Capitulo 11: Callejón
- Esta noche iremos al Wonderland y allí ya veré ¿Vale? - propuse, mientras intentaba que el torrente de información que circulaba por mi mente no me noquease.
- Por cierto ¿necesitas ayuda con lo de tu hermana? Yo estudié dos años medicina y...
Me lancé a abrazarla antes de que pudiese continuar. Me estaba ayudando tanto...
- Gracias San, muchísimas gracias. Con que estés conmigo tengo suficiente - indiqué.
- Que cursi eres, Rach - agregó sonriente dejando una leve caricia en la mejilla.
Nos despedimos acordando vernos aquella misma noche en el Wonderland. Entonces mientras llamaba a un taxi recordé que con lo ajetreada que había sido mi mañana se me había olvidado tomar mis pastillas. Ya iban tres veces en aquella semana.
- Rachel deja de moverte, me pones nerviosa y no conduzco bien ¿Te has tomado la medicación? - me cuestionó Spencer exasperada.
Desde que me había recogido, no había parado de revolverme en el asiento. Estaba aterrorizada, porque la exhortación de Santana de que hablase con Quinn había estado rondando por mi cabeza todo aquel día. Además en teoría estábamos enfadadas, yo me había enfadado con ella sin motivo y tenía miedo de que se hubiese hartado de mí y mis paranoias.
- Sí, Spence, y aunque no tenga nada que ver, me he tomado las pastillas - respondí cansinamente - me muevo porque necesito ir al baño - me inventé.
- Estamos a punto de llegar, y más te vale que te aguantes porque como te mees en mi coche tomaré represalias - me amenazó mientras apretaba el acelerador.
- Oye... - empecé con dubitación, pero no podía contenerme más - ¿Estás bien con Quinn? Quiero decir ¿Cómo va vuestra relación?
De mi boca la palabra relación salió con un tono demasiado extraño y rencoroso. Spencer se giró hacia a mí aminorando la velocidad de su coche paulatinamente. Alzó una ceja y yo tragué saliva. Como se extendieron unos incómodos segundos de mutismo yo volví a intervenir rozando la ansiedad:
- ¿La quieres?
- ¿A qué coño viene eso? Nunca te metes en mis relaciones - supe que la pregunta le había molestando, y en cierto modo no sabía por qué.
- Solo me preocupo por ti, pensaba que a Quinn la pasaba algo... Como el otro día se bajó del escenario... - fingí inocencia. Si hubiese hecho esa actuación para un casting, no hubiesen necesitado ver al resto de concursantes porque me habrían elegido con los ojos cerrados.
- No sé que la pasó - repuso encogiéndose de hombros, mirando por el retrovisor preparándose para aparcar. - Yo estaba borracha y por la noche estaba perfectamente te lo aseguro.
Un calor inundó mi rostro. Una oleada de ira. Las palabras de Santana volvieron a embotar mi cerebro. Me aferré con fuerza al acolchado de mi asiento, para intentar reprimir las ganas que tenía de cruzarle la cara a mi amiga. Con toda la fuerza del mundo. Todavía recordaba la cara de Quinn aquel día, y se me encogía el corazón. Sus ojos estaban vidriosos, su piel pálida, y las manos le habían temblado como si todas sus fuerzas se hubieran consumido.
Por segunda vez en mi vida, me bajé de un coche prácticamente en marcha. Abrí la puerta cuando aún nos separaban más de cien metros con la puerta del Wonderland.
Descendí, teniendo que correr ligeramente para no perder el equilibrio, porque una carretera no era el mejor sitio donde desplomarse, en mi opinión. Lamenté llevar tacones, y recordé lo abultado que se había vuelto el tobillo de Santana cuando se le rompió uno de ellos.
- ¡Rachel ¿Qué coño haces?! - me gritó Spencer.
- Ya hemos llegado, luego nos vemos - me despedí dando un portazo a la puerta del coche con violencia y cruzando la calle para internarme entre los visitantes del Wonderland.
