Estamos justo frente al burdel.
Los ojos de Ichimatsu están abiertos como platos, me mira en busca de una explicación, pero lo ignoro y entro. Él no me sigue.
Apenas y pongo un pie ahí y las señoritas se abalanzan contra mí. Las ignoro olímpicamente a todas y me muevo hasta la barra, donde está el dueño.
Apenas me ve, me reconoce.
-Tu padre está por Allá- señala la mesa del final.
Muerdo mis labios y me acerco. Parece dormido, pero sé que no lo está porque balbucea ofensas hacia mamá.
-Papá, vamos a casa- apenas y toco su hombro cuando me toma por el cuello y me pega a la pared, con esfuerzo logro tocar el suelo con las puntas de mis pies.
Papá parece asesinarme con la mirada. Es como si creyera tener rayos láser y estarme evaporando con ellos.
-P- pa...pá- pongo ambas manos en las suyas en un intento de que suelte mi bufanda; la está apretando y acabando con mi aire.
-Lo que Han dicho- aprieta con más fuerza- ... ¿es mentira?-
No tengo ni la menor idea de a lo que se refiere, pero no es nada bueno para que esté intentando ahorcarme.
Vuelve a jalarme hacia él para devolverme a la pared, esta vez con más fuerza. Creo que me romperé. Me suelta al final y me esfuerzo por mantenerme en pie. Un golpe con el dorso de su mano me tira al suelo.
Levanto la vista hacia él, determinando si debo permanecer ahí o levantarme. No me da tiempo para decidirlo, su patada me ha sacado el aire. Llevo mis manos a mi estómago y mi vista a los alrededores; Nadie va a defenderme, pero obviando eso, estoy feliz porque Ichimatsu no ha entrado.
-Los hijos de puta de tus amigos dicen que eres gay- refunfuña y patea ligero mis pies.
Algún día tenía que enterarse así que no estoy sorprendido.
Papá sabe reconocer mi silencio. Desde arriba me ve amenazante.
-Igual de puta que su madre- dice con sorna.
Da media vuelta y desaparece.
Los ebrios y las señoritas intercambian miradas y palabras de lastima. No es que importe. Un pre-molido saco de boxeo no hace la diferencia para Iyami y Osomatsu.
Me reincorporo, el sabor metálico en mi boca me indica que mi labio ha vuelto a sangrar, a este paso nunca sanara.
Ichimatsu.
Su nombre y el hecho de que él sigue afuera, esperándome, vienen a mí.
Tomo esto como una oportunidad. Me acerco al dueño, pido permiso para salir por la puerta trasera. Él me da un pañuelo para que limpie mi labio y me concede el permiso.
Abro y salgo con cautela.
El sol apenas y comienza a brillar. Las nubes grises a su alrededor le impiden que brille por completo.
Una metáfora.
El sol puedo ser yo, las nubes pueden ser todos a mi alrededor.
Me siento estúpido pensando esto; el sol es algo maravilloso, debe sentirse ofendido por mi atrevimiento.
Paso por la plaza y miro el reloj. No tengo tiempo de volver a casa, debo ir a la escuela.
Continuo mi camino y mientras lo hago no puedo desear otra cosa que no sea que papá este bien. Él es un hombre cruel y me golpea cada que quiere, pero yo sé que lo hace porque se siente herido, y si yo puedo servir de algo, aunque sea para eso, me siento conforme. Digo, por lo menos aún me nota, me da un techo donde dormir y un lugar al que llamar "hogar", aunque de eso último ya no estoy seguro. Es posible que si algún día mamá despierta, lo haga con la misma razón con la que durmió. Suena iluso, quizá imposible... pero yo aún deseo algo a lo que llamar familia.
Me río de mí mismo.
El pasado es pasado, no importa cuánto desees volver el tiempo y remediar tus errores, deseos tan estúpidos como el de tener una familia, nunca se cumplen. Es una pérdida de tiempo siquiera pensar en ellos.
No vale la pena tener sueños, o alguna meta. Si las tienes tus ilusiones comenzaran a crecer y te crearás expectativas de ti mismo demasiado altas, tan altas que cuando caigas el dolor de la decepción será tan grande que desearás morir. Yo lo puedo asegurar; no importa cuánto tiempo lo haya deseado, el botón del tiempo nunca apareció; no importa cuánto desee un futuro, no puedo asegurar que lo tendré.
Es mejor vivir sin desear nada, de eso modo no hay ilusiones que te hagan volar, sueños que te hagan reír, esperanza que te haga amar...no hay decepciones porque no esperas nada de nadie. Ni siquiera de ti mismo.
Hay algo que siempre me digo y es que siempre hay que vivir con miedo a la decepción.
He llegado a la escuela, es un poco temprano y hay muy pocos alumnos. La mayoría son los miembros del equipo de fútbol y de baloncesto. Las porristas también están aquí.
Jyushiko viene a mi mente.
Camino hasta mi Casillero. Me sorprendo al ver a Todomatsu, aunque no me extraña; él es un chico muy listo y quiero creer que ha venido antes para estudiar en la biblioteca.
