Lummus, juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la trama a Colleen Hoover.
9
Lunes, 23 de enero del 2012
Yo no me voy a rendir
Tú no te vas a rendir
Esta batalla se convertirá en una guerra
Antes de dejar que llegue a su fin.
Sé que a Bella no le agrado en este momento, pero definitivamente no me odia, tampoco. No puedo dejar de preguntarme si debo retroceder y darle el espacio que está pidiendo. Una parte de mí quiere respetar eso, pero otra parte tiene miedo de que si doy marcha atrás, puede ser que a ella le guste el espacio. Estoy aterrorizado por eso. Así que tal vez no le daré espacio. Me gustaría saber dónde trazar la línea entre la desesperación y la asfixia.
Demetri se encuentra en la cocina tomando café. No lo he visto mucho, pero el hecho de que siempre tiene el café listo es casi merecedor de tenerlo permanentemente aquí.
— ¿Cuáles son tus planes para hoy? —Dice cuando entro a la cocina.
—Tengo que ir a Detroit a buscar a los niños en algún momento. ¿Quieres ir conmigo?
Niega con la cabeza.
—No puedo. Tengo planes con... Tengo planes para hoy. —Mira hacia otro lado nerviosamente mientras enjuaga la taza de café.
Me río y tomo mi propia taza del gabinete.
—No tienes que ocultarlo. Ya te dije que estaba bien con eso.
Coloca la taza boca abajo en el filtro y se gira hacia mí.
—Todavía es un poco extraño, de todos modos. Quiero decir, no quiero que pienses que trataba de estar con ella mientras estaban juntos. No fue así.
—Deja de preocuparte por eso, Demetri. En serio. Por extraño que parezca, no es raro para mí en absoluto. Lo que es un poco raro es que sólo unos días atrás profesaba su amor por mí, pero ahora está a punto de pasar el día contigo. ¿Eso no te molesta un poco?
Me sonríe mientras agarra su cartera y las llaves del mostrador y sale de la cocina.
—Créeme, Edward. Tengo habilidades. Cuando Tanya esté conmigo, serás la última cosa en su mente.
Demetri nunca ha sido muy modesto. Se pone su chaqueta y se dirige hacia la puerta para salir. Tan pronto como la puerta se cierra, mi teléfono vibra. Lo saco de mi bolsillo y sonrío. Es un texto Bella.
¿A qué hora estará Seth en casa hoy? Tengo que ir a recoger un libro de texto de un pedido pendiente y no estaré en casa durante un rato.
El texto parece demasiado impersonal. Lo leo un par de veces, tratando de obtener insinuaciones de cualquier significado oculto en él. Por desgracia, estoy muy seguro que su texto indica exactamente lo que intentaba decir. Le respondo, con la esperanza de convencerla de alguna manera de ir conmigo a recoger a los chicos.
¿En dónde recogerás el libro? ¿Detroit?
Estoy bastante seguro de saber a cuál librería irá en Detroit. Sé que es una posibilidad remota, pero espero poder atraparla en viajar conmigo en lugar de tomar su propio auto. Responde casi inmediatamente.
Sí. ¿A qué hora estará Seth en casa?
Es tan dura de roer. Odio sus respuestas cortas.
Iré a Detroit para recogerlos más tarde. ¿Por qué no vas conmigo? Puedo llevarte a conseguir tu libro.
Esto podría ser bueno. Tener el largo viaje para hablar sobre las cosas realmente podría darme la oportunidad de convencerla de que todo tiene que volver a ser como antes.
No creo que sea una buena idea. Lo siento.
O no. ¿Por qué tiene que ser tan difícil? Lanzo mi teléfono en el sofá y ni siquiera me molesto en responderle. Camino hacia la ventana y patéticamente miro a su casa de nuevo. Al principio, pensaba que iba a superar esto bastante rápido, pero han pasado días. Odio el hecho de que su necesidad de espacio es más fuerte que su necesidad de mí. Realmente necesito que vaya a Detroit conmigo hoy.
No puedo creer que esté haciendo esto. Mientras estoy cruzando la calle, verifico dos veces para asegurarme de que no se asoma por la ventana. Estará tan enojada si me atrapa haciendo esto. Rápidamente abro la puerta de su coche y jalo la palanca para abrir el capó. Tengo que trabajar rápido. Decidí que la mejor manera de inhabilitar su jeep es desconectar la batería. Es probablemente lo más obvio, pero ella no se dará cuenta considerando su falta de conocimiento mecánico. Tan pronto como consigo mi objetivo, miro hacia la ventana otra vez, y luego hago una loca carrera de vuelta a casa.
Cuando cierro la puerta tras de mí, casi me arrepiento de lo que acabo de hacer.
Casi.
Esa tarde espero a que ella salga de su casa antes de irme. La veo mientras intenta arrancar su vehículo, pero el auto no arranca. Obviamente. Golpea el volante con frustración y abre de golpe la puerta del coche. Esta es mi oportunidad. Agarro mis cosas y salgo por la puerta delantera hacia mi auto, fingiendo no notarla. Cuando retrocedo y entro en la calle, tiene su capó arriba. Me detengo delante de su calzada y bajo la ventanilla.