- Vamos Rachel, ya ha terminado de cantar ¿a qué estas esperando? - me instó Santana, ya claramente afectada por el alcohol. Se tambaleó en su silla y yo la sujeté por la cintura para evitar que se cayese.
Me giré suspirante hacia ella, acaba de llegar hacía apenas unos minutos, y me había derrumbado en la barra decepcionada al enterarme que Quinn ya había terminado su concierto cuando yo llegué. Me dolía, literalmente, saber que me había quedado a apenas unos minutos de haberla escuchado. La divisé entre las cabezas en continuo movimiento de la gente y volví a experimentar esa horrible sensación cuando la volví a ver así. Débil, pálida, tambaleante. Sus ojos verdes estaban brillantes, cristalinos, rodeados por unas ojeras púrpuras. Se revolvió el pelo con un pulso tembloroso, y cerró los ojos con fuerza haciendo una fugaz mueca de dolor. Britt, a su lado, la apoyó una mano en su hombro y le susurró algo al oído. Si no supiese lo buenas amigas que eran me hubiese dado celos, pero principalmente sentí un agradecimiento infinito hacia la chica rubia por ser la única que parecía prestar atención al deplorable estado de Quinn. Le preguntó algo, y la del pelo rosa negó con la cabeza. Débil, parecía que cada movimiento le costaba un esfuerzo titánico. Me pareció que empezaron a discutir, o más bien, Quinn comenzó a alterarse por las cosas que le decía Brittany. Spencer apareció en escena, se la llevó cogida de la mano mientras Britt las contemplaba con reproche. La rubia se perdió tras la puerta de la trastienda.
- No te entiendo Rachel - la voz balbuceante de Santana rompió bruscamente mi burbuja. Me sobresaltó tanto que incluso di un ridículo bote en mi silla. - ¿por qué haces esto entonces? ¿Para qué si no hablas con ella?
- No te entiendo - confesé mirándola por unos segundos, después volví a mi inservible lucha por volver a localizar a Quinn y asegurarme de que estaba bien.
- ¿Por qué huyes de Jesse, tu novio? ¿Por qué me sigues la corriente cuando quiero darle celos a Quinn? ¿Por qué piensas en ella cuando estás con él? ¿O te cuestionas si tu mejor amiga está enamorada de ella? ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene todo eso si no le vas a decir nada? - a medida que avanzaba su ronda de preguntas su voz se volvía más encriptada. Alargué la mano hasta su copa y la alejé de su alcance. Ella gruñó, observando el lugar donde antes había estado su bebida -.
- Ya has bebido suficiente - decreté - está empezando a parecer que no hablas ni mi idioma.
- No me cambies de tema Berry - me recriminó apuntándome con su dedo índice amenazante y soltando un hipido.
- Hoy está mal de nuevo... - me justifiqué rebuscando mis pastillas en mi bolso para poder realizar la toma de las doce -. Tiene una carita... Parece que se va a desmayar de un momento a otro.
- Eso no es excusa, puedes preguntarle perfectamente qué la pasa - opinó encogiéndose de hombros con demasiada efusividad -. No te dirá la verdad, ella es así de imbécil, pero es una buena forma de empezar conversación - un nuevo hipido más sonoro que el anterior.
- Ahora está con Spencer, lo más probable es que demasiado ocupadas como para poder atenderme. Además tengo miedo ¿vale? Sé que soy una estúpida y que las cosas que estoy haciendo no están bien - La latina me observó curiosa -, me avergüenzo de mí misma. Pero estoy aterrorizada... Porque cuando Quinn me diga que no, todo se acabará. Spencer lo descubrirá, y todo se volverá incómodo. Seguro que dejaría de ir a ver a Alex y eso es lo último que quiero que pase - reconocí, siendo consciente de lo mucho que me aterrorizaba esa idea.
