. Su hermano la había traicionado.

—Sakura, te he visto convertirte en todo lo que detestas en estas semanas. Podrás creer que me estoy metiendo en un asunto que no me concierne, pero si se trata de ti debes saber que sí es mi asunto. Sobre todo porque me gustaría verte feliz, volver a ser la que eras y…creo que eso no va a pasar sin el mocoso ese…

—¡Tú no entiendes nada, Touya! —lo interrumpió y él la miró pidiéndole que lo dejara terminar así.

—Ayer fui a verlo porque creo que llegaste al límite. Lo escuché e intenté comprenderlo y…ahora creo que deberías escucharlo. Sé que podrás pensar que estoy loco, pero si yo he decidido ayudarlo a hacer esto es porque…porque me parece que merece un voto de confianza. Y si yo pienso eso, ¿no crees que deberías darle al menos la oportunidad de hablar para defenderse? No significa que tengas que creerle o no, solo…puedes darle esa oportunidad. Sé que quieres hacerlo.

La chica se lo quedó viendo con miles de cosas chocándose entre sí en su mente. De reojo, pudo ver a Yukito mirándole como si quisiera pedirle disculpas por eso y, con algo de sorpresa, a Meiling que estaba allí también, quien le pedía silenciosamente lo mismo que su hermano.

Estaba hecha un caos; sin embargo, lo único que podía pensar era en que Touya estaba involucrado en eso. Touya, su hermano que siempre había detestado a Shaoran, lo había ayudado a armar todo. A llevarla hasta allí. Y eso solo podía significar algo: sea lo que sea que Shaoran tuviera para decir, merecía ser oído y, con muchas probabilidades, sería cierto.

Tragó pesado y un par de lagrimillas se le escaparon por los nervios que la invadieron. Le dio una última mirada a Touya y asintió, separándose de él para respirar por última vez antes de voltearse.

Se giró y la tímida sonrisa de Shaoran la recibió. Fue ese instante cuando supo que no importaba mucho lo que él le dijera, seguro terminaría creyéndole. Y, entonces, Sakura también sonrió.


Touya, Yukito y Meiling se encontraron pronto fuera de templo Tsukimine. Los dos últimos tenían una gran sonrisa pintada en el rostro, pero Touya parecía querer matar a alguien.

—¡Buen trabajo, chicos! Dios, no puedo creer que lo hayamos logrado... —dijo Meiling suspirando de la felicidad.

—Creo que todo va a estar bien ahora —añadió Yukito sonriente.

Lo único que escucharon por parte de Touya fue un gruñido. A la chica no le hizo mucha gracia, pero a Tsukishiro al parecer sí, porque terminó riéndose y meneando la cabeza.

—No reniegues, Touya, que al final has hecho lo correcto.

—Es cierto, Kinomoto, nada de esto habría sido posible sin ti —admitió muy a su pesar Meiling.

El moreno arqueó una ceja y los miró raro, pero no dijo nada hasta no darse la vuelta.

—Me voy; mejor que ese mocoso lleve a casa a mi hermana —la chica Li frunció el ceño algo ofendida por las actitudes de cavernícola, según ella, de Touya pero Yukito la detuvo.

Su mirada le hizo comprender que probablemente él necesitaba estar solo. Inspiró fuertemente y asintió, pero no pudo evitar decirle una última cosa antes de que desapareciera.

—¡Hey, Kinomoto, gracias! —exclamó. El aludido no se detuvo y solo hizo un gesto con la mano para restarle importancia.

Touya se aseguró de alejarse lo suficiente antes de permitirse ver una vez más el templo. Solo esperaba realmente haber hecho lo correcto por mucho que le hubiera costado.

Por supuesto, Sakura se merecía ese esfuerzo y más. Además, nadie lo había obligado. Fue entonces que recordó lo que había pasado anoche…

.

Touya miró fijamente a Shaoran mientras este le mantenía la mirada por igual. El mocoso había terminado de dar ya sus explicaciones. La verdad, luego de haberlo oído, Touya solo podía pensar una cosa: Li era un idiota.

Y, a pesar de que estaba seguro que estaba en lo correcto, le creía. Maldita sea, le creía.

Lo conocía y sabía que solo a ese mocoso inepto podían pasarle esas cosas. Exhaló con fuerza y se pasó una mano por la cara.

Bien dijo luego de ese momento de reflexión. El castaño frunció el ceño sin entender.

¿Bien qué?

Bien, ¿cuál es tu plan para recuperar la confianza de mi hermana? Li pareció confundido y luego comenzó a balbucear.

Bu-bueno…yo, eh, en realidad… —Touya rodó los ojos. Genial, el idiota no tenía un plan.

Mejor que idees algo pronto porque no pienso dejar que Sakura siga sufriendo por tu culpa, mocoso. Y será mejor que sea grandioso y rápido, porque mi voluntad de ayudarte no pasará de mañana en la noche —dijo mirándolo hostilmente.

Shaoran, muy aturdido por las palabras del moreno, asintió.

¿Me vas a ayudar de verdad? —preguntó una vez más sin poder terminar de creérselo.

Gruñido de por medio, Touya asintió. Al instante, Shaoran se paró y buscó su teléfono para llamar a la única persona que podría ayudarlo en esa ocasión: Meiling. Luego recordó que estaba en su cuarto, así que se volteó para ir a sacarlo, pero antes de desaparecer no pudo evitar voltearse a ver al hombre que estaba sentado en su sofá.

¿En serio me crees, Kinomoto? —inquirió solo para asegurarse de que eso era real. Él lo miró con el ceño fruncido y luego se reclinó totalmente en el asiento.

Hago esto por Sakura —dijo como toda respuesta. Eso fue lo único que necesitó Shaoran para ser feliz.

Touya, ya solo, miró a su alrededor y cerró los ojos un momento. Todo era siempre por Sakura.

.

Y luego esa mocosa había armado todo ese circo y lo había obligado a hacer todas esas cosas. Realmente las mujeres llegaban a dar miedo, pero ya no había nada más que pensar o por lo cual arrepentirse: el destino estaba echado y él no podía evitar sentir que era lo mejor. Sin dudas.


Notas de Emi-chan .-

¡Sí! Por fin el capítulo 10 ha sido terminado y subido, no pueden ni imaginarse lo inmensamente feliz que estoy. Por un momento pensé que sufriría otro de mis horribles bloqueos, pero ya pasó, jeje. ¡Hola a todos, por cierto!

Bueno, esta vez me enfoqué totalmente en Sakura y Touya y bueno, creo que es fácil saber por qué hice así el capítulo sin darles ninguna pista de la conversación de Touya y Shaoran, aunque al final vieron la parte importante de lo que sucedió la noche que hablaron. Bleh, espero que esté bien. Yo al menos estoy mil veces más satisfecha con este capítulo que con el anterior, aunque me ha obligado a alargar un poquito más el fanfic.

Quiero informar, también, que solo quedan dos capítulos de Mi pequeño Monstruo. Estoy que muero de la emoció y creo que me dedicaré casi por completo a este fanfic hasta que lo termine.

Mil gracias a Rosa, Nybell y HimeVampireChan por esos maravillosos reviews, también a las personas que tienen este fanfic en alertas y favoritos. Graciaas!

Y bueno, eso es todo. Realmente espero volver pronto y creo que lo único que lo impediría serían las clases. En fin, saludos y un abrazo a todos!