— ¿Qué pasa? ¿El coche no arranca?
Mira alrededor de la parte delantera del capó y niega con la cabeza. Estaciono mi auto y salgo a echar un vistazo.
Se hace a un lado y me permite pasar sin hablar. Jugueteo con algunos cables aquí y allá y pretendo tratar de arrancar su coche un par de veces. Durante todo el tiempo, ella sólo está de pie en silencio.
—Parece que la batería murió —miento—. Si quieres, puedo recoger una nueva para ti mientras estoy en Detroit. O... podrías viajar conmigo y te llevarte a conseguir tu libro. —Le sonrío, esperando que acepte.
Mira a su casa, luego a mí. Se ve desgarrada.
—No, sólo se lo pediré a Alice. No creo que tenga planes hoy.
Esto no es lo que necesitaba que dijera. Esto no va como lo había planeado. Mantén la calma, Edward.
—Sólo estoy ofreciéndote un paseo. Ambos necesitamos ir a Detroit, de todos modos. Es ridículo involucrar a Alice sólo porque no quieres hablar conmigo ahora mismo. —Uso el tono autoritario que he perfeccionado en ella. Por lo general, funciona. Vacila—. Bella, puedes tallar calabazas todo el viaje. Cualquier cosa que necesites. Sólo entra al auto —Digo.
Me frunce el ceño y luego da la vuelta y saca su bolso del jeep.
—Está bien. Pero no creas que esto significa algo. —Camina por el sendero y hacia mi coche.
Me alegro de que esté delante de mí, porque no puedo ocultar mi emoción mientras perforo el aire con mis puños. Un día entero juntos es exactamente lo que necesitamos.
Tan pronto como nos alejamos, enciende The Avett Brothers en la radio del auto, su manera de hacerme saber que está tallando calabazas.
Los primeros kilómetros a Detroit son incómodos. Sigo queriendo traer a colación todo, pero no sé cómo. Seth y Caulder estarán con nosotros en el camino a casa, así que sé que si quiero sacar todo, tengo que hacerlo ahora.
Alcanzo el radio y bajo el volumen. Tiene su pie apoyado en el tablero y está mirando por la ventana en un intento de evitar la confrontación, como siempre lo hace. Cuando se da cuenta de que he bajado el volumen, me mira y me ve observándola, luego vuelve su atención de nuevo a la ventana.
—No, Edward. Te lo dije... necesitamos tiempo. No quiero hablar de eso.
Es tan jodidamente frustrante. Suspiro y niego con la cabeza, sintiendo una nueva ronda de derrota llegando.
— ¿Podrías por lo menos darme una estimación de cuánto tiempo vas a estar tallando calabazas? Sería bueno saber cuánto tiempo tengo que sufrir —Digo. No trato de ocultar mi irritación. Este espacio está empezando a molestarme.
Puedo decir por su reacción física que he dicho algo totalmente incorrecto de nuevo.
—Sabía que esto era una mala idea —murmura.
Mis manos agarran el volante con más fuerza. Se podría pensar que después de un año ya hubiera encontrado la forma de llegar a ella, o manipularla de alguna manera. Es casi impenetrable. Tengo que recordarme a mí mismo que su voluntad indomable es una de las razones por las que me enamoré de ella en primer lugar.
Ninguno de nosotros dice una palabra más durante el resto del viaje. Tampoco ayuda que ninguno encendiera la radio de nuevo. Todo el viaje es increíblemente incómodo mientras hago mi mejor esfuerzo por encontrar la cosa correcta para decir y ella hace su mejor esfuerzo para fingir que no existo. Tan pronto como llegamos a la librería en Detroit y encuentro un lugar en el estacionamiento, abre la puerta del coche y corre dentro. Me gustaría pensar que está corriendo por el frío, pero sé que está huyendo de mí. De la confrontación.
Mientras está adentro, me llega un mensaje de texto de mi abuelo para informarme que mi abuela nos está preparando la cena. Su texto termina con la palabra "asado", precedido por una tecla numeral.
—Genial —murmuro para mis adentros. Sé que Bella no tiene intenciones de pasar la noche con mis abuelos.
En cuanto le respondo a mi abuelo, haciéndole saber que estamos casi allí, ella vuelve al coche.
—Están preparando la cena para nosotros. No nos quedaremos mucho tiempo —Digo.
Suspira.
—Qué conveniente. Bueno, entonces primero llévame a conseguir una batería nueva para que podamos acabar de una vez.
No respondo mientras salgo de la librería y me dirijo hacia la casa de mis abuelos. Ha estado en su casa un par de veces antes, así que sabe cuándo nos acercamos que no tengo intenciones de detenerme en la tienda.
—Has pasado como tres tiendas que venden baterías —Dice—. Tenemos que conseguir una en caso de que sea demasiado tarde cuando regresemos.
—No necesitas una batería. La batería está bien —Digo.
