Capítulo 11
- Interesante… - Pronunció Pete nunca dejando de enfocar con la cámara a Susana, pasando de su rostro a los senos – Siempre había querido saber los escabrosos detalles de cómo lograste atrapar a Terry – Se acercó más al cuerpo de la rubia comenzó a acariciarle las piernas – No te fue demasiado difícil ¿Verdad? – Le preguntó entre risas.
- Eso es lo que tú piensas – Dijo Susana con fastidio. No se sentía intimidada por la cámara que estaba grabando todas las palabras que salían de su boca, sino que por el contrario, veía algo perversamente excitante en todo eso – Dos semanas después de esa noche me hice una prueba cacera de embarazo.
- Que dio positiva.
- ¡Claro que no! – Exclamó ella - ¡Fue negativa! Todo lo que había planeado resultó en vano. No estaba embarazada y Terry no tardaría en dejarme – Pete quedó atónito con la confesión de Susana. Si su hermano no era el padre de Davy entonces… - Se lo que estás pensando – Le dijo ella – Y la respuesta no es fácilmente deducible.
- No lo creo… - Respondió el con escepticismo. Tenía una idea de cómo podrían haber sido las cosas, pero quería oírlo de los labios de ella.
- Tu padre estaba enfadado por no haber logrado el objetivos – Susana estallo en risas – Deberías haber oído la manera en que insulto a Terry por no haber sido capaz de embarazar a una mujer… pero había que actuar, y Richard no tuvo mejor idea que encargarse él mismo del trabajo.
Susana todavía recordaba el día en que Davy había sido concebido. En un primer momento se había espantado al oír el plan de Richard, pues ella era una adolecente de 17 años y él… bueno, él era el padre de su novio. No es que fuera un hombre desagradable, de hecho Terry había heredado sus rasgos, pero aun así no se animaba a hacerlo.
Richard le prometió que solo sería un medio para lograr sus objetivos, no existirían sentimientos entre ellos, ni "rarezas", y después de pensarlo bien, Susana decidió aceptar.
Solo fue una vez, y eso basto para que Susana quedara embarazada. Hacer el amor con Richard no había sido lo mismo que hacerlo con Terry, había llorado durante todo el acto, y nunca logró sacarse la sensación de aquel hombre treinta años mayor que ella sobre su cuerpo. Pero el plan había dado frutos, y nueve meses después Susana se encontraba en la sala de parto al lado de su flamante marido y dando a luz un hermoso niño de cabellos castaños y ojos azules.
- Terry jamás podría negar que Davy es su hijo – Continuó Susana – Acostarme con Richard fue la mejor decisión que he tomado en mi vida.
- Déjame decirte, querida, que ni siquiera a mí se me habría ocurrido algo tan maquiavélico.
- ¿No estas enfadado?
- ¿Por qué debería estarlo?
- Tu padre le fue infiel a tu madre conmigo.
- No te sientas tan especial, Susy – Le dijo él mientras se levantaba de la cama y apoyaba la cámara de video sobre el escritorio, asegurándose de tener una buena perspectiva – A lo largo de su vida mi padre ha tenido más amantes de las que pudieras imaginarte – Espió por la pantalla de la cámara y volvió a la cama conforme – En este mismo momento está dándose un revolcón con esa empleada de la joyería de los Waitzman.
- Quien lo diría… - En realidad no le sorprendía mucho. Había conocido a Richard Grandchester lo suficientemente bien como para saber que se trataba de un hombre sin moral ni escrúpulos.
- Bueno, bueno… ha sido una charla muy interesante – Dijo Pete mientras se tendía sobre el cuerpo de Susana – Pero se me ocurren cientos de cosas más divertidas que hablar sobre mi hermano y Davy.
Susana no replicó cuando Pete comenzó a penetrarla y se rindió en sus brazos, siendo único testigo aquella cámara de video que registraba cada instante de esa perversa relación.
ooo
Terry había pasado la tarde entera en compañía de su hijo. Le hubiera gustado ir a visitar a Candy pero era consciente de que debía darle espacio suficiente para pensar en lo que había sucedido la noche anterior. Ella estaba pasando por un momento malo, y no quería exaltarla más de lo necesario. Esperaría a que estuviera dispuesta a mantener una conversación madura.