- Tampoco te he pedido que vayas y la digas "Eh ¿por qué no dejas a la zorra de mi mejor amiga?, yo sí que estoy enamorada de ti. Si no te gusto no dejes de ir al hospital con Alex por favor" - soltó una pequeña carcajada por su propio comentario, y sin recordar que yo le había retirado su copa levantó su mano vacía con la intención de beber.
- San, está aquí - puntualicé señalando a su copa - y no te voy a dejar beber más. Estás empezando a decir estupideces... Lo único que me importa hoy, por encima de todo, es lo que lo pasa a Quinn. Y sé de una persona que nos puede ayudar.
- ¿Quién?
Focalicé mi mirada en la desvencijada puerta de la trastienda, que no se había abierto de nuevo en todo el transcurso de nuestra conversación. - ¡Oh no! -
- Brittany.
- Estoy segura de que ella lo sabe todo, además es tu oportunidad ¿cuántas veces has hablado con ella? - inquirí suplicando poder convencerla. Quería ayudarle, pagarle por todo el apoyo que me estaba dando a mí. - Muchas...
- San... - ¡Una vale! ¡Una puta vez, y fue para preguntarle donde estaba el jodido baño! - - Tampoco se te nota tanto -
Cogí su mano y la miré con ojos suplicantes. Saber que a lo mejor dentro de un par de minutos sabría lo que la ocurría a Quinn, a lo mejor podía ayudarle. Cualquier cosa por no volver a verla en ese estado de debilidad.
Santana soltó un sonoro suspiro y aceptó mi mano, apretándola para poder levantarse.
- No sé por qué me pongo tacones, - lamentó observándoselos con desdén - comprendo que tú te los pongas pero...
- ¡Santana! - reclamé ofendida, bastante complejo tenía con mi altura.
- No te quejes, que he aceptado.
Negué con la cabeza derrotada. Di un nuevo escaneo a el Wondeland, y cuando me resigné a que no iba a encontrar a Quinn, y que seguramente ya hubiesen ido a su casa, con Spencer completamente indiferente a su fragilidad. Me estremecí solo de pensarlo. Apreté a un más la mano de Santana y nos abrimos paso entre la gente para encaminarnos a la trastienda.
Abrí la puerta con expectación, ansiosa, con mi corazón luchando por salir de mi pecho. Santana estaba igual o peor que yo, se mordía el labio inferior con tanta potencia que me extrañaba que no se hubiese hecho sangre aún.
Un azote de viento gélido y fuerte nos dio la bienvenida, y durante ese momento de confusión, en el que nuestro vello se erizó por el profundo frío no pudimos escuchar ni ver nada. Pero pasados aquellos segundos distinguimos los sollozos, con una nitidez aterradora. San y yo nos pusimos en alerta, sobre todo cuando pudimos distinguir un bulto tembloroso en el suelo, en el sitio más oscuro del callejón. Solo contábamos la débil iluminación que nos brindaba una farola parpadeante que amenazaba con pagarse de un momento a otro. Y con esos débiles e intermitentes destellos, descubrimos a Brittany encogida, tratando de escaparse de un hombre que la tenía acorralada contra la pared. El sonido de sus súplicas hizo que me hirviese la sangre y que el único pensamiento que cruzara mi mente fuera el de matar a ese tío.
No me demoré más, no había tiempo para hacerlo. Me volteé hacia Santana que había entrado en un denso estado de shock y contemplaba la escena con los puños tan apretados que sus nudillos se tornaron de un color blanco.
- Hay que ayudarla, San, ¡vamos!
Ella dio un respingo y asintió. Se precipitó hacia allí incluso con más rapidez que yo.
-Déjame... Por... Por favor - musitaba anegada en lágrimas Britt al hombre, al que reconocimos como el que había intentando irse con San si yo no la hubiese dejado montar en mi coche el día que la conocí. Eso me sulfuró aún más.
Le estaba dando bruscos besos en el cuello mientras tiraba del pelo de la rubia para que esta no pudiese moverse.