No la miro, pero puedo ver que me está mirando, esperando una explicación más detallada.
No respondo de inmediato. Enciendo la luz intermitente y giro hacia la calle de mis abuelos. Cuando estaciono en su camino de entrada, apago el coche y le digo la verdad. ¿Qué daño podría hacer en este momento?
—Desconecté el cable de la batería antes de que intentaras salir hoy.
No espero por su reacción mientras salgo del coche y cierro la puerta de un portazo. No estoy seguro de por qué doy un portazo. No estoy enojado con ella, sólo estoy frustrado. Frustrado de que dude de mí después de todo este tiempo.
— ¡¿Tú qué?! —grita. Cuando sale del coche, cierra de golpe la puerta intencionalmente.
Sigo caminando, protegiéndome del viento y la nieve con mi chaqueta hasta llegar a la puerta principal. Ella corre tras de mí. Casi entro sin llamar, pero recuerdo lo que se siente, así que golpeo la puerta.
—Dije que desconecté el cable de la batería. ¿Cómo iba a convencerte de venir conmigo?
—Eso es muy maduro, Edward. —Se acurruca más cerca de la puerta frontal, más lejos del viento. Oigo pasos próximos a la puerta de entrada desde el interior cuando ella se gira para mirarme. Abre su boca como si estuviera a punto de decir algo más, rueda los ojos y se aleja. La puerta principal se abre y mi abuela se hace a un lado para dejarnos entrar.
—Hola, Elizabeth —Dice Bella con una sonrisa falsa mientras abraza a mi abuela.
Mi abuela le regresa su abrazo y camino detrás de ellas.
—Llegan justo a tiempo. Seth y Caulder están poniendo la mesa —dice—. Edward, toma ambas chaquetas y ponlas en la secadora para quitar la nieve, para que no estén tan mojadas cuando se vayan.
Mi abuela camina hacia la cocina y me quito la chaqueta y me dirijo a la lavandería sin ofrecerme a tomar la de Bella. Sonrío cuando oigo pisadas fuertes con enojo detrás de mí. Ser el tipo amable obviamente no ha ayudado a mi caso en absoluto, así que creo que empezaré a ser el idiota.
Lanzo mi chaqueta en la secadora y me hago a un lado para que ella pueda hacer lo mismo. Después de meter su chaqueta, cierra la puerta de la secadora y la enciende. Se da vuelta para salir del cuarto de lavado, pero estoy bloqueando su camino. Me lanza una mirada asesina e intenta pasarme, pero no me muevo. Da un paso atrás y cruza los brazos sobre su pecho y mira lejos, dándome el tratamiento del silencio. Estará aquí hasta que me mueva fuera de su camino. Me quedaré aquí hasta que me hable. Creo que estaremos aquí toda la noche.
Aprieta su cola de caballo y se apoya en la secadora, cruzando las piernas en los tobillos. Me apoyo en la puerta del cuarto de lavandería y me quedo en la misma posición mientras la miro, esperando algo. No estoy seguro de qué es lo que estoy tratando de conseguir de ella en este momento, sólo quiero que me hable.
Se limpia la nieve del hombro de la camisa. Lleva la camisa de Avett que le compré en el concierto que fuimos hace no menos de un mes. Tuvimos el mejor momento esa noche, nunca hubiera imaginado que estaríamos en la situación que estamos en estos momentos. Finalmente cedo y hablo primero.
—Sabes, para alguien dándome el tratamiento del silencio como si tuviera cinco años, seguro que fuiste rápida para acusarme de ser inmaduro.
Levanta sus cejas hacia mí y se ríe.
— ¿En serio? Me tienes atrapada en la lavandería, Edward. ¿Quién está siendo inmaduro?
Trata de moverse más allá de mí otra vez, pero sigo bloqueando su camino. Está pegada contra mí mientras patéticamente intenta empujar contra mi pecho para salir. Tengo que luchar contra el impulso de envolver mis brazos alrededor de ella.
Estamos prácticamente cara a cara cuando finalmente se rinde de nuevo y deja de empujarme. Está a centímetros de mí ahora, mirando al suelo, esperando a que yo salga de su camino. Puede tener sus dudas acerca de mis sentimientos hacia ella, pero no hay manera de que pueda dudar de la tensión sexual entre nosotros. Tomo su mentón y muevo suavemente su rostro hacia el mío.
—Bella —susurro—, no me arrepiento de lo que le hice a tu coche. Estoy desesperado. Haría cualquier cosa en este momento para estar contigo. Te echo de menos.
Mira hacia otro lado, así que llevo mi otra mano a su cara y la obligo a mirarme a los ojos. Trata de alejar mis manos, pero me niego a dejarla ir.
La tensión aumenta a medida que nos sostenemos mutuamente la mirada. Puedo decir que quiere odiarme tanto en este momento, pero me ama demasiado. Hay una lucha de emoción en sus ojos. No puede decidir si quiere darme un golpe o besarme.