Había llevado a Davy al parque donde el pequeño se había entretenido jugando con otros niños de su edad. Terry sintió una punzada de dolor al darse cuenta que nunca había pasado demasiado tiempo con su hijo. En parte echaba la culpa a la conflictiva situación que siempre había llevado con Susana, pero es que lo fastidiaba tanto estar cerca de ella que no soportaba siquiera verla…. Y pensando en ello, tendría que apresurarse con el tema de la casa. No era justo para Davy vivir de ese modo, y tampoco era justo para él tener que soportar los desplantes de Susana constantemente. Ya había averiguado en la inmobiliaria local y había recibido un informe con todas las casas disponibles, solo necesitaba un tiempo para analizarlos y escoger lo que más le conviniera.
- Terrence Grandchester – Escuchó él una voz a sus espaldas mientras empujaba el columpio para su hijo.
Se dio vuelta para encontrarse frente a frente con una mujer que le resultaba vagamente familiar.
- ¿Patricia O'Brien? – Estaba un poco más gordita que la última vez que la había visto, pero definitivamente era ella.
- Sí que te has convertido en toda una celebridad. Todo Lakewood esta emocionado con tu vuelta ¿Cuánto tiempo estarás aquí?
- He vuelto para quedarme – Contestó él.
- ¿Enserio? – Patty parecía complacida con eso – Entonces tal vez te gustaría participar en la obra que están preparando los alumnos de la escuela secundaria… No sé si sabes que ahora trabajo allí, soy la nueva profesora de física cuántica.
- Creo haber escuchado algo – Terry no le prestaba demasiada atención a Patty.
- ¿Entonces qué dices?
- ¿De qué?
- ¡De la obra! Los alumnos tendrán más entusiasmo si te tienen a ti para que los guíes.
- No lo sé… - Francamente no tenía ganas de tomar ese compromiso.
- ¡Oh, vamos Terry! – Insistía Patty – Todos están colaborando con esta obra de la escuela. Annie se encarga del guion, Eliza está reuniendo fondos para comprar todo lo necesario, Stear y Archie están haciendo su mejor esfuerzo con la escenografía, Candy está cociendo los trajes y Neil ayuda a los chicos con la interpretación, pero me temo que no está haciendo un buen trabajo.
- Espera, espera – En ese momento Terry prestó especial atención a Patty - ¿Qué es lo que dijiste?
- Dije que Neil no es tan buena ayuda para la obra como lo serías tú.
- No, no me refiero a ello… ¿Dijiste que Candy también está colaborando?
- Si… desde hace un par de semanas se ofreció a hacer los trajes.
Terry curvó su boca en una sonrisa de medio lado.
- Cuenta conmigo.
- ¿En serio?
- Claro.
- Bien – Patty pareció complacida - ¿Podrías pasar por la escuela el jueves a las 10 de la mañana? Así te presentaré con el resto del equipo.
- Allí estaré.
Patty se retiró con una enorme sonrisa en el rostro, feliz por haber logrado su cometido. Con Terry ayudando a los chicos en su interpretación, el éxito de la obra estaba asegurado.
Terry también estaba conforme con la decisión que había tomado. Pasar el día rodeado de unos cuantos adolecentes quejumbrosos no sería una molestia para él si tenía que compartir más tiempo junto a Candy.
- ¿Estaba esa mujer ofreciéndote trabajo? – Le preguntó su hijo.
- Algo así.
- Eso quiere decir que pasaras menos tiempo conmigo – Dijo el pequeño con tristeza.
- Claro que no – Terry se puso frente a su hijo y se agachó para quedar a su altura – Es solo un trabajo temporal, además… en dos días comienzas las clases y tú también estarás ocupado. Pero te diré algo, podrás venir conmigo cuando quieras para ver como trabajo ¿Te gustaría?
- Si – Contestó el niño con una tímida sonrisa en los labios.
