Dejó las bolsas encima de la encimera de la cocina, luego apoyo ambas manos en el borde y suspiró. Había tenido un día complicada para con la felicidad que se había levantado aquella mañana. Miró a su alrededor, buscando algo que ni ella sabía, con la mirada y a parto una de las sillas para sentarse en ella. De su bolsillo sacó el pote de pastillas que aquel hombre le había dado y las miró durante cinco segundos para luego dejarlas encima de la mesa e ir a por un vaso de agua.

Después de aquel encuentro, fue directa al hospital sin pararse ni para mirar atrás. Tenía una extraña sensación y no quería darle mas vueltas al asunto. Había logrado despejarse un poco ayudando a Ino en el hospital, entre papeleo y paciente; luego, se hizo una "eco-grafía" para ver los procesos de su feto, aunque aún era un poco pequeño para saber el sexo, ella rezaba por que no tuviera problemas durante su formación. Aún con el vaso en la mano y sin haberle dado un trago, pensó en tomarse una de las pastillas, pero justo cuando iba a verter una de ellas en su boca, el timbre de casa sonó fuertemente.

—Sakura—san. — saludó Hinata con una gran sonrisa. Una bolsa iba colgando de su brazo.

—Hinata— contestó sorprendida, pero moviéndose a un lado para dejarla pasar. — ¿Ocurre algo? — y es que era muy raro que apareciera ella sola por su casa sin su acompañante rubio.

—Verás... — dejó la compra en la mesita del comedor y delicadamente tomo asiento en uno de los sofás. — Últimamente he tenido muchas nauseas y mareos – jugaba nerviosamente con sus dedos. — Así que fui al medico ha hacerme un chequeo y...

—No puede ser... — una gran sonrisa se formo en la cara al saber de la noticia. Se tiró a un lado de la pelinegra y le abrazo efusivamente. — ¿Se lo has dicho a Naruto?

—No, he venido aquí nada mas salir del hospital. Naruto esta en misión y no vuelve hasta la semana que viene.

—Oh, es verdad, esta con Sasuke. Bueno... — se rascó el mentón. — ¿Qué te parece si te quedas hoy a dormir aquí? Hace mucho que no tengo una fiesta de "pijamas" — enfatizó la palabra con los dedos. — Y si no lo hacemos ahora, mas adelante no podremos. — Hinata asintió.

Prepararon un especie de campamento en el salón. Acomodaron todos lo muebles para quedar ellas en medio, protegidas por ellos. Sakura sacó toda la comida que pudo. Últimamente tenia mucho apetito y ahora juraría el por qué. Ambas se pusieron el pijama y se estiraron en un gran futon. Hablaban de trivialidades, de sus futuros hijos y el como actuarían sus maridos como padres. Pero toda conversación llega a un punto donde te cuestionas varias cosas, y el punto de esta fue: la boda.

Sakura no estaba casada, poco importaba ahora mismo con todos los hechos que habían pasado anteriormente, pero un embarazado sin casamiento no sería bien visto en un futuro; además que, como toda mujer, quiere estar con un bonito vestido blanco antes de tener una barriga kilométrica.

Así que, hablando de los diferentes escenarios, vestidos e invitados, acabaron la noche agotadas, cayendo profundamente dormidas.

Al día siguiente, Hinata se despidió de ella a eso de casi medio día, quedándose otra vez completamente sola. La casa se le empequeñecía; el sudor era una capa mas en su frente y los sonidos del entorno se les hacía molestos. Sabía que los síntomas del embarazo era tener un carácter de los mil demonios a parte de las continuas nauseas y dolores. Se apoyó contra la encimera y cerró los ojos esperando a que todos sus dolores desapareciesen, aun que sean unos segundos, pero no tardaron ni dos cuando empezó a sentir pinchazos en su estomago. De repente, una oleada de frases fueron pasando como diapositivas:

"Tú no notaras nada... las consecuencias pueden ser muy malas si no se para a tiempo..."

"Es una enfermedad muy poco común, por lo que pocos médicos saben de sus existencia."