Aprovecho su momento de debilidad y lentamente me inclino y presiono mis labios en los de ella. Aprieta sus manos contra mi pecho y con poco entusiasmo trata de alejarme, pero no aleja su boca de la mía. En vez de honrar su petición de "espacio", me apoyo en ella aún más y separo sus labios con los míos. Sus manos debilitan su presión contra mi pecho mientras su obstinación finalmente cede y me deja besarla.
Pongo mi mano en la parte posterior de su cabeza y lentamente muevo los labios al ritmo de los suyos. Nuestro beso es diferente esta vez. En lugar de empujarlo hasta el punto de retiro como lo hemos estado haciendo, seguimos besándonos lentamente, deteniéndonos cada pocos segundos para mirarnos el uno al otro. Es casi como si ninguno de nosotros creyera que esto está sucediendo. Siento que este beso es mi última oportunidad de disipar cualquier duda de su cabeza, así que vierto cada emoción que tengo en él. Ahora que tengo la en mis brazos, temo dejarla ir. Doy un paso hacia adelante y ella uno atrás hasta que terminamos contra la secadora.
La situación en la que estamos me recuerda a la última vez que estuvimos solos en un cuarto de lavado hace más de un año. Fue el día después de su beso con Javi en el Club N9NE. Al momento en que caminé alrededor de su camioneta y vi su boca sobre la de ella, inmediatamente sentí unos celos junto con un dolor intenso como nada que haya experimentado jamás. Nunca había estado en una pelea física antes. El hecho de que él era mi estudiante y yo era su maestro se había perdido en mí tan pronto como empecé a empujarlo lejos de ella. No sé qué hubiera pasado si Jasper no hubiera aparecido en ese momento.
El día después de la pelea, cuando oí a Bella contar su versión de los hechos, me sentí como un idiota por realmente creer que ella le había devuelto el beso. La conocía mejor que eso, y me odiaba a mí mismo por pensar en lo peor. Tan difícil como fue ese día permitirle seguir creyendo que había elegido mi carrera sobre ella, sabía que era lo correcto en ese momento. Sin embargo, esa noche en su cuarto de lavado, permití que mis emociones tomaran el control de mi conciencia, y casi estropeé la mejor cosa que alguna vez me ha pasado.
Empujo el miedo de perderla otra vez fuera de mi mente mientras sigo besándola. Mueve sus manos a mi cuello, enviando escalofríos por todo mi cuerpo. Lento y constante, perdiéndonos mientras al mismo tiempo encontramos el ritmo. Cuando pasa las manos por mi pelo, me envía al borde. La agarro por la cintura y la levanto hasta que se sienta en la secadora. De cada beso que alguna vez hemos compartido, este es el mejor. Pongo mis manos en la parte exterior de sus muslos y la atraigo hasta el borde de la secadora y envuelve sus piernas a mi alrededor. Justo cuando mis labios encuentran el punto debajo de su oreja, ella jadea y me empuja.
—Eh, hem —Dice mi abuela, interrumpiendo bruscamente uno de los mejores momentos de mi vida.
Bella inmediatamente salta de la secadora y doy un paso atrás. Mi abuela está de pie en la puerta con los brazos cruzados, mirándonos. Bella se endereza la camisa y mira hacia sus pies, avergonzada.
—Bueno, es un placer verlos arreglados —Dice mi abuela, mirándome con desaprobación—. La cena está lista cuando puedan encontrar el tiempo para unirse a nosotros en la mesa. —Se da vuelta y se aleja.
Tan pronto como se ha ido, me dirijo de nuevo a Bella y envuelvo mis brazos alrededor de ella otra vez.
—Cariño, te he extrañado tanto.
—Detente —Dice, alejándose de mí—. Sólo detente.
Su repentina hostilidad es inesperada... y confusa.
— ¿Qué quieres decir con detente? Acabas de besarme de nuevo, Bella.
Me mira, agitada. Parece decepcionada consigo misma.
—Creo que tuve un momento de debilidad —Dice en tono de burla.
Reconozco la frase, y más que probablemente merece su reacción.
—Bella, deja de hacerte esto a ti misma. Sé que me amas.
Deja escapar un suspiro, como si ella estuviera tratando sin éxito de hacerle entender a un niño.
—Edward, no estoy luchando con si te amo o no. Se trata de si tú me amas realmente o no. —Se dirige al comedor, dejándome atrás en otro cuarto de lavado.
Golpeo la pared, frustrado por lo que pasó entre nosotros. Pensé por un segundo que finalmente estaba llegando a ella. No sé cuánto tiempo más podré soportarlo. Está empezando a molestarme.
—Este asado está delicioso, Elizabeth —le dice Bella a mi abuela—. Vas a tener que darme la receta.
