Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, todos son propiedad de Rumiko Takahashi.
Mi pequeño regalo para esta Navidad. Al escribir este capitulo, no lo he hecho con intención de insultar la cristiandad.
Hamaca
Extraños cánticos sobre niños recién nacidos y reyes magos que iban a un lejano lugar llamado Belén traladaban las orejas del muchacho. La casa de Kagome estaba llena de desconocidos que, según ella, eran sus primos, tíos y sobrinos. Un árbol lleno de bolas y luces de colores se hallaba en una esquina, debajo de él se amontonaban varios regalos y su cima estaba coronada por una estrella. La señora Higurashi se había esmerado en adornar su hogar para recibir a la familia, cantar villancicos y celebrar aquella fecha tan especial.
— ¿Qué es lo que celebramos?—preguntó Inuyasha con confusión, mirando intrigado las guirnaldas que colgaban de las ventanas y el radio del que salían aquellas raras tonadas.
Los familiares de la sacerdotisa lo miraron incrédulos y los niños soltaron leves carcajadas, ¿Cómo aquel chico no sabía de qué trataba la Navidad?
—Estamos celebrando el Nacimiento de nuestro Salvador, Inuyasha. —le contestó la madre de Kagome con una sonrisa maternal.
Inuyasha asintió, aún sin entender nada. ¿Quién era ese Salvador? ¿Qué había hecho para que hubiera un día en su honor?
Se sentía incomodo en aquel lugar. Las primas de Kagome lo miraban de manera…extraña, intentando que se parara bajo el marco de las puertas; donde unas ramitas de muérdago colgaban. Los tíos cuarentones lo agarraban por los hombres y le mascullaban, con un leve aroma a licor, lo mal que se veía llevar el cabello largo siendo un hombre y las múltiples torturas que sufriría si le pusiera un dedo encima a su sobrina. Los chiquillos lo seguían de aquí para allá, pidiendo ver su espada o que al menos les dejara tocar sus colmillos; parecidos a los de un vampiro.
Para colmo, Kagome había estado hablando con sus parientes y ayudando a su madre en la cocina; y no había tenido tiempo para darle siquiera una mirada. Esto había hecho enojar mucho al mitad bestia, quien decidió sentarse en el comedor hasta que sirvieran el festín.
La chica también lucía incómoda; corriendo de un lado al otro para atender a todos los invitados y tratando de que la conversación fluyera con ellos. Sus primas habían preferido evitarla al ver que no conocía nada sobre las últimas tendencias y que se negaba a confesarles el nombre del galán que la acompañaba.
En esos momentos, ella ayudaba a su madre en la cocina. El pavo, el jamón, los turrones y el té debían quedar perfectos; sin embargo, eso era algo difícil considerando la distracción de Kagome.
—No luce muy divertido—comentó la señora mientras hervía el agua.
—No esta acostumbrado, eso es todo. —contestó Kagome, deteniendo el trabajo y dándole un vistazo al irritado chico—Él cree que la Navidad gira en torno a los regalos, la deliciosa comida y pasarla bien con los amigos. Creo que no he logrado explicarle bien las cosas.
—Es comprensible, proviene de otra época. —murmuró su madre, sacando el pavo del horno.
—Esta incómodo, ¿no crees?—pregunto Kagome, echándole nerviosas miradas al reloj y botando el pie contra el suelo.
La señora sólo la miro sonriente y suspiró. El interés de su hija por el joven era más que evidente y la necesidad de salir huyendo de la fiesta estaba latente en el aire. Había visto como Kagome no lograba integrarse a las charlas de sus primos; ella era indiferente a las frivolidades en las que pensaban y no estaba interesada en el tema. Desde que había atravesado el pozo, era como si perteneciera a la otra época pues pasaba más tiempo en ella que en la propia; y mientras eso la hiciera feliz su madre evitaría que aquello cambiase.
—Ya puedes irte—dijo como si nada, limpiándose las manos con un trapo.
— ¿Estás segura? ¿Y los postres y el té?—preguntó Kagome con incredulidad; pero con un brillo ansioso en los ojos—¿No necesitas ayuda?
—Claro que no—contestó la mujer—Ya casi todo esta listo, tengo las cosas bajo control y falta poco para la medianoche. No te preocupes, yo explicare tu ausencia.
— ¡Gracias, mamá!—agradeció, abrazándola con fuerza—Te veré mañana.
Y con esas palabras salió de la cocina, recogió un fardo de colores y una diminuta caja. Trotó hasta el hanyou y sin previo aviso lo jalo, guiándolo hasta la salida.