Giró la cabeza hacía la mesa de la cocina, donde estaba aquel pequeño bote lleno de pastillas. La mirada se le nublaba a ratos, y dando tumbos, se acerco lentamente hasta sostener aquel frasco entre sus manos.

"Debes tomarlos cada día durante un mes."

Abrió el pote con el pulso temblandole y dándole un suave golpe, una pastilla cayó sobre la palma de su mano.Recodaba a aquel señor y mujer nitidamente, ambos le miraban con cara de pena. Sin pensárselo dos veces, se tragó la pastilla de golpe, haciendo un gran esfuerzo para que pudiera bajar por la garganta. Si tenía que medicarse para que su bebe estuviera a salvo, lo haría; aun que tuviera que confiar en desconocidos.

La semana pasó casi volando. Sakura no volvió a notar mas aquellos insufribles pinchazos. Sasuke regresó de la misión triunfante, alardeando de su nueva técnica mientras abrazaba a su novia cada vez que podía. Había vuelto mucho mas mimoso, algo que le tomo por sorpresa a Sakura, quien felizmente aceptaba todos esos afectos. No le había comentado nada de las pastillas y de aquel extraño doctor, no quería preocuparle a él ni causar mas problemas, así que escondió aquel tarro lejos de la mirada del pelinegro.

Ambos se sentaron en la tarima que separaba la casa del jardín. La pelirosa apoyo la cabeza en el hombro de su novio mientras acariciaba su fornido brazo. La brisa era suave y cálida, dejando que ese pequeño momento fluyera entre ellos.

—Sasuke—kun... — él solo le contestó con un mono-silabo. — Quiero casarme... — noto como todos sus músculos se tensaban, teniendo que apartar la cabeza para mirarle directamente a los ojos. — ¿Acaso no quieres?

—No es eso... — le agarró la cabeza con ambas manos, enterrando sus dedos en sus finas hebras rosas. — Solo que estas embarazada y creo que no es el mejor momento para celebrar la boca. — pero tan pronto como acabo la frase, lagrimas empezaron a caer de los ojos jade.

—Pero yo quiero casarme antes de tener a nuestro hijo. — Sollozó levemente. — Quiero tener una bonita boda.

El Uchiha no pudo mas que abrazarle y consolarla. Era verdad que deberían casarse, pero durante el embarazo, tener eventos que producen una carga y bastante estrés no es bueno. Pero a pesar de todo eso, acepto, tendrían la boda, pero bajo unas severas condiciones, y entre ellas estaba en ser una boda discreta y sin muchos invitados.

Los meses iban pasando, el día de la boda también y con ello la abultada tripa de la chica. Pero poco le importaba. Su vestido era la suficientemente elástico como para soportar unas tallas mas. Su embarazo iba perfecto, justamente esa semana le tocaba la revisión de los cinco meses. No había sufrido mas síntomas raros, aún así los mareos y las ganas de vomitar aumentaban conforme se iba acercando la fecha. Se había estado tomando las pastillas casi regularmente, ya que algunos días se le olvidaba o simplemente no tenía ganas de medicarse.

—Sasuke, voy a que me hagan el chequeo al hospital y de paso hacer un par de recados. No te olvides de poner la lavadora y recoger la colada que ya esta tendida. — le mando un beso y salió antes de que su prometido pudiera negarse a algo.

Iba caminando mientras se frotaba la tripa. Para ser de cinco meses estaba bastante crecidita, a veces se preguntaba si estaba del tiempo que juraba estarlo, pero todas esas preguntas se le pasaban al recordar todos los hechos que estaban por pasar.

Una vez en el hospital y en la consulta de su amiga, se dejo tumbar lentamente mientras se subía parte de su camiseta, dejando su tripa al descubierto. Ino se estaba preparando en su escritorio, por lo que, al girar y ver a su amiga bastante mas "gorda" de lo normal se sorprendió.

—¿De cuanto dijiste que estabas? — preguntó mientras se ponía unos guantes.

—De cinco.

