…
Ran no reaccionó, fue como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento.
− ¿Qué? ¿Que estas diciendo Shinichi? − cuando al fin pudo reaccionar, intentó levantarse pero él se lo impidió − Eso es una broma ¿no es así? Una de muy mal gusto.
Cuando lo notó mirándolo tan serio, supo que no lo era.
No pudo evitarlo y una risa histérica comenzó a salir de sus labios.
− Esto tiene que ser una de tus bromas, Shinichi. No puede ser cierto, no puedes arruinar el momento más feliz de mi vida así….No puedo creer… − no puedo contenerse y las lágrimas comenzaron a resbalar por sus ojos.
El viendo su angustia finalmente la soltó.
− Ojala fuera así Ran, pero no. Lo lamento, lo lamento tanto. Tienes que escucharme, por favor.
Ella se paró de un saltó y se dirigió al otro extremo del salón. Necesitaba pensar, y no podía con él tan cerca.
− No… no puedes ser Conan… eso es imposible. ¿Cómo podrías? Quiero decir… ¿Todo este tiempo me estuviste engañando? ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué?
Lo miró, furiosa, aunque también estaba triste, sentía que algo dentro de ella se rompía.
¿Cómo era posible que minutos antes había sido tan feliz?
Shinichi lo había arruinado todo.
− Yo prometo explicártelo todo. Si tú me dejaras…
− Oh, no te atrevas a hablarme nunca más Shinichi Kudo. En estos momentos, siento que me has traicionado… Por lo menos creí que eras mi mejor amigo.
El también se levantó e intentó acercarse a ella pero se alejó.
Suspiró
− Lo siento, se que he arruinado el momento, pero no podía ser tan hipócrita, de querer arreglar nuestra situación cuando aún tenía este secreto.
− Tú… me estuviste engañando. Conan no era una especie de espía que mandaste a cuidarme, eras tú.
Ran se arrodilló y se agarró el rostro con las manos.
− Yo siempre confié en ti, y todo el tiempo te debiste reír de lo tonta que soy ¿no es así? − levantó su cara y lo miró con ojos llorosos − Sabías lo preocupada que estaba por ti todo el tiempo y no hiciste nada.
Shinichi lo pensó unos instantes, su mirada reflejaba también angustia y tristeza.
Detestaba lo que estaba haciendo, no pensaba echarse atrás, pero Dios, odiaba tanto verla llorar así.
Se arrodilló a su lado, a pesar de sus protestas y la agarró de los brazos.
Ran intentó liberarse, dándole golpes, (duros goles) pero la pudo controlar y la atrajo hacia su pecho y la abrazó fuerte.
(Interiormente agradeció las breves pero eficientes clases de defensa que le había enseñado su padre.)
No la dejó moverse ni un milímetro.
Aún arrodillado, le acarició el cabello y le susurró en el oído mientras ella continuaba llorando.
− Shh…. Ran. Se lo que esto debió significar para ti pero tienes que escucharme ¿de acuerdo?
Los minutos se hicieron eternos, mientras Shinichi esperaba a que su respiración se normalizara.
Cuando sintió que eso pasaba se aventuró a levantarle la cara con una mano y mirarla.
Sus ojos aún se veían acuosos y su rostro estaba enrojecido; se quedó por unos segundos mirando sus labios hinchados y húmedos.
Tragó.
− Tienes que escucharme Ran, si hubiera algo que pudiera hacer para evitarte todo esto lo haría pero tampoco me parecería justo. Te amo, hice todo para protegerte…
− ¿Para protegerme de qué? No tienes excusa. No sabes todo lo que sufrí por ti. Desconocía tu supuesto paradero y resulta que estabas a mi lado todo el tiempo… − aparecieron de nuevo las lágrimas.
− Si que lo sabía, estaba a tu lado ¿recuerdas? Yo también sufría sabiendo que no podía contarte nada.
− ¡Mentiroso! ¡Cómo debiste reírte de mí el día que te confesé mis sentimientos, pensando que eras un pequeño inocente!− de repente los recuerdos de Conan vinieron a ella y se sonrojó. − ¡Eres un pervertido! ¡Hasta dejaste que me bañara contigo! ¡Dormiste conmigo!
Concentró toda su fuerza en un puño que se estrelló contra la cara de Shinichi.
Lo vio desparramarse en el suelo, tomándose el rostro entre las manos.
Shinichi se tomó unos segundos en reaccionar, un poco mareado. No pudo evitarlo y sonrió débilmente volviéndose a mirarla.