Arrebato el tazón de patatas de la mesa delante de mí y silenciosamente hiervo por el modo en que Bella tan casualmente intercambia cortesías con mi abuela. No tengo apetito, pero apilo la comida de todos modos. Conozco a mi abuela y, si no como, estará ofendida. Pongo patatas en mi plato, luego tomo una cucharada exagerada y las dejo caer en el plato de Bella, justo sobre su asado. Está sentada a mi lado, haciendo todo lo posible para fingir que nada anda mal mientras mira el enorme montón de patatas frente a ella. No sé si pone esta falsa demostración de felicidad por causa de mis abuelos o por causa de Caulder y Seth. Tal vez por todos ellos.
—Isabella, ¿sabías que Magníficotony solía estar en una banda? —dice Seth.
—No, no sabía. ¿Y acabas de llamarlo Magníficotony? —Dice Bella.
—Sí. Ese es mi nombre nuevo para él.
—Me gusta —Dice mi abuelo—. ¿Puedo llamarte MagníficoSeth?
Seth sonríe y asiente con la cabeza hacia él.
— ¿Vas a llamarme Magníficocaulder? —Pregunta Caulder.
—Claro, Magníficocaulder —Dice.
— ¿Cuál era el nombre de tu banda, Magníficotony? —Pregunta Bella.
Es casi aterrador lo buena que es fingiendo. Hago una nota mental para recordar este pequeño detalle sobre ella para referencias futuras.
—Bueno, en realidad estuve en varias —responde—. Fue sólo un pasatiempo cuando era más joven. Tocaba el piano.
—Eso es genial —Dice ella. Toma un bocado de su comida y habla con la boca llena—. Sabes, Seth siempre ha querido aprender a tocar el piano. He estado pensando en ponerlo en clases. —Se limpia la boca y toma un sorbo de agua.
— ¿Por qué? Sólo deberías hacer que Edward le enseñe —Dice Magníficotony.
Bella se gira y me mira.
—No era consciente de que Edward sabía tocar el piano —Dice en un tono algo acusatorio.
Creo que nunca he compartido esto con ella. No es que trataba de ocultárselo, sólo que no he tocado en un par de años. Por supuesto, estoy seguro de que piensa que es sólo otro secreto que he estado escondiendo de ella.
— ¿Nunca has tocado para ella? —me dice él.
Me encojo de hombros.
—No tengo un piano.
Bella sigue mirándome.
—Esto es realmente interesante, Edward —Dice con sarcasmo—. Seguro que hay mucho sobre ti que no sé.
La miro directamente a la cara.
—En realidad, nena... No lo hay. Ya sabes todo sobre mí.
Niega con la cabeza y coloca sus codos sobre la mesa y mira de reojo hacia mí, poniendo esa sonrisa falsa que estoy realmente empezando a odiar.
—No, cariño. No creo que sepa todo sobre ti. —Lo dice en un tono que sólo yo podría reconocer como su falso entusiasmo—. No sabía que tocabas el piano. Tampoco sabía que estabas consiguiendo un compañero de cuarto. De hecho, este "Demetri" parece haber sido una parte muy importante de tu vida, y nunca has hablado de él... Junto con algunos otros "viejos amigos" que han surgido recientemente.
Pongo el tenedor en el plato y limpio mi boca con la servilleta. Todos en la mesa me están mirando, esperando a que hable. Le sonrío a mi abuela, que parece que no se da cuenta de lo que está pasando entre Bella y yo. Me devuelve la sonrisa, interesada en mi respuesta. Me decido a subir las apuestas, así que envuelvo mi brazo alrededor de Bella, la empujo hacia mí y beso su frente.
—Tienes razón, Isabella. —Digo su nombre de pila completo con su mismo entusiasmo fingido. Sé lo mucho que le molesta—. Olvidé mencionar unos viejos amigos de mi pasado. Supongo que esto significa que tendremos que pasar más tiempo juntos para llegar a conocer todos los aspectos de la vida del otro. —Pellizco su barbilla con el pulgar y el dedo índice y sonrío mientras entrecierra sus ojos.
— ¿Demetri ha vuelto? ¿Está viviendo con nosotros? —Pregunta Caulder.
Asiento con la cabeza.
—Necesitaba un lugar para dormir durante un mes más o menos.
— ¿Por qué no se está quedando con su madre? —Pregunta mi abuela.
—Ella se volvió a casar mientras él se encontraba en el extranjero. No se lleva bien con su nuevo padrastro, por lo que está buscando un lugar propio —Digo.
Bella se inclina hacia adelante en un intento de eliminar discretamente mi brazo que está colgado en su hombro. En cambio, la aprieto con más fuerza y acerco mi silla más a la de ella.
—Bella dio una buena primera impresión cuando conoció a Demetri —Digo, refiriéndome a su rabieta sin camisa en mi sala de estar—. ¿Verdad, cariño?
Presiona el tacón de su bota en mi pie y me sonríe de nuevo.
—Sí —dice. Empuja la silla hacia atrás y se levanta—. Disculpen. Tengo que ir al baño. —Golpea su servilleta sobre la mesa y me echa una mirada mientras se aleja.
Todos los demás en la mesa son ajenos a su ira.
—Ustedes dos parecen haber superado lo de la semana pasada —dice mi abuelo después de que ella desapareció por el pasillo.