Su amiga concentro ambas manos en la parte del ombligo de la pelirosa y empezó a moverlas de un lado a otro. Algo no le cuadraba. El feto debería de estar en la fase de formación, pero había pasado esa fase hace mucho sintiendo pequeños movimientos desde el interior.

—Sakura... ¿estás segura? — se sentó en una silla a su lado.

—Si, ¿por qué? — se bajo la camiseta y se enderezó en la cama.

—Por lo que he podido comprobar, tu bebe esta de aproximadamente siete meses... — se quitó ambos guantes.

—¿Cómo? Pero eso es imposible... — tocó su vientre con cariño. — Recuerdo exactamente que este mes cumplía los cinco meses... — y entonces recordó las pastillas que había estado tomando esos días. — Oh...

—¿Pasa algo? — Ino le agarró de las manos obligandola a mirarla.

—¿Conoces esa enfermedad entre mujeres embarazadas? Esa que dice que las madres no notaran nada pero que el bebe sí.

—No... si fuera una enfermedad importante Tsunade se hubiera encargado de hacérnosla saber. — Las manos de la pelirosa cogieron fuerza entre las suyas. Este gesto dejo descolocada a Ino. — Sakura...

—Ino... — dijo con lagrimas en los ojos. — Le estoy haciendo daño a mi bebe... — intentó ponerse de pie pero las piernas le fallaban, teniéndose que apoyar en la rubia.

—Sakura, tranquilízate, ¿que pasa?

—Soy una estúpida. — Se abrazo a su amiga y empezó a llorar en su hombro. Ino solo podía hacer que abrazarle y calmarle como podía. El cuerpo de su amiga temblaba y daba pequeños espasmos al no tener mas voz para llorar.

Prometieron no contárselo a nadie. No quería alarmar y menos cuando estaban todos super tensos intentando tener la Villa preparada para la coronación del próximo Hokage. Kakashi había traído a todos de cabeza con que si se quería jubilar pronto; sumándole a eso la próxima boda que estaba por celebrarse. Tampoco le diría nada a Sasuke, sabía como se pondría y no quería tener mas discusiones. Intentaría solucionar esto ella sola, aun que Ino le había jurado y per jurado que el bebe no estaba enfermo ni herido, solo había "avanzado" su embarazo.

Por otra parte, Sasuke estaba teniendo una crisis nerviosa. La lavadora tenía miles de botones y de procesos que Sakura no se había tomado el tiempo de explicar. Estaba el botón para lavado rápido, el de lavado medio y finalmente el lento; teniendo en cuenta que también había otros botones para el tipo de ropa, que si de color, negra, lana, tela. Estaba a un lado del cuarto con toda la ropa sucia en una esquina. Si le decían que tenía que pelear a la pata coja, lo haría sin poner pegas, pero el tema de "amo" de casa se le venía grande.

—¡Sasuke! — gritó Naruto desde un lugar de su casa. No había oído el timbre, si es que lo había tocado. Escucho como unos pasos se acercaban lentamente hasta su lugar y pararse en el marco de la puerta. — ¿Qué haces? — miró a su alrededor y luego a la gran montaña de ropa que estaba a su lado.

—Tú... ¿sabes poner una lavadora?

—Puede ser... y como te veo tan necesitado te ayudaré. — sonrió ampliamente para luego coger todo los líquidos y vértelos descomunalmente dentro del cacharro seguido del montón de ropa. No separó, no midió la cantidad ni tampoco sabía los botones que había tocado, pero confiado y apresurandole, dejo este tema como acabado. — ¡Tengo algo que contarte! — gritó cerca del oído del pelinegro.

—No estoy sordo, ¿sabes? — le respondió de la misma forma pasandole una lata de zumo. Ambos estaban sentados en el único banco que había en el jardín.

—¡Voy a ser papa! — los tímpanos le temblaron por el semejante grito que pego. Si hubiera tenido vecinos seguramente se hubieran enterado, ellos, y todo el Clan. — Con un poco de suerte tendrán la misma edad. — formó una sonrisa zorruna. — E irán juntos a clase. — puso ambos brazos tras su cabeza mientras miraba pensativo las pocas nubes que había en el cielo.