— ¿!Qué diablos te pasa!?—cuestionó Inuyasha al verse arrastrado hasta la salida, esquivando a la gente y evitando pisar a los infantes— ¿Y la comida?
Kagome ignoró sus replicas y lo obligó a saltar por el pozo, aún agarrándolo de la mano. Una vez fuera, el chico la ayudó a salir para luego seguir con el recorrido hacia un lugar desconocido. Se habían alejado mucho de la aldea de Kaede e Inuyasha ya se había resignado a dejar que ella señalara el rumbo. Corrieron cuesta arriba, esquivando rocas y matorrales, hasta llegar a la cima de una colina.
Una vez allí, Kagome lo soltó y extendió la tela de colores por el suelo. Al verse liberado, Inuyasha sintió un vacío en el pecho y tuvo el deseo de volver a atrapar su mano entre las suyas. Intrigado, el chico vió como ella sujetaba la manta roja, azul y verde a dos sauces y luego se sentaba sobre ella.
Aprecio como su pecho subía y bajaba, debido a la agitación y apartó su vista turbado ante el rumbo de sus pensamientos. Se sentó en una esquina y observó el oscuro cielo plagado de estrellas, ignorando la mirada fija de la sacerdotisa en su nuca. Seguía sintiéndose confundido por la repentina huida; pero prefería no hablar del tema. Se sentía mejor en su época y no entre tantos parientes raros.
—Inuyasha, ven a sentarse conmigo por favor—pidió ella, palpando el lugar a su lado y dándole una de esas sonrisas a las que le era imposible resistirse.
Resignado, el joven se levantó de su lugar y se sentó a su lado. Su cercanía le resultaba algo incómoda y placentera a la vez, lo ponía nervioso y eso era algo que Inuyasha detestaba con toda el alma.
Desde allí, podían ver parte de la aldea y varios arboles llenos de frutos jugosos. Se podría decir que era una linda vista.
— ¿Para qué me arrastraste aquí?—preguntó irritado y balanceándose—¿Para qué trajiste esta manta?
Ella le frunció el ceño un momento al ver interrumpido su conteo mental, si no se equivocaba faltaban segundos para la medianoche.
—No es una manta, es una hamaca. —explicó ella más relajada—Y te traje para darte esto.
Acto seguido, Kagome sacó la caja de sus bolsillos y se la extendió al chico con nerviosismo. Sus manos temblaban levemente y esperaba, expectante, alguna reacción ante el presente.
Inuyasha solamente miró la caja sorprendido, pues a lo largo de su vida no había recibido muchos regalos. Rasgó el papel dorado con sus garras y abrió el empaque, encontrándose con una foto enmarcada de la muchacha de negros cabellos y él; la foto había sido tomada hace unos meses en una tienda de disfraces en el centro de Tokio. Kagome vestía de ángel con corto vestido, alas y tiara mientras lo abrazaba divertida por la espalda; el vestía, irónicamente, de perro, llevando un collar y un ridículo traje moteado.
—Gracias—masculló sonrojado, ya que no estaba acostumbrado a agradecer nada.
Posó su mirada en la adolescente que retorcía sus manos en el regazo y lo observaba con un gran sonrojo invadiendo su rostro. Cohibida, Kagome acercó su rostro al suyo y le plantó un beso en sus labios; apenas un piquito pero aún así un beso.
—Feliz Navidad, Inuyasha—murmuró sonriente y apoyándose en su brazo. Se había debatido semanas sobre si era lo adecuado o no demostrarle sus sentimientos al hanyou y al final se había decidido a mostrar lo que escondía su corazón al chico.
Aquella fecha tan especial era el momento indicado para demostrar el amor que sentía por todos los que la rodeaban. Pues el amor era el motor que impulsaba sus vidas y les daba fuerzas para seguir su lucha contra Naraku, siempre unidos contra la adversidad.
Inuyasha pasó un brazo por sus hombros y, con nerviosismo, le dió un beso en la cabeza; sintiéndose reconfortado por la tranquilidad del ambiente.
"Feliz Navidad, Kagome"
N/A
Espero les haya gustado y a todos/as les deseo una muy feliz navidad. ^^
Esta será mi última historia tan "dulce". Una vez que termine "Tú y Yo" planeo conseguirme un beta y empezar a elaborar un nuevo fic donde trataré de que el relato no sea tan dulce; sino más amargo e intentare entrar en algún otro género.
¡Gracias por leer!