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Afortunadamente, Candy había logrado pasar el resto de la tarde son tener que soportar los sermones de su madre. Al parecer Rebecca había comprendido que el momento por el cual estaba pasando su hija, después de todo, ella misma estaba sufriendo un ataque nervioso por la "traición" de Zach ¿Cómo se atrevía a embarazar a una mujer como Annie? Esa era una pregunta que Rebecca se hacía constantemente.
Zach tampoco había vuelto a llamarla, al parecer estaba demasiado ofendido como para hablar con una hermana que no aceptaba sus decisiones, sobre todo cuando esta última compartiría su mismo ADN.
Candy decidió ocupar su mente en otra cosa para no pensar ni en su hermano, ni en Annie, ni en el bebé que ambos estaban esperando. Un mes atrás, cuando Patty le había pedido que ayudara con los trajes para la obra de la escuela, Candy había maldecido por no haber podido negarse, pero ahora agradecía tener algo que hacer fuera de la cotidianeidad del trabajo.
- Gracias por ayudarme con esto – Le dijo Candy a su abuela mientras seleccionaban las telas que deberían encargar para comenzar a preparar los trajes – Ya sabes que yo no soy muy buena costurera.
- Es bueno tener algo que hacer.
- Lo sé… eso mismo pienso yo.
Helena se quedó en silencio unos minutos, pero al final no pudo evitar preguntarle.
- Has pasado la noche con Terry ¿Verdad?
- ¿Cómo lo supiste? – Candy se quedó atónita ante la pregunta de su abuela. Tenía pensado guardar esa noche que había pasado junto a Terry en un cajón bajo llave e impedir que alguien se enterase, pero algo había fallado.
- Hay algo diferente en tus ojos – Le explicó la anciana – Tienes la misma mirada que tenías seis años atrás cuando volvías a casa y me contabas que Terry te había llevado al cine o a tomar un helado.
- Yo… solo ha sido un error.
- Claro que no lo ha sido – Dijo Helena con determinación – Hace poco te dije que solo era cuestión de tiempo para que volvieran a estar juntos.
- Pero no me dijiste que tan poco tiempo – Le contestó Candy con ironía.
- Querida – Helena miró a Candy con profundo – Eres mi única nieta, y lo que más deseo en el mundo es que seas feliz, y Terry es la única persona que puede darte lo que mereces.
- Pero él me engañó – Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Candy – Aún recuerdo el día en que llegue a la escuela y me dijo que Susana estaba esperando un hijo suyo. Ni siquiera fue capaz de explicarme porque lo había hecho.
La mirada de Terry de aquel día aún estaba grabada en su mente. Su rostro se veía realmente demacrado, y tenía grandes ojeras que surcaban sus hermosos ojos azules, era evidente que había estado llorando, pero eso no impidió que Candy levantara su mano y le propinara una fuerte cachetada. Sin duda había sido uno de los peores momentos de su vida, pero los días posteriores también habían sido horribles.
Solo faltaba un mes y medio para que terminaran la escuela y Terry ya tenía una beca para estudiar arte dramático en Nueva York, Susana se iría con él y se pavoneaba constantemente diciendo que antes de mudarse se casarían. Candy no podía soportar la humillación, y lo único que deseaba era que ese mes y medio pasara lo más rápido posible. Claro que todo ese dolor la acompañó siempre, nunca había sido capaz de olvidarlo.
- Cometió un error – Le dijo Helena - ¿Y qué? Las personas cambian, querida. Terry es tu verdadero amor, y créeme cuando te digo que se cómo te sientes.
- ¿Te pasa lo mismo con el abuelo? – Le preguntó Candy - ¿Aún lo extrañas?
- Ame a tu abuelo, querida – Le contestó mientras le acariciaba el rostro – Pero no fue él mi gran amor.
- ¿Qué dices? – Candy nunca había sabido que su abuela había tenido otro amor que no fuera su abuelo.