—Sip. Nos llevamos genial —Digo. Meto una cucharada de patatas en mi boca.
Bella permanece en el cuarto de baño por un buen rato. Cuando regresa, no habla mucho. Seth, Caulder y Magníficotony hablan de videojuegos mientras que Bella y yo terminamos nuestra comida en silencio.
—Edward, ¿me puedes ayudar en la cocina? —Dice mi abuela.
Mi abuela es la última persona que pide ayuda en la cocina. O estoy a punto de cambiar una bombilla o recibir un sermón. Me levanto de la mesa, tomo mi plato y el de Bella, y la sigo a través de la puerta de la cocina.
— ¿Qué fue todo eso? —Dice mientras tira las sobras en la basura.
— ¿A qué te refieres? —respondo.
Se seca las manos en el paño de cocina y se apoya en el mostrador.
—Ella no está muy feliz contigo, Edward. Puedo ser vieja, pero reconozco el desdén de una mujer cuando lo veo. ¿Quieres hablar de ello?
Es más observadora del crédito que le doy.
—Supongo que no puede hacer daño en este punto —Digo, apoyándome en el mostrador de la cocina junto a ella—. Está enojada conmigo. Toda esta cosa con Tanya la semana pasada la dejó dudando de mí. Ahora piensa que estoy a su lado porque siento lástima por ella y Seth.
— ¿Por qué estás con ella? —Pregunta mi abuela.
—Porque sí. Estoy enamorado de ella —Digo.
—Bueno, te sugiero que se lo demuestres mejor —Dice. Toma el trapo y comienza a limpiar el mostrador.
—Lo hago. No puedo decirte cuántas veces se lo he dicho. No puedo hacer que le entre en la cabeza. Ahora quiere que la deje sola para que pueda pensar. Estoy tan frustrado. No sé qué más puedo hacer.
Mi abuela rueda los ojos ante mi percibida ignorancia.
—Un hombre puede decirle a una chica que está enamorado de ella hasta que su cara esté azul. Las palabras no significan nada para una mujer cuando su cabeza está llena de dudas. Tienes que demostrárselo.
— ¿Cómo? ¿Qué otra cosa puedo hacer? He desconectado su coche, así tendría que viajar hoy aquí conmigo. Excepto acosarla, no sé qué más puedo hacer para mostrarle.
Mi patética confesión provoca una mirada de desaprobación.
—Eso más bien es una buena manera de conseguir encarcelarte a ti mismo, no de volver a ganar el corazón de la chica de la que estás enamorado —dice ella.
—Lo sé. Fue una estupidez. Estaba desesperado. Me he quedado sin ideas.
Se acerca a la nevera y saca un pastel. Lo pone en el mostrador junto a mí y empieza a cortar rebanadas.
—Creo que el primer paso es que te tomes un poco de tiempo para cuestionarte por qué estás enamorado de ella, y luego busques la manera de transmitírselo. Entre tanto, tienes que darle el espacio que necesita. Me sorprende que con el pequeño espectáculo que acabas de montar en la cena no hayas conseguido un puñetazo.
—La noche aún es joven.
Mi abuela se ríe, coloca una rebanada de pastel en un plato, luego se da la vuelta y me lo da.
—Me gusta, Edward. Mejor no arruines esto. Es buena para Caulder.
El comentario de mi abuela me sorprende.
— ¿En serio? Pensé que no te gustaba mucho.
Continúa cortando rebanadas del pastel.
—Sé qué piensas eso, pero me gusta. Lo que no me gusta es la forma en que siempre estás encima de ella cuando estás a su alrededor. Algunas cosas es mejor dejarlas en privado. Y me estoy refiriendo al dormitorio, no a la lavandería —Dice mientras sacude su cabeza y me frunce el ceño.
No me di cuenta de que hice alarde públicamente de mi afecto hacia Bella. Ahora que mi abuela y Bella, ambas han sacado el tema, es algo vergonzoso. Supongo que el incidente de antes en la lavandería tampoco ayudó a disuadir la opinión que Bella piensa que mi abuela tiene de ella.
— ¿Abuela? —Pregunto mientras tomo mi postre. Nunca me dio un tenedor, así que arranco un pedazo de la corteza y lo meto en mi boca.
— ¿Hum? —Se da cuenta de que estoy comiendo con las manos por lo que mete la mano en el cajón, saca un tenedor y lo deja caer en mi plato.
—Ella sigue siendo virgen, ya sabes.
Los ojos de mi abuela se agrandan y se da la vuelta hacia el pastel para cortar otro trozo.
—Edward, eso no es asunto mío.
—Lo sé —Digo—. Sólo quiero que sepas esto sobre ella. No quiero que pienses lo contrario.
Se gira y me da dos platos más de postre, luego agarra dos más y señala con la cabeza la puerta de la cocina.
—Tienes un buen corazón, Edward. Ella cambiará de opinión. Sólo tienes que darle tiempo.