—Felicidades, estúpido. — felicitó chocando su puño en el hombro del rubio. Tras esto, compartieron varias horas de conversación antes de que el Uchiha recordara que tenía que hacer varios quehaceres mas y despacho a su amigo con una patada en el culo.

Recoger la colada no era una cosa difícil, lo difícil era saber doblada adecuadamente para que no quedaran arrugas. Empezó con una de sus camisetas; primero la doblo por la mitad cuidadosamente, juntado ambas mangas, y luego junto el cuello con la parte de abajo, quedando en un cuadrado perfecto. Cinco minutos exactos para doblar una prenda perfectamente. Cinco minutos con cada camiseta, pantalón, jersey... le sumarían horas y horas de estar sentado incómodamente y acabarlo antes de que su mujer volviera.

—Adelante. — Anunció Kakashi desde el otro lado de la puerta. Un hombre de mediana edad, bajito y con una gran barba se dio paso ante él. — ¿Qué necesita?

—Tengo un gran problema... — el anciano tomo asiento frente al Hokage. — Necesito entregar este pergamino a mi familia. Contiene un jutsu muy importante y no puedo dejar que caiga en malas manos. — de su mochila saco un rollo dorado y lo puso sobre la mesa.

—¿Y por qué no lo entrega usted? — el único ojo visible del peliblanco lo miraba suspicazmente.

—Lo haría... pero me están persiguiendo. Nuestro clan siempre ha estado rivalizado con los desertores de nuestra Villa y todavía estamos en guerra. Es peligroso para mi ir solo hasta mi hogar. — Bajó la cabeza avergonzado y sonrió tristemente. — No tengo mucho que ofrecer ahora, pero una vez en mi casa podré ofrecer cualquier tipo de recompensa.

Kakashi se lo pensó un poco, algo en ese hombre le daba mala espina y su intuición nunca fallaba, pero como Hokage no podía rechazar una oferta, quedaría mal frente al consejo y no quería otra quemadura de cabeza. Suspiró y extendió una hoja de papel en blanco.

—Necesito que ponga aquí todos sus datos y el objetivo de la misión. Cuando lo tenga todo rellenado le asignaré a su grupo de acompañamiento. — El anciano asintió con la cabeza y empezó a escribir.

—He oído que en esta Villa esta el ultimo del clan Uchiha... — comentó teniendo la mirada enterrada y concentrada en su escritura. — Nuestro clan y los Uchiha nos hemos llevado bien durante muchos años, así que me gustaría tener unas palabras con el superviviente... — subió la mirada lentamente.

—Está bien. Será uno de tus acompañantes. — ojeó una pequeña libreta. — ¿Cuando esta dispuesto a partir?

—Cuanto mas pronto mejor. — sonrió deliberadamente dejando la pluma a un lado.

—Mañana por la tarde tengo libre un escuadrón, si le va bien, partiréis al anochecer.

—Perfecto. — dijo mientras se levantaba. — Entonces mañana partiremos. — Hatake asintió y con una leve reverencia se despidieron.

Sabía que enviar a Sasuke en estos días era como poner una bomba que explotaría en cualquier momento. Estaba consciente de que su boda se celebraría pronto y que dejar a Sakura sola y embarazada no le hacía mucha gracia, pero algo en ese hombre no le olía bien, y eso era algo que no le gustaba.

—Shizune. — Llamó a la morena y en cero coma ya estaba a su lado. — Llama a Sasuke Uchiha. Que se presente de inmediato.

—Ahora mismo lo traigo.

Y por fin, el ultimo pantalón perfectamente doblado. Había dos columnas, una era su ropa y otra era la de Sakura. Se sentó cansadamente en el sofá y se fijó en la hora: las ocho y media. La pelirosa no había dado señales de vida; estaba fuera desde las tres del medio día y no había vuelto a aparecer. Empezaba a preocuparse, y cuando ya estaba concienciado de salir a buscarla, un "estoy en casa" le tranquilizo. Rápidamente fue a buscarla al hall.