- Suéltala, hijo de puta - chillé acercándome cayendo en la cuenta de que no tenía nada con lo que defenderme, medía uno sesenta y él dos metros.
El chico se separó unos centímetros de Britt que nos miró con una mirada suplicante y descorazonadora. El maquillaje se había corrido por el llanto y tenía el aspecto más vulnerable que había visto hasta el momento.
- Vaya hoy es mi día de suerte - graznó mirándonos a San y a mí con avidez, y esbozando una sonrisa repugnante. - Tú, la latina, serás la siguiente, y para el final dejaré las increíbles piernas de la señorita - concluyó repasándome con la mirada.
- ¿ES QUÉ NO LO HAS ENTENDIDO? - Santana salió visceralmente de su letargo, se acercó a él como si no hubiese ingerido una gota de alcohol en toda la noche.
- ¡Dios encima agresiva! A lo mejor la rubia te cede el primer puesto ¿qué te parece? - cuestionó tirando más del pelo de Britt para que levantase la cabeza.
No pudo responder, porque San y yo nos acercamos rompiendo la distancia. Ella, directamente levantó la pierna y le atestó una fulminante patada en el estómago. Aprovechando que había soltado el agarre a la rubia me acerqué a ella. Me miró, y creo que su intención fue la de esbozar una sonrisa. Me agaché para quedar a su altura y le retiré con delicadeza los mechones de pelo que obstaculizaban su rostro. Fui consciente de como su cuerpo temblaba y solo pude abrazarla. Escuché a nuestras espaldas los lamentos del hombre ante la sucesión de golpes que Santana le propinaba mientras le amenazaba e insultaba.
- Tranquila ¿estás bien? ¿Te ha hecho algo? - dejé de acariciarla el pelo y la separé de mi hombro para que pusiese hablar. Pero ella se limitó a negar con la cabeza.
Sin dejar de rodearla con mis brazos, me giré para mirar a Santana. Estaba fuera de sí, había empezado a llorar, su pecho bajaba y subía con brusquedad mientras observaba el cuerpo del hombre sobre el suelo del callejón.
- San déjale ya... Ven aquí anda... - supliqué. Ella desvió la vista del cuerpo y la levantó hacia nosotras.
Se acercó con pasos tímidos, yo solté a Britt para darlas espacio. La latina le tendió la mano a la chica, ayudándola a levantarse. Britt lo consiguió no sin esfuerzo.
- ¿Estás bien? - le preguntó sin dejar de llorar - ¿Te duele? - añadió pasando los dedos por las marcas amoratadas de su cuello.
- Gracias... Santana - balbució la rubia, abrazando con fuerza a mi amiga que abrió los ojos asombrada al escuchar su nombre.
Estuvieron abrazadas creo que minutos. Yo no quise interrumpirlas, solo las observé desde una distancia prudencial para no fastidiar la atmósfera que se había creado entre ellas. Santana susurraba cosas en su oído que yo no podía escuchar, mientras la rubia se aferraba a su cintura como si fuese su salvavidas. Cuando creí que el frío podía causar estragos en ellas y en mí, rompí el silencio:
- San llévala a tu casa, yo os llevo.
Aceptaron, con cierto recelo a separarse, y Britt me cogió de la mano para dedicarme una sonrisa agradecida.
Britanna. J Tengo que deciros muchas cosas:
1 ¿Sabeís si lo de Dianna y Chace es cierto?
2. Los siguientes dos capítulos ya son del cumple de Alex por lo que os adelanto mucho Faberry.
3. El capitulo anterior tuvo muy pocos reviewa. No soy de esas historias en las que obligan a llegar a un número determinado de ellos para actualizar, pero de verdad que no se tarda nada y me hacéis inmesamente feliz. (Acepto críticas)
4. ¿Habeís visto a Di rapeando? Yo no sé como después de eso he podido terminar el cap. Pero tenía que hacerlo antes de la entrevista de mañana con Lea donde sí que moriré.