Le sonrió, el al notarlo se gira y se apresura a tomar sus cosas.
La última vez que pude hablar con él, no fue muy agradable. Era el tercer día de nuestro segundo año de secundaria. Ya me había evitado los dos primeros días, pero me obligué a creer que no lo hacía a propósito. Al terminar nuestro primer año aun éramos amigos, así que no me preocupe, no creí que el hecho de que mamá durmiera, papá bebiera y el que yo usara ropas de segunda que había logrado comprar con ayuda de mis hurtadillas nocturnas a los pantalones de papá marcara una diferencia en nuestra amistad.
-No perteneces a nosotros - se burló Todomatsu, cuando me acerque a él y a Jyushimatsu. Fui tan ingenuo que pretendí haber escuchado mal.
Sonreí y mire a Jyushimatsu. Él no me defendió, al igual que Todomatsu, se rió de mí.
Me di media vuelta completamente humillado.
Ese mismo día me daría cuenta que ellos y sus familias, habían escuchado el rumor de "Karako y su bastardo". No me dejaron explicarles, a pesar de saber que nadie más que yo, podría saber que tan ciertos eran esos rumores.
Los días pasaron y la rapidez con la que los demás se integraron a las burlas, fue increíble. Pronto me vi envuelto en continuos insultos, golpes hacia mis libros para que cayeran de mis manos, "tropiezos" cuando llevaba mi bandeja de comida.
Cada día desde entonces ha sido un juego de supervivencia.
Pero a pesar de tener esa actitud, se ha vuelto un chico hermoso. Su cabello negro ha crecido un poco, aunque recientemente lo corto. También, ha crecido bastante, aunque es un poco femenino la verdad.
Creo que el ADN Irino hace maravillas.
Todomatsu ha terminado de coger sus libros y sin devolverme la sonrisa, se ha alejado.
Suspiro resignado y cojo mis libros. Antes de ir a mis clases paso por los baños.
Me pongo frente al espejo y mi reflejo me recuerda, que la razón por la cual me siento tan cálido, es porque aun llevo la chaqueta de Ichimatsu. Se la devolveré.
Me la quito y la pongo a un lado. Me acerco al espejo, humedezco el pañuelo y limpio mi labio, una vez que termino, me cercioro que no haya nadie y levanto mi camisa.
Los golpes están comenzando a marcarse.
-Una noche divertida, Nakamura!-
Bajo mi camisa, tomo la chaqueta, doy media vuelta y retrocedo unos pasos.
Uno de los amigos de Iyami camina hacia el lavamanos, sin dejar de mirarme. La salida ha quedado de su lado y me siento acorralado.
-Iyami no ha podido venir por tu culpa- dice desafiante.
-No me importa- sonrío amargamente.
Él sigue acercándose y yo sigo retrocediendo, hasta que la pared me lo impide. Coloca sus brazos a mis costados y me impide escapar. Su rostro se acerca al mío, pero me giro antes de que haga algo más.
-Iyami me dijo que lo has rechazado- esta vez es él quien acaricia mis caderas -¿No es esto lo que Te gusta?- susurra y besa mi cuello.
Esto puede sonar incoherente en mi situación, pero es la verdad. él está siendo más amable que Iyami. Sus manos no son tan rasposas y la forma en la que me prepara para lo que va a hacer es gentil. Tan gentil que hasta me estremezco ante su tacto.
-¿Acaso el que te intereses por mí no te hace gay?- cuestiono.
Él se carcajea.
-Soy hombre y los hombres sucumbimos ante tentaciones- afirma y vuelve a mi cuello.
Sus manos siguen viajando por mi cuerpo; acariciando mi torso con maestría. Coloco mis manos en su pecho, para crear distancia y alejarlo.
-¡Detente!- ordeno. Estoy libre, aprovecho la situación sabiendo que es posible no haya una segunda vez y golpeo su entrepierna.
Se tumba al piso con las manos en su amigo.
Sin remordimiento hecho a correr.
Esto también es algo nuevo para mí; nunca antes me habían acosado de esa forma, siempre golpes o insultos, nunca habían tocado más de la cuenta. El que haga esto así de pronto me causa pavor. Tengo que descubrir que hay detrás de todo esto y tengo que evitar, de algún modo quedarme a solas con ellos.
Salgo por la entrada principal, hay más alumnos que cuando llegué. Me abro paso entre ellos, no voy a un lugar en específico, solo quiero alejarme. Llego al estacionamiento, aliviado de saber que él no me ha seguido. Mi andar es tranquilo pero nervioso, estoy comenzando a arrepentirme de lo que he hecho, el golpear a uno de mis verdugos es igual a firmar mi contrato de muerte; durante clases no habrá mucho problema, ellos no podrán lastimarme, pero en las horas libres tendré que ocultarme. Por alguna razón los maestros nunca están cuando se les necesita.
Tengo esperanzas de que eso cambie.
Siempre digo que no vale la pena. Pero está bien tener esperanzas estúpidas cuando eres estúpido.