—Ah, hola, Sasuke—kun. — Sonrió forzadamente mientras se quitaba los zapatos. — ¿Has hecho todo lo que te he pedido? — le preguntó sin mirarle a la cara.

—Sí. — intentó varias veces mirarle de frente pero ella siempre le rehuía. — Sakura, ¿has estado llorando?

—¿Eh? — se limpió con las mangas el rastro de lagrimas y camino hacia la cocina. — Son las hormonas, esto del embarazo me tiene muy sensible. — Y Sasuke se lo creyó. Andaba detrás de ella siguiendo sus movimientos. — ¿Qué quieres para cenar? — abrió la nevera para comprobar lo que había dentro. —¡Ah! Voy a mirar si ha acabado la lavadora. — dejo todo lo que estaba haciendo y se metió en el cuarto de limpieza.

Sasuke estaba en un lugar de la cocina esperando a que su novia volviera para pedirle que le preparara su plato favorito, sacando un par de tomates de la cesta de la fruta.

—¡Sasuke! ¡Ven aquí ahora mismo! — Su cuerpo tembló levemente y con pequeños pasos, se acerco a la persona que le llamaba. Abrió lentamente la puerta y vio a Sakura apoyada con los ojos cerrados en una lavadora llena de espuma. —¿Que cojones has hecho aquí?

La ropa que estaba dentro estaba esparcida por toda la habitación. Charcos de agua estaba alrededor del montón junto con montañas pequeñas de espuma. Sakura estaba al medio cruzada de brazos mirándole fijamente.

—¿No sabes poner ni una lavadora? — cuestionó tranquilamente pero con un tono perverso.

El pelinegro empezó a boquear y paseaba la miraba por todas partes para no encontrarse aquellos dos orbes jade. La chica iba a volver a abrir la boca pero una voz desde la entrada principal la interrumpió, y con mirada desafiante a punto con la cabeza hacia afuera para que él fuera a abrir.

—Uchiha, el Hokage necesita verle inmediatamente en su despecho. — y con una nube de humo, el ambu desapareció.

—¿Quién era?

—Kakashi quiere verme. — Contestó enfundando su katana.

—No vengas muy tarde. — Le dio un beso en la mejilla y lo observo desaparecer por la puerta. Al menos ahora tendría una distracción hasta que su novio volviera.

El peliblanco estaba de pie, delante de la ventana, viendo como los pocos rayos de sol iban desapareciendo dando paso poco a poco a la inminente oscuridad. Desde que se había convertido en Hokage tenía muchos cargos que asumir a parte de dar el bien para la aldea. Aún tenía a sus pupilos, a los que quería como si fueran sus propios hijos, por eso, mandar a Sasuke en una misión tan duradera dejando a Sakura con un niño en camino no le gustaba para nada.

—¿Me llamaste? — entró un tranquilo Sasuke por la puerta.

—Sí... tengo una misión para ti. — Se sentó en su mesa y sacó el folio que el hombre de antes le había rellenado.

—Kakashi...

—Lo sé, lo sé, pero siéntate antes y deja que te lo explique. — Y como si fuera una orden, así lo hizo. — Necesito que acompañes a este hombre hasta su villa. — el chico aqueo una ceja. — Sé que es una misión fácil a ojos tuyos, pero hay algo en él... Créeme que si por mi fuera, enviaría a otra persona en esto, pero él te quiere solo a ti.

—¿Por qué?

—Dijo algo de amistad entre clanes y que quería hablar contigo. Pero ese no es el caso... — se inclinó hacia delante y con la voz mas suave y floja que tenía añadió:— quiero que lo vigiles y descubras quien es en verdad. No tengo pruebas ni testigos para poder confirmar mis sospechas, así que eres el único que puede hacer esto. — Sasuke se lo pensó un par de segundos.

—Sakura no dará a luz hasta dentro de unos meses. — se levantó bajo la atenta mirada de su maestro. — Te aviso que esta es la ultima misión que haré, luego me dedicaré completamente a cuidar de mi futura esposa. — Kakashi sonrió y le entrego un rollo.