- Paso hace muchos años – Comenzó a contarle Helena mientras Oskar subía al regazo de Candy y se acomodaba – Fue durante la Segunda Guerra Mundial, yo tenía 18 años, y por aquel entonces vivía en Varsovia junto con mis padres. Tal vez esto te sorprenda pero… estuve a punto de casarme.
- ¿Casarte? – Preguntó Candy con sorpresa - ¿Con quién?
- Su nombre era Jakob Stein. Nos habíamos conocido en la escuela, y fue un amor a primera vista. Solo faltaba una semana para la boda cuando el ejército nazi invadió el barrio donde vivíamos y fuimos llevados a los campos de concentración. Esa fue la última vez que vi a Jakob. Dos años después la guerra terminó… mis padres habían sido asesinados, pero yo logré sobrevivir y embarcarme rumbo a Estados Unidos, donde conocí a tu abuelo y nos casamos. Abner siempre supo de la existencia de Jakob, nunca se lo oculte, pero de todas maneras insistió en que nos casemos. Finalmente llegue a amarlo, pero nunca pude sentir lo mismo que sentí por Jakob. Él era el único que sabía en verdad lo que había pasado, nunca se lo conté a nadie más.
- ¿Nunca… nunca intentaste buscarlo?
- Cuando la guerra termino lo busque desesperadamente, pero no logré dar con él. Todos me decían que lo más probable era que hubiera muerto.
- ¿Y tú crees que así es?
- En mi corazón siempre sentí que él está vivo.
- ¿Y porque no lo buscas? Hoy en día con la tecnología es muy fácil encontrar a una persona ¡Tienes que intentarlo!
- Ya estoy muy vieja para eso – Helena hizo un ademán con la mano queriendo dejar el tema a un lado.
- ¡Claro que no! – Candy no podía creerlo – Tú eres la que siempre me dice que Terry y yo tenemos que estar juntos, que deje de huir de mi destino ¿Por qué lo haces tú?
- No es lo mismo – Insistió Helena – Han pasado 66 años desde la última vez que lo vi. Si en verdad está vivo, probablemente este casado.
- Pero eso no lo sabemos.
- Ya es tarde para mí, nena.
Candy decidió guardar silencio, pero bajo ningún motivo dejaría pasar la confesión que su abuela acababa de hacerle. No podía quedarse sentada viendo como ella estaba sufriendo por ese amor perdido. Estaba decida a buscar a ese tal Jakob, sabía que no sería fácil, y que tal vez su abuela se enfadara por hacerlo, pero al final todo saldría bien. En definitiva, era lo menos que podía hacer por la persona que siempre había estado a su lado, quien la comprendía mejor que nadie.
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- No puedo creer que me hayas convencido para hacer esto – Decía Susana mientras se dirigía a casa de Terry después de haber pasado cuatro horas en el cuarto de un motel haciendo el amor con Pete.
- Sabes que te ha gustado – Contestó él, riéndose mientras mantenía la mirada fija en la carretera.
Hacía un par de horas había comenzado a llover torrencialmente, y la vista se dificultaba un poco. En Lakewood, esa clase de tormentas solían ser demasiado desastrosas, y por eso no se recomendaba salir a la carretera, pero Pete no supo que pasaría hasta que comenzaron a caer las primeras gotas.
- ¡Son las diez de la noche! ¿Qué crees que dirán tus padres cuando nos vean llegar juntos y en este estado? – Ambos llevaban en sus rostros esa expresión de haber hecho el amor hace unos instantes.
- No te preocupes por eso… ya se me ocurrirá algo.
Susana decidió callarse, y Pete depositó toda su atención en la carretera. La lluvia se hacía cada vez más fuerte y ambos comenzaron a preocuparse.
- Tal vez deberías esperar a que la tormenta cese – Aconsejó ella.
- Sí – Acordó Pete – Tienes razón.
Pero cuando Pete estuvo a punto de orillarse, fue cegado por una luz blanca que vino de frente. Lo último que oyó fueron los gritos de Susana, y después todo se convirtió en oscuridad.
Continuará…
Mil gracias por todos los reviews =)
Espero que les guste este nuevo capítulo!
Besosssssssssss