Bella se sienta en el asiento de atrás con Seth en el camino a casa y Caulder viaja junto a mí. Los tres hablan todo el viaje a casa. Seth y Caulder están disertando sobre todo lo que hicieron con Magníficotony. No digo una palabra. Los desconecto y conduzco en silencio.
Después de que estaciono en mi casa y todos salen del coche, sigo a Bella y Seth mientras hacen su camino a través de la calle. Ella se dirige dentro sin decir una palabra. Levanto el capó de su jeep y vuelvo a conectar la batería, luego lo cierro y regreso a mi casa.
Aún no son ni las diez de la noche, no estoy cansado en absoluto. Caulder está en la cama y Demetri es más que probable que aún esté con Tanya. Me siento en el sofá y enciendo el televisor cuando alguien llama a la puerta.
¿Quién vendría tan tarde? ¿Quién golpeó? Abro la puerta y mi estómago da vuelta cuando veo a Bella, temblando en el patio. No se ve enojada, lo cual es una buena señal. Sus manos están tirando de su chaqueta con fuerza alrededor de su cuello. Tiene sus botas de nieve puestas sobre sus pijamas. Se ve ridícula... y hermosa.
—Hola —le digo, un poco demasiado ansiosamente—. ¿Aquí por otra estrella? —Doy un paso a un lado y entra—. ¿Por qué llamaste? —pregunto, cerrando la puerta detrás de ella.
No me gusta que llamara a mi puerta. Nunca golpea. Ese pequeño gesto revela algún tipo de cambio en nuestra relación que no puedo precisar, pero sé que no me gusta.
Simplemente se encoge de hombros.
— ¿Puedo hablar contigo?
—Me gustaría que me hables —le digo. Los dos nos abrimos paso hasta el sofá. Normalmente, se acurrucaba a mi lado y se sentaba sobre sus pies. Esta vez, se asegura de que hay un montón de espacio entre nosotros, mientras cae en el extremo opuesto del sofá. Si he aprendido algo en toda esta semana, es el hecho de que no me gusta el espacio. El espacio es una mierda.
Me mira y trata de reunir una sonrisa, pero no sale bien. Parece más como si estuviera tratando de no compadecerme.
—Prométeme que me escucharas sin discutir primero —Dice—. Me gustaría tener una conversación madura contigo.
—Bella, no puedes sentarte allí y decir que no te escucho hasta el final. ¡Es imposible escucharte sin interrumpir cuando estás tallando calabazas todo el maldito tiempo!
— ¿Ves? Ahí. ¡No hagas eso! —Dice.
Agarro el cojín a mi lado y cubro mi cara con él para ahogar un gemido frustrado. Ella es imposible. Bajo la almohada de nuevo y descanso el codo sobre ella mientras me siento cómodo y me preparo para su conferencia.
—Estoy escuchando —Digo.
—No creo que entiendas mi posición en absoluto. No tienes ni idea de por qué estoy teniendo dudas, ¿verdad?
Tiene razón, no lo hago.
—Ilumíname —Digo.
Se quita su chaqueta y la tira sobre el respaldo del sofá y se pone cómoda. Me equivoqué, no está aquí para darme un sermón, puedo decirlo por la forma en que me habla. Está aquí para tener una conversación seria, así que decido respetuosamente escucharla.
—Sé que me amas, Edward. Me equivoqué con lo que dije antes. Lo sé. Y te amo, también.
Es obvio que esta confesión no es más que un prólogo para otra cosa que está a punto de decir. Algo que no quiero oír.
—Pero después de escuchar las cosas que Tanya te dijo, eso me hizo ver nuestra relación de una manera diferente. —Pone las piernas en el sofá y se sienta al estilo indio, frente a mí—. Piensa en ello. Comencé a recordar de nuevo aquella noche de slam el año pasado, cuando finalmente te dije cómo me sentía. ¿Y si no hubiera aparecido esa noche? ¿Qué si yo no hubiera venido a ti y te hubiera dicho lo mucho que te amaba? Nunca me habrías leído tu slam. Habrías tomado el trabajo en la secundaria y probablemente ni siquiera estaríamos juntos. Así que puedes ver dónde entra mi duda en el juego, ¿verdad? Parece que sólo querías sentarte y dejar que las fichas cayeran donde pudiera. No luchaste por mí. Sólo ibas a dejarme ir. Me dejaste ir.
La dejé ir, pero no por las razones que está diciendo. Ella lo sabe. ¿Por qué lo duda ahora? Hago mi mejor esfuerzo para ser paciente cuando respondo, pero mis emociones están todas mezcladas. Estoy frustrado, enojado, feliz de que esté aquí. Es agotador. Odio pelear.
—Sabes por qué tuve que dejarte ir, Bella. Había cosas más grandes ocurriendo el año pasado aparte de nosotros. Tu madre te necesitaba. No sabía cuánto tiempo tenía. La forma en que nos sentimos el uno por el otro habría interferido con el tiempo que te quedaba con ella, y te habrías odiado por ello más tarde. Esa es la única razón por la que me rendí, y lo sabes.
Niega con la cabeza en desacuerdo.