− Mierda Ran, eres buena, eso dolió. Pero supongo que me lo merecía…
Ella no supo por qué su sonrisa le hizo bajar las defensas.
− Eres un idiota Shinichi Kudo.
El pudo notar que iba aflojando su ira y aprovechó la situación.
− Sí, lo se soy un idiota… Pero otra cosa que sí sé, es que me amas…
Ran no pudo evitarlo, se sonrojó.
− ¡Ya te dije que no te burlaras de mí!
Se le abalanzó de nuevo en el piso, pero él fue más rápido. La agarró por la cintura y la tumbó sobre la alfombra... Para inmovilizarla se puso a horcajadas y le sujetó las manos por encima de su cabeza.
Ran intentó liberarse. Comenzó a sentir el dulce aliento de Shinichi, mientras el acercaba su rostro al suyo.
− Ya, suéltame….
− No, no lo haré –Shinichi también se sonrojo ante la cercanía pero no se acobardó − Nunca te soltaré, quiero que siempre permanezcas a mi lado. Porque te amo. Y quiero que lo entiendas.
Sus ojos celestes se reflejaban en los suyos. Estaba tan cerca, tan tentadora.
Al fin se decidió y separó la distancia entre ellos.
Apoyó sus labios sobre los de ella.
Era su primer beso. El de ambos.
Se notó la inseguridad de los dos, mientras los labios temblorosos se unían entre sí.
Los de Ran estaban húmedos y suaves; Shinichi no pudo evitar profundizar un poco el beso y sonrió mientras sentía como ella comenzaba a responder tímidamente.
También notó que sus brazos comenzaban a relajarse poco a poco.
Su reacción la tomó desprevenido.
Apenas estuvo libre, se lanzó hacia su cuello para traerlo más hacia sí.
Eso hizo que él quedara totalmente encima de ella.
….
No podía creer lo que estaba pasando.
¡Shinichi la estaba besando!
Después de tanto tiempo…
Ella tampoco quería dejarlo ir, no le importaba si sus acciones no eran las correctas.
Cuando pudo liberar sus brazos y lo rodeó con ellos. Le tomó el rostro entre las manos, aún sin liberar sus labios de los de él.
Al parecer tampoco tenía ninguna prisa por separase.
La falta de aire, hizo que Shinichi comenzara alejarse, no sin ir dejando suaves rastros de besos por todo su rostro.
Lanzó una suave risita al ver que ella seguía totalmente roja con sus párpados aún cerrados. La instó a abrirlos también con más tiernos besos
Le recorrió el rostro con manos suaves.
− Ya, bella durmiente. Creo que puedes abrir tus ojos.
Sonrió feliz, al ver como ella negaba e intentaba cubrirse con las manos.
Se veía muy tierna así.
− No, no quiero. Seguro que esto es un sueño y es demasiado bueno para despertar.
− ¿Un sueño? − Shinichi volvió a reírse − Sí tienes razón, pero es raro ¿no crees? También es el mejor que haya tenido.
Al fin lo logró y él pudo volver a observar sus dulces ojos celestes.
Le quiso dar un poco de espacio, y comenzó a alejarse, pero ella volvió a abrazarlo.
Ahora ella se encontraba en una posición semi sentada.
− No, no quiero que me dejes – apretó su cara contra su cálido pecho −. Ojala esto no sea un sueño, porque espero poder llegar a decirte todo lo que tengo en mi corazón, me da igual que lo haya dicho antes, no es lo mismo − levantó su rostro y lo miró más sonrojada que nunca −. No se cuales son las causas que te llevaron a convertirte en Conan pero aún así nunca te alejaste de mi lado. En realidad, nunca me abandonaste, Shinichi. Si estabas en peligro podrías haberte ido a otro sitio pero sin embargo te quedaste… Eso… eso significa mucho para mí. yo…. − lo miró a sus ojos y vio que no había burlas en ellos, sintió que podía hacerlo − Es medio tonto decirlo ahora, lo sé, pero también te Amo Shinichi Kudo. Te amo, también te amo desde hace tanto tiempo que ya ni lo recuerdo − de repente lo agarró de las solapas de la camisa y acercó su rostro al de él que la miraba también tímido −. Tienes que saber que nunca, nunca dejaré que te me escapes, y que si llegara a pasar algo siempre te esperaré. Pase lo que pase. Además prepárate porque pienso cobrarte por todo lo que me has hecho sufrir, mi maniático y tonto detective.
Esta vez fue ella la que unió sus labios, sonriendo.
Por más que tuvieran muchas cosas aún que hablar, ambos ahora se sentían más feliz que nunca.