—Aquí tienes toda la información referente. Partirás mañana al atardecer.

—¿Por qué precisamente ahora? — su mirada verde estaba clavada en los oscuros ojos de su novio quien la miraba con preocupación.

—Kakashi ha confiado en mi para esta misión. Solo durará un mes y luego ya estaré completamente libre para estar contigo hasta que nazca nuestro pequeño. — Le apretó fuertemente las manos y le dio un suave beso en la frente.

—Sasuke—kun, tengo miedo... — agarró la camiseta de su novio con fuerza y se puso a llorar.

—Tranquila, Naruto y los demás estarán aquí para cuidarte. — Le daba besos por la coronilla hasta llegar a su mejilla, acariciando la otra con una de sus manos. — Volveré antes de que te des cuenta.

Pero Sakura no tenía miedo de quedarse sola, tenía miedo de su bebe.

Al día siguiente Sasuke marcho, la pelirosa le despedía desde la entrada de la puerta mientras acariciaba su barriga. Lagrimas se le acumulaban en los ojos. Tenía el presentimiento de que algo malo iba a pasar y no podía acudir a nadie. Estaba completamente sola.

—¿Cómo va el plan? — susurró una sombra que observaba a la chica desde la esquina de una casa.

—Solo falta el último paso y habrá sido un éxito.

La ojijade, al despedir a Sasuke, acordó ir a comer a casa de Hinata. Había tenido varios mareos así que para asegurarse de que no le pasaría nada decidió pasar la tarde con sus amigos. Durante el resto de ese día, se sintió observada. Varios pares de ojos tenían su vista clavada en ella y lo podía notar, así que poniendo una tonta excusa, que no tuvo que dar mucha explicación, se quedó a dormir a casa de ellos. Y así varios días mas hasta que tuvo que volver a su casa para coger un par de cosas.

La semana que había pasado en casa de Hinata no había hecho nada, todos los días se levantaba, se tumbaba en el sofá y sufría fuertes pinchazos que no se iban hasta pasar varias horas. Desde que se levantaba hasta que se acostaba era un sufrimiento. Naruto cumplía pequeñas misionas, así que volvía tarde por las noches e Hinata tenía obligaciones como heredera del clan, así que no podía depender de ninguno de los dos.

—Señorita, ¿esta usted bien? — le preguntó una de las criadas de la casa. Era nueva, había entrado hace un par de días y había estado completamente atenta a su situación, por lo que si tenía algún problema menor, siempre podía acudir a ella. Luego de haber vuelto de buscar un par de prendas en su casa, esta mujer se mostró muy amable con ella en los días siguiente, formando una especia de "amistad".

—Nada, son los pinchazos de siempre.

—¿De cuanto esta ya? — sacó un trapo de su delantal e hizo como que le quitaba el polvo a uno de los muebles de la casa.

—Se supone que de casi seis meses. — miró con cariño su vientre ya hinchado. — Pero me ha dicho mi amiga que puedo estar de ocho. — hizo una pequeña mueca de dolor.

—Oh, entonces se debe de estar acercando el día. — tiró la bayeta a un lado y se colocó delante de Sakura. La sirvienta sacó otro pañuelo, un poco mas pequeño y una frasco de un liquido verdoso; derramó un poco en la tela y la acerco lentamente a la pelirosa.

—¿Qué haces? — le agarró las muñecas y le pegó un empujón, pero otra persona le sostuvo las muñecas por atrás, cosa que aprovecho la sirvienta y se lanzó sobre ella de nuevo pegando todo el trapo mojado en su nariz.

La vista se le empezó a nublar. Los cinco sentidos le fallaban y no podía hacer nada para protegerse. Empezó a dejar de forcejear y verlo todo nublado, para luego, caer profundamente dormida sobre el terciopelado sofá. Lo ultimo en lo que pensó antes de perder la consciencia fue en Sasuke y en su hermoso hijo entre sus brazos. Poco a poco esa escena se fue haciendo añicos hasta no pensar en nada mas que no fuera un mar completamente negro.