—Es más que eso, Edward. Ambos hemos experimentado más dolor en el último par de años de lo que experimenta la mayoría de la gente en una vida. Piensa en el efecto que tuvo sobre nosotros. Cuando finalmente nos encontramos el uno al otro, nuestro dolor fue como nos relacionamos. Luego, cuando nos dimos cuenta de que no podíamos estar juntos, eso lo hizo aún peor. Sobre todo porque Seth y Caulder eran mejores amigos por ese entonces. Tuvimos que interactuar constantemente, lo que hizo aún más difícil apagar nuestros sentimientos. Y para colmo de males, mi mamá acabó teniendo cáncer y yo estaba a punto de convertirme en un tutor, igual que tú. Así fue como nos relacionamos. Había todas estas influencias externas en juego. Casi como si la vida nos forzara a estar juntos.
La dejo continuar sin interrumpirla como pidió, pero me dan ganas de gritar de pura frustración. No estoy seguro de a qué punto está llegando, pero me parece que ha estado pensando demasiado.
—Elimina todos los factores externos por un segundo —Dice ella—. Imagínate si las cosas fueran así: Tus padres están vivos. Mi mamá está viva. Seth y Caulder no son los mejores amigos. No somos tutores con enormes responsabilidades. No tenemos ningún sentido de obligación de ayudarnos el uno al otro. Nunca fuiste mi maestro, por lo que nunca tuvimos que experimentar esos meses de tortura emocional. Sólo somos una pareja joven con absolutamente ninguna responsabilidad o experiencias de vida que nos aten juntos. Ahora dime, si todo eso fuera nuestra realidad actual, ¿qué sobre mí amarías? ¿Por qué querrías estar conmigo?
—Esto es ridículo —murmuro—. Esa no es nuestra realidad, Bella. Tal vez algunas de esas cosas son la razón de que estemos enamorados. ¿Qué hay de malo en eso? ¿Por qué es importante? El amor es el amor.
Se escabulle más cerca de mí en el sofá y toma mis manos entre las suyas, mirándome fijamente a los ojos.
—Importa, Edward. Es importante porque dentro de cinco o diez años, esos factores externos ya no van a estar en juego en nuestra relación. Sólo seremos tú y yo. Mi mayor temor es que despertarás un día y te darás cuenta de que todas las razones para estar enamorado de mí se han ido. Seth y Caulder no estarán aquí para depender de ninguno de nosotros. Nuestros padres serán un recuerdo fugaz. Ambos tendremos carreras con las que podamos apoyarnos de forma individual. Si estas son las razones por las que me amas, no quedará nada más para sostenerte a mí más que tú conciencia. Y conociéndote, vivirías con eso internamente porque eres demasiado bueno como para romper mi corazón. No quiero ser la razón por la que termines con remordimientos.
Ella se levanta y se pone su chaqueta.
Empiezo a protestar ante todo lo que dice, pero tan pronto como abro la boca, me interrumpe.
—No —Dice con una mirada seria en su cara—. Quiero que pienses en esto antes de que te opongas. No me importa si te toma días, semanas o meses. No quiero saber de ti otra vez hasta que puedas ser completamente real conmigo y dejes mis sentimientos por ti fuera de tu decisión. Me debes esto, Edward. Me lo debes para asegurarnos de que no estamos a punto de vivir una vida en común de la que algún día te arrepentirás.
Camina hacia la puerta y la cierra con calma detrás de ella.
¿Meses? ¿Acaba de decir que no le importa si toma meses?
Lo hizo. Dijo meses.
Dios mío, todo lo que dijo tiene sentido. Está completamente equivocado, pero tiene sentido. Lo entiendo. Puedo ver por qué está cuestionando todo. Puedo ver por qué duda de mí ahora.
Media hora pasa antes de que siquiera mueva un músculo. Estoy completamente perdido en mis pensamientos. Cuando por fin me libero del trance en el que estoy, llego a una sola conclusión: Mi abuela tiene razón. Bella necesita que le muestre por qué la amo.
Empiezo a formular un plan cuando primero decido tomar inspiración del jarrón. Despliego la estrella y la leo.
"La vida es difícil. Y es aún más difícil cuando eres estúpido. "
~John Wayne.
Suspiro. Echo de menos el sentido del humor de Renne.
¿Qué piensan? Yo en lo personal, creo que Bella tiene razon. Edward se estaba empezando a comportar como un niño de 5 años ¡los dos estaban empezando a comportarse así! Es sorprendente que Bella sea la que tome la inicativa de tiener una "conversación seria" en cierto modo, su punto es válido... Ellos dos han sufrido más que cualquier persona normal, y puede que esos eventos son los que los enamoraron (como dijo Edward) pero también uno necesita que la persona que dice que te ama te ame por lo que eres y no por como te enfrentas a determinadas situaciones, entiendo a Bella pero también entiendo a Edward... Esperar a ver que pasará cn estos dos.
Perdón por la demora y por fa dejenme un review para saber si les gusta la historia.
Travesura realizada, Nox
Paula!
